Tras las huellas de Juan de la Cruz

MARTÍNEZ GONZÁLEZ, E. J.,

Tras las huellas de Juan de la Cruz.
Nueva biografía.

Madrid, EDE, 2006, 184, pp.

Quizás a muchos lectores entendidos les llame la atención eso de “nueva biografía” que aparece en el título. ¿En qué sentido es “nueva”? No sólo porque es la última del mercado, sino porque el autor se esfuerza en hacer una síntesis de todo lo dicho y escrito hasta ahora sobre san Juan de la Cruz, releyendo la bibliografía más importante, deslindando lo biográfico de lo hagiográfico y depurando lo que está históricamente probado y aceptado por los sanjuanistas, de lo se presenta como hipótesis de trabajo. Con otras palabras, se puede definir esta biografía de san Juan de la Cruz como una “aproximación a la biografía crítica” (p. 9), que todavía está por escribir, aunque parezca mentira, si queremos acercarnos a la vida real del Santo, completando algunos capítulos todavía oscuros.

Por eso, el primer paso para proceder científicamente es el estudio de fuentes con las que cuenta el historiador, que el autor trata en el capítulo primero: “Cuestiones previas: materiales-base y criterios de utilización” (pp. 11-28). La biografía del Santo sigue el ritmo de la cronología de su vida y los lugares donde ha residido: Fontiveros, Medina del Campo, Salamanca, Duruelo, Alcalá de Henares, Baeza, Toledo, Granada, etc., hasta su muerte en Úbeda en 1591. En ellos ilustra lo que allí ha vivido Juan de la Cruz, como suelen hacer todos los hagiógrafos y biógrafos.

Pero lo importante no son los lugares donde ha residido, sino lo hecho en cada uno de ellos: pobreza en el hogar paterno-materno, pobre de solemnidad en Arévalo y Medina, además de mendigo, estudiante y fraile carmelita; carmelita descalzo en Duruelo, vocación frustrada de cartujo, siempre sacerdote, apóstol, director espiritual y escritor poco fecundo, pero autor de obras de mística de un valor teológico y místico inmenso, etc. Y, al final, después de haber pasado la noche oscura en una cárcel conventual de los carmelitas de Toledo, y desempeñar muchos cargos de responsabilidad en la Reforma de santa Teresa (formador de novicios y estudiantes, prior, consiliario de la Consulta, vicario provincial de Andalucía), morir olvidado en un lugar lejano de su Castilla natal: Úbeda, en Andalucía.

Toda esta trayectoria es la que describe el autor de esta obra y lo hace apegado a las fuentes antiguas, releídas con el criterio científico de los historiadores sanjuanistas modernos, y apoyado en una riquísima bibliografía leída y asimilada, que da a esta obra un carácter de seriedad en el que puede confiar el lector. Los acostumbrados a leer otras biografías antiguas y modernas, encontrarán en estas páginas un resumen seguro y conciso de lo ya aprendido y les servirá de recordatorio y de repaso de lo ya sabido; quizás hasta se alegrará de descubrir a veces la confrontación de varias opiniones y de encontrar que el autor se ha identificado con la propia del lector.

Para que no todo esto suene a apología excesiva de una obra rica y bien construida, propongo al autor unas observaciones metodológicas por si las quiere tener en cuenta en futuras ediciones, como espero tendrá. Entre las cosas negativas que encuentro en esta rica biografía de san Juan de la Cruz es que en las citas abundantes de autores y sus obras en las notas a pie de página, abusa mucho de la referencia o. c. (obra citada). Pienso que, como son tantas las “obras citadas”, el lector no sabe dónde se halla la obra concreta del autor citado, porque a veces lo cita en un capítulo y la referencia completa se encuentra en el capítulo anterior o en otros precedentes, con lo cual el lector interesado tiene que dar marcha atrás a la búsqueda del citado autor y su obra. Al menos en cada capítulo debe repetirse el autor y su obra.

Además, como utiliza tanta bibliografía, remite a ciertas obras mediante siglas: por ejemplo, ABCT, BMC, MHCT, etc. Pues bien, el autor las coloca en la sección de “Bibliografía”, al final del libro (pp. 177-191), y después del nombre del autor y su obra u obras. Quizás el autor ha pensado que los lectores no leen las notas o que servirán para poco. Algunos tienen la buena o mala costumbre de controlarlas. Ya sé que son nimiedades que no perjudican en nada el rico contenido del libro, buena síntesis no sólo de la vida de san Juan de la Cruz, sino de lo que la historiografía hagiográfica y científica ha dicho sobre él. Le deseo mucha difusión para gloria del Santo y del sanjuanismo.

– Daniel de Pablo Maroto.