Tiempo de crear

GONZÁLEZ BUELTA, B.,

Tiempo de crear.
Polaridades evangélicas

Sal Terrae, Santander 2009. 200 pp. 13,5 x 20 cm.

El autor es bien conocido por los lectores de la colección «El Pozo de Siquem», que ya cuenta con numerosos libros en su haber. Benjamín González Buelta ha sido maestro de novicios y superior provincial en

República Dominicana y ahora en Cuba, desde donde escribe el presente libro, que es, para su autor, un punto de llegada. Así lo explica: «Este libro viene a completar el camino ya expuesto en dos libros anteriores. En Orar en un mundo roto. Tiempo de transfiguración, presentaba la fragmentación interior a que estamos sometidos y cómo la experiencia de Dios es profundamente integradora de nuestro universo interior, al tiempo que nos integra plenamente en la realidad, nos transfigura a nosotros y transfigura la realidad ante nuestros ojos. En Ver o perecer. Mística de los ojos abiertos, describía la pedagogía contemplativa para crear una nueva sensibilidad que nos ayude a percibir con nuestros sentidos a Dios activo en el fondo de nuestra realidad. En este último libro, Tiempo de crear. Polaridades evangélicas, intento ayudar a comprometernos con creatividad en las múltiples fronteras de nuestro mundo, respondiendo a la propuesta que Dios nos hace desde el fondo de la vida misma, para crear juntamente con Él un futuro más humano para todos, sin exclusión alguna» (p. 27). Y prosigue situando el libro en su contexto vital: «Estas páginas se inspiran en la reflexión que la Vida consagrada en Cuba, muy intercongregacional e inserta en la Iglesia local, ha realizado bien enraizada dentro de las comunidades cristianas en las que vive su identidad y su misión. Todo mi agradecimiento para este pueblo profundamente creativo, cordial y digno, donde vivimos una de las fronteras más desafiantes de nuestro tiempo» (ibíd.). La cita ha sido muy larga pero merecía la pena. Nos da el tono de la obra y su interés interno de suscitar «creatividad» desde la óptica del Evangelio, es decir: intentando, por todos los medios (lícitos, evidentemente), producir síntesis, cohesión, concordia, unión, reunión, enlazamientos, anclajes y todo tipo de productos positivos que sirvan para unificar lo que antes podía estar o aparecer como dividido, fragmentado y sin solución; de ahí, el subtítulo: Polaridades evangélicas; y de ahí, los títulos de los capítulos, bien equilibrados y pensados: 1. Tiempo de crear: las dos alas del Espíritu; 2. La utopía y lo germinal; 3. Profecía y sabiduría; 4. Eficacia y gratuidad; 5. Lo comunitario y lo personal; 6. Mística y ascética; 7. Un proceso de creatividad evangélica: el cap. más breve y, como es lógico, el más abierto.

Como experto en escribir libros de espiritualidad, concretamente, para esta colección, el autor le tiene tomado el pulso a la redacción y la medida a la expresión; y así, todos los capítulos inician con un pequeño relato que comienza con las palabras «El reino de Dios se parece a…»; y todos los capítulos, excepto el primero, finalizan con un poema, de la mano del autor, para dejar al lector degustando las palabras y todo lo que hay detrás de ellas y no saben decir sino sólo sugerir… De este modo, todo encaja curiosamente a la perfección y logra el autor una simbiosis entre relato breve, ensayo y poesía, que la misma lectura da gusto en todo momento: para todos los gustos y, especialmente, para los gustos exigentes.

Si hacemos una mirada a vuelo de pájaro relacionando los títulos de los capítulos, las metáforas del inicio de los relatos y el tema de los poemas finales, nos queda del siguiente modo:

Cap. 1º: …las dos alas del Espíritu; relato: «El reino de Dios se parece a las aves…», porque se trata de volar con dos alas (imposible con una sola), y si una está rota, habrá que curarla, para poder reemprender el vuelo y lanzarse a las polaridades evangélicas; no tiene poema.

Cap. 2º: Utopía y lo germinal; relato: «…a un roble sacudido por el huracán», cristiano fuerte (enraizado), zarandeado por el huracán (cambios sociales) durante «lo germinal», el nacimiento de algo nuevo (utopía evangélica); poema: «Pan y Palabra», cuyas últimas palabras son: «Yo busco una palabra / que sea pan / en el desierto» (recuerda a la obra de Merton, Pan en el desierto, sobre el alimento de los Salmos para el monje).

Cap. 3º: Profecía y sabiduría; relato: «…a un joven que se enfrenta con su pequeña tabla de “surfing” a la ola gigante»; «…el joven [el religioso], para jugar y crear la belleza de su baile, utiliza la misma fuerza de la ola que lo amenaza», baila y juega, dos acciones-símbolo caras a Miguel Márquez, aplicadas a la Vida consagrada (VC), en un inteligente y arriesgado (y, por ello, apasionante) diálogo entre profecía y sabiduría; poema: «Jeremías», qué mejor que ilustrar el diálogo de Jeremías con Dios, lleno de vacilación, de confianza y de vida a la vez. Cap. 4º: Eficacia y gratuidad; relato: «…a un niño recién nacido»: la vida (la consagrada, p.e.) tiene todo el potencial desde el inicio, pero necesita tiempo para germinar y también gratuidad (en el amor, que siempre viene primero) para ser eficaz (en las obras, que siempre vienen después); poema: «Tiempo de poda», todo un símbolo del binomio poda-crecimiento.

Cap. 5º: Lo comunitario y lo personal; relato: «…a una sinfonía [comunidad] que está compuesta por muchas notas [personas] diferentes»; buen equilibrio personalista, entre el Tú, el Yo y el Nosotros, sin malabarismos, con realismo y también esperanza; poema: «Todos», con las palabras: no «revelan todo su secreto / cuando alguien les llama: / “mío”, “tuyo”, “nuestro”. / ¡Su nombre es “todos”!». A eso aspira la VC.

Cap. 6º: Mística y ascética; relato: «…a una bailarina», de nuevo la acción de bailar pensada para el ámbito de la vida consagrada; acción llena de ascesis (entrenamiento) y de mística (o éxtasis, en la categoría explicada por López Quintás); poema: «Necesito», porque necesito «presencia» y «ausencia», «saber de ti» y «el no saber», «el día claro» y «la noche oscura», «la palabra» y «el silencio», «el gozo» y «el dolor»…

Cap. 7º: Proceso de creatividad evangélica; relato: «…a la puerta pequeña que un albañil sabio abre en silencio durante la noche», el menos directo de los relatos, el más simbólico y el más abierto al futuro, que siempre es incierto y arriesgado. Y qué mejor que acabar el libro con el poema: «Cada mañana», al despertar, siempre puedo crear…

– Ignacio Husillos Tamarit.