I. Centralidad en la Persona de Jesús

I. Centralidad de la Persona de Jesús

  1. En la perspectiva de la propia Regla de San Alberto. 
  2. En la perspectiva de la lectura teresiana y sanjuanista . 
  3. En la perspectiva de algunas Congregaciones femeninas . 
  4. En la perspectiva de la Reforma de Touraine. 
  5. En la perspectiva del laicado carmelitano. 
  6. En la perspectiva del proceso formativo. 
  7. En la perspectiva de la experiencia de las Monjas. 

1. En la perspectiva de la propia Regla de San Alberto

Los números en los que la Regla habla de Jesús

Jesús es una presencia constante en la Regla, tan constante que ni siquiera es mencionado a cada momento. Los números en que Jesús es mencionado son los siguientes:

Rc 2: En el prólogo la Regla define el objetivo de vida en el Carmelo: “vivir en obsequio de Jesucristo y servirle con corazón puro y conciencia serena”.

Rc 10: El camino para llegar a ese objetivo es el de “meditar día y noche la ley del Señor”. El Señor es Jesús. Su ley es el evangelio que se medita en vigilias de oración.

Rc 14: La fuente para mantenerse en el camino es la Eucaristía diaria en el oratorio donde se vive el Misterio de la Muerte y Resurrección de Jesús.

Rc 16: Un medio importante para no perder el rumbo es la continua atención a la persona de Jesús durante el año desde la exaltación de la Cruz hasta el día de la Resurrección.

Rc 18: Se da un aviso a los que quieren seguir a Jesús: padecerán mucha persecución; tendrán la cruz como parte de su vida.

Rc 20: En el consejo para leer las cartas de Pablo se dice que Jesús nos habla por la boca de San Pablo. Sus cartas enseñan cómo tener en nosotros los mismos sentimientos de Jesús.

Rc 20: A los que no llevan en serio la vida en el Carmelo ordena y suplica la Regla en el nombre del Señor Jesucristo, que trabajen en silencio y se ganen su pan.

Rc 21: La Regla recomienda la práctica del silencio ya que, conforme a la palabra del Señor en el Evangelio, de toda palabra inútil tendremos que dar cuenta a Dios.

Rc 22: Pide al prior que procure imitar el ejemplo de servicio que Jesús nos da en el Evangelio: “El que quiera ser el primero tiene que ser servidor de todos”

Rc 23: Aconseja a los súbditos que vean a Jesús en la persona del superior: “El que oye a ustedes a mí me oye”

Rc 24: Suscita en todos la esperanza del regreso de Jesús cuando, evocando la parábola del Samaritano, dice que el Señor a su regreso nos pagará.

Centralidad de la persona de Jesús en la Regla

La presencia de Jesús de transparenta en las líneas e entrelíneas de la Regla. En el prólogo nos presenta a Jesús como objetivo e ideal supremo de la vida en el Carmelo: “vivir en obsequio de Jesucristo”. En seguida, la Regla describe el camino que conduce a la realización de este objetivo y así alcanzar el ideal. Jesús aparece en el epílogo como aquel cuya presencia se busca y cuya venida se espera. A lo largo de las páginas de la Regla, de principio a fin, Jesús aparece como aquél que llama, anima, avisa, orienta, critica, suplica, ordena, recomienda, propone, sugiere e aconseja.

“Vivir en obsequio de Jesucristo”

Esta expresión viene del apóstol Pablo (2Cor 10,5). Tiene el mismo significado que la expresión seguir a Jesús. En los evangelios, “Seguir a Jesús” implica tres cosas importantes:

1. Imitar el ejemplo del Maestro: Jesús era el modelo a imitar y reproducir en la vida del discípulo (Ju 13,13-15). Seguir a Jesús en la convivencia diaria permitía un contraste permanente.

2. Participar en el destino del Maestro. El seguidor debía “estar con él en las tentaciones” (Lc 22,28; Ju 15,20; Mt 10,24-25), estar dispuesto a morir con él (Ju 11,16). Debía servirle con sus bienes y subir con él hasta el Calvario (Mc 15,41-42).

3. Tener la vida de Jesús dentro de sí: La luz de la resurrección hizo crecer una tercera dimensión: vivir la vida de Jesús. “Vivo, mas no soy yo, es Cristo quien vive e mí” (Gl 2,20). Identificar se con Jesús resucitado. Es la dimensión mística de la experiencia cristiana, fruto de la acción del Espíritu.

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2. En la perspectiva de la lectura teresiana y sanjuanista

Dos dimensiones complementarias nos ofrecen nuestros padres T. y J+ de la cristología: 1.1 Jesús, don de Dios a la humanidad, don total; 1.2 Respuesta del primogénito de la nueva humanidad, “nuevo Adán”, “hombre nuevo” al Padre. “Libro nuevo”, “verdadero” en el que se aprenden las “verdades” (V 26, 6).

1.1 Cristología “descendente”. Jesús, revelador del Padre. Don total del Padre a la Humanidad. Léase bajo esta perspectiva los Romances.

“Prenda” del amor del Padre (V 22, 14), “única palabra” del Padre (2S 22, 3-6; D 99), el “Todo” de Dios (D 26), don irreversible” (ib) de Dios, mina insondable, misterio siempre “escondido” (Cánt 37, 4). Toda la fe ha quedado definitivamente “fundada” en Jesús (2S 22, 7). En este mismo capítulo explícita y repetidamente nos exhorta Juan: “pon los ojos sólo en él”, “óyelo tu bien”. Actitud fundamental del cristiano

1. 2 Cristología “ascendente”. Jesús, revelador del “hombre nuevo”. La más largamente expuesta por los dos doctores de la iglesia, identidad del cristiano: “Den a entender lo que profesan que es a Cristo desnudamente…”(Juan+ Cta 16); Dios no ha podido darnos mayor “regalo” que una vida que sea conforme a la de su Hijo (7M 4, 4) clave de lectura no sólo de Moradas sino de todos los escritos teresiano-sanjuanistas. “EL Crucificado”, abierto al Padre de quien recibe todo, y a sus hermanos a quienes comunica todo lo que recibe. “Esclavo de Dios…, y de todo el mundo…, como lo fue Él, Jesús (7M 4, 9). “Crucificado, el hombre que no se pertenece: “El que nunca tornó de sí” (C 35, 3), “El que hace algún caso de sí no se niega ni sigue a Cristo” (3S 23, 2). Cristo se negó a sí mismo, no fue centro de sí. Este texto, e infinidad, es esclarecedor del contenido de la “negación” sanjuanista (Cánt 29. 10). La santa se recrea en presentar como “esclavo” nuestro, servidor (C 33, 3-4), no hizo otra cosa mientras vivió sino servirnos (3M 1, 8).

Juan de la Cruz nos ha dejado un capítulo antológico: 2S 7, clave de lectura de todo el proceso de purificación en el seguimiento de Jesús, escrito como réplica a “algunos espirituales”, de quienes es muy poco conocido Cristo, y expresa fundamentación cristológica de la propia doctrina. Junto con el pletórico verso “entremos más adentro en la espesura” (Cánt 36). Entrar con Cristo en la espesura de la pasión y muerte para entrar con él en la espesura de la vida y resurrección.

Una y otro insisten en la centralidad de Cristo-hombre: quien lo traiga presente, “yo le doy por aprovechado” (V 12, 2; cf. V 22 y 6M 7). Él encabeza sus primeros “avisos” para iniciar bien el camino con el “traiga un ordinario apetito de imitar a Cristo…” (1S 13, 3). Y la culminación del proceso espiritual es participación plena en filialidad de Cristo: Cántico, 36-39; Llama, 1, 27; 2, 34f; 3, 10.78; “unión hipostática” y la unión del creyente con Dios (C 37, 3.)

Bibliografía:
F. García Muñoz, Cristología de san Juan de la Cruz, FUE, Madrid, 1982; S. Castro, Cristo, vida del cristiano(El camino cristológico de santa Teresa de Jesús confrontado con el de san Juan de la Cruz, EDE, Madrid, 1991.

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3. En la perspectiva de algunas Congregaciones femeninas

Abrazar el proyecto de vida a partir de la Regla del Carmen es abrazar a la persona de Jesús. La Misión de Jesús se continúa en nosotros. Vivimos e obsequio de Jesucristo al servicio de los pobres. Jesús es el que está en el Centro de nuestro interés, hacemos morada morada en Él para aprender con Él la obediencia al Padre y la docilidad al Espíritu Santo. El aprender con Jesús exige que nos identifiquemos con todo su Ser. “El que me ama, observa mis palabras” (Ju 14,23)

En la Persona de Jesús se fundamenta nuestro deseo de vivir la Fraternidad como Proyecto de Vida. Es esencial la comprensión de lo humano en nuestras relaciones, de allí nacen las actitudes que caracterizan nuestra vida: acogida, sencillez, alegría, ternura y solidaridad.

Con Jesús aprendemos a relacionarnos con Dios Padre, la más profunda de las relaciones. Es allí donde aprendemos a ser contemplativas. Con Jesús aprendemos a escuchar al Espíritu Santo para descubrir las motivaciones del corazón y así discernir lo que es voluntad del Padre. Nuestro ministerio es manifestación de aquello que se desborda de un corazón contemplativo. ¿Donde debemos estar presentes? ¿Con quién compartir nuestro ser carmelita? ¿Qué debemos hacer para dar sentido a nuestro ser?

Las hermanas Carmelitas de vida apostólica utilizan un mismo lenguaje para demostrar cómo viven esta cercanía con Jesús. A través de cada carisma y, de acuerdo con sus propias costumbres, procuran realzar de qué forma ejercen la Misión de Jesús.

“Los Consejos Evangélicos se presentan como un don de Dios a su Iglesia, cuya centralidad es la persona de Cristo. Por la castidad nos dedicamos con alegría al servicio de Dios a través de las diferentes presencias de la Congregación y expresamos nuestra capacidad de amar por causa de Cristo. Por la pobreza nos esforzamos por seguir a Cristo que siendo rico se hizo pobre. Por la obediencia las Hermanas inmolan a Dios su voluntad, siguiendo el ejemplo de Cristo que no buscó hacer su voluntad sino la del Padre.”(Artículos 37, 40 y 47 de las Constituciones de las Carmelitas de Madre Candelaria)

“A ejemplo de Jesús y de María, procuramos siempre y en todo la voluntad del Padre, a realizarse en nosotros y a ser realizada por nosotros, como pedimos en la oración de los hijos de Dios, el Padrenuestro. En esto consiste fundamentalmente la santidad personal y el ardor misionero.” (Artículo 47 de las Constituciones de las Misioneras Carmelitas)

“Su proyecto salvífico lo concretizamos en la Misión y en el servicio a los más pobres, atentas a los signos de los tiempos y al llamado de la realidad socio-político- cultural-religiosa donde estamos insertas y a las exigencias de la Iglesia y del Mundo.” (Artículos 02, 03, 09, 10, 74, 75 e 76 de las Constituciones de las Carmelitas de la Divina Providencia).

Como podemos notar, la experiencia de la Regla del Carmen, centrada en la persona de Jesús, comienza por el desprendimiento de nuestro “yo” por causa del Reino de Dios.

El itinerario de vida de Jesús es asumido por las Carmelitas de vida apostólica. Jesús es el Camino cuando nuestros pasos son seguidos en la gratuidad, movidos por un gran Amor. Jesús es la Verdad cuando no nos permite conformarnos con medias verdades, sino que nos invita a un continuo discernimiento. Jesús es la Vida donada por Dios y cariñosamente cuidada por el Carmelo. Jesús es la piedra fundamental de nuestro Proyecto de Vida.

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4. En la perspectiva de la Reforma de Touraine

El movimiento espiritual francés seguió muy de cerca las tendencias de la espiritualidad católica que, desde el siglo XVI, recibió la influencia del movimiento cultural llamado “Renacimiento” o “Renacer”, que trajo para Europa de los siglos XV y XVI el redescubrimiento del ser humano en cuanto individuo, en cuanto cuerpo, y la belleza de este cuerpo. Los efectos de estas concepciones en la piedad y en la devoción fueron importantes. De aquí la importancia del papel del individuo en la oración, la vida espiritual como relación consciente con Dios; tendencias que llevaron al mundo católico a preferir las formas de oración individual más interiorizadas: meditación individual, devociones individuales; preferidas a la oración litúrgica, comunitaria.

En las celebraciones litúrgicas con el pueblo se abrieron espacios para la participación individual de los fieles; se incentivó la exposición del Santísimo Sacramento sin misa, especialmente con el triunfo de la devoción de las “Cuarenta Horas”; el permiso para comulgar fuera de la liturgia eucarística para los que no tenían tiempo de participar de la misa completa, etc.

De este modo, la Centralidad de la Persona de Jesúss en la Regla continuó esta tendencia devocional en la que predominaba el individualismo en la vida espiritual. Touraine recuperó el hábito de ejercicio de la Presencia de Dios, la Oración Aspirativa y la práctica de la devoción eucarística, muy recomendada por el Concilio de Trento, sobre todo a través de los ejercicios de la exposición de las “Cuarenta Horas”. Tres ejercicios en los cuales la Persona de Jesús constituía el blanco principal de los pensamientos e afectos. Por eso la práctica de la meditación proveía a los/as carmelitas de los elementos teológicos y bíblicos para la convicción acerca de la importancia de tener a Jesús como el Centro de la vida carmelitana. Así, el “vivir en obsequio (o seguimiento) de Jesucristo” adquirió estas modalidades: piedad eucarística y oración aspirativa, como alimentadoras de la vida espiritual y del ejercicio de la presencia de Dios, centrada sobre todo en Jesús, al mismo tiempo que la meditación diaria y metódica, más o menos sobre los moldes del método ignaciano de meditar, era el camino para crecer y adquirir la perfección con la convicción de la importancia del seguimiento de Jesús, cumpliendo la Regla.

Para el Venerable Juan de San Sansón, principal místico de la Reforma, Jesucristo es el modelo místico por excelencia. El doble movimiento de muerte a sí mismo y de éxtasis o resurrección encuentra su primera unidad en ejemplo del propio Jesucristo El ejemplo de Jesucristo forma parte del proceso de interiorización del amor puro, que no consiste en estudio y consideraciones sobre la figura de Jesucristo, sino en configurar el caminar espiritual a la vida de renuncia del Salvador.

Fundamentalmente la muerte del espíritu en el místico consiste en una configuración con Jesucristo en su muerte y en su pasión, al mismo tiempo que es el proceso de liberación del amor propio y del regreso a sí mismo.

Además, según Juan de S. Sansón, el seguimiento de Jesucristo conduce irresistiblemente al hombre y a la mujer a su amor: se impone, por el contrario, con una fuerza irresistible, al corazón del/de la amante, y, a algunos, volviéndolos/las al propio amor por la amorosa transformación de la cosa amada en su amante. De allí la razón por la que los espirituales se revisten entonces de la personalidad de Jesucristo, viviendo su vida y actuando conforme a su acción, absortos en él.

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5. En la perspectiva del laicado carmelitano

LAICADO OCD

Cristo es el centro de la vida y de la experiencia cristiana. Los miembros de la Orden Seglar están llamados a vivir las exigencias de su seguimiento en comunión con Él, aceptando sus enseñanzas y entregándose a su persona. Seguir a Jesús es participar en su misión salvífica de proclamar la Buena Noticia y de instaurar el Reino de Dios (Mt 4,18-19) en las realidades temporales en que nos encontramos inmersos.

Hay diversos modos de seguir a Jesús, todos los cristianos debemos seguirlo, hacer de Él la norma de nuestra vida y estar dispuestos a cumplir tres exigencias fundamentales:

a).- Colocar los vínculos familiares por debajo de los intereses del Reino y de la persona de Jesús (Mt 10,37-39; Lc 14,25-26).

b).- Vivir el desapego de las riquezas para demostrar que la llegada del Reino no se apoya en medios humanos sino en la fuerza de Dios y en la disponibilidad de la persona humana frente a Él (Lc 14,33).

c).- Llevar la cruz de la aceptación de la voluntad de Dios manifestada en la misión que Él confía a cada uno (Lc 14,33; 9,23).

El seguimiento de Jesús como miembros de la Orden Seglar se expresa a través de la PROMESA de tender a la perfección evangélica en el espíritu de los consejos evangélicos de castidad, pobreza y obediencia y de las Bienaventuranzas. A través de esta Promesa se refuerza nuestro compromiso bautismal en el mundo al servicio del proyecto de Dios.

En el dinamismo interior del seguimiento de Jesús, el Carmelo ha contemplado a María como Madre y hermana, como “modelo perfecto del discípulo del Señor” (Marialis cultus 37) y, por tanto, modelo de la vida de los miembros de la Orden. La Virgen del Magnificat anuncia la ruptura con un mundo viejo y anuncia el comienzo de una historia nueva en la que Dios derriba del trono a los poderosos y exalta a los humildes. María se pone de parte de ellos y proclama el modo de actuar de Dios en la historia. María es para el Seglar un modelo de entrega total al Reino de Dios. Ella nos enseña a escuchar la Palabra de Dios en la Escritura y en la vida, a creer en ella en todas las circunstancias para vivir sus exigencias. Y esto, sin entender muchas cosas; guardando todo en el corazón (Lc 2,19.50-51) hasta que llega la luz, durante la oración contemplativa.

María es también ideal e inspiración para el Seglar. Ella, vive la cercanía a las necesidades de los hermanos, preocupándose de ellas (Lc 1,39-45; Jn 2,1-12; Hch 1,14). Ella “la imagen más perfecta de la libertad y de la liberación de la humanidad y del cosmos” (Redemptoris Mater 27), ayuda a comprender el sentido de la misión. Ella, Madre y Hermana, que precede en la peregrinación de la fe y en el seguimiento del Señor Jesús, nos acompaña, para que la imitemos en su vida escondida en Cristo y comprometida al servicio de los demás.

La presencia de María, a la vez que vivifica la espiritualidad del Carmelo Descalzo, nos informa sobre el deber del apostolado. Por eso el Seglar se empeña en conocer cada día más la persona de María a través de la lectura del evangelio para comunicar a los demás la auténtica piedad mariana que lleva a la imitación de sus virtudes.

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6. En la perspectiva del proceso formativo

1.- Cristología. “Vivir en obsequio de Jesucristo y servirle con corazón puro y recta conciencia”.

Jesucristo es para la Regla, el centro del Carmelo en cuyo seguimiento los ermitaños alcanzarán el «propósito» que les ha reunido junto a la «fuente». La Regla presenta como fórmula de vida, el “Vivir en obsequio de Jesucristo”. Es el camino común de todo cristiano y religioso.

Entendido según el NT como “seguimiento de Cristo”, “obediencia”, “ser de Cristo” y “acogida de la Palabra”:

– El seguimiento de Cristo supone una llamada por parte del Señor para que el hombre: esté con él, y para “hacerlo pescador de hombres”, esto es que asuma su misión. El llamado requiere del discípulo un cambio radical, una libertad de la familia, bienes… e incluso de las seguridades humanas (futuro…). Colocando al discípulo en una completa disponibilidad a la voluntad del Señor.

– La obediencia es “la obediencia de la fe” (Rom1,5; 16,26: Rom1,8; 15,18; 2 Te 1,8). Se obedece a Cristo como un siervo obedece a su señor, en todo ha de complacerle, porque vive en obsequio suyo. Es una dedicación total a Cristo Señor por la fe, concediéndole el lugar de “maestro y Señor”.

– ser de Cristo es posible gracias al misterio pascual como una realidad recibida (Rom 14,8-9: Col 1,13: Gal3,27.29: Ro 8,9.-10; 1 Cor 15,23; 2 Cor 10,5) y como una realidad factible de apropiación, la cual según Ga 2,19-20 indica ya no buscar la justificación ni a través de la ley (Gal 2,19) ni del yo v.20, sino a través de una apropiación de las ideas, sentimientos, criterios y la suerte de Cristo.

– En dependencia de la Palabra. Una palabra reconocida como hecha carne y culmen de la historia de salvación y con capacidad de encarnarse en el cristiano. Es por ello que no hemos de buscar otras revelaciones (2 S 22,7). El carmelita vive su sumisión a Cristo con una dependencia vital a su Palabra: en el continuo meditar la ley del Señor.

En la Regla, el seguimiento de Cristo es radical, hay que darlo todo, emplear toda la vida sólo «en obsequio de Jesucristo». Además insiste en: la celebración cotidiana de la Pascua: encuentro semanal para verificar su fidelidad al proyecto de seguir a Cristo e incluso un calendario pascual del ayuno que evoca explícitamente los acontecimientos pascuales.

La dependencia en la Palabra de Dios como fuente de fe y de vida se subraya en los siguientes números de la Regla:

– nº 7: mientras se come se lea de ordinario alguna lectura de las letras divinas;

– nº 10: el religioso debe interiorizarla en una progresiva transformación interior (nº 10: meditando día y noche la ley del Señor).

– nº 11: oración litúrgica;

– nº 14: la misa diaria

La regla indica 2 rasgos del seguimiento de Cristo en el Carmelo: Servirle con Corazón Puro y recta conciencia. Esta expresión proviene de 1Tim 1,5 con la que se indica el exhortar sin deseo de revancha sino sólo por el bien espiritual de los fieles (corazón puro) y presuponiendo una vida recta que haga eficaz la exhortación (conciencia recta). Tener corazón puro es abrir la sede de nuestras fuerzas, sentimientos, voluntad e inteligencia a la acción de Dios, a sus leyes, a su reino y dejar que nos reoriente según sus intereses. El corazón impuro sería un corazón alejado de Dios (=pureza).

El legislador utiliza el texto de San Pablo para inculcar la pureza de corazón y la santidad de vida.

El Carmelo ha interpretado la “pureza de corazón” en la línea de una ascesis teologal, introducir todo en la dinámica pascual (salud, derechos, honra, afectos, fama etc.), el desapego de todo, para poder venir al Todo.

– «Nadie puede renacer a la vida de Dios, si antes no muere a cuanto no es Dios» Miguel de San Agustín.

– «rompiendo todo lo que sirva de obstáculo para ser enteramente de Dios» (cf. C 9,5; 11,5) Santa Teresa.

– «Amar es despojarse y desnudarse de todo lo que no es Dios » (1 S 8,2-6) San Juan de la Cruz.

La pureza de corazón es por tanto punto de llegada de una constancia espiritual y paz interior que permite discernir lo que es de Dios y lo que no. Es ver con los ojos de Dios nuestras personas, nuestra sociedad es una visión crítica de la realidad.

La recta conciencia es por su parte, una conciencia fundamentada en la humildad. Es la conciencia de quien encontró en Dios la raíz de su ser, la fuente su paz y de su identidad.

Desde el comienzo la atención está dirigida a la relación personal con la Persona de Jesús:

• tiempo de oración personal a partir del evangelio del día;

• Eucaristía diaria;

• Estudio sobre el contexto socio-económico- político-cultural y religioso de Jesús;

Ejercicio de procurar revisar el día: expresiones del pueblo, acontecimientos y etc. con los ojos de Jesús.

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7. En la perspectiva de la experiencia de las Monjas

La Regla del Carmen invita a los Carmelitas a vivir continuamente en obsequio de Jesucristo, reconociéndolo como Señor y Soberano. Siendo cristocéntrica, permite que la monja carmelita busque en el silencio y en la solidad el vivir en profunda unión con Jesucristo, a quien le consagró toda su vida.

Teniendo identidad propia, la carmelita conserva y lleva la llama de la tradición eremítica, atenta a las llamadas de Dios, en una vida de soledad y de trabajo, en la guarda de los sentidos mirando la purificación del corazón, y en un mayor encuentro con Dios a través de la meditación, de las tradiciones de piedad, en la recitación del oficio divino, en la celebración diaria de la Eucaristía, donde se da el encuentro más perfecto con Cristo.

A través de los votos religiosos, la monja pasa a vivir de la vida de Cristo, siguiendo sus pasos, practicando sus virtudes, viviendo en Él, por Él y con Él, teniéndolo como centro de su vida.

La Regla pide que la capilla sea construida en el medio de las celdas para que Jesús Eucarístico sea el absoluto, principalmente de su celda interior, pues cuando Dios deja de ser el centro de la comunidad se corre el riesgo de enfriamiento y de caer en el vacío.

Revestida de las armas espirituales, la monja, se convierte en una guerrera de Cristo, con las cuales defenderá su propia alma de los ídolos de este mundo, centrando su vida en los bienes eternos.