Cristianos en la sociedad laica

Gómez Molleda, M. D.,

Cristianos en la sociedad laica.
Una lectura de los escritos espirituales de Pedro Poveda
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Narcea, Madrid, 2008. 256 pp.

San Pedro Poveda, que fue «san» en Madrid-2003, plaza de Colón para más detalles, escribió mucho o al menos bastante. Como para que se editen diez tomos de obras completas de este sacerdote linarense sesentón, la introducción de las cuales es el presente libro; o sea un extracto para el lector medio de unos tomos para especialistas.

El libro se divide en dos partes: por un lado, el pensamiento del protagonista y como se llevó a la práctica; y, por otro, el contexto de sus escritos. Ambas partes muy acertadas. Empezar entendiendo qué pensaba Poveda y cómo esos pensamientos se materializaron: cómo se pasó de la idea al hecho. y seguir contextualizando los escritos, para entender qué escribió en Covadonga y qué en Guadix (por poner dos lugares importantes en su vida) y qué circunstancias rodearon la creación de su magna obra: la Institución Teresiana, existente en la actualidad y que perpetúa calladamente la idea y la labor de su fundador, el clérigo giennense que supo sentir con su tiempo y ver más allá de él.

No hay que confundir la Compañía de Santa Teresa con la Institución Teresiana. Aquélla la fundó san Enrique de Ossó; ésta la fundó san Pedro Poveda. Aunque las mujeres de ambas sean llamadas «teresianas». Entendámonos: las teresianas de Poveda son laicas; las teresianas de Ossó son religiosas. Ésta es una gran diferencia. Pues Enrique de Ossó hablaba de compañía y Pedro Poveda de obra. De ahí, la importancia del título: cristianos en la sociedad laica. Era un modo, podemos decir, de adelantar la segunda sesión del Vaticano II, en que se trató sobre los seglares o laicos. Claro que el primero es plenamente decimonónico (murió en 1896) y el segundo le sobrevivió aún cuarenta años, estando a caballo entre el xix y el xx. Además fue hijo de su tiempo convulso y perseguidor de la virtud: lo mataron en el 36. Según me consta, sus hijas han intentado poner de relieve la parte más espiritual y la más social (que aquí van unidas), antes que cargar las tintas en lo martirial que, para él, si no una anécdota sí fue la culminación de una vida sostenida en el filo de lo imposible (cf. los capítulos quinto, «Días imposibles», p. 179-210; y séptimo y último, «1932-1936. Tiempo de lucha y prueba», p. 231-254). Alguien dijo que todos los santos fundadores son, en algún momento, apartados de su fundación o que se les hace de menos en algún momento, siendo como son los padres o madres de la criatura. Parece que es la lección de la humildad que han de pasar, quizá para que se pueda probar luego, ante el tribunal eclesiástico para las causas de los santos, que vivieron heroicamente esta virtud.

Se echan de menos una bibliografía final y un índice, al menos de nombres (aunque también sería interesante otro de lugares). Con todo, es una edición limpia y clara, lo que facilita mucho la lectura y la comprensión de las ideas expuestas y de los abundantes textos citados: sus obras y su gran epistolario. Obra de interés para los historiadores de la pedagogía, de la espiritualidad y del sacerdocio españoles.

– Ignacio Husillos Tamarit.