El Evangelio reencontrado

PRONZATO, A.

El Evangelio reencontrado

Santander, Sal Terrae, 2011, pp.

Alessandro Pronzato no necesita presentación. Sacerdote italiano, maestro y periodista, es autor de más de ochenta obras. Es un autor que no se cae de las manos. La lectura de este libro fluye con interés creciente por su estilo ágil, por la manera de presentar los temas y por las ideas que sugiere.

El Evangelio reencontrado no es otro Evangelio más. Lo que propone el autor es el viejo Evangelio que la Iglesia nos ha transmitido y que todos conocemos, pero que no siempre lo presentamos por medio de nuestros comportamientos, nuestro modo de pensar y de hablar.

Si verdaderamente las personas hicieran suyas sus exigencias más radicales, nos dice Pronzato que “lo encontrarían en las calles, lo leerían en los rostros, en la entonación de la voz o en una cierta luz que brilla en los ojos, y se quedarían asombrados, tal vez también seducidos”. Y Dios necesita personas radicales en el amor, locos, locos por Cristo, personas con un corazón enloquecido, ya que el amor verdadero solamente puede ser loco. “El cristiano, y en particular quien se dedica al ejercicio de la caridad, sabe que el Señor exige un amor como el suyo: excesivo, pródigo, loco”

El libro se estructura en un prólogo, 32 temas y un epílogo. Me ha llamado la atención las ideas que usa Pronzato cuando habla del dinero, del Hijo Pródigo, de la vanidad en la Iglesia, de los ídolos…

“Ve adonde el Evangelio te lleve”, es el título del epílogo. Y cita a Marcos, 1,14-15 “convertíos y creed el Evangelio”. Esta invitación de Jesús constituía el núcleo esencial de su predicación y ésta es la receta para nuestros males, según apunta Alessandro. Convertirse es entrar en otro camino y creer en el Evangelio significa ceñirse con un cinturón ajustado a la cintura, que nos ayuda a ponernos en camino, a caminar por rutas imprevisibles. “No es posible decidir, y ni siquiera prever, adónde llegaremos. Pero es seguro que habrá muchas sorpresas en nuestro itinerario. Para nosotros y para los demás”.

– Eusebio Gómez Navarro.