{"id":1866,"date":"2015-07-04T09:46:02","date_gmt":"2015-07-04T15:46:02","guid":{"rendered":"http:\/\/www.ocdmx.org\/?p=1866"},"modified":"2019-07-04T09:53:01","modified_gmt":"2019-07-04T15:53:01","slug":"simbologia-teresiana","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=1866","title":{"rendered":"Simbolog\u00eda teresiana"},"content":{"rendered":"<p>1. Como ocurre en la generalidad de los m\u00edsticos (cf san Juan de la Cruz, C\u00e1ntico espiritual, pr\u00f3logo), tambi\u00e9n en Teresa el recurso a los s\u00edmbolos es una necesidad expresiva frente a la inefabilidad de la experiencia religiosa profunda. Basta un elemental sondeo del Libro de la Vida, para sorprenderla forcejeando por decir, sin ser capaz de decir: \u201cyo no lo s\u00e9 decir\u201d (12,5); \u201chartos a\u00f1os estuve&#8230; que aunque me lo daba Dios, palabra no sab\u00eda decir para darlo a entender\u201d (12,6); ya la primera gracia m\u00edstica es \u201cmucho m\u00e1s de lo que yo podr\u00e9 decir\u201d (15,5); \u201cyo no lo s\u00e9 m\u00e1s decir&#8230;\u201d (18,2); \u201cyo no podr\u00e9 decir c\u00f3mo es\u201d (20,8); \u201cmirad que no es cifra lo que digo, de lo que se puede decir&#8230;; no puedo decir lo que siento\u201d (27,12). Y hablando ya simb\u00f3licamente de la gracia del dardo: \u201cno se puede encarecer ni decir el modo con que llaga Dios el alma\u201d (29,10). Es precisamente esa impotencia expresiva, o la precariedad s\u00e9mica de los vocablos profanos lo que le hace recurrir a la mediaci\u00f3n simb\u00f3lica. Hasta \u201cdecir disparates\u201d (18,3), que equivaldr\u00edan a \u201clos dislates\u201d de que habla el autor del C\u00e1ntico espiritual (pr\u00f3logo 2) en su similar recurso a \u201clas figuras, comparaciones y semejanzas\u201d con que entreteje el \u201clenguaje simb\u00f3lico\u201d de su libro.<\/p>\n<p>Teresa misma, a la vez que afirma la necesidad de ese recurso, advierte reiteradamente sus l\u00edmites e insuficiencia. As\u00ed, por ejemplo, en las moradas s\u00e9ptimas, luego de haber recurrido a varias expresiones simb\u00f3licas, para expresar las \u201cexperiencias en lo hondo del esp\u00edritu\u201d, concluye: \u201cri\u00e9ndome estoy de estas comparaciones, que no me contentan, mas no s\u00e9 otras\u201d (M 7,2,11). Lo mismo, al finalizar el tema del \u201cvuelo de esp\u00edritu\u201d: recurre extra\u00f1amente a las im\u00e1genes del ebrio (\u201canda el alma como uno que ha bebido mucho\u201d) o del melanc\u00f3lico (\u201cque del todo no ha perdido el seso\u201d), e inmediatamente advierte: \u201charto groseras comparaciones son \u00e9stas para tan preciosa causa, mas no alcanza otras mi ingenio\u201d (M 6,6,13). La misma actitud parad\u00f3jica se repite ante el s\u00edmbolo maravilloso del Cantar de los Cantares, o s\u00edmbolo esponsal: por un lado, es s\u00edmbolo sumo; por otro, \u201cgrosera comparaci\u00f3n\u201d: \u201cAunque sea grosera comparaci\u00f3n, yo no hallo otra que m\u00e1s pueda dar a entender lo que pretendo, que el sacramento del matrimonio\u201d (M 5,4,3). O bien, en un pasaje puramente narrativo y confidencial, habla de la \u201cherida\u201d producida \u201ccomo si una saeta la metiesen por el coraz\u00f3n\u201d, y pasa a precisar: \u201ceste dolor no es en el sentido, ni tampoco es llaga material, sino en lo interior del alma, sin que parezca dolor corporal; sino que, como no se puede dar a entender sino por comparaciones, p\u00f3nense estas groseras, que para lo que ello es lo son, mas no s\u00e9 yo decirlo de otra suerte. Por eso, no son estas cosas para escribir ni decir, porque es imposible entenderlo sino quien lo ha experimentado\u201d (R 5,17).<\/p>\n<p>2.\u00a0M\u00e1s que de s\u00edmbolos puros, hablamos aqu\u00ed de \u201clenguaje simb\u00f3lico\u201d. La Santa no conoce ni utiliza los vocablos \u201cs\u00edmbolo\u201d, \u201csimbolizar\u201d, ni \u201calegor\u00eda\u201d o \u201calegorizar\u201d, a pesar de haberlos visto aplicados por el autor de los Morales, en su comentario al emblem\u00e1tico libro de Job. Ella prefiere los t\u00e9rminos \u201ccomparar, comparaciones\u201d. De hecho, sus s\u00edmbolos no se gestan directamente, como los de fray Juan de la Cruz, vertidos en un poema, sino casi siempre al t\u00e9rmino de un esfuerzo de elocuci\u00f3n o de simple redacci\u00f3n. Como es sabido, T distingue tres momentos en el proceso elocutivo m\u00edstico: recepci\u00f3n de una gracia (experimentar), entenderla (discernirla), y expresarla (comunicarla). Son, seg\u00fan ella, las tres mercedes que se imbrican en una experiencia m\u00edstica comunicable (V 17,5). Desglosables la una de la otra. Ella ha estado a\u00f1os recibiendo la primera, sin discernirla ni poder comunicarla.<\/p>\n<p>Pues bien, el recurso al s\u00edmbolo se gesta entre el segundo y el tercer tiempo, es decir, a partir de la experiencia pura, en el esfuerzo de comprensi\u00f3n y en el conato de expresi\u00f3n y comunicaci\u00f3n verbal. De suerte que las \u201ccomparaciones\u201d de que brotan los \u201cs\u00edmbolos\u201d culminan el esfuerzo de verbalizaci\u00f3n de la experiencia religiosa, y se incorporan al tejido del magisterio teresiano, tanto en las narraciones del hecho experimentado, como en las exposiciones doctrinales.<\/p>\n<p>3.\u00a0Se ha dicho que en la simbolog\u00eda teresiana prevalece, como motivo, el agua, mientras que en la sanjuanista predomina el simbolismo del fuego. Quiz\u00e1s haya que caracterizar a aqu\u00e9lla, m\u00e1s bien como simbolog\u00eda femenina. En ella prevalece, es cierto, el agua en sus m\u00e1s variadas manifestaciones, pero abundan los s\u00edmbolos maternales, como \u201cel ni\u00f1o que a\u00fan mama, a los pechos de su madre\u201d, los aromas y las flores, los s\u00edmbolos caseros y los del amor, los \u201cpucheros\u201d, la posada o la morada, la m\u00fasica&#8230; Pero tambi\u00e9n abundan en las p\u00e1ginas de T las im\u00e1genes b\u00e9licas, como la lucha o la pelea (\u201cencerradas peleamos\u201d), las bater\u00edas, artiller\u00eda, el capit\u00e1n y los soldados, el alf\u00e9rez, la saeta, el dardo y el arcabuz, el ajedrez. Incluso la \u201ccorrida de toros\u201d y el \u201ccadahalso\u201d o tablado desde donde se la contempla sin riesgo. No abundan en ella, como en san Juan de la Cruz, los s\u00edmbolos c\u00f3smicos (la noche, los bosques, el monte, la llama&#8230;), si bien tambi\u00e9n T ha recurrido al simbolismo de la lluvia, las nubes, el sol, el cielo emp\u00edreo, el anochecer y amanecer, el mar y sus olas&#8230;<\/p>\n<p>4.\u00a0En la imaginer\u00eda teresiana destacan, ante todo, los s\u00edmbolos mayores, generalmente utilizados por T para elaborar un entramado doctrinal. Podemos enumerar los m\u00e1s importantes:<\/p>\n<p>a) En Vida, el m\u00e1s elaborado es el s\u00edmbolo del agua de regad\u00edo sobre el huerto del alma. Imagen que proviene a la par de su experiencia personal (V 14,9; cf 9,4; 10,9), y de sus lecturas (V 11,6). Ella la ha elaborado cuidadosamente, a base de las cuatro maneras de regar (pozo, noria, arroyo, lluvia: V 11,7), para simbolizar cuatro maneras de relaci\u00f3n entre Dios y el alma, y varias situaciones del esp\u00edritu humano: huerto \u00e1rido, flores, frutos, reparto de frutos a los dem\u00e1s. Y con ello, una s\u00edntesis elemental del desarrollo de la vida espiritual, ya sea a nivel autobiogr\u00e1fico (V 11,8), ya sea a nivel doctrinal.<\/p>\n<p>b) El simbolismo del agua tendr\u00e1 nuevas elaboraciones en los restantes libros doctrinales: fuente de agua viva con todos sus derivados (C 19,2&#8230; con expresa inspiraci\u00f3n evang\u00e9lica); agua de arcaduces y agua de pil\u00f3n manantial, en el Castillo Interior (M 4,2,2&#8230;) para simbolizar el contraste entre el esfuerzo humano (ascesis: agua de arcaduces) y el don divino (lo m\u00edstico: \u201cpila que se hinche de agua\u201d: ib). Con la expl\u00edcita confesi\u00f3n de que \u201cno me hallo cosa m\u00e1s a prop\u00f3sito para declarar algunas de esp\u00edritu que eso te agua\u201d (ib). \u201cSoy tan amiga de este elemento, que le he mirado con m\u00e1s advertencia que otras cosas\u201d (ib). Volver\u00e1 a aparecer el simbolismo del agua en las moradas sextas, 5,3: agua en su plenitud oce\u00e1nica, pero con oleaje y riesgo de sumersi\u00f3n, como en el caso de la \u201cnao\u201d que llega al puerto, ya en las moradas s\u00e9ptimas (7,3,13-14). Agua y esponja, como alma inmersa en lo divino (R 45; cf al final de sus escritos: F 31,46). Un condensado de ese simbolismo lo sintetiz\u00f3 la Santa en la estampa que llevaba en su breviario y que representaba a la Samaritana al pie de Cristo sentado en el brocal del pozo de Sicar con un sencillo lema al pie: \u201cDomine, da mihi aquam\u201d (cf V 30,19).<\/p>\n<p>c) Sin duda, el s\u00edmbolo m\u00e1s elaborado por T es el del \u201ccastillo del alma\u201d, base de todo el libro de las Moradas, e imagen de todo el proceso espiritual. Le sirve, ante todo, para dise\u00f1ar la estructura del ser humano (cuerpo, alma, esp\u00edritu, centro del alma, relaci\u00f3n del hombre con Dios trascendente e inmanente). Le sirve, a su vez, para glosar el texto evang\u00e9lico de la \u201cinhabitaci\u00f3n\u201d o de la morada de Dios en el alma y para expresar su propia experiencia trinitaria (M 7,1,6&#8230; y R 6,9). Con antecedentes en el Camino 28,9, siempre para expresar el misterio de la interioridad humana.<\/p>\n<p>d) En las moradas quintas del Castillo Interior (c. 2), surge de improviso el s\u00edmbolo del \u201cgusano de seda\u201d que se metamorfosea en mariposa. A lo largo de las tres moradas finales le servir\u00e1 para desarrollar el proceso m\u00edstico de la vida espiritual, desde el trabajo asc\u00e9tico precedente, a trav\u00e9s de la uni\u00f3n con Cristo, hasta la plena transfiguraci\u00f3n m\u00edstica: fuego en que se abrasa la mariposa (M 7,2,5; 7,3,1).<\/p>\n<p>e) Por fin, la Santa expone en toda una amplia escala de versiones el s\u00edmbolo b\u00edblico del Cantar de los Cantares, que ha sido para ella objeto de un largo proceso de elaboraci\u00f3n: tenuemente insinuado en el Libro de la Vida (4,2; 36,29); mejor esbozado ya en el Camino de Perfecci\u00f3n (13,2 y passim); de nuevo propuesto en los Conceptos, esta vez ya sobre la base expl\u00edcita del Cantar b\u00edblico (cap. 1); y finalmente introducido y reelaborado en el Castillo a partir de las moradas quintas (\u201cya tendr\u00e9is o\u00eddo muchas veces que se desposa Dios con las almas espiritualmente\u201d: M 5,4,3). Teresa recurre al s\u00edmbolo esponsal, ante todo, para expresar su propia experiencia, y luego para diagramar las fases postreras del proceso m\u00edstico. Sin desligarse de la motivaci\u00f3n b\u00edblica del s\u00edmbolo, T incorpora a \u00e9l la liturgia del sacramento y el realismo de la vida social de su tiempo. De \u00e9sta toma los tres momentos del proceso: las vistas, el desposorio y el matrimonio. Las vistas, para ilustrar la fase del conocimiento inicial m\u00edstico: moradas quintas; el desposorio, para exponer la entrega mutua de las voluntades entre el alma y el Se\u00f1or; y el matrimonio espiritual, para simbolizar la uni\u00f3n plena entre Dios y el alma, punto cimero de la experiencia religiosa. Ya hemos notado que a este s\u00edmbolo le concede T la suma aptitud para expresar la vida m\u00edstica. Es muy posible que esa convicci\u00f3n derive de su lectura del Cantar de los Cantares: \u201cDe algunos a\u00f1os ac\u00e1 [el Se\u00f1or] me ha dado un regalo grande cada vez que oigo o leo algunas palabras de los Cantares de Salom\u00f3n, en tanto extremo que, sin entender la claridad del lat\u00edn en romance, se recog\u00eda m\u00e1s y mov\u00eda mi alma que los libros muy devotos que entiendo; y esto es casi ordinario&#8230;\u201d (Conc pr\u00f3l.). N\u00f3tese que para la fecha en que desarrolla ese s\u00edmbolo en el Castillo, T ha escuchado ampliamente a fray Juan de la Cruz en la Encarnaci\u00f3n de \u00c1vila.<\/p>\n<p>5. Al lado de esos s\u00edmbolos mayores, existe en los escritos de T una constelaci\u00f3n de imaginer\u00eda o de s\u00edmbolos menores. Tambi\u00e9n \u00e9stos son reveladores del pensamiento teresiano. Imposible catalogarlos aqu\u00ed. Hay, ante todo, una larga serie de s\u00edmbolos b\u00edblicos (\u2019 Simbolog\u00eda b\u00edblica), que denotan la sensibilidad receptiva de T y su capacidad de ensamblaje de las im\u00e1genes cl\u00e1sicas en la imaginer\u00eda original suya. Estas \u00faltimas podr\u00edan reunirse en tres apartados: a) im\u00e1genes b\u00e9licas, t\u00edpicas del combate espiritual; b) s\u00edmbolos tomados de la naturaleza, o bien s\u00edmbolos \u00edntimos y caseros; c) s\u00edmbolos de extracci\u00f3n social.<\/p>\n<p>La serie primera (a) caracteriza la ascesis o lucha espiritual: destaca entre esas im\u00e1genes, el juego de ajedrez (C 16), la propuesta del alf\u00e9rez, abanderado sin armas, como los verdaderos contemplativos (C 18,5), la bandera (\u201c\u00e9stas han de ser nuestras banderas\u201d, escribe al comienzo del Camino, 2,8), el rey y la corte (V 37,5-6), el dardo y las heridas m\u00edsticas (V 29,13), la \u201csaeta de fuego\u201d y el \u00edmpetu de los deseos (M 6,11,2), etc. El \u201cescudo de la fe\u201d de san Pablo (Ef 6,16), pasa a ser en ella el escudo interior \u201cen que hab\u00eda de recibir los golpes de los muchos pensamientos\u201d (V 4,9). En el breve poemario de T hay dos poemas de entonaci\u00f3n b\u00e9lica: en la profesi\u00f3n de una Hermana, \u201cTodos los que milit\u00e1is \/ debajo desta bandera \/ ya no durm\u00e1is no durm\u00e1is \/ pues que no hay paz en la tierra\u201d (Po 29), y el dedicado a un soldado \u2013cree ella\u2013 que se hace monje (san Hilari\u00f3n): \u201cHoy ha vencido un guerrero \/ al mundo y sus valedores\u201d (Po 22).<\/p>\n<p>La serie segunda (b) toma frecuentes s\u00edmbolos de la naturaleza, como la contraposici\u00f3n de los elementos \u201cagua-fuego\u201d (C 19,3), la combinaci\u00f3n \u201csol, nubes, vapores de agua\u201d (V 20,2) o todo un complejo \u201cbestiario simb\u00f3lico\u201d: los cuatro animales apocal\u00edpticos, la abeja y la ara\u00f1a, la hormiga y el le\u00f3n, la paloma y el \u00e1guila, las musara\u00f1as y el miedo espantadizo infligido por los demonios (V 35,15) y toda una serie tomada de las aves: la \u201cavecica que tiene pelo malo\u201d (V 13,2), al alma \u201cn\u00e1cenle alas para bien volar\u201d (V 20,22), o \u201cquerer volar antes que Dios les d\u00e9 alas\u201d (V 31,18), \u201ccon las mercedes de Dios vuelan como \u00e1guilas\u201d (V 39,12), Dios \u201cno espera a que vuele el sapo por s\u00ed mismo\u201d (V 22,13)&#8230; Ella utiliza im\u00e1genes \u00edntimas o caseras, como las numerosas versiones del ni\u00f1o (C 31,9; V 29,9; 13,15; 15,12..), o las que identifican a la monja mediocre con la \u201cmalcasada\u201d (C 11,3), o como la cera y el sello (M 5,2,12), \u201cla olla que cuece demasiado\u201d (V 29,9), que tambi\u00e9n \u201centre los pucheros anda el Se\u00f1or ayud\u00e1ndoos en lo interior y exterior\u201d (F 5,8). Entre las im\u00e1genes m\u00e1s recurridas, est\u00e1n las que se proponen reflejar la interioridad: el coraz\u00f3n, la herida interior, las entra\u00f1as, \u201clos tu\u00e9tanos&#8230;, que no s\u00e9 c\u00f3mo lo decir mejor\u201d (M 5,1,6).<\/p>\n<p>Por fin, el grupo tercero (c), de los s\u00edmbolos sociales: el camar\u00edn de joyas (M 6,4,8), el emperador y el mendigo (Camino E 72,6: \u201cverg\u00fcenza ser\u00eda pedir a un gran emperador un maraved\u00ed\u201d), el brasero y los perfumes (M 4,2,6)&#8230;<\/p>\n<p>6. Notemos, por fin, los planos semiol\u00f3gicos m\u00e1s interesados en la emblem\u00e1tica teresiana. Obviamente, el segmento que m\u00e1s solicita la cobertura del lenguaje simb\u00f3lico es el hecho espiritual, especialmente la experiencia m\u00edstica. T necesita de s\u00edmbolos para expresar su idea o su imagen de Dios o para configurar el papel que compete a \u00e9ste en la vida del hombre. Baste transcribir uno de los primeros perfiles teol\u00f3gicos de Vida (4,10): \u201cMuchas veces he pensado, espantada de la gran bondad de Dios, y regal\u00e1dose mi alma de ver su gran magnificencia y misericordia&#8230;\u201d, y sigue perfilando el rostro de un Dios \u201cbuen pagador\u201d, \u201cocultador de nuestros pecados\u201d, \u201cdorador de nuestras culpas\u201d, abrillantador de nuestras virtudes&#8230;<\/p>\n<p>Igual floraci\u00f3n de lenguaje simb\u00f3lico para perfilar la imagen de Cristo: maestro, esposo, dechado, camino y vida, amigo verdadero, capit\u00e1n del amor&#8230;<\/p>\n<p>Es tambi\u00e9n notable la constancia con que T recurre a los s\u00edmbolos para expresar su idea profunda del ser humano: en realidad todos los s\u00edmbolos mayores reflejan su empe\u00f1o secreto por decir lo que en su estima es el hombre; castillo de diamante, huerto de flores, gusano con vocaci\u00f3n de vuelo y de mariposa; \u00e9l es un posible esposo de Cristo o de Dios; es un para\u00edso de Dios, \u201cpara\u00edso adonde dice El tiene sus deleites\u201d (M 1,1,1), \u00e1rbol plantado junto a las corrientes de agua. T\u00edpicas sus pinceladas para perge\u00f1ar la semblanza de fray Pedro de Alc\u00e1ntara (\u201cque no parec\u00eda sino hecho de ra\u00edces de \u00e1rboles\u201d: V 27,18), o de fray Juan de la Cruz: \u201cS\u00e9neca\u201d (cta 92,4). Todo ello, en contraste con la imagen que T tiene de s\u00ed misma: \u201cuna como yo\u201d, \u201cgusano que as\u00ed se os atreve\u201d, \u201cgusanillo de mal olor\u201d, hormiga que intenta hablar, \u201cagua de tan mal pozo\u201d (V 19,6). Imagen negativa, compensada en cierto modo con la que ella misma proyecta de sus carmelos y sus monjas: palomarcitos de la Virgen, \u201cpensad es esta congregaci\u00f3n la casa de santa Marta\u201d (C 17,5), hijas de la Virgen, soldados abanderados de alf\u00e9rez, mariposas, palomas&#8230;: \u00abharto m\u00e1s quiero que presuman de ser simples, que es muy de santas, que no tan ret\u00f3ricas&#8230;\u00bb\u201d (cta 151,2). \u201cSon espejos de Espa\u00f1a estas casas\u201d (cta 162,6).<\/p>\n<p>En un balance global de la simbolog\u00eda teresiana podr\u00edamos decir que en los escritos de la Santa prevalecen con mucho los s\u00edmbolos b\u00edblicos (\u2019 Simbolog\u00eda b\u00edblica y Tipos b\u00edblicos), son numerosos los extra\u00eddos de su vida casera y cotidiana, bastantes los derivados de sus lecturas de autores espirituales, y muy pocos los derivados de sus lecturas o cultura profana, de las que apenas le quedan algunos t\u00f3picos, como el mito del canto de las sirenas (\u201cserenas\u201d, escribe ella: C 3,5), la revivencia del ave f\u00e9nix (V 39,23; M 6,4,3), la triaca frente al t\u00f3xico (\u201ct\u00f3jico\u201d) de los venenos (M 2,1,9; C 12,7; 41,4)&#8230;<\/p>\n<p>T. \u00c1lvarez<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">Todos los derechos: <em>Diccionario Teresiano<\/em>, Gpo. Ed. FONTE<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>1. Como ocurre en la generalidad de los m\u00edsticos (cf san Juan de la Cruz, C\u00e1ntico espiritual, pr\u00f3logo), tambi\u00e9n en Teresa el recurso a los s\u00edmbolos es una necesidad expresiva frente a la inefabilidad de la experiencia religiosa profunda. 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