Lectio jue, 17 jun, 2021

Tiempo Ordinario

Oración inicial

¡Oh Dios!, fuerza de los que en ti esperan, escucha nuestras súplicas; y, pues el hombre es frágil y sin ti nada puede, concédenos la ayuda de tu gracia para guardar tus mandamientos y agradarte con nuestras acciones y deseos. Por nuestro Señor.

Lectura

Del santo Evangelio según Mateo 6, 7-15

“Cuando ustedes hagan oración, no hablen mucho, como los paganos, que se imaginan que a fuerza de mucho hablar serán escuchados. No los imiten, porque el Padre sabe lo que les hace falta, antes de que se lo pidan. Ustedes pues, oren así:
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre, venga tu Reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día, perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en tentación y líbranos del mal. Si ustedes perdonan las faltas a los hombres, también a ustedes los perdonará el Padre celestial. Pero si ustedes no perdonan a los hombres, tampoco el Padre les perdonará a ustedes sus faltas”

Reflexión

El evangelio de hoy nos presenta la oración del Padre Nuestro, el Salmo que Jesús nos ha dejado. Hay dos redacciones del Padre Nuestro: la de Lucas (Lc 11, 1-4) y la de Mateo (Mt 6, 7-13). La redacción de Lucas es más breve. Lucas escribe para las comunidades que venían del paganismo. Trata de ayudar a las personas que están iniciando el camino de la oración. En el evangelio de Mateo, el Padre Nuestro está en aquella parte del Sermón del Monte, donde Jesús orienta a los discípulos y a las discípulas en la práctica de las tres obras de piedad: limosna (Mt 6, 1-4), oración (Mt 6, 5-15) y ayuno (Mt 6, 16-18). El Padre Nuestro forma parte de una catequesis para judíos convertidos. Ellos estaban ya acostumbrados a rezar, pero tenían ciertos vicios que Mateo trata de corregir. En el Padre Nuestro Jesús resume toda su enseñanza en siete preces dirigidas al Padre. En estas sietes peticiones, retoma las promesas del Antiguo Testamento y manda pedir al Padre que Le ayude a realizarlas. Los primeros tres hablan de nuestra relación con Dios. Los otros cuatro tienen que ver con nuestra relación con los demás.

  • Mateo 6, 7-8: La introducción al Padre nuestro. Jesús critica a las personas para quienes la oración era una repetición de fórmulas mágicas, de palabras fuertes, dirigidas a Dios para obligarlo a responder a sus pedidos y necesidades. Quien reza debe buscar en primer lugar el Reino, mucho más que los intereses personales. La acogida de la oración de parte de Dios no depende de la repetición de las palabras, sino de la bondad de Dios que es Amor y Misericordia. El quiere nuestro bien y conoce nuestras necesidades, antes que recitemos nuestras oraciones.
  • Mateo 6, 9a: Las primeras palabras: “¡Padre Nuestro, que estás en el cielo!” Abba, Padre, es el nombre que Jesús usa para dirigirse a Dios. Expresa la intimidad que tenía con Dios y manifiesta la nueva relación con Dios que debe caracterizar la vida de la gente en las comunidades cristianas (Gal 4, 6; Rom 8, 15). Mateo añade al nombre del Padre el adjetivo nuestro y la expresión que estás en el Cielo. La oración verdadera es una relación que nos une al Padre, a los hermanos y a las hermanas y a la naturaleza. La familiaridad con Dios no es intimista, sino que expresa la conciencia de pertenecer a la gran familia humana, de la que participan todas las personas, de todas las razas y credos: Padre Nuestro. Rezar al Padre y entrar en la intimidad con él, es también colocarse en sintonía con los gritos de todos los hermanos y hermanas. Es buscar el Reino de Dios en primer lugar. La experiencia de Dios como Padre es el fundamento de la fraternidad universal.
  • Mateo 6, 9b-10: Las tres peticiones por la causa de Dios: el Nombre, el Reino, la Voluntad. En la primera parte del Padre-nuestro, pedimos para que se restaure nuestra relación con Dios. Para restaurar la relación con Dios, Jesús pide (a) la santificación del Nombre revelado en el Éxodo en ocasión de la liberación de Egipto;
  • pide la venida del Reino, esperado por la gente tras el fracaso de la monarquía; (c) pide el cumplimiento de la Voluntad de Dios, revelada en la Ley que estaba en el centro de la Alianza. El Nombre, el Reino, la Ley: son los tres ejes sacados del Antiguo Testamento que expresan cómo debe ser la nueva relación con Dios. Las tres peticiones muestran que es preciso vivir en la intimidad con el Padre, haciendo con que su Nombre sea conocido y amado, que su Reino de amor y de comunión se vuelva realidad, y que se haga su Voluntad así en la tierra como en el cielo. En el cielo, el sol y las estrella obedecen a la ley de Dios y crean el orden del universo. La observancia de la ley de Dios “así en la tierra como en el cielo” tiene que ser la fuente y el espejo de armonía y de bienestar en toda la creación. Esta relación renovada con Dios, se vuelve visible en la relación renovada entre nosotros que, a su vez, es objeto de cuatro peticiones más: el pan de cada día, el perdón de las deudas, el no caer en la tentación y la liberación del Mal.
  • Mateo 6, 11-13: Las cuatro peticiones por la causa de los hermanos: Pan, Perdón, Victoria, Libertad. En la segunda parte del Padre nuestro, pedimos que sea restaurada y renovada la relación entre las personas. Las cuatro peticiones muestran cómo deben ser transformadas las estructuras de la comunidad y de la sociedad para que todos los hijos y las hijas de Dios vivan con igual dignidad. Pan de cada día: La petición del “Pan de cada día” (Mt 6, 11) recuerda el maná de cada día en el desierto (Ex 16, 1-36). El maná era una “prueba” para ver si la gente era capaz de caminar según la Ley de Señor (Ex 16, 4), esto es, si era capaz de acumular comida sólo para un día como señal de fe que la providencia divina pasa por la organización fraterna. Jesús invita a realizar un nuevo éxodo, una nueva convivencia fraterna que garantice el pan para todos. La petición de “perdón por las deudas” (6, 12) recuerda el año sabático que obligaba a los acreedores al perdón de las deudas a los hermanos (Dt 15, 1-2). El objetivo del año sabático y del año jubilar (Lev 25, 1-22) era de deshacer las desigualdades y empezar de nuevo. ¿Cómo rezar hoy: “Perdona nuestras ofensas así como nosotros perdonamos a nuestros deudores? Los países ricos, todos ellos cristianos, se enriquecen gracias a la deuda externa de los países pobres. No caer en la Tentación: la petición “no caer en la tentación” (6, 13) recuerda los errores cometidos en el desierto, donde el pueblo cayó en la tentación (Ex 18, 1-7; Núm 20, 1- 13; Dt 9, 7-29). Es para imitar a Jesús que fue tentado y venció (Mt 4, 1-17).En el desierto, la tentación llevaba a la gente a seguir por otros caminos, a volverse atrás, a no asumir el camino de la liberación y a reclamar de Moisés que lo conducía la liberación. Liberación del Mal: el mal es el Maligno, Satanás, que trata de desviar y que, de muchas maneras, trata de llevar a las personas a no seguir el rumbo del Reino, indicado por Jesús. Tentó a Jesús para que abandonara el Proyecto del Padre y fuera el Mesías conforme a las ideas de los fariseos, de los escribas y de otros grupos. El Maligno aleja de Dios y es motivo de escándalo. Entra en Pedro (Mt 16, 23) y tienta a Jesús en el desierto. Jesús lo vence (Mt 4, 1-11).

Para la reflexión personal

  • Jesús dice “perdona nuestras deudas”, pero hoy rezamos “perdona nuestras ofensas” ¿Qué es más fácil: perdonar las ofensas o perdonar las deudas? ¿Cómo sueles recitar el Padre Nuestro: mecánicamente o poniendo toda tu vida y tu compromiso en él?

Oración final

Los montes se derriten como cera, ante el Dueño de toda la tierra;
los cielos proclaman su justicia,
los pueblos todos ven su gloria. (Sal 97, 5-6)

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Lectio mié, 16 jun, 2021

Tiempo Ordinario

Oración inicial

¡Oh Dios!, fuerza de los que en ti esperan, escucha nuestras súplicas; y, pues el hombre es frágil y sin ti nada puede, concédenos la ayuda de tu gracia para guardar tus mandamientos y agradarte con nuestras acciones y deseos. Por nuestro Señor.

Lectura

Del santo Evangelio según Mateo 6, 1-6. 16-18

“Tengan cuidado de no practicar sus obras de piedad delante de los hombres, para que los vean. De lo contrario, no tendrán recompensa con su Padre celestial. Por lo tanto, cuando des limosna, no lo anuncies con trompeta, como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, para que los alaben los hombres. Yo les aseguro que ya recibieron su recompensa. En cambio, cuando tú des limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace la derecha, para que tu limosna quede en secreto; y tu Padre, que ve lo secreto, te recompensará. Cuando ustedes ayunen, no pongan cara triste, como esos hipócritas que descuidan la apariencia de su rostro, para que la gente note que están ayunando. Yo les aseguro que ya recibieron su recompensa. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, para que no sepa la gente que estás ayunando, sino tu Padre, que está en lo secreto; y tu Padre, que ve lo secreto, te recompensará”.

Reflexión

El evangelio de hoy da continuidad a la meditación sobre el Sermón del Monte. En los días anteriores hemos reflexionado sobre el mensaje del capítulo 5 del evangelio de Mateo. En el Evangelio de hoy y en los días siguientes vamos a meditar el mensaje del capítulo 6 del mismo evangelio. La secuencia de los capítulos 5 y 6 puede ayudar en su comprensión. Los pasajes en itálico indican el texto del evangelio de hoy. He aquí el esquema:

  • Mateo 5, 1-12: Las bienaventuranzas: solemne apertura de la nueva Ley.
  • Mateo 5, 13-16: La nueva presencia en el mundo: Sal de la tierra y luz del mundo.
  • Mateo 5, 17-19: La nueva práctica de la justicia: relación con la antigua ley.
  • Mateo 5, 20-48: La nueva práctica de la justicia: observando la nueva Ley.
  • Mateo 6, 1-4: La nueva práctica de las obras de piedad: la limosna.
  • Mateo 6, 5-15: La nueva práctica de las obras de piedad: la oración.
  • Mateo 6, 16-18: La nueva práctica de las obras de piedad: el ayuno.
  • Mateo 6, 19-21: La nueva relación con los bienes materiales: no acumular.
  • Mateo 6, 22-23: Nueva relación con los bienes materiales: visión correcta.
  • Mateo 6, 24: Nueva relación con los bienes materiales: Dios o el dinero.
  • Mateo 6,25-34: Nueva relación con los bienes materiales: abandono en la Providencia.

El evangelio de hoy trata de tres asuntos: la limosna (6, 1-4), la oración (6, 5-6) y el ayuno (6, 16-18). Son las tres obras de piedad de los judíos.

  • Mateo 6, 1: No practicar el bien para ser vistos por los otros. Jesús critica los que practican las buenas obras sólo para ser vistos por los hombres (Mt 6, 1). Jesús pide apoyar la seguridad interior en aquello que hacemos por Dios. En los consejos que él da para un nuevo tipo de relación con Dios: “Y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará” (Mt 6, 4). “Antes que pidan, el Padre sabe lo que necesitan” (Mt 6, 8). “Si perdonan las ofensas de los hombres, también el Padre celestial los perdonará” (Mt 6, 14). Es un nuevo camino que aquí se abre de acceso al corazón de Dios Padre. Jesús no permite que la práctica de la justicia y de la piedad se use como medio de auto-promoción ante Dios y la comunidad (Mt 6, 2. 5. 16).
  • Mateo 6, 2-4: Como practicar la limosna. Dar la limosna es una manera de realizar el compartir tan recomendado por los primeros cristianos (Hech 2, 44-45; 4, 32-35). La persona que practica la limosna y el compartir para promoverse a sí mismo ante los demás merece la exclusión de la comunidad, como fue el caso de Ananías y Safira (Hech 5, 1-11). Hoy, tanto en la sociedad como en la Iglesia, hay personas que hacen gran publicidad del bien que hacen a los demás. Jesús pide el contrario: hacer el bien de forma tal que la mano izquierda no sepa lo que hace la mano derecha. Es el total desapego y la entrega total en la gratuidad del amor que cree en Dios Padre y lo imita en todo lo que hace.
  • Mateo 6, 5-6: Como practicar la oración. La oración coloca a la persona en relación directa con Dios. Algunos fariseos transformaban la oración en una ocasión para aparecer y exhibirse ante los demás. En aquel tiempo, cuando tocaba la trompeta en los tres momentos de la oración: mañana, mediodía y tarde, ellos debían pararse en el lugar donde estaban para hacer sus oraciones. Había gente que procuraba estar en las esquinas en lugares públicos, para que todos pudiesen ver cómo rezaban. Ahora bien, una actitud así, pervierte nuestra relación con Dios. Es falsa y sin sentido. Por esto, Jesús dice que es mejor encerrarse en un cuarto y rezar en secreto, preservando la autenticidad de la relación. Dios te ve también el lo secreto y él te escucha siempre. Se trata de la oración personal, no de la oración comunitaria.
  • Mateo 6, 16-18: Como practicar el ayuno. En aquel tiempo la práctica del ayuno iba acompañada de algunos gestos exteriores bien visibles: no lavarse la cara ni peinarse, usar ropa de color oscuro. Era la señal visible del ayuno. Jesús critica esta manera de actuar y manda hacer lo contrario, para que nadie consiga percibir que estás ayunando: báñate, usa perfume, péinate bien el pelo. Y así el Padre que ve en lo secreto recompensará.

Para la reflexión personal

  • Cuando rezas, ¿cómo vives tu relación con Dios?
  • ¿Cómo vives tu relación con los demás en la familia y en la comunidad?

Oración final

¡Qué grande es tu bondad, Yahvé! La reservas para tus adeptos,
se la das a los que a ti se acogen a la vista de todos los hombres. (Sal 31, 20)

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Lectio mar, 15 jun, 2021

Tiempo Ordinario

Oración inicial

¡Oh Dios!, fuerza de los que en ti esperan, escucha nuestras súplicas; y, pues el hombre es frágil y sin ti nada puede, concédenos la ayuda de tu gracia para guardar tus mandamientos y agradarte con nuestras acciones y deseos. Por nuestro Señor.

Lectura

Del santo Evangelio según Mateo 5, 43-48

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Han oído ustedes que se dijo: Ama a tu prójimo y odia a tu enemigo; yo, en cambio, les digo: Amen a sus enemigos, hagan el bien a los que los odian y rueguen por los que los persiguen y calumnian, para que sean hijos de su Padre celestial, que hace salir su sol sobre los buenos y los malos, y manda su lluvia sobre los justos y los injustos. Porque si ustedes aman a los que los aman, ¿qué recompensa merecen? ¿No hacen eso mismo los publicanos? Y si saludan tan sólo a sus hermanos, ¿qué hacen de extraordinario? ¿No hacen eso mismo los paganos? Ustedes, pues, sean perfectos, como su Padre celestial es perfecto”.

Reflexión

En el evangelio de hoy llegamos a la cima de la Montaña de las Bienaventuranzas, donde Jesús proclamó la Ley del Reino de Dios, cuyo ideal se resume en esta frase lapidaria: “Sed perfectos como vuestro Padre celestial” (Mt 5, 48). ¡Jesús estaba corrigiendo la Ley de Dios! Cinco veces de seguido había afirmado: “¡Se os dijo, pero yo os digo!” (Mt 5, 21. 27, 31. 33. 38). Es una señal de mucho valor de su parte corregir, públicamente, ante toda la gente reunida, el tesoro más sagrado de la gente, la raíz de su identidad, que era la Ley de Dios. Jesús quiere comunicar una nueva mirada para entender y practicar la Ley de Dios. La llave para poder tener esta nueva mirada es la afirmación: Sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto”. Nunca nadie podrá llegar a decir: “¡Hoy fui perfecto como el Padre celestial es perfecto!” Estaremos siempre por debajo de la medida que Jesús nos ha puesto delante. ¿Por qué él nos puso delante un ideal que para nosotros los mortales es imposible alcanzar?

  • Mateo 5, 43-45: Oísteis que se os digo: Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo. En esta frase Jesús explicita la mentalidad con la cual los escriba explicaban la ley; mentalidad que nacía de las divisiones entre judíos y no judíos, entre prójimo y no prójimo, entre santo y pecador, entre puro e impuro, etc. Jesús manda subvertir este pretendido orden nacido de divisiones interesadas. Manda superar las divisiones. “Pues yo os digo: Amad a vuestros enemigos y rogad por los que os persigan, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos. Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa vais a tener?” .Aquí sacamos de la fuente, de donde brota la novedad del Reino. Esta fuente es Dios mismo, reconocido como Padre, que hace nacer el sol sobre malos y buenos. Jesús manda que imitemos a este Dios: “Sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto” (5, 48). Es imitando a este Dios que creamos una sociedad justa, radicalmente nueva:
  • Mateo 5, 46-48: Ser perfecto como el Padre celestial es perfecto. Todo se resume en imitar a Dios: ” Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa vais a tener? ¿No hacen eso mismo también los publicanos? Y si no saludáis más que a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de particular? ¿No hacen eso mismo también los gentiles? Vosotros, pues, sed perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial.” (Mt 5, 43-48). El amor es el principio y el fin de todo. No hay mayor amor que dar la vida para los hermanos (Jn 15, 13). Jesús imitó al Padre y reveló su amor. Cada gesto, cada palabra de Jesús, desde el nacimiento hasta la hora de morir en la cruz, era una expresión de este amor creador que no depende del presente que recibe, ni discrimina al otro por motivo de raza, sexo, religión o clase social, sino que nace de un querer al otro, gratuitamente. Fue un creciendo continuo desde el nacimiento hasta la muerte en Cruz.
  • La manifestación plena del amor creador en Jesús. Fue cuando en la Cruz ofreció el perdón al soldado que lo torturaba y lo mataba. El soldado, empleado del imperio, tomó el pulso de Jesús y lo apoyó sobre el brazo de la cruz, luego colocó un clavo y empezó a dar golpes. Varios martillazos. La sangre corría. El cuerpo de Jesús se contorcía por el dolor. El soldado, mercenario ignorante, ajeno a lo que estaba haciendo y a lo que estaba ocurriendo a su alrededor, seguía dando golpes como si fuera un clavo en la pared de la casa para colgar un cuadro. En este momento Jesús dirige al Padre esta oración: “Padre, ¡perdona¡ ¡No saben lo que hacen!” (Lc 23, 34). Por más que los hombres quisieran la falta de humanidad no consiguió apagar en Jesús la humanidad. Ellos lo prenderán, lo insultarán, escupirán en el rostro, harán de él un rey payaso con la corona de espinas en la cabeza, le flagelarán, le torturarán, le harán andar por las calles como un criminal, tiene que escuchar los insultos de las autoridades religiosas, en el calvario lo dejarán totalmente desnudo a la vista de todos y de todas. Pero el veneno de la falta de humanidad no consiguió alcanzar la fuente de la humanidad, que brotaba desde dentro de Jesús. El agua que brotaba desde dentro era más fuerte que el veneno que venía de fuera, queriendo de nuevo contaminarlo todo. Mirando aquel soldado ignorante y bruto, Jesús tuvo pena del muchacho y rezó por él y por todos: “¡Padre, perdona!” y hasta consigue una disculpa: “Son ignorantes. ¡No saben lo que están haciendo!” Ante el Padre, Jesús se hizo solidario de los que lo torturaban y maltrataban. Era como el hermano que va con sus hermanos asesinos ante el juez y él, víctima de sus propios hermanos, dice al juez: “Son mis hermanos, sabe. Son ignorantes. ¡Pero mejorarán! ” Era como si Jesús estuviera con miedo que la mínima rabia contra el muchacho pudiera apagar en él el pequeño resto de humanidad que aún llevaba dentro. Este gesto increíble de humanidad y de fe en la posibilidad de recuperación de aquel soldado fue la mayor revelación del amor de Dios. Jesús puede morir: “¡Está todo consumado!” E inclinando la cabeza, entrega el espíritu (Jn 19, 30). Realizó la profecía del Siervo sufriente (Is 53).

Para la reflexión personal

  • ¿Cuál es la motivación más profunda del esfuerzo que haces para observar la Ley de Dios: merecer la salvación o agradecer la bondad inmensa de Dios que te ha creado, te mantiene en vida y te salva?
  • ¿Cómo entiendes la frase: “ser perfecto como el Padre celestial es perfecto?”

Oración final

Piedad de mí, oh Dios, por tu bondad, por tu inmensa ternura borra mi delito, lávame a fondo de mi culpa, purifícame de mi pecado. (Sal 51, 3-4)

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Lectio lun, 14 jun, 2021

Tiempo Ordinario

Oración inicial

¡Oh Dios!, fuerza de los que en ti esperan, escucha nuestras súplicas; y, pues el hombre es frágil y sin ti nada puede, concédenos la ayuda de tu gracia para guardar tus mandamientos y agradarte con nuestras acciones y deseos. Por nuestro Señor.

Lectura

Del santo Evangelio según Mateo 5, 38-42

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Ustedes han oído que se dijo: Ojo por ojo, diente por diente; pero yo les digo que no hagan resistencia al hombre malo. Si alguno te golpea en la mejilla derecha, preséntale también la izquierda; al que te quiera demandar en juicio para quitarte la túnica, cédele también el manto. Si alguno te obliga a caminar mil pasos en su servicio, camina con él dos mil. Al que te pide, dale; y al que quiere que le prestes, no le vuelvas la espalda”.

Reflexión

El evangelio de hoy forma parte de una pequeña unidad literaria que va desde Mt 5, 17 hasta Mt 5, 48, en la que se describe como pasar de la antigua justicia de los fariseos (Mt 5, 20) para la nueva justicia del Reino de Dios (Mt 5, 48). Describe como subir la Montaña de las Bienaventuranzas, de donde Jesús anunció la nueva Ley del Amor. El gran deseo de los fariseos era alcanzar la justicia, ser justo ante Dios. Es éste también el deseo de todos nosotros. Justo es aquel o aquella que consigue vivir allí donde Dios quiere que lo haga. Los fariseos se esforzaban para alcanzar la justicia a través de la observancia estricta de la Ley. Pensaban que era por el esfuerzo que podrían llegar hasta el lugar donde Dios los quería. Jesús toma postura ante esta práctica y anuncia que la nueva justicia tiene que superar la justicia de los fariseos (Mt 5, 20). En el evangelio de hoy estamos casi llegando a la cima de la montaña. Falta poco. La cima está descrita con la frase: “Sed perfecto como vuestro Padre celestial es perfecto” (Mt 5, 48), que meditaremos en el evangelio de mañana. Veamos de cerca este último grado que nos falta para llegar a la cima de la Montaña, de la que San Juan de la Cruz dice: “Aquí reinan el silencio y el amor.”

  • Mateo 5, 38: Ojo por ojo, diente por diente. Jesús cita un texto de la Ley antigua diciendo: “Habéis oído que se dijo: Ojo por ojo, diente por diente!”. El abrevia el texto diciendo: ”Vida por vida, ojo por ojo, diente por diente, pie por pie, quemadura por quemadura, herida por herida, golpe por golpe” (Ex 21, 23-25). Como en los casos anteriores, aquí también Jesús hace una relectura enteramente nueva. El principio: “ojo por ojo, diente por diente” estaba en la raíz de la interpretación que los escribas hacían de la ley. Este principio debe ser subvertido, pues pervierte y perjudica la relación entre las personas y con Dios.
  • Mateo 5, 39ª: No devolver mal con mal. Jesús afirma exactamente lo contrario: “Pero yo os digo: no os vengáis de quien os hace el mal”. Ante una violencia recibida, nuestra relación natural es pagar al otro con la misma moneda. La venganza pide: “ojo por ojo, diente por diente”. Jesús pide retribuir el mal no con el mal, sino con el bien. Pues, si no sabremos superar la violencia recibida, la espiral de violencia lo invadirá todo y no habrá salida. Lamec decía: “Pongan atención a mis palabras. Yo he muerto a un hombre por la herida que me hizo y a un muchacho por un moretón que recibí. Si Caín ha de ser vengado siete veces, Lamec ha de serlo setenta y siete veces” (Gn 4, 24). Fue por causa de esta venganza extremada que todo terminó en la confusión de la Torre de Babel (Gen 11, 1-9). Fiel a la enseñanza de Jesús, Pablo escribe en la carta a los Romanos: “antes bien, al que te abofetee en la mejilla derecha ofrécele también la otra; al que quiera pleitear contigo para quitarte la túnica déjale también el manto; y al que te obligue a andar una milla vete con él dos. “No devuelvan a nadie mal por mal, procuren ganarse el aprecio de todos los hombres. No te dejes vencer por lo malo, más bien vence el mal a fuerza de bien”. (Rom 12, 17. 21). Para poder tener esta actitud, es necesario tener mucha fe en la posibilidad que el ser humano tiene de recuperarse. ¿Cómo hacer esto en la práctica? Jesús nos ofrece 3 ejemplos concretos.
  • Mateo 5, 39b-42: Los cuatro ejemplos para superar la espiral de violencia. Jesús dice:
  • al que te abofetee en la mejilla derecha ofrécele también la otra; (b) al que quiera pleitear contigo para quitarte la túnica déjale también el manto; (c) y al que te obligue a andar una milla vete con él dos. (d) a quien te pida da, y al que desee que le prestes algo no le vuelvas la espalda.(Mt 5, 40-42). ¿Cómo entender estas cuatro afirmaciones? Jesús mismo nos ofreció una ayuda de cómo debemos entenderlas. Cuando el soldado le dio una bofetada en el rostro, él no ofreció la otra. Por el contrario, reaccionó con energía: “Si he hablado mal, muéstrame en qué, pero si he hablado bien, ¿por qué me pegas?” (Jn 18, 23) Jesús no enseña la pasividad. San Pablo piensa que, retribuyendo el mal con el bien, “haciendo esto, amontonarás brasas sobre su cabeza” (Rom 12, 20). Esta fe en la posibilidad de recupero del ser humano sólo es posible desde una raíz que nace de la total gratuidad del amor creador que Dios mostró para con nosotros en la vida y en las actitudes de Jesús.

Para la reflexión personal

  • ¿Has sentido alguna vez una rabia tan grande como para querer aplicar la venganza “ojo por ojo”, diente por diente”? ¿Cómo hacer para superarla?
  • ¿Será que la convivencia comunitaria hoy en la iglesia favorece el tener en nosotros el amor creador que Jesús sugiere en el evangelio de hoy?

Oración final

Escucha mi palabra, Yahvé, repara en mi plegaria,
atento a mis gritos de auxilio, rey mío y Dios mío. (Sal 5, 2-3)

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Lectio Dom, 13 jun, 2021

Las parábolas del Reino de Dios El Reino es como una semilla Marcos 4,26-34

Oración inicial

Señor Jesús, envía tu Espíritu para que nos ayude a leer la Escritura con la misma mirada con la que tú se la leíste a los discípulos en el camino de Emaús. Con la luz de la Palabra, escrita en la Biblia, les ayudaste a descubrir la presencia de Dios en los acontecimientos estremecedores de tu condena y muerte. De este modo, la cruz que parecía ser el fin de toda esperanza, se mostró a ellos como origen de vida y de resurrección.

Haz en nosotros el silencio para escuchar tu voz en la creación y en la Escritura, en los acontecimientos y en las personas, sobre todo en los pobres y en los que sufren. Que tu Palabra nos oriente para que también nosotros, como los dos discípulos de Emaús, podamos experimentar la fuerza de tu resurrección y dar testimonio a los demás de que tú estás vivo en medio de nosotros como fuente de fraternidad, de justicia y de paz. Te lo pedimos a ti, Jesús, hijo de María, que nos has revelado al Padre y enviado al Espíritu. Amén.

Lectura

a)       Una división del texto per ayudarte en la lectura

  • Mc 4, 26-29: La parábola de la semilla que nace por sí misma
  • Mc 4, 30-32: La parábola del grano de mostaza
  • Mc 4, 33-34: La conclusión sobre la parábola

b)       El texto: Marco 4, 26-34

En aquel tiempo, Jesús dijo a la multitud: “El Reino de Dios se parece a lo que sucede cuando un hombre siembra la semilla en la tierra: que pasan las noches y los días, y sin que él sepa cómo, la semilla germina y crece; y la tierra, por sí sola, va produciendo el fruto: primero los tallos, luego las espigas y después los granos en las espigas. Y cuando ya están maduros los granos, el hombre echa mano de la hoz, pues ha llegado el tiempo de la cosecha”. Les dijo también: “¿Con qué compararemos el Reino de Dios? ¿Con qué parábola lo podremos representar? Es como una semilla de mostaza que, cuando se siembra, es la más pequeña de las semillas; pero una vez sembrada, crece y se convierte en el mayor de los arbustos y echa ramas tan grandes, que los pájaros pueden anidar a su sombra”. Y con otras muchas parábolas semejantes les estuvo exponiendo su mensaje, de acuerdo con lo que ellos podían entender. Y no les hablaba sino en parábolas; pero a sus discípulos les explicaba todo en privado.

Momento de silencio orante

para que la Palabra de Dios pueda entrar en nosotros e iluminar nuestra vida

Algunas preguntas

para ayudarnos en la meditación y en la oración.

  • ¿Cuál es el punto que más te ha llamado la atención? ¿Por qué?
  • Jesús no explica la parábola. Cuenta la historia y mueve a los demás a la imaginación y ala reflexión . ¿Qué has descubierto tú en las dos parábolas?
  • El objetivo de las palabras es hacer la vida transparente. ¿ Se ha ido haciendo tu vida más transparente a lo largo de los años o ha sido al contrario?

Para quienes quieren profundizar en el tema

a)       Para comprender mejor

Por qué Jesús enseña por medio de parábolas: Jesús cuenta muchas parábolas.

¡Todas tratan de la vida de la gente! De este modo ayudaba a las personas a descubrir las cosas de Dios enla vida de cada día, vida que se hacía transparente. Ya que lo extraordinario de Dios se esconde en las cosas ordinarias y comunes de la vida de cada día. La gente comprendía las cosas de la vida. En las parábolas recibían la llave para abrir y encontrar en ella los signos de Dios.

Por medio de las parábolas Jesús ayudaba a la gente a percibir la presencia misteriosa del Reino en las cosas de la vida. Una parábola es una comparación. Él usa las cosas conocidas y evidentes de la vida para explicar las cosas invisibles y desconocidas del Reino de Dios. Por ejemplo, la gente de Galilea comprendía cuándo se hablaba de semilla, de terreno, de lluvia, de sol, de sal, de flores, de peces, de cosecha, etc. Y Jesús usa estas cosas conocidas de la gente en sus parábolas para explicar el misterio del Reino.

La parábola del sembrador es un retrato de la vida de los campesinos. En aquel tiempo no era fácil vivir de la agricultura. Los terrenos estaban llenos de piedras. Muchos arbustos. Poca lluvia, mucho sol. Por otra parte, muchas veces la gente, para acortar las distancias, atravesaban los campos y pisaban las plantas ( Mc 2, 23). Pero, a pesar de ello, cada año el agricultor sembraba y plantaba, confiado en la fuerza de la semilla, en la generosidad de la naturaleza.

La parábola no lo da todo hecho sino que mueve a pensar y hace descubrir a partir de la experiencia que los oyentes tienen de la semilla. Mueve a la creatividad y a la participación. No es una doctrina que llega pronto para ser enseñada y adornada. La parábola no da agua embotellada sino que conduce a la fuente. El agricultor que escucha dice: “ La semilla en la tierra y yo ¿qué puedo saber?” Pero Jesús dice que esto tiene que ver con el Reino de Dios: “¿Qué será?” Es posible imaginar las largas conversaciones de la muchedumbre. La parábola se mueve con la gente y la empuja a escuchar la naturaleza y a pensar en la vida.

  • Comentario del texto

Es hermoso ver a Jesús que , siempre de nuevo, busca en la vida y en los acontecimientos elementos e imágenes que puedan ayudar a la gente a percibir y experimentar la presencia del Reino. En el evangelio de hoy cuenta, una vez más, dos breves historias que suceden todos los días en la vida de todos nosotros: “La historia de la semilla que crece por sí misma” y “la historia de la pequeña semilla de mostaza que crece y se hace grande.”

  • La historia de la semilla que crece por sí misma.

El agricultor que planta conoce el proceso: semilla, fino hilillo verde, hoja, espiga, grano. El agricultor sabe esperar, no siega el grano antes de tiempo. Pero no sabe cómo la tierra, la lluvia, el sol y la semilla tienen esta fuerza de hacer crecer una planta de la nada hasta la fruta. Así es el Reino de Dios. Es un proceso con etapas y momentos de crecimiento. Sucede en el tiempo. Produce fruto en el momento justo pero ninguno sabe explicar su fuerza misteriosa. ¡Ninguno , ni aún el dueño! ¡Sólo Dios!

  • La historia del pequeño grano de mostaza que crece y se hace grande.

El grano de mostaza es pequeño, pero crece y al final los pajarillos hacen su nido entre sus ramas. Así es el Reino. Comienza muy pequeño, crece y extiende sus ramas. La parábola deja abierta una pregunta que recibirá respuesta en el evangelio, más tarde: ¿quiénes son los pajarillos? El texto sugiere que se trata de los paganos que no pueden entrar en la comunidad y participar del Reino.

  • Jesús explica la parábola a sus discípulos.

En casa, solos con Jesús, los discípulos quieren saber el significado de la parábola. No la han comprendido. Jesús se queda atónito ante su ignorancia (Mc 4, 13) y en aquella ocasión responde con una frase difícil y misteriosa. Dice a sus discípulos: “ A vosotros se os ha confiado el misterio del Reino de Dios; sin embargo, a los de fuera todo viene expuesto en parábolas para que miren pero no vean, escuchen pero no entiendan, para que no se conviertan y sean perdonados!”. Esta frase mueve a la gente a preguntarse: Entonces ¿de qué sirve la parábola? ¿Para aclarar o para ocultar?

¿Puede ser que Jesús se sirva de la parábola con el fin de que la gente continúe viviendo en la ignorancia y no llegue a convertirse? !Por supuesto que no! Porque en el evangelio de hoy Marcos dice que Jesús usaba las parábolas “de acuerdo a lo que podían entender” (Mc 4, 33).

¡La parábola revela y esconde al mismo tiempo! Revela a aquellos que están dentro, que aceptan a Jesús, Mesías Siervo. Esconde a aquellos que insisten en considerarlo el Mesías, el Rey grandioso. Estos comprenden las imágenes de la parábola pero no llegan a aceptar su significado.

Oración – Salmo 96

Grande es el Señor y digno de toda alabanza

Cantad al Señor un cántico nuevo, cantad al Señor toda la tierra. Cantad al Señor, bendecid su nombre, anunciad día a día su salvación.
Contad su gloria en medio de los pueblos, anunciad sus maravillas a todas las naciones. Grande es el Señor y digno de toda alabanza, terrible sobre todos los dioses.
Todas los dioses de las naciones son nada, pero el Señor ha hecho los cielos. Majestad y belleza van delante de él, poder y gloria en su santuario.
Dad al Señor , familias de los pueblos, dad al Señor gloria y poder,
dad al Señor la gloria de su nombre. Llevadle ofrendas y entrad en sus atrios, postraos ante el Señor con ornamentos sacros. Tema ante él la tierra entera.
Decid al pueblo: “¡El Señor reina!” Afianzó la tierra para que no vacile; juzgará a las naciones con rectitud. Alégrense los cielos, goce la tierra, ruja el mar y cuanto encierra;
exulten los campos y cuanto hay en ellos, regocíjense los árboles del bosque delante del Señor que ya llega,
porque viene a juzgar toda la tierra.
Juzgará el mundo con justicia
y a todos los pueblos con fidelidad.

Oración final

Señor Jesús, te damos gracias por tu Palabra que nos ha hecho ver mejor la voluntad del Padre. Haz que tu Espíritu ilumine nuestras acciones y nos comunique la fuerza para seguir cuanto tu Palabra nos ha hecho ver. Haz que nosotros, como María, tu Madre, podamos no sólo escuchar sino practicar la Palabra. Tú que vives y reinas con el Padre en la unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén.

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Lectio sáb, 12 jun, 2021

Oración

Oh Dios, que has preparado una digna morada del Espíritu Santo en el corazón de la Bienaventurada Virgen María, concédenos también a nosotros , tus fieles, por su intercesión ser templos vivos de tu gloria. Por nuestro Señor…

Lectura

Del evangelio según S. Lucas 2, 41-51

Los padres de Jesús solían ir cada año a Jerusalén para las festividades de la Pascua. Cuando el niño cumplió doce años, fueron a la fiesta, según la costumbre. Pasados aquellos días, se volvieron; pero el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin que sus padres lo supieran. Creyendo que iba en la caravana, hicieron un día de camino; entonces lo buscaron, y al no encontrarlo, regresaron a Jerusalén en su busca. Al tercer día lo encontraron en el templo, sentado en medio de los doctores, escuchándolos y haciéndoles preguntas. Todos los que lo oían se admiraban de su inteligencia y de sus respuestas. Al verlo, sus padres se quedaron atónitos y su madre le dijo: “Hijo mío, ¿por qué te has portado así con nosotros? Tu padre y yo te hemos estado buscando llenos de angustia”. Él les respondió: “¿Por qué me andaban buscando? ¿No sabían que debo ocuparme en las cosas de mi Padre?” Ellos no entendieron la respuesta que les dio. Entonces volvió con ellos a Nazaret y siguió sujeto a su autoridad. Su madre conservaba en su corazón todas aquellas cosas.

Meditación

  • “Cada año por la fiesta da Pascua”. Estas palabras nos ayudan a definir mejor el contexto espiritual en el que el texto se desarrolla, y de este modo se convierten , para nosotros, en la puerta de entrada en el misterio, en el encuentro con el Señor y con su obra de gracia y de misericordia sobre nosotros.

Junto a María y José, junto a Jesús, también nosotros podemos vivir el don de una nueva Pascua, de un “paso”, una superación, un movimiento espiritual que nos lleva “a la otra parte”, a más allá de. El paso es claro y fuerte; lo intuimos siguiendo a la Virgen María en esta experiencia suya con el Hijo Jesús. Es el paso de la calle al corazón, de la dispersión a la interioridad, de la angustia a la pacificación.

A nosotros nos queda ponernos en camino, descender también en el camino y unirnos a la caravana, a la comitiva de los peregrinos que están saliendo hacia Jerusalén para la celebración de la fiesta de Pascua.

  • “Iban”. Este es sólo el primero de una larga serie de verbos de movimiento, que se suceden a lo largo de los versos de este texto. Quizá puede ayudarnos el fijarlos con un poco de atención: “ salieron”; “volvían”; “comitiva” ( del latín cum-ire: “caminar juntos”); “viaje”; “volvieron”; “bajó con ellos”; “vino.”

En paralelo con este gran movimiento físico, hay también un profundo movimiento espiritual, caracterizado por el verbo “buscar”, expresado de modo repetido: “ se pusieron a buscarlo”; “se volvieron en su busca”; “angustiados te buscábamos”; “ ¿por qué me buscabais?”.

Esto nos hace comprender que el viaje, el verdadero recorrido al que esta Palabra del Señor nos invita, no es un viaje físico sino espiritual; es un viaje de búsqueda de Jesús, de su presencia en nuestra vida. Es esta la dirección en la que debemos movernos, junto con María y José.

  • “Se pusieron a buscarlo”. Una vez que hemos determinado el núcleo central del texto, su mensaje fundamental, es importante que nos abramos a una comprensión más profunda de esta realidad. También porque Lucas usa dos verbos diferentes para expresar la “búsqueda”: el primero – anazitéo (gr)- en los vv. 44 y 45, que indica una búsqueda esmerada, repetida, atenta, como de quien pasa revista a algo, de abajo a arriba; y el segundo- zitéo (gr)- en los vv. 48 y 49, que indica la búsqueda de algo que se ha perdido y que se quiere encontrar. Jesús es el objeto de todo este movimiento profundo e interior del ser; es el objeto del deseo, del anhelo del corazón…
  • “angustiados”. Resulta muy hermoso ver cómo María abre su corazón delante de Jesús, contándole todo lo que ha visto, todo lo que ha sentido dentro de sí. Ella no teme desnudarse ante su Hijo, no teme contarle sus sentimientos y la experiencia que le ha marcado en lo profundo. Pero ¿qué es la angustia, este dolor que ha visitado a María y a José en la búsqueda de Jesús, que se había perdido? El término que encontramos viene usado sólo cuatro veces en todo el Nuevo Testamento y siempre por Lucas. Lo encontramos en boca del rico Epulón, que lo repite hablando de sí, ahora en el infierno, lejos de Dios, cuando dice: “Sufro terriblemente” (Lc 16, 24- 25). Y después vuelve en los Hechos de los Apóstoles, cuando Lucas narra la partida de Pablo de Éfeso y nos presenta el dolor de aquella separación: “ sabían que no volverían a verlo más” (Hech 20, 38). Por tanto, la angustia que prueba a María nace precisamente de la separación, de la ausencia, de la lejanía de Jesús. Cuando él no está, desciende la angustia a nuestro corazón. Volverlo a encontrar es el único modo posible de recuperar la alegría de vivir.
  • “guardaba todas estas cosas en su corazón”. María no comprende la palabra de Jesús, el misterio de su vida y de su misión y por esto calla, acoge, crea espacio, desciende al corazón. Este es el verdadero recorrido de crecimiento en la fe y en la relación con el Señor.

Todavía Lucas nos ofrece un verbo muy hermoso y significativo, un compuesto del verbo “custodiar”-diá-tiréo, que quiere decir literalmente “custodiar a través de”. Es decir, la operación espiritual que María realiza dentro de sí y que nos entrega, como don precioso, como herencia buena para nuestra relación con el Señor, es aquella que nos conduce en un recorrido intenso, profundo, que no se para en la superficie o a la mitad, que no se vuelve hacia atrás sino que va hasta el fondo. María nos toma de la mano y nos guía a través de todo nuestro corazón, todos sus sentimientos, su experiencia. Y ahí, en el secreto de nosotros mismos, en nuestro interior, aprenderemos a encontrar al Señor Jesús, al que quizá habíamos perdido.

Algunas preguntas

  • Esta Palabra del Señor, en su simplicidad, es también muy clara ,muy directa. La invitación a salir, a tomar parte en la fiesta de Pascua está dirigida también a mí. ¿Me decido, entonces, a levantarme, a ponerme en movimiento, a afrontar el tramo de camino que el Señor pone delante de mí? Y más: ¿acepto entrar a formar parte de la comitiva de aquellos que han optado en su corazón por el santo viaje?
  • ¿Siento como mía la experiencia de la búsqueda del Señor? ¿O bien no me parece importante, no siento la falta, me parece poder hacerlo todo por mí? ¿Me he percatado en mi vida alguna vez de haber perdido al Señor, de haberlo dejado lejos, de haberlo olvidado?
  • La angustia, de la que habla María, ¿ha sido alguna vez mi compañera de viaje, presencia triste en mi jornada, o en periodos largos de mi vida? Quizá sí. Descubrir, gracias a esta Palabra, que la angustia viene provocada por la ausencia del Señor, por la pérdida de él, ¿me es de ayuda, me ofrece una luz, una clave de lectura para mi vida?
  • ¿La vida del corazón, que María traza con tanta claridad ante mí, hoy, me parece que se puede recorrer?
  • ¿Deseo empeñarme en este desafío, conmigo mismo, con el ambiente que me circunda, quizá con quien vive más cerca de mí? ¿Estoy dispuesto a optar por descender un poco más en profundidad, para aprender a “custodiar a través de”, es decir, hasta el fondo, conmigo mismo totalmente? ¿Para mí el Señor y la relación con él es muy importante?
  • ¿Es el, sí o no, el Amigo precioso, la Presencia más querida a la que quiero abrir de par en par mi corazón…?

Oración final

Mi corazón exulta en el Señor, mi salvador.

Mi corazón se regocija por el Señor, mi poder se exalta por Dios; mi boca se ríe de mis enemigos, porque gozo con tu salvación.
Se rompen los arcos de los valientes, mientras los cobardes se ciñen de valor. Los hartos se contratan por el pan, mientras los hambrientos engordan;
la mujer estéril da a luz siete hijos, mientras la madre de muchos queda baldía. El Señor da la muerte y la vida,
hunde en el abismo y levanta; da la pobreza y la riqueza, humilla y enaltece. Él levanta del polvo al desvalido, alza de la basura al pobre,
para hacer que se siente entre príncipes y que herede un trono de gloria. (Cántico de Ana, 1 Samuel 2, 1-8)

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Lectio vie, 11 jun, 2021

Un soldado atraviesa el Corazón de Jesús Juan 19,31-37

LECTIO

a)       Oración inicial:

Concédenos, Señor Jesús, el poder tener una postura de atenta escucha a tu Palabra. Ayúdanos a no tener prisas, a no tener la mente inmersa en la superficialidad y en la distracción. Si somos capaces de meditar tu palabra, ciertamente tendremos la experiencia de estar inundados por el río de ternura, de compasión, de amor, que de tu Corazón traspasado fluye para la Humanidad. Haznos comprender el simbolismo de la sangre y del agua que brotan de tu Corazón. Haz que podamos recoger, también nosotros, aquella agua y aquella sangre para participar en tu infinita pasión de amor y de sufrimiento con la que has cargado con todo nuestro sufrimiento físico y moral. El meditar sobre estos símbolos de tu pasión rompa nuestros egoísmos, nuestra frialdad, nuestra tibieza. Que aquella agua y sangre de las cuáles nos habla el evangelio de hoy, mitigue nuestras ansias y angustias, lave nuestra vanagloria, purifique nuestros deseos, transforme nuestros miedos en esperanzas, nuestras tinieblas en luz. Mientras nos abrimos a la fuerza de tu Palabra te decimos con el corazón y la vida: “Jesús, tú eres verdaderamente la revelación del amor.”

b)       Lectura del evangelio:

Como era el día de la preparación de la Pascua, para que los cuerpos de los ajusticiados no se quedaran en la cruz el sábado, porque aquel sábado era un día muy solemne, los judíos pidieron a Pilato que les quebraran las piernas y los quitaran de la cruz. Fueron los soldados, le quebraron las piernas a uno y luego al otro de los que habían sido crucificados con Jesús. Pero al llegar a él, viendo que ya había muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados le traspasó el costado con una lanza e inmediatamente salió sangre y agua. El que vio da testimonio de esto y su testimonio es verdadero y él sabe que dice la verdad, para que también ustedes crean. Esto sucedió para que se cumpliera lo que dice la Escritura: No le quebrarán ningún hueso; y en otro lugar la Escritura dice: Mirarán al que traspasaron. 

c)       Momentos de silencio orante:

Que el silencio sea en este encuentro con la Palabra una verdadera oración: un hablar con Dios, un escuchar a Áquel que se revela, te llama por tu nombre y te invita a ser uno con Él

MEDITATIO

a)       Clave de lectura – contenido y división:

El pasaje del evangelio comienza con la mención de la Pascua de los “judíos” y con una pregunta de Pilatos (19, 31) Tal episodio tiene para el evangelista una importancia extraordinaria. El corazón del pasaje evangélico es la herida del costado de la que mana sangre y agua. Se debe tener en cuenta en la narración el cúmulo de símbolos: la sangre que es figura de la muerte, símbolo del amor infinito; el agua, de la que viene la vida, símbolo del amor demostrado y comunicado. En el contexto de la Pascua tales símbolos indican la sangre del Cordero que vence la muerte y el agua, la fuente que purifica. La carga simbólica de la narración quiere evidenciar que este amor (sangre) salva dando la vida definitiva (agua- Espíritu). Cuanto el evangelista ha visto, es el fundamento de la fe. La narración está así articulada. Ante todo la obligación del descanso festivo del día después de la pascua provoca la pregunta hecha por Pilatos de que los cuerpos deben ser descolgados (19, 31); sigue la escena que se desarrolla en la cruz, en la que un soldado atraviesa el costado de Jesús (19, 32- 34); finalmente el testimonio del evangelista, basado en la Ley y los profetas (19, 35-37).

  • El descanso festivo y la pregunta de Pilatos (19, 31-33):

Los dirigentes judíos, en fuerza de la pureza legal pedida por la Pascua ya cercana y preocupados porque la ejecución de la muerte de Jesús pudiese profanar el día de sábado o la misma fiesta de la Pascua, “rogaron a Pilatos que les rompiesen las piernas y los quitasen” . Ellos ni siquiera sospechaban que su Pascua había sido sustituida por la de Jesús. Es significativa la mención de los cuerpos. No sólo, el de Jesús, sino también el de los que estaban crucificados con Él. Como expresando la solidaridad de Jesús hacia los que estaban crucificados con Él y hacia todo hombre.

El cuerpo de Jesús en la cruz que lo hace solidario con todos los hombres, es para el evangelista el santuario de Dios (2,21). Los cuerpos de los crucificados no podían permanecer en la cruz el día de sábado, estaba en juego la preparación de la fiesta más solemne de la tradición hebrea. Pero de la misma manera la fiesta quedará privada de su contenido tradicional y sustituido por el de la muerte y resurrección de Jesús.

“Los judíos” van a Pilatos con peticiones concretas: que se rompiesen las piernas de los cuerpos de los crucificados para acelerar su muerte y se quite el estorbo que ellos representan en este momento especial. Ninguna de estas peticiones se cumplen en cuanto se refiere a Cristo: los soldados no le quiebran las piernas; ni siquiera lo bajarán de la cruz.

c)       El costado abierto (19, 34)

De hecho, los soldados rompen las piernas a los que están con Jesús, pero llegando a Jesús, como lo vieron “que ya estaba muerto, no le quebraron las piernas”. Es muy significativo que los soldados quiebren las piernas a los que están crucificados con Jesús. Ellos que están vivos, ahora que Él ha muerto, también pueden ya morir. Es como decir, que Jesús precediéndoles con su muerte les ha abierto el camino hacia el Padre, y ellos lo pueden seguir. Cuando afirma que no le quebraron las piernas, el evangelista parece decir: Ninguno puede quitar la vida a Jesús, él la da por su propia iniciativa (10, 17s; 19, 30). “Uno de los soldados, con una lanza, le atravesó el costado y al instante salió sangre y agua”. El lector se queda sorprendido por el gesto del soldado, porque si ya estaba muerto ¿qué necesidad había de atravesarlo? Evidentemente la hostilidad continúa después de la muerte: al atravesarlo con la punta de la lanza quiere destruirlo para siempre. Este gesto de odio permite a Jesús dar amor que produce vida. El hecho es de una importancia excepcional y posee una gran riqueza de significado. La sangre que sale del costado abierto de Jesús simboliza su muerte, que Él acepta para salvar la humanidad; es expresión de su gloria, de su amor hasta el extremo (1, 14;13, 1); es la entrega del pastor que se da por las ovejas (10, 11) es el amor del amigo que da la vida por sus amigos (15, 13). Esta extrema prueba de amor, que no se rinde ante el suplicio de la muerte en cruz, es objeto de contemplación para nosotros en este día de la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús. De su costado abierto fluye el amor, que al mismo tiempo es inseparablemente suyo y del Padre. También el agua que brota representa, a su vez, al Espíritu, principio de vida. La sangre y el agua evidencian su amor demostrado y su amor comunicado. La alusión a los símbolos del agua y del vino en las bodas de Caná es claro. Ha llegado la hora en la que Jesús ofrece el vino de su amor. Ahora empiezan las bodas definitivas. La ley del amor extremo y sincero (1, 17) que Él manifiesta en la cruz, revalidado por su mandamiento “como yo os he amado, así amaos también vosotros los unos a los otros”(13, 34), viene infusa en el corazón de los creyentes con el Espíritu. El proyecto divino del amor se completa en Jesús en el brotar de la sangre y el agua (19, 28-30); ahora se espera que se realice en los hombres. En esto el hombre será ayudado por el Espíritu que emerge del costado atravesado de Jesús que, transformándolo en un hombre nuevo, le dará la capacidad de amar y de llegar a ser hijos de Dios (1, 12)

  • Testimonio del evangelista y de la Escritura:

Ante el espectáculo de Jesús con el costado atravesado, el evangelista, da una prueba grande y un solemne testimonio, para que todos aquéllos que le escuchan puedan llegar a creer. Esta manifestación definitiva y suprema será el fundamento de la fe de los discípulos futuros. Hay que notar que sólo en este episodio, el evangelista se dirige a sus lectores con el “vosotros”: “para que también vosotros lleguéis a creer”.

El costado atravesado de Jesús sobre la cruz es el gran signo hacia el cuál convergen todos los personajes mencionados a lo largo del evangelio, pero sobre todo los lectores de hoy, a los cuáles se les concede el comprender el pleno significado de la existencia de Jesús. La narración del costado abierto es, para el evangelista, la clave interpretativa de su entregarse por la salvación de la humanidad.

Y aunque si tal signo pudiera parecer como una paradoja para el lector de hoy, en el plan de Dios se convierte en manifestación de su potencia salvífica. ¿No podía escoger Dios otro signo para manifestarse como amor que salva? ¿Por qué ha escogido la de un hombre condenado a muerte y muerto en una cruz? Esta imagen de Dios, Jesús la realiza en este signo: Dios se manifiesta solamente en el amor generoso capaz de dar vida.

e)       Algunas preguntas:

  • En tu oración personal ¿ qué importancia tiene la contemplación del Corazón atravesado de Jesús? ¿Te dejas involucrar por los símbolos de sangre y del agua que expresan el don misterioso de Dios a tu persona y a la humanidad?
  • ¿Has pensado alguna vez que donde se da el máximo rechazo a Dios y a la muerte de Cristo, comienza, también el momento de la gracia, de la misericordia, del don del Espíritu, de la vida de fe?
  • ¿Cómo ves tus debilidades? ¿Te acontece el considerarlas como el instrumento y el lugar dela misericordia, sobre todo cuando se sabe asumir? ¿No sabes que pueden ser el instrumento con el cuál Dios evangeliza tu corazón, te salva, te perdona, y te hace nacer al amor con el amor?
  • Las personas que se alejan de Dios, los jóvenes difíciles, las violencias, las guerras…. A menudo crean dentro de nosotros motivos de quejas, de desesperación, de escepticismo. ¿No has pensado alguna vez que Dios está salvando a los hombres, mujeres, jóvenes, que en las celdas, o en las comunidades de recuperación de los tóxico-dependientes experimentan en aquéllos que le ayudan el encuentro con el Señor y se sienten por Él amados y salvados?

ORATIO

a)       Isaías 12, 2; 4cd; 5-6

He aquí a Dios mi Salvador:
estoy seguro y sin miedo,
pues Yahvé es mi fuerza y mi canción, él es mi salvación.»
«Dad gracias a Yahvé, aclamad su nombre,
divulgad entre los pueblos sus hazañas, pregonad que es sublime su nombre.
Cantad a Yahvé, porque ha hecho algo sublime, que es digno de saberse en toda la tierra.
Dad gritos de gozo y de júbilo, moradores de Sión, que grande es en medio de ti el Santo de Israel.»

b)       Oración final:

Al final de este momento de escucha de la Palabra, damos paso a un precioso subsidio de oración sacado de un estudio amoroso y sapiencial de la Biblia. La plegaria comienza con la escucha y nos lleva a obrar “con corazón puro y recta conciencia”. El título de la oración es: “¡Que yo ame, Señor!” ¿Es un fatuo sueño imaginar la humanidad unida, en la que cada uno es feliz de estar con los otros, de sentirse útil, comprendido y amado? ¡Cuántas veces, cuántos hombres, ayer hoy y en el futuro, han tenido y tendrán este sueño, Señor! Porque existe en la naturaleza humana la necesidad de unidad, el ansia de la caridad. El amor, esta ley que une al universo es el motivo y la vocación, que Tú, Señor, confía a cada uno que viene a la vida. Y vivir significa sentirse amado y tener capacidad de amar: cuando nos sentimos solos, cuando a nuestro alrededor está el vacío, la ausencia de amor, parece que la vida no tuviera valor, no tuviera ningún motivo, no tuviera color ¿Por qué, Señor, no todos y no siempre buscan el amor, ni viven para los demás, ni intentan entregarse a si mismos? Darse recíprocamente, significa transformar en don el existir de la tierra. ¡Haz, Señor, que yo comprenda y viva esta maravillosa vocación de amor! (Lucio Renna, carmelita)

CONTEMPLATIO

Sobre la tierra, el conocimiento que podemos tener de Dios, consiste en un silencio divino. Con la Lectio divina, el hambre de la Palabra, no se apaga, sino que se hace más aguda. Decía San Agustín: “Lo encontré sólo para buscarlo más ávidamente.” El corazón cuando está seducido por la Palabra se siente morir, si el encuentro se retarda.. Y esto es lo que experimentaba Santa Teresa de Jesús: “Muero por que no muero” Para preparar este momento contemplativo, quiero citar tres frases de la Beata Isabel de la Trinidad, carmelita. Las tres se han tomado de la sección que tiene por título un “himno” al dolor, pero no queramos pensar que el sufrimiento ha sido el absoluto de su vida. Al contrario, ella afirma que hemos sido llamados para “entrar en el gozo del Señor”. El primer pensamiento: “¡Es una cosa tan grande, tan divino el sufrimiento! Me parece que si los Bienaventurados en el cielo pudieran envidiarnos de algo, nos envidiarían de este tesoro. ¡Es una palanca potente sobre el corazón del Buen Dios! (Carta a la señora Angles,14 agosto 1904). El segundo: “El sufrimiento es una cuerda que produce los sonidos más bellos y el alma ama hacerse su instrumento para conmover más deliciosamente el corazón de Dios” (Retiro: cómo se puede encontrar el cielo sobre la tierra). Finalmente: “Nada conmueve tanto el corazón de Dios, como el sufrimiento. Si no se desea y no se quiere buscar, aceptemos al menos las pruebas que Dios nos manda. Cuanto más ama a un alma, más la hace sufrir” (Diario, 17 marzo 1889). ¿Por qué la Beata Isabel de la Trinidad ve en el sufrimiento “ algo grande y divino que conmueve el corazón de Dios”? Porque es la senda seguida por Cristo. En la Pascua de Cristo, pasión y muerte por una parte, y resurrección por la otra, se unen como lo cóncavo con lo convexo.

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Lectio jue, 10 jun, 2021

Dios de misericordia y compasión, nos desafías a ser responsables por el bien y el mal que hacemos y nos llamas a la conversión.
Dios, ayúdanos a enfrentarnos a nosotros mismos para que no usemos excusas endebles
por encubrir nuestros males.
Háganos honestos con nosotros mismos
y conscientes de que siempre podemos contar con Jesucristo para ser nuestra guía y fortaleza en el camino hacia ti,
ahora y siempre.

Lectura – Mt 5: 20-26

Jesús dijo a sus discípulos: “Les digo que si su justicia no sobrepasa la de los escribas y fariseos, no entrarán en el reino de los cielos.” Habéis oído que se dijo a vuestros antepasados: No mataréis; y el que matare, será condenado. Pero yo les digo que el que esté enojado con su hermano será condenado a juicio, y el que diga a su hermano, raqa, responderá ante el Sanedrín, y el que diga: ‘Necio’, será expuesto al Gehena ardiente. Por lo tanto, si llevas tu ofrenda al altar, y allí recuerdas que tu hermano tiene algo en tu contra, deja tu ofrenda allí en el altar, ve primero y reconcíliate con tu hermano, y luego ven y presenta tu ofrenda. Ponte de acuerdo con tu oponente rápidamente mientras te diriges a la cancha. De lo contrario, tu oponente te entregará al juez, y el juez te entregará al guardia y serás encarcelado. En verdad, les digo que no serán liberados hasta que hayan pagado el último centavo.”

Reflexión

El texto del Evangelio de hoy forma parte de un conjunto más amplio o más extenso: Mt 5,20 hasta Mt 5,48. En estos pasajes, Mateo nos dice cómo Jesús interpreta y explica la Ley de Dios. Cinco veces repite la frase: Habéis oído cómo se dijo a nuestros antepasados, ¡de verdad os digo! (Mt 5:21. 27. 33.38. 43). Antes, Él había dicho: No se imaginen que he venido a abolir la Ley o los Profetas; no, no he venido para abolirlos, sino para completarlos (Mt 5, 17). La actitud de Jesús ante la Ley es, al mismo tiempo, de ruptura y de continuidad. Rompe con las interpretaciones erróneas, pero mantiene firme el objetivo que debe alcanzar la Ley: la práctica de una justicia mayor, que es el Amor.

  • Mateo 5, 20: Una rectitud que supera a la de los fariseos. Este primer versículo presenta la clave general de todo lo que sigue en Mateo 5, 20-48. La palabra Justicia nunca aparece en el Evangelio de Marcos, y aparece siete veces en el de Mateo (Mt 3,15; 5, 6. 10. 20; 6, 1. 33; 21, 32). Esto tiene algo que ver con la situación de las comunidades para las que Mark escribió. El ideal religioso de los judíos de la época era estar justo ante Dios. Los fariseos enseñaron: ¡las personas alcanzan la justicia ante Dios cuando logran observar todas las normas de la ley en todos sus detalles! Esta enseñanza generó una opresión legalista y causó gran angustia en la gente porque era muy difícil poder observar todas las normas (cfr. Rm 7, 21-24). Por eso Mateo toma las palabras de Jesús sobre la justicia para mostrar que tiene que superar la justicia de los fariseos (Mt 5, 20). Según Jesús, la justicia no proviene de lo que hago por Dios al observar la ley, sino de lo que Dios hace por mí, aceptándome como Su hijo o como Su hija. El nuevo ideal que propone Jesús es el siguiente: ¡por tanto, sed perfectos como lo es vuestro Padre celestial! (Mt 5, 48). Eso significa: estarás justo ante Dios cuando trates de aceptar y perdonar a las personas como Dios me acepta y me perdona, a pesar de mis defectos y pecados.
  • A través de estos cinco ejemplos muy concretos, Jesús nos muestra qué hacer para alcanzar esta justicia mayor que sobrepasa la justicia de los fariseos. Como podemos ver, el Evangelio de hoy toma el ejemplo de la nueva interpretación del quinto mandamiento: ¡No matarás! Jesús ha revelado lo que Dios quería cuando le dio este mandamiento a Moisés.
  • Mateo 5, 21-22: La ley dice: ¡No matarás! (Éx 20, 13). Para observar plenamente este mandamiento no basta con evitar el asesinato. Es necesario desarraigar desde dentro todo aquello que, de una forma u otra, pueda conducir al asesinato, por ejemplo, la ira, el odio, el deseo de venganza, el insulto, la explotación, etc.
  • Mateo 5, 23-24. El culto perfecto que Dios quiere. Para ser aceptado por Dios y permanecer unido a Él, es necesario reconciliarse con el hermano y la hermana. Antes de la destrucción del Templo, en el año 70, cuando los judíos cristianos participaban en las peregrinaciones en Jerusalén para presentar sus ofrendas en el altar y pagar sus promesas, siempre recordaron esta frase de Jesús. En el año 80, en la época en que Mateo escribe, el Templo y el Altar ya no existían. Habían sido destruidos por los romanos. La comunidad y la celebración comunitaria se convirtieron en Templo y Altar de Dios.
  • Mateo 5, 25-26: Reconciliarse. Uno de los puntos en los que más existe el Evangelio de Mateo es la reconciliación. Eso indica que en las comunidades de esa época había muchas tensiones entre los grupos radicales con tendencias diversas y en ocasiones incluso opuestas. Nadie quería ceder al otro. No hubo diálogo. Mateo ilumina esta situación con las palabras de Jesús sobre la reconciliación que exige aceptación y comprensión. El único pecado que Dios no perdona es nuestra falta de perdón hacia los demás (Mt 6, 14). ¡Es por eso que uno debe intentar reconciliarse antes de que sea demasiado tarde!

Para la reflexión personal

  • ¡Hoy hay mucha gente que clama justicia! ¿Qué significado tiene para mí la justicia evangélica?
  • ¿Cómo me comporto ante los que no me aceptan como soy? ¿Cómo se comportó Jesús ante los que no lo aceptaron?

Oración final

Desde lo profundo te llamo, Yahvé: Señor, escucha mi clamor.
¡Escuche atentamente el sonido de mi súplica! (Sal 130, 1-2)

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Lectio mié, 9 jun, 2021

Tiempo Ordinario

Oración inicial

¡Oh Dios!, fuente de todo bien, escucha sin cesar nuestras súplicas; y concédenos, inspirados por ti, pensar lo que es recto y cumplirlo con tu ayuda. Por nuestro Señor.

Lectura

Del santo Evangelio según Mateo 5, 17-19

«No penséis que he venido a abolir la Ley y los Profetas. No he venido a abolir, sino a dar cumplimiento. Os lo aseguro: mientras duren el cielo y la tierra, no dejará de estar vigente ni una tilde de la ley sin que todo se cumpla. Por tanto, el que traspase uno de estos mandamientos más pequeños y así lo enseñe a los hombres, será el más pequeño en el Reino de los Cielos; en cambio, el que los observe y los enseñe, ése será grande en el Reino de los Cielos.»

Reflexión

El Evangelio de hoy (Mt 5, 17-19) enseña como observar la ley de Dios de manera que su práctica muestre en qué consiste el pleno cumplimiento de la ley (Mt 5, 17-19). Mateo escribe para ayudar las comunidades de judíos convertidos a superar las críticas de los hermanos de raza que los acusaban diciendo: “Ustedes son infieles a la Ley de Moisés”. Jesús mismo había sido acusado de infidelidad a la ley de Dios. Mateo trae la respuesta esclarecedora de Jesús a los que lo acusaban. Así nos da una luz para ayudar las comunidades a resolver su problema.

Usando imágenes de la vida cotidiana, con palabras sencillas y directas, Jesús había dicho que la misión de la comunidad, su razón de ser, es ser sal y luz. Había dado algunos consejos respecto de cada una de las imágenes. A continuación vienen los tres breves versículos del Evangelio de hoy.

  • Mateo 5, 17-18: Ni una tilde de la ley dejará de ser vigente. Había varias tendencias en las comunidades de los primeros cristianos. Unas pensaban que no era necesario observar las leyes del Antiguo Testamento, pues es la fe en Jesús lo que nos salva y no la observancia dela Ley (Rm 3, 21-26). Otros aceptaban a Jesús como Mesías, pero no aceptaban la libertad del Espíritu con que algunas comunidades vivían la presencia de Jesús resucitado. Pensaban que ellos, siendo judíos, debían continuar observando las leyes del AT (Hech 15, 1. 5). Había además cristianos que vivían tan plenamente en la libertad del Espíritu, que habían dejado de mirar la vida de Jesús de Nazaret o el AT y que llegaban a decir: “¡Anatema Jesús!” (1 Cor 12, 3). Ante estas tensiones, Mateo procura un equilibrio más allá de los dos extremos. La comunidad ha de ser un espacio, donde este equilibrio pueda ser alcanzado y vivido. La respuesta dada por Jesús a los que lo criticaban seguía bien actual para las comunidades: “¡No he venido a abolir la ley, sino a darle pleno cumplimiento!”. Las comunidades no podían estar contra la Ley, ni podían encerrarse en la observancia de la ley. Al igual que Jesús, debían dar un paso y mostrar, en la práctica, cuál es el objetivo que la ley quiere alcanzar en la vida de las personas, a saber, en la práctica perfecta del amor.
  • Mateo 5, 19: Ni una tilde de la ley dejará de ser vigente Y a los que querían deshacerse de toda la ley, Mateo recuerda otra palabra de Jesús: “Por tanto, el que traspase uno de estos mandamientos más pequeños y así lo enseñe a los hombres, será el más pequeño en el Reino de los Cielos; en cambio, el que los observe y los enseñe, ése será grande en el Reino de los Cielos”. La gran inquietud del Evangelio de Mateo es mostrar que el AT, Jesús de Nazaret y la vida en el Espíritu Santo, no pueden separarse. Los tres forman parte del mismo y único proyecto de Dios y nos comunican la certeza central de la fe: el Dios de Abrahán y Sara está presente en medio de las comunidades por la fe en Jesús de Nazaret que nos manda su Espíritu.

Para la reflexión personal

•          ¿Cómo veo y vivo la ley de Dios: cómo horizonte de libertad creciente o cómo imposición que delimita mi libertad?

  • Y ¿qué podemos hacer hoy para los hermanos y las hermanas que consideran toda esta discusión como superada y sin actualidad? ¿Qué podemos aprender de ellos?

Oración final

¡Celebra a Yahvé, Jerusalén, alaba a tu Dios, Sión!,
que refuerza los cerrojos de tus puertas
y bendice en tu interior a tus hijos. (Sal 147, 12-13)

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Lectio mar, 8 jun, 2021

Tiempo Ordinario

Oración inicial

¡Oh Dios!, fuente de todo bien, escucha sin cesar nuestras súplicas; y concédenos, inspirados por ti, pensar lo que es recto y cumplirlo con tu ayuda. Por nuestro Señor.

Lectura

Del santo Evangelio según Mateo 5, 13-16

«Vosotros sois la sal de la tierra. Mas si la sal se desvirtúa, ¿con qué se la salará? Ya no sirve para nada más que para ser tirada afuera y pisoteada por los hombres.
«Vosotros sois la luz del mundo. No puede ocultarse una ciudad situada en la cima de un monte. Ni tampoco se enciende una lámpara y la ponen debajo del celemín, sino sobre el candelero, para que alumbre a todos los que están en la casa. Brille así vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.

Reflexión

Ayer, al meditar las ocho bienaventuranzas, hemos pasado por el portal de entrada del Sermón del Monte (Mt 5, 1-12). En el evangelio de hoy recibimos una importante instrucción sobre la misión de la comunidad. Tiene que ser sal de la tierra y luz del mundo (Mt 5, 13-16). La sal no existe para sí, sino para dar sabor a la comida. La luz no existe para sí, sino para iluminar el camino. La comunidad no existe para sí, sino para servir al pueblo. En la época en que Mateo escribió su evangelio, esta misión estaba siendo difícil para las comunidades delos judíos convertidos. A pesar de vivir en la observancia fiel de la ley de Moisés, estaban siendo expulsadas de la sinagogas, cortadas de su pasado judío. De cara a esto, entre los paganos convertidos algunos decían: “Con la venida de Jesús, la ley de Moisés está superada”. Todo esto causaba tensiones e incertezas. La apertura de unos parecía criticar la observancia de otros, y viceversa. Este conflicto generó una crisis que llevó a cada cual a encerrarse en su propia posición. Algunos querían avanzar, otros querían poner la lámpara bajo la mesa. Muchos se preguntaban: “Al final, ¿cuál es nuestra misión?” Recordando y actualizando las palabras de Jesús, el Evangelio de Mateo trata de ayudarlos:

  • Mateo 5, 13-16: Sal de la tierra. Usando imágenes de la vida cotidiana, con palabras sencillas y directas, Jesús hace saber cuál es la misión y la razón de ser de una comunidad cristiana: ser sal. En aquel tiempo, con el calor que hacía, la gente y los animales necesitaban consumir mucha sal. La gente iba consumiendo la sal que el abastecedor dejaba en grandes bloques en la plaza pública. Al final lo que sobraba quedaba esparcido como polvo en tierra, y había perdido el gusto. “Ya no sirve para nada más que para ser tirada afuera y pisoteada por los hombres.” Jesús evoca esta costumbre para aclarar a los discípulos y discípulas la misión que deben realizar.
  • Mateo 5, 14-16: Luz del mundo. La comparación es obvia. Nadie enciende una lámpara para colocarla bajo un celemín. Una ciudad situada en cima de un monte no consigue quedar escondida. La comunidad debe ser luz, debe iluminar. No debe temer que aparezca el bien que hace. No lo hace para que la vean, pero lo que hace es posible que se vea. La sal no existe para sí. La luz no existe para sí. Y así ha de ser la comunidad: no puede quedarse encerrada en sí misma. “Brille así vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.”
  • Mateo 5, 17-19: Ni una coma de la ley caerá. Entre los judíos convertidos había dos tendencias. Unos pensaban que no era necesario observar las leyes del AT, porque es por la fe en Jesús que somos salvados y no por la observancia de la Ley (Rom 3, 21- 26). Otros pensaban que ellos, siendo judíos, debían continuar a observar las leyes del AT (Hec 15, 1-2). En cada una de las dos tendencias había grupos más radicales. Ante este conflicto, Mateo procura llegar a un equilibrio entre los dos extremos. La comunidad debe ser el espacio donde este equilibrio puede ser alcanzado y vivido. La respuesta dada por Jesús a los que le criticaban seguía siendo bien actual: “¡No he venido a abolir la Ley, sino a darle cumplimiento!”. Las comunidades no pueden ir contra la Ley, ni pueden encerrarse en la observancia de la ley. Al igual que Jesús, deben dar un paso y mostrar, en la práctica, que el objetivo que la ley quiere alcanzar en la vida es la práctica perfecta del amor.

Las diversas tendencias en las primeras comunidades cristianas. El plan de salvación tiene tres etapas unidas entre sí por la tierra de la vida:

•  a) El Antiguo Testamento: la caminada del pueblo hebreo, orientada por la ley de Dios.

  • b) La vida de Jesús de Nazaret: renueva la ley de Dios desde su experiencia de Dios como Padre/Madre.
  • c) La vida de las Comunidades: a través del Espíritu de Jesús, tratan de vivir la vida como Jesús la vivió. La unidad de estas tres etapas engendra la certeza de fe de que Dios está en medio de nosotros. Los intentos de quebrar o enflaquecer la unidad de este plan de salvación engendraban varios grupos y tendencias en las comunidades:
    • Los fariseos no reconocían a Jesús como Mesías y aceptaban sólo el AT. Dentro de las comunidades había gente simpatizante con la línea de los fariseos (Hec 15, 5).
    • Algunos judíos convertidos aceptaban a Jesús como Mesías, pero no aceptaban la libertad del Espíritu con que las comunidades vivían la presencia de Jesús resucitado. (Hec 15, 1).
    • Otros, tanto judíos como paganos convertidos, pensaban que con Jesús había llegado el fin del AT. De aquí en adelante, sólo Jesús y la vida en el Espíritu.
    • Había también cristianos que vivían tan plenamente la vida en la libertad del Espíritu que no miraban más la vida de Jesús de Nazaret ni el Antiguo Testamento (1 Cor 12, 3).
    • Ahora bien, la gran preocupación del Evangelio de Mateo es mostrar que el AT, Jesús de Nazaret y la vida en el Espíritu no pueden separarse. Los tres forman parte del mismo y único proyecto de Dios y nos comunican la certeza central de la fe: el Dios de Abrahán y Sara está presente en medio de las comunidades por la fe en Jesús de Nazaret.

Para la reflexión personal

  • Para ti, en tu experiencia de vida, ¿para que sirve la sal? Tu comunidad, ¿está siendo sal? ¿De qué manera tu comunidad está siendo luz?
  • Las personas del barrio, ¿cómo ven a tu comunidad? Tu comunidad ¿tiene atracción? ¿Es señal? ¿De qué? ¿Para quién?

Oración final

Amor y verdad son las sendas de Yahvé para quien guarda su alianza y sus preceptos. Haz gala de tu nombre, Yahvé, y perdona mi culpa, que es grande. (Sal 25, 10-11)

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