La sencilla verdad de Edith Stein. Vivir en las manos del Señor

GARCÍA ROJO, E.,

La sencilla verdad de Edith Stein. Vivir en las manos del Señor

Madrid, EDE, 2011, 194 pp.

Son muchas los temas y cuestiones que nos oferta esta interesante mujer del siglo XX. Su inteligencia despierta, su interés por la historia, su afición por lo humano, el descubrimiento del mundo divino, son todas facetas que se hacen presentes de manera vigorosa en Edith Stein. El libro que presentamos se centra en un aspecto de su vida y de su legado, lo que podría calificarse de enseñanza espiritual, en el sentido fuerte del adjetivo ‘espiritual’: estamos ante el resultado de lo que el espíritu humano y divino son capaces de alcanzar, cuando se alcanza la armonía de ambos.

En el texto pueden distinguirse dos partes. En la primera, que se corresponde con los dos capítulos primeros, se ofrece la experiencia de fe de la autora; se desatacan los momentos en los que su vida es un fiel reflejo de la verdad en la que cree y enseña: saberse en las manos del Señor, no obstante las pruebas y obstáculos que irán aflorando por el camino. Se reseñan las vivencias cristianas tras la conversión, y la etapa de carmelita descalza, que culminarán en el martirio. La parte segunda recoge aquellos temas espirituales con los que se identifica Edith Stein, y que ha dejado a nuestra disposición y provecho. Ahí está el capítulo dedicado a cómo avanzar por este mundo confiando en el Dios que nos ama entrañablemente; o el otro, donde defiende el poder apostólico de la oración silenciosa. Interesante son las páginas en que la carmelita alemana apuesta por la preferencia divina hacia la mujer, al igual que el interés en proponer que en principio toda persona está llamada a la experiencia mística. Cierra el libro un capítulo ineludible para quien conozca a la autora: cruz y noche constituyen referentes obligados del legado steiniano, pero lo fueron igualmente de su existencia. Se trata de una obra ágil, oportuna, y muy apropiada para conocer la riqueza que Teresa Benedicta de la Cruz experimentó y dejó a nuestra consideración.- Eusebio Gómez Navarro.