Lectio vie, 16 de sep, 2022

Tiempo Ordinario

Oración inicial

¡Oh Dios!, creador y dueño de todas las cosas, míranos; y, para que sintamos el efecto de tu amor, concédenos servirte de todo corazón. Por nuestro Señor.

Lectura del santo Evangelio según Lucas 8,1-3

Jesús comenzó a recorrer ciudades y poblados predicando la buena nueva del Reino de Dios. Lo acompañaban los Doce y algunas mujeres que habían sido libradas de espíritus malignos y curadas de varias enfermedades. Entre ellas iban María, llamada Magdalena, de la que habían salido siete demonios; Juana, mujer de Cusa, el administrador de Herodes; Susana y otras muchas, que los ayudaban con sus propios bienes.

Reflexión

El evangelio de hoy continúa el episodio de ayer, que hablaba de la actitud sorprendente de Jesús para con las mujeres, cuando defendió a una mujer, conocida en la ciudad como pecadora, contra las críticas de un fariseo. Ahora, en el comienzo del capítulo VIII, Lucas describe como Jesús iba por los poblados y por las ciudades de Galilea, y la novedad es que iba acompañado no sólo por los discípulos, sino que también por las discípulas.

  • Lucas 8,1: Los doce que siguen a Jesús. En una única frase Lucas describe la situación: Jesús anda por todas partes, por los poblados y ciudades de Galilea, anunciando la Buena Nueva de Dios y los doce están con él. La expresión “seguir a Jesús” (cf. Mc 1,18; 15,41) indica la condición del discípulo que sigue al Maestro, veinte y cuatro horas por día, procurando imitar su ejemplo y participar de su
  • Lucas 8,2-3: Las mujeres siguen a Jesús. Lo sorprendente es que, al lado de los hombres, hay también mujeres “junto a Jesús”. Lucas coloca a los discípulos y a las discípulas en pie de igualdad, pues ambos siguen a Jesús. Lucas también conservó los nombres de algunas de estas discípulas: María Magdalena, nacida en la ciudad de Mágdala. Había sido curada de siete demonios. Juana, mujer de Cuza, procurador de Herodes Antipas, que era gobernador de Galilea. Susana y varias otras. De ellas se afirma que “sirven a Jesús con sus bienes”. Jesús permitía que un grupo de mujeres le “siguiera” (Lc 8,2-3; 23,49; Mc 15,41). El evangelio de Marcos, hablando de las mujeres en el momento de la muerte de Jesús, informa: “Unas mujeres miraban de lejos. Entre ellas, María Magdalena, María, madre de Santiago, el menor, y de José, y Salomé. Ellas habían seguido y servido a Jesús, desde cuando él estaba en Galilea. Junto con ellas había otras más, que habían subido con Jesús a Jerusalén” (Mc 15,40-41). Marcos define su actitud con tres palabras: seguir, servir, subir hasta Jerusalén. Los primeros cristianos no llegaron a elaborar una lista de estas discípulas que seguían a Jesús como hicieron los doce discípulos. Pero en las páginas del evangelio de Lucas aparecen los nombres de siete discípulas: Maria Magdalena, Juana, mujer de Cuza, Susana (Lc 8,3), Marta y Maria (Lc 10,38), María, madre de Santiago (Lc 24,10) y Ana, la profetisa (Lc 2,36), de ochenta y cuatro de El número de ochenta y cuatro es doce veces siete. ¡La edad perfecta! La tradición eclesiástica posterior no valoró este dado del discipulado de las mujeres con el mismo peso con que valoró el seguimiento de Jesús por parte de los hombres. ¡Es una lástima!
  • El Evangelio de Lucas fue considerado siempre el evangelio de las mujeres. De hecho, Lucas es lo que trae el mayor número de episodios en que se destaca la relación de Jesús con las mujeres. Y la novedad no está sólo en la presencia de las mujeres alrededor de Jesús, pero también y sobre todo en la actitud de de Jesús con relación de Jesús con las mujeres. Jesús las toca y se deja tocar por las mujeres, sin miedo a contaminarse (Lc 7,39; 8,44-45.54). A diferencia de los maestros de la época, Jesús acepta a las mujeres como seguidoras y discípulas (Lc 8,2-3; 10,39). La fuerza libertadora de Dios, actuante en Jesús, hace que la mujer se levante y asuma su dignidad (Lc 13,13). Jesús es sensible al sufrimiento de la viuda y se solidariza con su dolor (Lc 7,13). El trabajo de la mujer preparando alimento está considerado por Jesús como señal del Reino (Lc 13,20-21). La viuda persistente que lucha por sus derechos es colocada como modelo de oración (Lc 18,1-8), y la viuda pobre que comparte sus pocos bienes con los demás como modelo de entrega y de don (Lc 21,1-4). En una época en que el testimonio de las mujeres no era considerado como válido, Jesús acoge a las mujeres como testigos de su muerte (Lc 23,49), sepultura (Lc 23,55-56) y resurrección (Lc 24,1-11.22-24)

Para la reflexión personal

  • En su comunidad, en su país, en su Iglesia, ¿cómo se le valora a la mujer?
  • Compare la actitud de nuestra Iglesia con la actitud de Jesús.

Oración final

Sondéame, oh Dios, conoce mi corazón,
examíname, conoce mis desvelos.
Que mi camino no acabe mal,
guíame por el camino eterno. (Sal 139,23-24)

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Lectio jue, 15 de sep, 2022

Tiempo Ordinario

Oración inicial

¡Oh Dios!, creador y dueño de todas las cosas, míranos; y, para que sintamos el efecto de tu amor, concédenos servirte de todo corazón. Por nuestro Señor.

Lectura del santo Evangelio según Juan 19,25-27

Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María la de Cleofás, y María Magdalena.
Al ver a su madre y junto a ella al discípulo que tanto quería, Jesús dijo a su madre: «Mujer, ahí está tu hijo». Luego dijo al discípulo: «Ahí está tu madre». Y desde entonces el discípulo se la llevó a vivir con él.

Reflexión

Hoy es la fiesta de Nuestra Señora de los Dolores, el evangelio del día relata el paso en el que María, la madre de Jesús, y el discípulo amado se encuentran en el calvario ante la La Madre de Jesús aparece dos veces en el evangelio de Juan: al comienzo, en las bodas de Caná (Jn 2,1-5), y al final, a los pies de la Cruz (Jn 19,25-27). Estos dos episodios, exclusivos del evangelio de Juan, tienen un valor simbólico muy profundo. El evangelio de Juan, comparado con los otros tres evangelios es como una radiografía, mientras que los otros tres no son que una fotografía. La radiografía ayuda a descubrir en los acontecimientos dimensiones que la mirada común no llega a percibir. El evangelio de Juan, además de describir los hechos, revela la dimensión simbólica que en ellos existen. Así, en los dos casos, en Caná y en la Cruz, la Madre de Jesús representa simbólicamente el Antiguo Testamento que aguarda la llegada del Nuevo Testamento y, en los dos casos, contribuye en la llegada del Nuevo. María aparece como el anillo entre lo que había antes y lo que vendrá después. En Caná, simboliza el AT, percibe los límites del Antiguo y toma la iniciativa para que el Nuevo pueda llegar. Va a hablar al Hijo: “¡No tienen vino!” (Jn 2,3).

¿Y en el Calvario? Veamos:

  • Juan 19, 25: Las mujeres y el Discípulo Amado junto a la Cruz. Así dice el Evangelio: “La madre de Jesús, la hermana de su madre, María de Cleofás, y María Magdalena estaban junto a la cruz”. La “fotografía” muestra a la madre junto con el hijo, de pie. Mujer fuerte, que no se deja abatir. “Stabat Mater Dolorosa!” Ella es una presencia silenciosa que apoya al hijo en su entrega hasta la muerte, y a la muerte de cruz (Fil 2,8). Además de estos, la “radiografía” de la fe muestra cómo se realiza el paso del AT al NT. Como en Caná, la Madre de Jesús representa el AT. El Discípulo amado representa el NT, la comunidad que creció alrededor de Jesús. Es el hijo que nació del AT, la nueva humanidad que se forma a partir de la vivencia del Evangelio del Reino. Al final del primer siglo, algunos cristianos pensaban que el AT ya no era necesario. De hecho, al comienzo del siglo segundo, Marción rechazó todo el AT y se quedó solamente con una parte del NT. Por eso, muchos querían saber cuál es la voluntad de Jesús al respecto.
  • Juan 19,26-28: El Testamento o la Voluntad de Jesús. Las palabras de Jesús son significativas. Viendo a su madre y a al lado de ella, al discípulo que él amaba, dijo a su madre: «Mujer, ahí tienen a tu hijo.» Después dijo al discípulo: «Ahí tienes a tu madre.» El Antiguo y el Nuevo Testamento deben caminar juntos. A petición de Jesús, el discípulo amado, el hijo, el NT, recibe a la Madre, el AT, en su En la casa del Discípulo Amado, en la comunidad cristiana, se descubre el sentido pleno del AT. El Nuevo no se entiende sin el Antiguo, ni el Antiguo es completo sin el Nuevo. San Agustín decía: “Novum in vetere latet, Vetus in Novo patet”. (El Nuevo está escondido en lo Antiguo, el Antiguo desemboca en el Nuevo). El Nuevo sin el Antiguo sería un edificio sin fundamentos. Y el Antiguo sin el Nuevo sería un árbol de fruta que no llega a dar frutos.
  • María en el Nuevo Testamento. De María se habla poco en el NT, y ella misma habla menos aún. María es la Madre del silencio. La Biblia conserva apenas siete palabras de María. Cada una de estas siete palabras es como una ventana que permite mirar hacia dentro de la casa de María para descubrir cómo ella se relacionaba con La llave para entender todo esto nos la da Lucas en esta frase: “Dichosos los que escuchan la palabra de Dios y la ponen en práctica.» (Lc 11,27-28)

1ª Palabra: «¿Cómo puede ser esto si no conozco hombre?» (Lc 1,34)
2ª Palabra: «He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra.» (Lc 1,38)
3ª Palabra: «Engrandece mi alma al Señor, se alegra mi espíritu en Dios mi Salvador» (Lc 1,46-55)
4ª Palabra: «Hijo mío, ¿por qué nos has hecho esto? Tu padre y yo, angustiados, te buscábamos» (Lc 2,48)
5º Palabra: «¡No tienen vino!» (Jn 2,3)
6ª Palabra: «Haced lo que él os diga!» (Jn 2,5)
7ª Palabra: El silencio a los pies de la Cruz, más elocuente que mil palabras (Jn 19,25-27)

Para la reflexión personal

  • María a los pies de la Cruz. Mujer fuerte y silenciosa. ¿Cómo es mi devoción a María, la madre de Jesús?
  • En la Pietà de Miguel Ángel, María aparece bien joven, más joven que su hijo crucificado, cuando ya tenía que tener como mínimo alrededor de 50 años. Al preguntarle al escultor porqué había esculpido el rostro de María tan joven, Miguel Ángel contestó: “Las personas apasionadas por Dios no envejecen nunca”. ¡Apasionada por Dios! ¿Hay en mí esta pasión?

Oración final

¡Qué grande es tu bondad, Yahvé! La reservas para tus adeptos,
se la das a los que a ti se acogen
a la vista de todos los hombres. (Sal 31,20)

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Lectio mié, 14 de sep, 2022

Oración de inicio

 

Dios Todopoderoso,
nuestro creador y guía,
que te sirvamos con todo nuestro corazón
y conocer Tu perdón en nuestras vidas.
Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo,
que vive y reina contigo y el Espíritu Santo,
un solo Dios, por los siglos de los siglos. Amén. 

 

 

 

 

 

 

Lectura del Evangelio – Lucas 7,31-35

 

En aquel tiempo, Jesús dijo: «¿Con quién compararé a los hombres de esta generación? ¿A quién se parecen? Se parecen a esos niños que se sientan a jugar en la plaza y se gritan los unos a los otros: ‘Tocamos la flauta y no han bailado, cantamos canciones tristes y no han llorado’. Porque vino Juan el Bautista, que ni comía pan ni bebía vino, y ustedes dijeron: ‘Ése está endemoniado’. Y viene el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: ‘Este hombre es un glotón y un bebedor, amigo de publicanos y pecadores’. Pero sólo aquellos que tienen la sabiduría de Dios, son quienes lo reconocen»

Reflexión

 

• En el Evangelio de hoy vemos la originalidad de la Buena Noticia que abre el camino a personas apegadas a antiguas formas de fe que se sienten perdidas y no comprenden nada más de la acción de Dios. Para ocultar su falta de apertura y de comprensión defienden y buscan pretextos infantiles para justificar su actitud de falta de aceptación. Jesús reacciona con una parábola para denunciar la confusión de sus enemigos: “Son semejantes a niños que no saben lo que quieren”.

• Lucas 7,31: ¿Con quién, pues, los compararé? Jesús queda impactado por la reacción de la gente y dice: ¿Qué comparación, entonces, puedo encontrar para la gente de esta generación? ¿Cómo son?. Cuando algo es evidente y las personas, por ignorancia o por mala voluntad, no perciben las cosas y no quieren percibirlas, es bueno encontrar una comparación evidente que revele su incoherencia y su mala voluntad. Y Jesús es un Maestro en encontrar comparaciones que hablen por sí solas.

• Lucas 7,32: Como niños sin juicio. La comparación que encuentra Jesús es ésta. Eres como “esos niños, que se gritan unos a otros mientras están sentados en la plaza del mercado: te tocamos la flauta, y no quisiste bailar; ¡cantamos cantos fúnebres y no lloraste!”. Los niños mimados, en todo el mundo, tienen la misma reacción. Se quejan cuando los demás no hacen y actúan como dicen. El motivo de la queja de Jesús es la forma arbitraria con la que la gente en el pasado reaccionó ante Juan el Bautista y cómo reacciona ahora ante Jesús. 

• Lucas 7,33-34: Su opinión sobre Juan y Jesús. “Porque ha venido Juan el Bautista, que no come pan ni bebe vino, y dicen: está poseído. Ha venido el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: mira, comilón y borracho, amigo de publicanos y de pecadores”. Jesús fue discípulo de Juan el Bautista; Creyó en él y fue bautizado por él. Con motivo de este Bautismo en el Jordán, tuvo la revelación del Padre sobre su misión como Mesías-Siervo (Mc 1,10). Al mismo tiempo, Jesús enfatizó la diferencia entre Él y Juan. Juan era más severo, más ascético, no comía ni bebía. Permaneció en el desierto y amenazó al pueblo con el castigo del Juicio Final (Lc 3,7-9). Debido a esto, la gente decía que estaba poseído. Jesús fue más acogedor; Comió y bebió como todos los demás. Recorrió los pueblos y entró en las casas de la gente; Aceptó a los recaudadores de impuestos ya las prostitutas. Por eso decían que era un glotón y un borracho. Aun considerando sus palabras sobre “los hombres de esta generación” (Lc 7,31), de manera general, probablemente, Jesús tenía presente la opinión de la autoridad religiosa que no creía en Jesús (Mc 11,29-33).

• Lucas 7,35: La conclusión obvia a la que llega Jesús. Y Jesús termina sacando esta conclusión: “Sin embargo, la sabiduría es justificada por todos sus hijos”. La falta de seriedad y de coherencia se ve claramente en la opinión que se da sobre Jesús y sobre Juan. La mala voluntad es tan evidente que no necesita prueba. Eso recuerda la respuesta de Job a sus amigos que se creen sabios: “¡Nadie les enseñará a estar quietos! – ¡La única sabiduría que se convierte en ti!” (Job 13:5). 

Preguntas personales

 

  • Cuando expreso mi opinión sobre los demás, ¿soy como los fariseos y los escribas que daban su opinión sobre Jesús y Juan? Expresaron sólo sus ideas preconcebidas y nada dijeron sobre las personas a las que juzgaban.
  • ¿Conoces algún grupo en la Iglesia que merezca la parábola de Jesús?

Oración final

 

¡Qué bienaventurada la nación cuyo Dios es Yahvé,
el pueblo que ha escogido como herencia suya.
Desde el cielo Yahvé mira hacia abajo,
Ve a todos los hijos de Adán. (Sal 33,12-13)

 

 

 

 

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Lectio mar, 13 de sep, 2022

Tiempo Ordinario

Oración inicial

¡Oh Dios!, creador y dueño de todas las cosas, míranos; y, para que sintamos el efecto de tu amor, concédenos servirte de todo corazón. Por nuestro Señor.

Lectura del santo Evangelio según Lucas 7,11-17

Se dirigía Jesús a una población llamada Naím, acompañado de sus discípulos y de mucha gente. Al llegar a la entrada de la población, se encontró con que sacaban a enterrar a un muerto, hijo único de una viuda, a la que acompañaba una gran muchedumbre.

Cuando el Señor la vio, se compadeció de ella y le dijo: «No llores». Acercándose al ataúd, lo tocó, y los que lo llevaban se detuvieron. Entonces Jesús dijo: «Joven, yo te lo mando: Levántate». Inmediatamente el que había muerto se levantó y comenzó a hablar. Jesús se lo entregó a su madre.

Al ver esto, todos se llenaron de temor y comenzaron a glorificar a Dios, diciendo: «Un gran profeta ha surgido entre nosotros. Dios ha visitado a su pueblo».

La noticia de este hecho se divulgó por toda Judea y por las regiones circunvecinas.

Reflexión

  • El evangelio de hoy narra el episodio de la resurrección del hijo de la viuda de Naím. Es esclarecedor el contexto literario de este episodio en el capítulo VII del Evangelio de Lucas. El evangelista quiere mostrar cómo Jesús va abriendo camino, revelando la novedad de Dios que avanza por medio del anuncio de la Buena Nueva. Se van dando la transformación y la apertura: Jesús acoge la petición de un extranjero no judío (Lc 7,1-10) y resucita al hijo de una viuda (Lc 7,11-17). La manera como Jesús revela el Reino sorprende a los hermanos que no estaban acostumbrados a tan gran apertura. Hasta Juan el Bautista se quedó como perdido y mandó preguntar: “¿Eres tú el señor o debemos esperar a otro?” (Lc 7,18-30). Jesús llegó a denunciar la incoherencia de sus anfitriones: «¡Sois como niños que no saben lo que quieren!» (Lc 7,31-35). Y al final, la apertura de Jesús para con las mujeres (Lc 7,36-50).
  • Lucas 7,11-12: El encuentro de las dos “A continuación se fue a una ciudad llamada Naín. Iban con él sus discípulos y una gran muchedumbre. Cuando se acercaba a la puerta de la ciudad sacaban a enterrar a un muerto, hijo único de su madre, que era viuda; la acompañaba mucha gente de la ciudad.”. Lucas es como un pintor. Con pocas palabras consigue pintar el cuadro tan bonito del encuentro de las dos procesiones: la procesión de la muerte que sale de la ciudad y acompaña a la viuda que lleva a su único hijo hacia el cementerio; la procesión de la vida que entra en la ciudad y acompaña a Jesús. Las dos se encuentran en la pequeña ciudad, junto a la puerta de la ciudad de Naín.
  • Lucas 7,13: La compasión entra en acción. “Al verla el Señor tuvo compasión de ella y le dijo: ¡No llores! Es la compasión que lleva a Jesús a hablar y a Compasión significa literalmente: “sufrir con”, asumir el dolor de la otra persona, identificarse con ella, sentir con ella el dolor. Es la compasión que acciona en Jesús el poder, el poder de la vida sobre la muerte, poder creador.
  • Lucas 7,14-15: «¡Joven, a ti te digo, levántate!» Jesús se aproxima, toca el féretro y dice: «¡Joven, a ti te digo, levántate!» El muerto se incorporó y se puso a Y Jesús se lo dio a su madre”.
    A veces en momentos de gran sufrimiento provocado por el fallecimiento de una persona querida, las personas dicen: “En aquel tiempo, cuando Jesús andaba por la tierra había esperanza de no perder a una persona querida, pues Jesús podría resucitarla”. Ellas miraban el episodio de la resurrección del hijo de la viuda de Naín como un evento del pasado que apenas suscita añoranza y una cierta envidia. La intención del evangelio, sin embargo, no es suscitar añoranza ni envidia, sino ayudar a experimentar mejor la presencia viva en media de nosotros. El está hoy con nosotros, y ante los problemas y el sufrimiento que nos azotan, nos dice: “¡Te lo ordeno: levántate!”
  • Lucas 7,16-17: La repercusión. “Todos se quedaron con mucho miedo y glorificaban a Dios diciendo: «Un gran profeta ha surgido entre nosotros, y Dios vino a visitar a su pueblo» Y lo que se decía de él se propagó por toda Judea y por toda la región circunvecina” Es el profeta que fue anunciado por Moisés (Deut 18,15). El Dios que nos vino a visitar es el “Padre de los huérfanos y de las viudas” (Sal 68,6; Cf. Judit 9,11).

Para la reflexión personal

  • Fue la compasión lo que llevó a Jesús a resucitar el hijo de la El sufrimiento de los demás ¿Produce en nosotros la misma compasión? ¿Qué hago para ayudar al otro a vencer el dolor y crear vida nueva?
  • Dios visitó a su pueblo. ¿Percibo las muchas visitas de Dios en mi vida y en la vida de la gente?

Oración final

Servid a Yahvé con alegría, llegaos a él con júbilo!
Sabed que Yahvé es Dios,
él nos ha hecho y suyos somos,
su pueblo y el rebaño de sus pastos. (Sal 100,2-3)

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Lectio lun, 12 de sep, 2022

Tiempo Ordinario

Oración

Santo Padre, por Jesús, tu Hijo, el Verbo hecho carne de la vida para nosotros, envíe a mí tu Espíritu Santo para abrir mis oídos a escuchar la «carta de amor» que escribió a mí y me ilumine mi mente para que pueda comprender en profundidad. Hacer domesticar mi corazón de alegría, ya que aceptar su voluntad y me ayudará a los testigos. Amén

Lectura del santo Evangelio según Lucas (7, 1-10)

Cuando Jesús terminó de hablar a la gente, entró en Cafarnaúm. Había allí un oficial romano, que tenía enfermo y a punto de morir a un criado muy querido. Cuando le dijeron que Jesús estaba en la ciudad, le envió a algunos de los ancianos de los judíos para rogarle que viniera a curar a su criado. Ellos, al acercarse a Jesús, le rogaban encarecidamente, diciendo: «Merece que le concedas ese favor, pues quiere a nuestro pueblo y hasta nos ha construido una sinagoga». Jesús se puso en marcha con ellos.

Cuando ya estaba cerca de la casa, el oficial romano envió unos amigos a decirle: «Señor, no te molestes, porque yo no soy digno de que tú entres en mi casa; por eso ni siquiera me atreví a ir personalmente a verte. Basta con que digas una sola palabra y mi criado quedará sano. Porque yo, aunque soy un subalterno, tengo soldados bajo mis órdenes y le digo a uno: ‘¡Ve!’, y va; a otro: ‘¡Ven!’, y viene; y a mi criado: ‘¡Haz esto!’, y lo hace».

Al oír esto, Jesús quedó lleno de admiración, y volviéndose hacia la gente que lo seguía, dijo: «Yo les aseguro que ni en Israel he hallado una fe tan grande». Los enviados regresaron a la casa y encontraron al criado perfectamente sano.

Meditación

  • El 7, Lucas nos ayuda a aceptar la llamada dirigida a los gentiles para unirse a la fe en el Señor Jesús la figura del centurión está liderando el camino para aquellos que deseen aceptar la fe de Israel y luego encontrar y conocer el rostro de Dios en Jesús. En esta meditación del Evangelio, nosotros también se pondrá a la propuesta de abrirnos a la fe o para hacer más fuerte nuestra plena confianza en la Palabra de Dios. Vamos, pues, de seguir con el corazón, los pasos del centurión romano, ya que están presentes en él también.
  • Tal vez el primer aspecto que se desprende de una lectura de la pieza es el sufrimiento que es el centurión. Trato de escuchar más cuidadosamente todas las palabras que desea poner de relieve esta Capernaum, un pueblo fronterizo, fuera del alcance, en los márgenes, la ciudad donde la bendición de Dios parece difícil de alcanzar. La grave enfermedad, la muerte inminente de un ser querido.
  • Pero ahora veo que el Señor entra en esta situación, es compartir, a vivir con su presencia amorosa. Subrayar todos los verbos que confirman esta verdad: «Por favor que venga», «se fue con ellos» era «no muy lejos». Es fantástico ver este movimiento en Jesús, que va a la persona que llama y le pide que busque la salvación. Lo hace bien con
  • Para mí es un contacto muy útil con la figura del centurión, que aquí es un poco como mi maestro, mi guía en el camino de la fe. «Después de haber oído acerca de Jesús.» Recibió el anuncio, la noticia buena interceptado y le rompió el corazón, no si el escape está hecho, no se cerraron los oídos y la Se acordó de Jesús y ahora se pretende.
  • «Mandato». Dos veces lo hace de esta acción, primero en enviar a Jesús a los ancianos del pueblo, las figuras de autoridad, a continuación, enviar a sus Lucas utiliza dos verbos diferentes, y esto me ayuda a entender aún más que este hombre ha hecho algo, había un paso: se ha abierto gradualmente más y más para el encuentro con Jesús a los amigos es un poco ‘enviar como ellos mismos. «Para pedirle que venga a salvarnos. Hermoso dos verbos que expresan la intensidad de su solicitud a Jesús que él quiere ser, lo más cerca, se pone en su pobre vida, es decir, para visitar a su dolor. Es una declaración de amor, fe, grandes, porque es como si dijera, «Yo sin ti no puedo vivir. Ven». Y nadie pide ninguna salvación, la curación de superficie, tal como lo entendemos el verbo particular, que Lucas quiere. De hecho estamos hablando de una salvación cruz, capaz de atravesar toda su vida, toda la persona y capaces de llevar a la persona más, más allá de todos los obstáculos a cualquier esfuerzo o pruebas, incluso más allá de la muerte.
  • «No soy digno». Dos veces Lucas pone en boca de las palabras del centurión, que ayudan a comprender el gran paso que hizo a sí mismo. Él se siente indigno, incompetente, inadecuado, como la expresión de las dos palabras diferentes griega usada aquí. Tal vez el primer gran avance en el camino de fe con Jesús es la siguiente: el descubrimiento de nuestra gran necesidad de él, su presencia y la conciencia cada vez más seguros de que por sí sola no puede hacerlo porque somos pobres, somos Pero para esto, estamos infinitamente amado!
  • «La» palabra «. Aquí está el gran salto, el gran paso de El centurión ahora creen de forma clara, serena confianza. Mientras caminaba hacia él, él también estaba haciendo su camino en el interior, estaba cambiando, se estaba convirtiendo en un hombre nuevo. Primero aceptó la persona de Jesús y luego también su palabra. Porque él es el Señor y, como tal, su palabra es eficaz, real, de gran alcance, capaz de operar lo que dice. Todas las dudas se han derrumbado, todo lo que queda es la fe que de cierta confianza en la salvación en Jesús.

Para la reflexión personal

  • ¿Me escucha mi oración dirigida al centurión a Jesús que venga a salvarnos? Estoy preparado, también, para darle al Señor mi malestar, mi necesidad de Él? Estoy avergonzado de las enfermedades, la muerte que vive en mi casa en mi vida? Lo que parece tomar este primer paso de confianza?
  • Y si abro mi corazón a la oración, la invocación, si invitas a la venida del Señor, ¿cuál es la actitud de mi corazón? Hay dentro de mí, como el centurión, el sentimiento de ser inútil, no es suficiente para mí, no ser capaz de hacer demandas? Yo me pregunto ante el Señor con humildad que proviene del amor, de la serena confianza en él?
  • Sólo tengo su palabra? Nunca he escuchado hasta el final, con cuidado, con respeto, aunque tal vez no pude comprender en su integridad? Y ahora, ¿qué es la palabra que quiero escuchar de la boca del Señor para mí? ¿Qué debo saber de él?
    Una fe como el centurión había cargado … y yo, que soy cristiano, tengo esa fe? Tal vez yo debería rezar: «Señor, yo creo, pero me ayuda en mi incredulidad» (Mc 9, 24).

Oración Final

Para mis pies antorcha es tu palabra, Señor!
¿Cómo puede un joven su camino? En cuanto a tu palabra.
Con todo mi corazón yo te busco:
no dejes que me apartan de tus mandatos.

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Lectio Dom, 11 de sep, 2022

Las parábolas de las cosas perdidas Reencontrar a Dios en la vida Lucas 15,1-32

Oración inicial

Señor Jesús, envía tu Espíritu, para que Él nos ayude a leer la Biblia en el mismo modo con el cual Tú la has leído a los discípulos en el camino de Emaús. Con la luz de la Palabra, escrita en la Biblia, Tú les ayudaste a descubrir la presencia de Dios en los acontecimientos dolorosos de tu condena y muerte. Así, la cruz, que parecía ser el final de toda esperanza, apareció para ellos como fuente de vida y resurrección.

Crea en nosotros el silencio para escuchar tu voz en la Creación y en la Escritura, en los acontecimientos y en las personas, sobre todo en los pobres y en los que sufren. Tu palabra nos oriente a fin de que también nosotros, como los discípulos de Emaús, podamos experimentar la fuerza de tu resurrección y testimoniar a los otros que Tú estás vivo en medio de nosotros como fuente de fraternidad, de justicia y de paz. Te lo pedimos a Ti, Jesús, Hijo de María, que nos has revelado al Padre y enviado tu Espíritu. Amén.

Lectura

Clave de lectura:

El evangelio de hoy nos presenta tres parábolas para ayudarnos a profundizar en nosotros la imagen de Dios. La imagen que una persona tiene de Dios influye mucho en su modo de pensar y de obrar. Por ejemplo, la imagen de Dios, juez severo, da miedo y vuelve a la persona muy sumisa y pasiva o rebelde y revolucionaria. La imagen patriarcal de Dios, o sea, Dios patrón, amo, fue y todavía es usada para legitimar las relaciones de poder y dominio, tanto en la sociedad como en la Iglesia, en la familia como en la comunidad. En tiempos de Jesús, la idea que la gente tenía de Dios era la de uno muy distante, severo, juez que amenazaba con el castigo. Jesús revela una nueva imagen de Dios: Dios Padre, lleno de ternura con todos y con cada uno en particular. Y esto es lo que las tres parábolas de este domingo nos quieren comunicar.

A lo largo de la lectura, trata de fijarte en cada detalle, más bien, deja que las parábolas entren en ti y te provoquen. Intenta descubrir lo que tienen de común y trata de confrontarlas con la idea de Dios que tú tienes. Sólo después, intenta analizar los detalles de cada parábola: conducta, gestos, palabras, lugar, ambiente, etc.

Una división del texto para ayudar en la lectura

Lucas 15,1-3: La clave que abre el significado de las tres parábolas
Lucas 15,4-7: En la 1ª parábola, tú estás invitado a buscar la oveja perdida
Lucas 15,8-10: En la 2ª parábola, la mujer intenta encontrar la moneda perdida
Lucas 15,11-32: En la 3ª parábola, el padre trata de encontrar a su hijo perdido
Lucas 15,11-13: La decisión del hijo menor
Lucas 15,14-19: La frustración del hijo menor y el deseo de volver a la casa del Padre Lucas 15,20-24: La alegría del Padre al encontrar al hijo menor
Lucas 15, 25-28b: La reacción del hijo mayor
Lucas 15, 28a-30: La conducta del Padre con el hijo mayor y la respuesta del hijo Lucas 15, 31-32: La respuesta final del Padre

Texto:

Se acercaban a Jesús los publicanos y los pecadores a escucharlo; por lo cual los fariseos y los escribas murmuraban entre sí: «Éste recibe a los pecadores y come con ellos».

Jesús les dijo entonces esta parábola: «¿Quién de ustedes, si tiene cien ovejas y se le pierde una, no deja las noventa y nueve en el campo y va en busca de la que se le perdió hasta encontrarla? Y una vez que la encuentra, la carga sobre sus hombros, lleno de alegría, y al llegar a su casa, reúne a los amigos y vecinos y les dice: ‘Alégrense conmigo, porque ya encontré la oveja que se me había perdido’. Yo les aseguro que también en el cielo habrá más alegría por un pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos, que no necesitan arrepentirse.

¿Y qué mujer hay, que si tiene diez monedas de plata y pierde una, no enciende luego una lámpara y barre la casa y la busca con cuidado hasta encontrarla? Y cuando la encuentra, reúne a sus amigas y vecinas y les dice: ‘Alégrense conmigo, porque ya encontré la moneda que se me había perdido’. Yo les aseguro que así también se alegran los ángeles de Dios por un solo pecador que se arrepiente».

También les dijo esta parábola: «Un hombre tenía dos hijos, y el menor de ellos le dijo a su padre: ‘Padre, dame la parte que me toca de la herencia’. Y él les repartió los bienes.

No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, se fue a un país lejano y allá derrochó su fortuna, viviendo de una manera disoluta. Después de malgastarlo todo, sobrevino en aquella región una gran hambre y él empezó a pasar necesidad. Entonces fue a pedirle trabajo a un habitante de aquel país, el cual lo mandó a sus campos a cuidar cerdos. Tenía ganas de hartarse con las bellotas que comían los cerdos, pero no lo dejaban que se las comiera.

Se puso entonces a reflexionar y se dijo: ‘¡Cuántos trabajadores en casa de mi padre tienen pan de sobra, y yo, aquí, me estoy muriendo de hambre! Me levantaré, volveré a mi padre y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo. Recíbeme como a uno de tus trabajadores’.

Enseguida se puso en camino hacia la casa de su padre. Estaba todavía lejos, cuando su padre lo vio y se enterneció profundamente. Corrió hacia él, y echándole los brazos al cuello, lo cubrió de besos. El muchacho le dijo: ‘Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo’.

Pero el padre les dijo a sus criados: ‘¡Pronto!, traigan la túnica más rica y vístansela; pónganle un anillo en el dedo y sandalias en los pies; traigan el becerro gordo y mátenlo. Comamos y hagamos una fiesta, porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y lo hemos encontrado’. Y empezó el banquete.

El hijo mayor estaba en el campo, y al volver, cuando se acercó a la casa, oyó la música y los cantos. Entonces llamó a uno de los criados y le preguntó qué pasaba. Éste le contestó: ‘Tu hermano ha regresado, y tu padre mandó matar el becerro gordo, por haberlo recobrado sano y salvo’. El hermano mayor se enojó y no quería entrar.

Salió entonces el padre y le rogó que entrara; pero él replicó: ‘¡Hace tanto tiempo que te sirvo, sin desobedecer jamás una orden tuya, y tú no me has dado nunca ni un cabrito para comérmelo con mis amigos! Pero eso sí, viene ese hijo tuyo, que despilfarró tus bienes con malas mujeres, y tú mandas matar el becerro gordo’.

El padre repuso: ‘Hijo, tú siempre estás conmigo y todo lo mío es tuyo. Pero era necesario hacer fiesta y regocijarnos, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y lo hemos encontrado'»

Un momento de silencio orante

para que la Palabra de Dios pueda entrar en nosotros e iluminar nuestra vida.

Algunas preguntas

para ayudarnos en la meditación y en la oración.

  1. ¿Cuál es el punto de las tres parábolas que más te ha gustado o que ha llamado más tu atención?
  2. ¿Cuál es el punto central de la parábola de la oveja perdida?
  3. ¿Cuál es el punto central de parábola de la moneda perdida?
  4. ¿Cuál es la conducta del hijo menor y cuál es la idea que se forma del padre?
  5. ¿Cuál es la conducta del hijo mayor y cuál es la idea que se forma del padre?
  6. ¿Cuál es la conducta del padre con cada uno de los hijos?
  7. ¿Con cuál de los dos hijos me identifico: con el mayor o con el menor? ¿Por qué?
  8. ¿Qué tienen en común estas tres parábolas?
  9. ¿Refleja nuestra comunidad algo de la ternura de Dios Padre?

Para aquéllos que quisiesen profundizar aún más en el tema

Contexto de entonces y de ahora:

El capítulo 15 del evangelio de Lucas ocupa un puesto central en el largo camino de Jesús hacia Jerusalén. Este camino comienza en Lucas 19,20. El capítulo 15 es como la cima de la colina desde la cual se contempla el camino recorrido y desde donde es posible observar lo que falta de camino. Es el capítulo de la ternura y de la misericordia acogedora de Dios, temas que se encuentran en el centro de las preocupaciones de Lucas. Las comunidades deben ser una revelación del rostro de este Dios para la humanidad.

Se trata de tres parábolas. Las parábolas de Jesús tienen un objetivo bien preciso. Por medio de estas breves historias sacadas de la vida real intentan conducir a quien las escucha a reflexionar sobre la propia vida y a descubrir en ella un determinado aspecto de la presencia de Dios. En las parábolas las historias de vida son de dos tipos. Algunas historias no son normales y no suelen suceder en la vida de cada día. Por ejemplo, el comportamiento de bondad del Padre con el hijo menor no es normal. En general, los padres tienen conductas más severas con los hijos que obran como el hijo menor de la parábola. Las otras historias son normales y suelen suceder en la vida cotidiana, como, por ejemplo, la conducta de la mujer que barre la casa para buscar la moneda perdida. Como veremos, se trata de diversos modos de obligar a las personas a reflexionar sobre la vida y sobre la presencia de Dios en la vida.

Comentario del texto:

Lucas 15,1-2: La clave que abre el sentido de las tres parábolas

Las tres parábolas del capítulo 15 están precedidas de esta información inicial: “Todos los publicanos y pecadores se acercaron para escuchar a Jesús. Pero los fariseos y escribas murmuraban: “¡Este hombre recibe a los pecadores y come con ellos!” (Lc 15,1). Por un lado, están los pecadores y publicanos, por el otro fariseos y escribas, y en medio de los dos grupos Jesús. Era lo que estaba sucediendo también en los años 80, cuando Lucas escribe su evangelio. Los paganos se acercaban a las comunidades cristianas, queriendo entrar y participar. Muchos hermanos judíos murmuraban diciendo que acoger a un pagano era contra las enseñanzas de Jesús. Las tres parábolas les ayudaban a discernir. En las tres se advierte la misma preocupación: mostrar lo que se debe hacer para encontrar lo que se ha perdido: la oveja descarriada (Lc 15,4-7), la moneda perdida (Lc 15,8-10), los dos hijos perdidos (Lc 15,11-32).

Lucas 15,3-7: En la 1ª parábola, la invitación que se te hace es para encontrar la oveja perdida

Jesús se dirige a los que lo escuchan: “Si uno de vosotros tiene cien ovejas…” Él dice “uno de vosotros”. Lo cual significa que tú/vosotros sois interpelados. ¡Tú, él, todos nosotros somos interpelados! Estamos invitados a confrontarnos con la extraña y poco probable historia de la parábola. Jesús pregunta: “¿Quién de vosotros, si tiene cien ovejas y pierde una, no deja las noventa y nueve en el desierto y va tras aquella perdida, hasta que la encuentra?” Y tú, ¿qué responde a la pregunta de Jesús? Viendo como viene formulada la pregunta, se entiende que Jesús piensa que la respuesta debe ser positiva. ¿Pero será así? ¿Será positiva? ¿Tú correrías el riesgo de perder noventa y nueve ovejas por encontrar a la que se ha perdido? En mi corazón oigo otra respuesta: “Lo siento mucho, pero yo no puedo hacer esto. ¡Sería una locura abandonar las noventa y nueve ovejas en el desierto por encontrar la oveja perdida! Pero el amor de Dios supera las normas de comportamiento normales. Sólo Dios puede realizar una semejante locura, tan extraña, tan lejana de lo que normalmente hacen los seres humanos. El contraste de esta parábola es la crítica de los escribas y fariseos contra Jesús (Lc15,2). Ellos se consideraban perfectos y despreciaban a los otros, acusándoles de pecadores. Jesús dice: “Pero yo os digo: habrá más fiesta en el cielo por un pecador que se arrepiente, que por los noventa y nueve justos que no tienen necesidad de conversión”. Y en otra ocasión dice: “¡Los pecadores y las prostitutas os precederán en el reino de los cielos!” (Mt 21,31) Según Jesús, Dios está más satisfecho con la conversión de un publicano o de un pecador, que con noventa y nueve fariseos y escribas justos.

Está más satisfecho con la conversión de un ateo que jamás va a la iglesia, que con noventa y nueve católicos que se dicen practicantes y fieles y desprecian a ateos y prostitutas. ¡Es desconcertante esta imagen diversa de Dios que Jesús comunica a los doctores, a los fariseos y a todos nosotros!

Lucas 15,8-10: En la 2ª parábola, la mujer intenta encontrar la moneda perdida Esta parábola es diversa. La breve historia de la moneda perdida alude al comportamiento normal de las mujeres pobres, que no tienen mucho dinero. La mujer de la parábola apenas tiene diez monedas de plata. En aquel tiempo una dracma valía un día de trabajo. Para las mujeres que son pobres diez dracmas es mucho dinero. Por esto, cuando pierden una de estas monedas, tratan de encontrarla y barren toda la casa hasta que la encuentran. Y cuando la encuentran, la alegría es inmensa. La mujer de la parábola va a hablar con las vecinas: “¡He encontrado la moneda que había perdido!”. Las personas pobres que escuchan la historia dirán: “¡Muy bien. ¡Así hacemos en casa! ¡Cuando encontramos la moneda perdida la alegría es enorme!” Pues bien, por grande que sea la alegría y muy comprensible de las mujeres pobres, cuando encuentran la moneda perdida, ¡Dios se alegra todavía más por un pecador que se convierte!

Lucas 15,11-32: En la 3ª parábola, el padre trata de encontrarse de nuevo con los dos hijos perdidos

Esta parábola es muy conocida y en ella encontramos cosas que por lo regular suceden en la vida y otras que no suceden. El título tradicional es “El Hijo Pródigo”. En realidad, la historia de la parábola no habla sólo del hijo menor, sino más bien describe la conducta de los dos hijos, acentuando el esfuerzo del padre por reencontrar a los dos hijos. La localización de esta parábola en el capítulo central del evangelio de Lucas indica su importancia para la interpretación de todo el mensaje contenido en el Evangelio de Lucas.

Lucas 15,11-13: La decisión del hijo menor

Un hombre tenía dos hijos. El menor pide la parte de la herencia que le toca. El padre divide todo entre ellos. Tanto el mayor como el menor reciben su parte. Recibir la herencia no es un mérito. Es un don gratuito. La herencia de los dones de Dios está distribuida entre todos los seres humanos, tanto judíos como paganos, ya sean cristianos o no cristianos. Todos tienen algo de la herencia del Padre. Pero no todos la cuidan de la misma forma. Así, el hijo menor se va lejos, y disipa su heredad con una vida disoluta, olvidando al Padre. Todavía no se habla del hijo mayor que recibió también su parte de la herencia. Más adelante sabremos que él continúa en casa, llevando la vida de siempre, trabajando en el campo. En tiempos de Lucas, el mayor representaría la comunidad venida del judaísmo; el menor la comunidad venida del paganismo. Y hoy, ¿quién es el mayor y quién es el menor? ¿Acaso los dos existen en cada uno de nosotros?

Lucas 15,14-19: La frustración del hijo más joven y el deseo de volver a la casa del Padre

La necesidad de tener que comer hace perder al hijo menor su libertad y se vuelve esclavo para ocuparse de cerdos. Recibe un trato peor que el dado a los puercos. Esta era la condición de millones de esclavos en el imperio romano en los tiempos de Lucas. Esta situación hace que el hijo más joven empiece a acordarse de la casa del Padre: “¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen pan en abundancia y yo aquí me muero de hambre!” Examina su propia vida y decide volver a casa. Prepara hasta las palabras que dirá a su Padre: “Me levantaré e iré a mi padre y le diré: Padre he pecado contra el cielo y contra ti: no soy digno de ser llamado tu hijo. ¡Trátame como uno de tus criados!”. El empleado sigue las órdenes, cumple la ley de la servidumbre. El hijo menor quiere cumplir la ley, como querían los fariseos y los escribas en tiempos de Jesús (Lc 15,1). Era lo que los misioneros de los fariseos imponían a los paganos que se convertían al Dios de Abrahán (Mt 23,15). En tiempos de Lucas, los cristianos venidos del judaísmo querían que los cristianos convertidos del paganismo se sometieran también ellos al yugo de la ley (Act 15,1ss).

Lucas 15,20-24: La alegría del Padre al encontrarse de nuevo con el hijo menor

La parábola dice que el hijo menor todavía estaba lejos de la casa, pero el Padre lo vio, corrió al encuentro y lo cubrió de besos. Jesús nos da la impresión de que el Padre esperaba todo el tiempo en la ventana, mirando en lontananza, para ver asomar al hijo por el camino. Según nuestro modo de sentir y de pensar, la alegría del Padre nos parece un poco exagerada. Él no deja al hijo pronunciar las palabras que éste había preparado. ¡No escucha! El Padre no quiere que su hijo sea su esclavo. Quiere que sea su hijo. Y esta es la gran Noticia que Jesús nos trae. ¡Túnica nueva, sandalias nuevas, anillo al dedo, cordero, fiesta! En esta inmensa alegría del encuentro, Jesús deja también entrever la gran tristeza del Padre por la pérdida del hijo. Dios estaba muy triste y de esto se da cuenta ahora la gente, viendo la enorme alegría del Padre que se encuentra de nuevo con el hijo. Es una alegría compartida con todos en la fiesta que ordena preparar.

Lucas 15, 25-28b: La reacción del hijo mayor

El hijo mayor vuelve del trabajo y ve que hay fiesta en casa. No entra. Quiere saber qué sucede Cuando se ha puesto al corriente del motivo de la fiesta, siente mucha rabia dentro de sí y no quiere entrar. Encerrado en sí mismo piensa tener su derecho. No le gusta la fiesta y no entiende la alegría del Padre. Señal de que no tenía mucha intimidad con el Padre, aun viviendo en la misma casa. Y si hubiese tenido tal intimidad, hubiera notado la inmensa tristeza del Padre por la pérdida del hijo menor y hubiera entendido su alegría por el regreso. Quien se preocupa mucho de observar la ley de Dios, corre el riesgo de olvidar a Dios mismo. El hijo menor, que ha estado viviendo lejos de la casa, parece conocer al Padre mejor que el mayor, que vive en su misma casa. Y así el más joven tiene el valor de volver a la casa del Padre, mientras el mayor no quiere entrar en la casa del Padre. Este no quiere ser hermano, no se da cuenta que el Padre, sin él, perderá la alegría, porque también él, el mayor, es hijo como el menor.

Lucas 15. 28ª-30: La conducta del Padre con el hijo mayor y la respuesta del hijo

El Padre sale de la casa y ruega al hijo mayor que entre. Pero éste contesta: “Hace tantos años que te sirvo, y jamás he dejado de cumplir una orden tuya, pero nunca me has dado un cabrito para hacer fiesta con mis amigos. Y ahora que este tu hijo, que ha despilfarrado todos sus haberes con prostitutas regresa, para él has matado el novillo cebado.” El hijo mayor se gloría de la observancia cumplida: Jamás he dejado de cumplir una orden tuya. Aunque quiere a su hermano como tal, no lo llama hermano, sino “este hijo tuyo”, como si no fuese su hermano. Y es él, el mayor, quien habla de prostitutas. Es su malicia la que interpreta así la vida de su joven hermano. ¡Cuántas veces el hermano mayor interpreta mal la vida del hermano menor! ¡Cuántas veces nosotros los católicos interpretamos mal la vida de los otros! El comportamiento del Padre es distinto. Él sale de casa para los dos hijos. Acoge al hijo joven, pero no quiere perder al mayor. Los dos forman parte de la familia. ¡El uno no puede excluir al otro!

Lucas 15,31-32: La respuesta final del Padre

Así como el Padre no presta atención a los argumentos del hijo menor, tampoco tiene en cuenta los argumentos del mayor y le dice: “¡Hijo, tú estás siempre conmigo y todo lo que es mío es tuyo; pero era necesario hacer fiesta y alegrarse, porque este tu hermano estaba muerto y ha vuelto a la vida, ¡estaba perdido y ha sido encontrado!”

¿Era consciente el mayor de estar siempre con el Padre y de encontrar en esta presencia la causa de su alegría? La expresión del Padre: “¡Todo lo mío es tuyo!” incluye también al hijo menor que ha vuelto. El mayor no tiene derecho a hacer distinciones. Si él quiere ser hijo del Padre, deberá aceptarlo como es, y no como le gustaría que el Padre fuese. Esto nos toca a nosotros. Pues todos somos hermanos mayores.

Ampliando informaciones:

Las dos economías: la Casa del Padre, la Casa del Patrón

Esta parábola es conocida como la parábola de “El hijo pródigo”, y esto deja insinuar el lado económico. En definitiva, pródigo significa aquel que gasta, a mano abierta, aunque esto es un detalle secundario en la parábola. En verdad, el punto central del texto se encuentra en la elección que el seguidor de Jesús debe hacer cada día: elección entre la Casa del Padre o el sistema de compartir y la casa del patrón o el sistema de acumulación.

La parábola comienza con un joven que pide al padre la parte de la herencia, porque se quiere ir de la casa (Lc 15,12). Salir de la casa del Padre exige que la persona tenga una única cosa que el mundo acepta de buen grado: dinero. Sin dinero, el joven no conseguirá a enfrentarse con el mundo. Pero el joven no tenía la madurez suficiente para administrar el dinero con una vida desenfrenada (Lc 15,13). Para colmo de males, después de acabársele el dinero que tenía, pasa por dificultades económicas, que en la Biblia vienen siempre definidas con la palabra “hambre”. En el mundo bíblico existe la carestía, sólo si la estructura económica entra en colapso. Así pues, el joven empieza a encontrarse en la necesidad (Lc 15,14).

Enfrentarse a las dificultades engendra madurez. El joven se da cuenta de que necesita dinero todavía para sobrevivir en este mundo. Y así, por la primera vez en su vida, va en busca de un trabajo (Lc 15,15). Entra por tanto en la Casa del Patrón, que lo manda a ocuparse de los cerdos. Pero el hambre es mucha, el salario no es suficiente y él intenta saciar el hambre comiendo de lo que se le ha dado a los puercos (Lc 15,16). Mientras tanto, en la casa del patrón las cosas no son tan fáciles: la comida de los puercos es para los puercos. El jornalero debe comer del salario que gana sirviendo. Tanto como el hambre del jornalero, es la preocupación del patrón por engordar a los cerdos. El joven descubre que en la casa del patrón se le niega la comida, no se comparte en la casa del patrón, ni siquiera la comida de los cerdos.¡Cada uno para sí!

A partir de la experiencia vivida en la casa del patrón, el joven comienza a comparar la situación actual con la situación que se vive en la casa de su padre. En la Casa del Padre los jornaleros no tienen hambre, porque el pan se comparte con todos los jornaleros.

En la casa del Padre ninguno se queda sin comer, mucho menos los jornaleros. El joven decide entonces volver a la casa del Padre. Ahora, ya tiene la suficiente madurez para reconocer que no puede ser considerado como hijo y pide al padre un trabajo. En la casa del padre los trabajadores no tienen hambre, porque se comparte el pan.

Algunos creen que el hijo vuelve porque tiene hambre. Su regreso sería un oportunismo. No se trata de esto, sino más bien de una elección por un determinado modelo de casa. En la casa del patrón, nada se comparte, ni siquiera las algarrobas de los cerdos. En la casa del Padre, ninguno tiene hambre, porque la misión de la Casa del Padre es la de “saciar de bienes a los hambrientos” (Lc 1,53). El compartir es lo que impide que haya hambre en la casa del Padre. Pero el joven descubre esto, porque en la casa del patrón tiene hambre. Comparando los dos modelos de casa el joven hace su elección: prefiere ser un empleado en la casa de su padre, lugar del compartir, lugar en el que nadie tiene hambre, donde todos se sacian. Así regresa a casa del padre pidiendo un trabajo (Lc 15,17-20).

Colocando esta reflexión en el corazón de su Evangelio, Lucas está dando un aviso a las comunidades cristianas que se están organizando en el sistema económico del imperio romano, Este sistema está simbolizado en la parábola por la casa del patrón, donde los cerdos reciben más atención que los trabajadores, o sea, lo invertido más que el trabajo. En la Casa del Padre, o sea, en la casa de los cristianos, no puede dominar este sistema. Los cristianos deben centralizar su vida en el compartir los bienes. Compartir los bienes quiere decir romper con el sistema imperial de la dominación. Quiere decir romper con la casa del patrón. En el libro de las Actas vemos que una de las características de la comunidad cristiana estaba en el compartir los bienes (Act 2,44-45; 4,32-37).

Lucas quiere recordarnos que la señal mayor del Reino es la mesa común en la Casa del Padre, quiere decir, compartir todo en la mesa común de la comunidad. Ninguno puede ser excluido de esta mesa. Todos estamos llamados a compartir. Como recordamos continuamente en nuestras celebraciones: no hay ninguno tan pobre que no pueda compartir algo. Y no hay uno tan rico que no tenga nada que recibir. La mesa común se construye con el compartir de todos. Y así la fiesta en la Casa del Padre será eterna.

Las tres parábolas tienen algo en común: la alegría y la fiesta. Quien experimenta la entrada gratuita y sorprendente del amor de Dios en la propia vida se alegra y quiere comunicar esta alegría a todos. La obra de salvación de Dios es fuente de alegría y gozo: “¡Alegraos conmigo!” (Lc 15,6-9) Y precisamente de esta experiencia de la gratuidad de Dios nace el estar alegres y festejar. (Lc 15,32). Al final de la parábola, el Padre pide que haya alegría y fiesta. La alegría parecía que disminuyese por el hermano mayor que no quiere entrar. Piensa en una alegría sólo con sus amigos y no con todos los demás, de la misma familia humana. Representa a aquellos que se consideran justos y no tienen necesidad de conversión.

Oración de un Salmo

Salmo 63(62):
Tu amor vale más que la vida
Dios, tú mi Dios, yo te busco, mi ser tiene sed de ti, por ti languidece mi cuerpo, como erial agotado, sin agua.

Así como te veía en el santuario, contemplando tu fuerza y tu gloria, -pues tu amor es mejor que la vida, por eso mis labios te alaban-, así quiero bendecirte en mi vida, levantar mis manos en tu nombre; me saciaré como de grasa y médula, mis labios te alabarán jubilosos.

Si acostado me vienes a la mente, quedo en vela meditando en ti, porque tú me sirves de auxilio y exulto a la sombra de tus alas; mi ser se aprieta contra ti, tu diestra me sostiene.

Mas los que tratan de acabar conmigo, ¡Caigan en las honduras de la tierra!

¡Sean pasados a filo de espada, sirvan de presa a los chacales! Pero el rey en Dios se alegrará, el que jura por él se felicitará, cuando cierren la boca a los mentirosos.

Oración final

Señor Jesús, te damos gracia por tu Palabra que nos ha hecho ver mejor la voluntad del Padre. Haz que tu Espíritu ilumine nuestras acciones y nos comunique la fuerza para seguir lo que Tu Palabra nos ha hecho ver. Haz que nosotros como María, tu Madre, podamos no sólo escuchar, sino también poner en práctica la Palabra. Tú que vives y reinas con el Padre en la unidad del Espíritu Santo por todos los siglos de los siglos. Amén.

Todos los derechos: www.ocarm.org

Lectio sáb, 10 de sep, 2022

Tiempo Ordinario

Oración inicial

Señor, tú que te has dignado redimirnos y has querido hacernos hijos tuyos, míranos siempre con amor de padre y haz que cuantos creemos en Cristo, tu Hijo, alcancemos la libertad verdadera y la herencia eterna. Por nuestro Señor.

Lectura del santo Evangelio según Lucas 6,43-49

« Porque no hay árbol bueno que dé fruto malo y, a la inversa, no hay árbol malo que dé fruto bueno. Cada árbol se conoce por su fruto. No se recogen higos de los espinos, ni de la zarza se vendimian uvas. El hombre bueno, del buen tesoro del corazón saca lo bueno, y el malo, del malo saca lo malo. Porque de lo que rebosa el corazón habla su boca.«¿Por qué me llamáis: `Señor, Señor’ y no hacéis lo que digo? «Todo el que venga a mí y oiga mis palabras y las ponga en práctica, os voy a mostrar a quién es semejante: Es semejante a un hombre que, al edificar una casa, cavó profundamente y puso los cimientos sobre roca. Al sobrevenir una inundación, rompió el torrente contra aquella casa, pero no pudo destruirla por estar bien edificada. Pero el que haya oído y no haya puesto en práctica es semejante a un hombre que edificó una casa sobre tierra, sin cimientos, contra la que rompió el torrente y al instante se desplomó y fue grande la ruina de aquella casa.»

Reflexión

  • El evangelio de hoy nos presenta la parte final del Sermón de la Planicie que es la versión que Lucas da del Sermón de la Montaña del Evangelio de Mateo.
  • Lucas 6,43-45: La parábola del árbol que da buenos “Porque no hay árbol bueno que dé fruto malo y, a la inversa, no hay árbol malo que dé fruto bueno. Cada árbol se conoce por su fruto. No se recogen higos de los espinos, ni de la zarza se vendimian uvas”. La carta del apóstol Santiago sirve de comentario para esta palabra de Jesús: “¿Puede brotar de la misma fuente agua dulce y agua amarga? ¿Pueda una higuera producir aceitunas o la vid higos? Tampoco el mar puede dar agua dulce” (Stgo 3,11-12). La persona bien formada en la tradición de la convivencia comunitaria hace crecer dentro de sí una buena manera de ser que la lleva a practicar el bien. “Del buen tesoro de su corazón saca lo bueno”, pero la persona que descuida de su formación tendrá dificultad en producir cosas buenas. Porque “del malo saca lo malo, porque de la abundancia del corazón habla la boca». Respecto del “buen tesoro del corazón” merece la pena decir lo que dice el libro del Eclesiástico sobre el corazón: “Déjate llevar por lo que te dicta el corazón, porque nadie te será más fiel que él: el alma de un hombre suele advertir a menudo mejor que siete vigías apostados sobre una altura. Y por encima de todo ruego al Altísimo, para que dirija tus pasos en la verdad.” (Ec 37,13-15).
  • Lucas 6,46: No basta decir Señor, Señor. Lo importante no es hablar bien de Dios, sino hacer la voluntad del Padre y ser así una revelación de su rostro y de su presencia en el mundo.
  • Lucas 6,47-49: Construir la casa sobre una roca. Escuchar y practicar, es ésta la conclusión final del Sermón de la Montaña. Mucha gente buscaba seguridad y poder religioso mediante dones extraordinarios o de Pero la verdadera seguridad no viene del poder, no viene de nada de esto. ¡Viene de Dios! Y Dios se vuelve fuente de seguridad, cuando tratamos de practicar su voluntad. Será la roca que nos sustenta en la hora de las dificultades y de las tormentas.
  • Dios, roca de nuestra vida. En el libro de los Salmos, con frecuencia encontramos la expresión: “Dios es mi roca y mi fortaleza… Dios mío, roca mía, mi refugio, mi escudo, la fuerza que me ..” (Sal 18,3). El es la defensa y la fuerza de quien cree en él y de aquel que busca la justicia (Sal 18,21.24). Las personas que confían en este Dios, se vuelven a su vez roca para los demás. Así, el profeta Isaías invita a quienes estaban en el cautiverio: “Escúchenme ustedes, que anhelan la justicia y que buscan a Yahvé. Miren la piedra de que fueron tallados y el corte en la roca de donde fueron sacados. Miren a Abrahán, su padre y a Sara que les dio a luz” (Is 51,1-2). El profeta pide para al pueblo que no olvide el pasado y recuerde como Abrahán y Sara por la fe en Dios se volvieron roca, comienzo del pueblo de Dios. Mirando hacia esta roca, la gente debía sacar valor para luchar y salir del cautiverio. Del mismo modo, Mateo exhorta a las comunidades para que no olviden nunca esa misma roca (Mt 7,24-25) y así puedan ellas mismas ser roca para fortalecer a sus hermanos en la fe. Este es también el sentido del nombre que Jesús da a Pedro: “Tú eres Pedro y sobre este piedra edificaré mi Iglesia” (Mt 16,18). Esta es la vocación de las primeras comunidades, llamadas a unirse a Jesús, la piedra viva, para volverse también ellas piedras vivas gracias a la escucha práctica de la Palabra (Pd 2,4-10; 2,5; Ef 2,19-22).

Para la reflexión personal

  • ¿Cuál es la calidad de mi corazón?
  • Mi casa, ¿está construida sobre una roca?

Oración final

Porque tú Señor has formado mis riñones, me has tejido en el vientre de mi madre; te doy gracias por tantas maravillas: prodigio soy, prodigios tus obras. (Sal 139,13-14)

Todos los derechos: www.ocarm.org

Lectio vie, 9 de sep, 2022

Tiempo Ordinario

Oración inicial

Señor, tú que te has dignado redimirnos y has querido hacernos hijos tuyos, míranos siempre con amor de padre y haz que cuantos creemos en Cristo, tu Hijo, alcancemos la libertad verdadera y la herencia eterna. Por nuestro Señor.

Lectura del santo Evangelio según Lucas 6,39-42

Jesús propuso a sus discípulos este ejemplo: “¿Puede acaso un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en un hoyo? El discípulo no es superior a su maestro; pero cuando termine su aprendizaje, será como su maestro.

¿Por qué ves la paja en el ojo de tu hermano y no la viga que llevas en el tuyo? ¿Cómo te atreves a decirle a tu hermano: ‘Déjame quitarte la paja que llevas en el ojo’, si no adviertes la viga que llevas en el tuyo? ¡Hipócrita! Saca primero la viga que llevas en tu ojo y entonces podrás ver, para sacar la paja del ojo de tu hermano”.

Reflexión

  • El evangelio de hoy nos presenta unos pasajes del discurso que Jesús pronunció en la planicie después de una noche pasada en oración (Lc 6,12) y de haber llamado a los doce para que fueran sus apóstoles (Lc 6,13-14). Gran parte de las frases reunidas en este discurso fueron pronunciadas en otras ocasiones, pero Lucas, imitando a Mateo, las reúne aquí en este Sermón de la
  • Lucas 6,39: La parábola del ciego que guía a otros ciego. Jesús cuenta una parábola a los discípulos: «¿Puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en el hoyo?” Parábola de una sola línea, pero que tiene mucha semejanza con las advertencias que, en el evangelio de Mateo, van dirigidas a los fariseos: “¡Ay de vosotros los ciegos!” (Mt 23,16.17.19.24.26) Aquí, en el contexto del evangelio de Lucas, esta parábola va dirigida a los animadores de las comunidades que se consideraban dueños de la verdad, superiores a los Por esto, son guías ciegos.
  • Lucas 6,40: Discípulo – “Ningún discípulo es mayor que el maestro; será como el maestro cuando esté perfectamente instruido”. Jesús es Maestro. No es profesor. El profesor da la clase, enseña diversas asignaturas, pero no convive. El maestro convive. Su materia es el mismo, su testimonio de vida, su manera de vivir aquello que enseña. La convivencia con el maestro tiene tres aspectos: (1) El maestro es el modelo o el ejemplo que hay que imitar (cf. Jn 13,13-15). (2) El discípulo no sólo contempla e imita, sino que además se compromete con el destino del maestro, con sus tentaciones (Lc 22,28), persecución (Mt 10,24-25), y muerte (Jn 11,16). (3) No sólo imita el modelo, no sólo asume el compromiso, sino que llega a identificarse: «Vivo, pero no soy yo, es Cristo quien vive en mí» (Gál 2,20). Este tercer aspecto es la dimensión mística del seguimiento de Jesús, fruto de la acción del Espíritu.
  • Lucas 6,41-42: La brizna en el ojo del hermano. “¿Cómo es que miras la brizna que hay en el ojo de tu hermano y no reparas en la viga que hay en tu propio ojo? ¿Cómo puedes decir a tu hermano: `Hermano, deja que saque la brizna que hay en tu ojo’, si no ves la viga que hay en el tuyo? Hipócrita, saca primero la viga de tu ojo y entonces podrás ver para sacar la brizna que hay en el ojo de tu » En el Sermón de la Montaña, Mateo trata el mismo asunto y explica un poco mejor la parábola de la brizna en el ojo. Jesús pide una actitud creativa que nos haga capaces de ir al encuentro del otro sin juzgarlo, sin ideas preconcebidas y sin racionalizaciones, acogiendo al otro como hermano (Mt 7,1- 5). Esta total apertura hacia el otro como hermano nacerá en nosotros sólo si sabremos relacionarnos con Dios en total confianza, como hijos con su padre (Mt 7,7-11).

Para la reflexión personal

  • Brizna o viga en el ¿Cómo me relaciono con los demás en casa y en familia, en el trabajo con los colegas, en la comunidad con los hermanos y hermanas?
  • Maestro y discípulo. ¿Cómo soy discípulo/a de Jesús?

Oración final

Señor, dichosos los que moran en tu casa y pueden alabarte siempre.
dichoso el que saca de ti fuerzas cuando piensa en las subidas. (Sal 84,5-6)

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Lectio jue, 8 de sep, 2022

Tiempo Ordinario

Oración inicial

Señor, tú que te has dignado redimirnos y has querido hacernos hijos tuyos, míranos siempre con amor de padre y haz que cuantos creemos en Cristo, tu Hijo, alcancemos la libertad verdadera y la herencia eterna. Por nuestro Señor.

Lectura del santo Evangelio según Mateo 1,1-16.18-23

Genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham: Abraham engendró a Isaac, Isaac a Jacob, Jacob a Judá y a sus hermanos; Judá engendró de Tamar a Fares y a Zará; Fares a Esrom, Esrom a Aram, Aram a Aminadab, Aminadab a Naasón, Naasón a Salmón, Salmón engendró de Rajab a Booz, Booz engendró de Rut a Obed, Obed a Jesé, y Jesé al rey David.

David engendró de la mujer de Urías a Salomón, Salomón a Roboam, Roboam a Abiá, Abiá a Asaf, Asaf a Josafat, Josafat a Joram, Joram a Ozías, Ozías a Joatam, Joatam a Acaz, Acaz a Ezequías, Ezequías a Manasés, Manasés a Amón, Amón a Josías, Josías engendró a Jeconías y a sus hermanos durante el destierro en Babilonia.

Después del destierro en Babilonia, Jeconías engendró a Salatiel, Salatiel a Zorobabel, Zorobabel a Abiud, Abiud a Eliaquim, Eliaquim a Azor, Azor a Sadoc, Sadoc a Aquim, Aquim a Eliud, Eliud a Eleazar, Eleazar a Matán, Matán a Jacob, y Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado Cristo.

Cristo vino al mundo de la siguiente manera: Estando María, su madre, desposada con José, y antes de que vivieran juntos, sucedió que ella, por obra del Espíritu Santo, estaba esperando un hijo. José, su esposo, que era hombre justo, no queriendo ponerla en evidencia, pensó dejarla en secreto.

Mientras pensaba en estas cosas, un ángel del Señor le dijo en sueños: “José, hijo de David, no dudes en recibir en tu casa a María, tu esposa, porque ella ha concebido por obra del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y tú le pondrás el nombre de Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados”.

Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que había dicho el Señor por boca del profeta Isaías: He aquí que la virgen concebirá y dará a luz un hijo, a quien pondrán el nombre de Emmanuel, que quiere decir Dios-con-nosotros.

Reflexión

  • Hoy, 8 de sep., fiesta de la Natividad de Nuestra Señora, el evangelio nos presenta la genealogía o el carné de identidad de Jesús. Por medio de una lista de nombres de los antepasados, el evangelista cuenta a las comunidades quién es Jesús y cómo Dios actúa de forma sorprendente para cumplir en él su Nuestros carnés de identidad llevan nuestro nombre y el nombre de nuestro país. Algunas personas, para decir quiénes son, recuerdan también todos los nombres de los antepasados de la familia. Otras se avergüenzan de algunos de ellos, y se esconden detrás de apariencias que engañan. El carné de identidad de Jesús tiene muchos nombres. En la lista de estos nombres hay una gran novedad. En aquel tiempo, las genealogías traían a menudo los nombres de hombres. Por esto extraña el que Mateo coloque a cinco mujeres entre los antepasados de Jesús: Tamar, Raab, Ruth, la mujer de Urías y María. ¿Por qué escogió exactamente a estas cinco mujeres y no a otras? Esta es la pregunta que el evangelio de Mateo deja en nuestra cabeza.
  • Mateo 1,1-17: La larga lista de nombres – el comienzo y el final de la genealogía. En el comienzo y en el final de la genealogía, Mateo deja claro cuál es la identidad de Jesús: él es el Mesías, hijo de David e hijo de Abrahán. Como descendiente de David, Jesús es la respuesta de Dios a las expectativas del pueblo judío (2 Sam 7,12-16). Como descendente de Abrahán, es una fuente de bendición y de esperanza, para todas las naciones de la tierra (Gén 12, 13). Así, tanto los judíos como los paganos que formaban parte de las comunidades de Siria y de Palestina, en la época de Mateo, ambos podían ver sus esperanzas realizadas en Jesús.
    Al elaborar la lista de los antepasados de Jesús, Mateo adoptó un esquema de 3 x 14 generaciones (Mt 1,17). El número 3 es el número de la divinidad. El número 14 es dos veces 7, que es el número de la perfección. En aquel tiempo, era común interpretar o calcular la acción de Dios a través de números y fechas. Por medio de estos cálculos simbólicos, Mateo revela la presencia de Dios a lo largo de generaciones y expresa la convicción de las comunidades: Jesús apareció en el templo establecido por Dios. Con su llegada la historia alcanza su pleno cumplimiento.
  • El mensaje de las cinco mujeres citadas en la genealogía. Jesús es la respuesta de Dios a las expectativas tanto de judíos como de paganos, sí, pero lo es de una forma totalmente sorprendente. En las historia de las cuatro mujeres del AT, citadas en la genealogía, existe algo Las cuatro eran extranjeras, concibieron a sus hijos fuera de los patrones normales del comportamiento de la época y no satisficieron las exigencias de las leyes de la pureza en el tiempo de Jesús. Tamar, una cananea, viuda, se vistió de prostituta para obligar a Judá a que fuera fiel a la ley y a darle un hijo (Gén 38,1- 30). Raab, una cananea, prostituta de Jericó, hizo alianza con los israelitas. Los ayudó a entrar en la Tierra Prometida y profesó su fe en Dios libertador del Éxodo (Js 2,1-21). Betsabé, una hitita, mujer de Urías, fue seducida, violentada y fue puesta encinta por el rey David, que, además de esto, mandó matar a su marido (2 Sam 11,1-27). Rut, una moabita, viuda pobre, optó por quedar con Noemí y adhirió al Pueblo de Dios (Rut 1,16- 18). Aconsejada por la suegra Noemí, Rut imitó a Tamar y pasó la noche en la era, junto a Booz, forzándolo a que observara la ley y a que le diera un hijo. De la relación entre los dos nació Obed, el abuelo del rey David (Rut 3,1-15; 4,13-17). Estas cuatro mujeres cuestionan los patrones de comportamiento impuestos por la sociedad patriarcal. Asimismo, sus iniciativas poco convencionales darán continuidad al linaje de Jesús y traerán la salvación de Dios para todo el pueblo. Fue a través de ellas que Dios realizó su plan y envió al Mesías prometido. ¡Realmente, la manera de actuar de Dios sorprende y hace pensar! Al final, el lector o la lectora queda con una pregunta: ¿Y María? ¿Existe también en ella alguna irregularidad? ¿Cuál?” La respuesta nos la da la historia de San José que sigue en el texto (Mt 1,18-23).
  • Mateo 1,18-23: San José era justo. La irregularidad en María es que ella quedó embarazada antes de convivir con José, su esposo prometido, que era un hombre justo. Jesús dice: “Si vuestra justicia no es mayor que la justicia de los fariseos y de los escribas, no vais a poder entrar en el Reino de los cielos”. Si José hubiese sido justo según la justicia de los fariseos, hubiera tenido que denunciar a María y ella hubiera sido Jesús hubiera muerto. Gracias a la verdadera justicia de José, Jesús pudo nacer.

Para la reflexión personal

  • Cuándo me presento a los demás, ¿qué digo de mí y de mi familia?
  • Si el evangelista coloca apenas estas cinco mujeres al lado de más de cuarenta hombres, sin duda, quiere comunicar un ¿Cuál es este mensaje? ¿Qué nos dice todo esto sobre la identidad de Jesús? ¿Qué nos dice sobre nosotros mismos?

Oración final

Alábente, Yahvé, tus creaturas, bendígante tus fieles;
cuenten la gloria de tu reinado, narren tus proezas. (Sal 145,10-11)

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Lectio mié, 7 de sep, 2022

Oración inicial

Señor, tú que te has dignado redimirnos y has querido hacernos hijos tuyos, míranos siempre con amor de padre y haz que cuantos creemos en Cristo, tu Hijo, alcancemos la libertad verdadera y la herencia eterna. Por nuestro Señor.

Lectura del santo Evangelio según Lucas 6,20-26

En aquel tiempo, mirando Jesús a sus discípulos, les dijo:
“Dichosos ustedes los pobres,
porque de ustedes es el Reino de Dios.
Dichosos ustedes los que ahora tienen hambre,
porque serán saciados.
Dichosos ustedes los que lloran ahora,
porque al fin reirán.

Dichosos serán ustedes cuando los hombres los aborrezcan y los expulsen de entre ellos, y cuando los insulten y maldigan por causa del Hijo del hombre. Alégrense ese día y salten de gozo, porque su recompensa será grande en el cielo. Pues así trataron sus padres a los profetas.

Pero, ¡ay de ustedes, los ricos,
porque ya tienen ahora su consuelo!
¡Ay de ustedes, los que se hartan ahora,
porque después tendrán hambre!
¡Ay de ustedes, los que ríen ahora,
porque llorarán de pena!
¡Ay de ustedes, cuando todo el mundo los alabe,
porque de ese modo trataron sus padres a los falsos profetas!’’

Reflexión

El evangelio de hoy nos presenta las cuatro bienaventuranzas y las cuatro maldiciones del Evangelio de Lucas. Hay una manera progresiva en la forma que Lucas tiene de presentar la enseñanza de Jesús. Hasta el 6,16, dice muchas veces que Jesús enseña a la gente, pero no llega a relatar el contenido de la enseñanza (Lc 4,15.31-32.44; 5,1.3.15.17; 6,6). Ahora, después de informar que Jesús vio la multitud deseosa de oír la palabra de Dios, Lucas trae el primer grande discurso que empieza con la exclamación:»¡Bienaventurados los pobres!» y «¡Ay de vosotros los ricos!», y ocupa todo el resto del capítulo (Lc 6,12-49). Algunos le llaman a este discurso el “Sermón de la planicie”, pues segundo Lucas, Jesús bajó de la montaña y se paró en un lugar de llanura donde hizo su discurso. En el evangelio de Mateo, este mismo discurso está hecho en el monte (Mt 5,1) y es el llamado «Sermón de la Montaña». En Mateo, el sermón tiene ocho bienaventuranzas, que tienen un programa de vida para las comunidades cristianas de origen judaica. En Lucas, el sermón es más breve y radical. Contiene cuatro bienaventuranzas y cuatro maldiciones, dirigidas para las comunidades, constituidas de ricos y de pobres. Este discurso de Jesús va a ser meditado en el evangelio diario de los próximos días.

  • Lucas 6,20: ¡Bienaventurados los pobres! Mirando hacia los discípulos, Jesús declara: «¡Bienaventurados los pobres, porque vuestro es el Reino de los cielos!» Esta declaración identifica la categoría social de los discípulos. ¡Ellos son pobres! Y a ellos Jesús promete: “¡Vuestro es el Reino de los Cielos!” No es una promesa para el El verbo está al presente. El Reino les pertenece ya. En el evangelio de Mateo, Jesús explicita el sentido y dice: «¡Bienaventurados los pobres de Espíritu!» (Mt 5,3). Son los pobres que tienen al Espíritu de Jesús. Pues hay pobres con cabeza o espíritu de rico. Los discípulos de Jesús son pobres con cabeza de pobre. Como Jesús no quieren acumular, pero asumen su pobreza y, como él, luchan por una convivencia más justa, donde haya fraternidad y puesta en común de los bienes, sin discriminación.
  • Lucas 6,21-22: ¡Bienaventurados los que ahora tiene hambre y lloran! En la 2ª y 3ª bienaventuranza Jesús dice. «¡Bienaventurados los que ahora tenéis hambre, porque seréis saciados! ¡Bienaventurados los que ahora lloráis porque reiréis!» Una parte de las frases está al presente y otra al futuro. Aquello que ahora vivimos y sufrimos no es lo definitivo. Lo definitivo es el Reino que estamos construyendo hoy con la fuerza del Espíritu de Jesús. Construir el Reino trae sufrimiento y persecución, pero una cosa es cierta: el Reino va a llegar y “¡seréis saciados y reiréis!”.
  • Lucas 6,23: ¡Bienaventurados seréis cuando los hombres os ..! La bienaventuranza se refiere al futuro: «Bienaventurados seréis cuando los hombres os odien, os expulsen, proscriban vuestro nombre como malo por causa del Hijo del Hombre. ¡Alegraos ese día porque grande será vuestra recompensa, porque así fueron tratados los profetas!» Con estas palabras de Jesús, Lucas anima a las comunidades de su tiempo, que estaban siendo perseguidas. El sufrimiento no es estertor de muerte, sino dolor de parto. ¡Fuente de esperanza! La persecución era una señal de que el futuro anunciado por Jesús estaba llegando para ellas. Iban por el justo camino
  • Lucas 6,24-25: ¡Ay de vosotros los ricos! ¡Ay de vosotros los que estáis hartos y os reís! Después de las cuatro bienaventuranzas a favor de los pobres y excluidos, siguen cuatro amenazas o maldiciones contra los ricos y los que se lo pasan bien y son elogiados por todos. Las cuatro amenazas tienen la misma forma literaria que las cuatro bienaventuranzas. La 1ª está al La 2ª y la 3ª tienen una gran parte al presente y la otra al futuro. Y la 4ª se refiere enteramente al futuro. Estas amenazas sólo se encuentran en el evangelio de Lucas y no en el de Mateo. Lucas es más radical en la denuncia de la injusticia.
    Delante de Jesús, en aquella planicie no había ricos. Sólo había gente pobre, venida de todos los lados (Lc 6,17-19). Asimismo, Jesús dice: «¡Ay de vosotros los ricos!» Y es que Lucas, al transmitir estas palabras de Jesús, estaba pensando más en las comunidades de su tiempo. En ellas había ricos y pobres, y había discriminación de los pobres por parte de los ricos, la misma que marcaba la estructura del Imperio Romano (cf. St 5,1-6; Ap 3,17- 19). Jesús hace una crítica dura y directa a los ricos: ¡Vosotros los ricos, ya tenéis consolación! ¡Vosotros ya estáis hartos, pero pasaréis hambre! ¡Vosotros os estáis riendo, pero quedaréis afligidos y lloraréis! Señal de que para Jesús, la pobreza no es una fatalidad, ni es fruto de prejuicios, sino que es fruto de enriquecimiento injusto de los otros.
  • Lucas 6,26: ¡Ay de vosotros cuando todos hablen bien de vosotros, porque así vuestros padres trataron a los falsos profetas!” Esta cuarta amenaza se refiere a los hijos de los que en el pasado elogiaban a los falsos profetas. Es que algunas autoridades de los judíos usaban su prestigio y su autoridad, para criticar a Jesús.

Para la reflexión personal

  • ¿Miramos la vida de las personas con la misma mirada de Jesús? Dentro de tu corazón, ¿qué piensas de verdad: una persona pobre y hambrienta puede ser realmente feliz? Las telenovelas y la propaganda del comercio, ¿qué ideal de nos presentan?
  • Diciendo “Felices los pobres”, Jesús ¿estaba queriendo decir que los pobres han de seguir en la pobreza?

Oración final

Yahvé es justo cuando actúa, amoroso en todas sus obras.
Cerca está Yahvé de los que lo invocan,
de todos los que lo invocan con sinceridad. (Sal 145,17-18)

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