El cielo en la tierra

SANCHO, F.J.,

El cielo en la tierra.
El secreto de Isabel de la Trinidad

Desclée de Brouwer, Bilbao, 2006, 133 pp.

Con retraso presenta Revista de Espiritualidad este libro sobre Isabel de la Trinidad, que apareció en la celebración del centenario de la muerte de la Beata. El Autor, especialista en estudios de espiritualidad cristiana, en especial de la espiritualidad carmelitana, nos ofrece en las páginas de su libro, un estudio claro, objetivo, acertado de la espiritualidad que caracteriza a Isabel de la Trinidad y lo hace desde la preocupación de hacer llegar al hombre el mensaje de que puede ser feliz, y animarle a buscar esa felicidad. Para ello nos presenta como guía a Isabel de la Trinidad.

El título del libro es lo suficientemente clarificador. El cielo en la tierra expresa el valor nuclear que constituyó la fuente perenne de felicidad que Isabel vivió, en medio de dolores, sufrimientos, enfermedades y que ella un día encontró. “Creo que he encontrado mi cielo en la tierra, pues el cielo es Dios y Dios es mi alma”(C.122). Es el secreto que termina dando sentido a todo en su vida: descubrirse habitada por el mismo cielo, al estar habitada por el mismo Dios. De ahí su espiritualidad dominada por la fuerte experiencia de la presencia de la Trinidad en su alma, cultivada a través de la oración, del silencio y de la soledad. El Autor coherente con la idea principal que tiene presente en la redacción de su libro, termina con estas palabras: “El testimonio existencial de Isabel, junto con su doctrina, nos aseguran que es posible ser feliz, porque la verdadera felicidad está al alcance de la mano; de la mano de todos y cada uno de los hombres. Es en tu propio interior donde puedes encontrar todos los elementos necesarios para asegurarte una felicidad duradera” (p.129).

El Autor nos ofrece dos apéndices complementarios. l)Una breve cronología de Isabel. 2) Una bibliografía de ella y sobre ella.

– Segundo Fernández.

María de San José, Salazar. La humanista colaboradora de Santa Teresa. Perseguida

PÉREZ GARCÍA, MARÍA DE LA CRUZ,

María de San José, Salazar.
La humanista colaboradora de Santa Teresa.
Perseguida.

Burgos, Monte Carmelo, 2009, 374 pp.

La madre María de San José está de moda, después de siglos de silencio. Los cronistas de la congregación española de los carmelitas descalzos fueron avaros en darnos noticias sobre su personalidad y su significación en el Carmelo teresiano. Ahora, ha recibido su recompensa. Se han publicado sus obras completas, se estudia su personalidad y se agiganta su figura. Esta es la última biografía que sale al mercado. Y es que la figura vale la pena por ser una de las personalidades más relevantes de la Reforma de santa Teresa en sus orígenes, muy apreciada por la madre fundadora hasta el punto de quererla como sucesora y heredera, y así lo interpretó ella. Además, sus obras escritas han sido apreciadas en el mundo de las letras

¿Qué decir de esta nueva biografía? Que es bienvenida porque está escrita con cariño y logra comunicarlo a los lectores; presenta la vida de la protagonista en un lenguaje muy cercano, sencillo y comprensible. La redacción está fundada en fuentes históricas de primera mano, más de lo que aparece a primera vista en estas páginas. Creo que el lector puede avanzar con tranquilidad viviendo con la autora los distintos avatares de la madre María de San José. Lo que veo muy destacado es su actitud y protagonismo en la Reforma de santa Teresa y la conciencia que tuvo María de San José de ser la “heredera” principal del movimiento teresiano, y su implicación en la defensa de esa herencia a la que consagró la vida después de muerta la madre Teresa y cómo fue capaz de sacrificarse por ella.

Y, por otra parte, la reacción de los herederos masculinos que la redujeron injustamente al silencio, le quitaron la libertad y la expusieron a la muerte. Todo muy triste, y que aparece bien expresado en esta nueva biografía. Pediría a los lectores ilustrados que no se fijen en muchos detalles de la vida que son discutidos y lea la historia sin aplicar demasiado la lupa de aumento, porque la autora hace juicios sobre la protagonista que no aceptarán todos. Además, noto que la metodología falla en algunas ocasiones. Por ejemplo, faltan referencias a las páginas de las obras de donde toma los textos; cuando usa el MHCT, falta el título del documento; da la impresión a veces de que son citas de segunda mano; cita los Escritos de María de San José (sus Obras completas), pero sin referencia a cada una de las obras. En las citas de la Santa, sobre todo en las Cartas, faltan los números marginales, etc.

Espero que todos los debates de familia en los que está metida María de San José interesen no sólo a la familia del Carmelo, sino a otros muchos lectores. Felicito a la autora por el empeño puesto en entregarnos esta nueva biografía de una gran persona y una ejemplar carmelita descalza.

– Daniel de Pablo Maroto.

Jesús, hoy. Una espiritualidad de libertad radical

NOLAN, A.,

Jesús, hoy.
Una espiritualidad de libertad radica
l

Sal Terrae, Santander, 2007, 263 pp.

“Este es un libro maravillosamente fresco y vibrante. En un mundo hambriento de espiritualidad, nos ofrece una espiritualidad, que está fundada en la vida de Jesús, que es Su espiritualidad y, por encima de todo, es una espiritualidad de libertad radical” Así comienza T. Radcliffe en el Prólogo. En el libro de Nolan, «¿Quién es este hombre?» Jesús, antes del cristianismo, el autor subrayó el contexto político de la misión de Jesús.

“No nos tomamos a Jesús en serio”. Éstas son las primeras palabras de la introducción. La propuesta que nos hará el autor es que nos tomemos a Jesús en serio y vivamos en nuestro tiempo, prestando atención a lo que pasa en nuestro mundo, ya que esto es lo que nos enseñó Jesús (Mt 16, 3-4). Hacer esta opción conlleva el “leer los signos de nuestro tiempo con honradez y sinceridad”.

El centro, pues, de este libro es la espiritualidad teniendo muy presente a Jesús. Nolan define la espiritualidad de Jesús como una “espiritualidad de libertad radical”, y que esto es hoy muy revelante.

En la contraportada y en la introducción se nos presenta el objetivo de esta obra. En el presente libro, continuación del primero, se centra en la espiritualidad de Jesús y su pertinencia para nosotros hoy. Después de escrutar los signos de los tiempos, Nolan esboza los elementos de la espiritualidad de Jesús y muestra cómo las lecciones que de ahí se desprenden podrían promover una comunión mayor con Dios y con toda su creación.

Con la sencillez y la claridad que le caracterizan, Nolan nos presenta el corazón mismo del evangelio iluminando de manera admirable la situación de nuestro mundo y haciendo que arda en el corazón del lector el fuego de la pasión de Jesús. Jesús, hoy, es un libro lleno de sabiduría, fruto maduro de la vida mística y profética de su autor.

El contenido del libro está desarrollado en cuatro partes. En la Primera Parte, Albert esboza su propia lectura de los signos de nuestro tiempo. En la Segunda, examina la espiritualidad de Jesús y en la Tercera y Cuarta, se fija en lo que implica en la práctica vivir en el contexto actual una espiritualidad inspirada por Jesús.

Este libro está dirigido a los cristianos y no cristianos, a los que no van a la iglesia, a los que buscan una espiritualidad revelante, a los que se adhieren a las creencias y prácticas religiosas y a los que no practican. A todos les habla Nolan de su convencimiento de que la espiritualidad de Jesús “es extraordinariamente relevante para el drama sin precedentes del mundo actual”.

Albert Nolan, nacido en Sudáfrica, dominico, ha sido profesor de teología, ha realizado tareas pastorales entre los pobres y ha sido durante años capellán universitario. En 1984 fue elegido Maestro General de la Orden Dominicana, pero él declinó el nombramiento para seguir en su país combatiendo el apartheid. La editorial Sal Terrae ha publicado sus dos anteriores libros:

«¿Quién es este hombre?» Jesús, antes del cristianismo, que le hizo mundialmente conocido y que ha visto ya ocho ediciones, y Dios en Sudáfrica. El desafío del Evangelio.

– Eusebio Gómez Navarro.

El camino espiritual de Juan de la Cruz

MERI CUCART, C.,

El camino espiritual de Juan de la Cruz

San Pablo, Madrid, 2008, 184 pp.

Esta colección “El camino espiritual de…” pretende introducir al creyente en la experiencia religiosa de cada místico. La llamada a la santidad de todo bautizado pasa por la identificación con Jesucristo. En este sentido los místicos son auténticos pedagogos, son los más indicados para introducir a los creyentes en la amistad con Dios.

El autor está convencido que “San Juan de la Cruz es un don de Dios para la Iglesia y para el mundo. Su figura, sus escritos son fuente de agua viva que refresca el caminar del ser humano en su peregrinar hacia Dios. Siempre nuevo en su profundidad de unión de amor. Transparencia de Dios” (p. 169).

El libro está dividido en tres partes. En la primera, comenta la vida de San Juan de la Cruz, sus momentos más significativos. En la segunda parte, expone el camino espiritual según el Santo Carmelita, es decir, la unión del ser humano con Dios. La tercera parte es un comentario a una de las obras mayores del Santo, es decir, “Llama de amor viva”. Las últimas páginas están dedicadas a la bibliografía, lo más significativo sobre el tema.

Dios, Fe, Esperanza, Amor, Unión… son palabras fundamentales para entender el itinerario de Juan de la Cruz. Al mismo tiempo es la mejor contribución del Santo a la Iglesia de nuestros días. No se va por las ramas sino que toca las raíces más profundas de la religiosidad, por eso se le escucha en todas las iglesias cristianas y en muchas religiones.

– Lucio del Burgo.

Mística y Eucaristía.

A.A.V.V.

Mística y Eucaristía.
Beber en las fuentes de la plenitud

Cites, Ávila, 2008, 162 p.

El libro está dirigido por Francisco Javier Sancho, Director del Cites. En las primeras páginas se anuncia la intención que les ha llevado a la publicación: “pretende poner en manos de los lectores de este libro una luz y un estímulo para ahondar cada día más en la experiencia de la presencia alentadora de Cristo en este sacramento admirable” (R. Cuartas, Presentación, p.9).

El primer estudio es de Jesús García Burillo, obispo de Ávila que estudia el tema: “Eucaristía y Vida Cristiana”. Unas páginas densas sobre la Cena del Señor y sus relaciones con la comunidad cristiana. “La Iglesia ha nacido del misterio de Cristo y por tanto también tiene su origen en la celebración de la última Cena” (p.60).

El segundo trabajo que se presenta es de Rómulo Cuartas Londoño. El tema es: “Humanidad de Cristo y Eucaristía en la experiencia de Santa Teresa de Jesús”. Después de un análisis pormenorizado del tema concluye: “La permanencia de Jesús en la Eucaristía es para ayudarnos en nuestras flaquezas, ayuda tanto más necesaria cuanto mayor es la debilidad” (p.98).

La tercera conferencia que se presenta es de José Vicente Rodríguez, “San Juan de la Cruz, alma eucarística y cantor del Misterio”. El autor nos transmite muchas anécdotas eucarísticas del Santo. En este sentido nos ofrece unas deliciosas páginas. Termina con estas palabras: “Ser altar, y con referencia insobornable a la Eucaristía, ser altar con las cualidades que lo quiere Juan de la Cruz es el mejor fruto y la mejor disposición para la Eucaristía” (p. 125).

El cuarto estudio es de Francisco Javier Sancho; “Espiritualidad eucarística. Eucaristía y vida en Edith Stein”. El autor afirma: hemos perdido de vista lo que verdaderamente está aconteciendo en la Eucaristía” (p. 131). Y más adelante escribe: “En este artículo no vamos a resolver estas dudas… Simplemente y modestamente, y desde un personaje real y cercano en el tiempo, pretendemos ayudarnos en la comprensión y la vivencia del sacramento” (p. 133). Este personaje real y cercano es Edith Stein. “La Eucaristía es para nosotros garantía de que en el exilio no estamos abandonados. Jesús viene diariamente a nosotros y nos da parte en todo lo que es suyo” (Teresa Benedicta de la Cruz).

– Lucio del Burgo.

Decreto de la Congregación para el CultoDivino y la Disciplina de los Sacramentos sobre la celebración de la Bienaventurada Virgen María, Madre de la Iglesia en el Calendario Romano General, 03.03.2018

La gozosa veneración otorgada a la Madre de Dios por la Iglesia en los tiempos actuales, a la luz de la reflexión sobre el misterio de Cristo y su naturaleza propia, no podía olvidar la figura de aquella Mujer (cf. Gál 4,4), la Virgen María, que es Madre de Cristo y, a la vez, Madre de la Iglesia.

Esto estaba ya de alguna manera presente en el sentir eclesial a partir de las palabras premonitorias de san Agustín y de san León Magno. El primero dice que María es madre de los miembros de Cristo, porque ha cooperado con su caridad a la regeneración de los fieles en la Iglesia; el otro, al decir que el nacimiento de la Cabeza es también el nacimiento del Cuerpo, indica que María es, al mismo tiempo, madre de Cristo, Hijo de Dios, y madre de los miembros de su cuerpo místico, es decir, la Iglesia. Estas consideraciones derivan de la maternidad divina de María y de su íntima unión a la obra del Redentor, culminada en la hora de la cruz.

En efecto, la Madre, que estaba junto a la cruz (cf. Jn 19, 25), aceptó el testamento de amor de su Hijo y acogió a todos los hombres, personificados en el discípulo amado, como hijos para regenerar a la vida divina, convirtiéndose en amorosa nodriza de la Iglesia que Cristo ha engendrado en la cruz, entregando el Espíritu. A su vez, en el discípulo amado, Cristo elige a todos los discípulos como herederos de su amor hacia la Madre, confiándosela para que la recibieran con afecto filial.

María, solícita guía de la Iglesia naciente, inició la propia misión materna ya en el cenáculo, orando con los Apóstoles en espera de la venida del Espíritu Santo (cf. Hch 1,14). Con este sentimiento, la piedad cristiana ha honrado a María, en el curso de los siglos, con los títulos, de alguna manera equivalentes, de Madre de los discípulos, de los fieles, de los creyentes, de todos los que renacen en Cristo y también «Madre de la Iglesia», como aparece en textos de algunos autores espirituales e incluso en el magisterio de Benedicto XIV y León XIII.

De todo esto resulta claro en qué se fundamentó el beato Pablo VI, el 21 de noviembre de 1964, como conclusión de la tercera sesión del Concilio Vaticano II, para declarar  va la bienaventurada Virgen María «Madre de la Iglesia, es decir, Madre de todo el pueblo de Dios, tanto de los fieles como de los pastores que la llaman Madre amorosa», y estableció que «de ahora en adelante la Madre de Dios sea honrada por todo el pueblo cristiano con este gratísimo título».

Por lo tanto, la Sede Apostólica, especialmente después de haber propuesto una misa votiva en honor de la bienaventurada María, Madre de la Iglesia, con ocasión del Año Santo de la Redención (1975), incluida posteriormente en el Misal Romano, concedió también la facultad de añadir la invocación de este título en las Letanías Lauretanas (1980) y publicó otros formularios en el compendio de las misas de la bienaventurada Virgen María (1986); y concedió añadir esta celebración en el calendario particular de algunas naciones, diócesis y familias religiosas que lo pedían.

El Sumo Pontífice Francisco, considerando atentamente que la promoción de esta devoción puede incrementar el sentido materno de la Iglesia en los Pastores, en los religiosos y en los fieles, así como la genuina piedad mariana, ha establecido que la memoria de la bienaventurada Virgen María, Madre de la Iglesia, sea inscrita en el Calendario Romano el lunes después de Pentecostés y sea celebrada cada año.

Esta celebración nos ayudará a recordar que el crecimiento de la vida cristiana, debe fundamentarse en el misterio de la Cruz, en la ofrenda de Cristo en el banquete eucarístico, y en la Virgen oferente, Madre del Redentor y de los redimidos.

Por tanto, tal memoria deberá aparecer en todos los Calendarios y Libros litúrgicos para la celebración de la Misa y de la Liturgia de las Horas: los respectivos textos litúrgicos se adjuntan a este decreto y sus traducciones, aprobadas por las Conferencias Episcopales, serán publicadas después de ser confirmadas por este Dicasterio.

Donde la celebración de la bienaventurada Virgen María, Madre de la Iglesia, ya se celebra en un día diverso con un grado litúrgico más elevado, según el derecho particular aprobado, puede seguir celebrándose en el futuro del mismo modo.

Sin que obste nada en contrario.

En la sede de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, a 11 de febrero de 2018, memoria de la bienaventurada Virgen María de Lourdes.

Robert Card. Sarah
Prefecto

                                                                                   + Arthur Roche
                                                                                  Arzobispo Secretario

Comentario al decreto del Prefecto de la Congregación para el CultoDivino y la Disciplina de los Sacramentos La Memoria de María, “Madre de la Iglesia”

            Por decisión del Papa Francisco, la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos ha ordenado la inscripción de la memoria de la “Bienaventurada Virgen María Madre de la Iglesia” en el Calendario Romano General, con decreto del día 11 de febrero de 2018, ciento sesenta aniversario de la primera aparición de la Virgen en Lourdes. Se adjuntan al decreto los respectivos textos litúrgicos, en latín, para la Misa, el Oficio Divino y el Martirologio Romano. Las Conferencias Episcopales tendrán que aprobar la traducción de los textos necesarios y, después de ser confirmados, publicarlos en los libros litúrgicos de su jurisdicción.

            El motivo de la celebración es descrito brevemente en el mismo decreto, que recuerda la madurada veneración litúrgica a María tras una mejor comprensión de su presencia “en el misterio de Cristo y de la Iglesia”, como ha explicado el capítulo VIII de la Lumen Gentium del Concilio Vaticano II. De hecho, el beato Pablo VI, al promulgar esta constitución conciliar el 21 de noviembre de 1964, quiso conceder solemnemente a María el título de “Madre de la Iglesia”. El sentir del pueblo cristiano, en los dos mil años de historia, había acogido, de diverso modo, el vínculo filial que une estrechamente a los discípulos de Cristo con su Santísima Madre. De tal vínculo da testimonio explícito el evangelista Juan, cuando habla del testamento de Jesús muriendo en la cruz (cf. Jn 19,26-27). Después de haber entregado su Madre a los discípulos y éstos a la Madre, “sabiendo que ya estaba todo cumplido”, al morir Jesús “entregó su espíritu” para la vida de la Iglesia, su cuerpo místico: pues, “del costado de Cristo dormido en la cruz nació el sacramento admirable de la Iglesia entera” (Sacrosanctum Concilium, n. 5).

            El agua y la sangre que brotaron del corazón de Cristo en la cruz, signo de la totalidad de su ofrenda redentora, continúan sacramentalmente dando vida a la Iglesia mediante el Bautismo y la Eucaristía. María santísima tiene que realizar su misión materna en esta admirable comunión, que se ha de potenciar siempre entre el Redentor y los redimidos. Lo recuerda el texto evangélico de Jn 19,25-34 señalado en la misa de la nueva memoria, ya indicado –junto con las lecturas de Gén 3 y Hch 1- en la misa votiva “de sancta Maria Ecclesiae Matre” aprobaba por la Congregación para el Culto Divino en 1973, para el Año Santo de la Reconciliación de 1975 (cf. Notitiae 1973, pp. 382-383).

            La conmemoración litúrgica de la maternidad eclesial de María existía ya en las misas votivas de la editio altera del Missale Romanum de 1975. Después, en el pontificado de san Juan Pablo II existía la posibilidad, concedida a las Conferencias Episcopales, de añadir el título de “Madre de la Iglesia” a las Letanías lauretanas (cf. Notitiae 1980, p. 159); y, con ocasión del año mariano, la Congregación para el Culto Divino publicó otros formularios de misas votivas con el título de María Madre e imagen de la Iglesia en la Collectio missarum de Beata Maria Virgine. Se había aprobado también, a lo largo de los años, la inserción de la celebración de la “Madre de la Iglesia” en el Calendario propio de algunos países, como Polonia y Argentina, el lunes después de Pentecostés; y había sido inscrita en otras fechas tanto en lugares peculiares, como la Basílica de san Pedro, -donde se hizo la proclamación del título por parte de Pablo VI-, como también en los Propios de algunas Órdenes y Congregaciones religiosas.

            El Papa Francisco, considerando la importancia del misterio de la maternidad espiritual de María, que desde la espera del Espíritu en Pentecostés (cf. Hch 1,14) no ha dejado jamás de cuidar maternalmente de la Iglesia, peregrina en el tiempo, ha establecido que, el lunes después de Pentecostés, la memoria de María Madre de la Iglesia sea obligatoria para toda la Iglesia de Rito Romano. Es evidente el nexo entre la vitalidad de la Iglesia de Pentecostés y la solicitud materna de María hacia ella. En los textos de la Misa y del Oficio, el texto de Hch 1,12-14 ilumina la celebración litúrgica, como también Gén 3,9-15.20, leído a la luz de la tipología de la nueva Eva, constituida “Mater omnium viventium” junto a la cruz del Hijo, Redentor del mundo.

            Esperamos que esta celebración, extendida a toda la Iglesia, recuerde a todos los discípulos de Cristo que, si queremos crecer y llenarnos del amor de Dios, es necesario fundamentar nuestra vida en tres realidades: la Cruz, la Hostia y la Virgen –Crux, Hostia et Virgo. Estos son los tres misterios que Dios ha dado al mundo para ordenar, fecundar, santificar nuestra vida interior y para conducirnos hacia Jesucristo. Son tres misterios para contemplar en silencio (R. Sarah, La fuerza del silencio, n. 57).

Robert Sarah
Prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos

Teología de la contemplación

URBINA, F.,

Teología de la contemplación

EDE, Madrid, 2009, 238 pp.

El libro que presento es una obra póstuma del autor y procede de un curso de Teología espiritual, dado en Murcia “en los años ochenta” (nota del editor, p. 15), grabado en cinta magnetofónica. La copia la recogió José María Avendaño Perea de manos del autor quien la entregó para su publicación (p. 10). Ésta es la andadura externa y el proceso de la obra.

¿De qué se trata? La tesis fundamental que defiende el autor es que la vida, o la mera actitud contemplativa del cristiano, no sólo pueden sino que deben ser vividas en el “espesor de lo real”, en la vida cotidiana: llevar la experiencia de Dios que el contemplativo vislumbra en el ejercicio contemplativo a su quehacer diario, sin hacer dicotomías a niveles interiores ni exteriores, entre Dios y el mundo. Para ello expone, en primer lugar, “El problema de la contemplación” (cap. I), su definición en un sentido amplio desde las tres coordenadas de la vida del hombre: el conocimiento, la afectividad y la acción o el quehacer; y lo específico de la contemplación “religiosa”, en su connotación periférica y fenomenológica, incluidos los fenómenos místicos y su discernimiento.

Interesante es la síntesis que hace el autor de la contemplación como hecho religioso presente en todas las religiones (cap. II). Así como los capítulos siguientes, dedicados al “camino de la contemplación” (cap. III), el más largo y el más inorgánico, pero, al mismo tiempo el más práctico, porque desciende a la realización de una especie de método contemplativo teniendo en cuenta el cuerpo, las pasiones, el silencio, el tiempo, los espacios, etc. “El contenido u objeto de la contemplación: el misterio” (cap. IV). “Historia de la tradición contemplativa cristiana” (cap. V), también pobre por necesidad de espacio y proceder de una enseñanza oral del autor, cuando el tema requiere mucho más sosiego mental y precisión en las expresiones. “Los orígenes bíblicos y evangélicos de nuestra tradición contemplativa cristiana” (cap. VI). Y, para concluir, “El fundamento y fin del acto contemplativo cristiano desde el punto de vista teológico” (cap. VII), del que quitaría la farragosa introducción (pp. 217-226) para quedarme con las líneas fundamentales de la contemplación cristiana, no únicas: lo cristocéntrico. Cristo como hombre, el Jesús glorioso, el Cristo cósmico, y el Cristo encarnado en los hombres. (226-233), aunque expuesto todo demasiado brevemente.

Éste es el libro. Tema importantísimo. Lamento que transmita una cultura oral, que proceda de un curso dictado y no de una obra pensada con quietud y escrita con precisión verbal y metodológica. Pero también es de agradecer su publicación tal como está.

– Daniel de Pablo Maroto.

Tito Brandsma

MILLAN ROMERAL, F

Tito Brandsma,

Fundación Emmanuel Mounier,
Madrid, 2008, 136 p

El P. Fernando Millán Romeral, actual P. General de los Carmelitas de la Antigua Observancia, nos ofrece un sucinta presentación del Beato Tito Brandsma, carmelita holandés, frisón, para mas detalles. No se trata de una biografía detallada con muchas fuentes y precisiones históricas, sino más bien une un bosquejo de una gran personalidad religiosa de nuestro tiempo. El P. Tito, de familia católica, nacido en 1882 y murió en el campo de concentración de Dachau (Baviera) en 1942.

El autor traza una somera descripción de su vocación, años de estudio y actividad diversa y muy abundante del P. Tito. En efecto, nuestro protagonista fundó colegios católicos, en una Holanda de mayoría protestante, fue durante un año Rector de la recién fundada universidad católica de Nimega, donde ejerció el profesorado, trabajó constantemente en la prensa católica de su país, hizo diversos viajes de estudio, y fue un estudioso de la mística. Destaca su conocimiento de la espiritualidad de la “Devotio Moderna (G. de Groot), y sobre todo su amor por Santa Teresa de Ávila, de la que escribió una biografía en holandés durante su encarcelamiento.

Su carácter abierto, solidario, alegre, familiar, elegante y ecuménico hace de él un personaje profundamente atractivo, aunque gozaba de poca salud. Fue siempre un estrecho colaborador del episcopado holandés, especialmente de obispo De Jong.

Su vida se vio determinada por la presencia creciente del nazismo, primero en Alemania y después en la misma Holanda, a causa de la ocupación. Con suma elegancia pero con firmeza, el P. Brandsma defendió los principios cristianos y puso en la luz las terribles aberraciones del nazismo. Especialmente su relevante puesto en la prensa católica ocasionó un creciente enfrentamiento con las autoridades alemanas, que terminó en su detención en enero de 1942. El P. Millán describe con todo detalle el lento martirio del P. Tito en las diversas cárceles de Holanda y luego en Alemania hasta su confinación en la enfermería de Dachau, donde le fue administrada la letal “inyección” el 26 de julio de 1942, diez días después de la fiesta de la Virgen del Carmen. El recorrido del P. Tito es casi paralelo al de Edith Stein que sin embargo murió en Auschwitz.

El P. Millán ha sabido trazar una relación muy viva del P. Brandsma que puede ser particularmente útil en el ambiente español donde estas peripecias de la Segunda Guerra Mundial en Centro Europa son menos conocidas. Pero sobre todo ofrece un retrato vivo de un carmelita plenamente inserto en los modernos medios de apostolado como la enseñanza y la prensa, con un alto nivel de humanidad y de mística. Una figura realmente atractiva y paradigmática para nuestro tiempo. Su lectura es fácil y agradable; produce una estimulante admiración por este mártir del nazismo en pleno siglo XX.

– Fernando Guillén Preckler

Buscad mi rostro

BARRY, W. A.,

Buscad mi rostro.
La oración como relación personal en la Escritura

Sal Terrae, Santander, 2010, 134 pp.

Este libro sobre la oración es una continuación del libro del mismo autor: Dios y tú: la oración como una relación personal. Ambos libros están basados en la experiencia y en la tradición ignaciana. Aquí se usa la Escritura para ayudar a las personas a encontrar a Dios.

¿Qué significa tener intimidad con Dios? A esta pregunta responde el autor con una serie de capítulos basados en historias de la Biblia. La intimidad significa una estrecha relación personal. Ocurre con frecuencia que cualquier deseo de cercanía a Dios se ve atenuado por nuestro miedo a lo que dicha cercanía implica. Barry cita la frase de una mujer que afirmó: “En mi tiempo queríamos estar a su derecha, pero no queríamos acercarnos demasiado”, pues temía que de su proximidad con Dios le pudieran surgir problemas.

William A. Barry, profesor, experimentado acompañante espiritual, nos proporciona en esta obra respuestas sabias y fáciles de comprender, las cuales nos ayudan a aproximarnos a Dios y a llegar a ser sus buenos amigos. Así nos presenta el escritor unos amigos de Dios como: Abrahán, Moisés, Pedro y Jesús, para que nosotros podamos relacionarnos íntima y sinceramente con Dios como se relacionaron ellos. Para ello, es importante cultivar el deseo de ver el rostro amoroso de Dios en todo momento y de muchas maneras, para que nos ayude a superar nuestro miedo a una relación con Dios.

El autor, en un lenguaje claro y profundo, después de tratar 14 puntos o temas, finaliza con la conclusión en la que habla de la amistad con Jesús. Y así afirma: “Sé que estoy gozoso de conocer y amar a Jesús, pero ¿cómo se siente él hacia mi? ¿Damos a Jesús la oportunidad de decirnos lo que significa nuestra amistad para él?” Puede ocurrir que nos resistamos a dar a Jesús una oportunidad para que nos diga cuánto aprecia nuestra amistad.

Otros libros publicados por esta misma editorial son: ¿Quién decís que soy yo?, Contemplativos en la acción y Una amistad como ninguna: sentir el abrazo de Dios.

– Eusebio Gómez Navarro.