{"id":1873,"date":"2015-07-04T10:03:16","date_gmt":"2015-07-04T16:03:16","guid":{"rendered":"http:\/\/www.ocdmx.org\/?p=1873"},"modified":"2019-07-04T10:06:31","modified_gmt":"2019-07-04T16:06:31","slug":"muerte-valor-soteriologico-de-la","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=1873","title":{"rendered":"Muerte (valor soteriol\u00f3gico de la)"},"content":{"rendered":"<p>El fin de la historia (el \u00e9schaton, en sentido real) acontece para cada ser humano en su muerte. Con la muerte, que es el cierre definitivo de la vida terrena, el final del status viae, de la condici\u00f3n itinerante del ser humano, \u00abempieza la vida del m\u00e1s all\u00e1, cuya situaci\u00f3n de salud o infelicidad est\u00e1 condicionada ante Dios por la vida terrena que el hombre ha configurado de un modo libre\u00bb (J. Finkenzeller, Muerte, en Diccionario de teolog\u00eda dogm\u00e1tica, Barcelona 1990, p. 481).<\/p>\n<ol>\n<li>Liberaci\u00f3n del miedo a la muerte<\/li>\n<\/ol>\n<p>La experiencia de muerte se halla muy presente en la vida de Teresa de Jes\u00fas (168 veces). Destaca, en primer lugar, su percepci\u00f3n llena de realismo, como experiencia humana, cuando a los 23 a\u00f1os enferma gravemente, cayendo en coma profundo, que dura cuatro d\u00edas. Este hecho la marcar\u00e1 ps\u00edquicamente con un profundo miedo a la muerte, como testifica ella misma repetidas veces: \u00abla muerte, a quien yo siempre tem\u00eda mucho\u00bb (V 38,5). Es una experiencia, como observa el P. Tom\u00e1s \u00c1lvarez, que no ha entrado todav\u00eda en el engranaje del proceso de salvaci\u00f3n, que la llevar\u00e1 a descubrir el sentido de la muerte redimida por Cristo y su valor redentor, como participaci\u00f3n en la muerte de Jes\u00fas y tr\u00e1nsito a la vida eterna.<\/p>\n<p>Cuando este paso se da, la muerte es plenamente asumida por ella, hasta quedar transfigurada en sentido salv\u00edfico. La muerte ha sido vencida. \u00ab\u00bfD\u00f3nde est\u00e1, oh muerte, tu victoria?\u00bb (1Cor 15,55). El antiguo \u00abmiedo a la muerte\u00bb es superado definitivamente: \u00abQued\u00f3me tambi\u00e9n poco miedo a la muerte, a quien yo siempre tem\u00eda mucho; ahora par\u00e9ceme facil\u00edsima cosa para quien sirve a Dios, porque en un momento se ve el alma libre de esta c\u00e1rcel y puesta en descanso\u00bb (V 38,5).<\/p>\n<p>Unos a\u00f1os m\u00e1s tarde confirmar\u00e1 que esta liberaci\u00f3n del \u00abmiedo a la muerte\u00bb no fue pasajera sino permanente: \u00abTemor, ninguno tiene de la muerte, m\u00e1s que tendr\u00eda de un suave arrobamiento\u00bb (M 7,3,7). \u00ab\u00a1Oh muerte, muerte! \u00a1no s\u00e9 qui\u00e9n te teme, pues est\u00e1 en ti la vida!\u00bb (E 6,2).<\/p>\n<ol start=\"2\">\n<li>La muerte asumida en el misterio pascual<\/li>\n<\/ol>\n<p>El hecho central, que ilumina esta nueva experiencia de muerte, es el mismo hecho cristol\u00f3gico, que transforma su vida (V 22; M 6,7). Si su vida \u2013como la de Pablo\u2013 es Cristo que vive en ella (V 6,9; R 3,10), su desenlace final no puede ser otro que el que asegura el encuentro definitivo con \u00c9l. Por eso estima la muerte no como \u00abp\u00e9rdida\u00bb, sino como \u00abganancia\u00bb (M 7,2,5).<\/p>\n<p>Como comenta atinadamente Ruiz de la Pe\u00f1a, a prop\u00f3sito del correspondiente pasaje paulino, la muerte como ganancia \u00abes inteligible \u00fanicamente a condici\u00f3n de que la muerte revalide y confirme la comuni\u00f3n vital con Cristo, que constituye la vida del Ap\u00f3stol. Una muerte que fuese separaci\u00f3n de Cristo o que interrumpiese una uni\u00f3n que es la fuente de su vida, no ser\u00eda \u2018lucro\u2019 para Pablo\u00bb (J. L. Ruiz de la Pe\u00f1a, La pascua de la creaci\u00f3n. Escatolog\u00eda. Madrid 1996, p. 252).<\/p>\n<p>A la luz de este hecho, Santa Teresa propone la realidad de la muerte como participaci\u00f3n en el misterio de la muerte de Cristo. \u00abMorir por \u00c9l\u00bb es una de sus consignas fundamentales:<\/p>\n<p>\u00abMis deseos&#8230; entiendo son morir por El\u00bb (R 3,9). \u00abEs menester a los principios estar bien determinada a morir por El\u00bb (R 5,9). \u00abDeterminaos, hermanas, que ven\u00eds a morir por Cristo y no a regalaros por Cristo\u00bb (C 10,5). \u00abDios m\u00edo, muramos con Vos, como dijo Santo Tom\u00e1s, que no es otra cosa sino morir muchas veces vivir sin Vos\u00bb (M 3,1,2). \u00abVese [el alma] con un deseo de alabar al Se\u00f1or, que se querr\u00eda deshacer, y de morir por El mil muertes\u00bb (M 5,2,7). \u00abY pues El viene a morir, muramos con El\u00bb (Po 12,5). \u00abOfrezc\u00e1monos de veras a morir por Cristo todas\u00bb (Po 29,5). \u00abSu Majestad nos haga fuertes para morir por \u00c9l\u00bb (cta 266,3).<\/p>\n<p>Teresa de Jes\u00fas, en sinton\u00eda con Pablo, no reflexiona acerca de la muerte como fen\u00f3meno biol\u00f3gico, sino como fen\u00f3meno teol\u00f3gico, esto es, a partir de la muerte de Cristo, quien \u00abpor librarnos de la muerte, la muri\u00f3 tan penosa como muerte de cruz\u00bb (M 5,3,12). San Pablo afirma que Cristo \u00abmuri\u00f3 por nosotros\u00bb y nos dio nueva vida (Rom 5,12-21). Esta nueva vida se nos comunica por el bautismo: \u00abFuimos, pues, con \u00e9l sepultados por el bautismo en la muerte, a fin de que, al igual que Cristo fue resucitado de entre los muertos por medio de la gloria del Padre, as\u00ed tambi\u00e9n nosotros vivamos una vida nueva\u00bb (Rom 6,4). As\u00ed pues, \u00abla muerte cristiana es una realidad operante desde el hoy del sacrificio de Cristo; quiere decir que el \u00e9schaton portador de salvaci\u00f3n ha entrado ya en la historia\u00bb (Ruiz de la Pe\u00f1a).<\/p>\n<ol start=\"3\">\n<li>\u00abMorir al mundo\u00bb: Actuar la propia muerte<\/li>\n<\/ol>\n<p>\u00abMorir con Cristo\u00bb (expresi\u00f3n paulina) o \u00abmorir por Cristo\u00bb (expresi\u00f3n teresiana), significa morir a la vida en el pecado (Rom 6,6) o a la \u00abvida para s\u00ed mismo\u00bb (2Cor 5,14s), o morir al mundo, como fundamento de la posibilidad de la vida (G\u00e1l 6,14), o a los poderes del mundo que esclavizan (Col 2,20). En este sentido hay que entender las consignas de la Santa sobre el \u00abmorir al mundo\u00bb:<\/p>\n<p>\u00ab[Esta forma de oraci\u00f3n] no me parece es otra cosa, sino un morir casi del todo a todas las cosas del mundo\u00bb (V 16,1). \u00abSi ella [el alma] no se quiere morir a \u00e9l [al mundo], el mismo mundo los matar\u00e1\u00bb (V 31,17). \u00abA los que de veras amaren a Dios y hubiesen dado de mano a las cosas de esta vida, m\u00e1s suavemente deben de morir\u00bb (V 38,5). \u00abComo acabare de determinarse de morir al mundo, verse ha libre de estas penas\u00bb (Conc 3,12).<\/p>\n<p>\u00abMorir al mundo\u00bb significa morir al propio \u00abyo\u00bb, por el desprendimiento radical, que la Santa coloca como piedra sillar de la vida de oraci\u00f3n (C cc. 8-16). Significa, en definitiva, actuar la propia muerte a lo largo de la existencia: \u00abSi no nos determinamos a tragar de una vez la muerte y la falta de salud, nunca haremos nada\u00bb (C 11,4). Por eso ella s\u00f3lo desea \u00abmorir o padecer\u00bb (V 40,20), actuando as\u00ed su propia muerte.<\/p>\n<p>As\u00ed interpreta la escatolog\u00eda actual la muerte cristiana: \u00abEsta es, en verdad, la muerte-acci\u00f3n, la muerte aceptada y querida libremente a lo largo de la existencia. Cuando llegue el instante mortal, no har\u00e1 m\u00e1s que verificar sensiblemente un hecho de vida actuado desde el bautismo en la esfera sacramental\u00bb (J. L. Ruiz de la Pe\u00f1a, o.c., p. 267).<\/p>\n<p>Las formas de actuar la muerte cristiana son aquellas que nos van configurando con el misterio pascual de Cristo. Dentro de la espiritualidad teresiana, adquieren especial relevancia: la mortificaci\u00f3n, que es la conformaci\u00f3n con la pasi\u00f3n del Se\u00f1or (C 13,2); la eucarist\u00eda, que es memorial de la muerte de Cristo, manifestaci\u00f3n sacramental de su entrega completa (C 33,4; R 26,1), y la meditaci\u00f3n de sus misterios, particularmente los de su pasi\u00f3n y muerte, \u00abde donde nos ha venido y viene todo bien\u00bb (V 13,13).<\/p>\n<p>El mejor comentario que cabe hacer a esta actuaci\u00f3n de la muerte, propuesta por la Santa en sinton\u00eda con san Pablo, es el que hace la misma escatolog\u00eda: \u00abPablo describe al cristiano como aquel que reproduce en su carne los misterios de la vida de Cristo. En \u00e9ste, la muerte ha sido el acto supremo de su historia temporal. As\u00ed pues, la asimilaci\u00f3n de tal acto en la propia existencia es la tarea sustantiva del cristiano desde el comienzo de la misma en el bautismo, que obra la inserci\u00f3n del hombre en Cristo y lo hace solidario de su muerte (Rom 6,3ss). El bautizado ya no ve en la muerte la angustiosa cesaci\u00f3n de su ser, sino la configuraci\u00f3n con su modelo y, por tanto, el acto que debe ser vivido con voluntad de entrega libre y amorosa, en la esperanza (adelantada por la fe) de la resurrecci\u00f3n. La muerte para \u00e9l no es pena, sino un conmorir con Cristo para conresucitar con \u00e9l\u00bb (J. L. Ruiz de la Pe\u00f1a, o.c., p. 266).<\/p>\n<p>BIBL. \u2013 Ciro Garc\u00eda, \u00abCor contritum et humiliatum, Deus, non despicies\u00bb: la \u00faltima confesi\u00f3n de Teresa de Jes\u00fas, MteCarm. 88 (1980), 565-575; Alfonso Ruiz, La muerte, ese obligado paso, ib, pp. 583-593.<\/p>\n<p>Ciro Garc\u00eda<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">Todos los derechos: <em>Diccionario Teresiano,<\/em> Gpo. Ed. FONTE<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El fin de la historia (el \u00e9schaton, en sentido real) acontece para cada ser humano en su muerte. 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