Plenitud y vacío. Cristo y el camino Zen

RAGUIN, Y.

Plenitud y vacío. Cristo y el camino Zen

Madrid, Narcea, 2010, 91 pp.

Este libro comienza con un prólogo de Benoît Vermander. En él nos habla de Yves Raguin. Yves Raguin, jesuita, autor del Diccionario Ricci de la Lengua China y director de Instituto Ricci de Taipei, fue un gran conocedor del mundo oriental, sobre todo Taiwán y Vietnam, donde fue profesor. Gran maestro espiritual, además de su amplia bibliografía, mantuvo una amplia correspondencia con personas de todas las latitudes en las que se trasluce su deseo de integrar la tradición oriental con los valores occidentales.

  1. Vermander, cuando habla de Raguin nos dice que los dos “relatos espirituales” presentados en este volumen es lo mejor de la obra de Yves. Estos textos nos explican con fuerza y exactitud de una cuestión cuya importancia y actualidad no ha cesado de confirmarse: ¿de qué manera la experiencia espiritual cristiana se encuentra con la experiencia espiritual de otras tradiciones, sobre todo con el budismo? La experiencia decisiva para todo ser humano, afirma el autor, es la vivencia de su naturaleza original en su relación con el Absoluto. Esta experiencia la viven de distinto modo el cristiano y el budista. Estas dos experiencias son por una parte semejantes y, por otra, diferentes.

Yves Raguin, se nos dice en la contraportada, nos relata en este libro el proceso de su meditación durante varios años practicando Zen y es la experiencia de quien se atreve pacientemente a descubrir un mundo interior… Con sencillez, reflexiona sobre la plenitud divina que sólo se deja encontrar en el vacío; se pregunta sobre la naturaleza de la palabra que ilumina el silencio más total y sobre el vacío que habita en lo más profundo del ser y que permite que se encienda nuestra llama interior.

Los dos relatos de esta obra son: El vacío interior, camino hacia Dios y Relato de Roucas. En el primero se habla de Cristo en la mismidad de mi ser, el camino del vacío interior, el camino en la plenitud del vacío, más allá del vacío que es el Fuente. El segundo, comprende las siguientes reflexiones: Te necesito, la puerta secreta de la naturaleza, el perfecto amor, el camino recorrido.

El libro se cierra con un Epílogo. En él nos dice Raguin que Dios le había querido hacer comprender su deseo de vivir en él. “Tenía ante mí, agrega el autor, la evidencia de que Dios tenía necesidad de mí, de todo lo que yo era, y que, por otra parte, todo era Él… todo de Él y todo de mí”.

– Eusebio Gómez Navarro