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Gaudete et exultate – síntesis de la exhortación apostólica

Síntesis de la Exhortación Apostólica del Santo Padre Francisco:

GAUDETE ET EXSULTATE

SOBRE EL LLAMADO A LA SANTIDAD EN EL MUNDO ACTUAL

  1. «Alegraos y regocijaos» (Mt5,12), dice Jesús a los que son perseguidos o humillados por su causa. El Señor lo pide todo, y lo que ofrece es la verdadera vida, la felicidad para la cual fuimos creados. Él nos quiere santos y no espera que nos conformemos con una existencia mediocre, aguada, licuada. En realidad, desde las primeras páginas de la Biblia está presente, de diversas maneras, el llamado a la santidad. Así se lo proponía el Señor a Abraham: «Camina en mi presencia y sé perfecto» (Gn17,1).
  2. No es de esperar aquí un tratado sobre la santidad, con tantas definiciones y distinciones que podrían enriquecer este importante tema, o con análisis que podrían hacerse acerca de los medios de santificación. Mi humilde objetivo es hacer resonar una vez más el llamado a la santidad, procurando encarnarlo en el contexto actual, con sus riesgos, desafíos y oportunidades. Porque a cada uno de nosotros el Señor nos eligió «para que fuésemos santos e irreprochables ante él por el amor» (Ef1,4).

CAPÍTULO PRIMERO: EL LLAMADO A LA SANTIDAD

LOS SANTOS QUE NOS ALIENTAN Y ACOMPAÑAN

  1. Los santos que ya han llegado a la presencia de Dios mantienen con nosotros lazos de amor y comunión.

LOS SANTOS DE LA PUERTA DE AL LADO

  1. No pensemos solo en los ya beatificados o canonizados. Dios quiso entrar en una dinámica popular, en la dinámica de un pueblo.
  2. Me gusta ver la santidad en el pueblo de Dios paciente: en esta constancia para seguir adelante día a día, veo la santidad de la Iglesia militante. La santidad «de la puerta de al lado»; «la clase media de la santidad».

EL SEÑOR LLAMA

  1. No se trata de desalentarse cuando uno contempla modelos de santidad que le parecen inalcanzables.

TAMBIÉN PARA TI

  1. ¿Eres consagrada o consagrado? Sé santo viviendo con alegría tu entrega. ¿Estás casado? Sé santo amando y ocupándote de tu marido o de tu esposa, como Cristo lo hizo con la Iglesia. ¿Eres un trabajador? Sé santo cumpliendo con honradez y competencia tu trabajo al servicio de los hermanos. ¿Eres padre, abuela o abuelo? Sé santo enseñando con paciencia a los niños a seguir a Jesús. ¿Tienes autoridad? Sé santo luchando por el bien común y renunciando a tus intereses personales.
  2. En la Iglesia, santa y compuesta de pecadores, encontrarás todo lo que necesitas para crecer hacia la santidad.

TU MISIÓN EN CRISTO

  1. Cada santo es una misión; es un proyecto del Padre para reflejar y encarnar, en un momento determinado de la historia, un aspecto del Evangelio.
  2. «La santidad no es sino la caridad plenamente vivida» (Benedicto XVI).

LA ACTIVIDAD QUE SANTIFICA

  1. No es sano amar el silencio y rehuir el encuentro con el otro, desear el descanso y rechazar la actividad, buscar la oración y menospreciar el servicio.
  2. Esto no implica despreciar los momentos de quietud, soledad y silencio ante Dios.

MÁS VIVOS, MÁS HUMANOS

  1. No tengas miedo de la santidad. No te quitará fuerzas, vida o alegría. Todo lo contrario, porque llegarás a ser lo que el Padre pensó cuando te creó.
  2. No tengas miedo de apuntar más alto. No tengas miedo de dejarte guiar por el Espíritu Santo. en la vida «existe una sola tristeza, la de no ser santos» (León Bloy).

CAPÍTULO SEGUNDO: DOS SUTILES ENEMIGOS DE LA SANTIDAD

EL GNOSTICISMO ACTUAL

Una mente sin Dios y sin carne

  1. En definitiva, se trata de una superficialidad vanidosa: mucho movimiento en la superficie de la mente, pero no se mueve ni se conmueve la profundidad del pensamiento.
  2. Esto puede ocurrir dentro de la Iglesia: pretender reducir la enseñanza de Jesús a una lógica fría y dura que busca dominarlo todo.

Una doctrina sin misterio

  1. Aun cuando la existencia de alguien haya sido un desastre, aun cuando lo veamos destruido por los vicios o las adicciones, Dios está en su vida.

Los límites de la razón

  1. San Juan Pablo II les advertía de la tentación de desarrollar «un cierto sentimiento de superioridad respecto a los demás fieles».

EL PELAGIANISMO ACTUAL

Una voluntad sin humildad

  1. Cuando algunos de ellos se dirigen a los débiles diciéndoles que todo se puede con la gracia de Dios, en el fondo suelen transmitir la idea de que todo se puede con la voluntad humana; Dios te invita a hacer lo que puedas y a pedir lo que no puedas:«Dame lo que me pides y pídeme lo que quieras» (San Agustín).

Una enseñanza de la Iglesia muchas veces olvidada

  1. La Iglesia enseñó reiteradas veces que no somos justificados por nuestras obras o por nuestros esfuerzos, sino por la gracia del Señor que toma la iniciativa.

Los nuevos pelagianos

  1. Muchas veces, en contra del impulso del Espíritu, la vida de la Iglesia se convierte en una pieza de museo o en una posesión de pocos. Es quizás una forma sutil de pelagianismo.

El resumen de la Ley

  1. «Porque toda la ley se cumple en una sola frase, que es: Amarás a tu prójimo como a ti mismo» (Ga5,14).

CAPÍTULO TERCERO: A LA LUZ DEL MAESTRO

  1. «¿Cómo se hace para llegar a ser un buen cristiano?», la respuesta es sencilla: es necesario hacer, cada uno a su modo, lo que dice Jesús en el sermón de las Bienaventuranzas.

A CONTRACORRIENTE

«Felices los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos»

  1. Esta pobreza de espíritu está muy relacionada con aquella «santa indiferencia» que proponía san Ignacio de Loyola, en la cual alcanzamos una hermosa libertad interior.
  2. Ser pobre en el corazón, esto es santidad.

«Felices los mansos, porque heredarán la tierra»

  1. Para santa Teresa de Lisieux «la caridad perfecta consiste en soportar los defectos de los demás, en no escandalizarse de sus debilidades».
  2. Reaccionar con humilde mansedumbre, esto es santidad.

«Felices los que lloran, porque ellos serán consolados»

  1. El mundo nos propone lo contrario: se gastan muchas energías por escapar de las circunstancias donde se hace presente el sufrimiento.
  2. Saber llorar con los demás, esto es santidad.

«Felices los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos quedarán saciados»

  1. La palabra «justicia» puede ser sinónimo de fidelidad a la voluntad de Dios con toda nuestra vida, pero si le damos un sentido muy general olvidamos que se manifiesta especialmente en la justicia con los indefensos.

Buscar la justicia con hambre y sed, esto es santidad.

«Felices los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia»

  1. El Catecismo nos recuerda que esta ley se debe aplicar «en todos los casos»,[1] de manera especial cuando alguien «se ve a veces enfrentado con situaciones que hacen el juicio moral menos seguro, y la decisión difícil».
  2. Mirar y actuar con misericordia, esto es santidad.

«Felices los de corazón limpio, porque ellos verán a Dios»

  1. En las intenciones del corazón se originan los deseos y las decisiones más profundas que realmente nos mueven.
  2. Mantener el corazón limpio de todo lo que mancha el amor, esto es santidad.

«Felices los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios»

  1. No es fácil construir esta paz evangélica que no excluye a nadie sino que integra también a los que son algo extraños, a las personas difíciles y complicadas.

Sembrar paz a nuestro alrededor, esto es santidad.

«Felices los perseguidos a causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos»

  1. Las persecuciones no son una realidad del pasado, porque hoy también las sufrimos, sea de manera cruenta, como tantos mártires contemporáneos, o de un modo más sutil, a través de calumnias y falsedades.

Aceptar cada día el camino del Evangelio aunque nos traiga problemas, esto es santidad.

EL GRAN PROTOCOLO

  1. «Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme» (Mt 25,35-36).

Por fidelidad al Maestro

  1. Cuando encuentro a una persona durmiendo a la intemperie, en una noche fría, puedo sentir que ese bulto es un imprevisto que me interrumpe, un delincuente ocioso, un estorbo en mi camino, un aguijón molesto para mi conciencia, un problema que deben resolver los políticos, y quizá hasta una basura que ensucia el espacio público. O puedo reaccionar desde la fe y la caridad, y reconocer en él a un ser humano con mi misma dignidad, a una creatura infinitamente amada por el Padre. ¡Eso es ser cristianos!

Las ideologías que mutilan el corazón del Evangelio

  1. Lamento que a veces las ideologías nos lleven a dos errores nocivos. Por una parte, el de los cristianos que separan estas exigencias del Evangelio de su relación personal con el Señor, de la unión interior con él, de la gracia.
  2. También es nocivo e ideológico el error de quienes viven sospechando del compromiso social de los demás, considerándolo algo superficial, mundano, secularista, inmanentista, comunista, populista. La defensa del inocente que no ha nacido, por ejemplo, debe ser clara, firme y apasionada. Pero igualmente sagrada es la vida de los pobres que ya han nacido, que se debaten en la miseria.
  3. Suele escucharse que, frente al relativismo y a los límites del mundo actual, sería un asunto menor la situación de los migrantes, por ejemplo. Algunos católicos afirman que es un tema secundario al lado de los temas «serios» de la bioética.
  4. No se trata de un invento de un Papa o de un delirio pasajero.

El culto que más le agrada

  1. Quien de verdad quiera dar gloria a Dios con su vida, quien realmente anhele santificarse para que su existencia glorifique al Santo, está llamado a obsesionarse, desgastarse y cansarse intentando vivir las obras de misericordia.
  2. El consumismo hedonista puede jugarnos una mala pasada. También el consumo de información superficial y las formas de comunicación rápida y virtual pueden ser un factor de atontamiento que se lleva todo nuestro tiempo y nos aleja de la carne sufriente de los hermanos.

***

  1. La fuerza del testimonio de los santos está en vivir las bienaventuranzas y el protocolo del juicio final. Recomiendo vivamente releer con frecuencia estos grandes textos bíblicos, recordarlos, orar con ellos, intentar hacerlos carne. Nos harán bien, nos harán genuinamente felices.

CAPÍTULO CUARTO: ALGUNAS NOTAS DE LA SANTIDAD

 EN EL MUNDO ACTUAL

  1. No me detendré a explicar los medios de santificación que ya conocemos: los distintos métodos de oración, los preciosos sacramentos de la Eucaristía y la Reconciliación, la ofrenda de sacrificios, las diversas formas de devoción, la dirección espiritual, y tantos otros. Solo me referiré a algunos aspectos del llamado a la santidad que espero resuenen de modo especial.
  2. Son cinco grandes manifestaciones del amor a Dios y al prójimo que considero de particular importancia, debido a algunos riesgos y límites de la cultura de hoy. En ella se manifiestan: la ansiedad nerviosa y violenta que nos dispersa y nos debilita; la negatividad y la tristeza; la acedia cómoda, consumista y egoísta; el individualismo, y tantas formas de falsa espiritualidad sin encuentro con Dios que reinan en el mercado religioso actual.
  3. AGUANTE, PACIENCIA Y MANSEDUMBRE
  4. ALEGRÍA Y SENTIDO DEL HUMOR
  5. AUDACIA Y FERVOR
  6. EN COMUNIDAD
  7. EN ORACIÓN CONSTANTE

CAPÍTULO QUINTO: COMBATE, VIGILANCIA Y DISCERNIMIENTO

  1. La vida cristiana es un combate permanente. Se requieren fuerza y valentía para resistir las tentaciones del diablo y anunciar el Evangelio. Esta lucha es muy bella, porque nos permite celebrar cada vez que el Señor vence en nuestra vida.

EL COMBATE Y LA VIGILANCIA

  1. No se trata solo de un combate contra el mundo y la mentalidad mundana, que nos engaña, nos atonta y nos vuelve mediocres sin compromiso y sin gozo. Tampoco se reduce a una lucha contra la propia fragilidad y las propias inclinaciones. Es también una lucha constante contra el diablo. Jesús mismo festeja nuestras victorias.

Algo más que un mito

  1. Entonces, no pensemos que es un mito, una representación, un símbolo, una figura o una idea. Ese engaño nos lleva a bajar los brazos, a descuidarnos y a quedar más expuestos. Él no necesita poseernos. Nos envenena con el odio, con la tristeza, con la envidia, con los vicios. Y así, mientras nosotros bajamos la guardia, él aprovecha para destruir nuestra vida, nuestras familias y nuestras comunidades.

Despiertos y confiados

  1. Nuestro camino hacia la santidad es también una lucha constante. Quien no quiera reconocerlo se verá expuesto al fracaso o a la mediocridad. Para el combate tenemos las armas poderosas que el Señor nos da: la fe que se expresa en la oración, la meditación de la Palabra de Dios, la celebración de la Misa, la adoración eucarística, la reconciliación sacramental, las obras de caridad, la vida comunitaria, el empeño misionero.

La corrupción espiritual

  1. «No nos entreguemos al sueño». Porque quienes sienten que no cometen faltas graves contra la Ley de Dios, pueden descuidarse en una especie de atontamiento o adormecimiento.

EL DISCERNIMIENTO

  1. ¿Cómo saber si algo viene del Espíritu Santo o si su origen está en el espíritu del mundo o en el espíritu del diablo? La única forma es el discernimiento, que no supone solamente una buena capacidad de razonar o un sentido común, es también un don que hay que pedir. Si lo pedimos confiadamente al Espíritu Santo, y al mismo tiempo nos esforzamos por desarrollarlo con la oración, la reflexión, la lectura y el buen consejo, seguramente podremos crecer en esta capacidad espiritual.

Una necesidad imperiosa

  1. Todos, pero especialmente los jóvenes, están expuestos a un zappingconstante. Sin la sabiduría del discernimiento podemos convertirnos fácilmente en marionetas a merced de las tendencias del momento.

Siempre a la luz del Señor

  1. El discernimiento no solo es necesario en momentos extraordinarios, o cuando hay que resolver problemas graves. Nos hace falta siempre: muchas veces esto se juega en lo pequeño, en lo que parece irrelevante.

Un don sobrenatural

  1. Si bien el Señor nos habla de modos muy variados en medio de nuestro trabajo, a través de los demás, y en todo momento, no es posible prescindir del silencio de la oración detenida para percibir mejor ese lenguaje, para interpretar el significado real de las inspiraciones que creímos recibir.

Habla, Señor

  1. Solo quien está dispuesto a escuchar tiene la libertad para renunciar a su propio punto de vista parcial o insuficiente, a sus costumbres, a sus esquemas.
  2. No se trata de aplicar recetas o de repetir el pasado.

La lógica del don y de la cruz

  1. Hace falta pedirle al Espíritu Santo que nos libere y que expulse ese miedo que nos lleva a vedarle su entrada en algunos aspectos de la propia vida. Esto nos hace ver que el discernimiento no es un autoanálisis ensimismado, una introspección egoísta, sino una verdadera salida de nosotros mismos hacia el misterio de Dios, que nos ayuda a vivir la misión a la cual nos ha llamado para el bien de los hermanos.

***

  1. Quiero que María corone estas reflexiones, porque ella vivió como nadie las bienaventuranzas de Jesús. Ella es la que se estremecía de gozo en la presencia de Dios, la que conservaba todo en su corazón y se dejó atravesar por la espada. Es la santa entre los santos, la más bendita, la que nos enseña el camino de la santidad y nos acompaña. Ella no acepta que nos quedemos caídos y a veces nos lleva en sus brazos sin juzgarnos. Conversar con ella nos consuela, nos libera y nos santifica. La Madre no necesita de muchas palabras, no le hace falta que nos esforcemos demasiado para explicarle lo que nos pasa. Basta musitar una y otra vez: «Dios te salve, María…».
  2. Espero que estas páginas sean útiles para que toda la Iglesia se dedique a promover el deseo de la santidad. Pidamos que el Espíritu Santo infunda en nosotros un intenso anhelo de ser santos para la mayor gloria de Dios y alentémonos unos a otros en este intento. Así compartiremos una felicidad que el mundo no nos podrá quitar.

María de San José, Salazar. La humanista colaboradora de Santa Teresa. Perseguida

PÉREZ GARCÍA, MARÍA DE LA CRUZ,

María de San José, Salazar.
La humanista colaboradora de Santa Teresa.
Perseguida.

Burgos, Monte Carmelo, 2009, 374 pp.

La madre María de San José está de moda, después de siglos de silencio. Los cronistas de la congregación española de los carmelitas descalzos fueron avaros en darnos noticias sobre su personalidad y su significación en el Carmelo teresiano. Ahora, ha recibido su recompensa. Se han publicado sus obras completas, se estudia su personalidad y se agiganta su figura. Esta es la última biografía que sale al mercado. Y es que la figura vale la pena por ser una de las personalidades más relevantes de la Reforma de santa Teresa en sus orígenes, muy apreciada por la madre fundadora hasta el punto de quererla como sucesora y heredera, y así lo interpretó ella. Además, sus obras escritas han sido apreciadas en el mundo de las letras

¿Qué decir de esta nueva biografía? Que es bienvenida porque está escrita con cariño y logra comunicarlo a los lectores; presenta la vida de la protagonista en un lenguaje muy cercano, sencillo y comprensible. La redacción está fundada en fuentes históricas de primera mano, más de lo que aparece a primera vista en estas páginas. Creo que el lector puede avanzar con tranquilidad viviendo con la autora los distintos avatares de la madre María de San José. Lo que veo muy destacado es su actitud y protagonismo en la Reforma de santa Teresa y la conciencia que tuvo María de San José de ser la “heredera” principal del movimiento teresiano, y su implicación en la defensa de esa herencia a la que consagró la vida después de muerta la madre Teresa y cómo fue capaz de sacrificarse por ella.

Y, por otra parte, la reacción de los herederos masculinos que la redujeron injustamente al silencio, le quitaron la libertad y la expusieron a la muerte. Todo muy triste, y que aparece bien expresado en esta nueva biografía. Pediría a los lectores ilustrados que no se fijen en muchos detalles de la vida que son discutidos y lea la historia sin aplicar demasiado la lupa de aumento, porque la autora hace juicios sobre la protagonista que no aceptarán todos. Además, noto que la metodología falla en algunas ocasiones. Por ejemplo, faltan referencias a las páginas de las obras de donde toma los textos; cuando usa el MHCT, falta el título del documento; da la impresión a veces de que son citas de segunda mano; cita los Escritos de María de San José (sus Obras completas), pero sin referencia a cada una de las obras. En las citas de la Santa, sobre todo en las Cartas, faltan los números marginales, etc.

Espero que todos los debates de familia en los que está metida María de San José interesen no sólo a la familia del Carmelo, sino a otros muchos lectores. Felicito a la autora por el empeño puesto en entregarnos esta nueva biografía de una gran persona y una ejemplar carmelita descalza.

– Daniel de Pablo Maroto.

Jesús, hoy. Una espiritualidad de libertad radical

NOLAN, A.,

Jesús, hoy.
Una espiritualidad de libertad radica
l

Sal Terrae, Santander, 2007, 263 pp.

“Este es un libro maravillosamente fresco y vibrante. En un mundo hambriento de espiritualidad, nos ofrece una espiritualidad, que está fundada en la vida de Jesús, que es Su espiritualidad y, por encima de todo, es una espiritualidad de libertad radical” Así comienza T. Radcliffe en el Prólogo. En el libro de Nolan, «¿Quién es este hombre?» Jesús, antes del cristianismo, el autor subrayó el contexto político de la misión de Jesús.

“No nos tomamos a Jesús en serio”. Éstas son las primeras palabras de la introducción. La propuesta que nos hará el autor es que nos tomemos a Jesús en serio y vivamos en nuestro tiempo, prestando atención a lo que pasa en nuestro mundo, ya que esto es lo que nos enseñó Jesús (Mt 16, 3-4). Hacer esta opción conlleva el “leer los signos de nuestro tiempo con honradez y sinceridad”.

El centro, pues, de este libro es la espiritualidad teniendo muy presente a Jesús. Nolan define la espiritualidad de Jesús como una “espiritualidad de libertad radical”, y que esto es hoy muy revelante.

En la contraportada y en la introducción se nos presenta el objetivo de esta obra. En el presente libro, continuación del primero, se centra en la espiritualidad de Jesús y su pertinencia para nosotros hoy. Después de escrutar los signos de los tiempos, Nolan esboza los elementos de la espiritualidad de Jesús y muestra cómo las lecciones que de ahí se desprenden podrían promover una comunión mayor con Dios y con toda su creación.

Con la sencillez y la claridad que le caracterizan, Nolan nos presenta el corazón mismo del evangelio iluminando de manera admirable la situación de nuestro mundo y haciendo que arda en el corazón del lector el fuego de la pasión de Jesús. Jesús, hoy, es un libro lleno de sabiduría, fruto maduro de la vida mística y profética de su autor.

El contenido del libro está desarrollado en cuatro partes. En la Primera Parte, Albert esboza su propia lectura de los signos de nuestro tiempo. En la Segunda, examina la espiritualidad de Jesús y en la Tercera y Cuarta, se fija en lo que implica en la práctica vivir en el contexto actual una espiritualidad inspirada por Jesús.

Este libro está dirigido a los cristianos y no cristianos, a los que no van a la iglesia, a los que buscan una espiritualidad revelante, a los que se adhieren a las creencias y prácticas religiosas y a los que no practican. A todos les habla Nolan de su convencimiento de que la espiritualidad de Jesús “es extraordinariamente relevante para el drama sin precedentes del mundo actual”.

Albert Nolan, nacido en Sudáfrica, dominico, ha sido profesor de teología, ha realizado tareas pastorales entre los pobres y ha sido durante años capellán universitario. En 1984 fue elegido Maestro General de la Orden Dominicana, pero él declinó el nombramiento para seguir en su país combatiendo el apartheid. La editorial Sal Terrae ha publicado sus dos anteriores libros:

«¿Quién es este hombre?» Jesús, antes del cristianismo, que le hizo mundialmente conocido y que ha visto ya ocho ediciones, y Dios en Sudáfrica. El desafío del Evangelio.

– Eusebio Gómez Navarro.

El camino espiritual de Juan de la Cruz

MERI CUCART, C.,

El camino espiritual de Juan de la Cruz

San Pablo, Madrid, 2008, 184 pp.

Esta colección “El camino espiritual de…” pretende introducir al creyente en la experiencia religiosa de cada místico. La llamada a la santidad de todo bautizado pasa por la identificación con Jesucristo. En este sentido los místicos son auténticos pedagogos, son los más indicados para introducir a los creyentes en la amistad con Dios.

El autor está convencido que “San Juan de la Cruz es un don de Dios para la Iglesia y para el mundo. Su figura, sus escritos son fuente de agua viva que refresca el caminar del ser humano en su peregrinar hacia Dios. Siempre nuevo en su profundidad de unión de amor. Transparencia de Dios” (p. 169).

El libro está dividido en tres partes. En la primera, comenta la vida de San Juan de la Cruz, sus momentos más significativos. En la segunda parte, expone el camino espiritual según el Santo Carmelita, es decir, la unión del ser humano con Dios. La tercera parte es un comentario a una de las obras mayores del Santo, es decir, “Llama de amor viva”. Las últimas páginas están dedicadas a la bibliografía, lo más significativo sobre el tema.

Dios, Fe, Esperanza, Amor, Unión… son palabras fundamentales para entender el itinerario de Juan de la Cruz. Al mismo tiempo es la mejor contribución del Santo a la Iglesia de nuestros días. No se va por las ramas sino que toca las raíces más profundas de la religiosidad, por eso se le escucha en todas las iglesias cristianas y en muchas religiones.

– Lucio del Burgo.

Mística y Eucaristía.

A.A.V.V.

Mística y Eucaristía.
Beber en las fuentes de la plenitud

Cites, Ávila, 2008, 162 p.

El libro está dirigido por Francisco Javier Sancho, Director del Cites. En las primeras páginas se anuncia la intención que les ha llevado a la publicación: “pretende poner en manos de los lectores de este libro una luz y un estímulo para ahondar cada día más en la experiencia de la presencia alentadora de Cristo en este sacramento admirable” (R. Cuartas, Presentación, p.9).

El primer estudio es de Jesús García Burillo, obispo de Ávila que estudia el tema: “Eucaristía y Vida Cristiana”. Unas páginas densas sobre la Cena del Señor y sus relaciones con la comunidad cristiana. “La Iglesia ha nacido del misterio de Cristo y por tanto también tiene su origen en la celebración de la última Cena” (p.60).

El segundo trabajo que se presenta es de Rómulo Cuartas Londoño. El tema es: “Humanidad de Cristo y Eucaristía en la experiencia de Santa Teresa de Jesús”. Después de un análisis pormenorizado del tema concluye: “La permanencia de Jesús en la Eucaristía es para ayudarnos en nuestras flaquezas, ayuda tanto más necesaria cuanto mayor es la debilidad” (p.98).

La tercera conferencia que se presenta es de José Vicente Rodríguez, “San Juan de la Cruz, alma eucarística y cantor del Misterio”. El autor nos transmite muchas anécdotas eucarísticas del Santo. En este sentido nos ofrece unas deliciosas páginas. Termina con estas palabras: “Ser altar, y con referencia insobornable a la Eucaristía, ser altar con las cualidades que lo quiere Juan de la Cruz es el mejor fruto y la mejor disposición para la Eucaristía” (p. 125).

El cuarto estudio es de Francisco Javier Sancho; “Espiritualidad eucarística. Eucaristía y vida en Edith Stein”. El autor afirma: hemos perdido de vista lo que verdaderamente está aconteciendo en la Eucaristía” (p. 131). Y más adelante escribe: “En este artículo no vamos a resolver estas dudas… Simplemente y modestamente, y desde un personaje real y cercano en el tiempo, pretendemos ayudarnos en la comprensión y la vivencia del sacramento” (p. 133). Este personaje real y cercano es Edith Stein. “La Eucaristía es para nosotros garantía de que en el exilio no estamos abandonados. Jesús viene diariamente a nosotros y nos da parte en todo lo que es suyo” (Teresa Benedicta de la Cruz).

– Lucio del Burgo.

Decreto de la Congregación para el CultoDivino y la Disciplina de los Sacramentos sobre la celebración de la Bienaventurada Virgen María, Madre de la Iglesia en el Calendario Romano General, 03.03.2018

La gozosa veneración otorgada a la Madre de Dios por la Iglesia en los tiempos actuales, a la luz de la reflexión sobre el misterio de Cristo y su naturaleza propia, no podía olvidar la figura de aquella Mujer (cf. Gál 4,4), la Virgen María, que es Madre de Cristo y, a la vez, Madre de la Iglesia.

Esto estaba ya de alguna manera presente en el sentir eclesial a partir de las palabras premonitorias de san Agustín y de san León Magno. El primero dice que María es madre de los miembros de Cristo, porque ha cooperado con su caridad a la regeneración de los fieles en la Iglesia; el otro, al decir que el nacimiento de la Cabeza es también el nacimiento del Cuerpo, indica que María es, al mismo tiempo, madre de Cristo, Hijo de Dios, y madre de los miembros de su cuerpo místico, es decir, la Iglesia. Estas consideraciones derivan de la maternidad divina de María y de su íntima unión a la obra del Redentor, culminada en la hora de la cruz.

En efecto, la Madre, que estaba junto a la cruz (cf. Jn 19, 25), aceptó el testamento de amor de su Hijo y acogió a todos los hombres, personificados en el discípulo amado, como hijos para regenerar a la vida divina, convirtiéndose en amorosa nodriza de la Iglesia que Cristo ha engendrado en la cruz, entregando el Espíritu. A su vez, en el discípulo amado, Cristo elige a todos los discípulos como herederos de su amor hacia la Madre, confiándosela para que la recibieran con afecto filial.

María, solícita guía de la Iglesia naciente, inició la propia misión materna ya en el cenáculo, orando con los Apóstoles en espera de la venida del Espíritu Santo (cf. Hch 1,14). Con este sentimiento, la piedad cristiana ha honrado a María, en el curso de los siglos, con los títulos, de alguna manera equivalentes, de Madre de los discípulos, de los fieles, de los creyentes, de todos los que renacen en Cristo y también «Madre de la Iglesia», como aparece en textos de algunos autores espirituales e incluso en el magisterio de Benedicto XIV y León XIII.

De todo esto resulta claro en qué se fundamentó el beato Pablo VI, el 21 de noviembre de 1964, como conclusión de la tercera sesión del Concilio Vaticano II, para declarar  va la bienaventurada Virgen María «Madre de la Iglesia, es decir, Madre de todo el pueblo de Dios, tanto de los fieles como de los pastores que la llaman Madre amorosa», y estableció que «de ahora en adelante la Madre de Dios sea honrada por todo el pueblo cristiano con este gratísimo título».

Por lo tanto, la Sede Apostólica, especialmente después de haber propuesto una misa votiva en honor de la bienaventurada María, Madre de la Iglesia, con ocasión del Año Santo de la Redención (1975), incluida posteriormente en el Misal Romano, concedió también la facultad de añadir la invocación de este título en las Letanías Lauretanas (1980) y publicó otros formularios en el compendio de las misas de la bienaventurada Virgen María (1986); y concedió añadir esta celebración en el calendario particular de algunas naciones, diócesis y familias religiosas que lo pedían.

El Sumo Pontífice Francisco, considerando atentamente que la promoción de esta devoción puede incrementar el sentido materno de la Iglesia en los Pastores, en los religiosos y en los fieles, así como la genuina piedad mariana, ha establecido que la memoria de la bienaventurada Virgen María, Madre de la Iglesia, sea inscrita en el Calendario Romano el lunes después de Pentecostés y sea celebrada cada año.

Esta celebración nos ayudará a recordar que el crecimiento de la vida cristiana, debe fundamentarse en el misterio de la Cruz, en la ofrenda de Cristo en el banquete eucarístico, y en la Virgen oferente, Madre del Redentor y de los redimidos.

Por tanto, tal memoria deberá aparecer en todos los Calendarios y Libros litúrgicos para la celebración de la Misa y de la Liturgia de las Horas: los respectivos textos litúrgicos se adjuntan a este decreto y sus traducciones, aprobadas por las Conferencias Episcopales, serán publicadas después de ser confirmadas por este Dicasterio.

Donde la celebración de la bienaventurada Virgen María, Madre de la Iglesia, ya se celebra en un día diverso con un grado litúrgico más elevado, según el derecho particular aprobado, puede seguir celebrándose en el futuro del mismo modo.

Sin que obste nada en contrario.

En la sede de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, a 11 de febrero de 2018, memoria de la bienaventurada Virgen María de Lourdes.

Robert Card. Sarah
Prefecto

                                                                                   + Arthur Roche
                                                                                  Arzobispo Secretario

Comentario al decreto del Prefecto de la Congregación para el CultoDivino y la Disciplina de los Sacramentos La Memoria de María, “Madre de la Iglesia”

            Por decisión del Papa Francisco, la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos ha ordenado la inscripción de la memoria de la “Bienaventurada Virgen María Madre de la Iglesia” en el Calendario Romano General, con decreto del día 11 de febrero de 2018, ciento sesenta aniversario de la primera aparición de la Virgen en Lourdes. Se adjuntan al decreto los respectivos textos litúrgicos, en latín, para la Misa, el Oficio Divino y el Martirologio Romano. Las Conferencias Episcopales tendrán que aprobar la traducción de los textos necesarios y, después de ser confirmados, publicarlos en los libros litúrgicos de su jurisdicción.

            El motivo de la celebración es descrito brevemente en el mismo decreto, que recuerda la madurada veneración litúrgica a María tras una mejor comprensión de su presencia “en el misterio de Cristo y de la Iglesia”, como ha explicado el capítulo VIII de la Lumen Gentium del Concilio Vaticano II. De hecho, el beato Pablo VI, al promulgar esta constitución conciliar el 21 de noviembre de 1964, quiso conceder solemnemente a María el título de “Madre de la Iglesia”. El sentir del pueblo cristiano, en los dos mil años de historia, había acogido, de diverso modo, el vínculo filial que une estrechamente a los discípulos de Cristo con su Santísima Madre. De tal vínculo da testimonio explícito el evangelista Juan, cuando habla del testamento de Jesús muriendo en la cruz (cf. Jn 19,26-27). Después de haber entregado su Madre a los discípulos y éstos a la Madre, “sabiendo que ya estaba todo cumplido”, al morir Jesús “entregó su espíritu” para la vida de la Iglesia, su cuerpo místico: pues, “del costado de Cristo dormido en la cruz nació el sacramento admirable de la Iglesia entera” (Sacrosanctum Concilium, n. 5).

            El agua y la sangre que brotaron del corazón de Cristo en la cruz, signo de la totalidad de su ofrenda redentora, continúan sacramentalmente dando vida a la Iglesia mediante el Bautismo y la Eucaristía. María santísima tiene que realizar su misión materna en esta admirable comunión, que se ha de potenciar siempre entre el Redentor y los redimidos. Lo recuerda el texto evangélico de Jn 19,25-34 señalado en la misa de la nueva memoria, ya indicado –junto con las lecturas de Gén 3 y Hch 1- en la misa votiva “de sancta Maria Ecclesiae Matre” aprobaba por la Congregación para el Culto Divino en 1973, para el Año Santo de la Reconciliación de 1975 (cf. Notitiae 1973, pp. 382-383).

            La conmemoración litúrgica de la maternidad eclesial de María existía ya en las misas votivas de la editio altera del Missale Romanum de 1975. Después, en el pontificado de san Juan Pablo II existía la posibilidad, concedida a las Conferencias Episcopales, de añadir el título de “Madre de la Iglesia” a las Letanías lauretanas (cf. Notitiae 1980, p. 159); y, con ocasión del año mariano, la Congregación para el Culto Divino publicó otros formularios de misas votivas con el título de María Madre e imagen de la Iglesia en la Collectio missarum de Beata Maria Virgine. Se había aprobado también, a lo largo de los años, la inserción de la celebración de la “Madre de la Iglesia” en el Calendario propio de algunos países, como Polonia y Argentina, el lunes después de Pentecostés; y había sido inscrita en otras fechas tanto en lugares peculiares, como la Basílica de san Pedro, -donde se hizo la proclamación del título por parte de Pablo VI-, como también en los Propios de algunas Órdenes y Congregaciones religiosas.

            El Papa Francisco, considerando la importancia del misterio de la maternidad espiritual de María, que desde la espera del Espíritu en Pentecostés (cf. Hch 1,14) no ha dejado jamás de cuidar maternalmente de la Iglesia, peregrina en el tiempo, ha establecido que, el lunes después de Pentecostés, la memoria de María Madre de la Iglesia sea obligatoria para toda la Iglesia de Rito Romano. Es evidente el nexo entre la vitalidad de la Iglesia de Pentecostés y la solicitud materna de María hacia ella. En los textos de la Misa y del Oficio, el texto de Hch 1,12-14 ilumina la celebración litúrgica, como también Gén 3,9-15.20, leído a la luz de la tipología de la nueva Eva, constituida “Mater omnium viventium” junto a la cruz del Hijo, Redentor del mundo.

            Esperamos que esta celebración, extendida a toda la Iglesia, recuerde a todos los discípulos de Cristo que, si queremos crecer y llenarnos del amor de Dios, es necesario fundamentar nuestra vida en tres realidades: la Cruz, la Hostia y la Virgen –Crux, Hostia et Virgo. Estos son los tres misterios que Dios ha dado al mundo para ordenar, fecundar, santificar nuestra vida interior y para conducirnos hacia Jesucristo. Son tres misterios para contemplar en silencio (R. Sarah, La fuerza del silencio, n. 57).

Robert Sarah
Prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos

Teología de la contemplación

URBINA, F.,

Teología de la contemplación

EDE, Madrid, 2009, 238 pp.

El libro que presento es una obra póstuma del autor y procede de un curso de Teología espiritual, dado en Murcia “en los años ochenta” (nota del editor, p. 15), grabado en cinta magnetofónica. La copia la recogió José María Avendaño Perea de manos del autor quien la entregó para su publicación (p. 10). Ésta es la andadura externa y el proceso de la obra.

¿De qué se trata? La tesis fundamental que defiende el autor es que la vida, o la mera actitud contemplativa del cristiano, no sólo pueden sino que deben ser vividas en el “espesor de lo real”, en la vida cotidiana: llevar la experiencia de Dios que el contemplativo vislumbra en el ejercicio contemplativo a su quehacer diario, sin hacer dicotomías a niveles interiores ni exteriores, entre Dios y el mundo. Para ello expone, en primer lugar, “El problema de la contemplación” (cap. I), su definición en un sentido amplio desde las tres coordenadas de la vida del hombre: el conocimiento, la afectividad y la acción o el quehacer; y lo específico de la contemplación “religiosa”, en su connotación periférica y fenomenológica, incluidos los fenómenos místicos y su discernimiento.

Interesante es la síntesis que hace el autor de la contemplación como hecho religioso presente en todas las religiones (cap. II). Así como los capítulos siguientes, dedicados al “camino de la contemplación” (cap. III), el más largo y el más inorgánico, pero, al mismo tiempo el más práctico, porque desciende a la realización de una especie de método contemplativo teniendo en cuenta el cuerpo, las pasiones, el silencio, el tiempo, los espacios, etc. “El contenido u objeto de la contemplación: el misterio” (cap. IV). “Historia de la tradición contemplativa cristiana” (cap. V), también pobre por necesidad de espacio y proceder de una enseñanza oral del autor, cuando el tema requiere mucho más sosiego mental y precisión en las expresiones. “Los orígenes bíblicos y evangélicos de nuestra tradición contemplativa cristiana” (cap. VI). Y, para concluir, “El fundamento y fin del acto contemplativo cristiano desde el punto de vista teológico” (cap. VII), del que quitaría la farragosa introducción (pp. 217-226) para quedarme con las líneas fundamentales de la contemplación cristiana, no únicas: lo cristocéntrico. Cristo como hombre, el Jesús glorioso, el Cristo cósmico, y el Cristo encarnado en los hombres. (226-233), aunque expuesto todo demasiado brevemente.

Éste es el libro. Tema importantísimo. Lamento que transmita una cultura oral, que proceda de un curso dictado y no de una obra pensada con quietud y escrita con precisión verbal y metodológica. Pero también es de agradecer su publicación tal como está.

– Daniel de Pablo Maroto.

Tito Brandsma

MILLAN ROMERAL, F

Tito Brandsma,

Fundación Emmanuel Mounier,
Madrid, 2008, 136 p

El P. Fernando Millán Romeral, actual P. General de los Carmelitas de la Antigua Observancia, nos ofrece un sucinta presentación del Beato Tito Brandsma, carmelita holandés, frisón, para mas detalles. No se trata de una biografía detallada con muchas fuentes y precisiones históricas, sino más bien une un bosquejo de una gran personalidad religiosa de nuestro tiempo. El P. Tito, de familia católica, nacido en 1882 y murió en el campo de concentración de Dachau (Baviera) en 1942.

El autor traza una somera descripción de su vocación, años de estudio y actividad diversa y muy abundante del P. Tito. En efecto, nuestro protagonista fundó colegios católicos, en una Holanda de mayoría protestante, fue durante un año Rector de la recién fundada universidad católica de Nimega, donde ejerció el profesorado, trabajó constantemente en la prensa católica de su país, hizo diversos viajes de estudio, y fue un estudioso de la mística. Destaca su conocimiento de la espiritualidad de la “Devotio Moderna (G. de Groot), y sobre todo su amor por Santa Teresa de Ávila, de la que escribió una biografía en holandés durante su encarcelamiento.

Su carácter abierto, solidario, alegre, familiar, elegante y ecuménico hace de él un personaje profundamente atractivo, aunque gozaba de poca salud. Fue siempre un estrecho colaborador del episcopado holandés, especialmente de obispo De Jong.

Su vida se vio determinada por la presencia creciente del nazismo, primero en Alemania y después en la misma Holanda, a causa de la ocupación. Con suma elegancia pero con firmeza, el P. Brandsma defendió los principios cristianos y puso en la luz las terribles aberraciones del nazismo. Especialmente su relevante puesto en la prensa católica ocasionó un creciente enfrentamiento con las autoridades alemanas, que terminó en su detención en enero de 1942. El P. Millán describe con todo detalle el lento martirio del P. Tito en las diversas cárceles de Holanda y luego en Alemania hasta su confinación en la enfermería de Dachau, donde le fue administrada la letal “inyección” el 26 de julio de 1942, diez días después de la fiesta de la Virgen del Carmen. El recorrido del P. Tito es casi paralelo al de Edith Stein que sin embargo murió en Auschwitz.

El P. Millán ha sabido trazar una relación muy viva del P. Brandsma que puede ser particularmente útil en el ambiente español donde estas peripecias de la Segunda Guerra Mundial en Centro Europa son menos conocidas. Pero sobre todo ofrece un retrato vivo de un carmelita plenamente inserto en los modernos medios de apostolado como la enseñanza y la prensa, con un alto nivel de humanidad y de mística. Una figura realmente atractiva y paradigmática para nuestro tiempo. Su lectura es fácil y agradable; produce una estimulante admiración por este mártir del nazismo en pleno siglo XX.

– Fernando Guillén Preckler

Buscad mi rostro

BARRY, W. A.,

Buscad mi rostro.
La oración como relación personal en la Escritura

Sal Terrae, Santander, 2010, 134 pp.

Este libro sobre la oración es una continuación del libro del mismo autor: Dios y tú: la oración como una relación personal. Ambos libros están basados en la experiencia y en la tradición ignaciana. Aquí se usa la Escritura para ayudar a las personas a encontrar a Dios.

¿Qué significa tener intimidad con Dios? A esta pregunta responde el autor con una serie de capítulos basados en historias de la Biblia. La intimidad significa una estrecha relación personal. Ocurre con frecuencia que cualquier deseo de cercanía a Dios se ve atenuado por nuestro miedo a lo que dicha cercanía implica. Barry cita la frase de una mujer que afirmó: “En mi tiempo queríamos estar a su derecha, pero no queríamos acercarnos demasiado”, pues temía que de su proximidad con Dios le pudieran surgir problemas.

William A. Barry, profesor, experimentado acompañante espiritual, nos proporciona en esta obra respuestas sabias y fáciles de comprender, las cuales nos ayudan a aproximarnos a Dios y a llegar a ser sus buenos amigos. Así nos presenta el escritor unos amigos de Dios como: Abrahán, Moisés, Pedro y Jesús, para que nosotros podamos relacionarnos íntima y sinceramente con Dios como se relacionaron ellos. Para ello, es importante cultivar el deseo de ver el rostro amoroso de Dios en todo momento y de muchas maneras, para que nos ayude a superar nuestro miedo a una relación con Dios.

El autor, en un lenguaje claro y profundo, después de tratar 14 puntos o temas, finaliza con la conclusión en la que habla de la amistad con Jesús. Y así afirma: “Sé que estoy gozoso de conocer y amar a Jesús, pero ¿cómo se siente él hacia mi? ¿Damos a Jesús la oportunidad de decirnos lo que significa nuestra amistad para él?” Puede ocurrir que nos resistamos a dar a Jesús una oportunidad para que nos diga cuánto aprecia nuestra amistad.

Otros libros publicados por esta misma editorial son: ¿Quién decís que soy yo?, Contemplativos en la acción y Una amistad como ninguna: sentir el abrazo de Dios.

– Eusebio Gómez Navarro.