VII. La dimensión Eliano Mariana

  1. En la Perspectiva de la propia Regla de San Alberto. 
  2. En la perspectiva de la lectura teresiana e sanjuanista. 
  3. En la perspectiva de algunas Congregaciones femeninas. 
  4. En la perspectiva de la Reforma de Touraine. 
  5. En la perspectiva del laicado carmelitano. 
  6. En la perspectiva del proceso formativo. 
  7. En la perspectiva de la vivencia de las Monjas.

1. En la Perspectiva de la propia Regla de San Alberto

La Regla no habla de María ni del Profeta Elías. ¿Por que? Esta pregunta no tiene respuesta clara. Pero alguna luz puede encontrarse. Tal vez sea porque las personas no tienen la costumbre de hablar de aquello que es evidente y conocido para todos. Se presupone que no hay nada de qué hablar. Tal vez sea porque los dos únicos pedazos de la tierra que no se pueden ver son los que se encuentran debajo de nuestros pies y sobre ellos nos sostenemos. Tal vez porque todavía no sabemos analizar suficientemente todos los aspectos y dimensiones de la Regla en sus líneas y entrelíneas.

La Regla habla de “La Fuente en el Monte Carmelo” (Re 1), junto a la cual vivían los ermitaños bajo la obediencia del hermano B. Era normal suponer que la fuente en el Monte Carmelo era la fuente del Profeta Elías, mencionada en la Biblia con ocasión del sacrificio realizado en la presencia de todo el pueblo para probar que Yahvé era el Dios verdadero. Así como cuando se habla de la Iglesia del Santo Sepulcro todos entienden que se trata del Sepulcro de Jesús. No es necesario decir que es de Elías.

Lo mismo sirve para el Oratorio que había sido construido en el medio de las celdas (Rc 14). Todos sabían que este Oratorio estaba dedicado a Santa María del Monte Carmelo, de modo que los frailes que vivían alrededor del mismo recibieron del pueblo el nombre que tenemos hasta hoy: “Hermanos de la bienaventurada Virgen María del Monte Carmelo”.

En las otras Órdenes, la vida de los fundadores era el modelo para que sus seguidores supieran cómo vivir en obsequio de Jesucristo. Por ejemplo, San Francisco para los franciscanos. Santo Domingo para los dominicos. Con los primeros carmelitas sucedió lo contrario: no tenían fundador. Ellos eran los fundadores que escogieron para sí los modelos de Elías y de María para sabor cómo vivir en obsequio de Jesús. Escogieron a Elías y, por eso, se fueron a habitar el Monte Carmelo, donde estaban muy vivas la presencia y la memoria del profeta Elías. Y allá, en el Monte Carmelo construyeron la capilla en honor de Santa María del Monte Carmelo. Así, inspirándose en Elías y María, iniciaron una vida en fraternidad, reunidos en torno al hermano B al que prometieron obediencia.

Sintiendo que su vida era diferente a los otros grupos religiosos, quisieron la aprobación de la Iglesia. Por eso elaboraron una propuesta o bosquejo que llevaron al Patriarca Alberto para que diese su aprobación (Rc 3). De este modo, la Regla del Carmen, elaborada por los fundadores, redactada por Alberto y aprobada por el Papa Inocencio IV no es, en el fondo más que una descripción del camino de aquellos que procuraban vivir en Obsequio de Jesucristo, imitando el modelo de vida del Profeta Elías y de la Virgen María, la Madre de Jesús.

El camino descrito por la Regla es progresivo. Describe la lenta subida del Monte Carmelo que confluye en el silencio profético que hace pensar en el profeta Elías (Rc 21). Y también es progresivo camino de escucha atenta a la Palabra (Rc 10) para que la palabra se encarne en nosotros como en María. Elías y María están presentes en la Regla, tan presentes como el ojo que ve, pero que nos se puede ver a sí mismo.

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2. En la perspectiva de la lectura teresiana e sanjuanista.

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3. En la perspectiva de algunas Congregaciones femeninas.

La primera motivación para la Carmelita es la de vivir en obsequio de Jesucristo y permanecer en su amor. Jesús, a quien seguimos y servimos, se hizo un fiel discípulo de su Madre. Aprendió con ella a hacer la voluntad del Padre e a mantenerse fiel a la misión de anunciar el Reino de Dios.

La Carmelita asume el ser también discípula de María, abriendo con ella la dimensión de ternura, de sensibilidad evangélica, de atención a las señales del Reino, de la escucha de la Palabra de Dios, del silencio orante y de la actitud contemplativa.

La palabra dicha por María en las bodas de Caná nos sigue interpelando cada dia. Es nuestro ideal de vida: “Hacer todo lo que él nos diga” con corazón puro y conciencia serena . Manteniendo este ideal de vida procuramos ser defensoras de la vida y de la esperanza en las diversas actividades apostólicas que asumimos a favor de nuestro pueblo pobre y a favor del bien común.

Somos igualmente discípulas de Elías y de sus palabras inspiradoras cuando repetimos: “Ardo de celo por la causa del Señor” y cuando reconocemos que “vive el Señor en cuya presencia estoy”.

María y Elías en nuestra vida son dos columnas inspiradoras que sustentan nuestra espiritualidad cotidiana animándonos en las cosas pequeñas y en las cosas sencillas. Intentamos vivir una relación de integración con las personas y con la naturaleza cuando somos los canales de comunicación de la Palabra de Dios, actualizada y encarnada en la vida. Aprendemos y ayudamos a las personas a vivir buscando el sentido de la vida, fomentando alternativas para rescatar la dignidad de las hijas y de los hijos de Dios.

Entre el ideal de la mística y de la profecía sintetizados en María y Elías vamos revitalizando e interpretando el carisma y la espiritualidad del Carmelo. María continúa siendo la formadora de nuestra dimensión contemplativa y Elías es nuestro inspirador en la misión de anunciar la nueva imagen de Dios.

Es por tanto, “el esfuerzo de fijar en Dios la mirada y el corazón” lo que nos posibilita el lograr una actitud de continua y humilde adoración de la presencia misteriosa de Dios en las personas, en los acontecimientos y en las cosas”. Como Elías el profeta estamos, de hecho, llamadas a “estar en la presencia de Dios Vivo y de aquí dimana nuestra oración intensa y constante, nuestra capacidad de construir fraternidad evangélica y humanamente auténtica, el dinamismo misionero y la pasión por todos “los pequeños” que el Señor nos confía (Ratio Institutionis cap. 4, art. 11).

“Con y como María, queremos ofrecer una presencia atenta y solícita en la Iglesia local en la que vivimos, para poder anunciar al Señor Jesús con toda nuestra existencia, con todas nuestras obras a favor de los jóvenes, de los niños y de las familias, con nuestra vida comunitaria. Queremos seguir a Cristo y, por eso, imitarlo en la humildad del servicio y acogerlo en los hermanos con la misma amabilidad y disposición con la que la Madre de Dios acompañó a Isabel, siguió el crecimiento de Jesús, participó en las bodas de Caná y sustentó los primeros pasos de la vida de la Iglesia, disponibles así para participar también del sufrimiento redentor de la Cruz del Señor en sus “pequeños” (Ratio Institutionis cap 4, n. 13)

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4. En la perspectiva de la Reforma de Touraine.

El espíritu de la Reforma de Touraine continuó valorando en amplia escala, la representación de María y de Elías en los frescos y lienzos de nuestras iglesias y conventos. De ellos se encuentran llenos nuestros edificios touronenses del nordeste del Brasil, tanto de frailes como de órdenes seglares carmelitanas.

La observación de estos lienzos propicia la lectura de las representaciones recurrentes en los siglos XVII al XIX de Elías, visto sobre todo como hombre solitario, de oración en el Monte Carmelo, en el Horeb o en el Carit. Llama la atención la ausencia de cualquier connotación de profetismo político en las escenas del sacrificio, de la matanza de los profetas de Baal, de los profetas de Baal, de la escena de Sarepta, de la experiencia de Dios en el Carmelo, la visión de la nubecita revestida de un contenido predominantemente mariano: Elías ve a la Virgen Santísima en ella. El contenido del profetismo está ligado más a una lectura reivindicante del dominio de Dios sobre la vida humana – Señor de la vida y de la muerte que destruye a los que intentan abolir la fe del pueblo y la Alianza – que a una acción transformadora en la sociedad. Este enfoque se vuelve más recurrente en la segunda mitad del siglo XX, juntamente con la insistencia de Elías como “un hombre en camino”, un hombre disponible que se pregunta siempre sobre lo que Dios quiere de él.

La referencia de la Regla a la fuente en el documento más antiguo y la gran importancia que se dio a la Fuente de Elías en ediciones posteriores de la misma, propició toda una imaginería simbólica y mística en la Familia Carmelitana ligada a la fuente de Elías como expresión de de la abundancia de los carismas y gracias de Dios para el Carmelo concedidos por la intercesión del profeta.

La tradición mariana de la Reforma turonense tiene en Miguel e San Agustín y María Teresa Petit sus mayores representantes, sin duda. La gran devoción y espiritualidad de estas dos figuras del Carmelo flamenco turonense está contenida en sus escritos. En Miguel de San Agustín, en el “Tratado de Vida Mariana”, en cuyas páginas son formados los carmelitas para vivir su vida de oración, fraternidad y servicio profético y apostólico con María., por María y en María. En los escritos de María Teresa, publicados por su director espiritual encontramos la descripción de la intensa vida espiritual bajo la dirección materna de María, reposando en ella, como un niño en brazos de su madre, siendo conducida por ella por los caminos de la vida y de la experiencia de Dios.

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5. En la perspectiva del laicado carmelitano.

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6. En la perspectiva del proceso formativo

• Uso del Escapulario.

• Uso y valoración del Escudo de la Orden y de su sentido.

• Presencia y uso de la iconografía mariana y eliana en nuestras casas.

• Celebración de la novena de Nuestra Señora del Carmen y de su fiesta, como también la participación en la novena semanal y perpetua en nuestras parroquias.

• Misa votiva a Nuestra Señora en Sábado.

• Escapulario también como señal de servicio ( delantal).

• En algunas casas se celebra todos los días 20 de cada mes la misa del Profeta Elías.

• Estudio y profundización, de acuerdo con la etapa de la formación, del ciclo del Profeta Elías.

• El Profeta Elías como inspirador para la lucha por la justicia.

• Estudio y valorización de la Institución de los Primeros Monjes.

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7. En la perspectiva de la vivencia de las Monjas

La Virgen María es modelo perfecto para la vida contemplativa. Como ella, las monjas participan de la íntima unión con Cristo, mediante un abandono total en la acción transformadora de Dios.

Escogida como Patrona de los Carmelitas, María protege, reviste y guía a sus hijos en la escucha de la Palabra y nos enseña a guardar y meditar en el corazón su voluntad.

Fiel al plan de Dios y abierta al impuso del Espíritu Santo, la Virgen María nos enseña a ir al encuentro del prójimo para el servicio fraterno, atentas a las necesidades de la realidad y del momento presente. Ella engendra para el mundo la Luz que salva y libera, de modo que las monjas son invitadas a ser “generadoras de Dios”, haciendo brotar para el mundo por medio de la oración los mismos sentimientos de Cristo pobre, casto y obediente.

Con su ofrenda al Padre, la monja se convierte en presencia orante y como centinela del amor de Cristo sustenta los caminos de la Iglesia.

Elías es un contemplativo apasionado por lo absoluto de Dios. Así como él, la monja es una persona del desierto, que abraza el silencio y la soledad para escuchar y acoger la Palabra de Dios. Contemplativa y profética, la monja no es llamada a rezar en público sino a testimoniar con su vida la importancia de la escuchar y percibir los signos de la presencia de Dios en nuestra realidad, teniendo valentía, como Elías, de denunciar las insidias de los falsos dioses.

María y Elías son modelos de escucha de la Palabra de Dios, de obediencia y de pleno cumplimiento de su voluntad.

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