{"id":1879,"date":"2015-07-04T16:56:18","date_gmt":"2015-07-04T22:56:18","guid":{"rendered":"http:\/\/www.ocdmx.org\/?p=1879"},"modified":"2019-07-04T17:06:47","modified_gmt":"2019-07-04T23:06:47","slug":"hermosura","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=1879","title":{"rendered":"Hermosura"},"content":{"rendered":"<p>\u201cHermosura\u201d y \u201chermoso\/a\u201d son vocablos preferidos en el l\u00e9xico teresiano para designar la belleza, sea f\u00edsica, sea moral y espiritual. La Santa utiliza tambi\u00e9n otros: \u201cgracia\/gracioso\u201d, \u201cprimor\u201d, \u201clindo\u201d, etc., pero con mucha menos frecuencia. \u201cBonito\u201d en su l\u00e9xico no tiene la actual acepci\u00f3n de \u201cbello\/agradable\u201d, sino que se mantiene como diminutivo de \u201cbueno\u201d, en contraposici\u00f3n al superlativo \u201cbon\u00edsimo\u201d. Ella no conoce el t\u00e9rmino \u201cbelleza\u201d. S\u00f3lo en poes\u00eda usa el adjetivo \u201cbello\u201d (Po 8 y 23).<\/p>\n<p>Teresa posee fina sensibilidad est\u00e9tica, extensiva a toda la escala de la belleza. La encanta la belleza art\u00edstica. De modo especial la pict\u00f3rica y escult\u00f3rica. Le gustan los cuadros bellos y devotos, y no soporta las im\u00e1genes religiosas feas o deformes. Es capaz de gastar los \u00faltimos maraved\u00eds que le quedan, en adquirir un par de cuadros religiosos expuestos en un bazar de Toledo. Se abandona a la admiraci\u00f3n ante el famoso retablo de \u201clas Cinco Villas\u201d: \u201cyo no he visto cosa mejor\u201d (F 14, 9). Hace pintar numerosas im\u00e1genes para su pobre convento de San Jos\u00e9 de \u00c1vila, a veces en di\u00e1logo con el pintor para orientar el dibujo.<\/p>\n<p>Le gusta la m\u00fasica, hasta extasiarse oyendo a la hermana Isabel de Jes\u00fas cantar el \u201cV\u00e9ante mis ojos\u201d (R 15). Canto que le hace repetir en diversas ocasiones. Prueba de su fino gusto por la poes\u00eda es que, cuando conoce las liras del C\u00e1ntico Espiritual de fray Juan de la Cruz, las hace copiar, las lleva consigo al convento de Medina y \u201cpidi\u00f3 a las religiosas que se holgara se entretuviesen en ellas y las cantasen, y ans\u00ed se hizo, y desde entonces se han cantado y cantan\u201d (Memorias Histo\u00adriales, I, D. 202, p. 170).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>No es menos sensible a la belleza de la naturaleza, cosas y paisajes. Aspecto que podr\u00eda condensarse en su dicho acerca de cosas que la impactan, como \u201cver campo, agua, flores&#8230;\u201d (V 9,5). Repetido en otro pasaje \u00edntimo: \u201ccuando veo alguna cosa hermosa, rica, como agua, campos, flores, olores, m\u00fasicas&#8230;\u201d (R 1,11). En esa especie de arm\u00f3nico de cosas bellas, la que m\u00e1s sintoniza con su gusto est\u00e9tico es, sin duda, el agua. \u201cSoy tan amiga de este elemento, que le he mirado con m\u00e1s advertencia\u201d (M 4,2,2). As\u00ed, ha mirado \u201cel agua que est\u00e1 en un vaso, que si no le da el sol est\u00e1 muy clara\u201d (V 20,28). O bien, \u201cver un agua muy clara que corre sobre cristal y reverbera en ella el sol\u201d (V 28,5). \u201cDe una fuente muy clara lo son todos los arroyicos que salen de ella\u201d (M 1,2,2). \u201c&#8230;unas fontecicas que yo he visto manar, que nunca cesa de hacer movimiento la arena hacia arriba\u201d (V 30,19).<\/p>\n<p>T parece menos sensible hacia la belleza animal, hecha excepci\u00f3n de las aves, que abundan en su mundo simb\u00f3lico (\u00e1guilas, palomas, gavil\u00e1n, ave f\u00e9nix&#8230;), y que hacen su delicia en la contemplaci\u00f3n del paisaje. Cuenta una de sus compa\u00f1eras en el viaje a Andaluc\u00eda: \u201cAquel primer d\u00eda llegamos a la siesta en una hermosa floresta, de donde apenas pod\u00edamos sacar a nuestra Madre, porque con la diversidad de flores y canto de mil pajarillos, toda se deshac\u00eda en alabanzas de Dios\u201d (Mar\u00eda de san Jos\u00e9, Libro de recreaciones, Recr. 9).<\/p>\n<p>Con todo, Teresa ha sido, de por vida, mucho m\u00e1s sensible a la belleza humana: belleza f\u00edsica o espiritual de las personas. Desde la primera p\u00e1gina de Vida (1,2), repara en la belleza moral y f\u00edsica de su madre: do\u00f1a Beatriz \u201cera de grand\u00edsima honestidad\u201d y \u201cde harta hermosura\u201d. Todav\u00eda en el atardecer de su vida, a Teresa la encanta la belleza de las ni\u00f1as que excepcionalmente han entrado en sus Carmelos, Teresita e Isabelita. De la belleza infantil de esta \u00faltima trazar\u00e1 una deliciosa semblanza en carta a Mar\u00eda de san Jos\u00e9, para disfrute de \u00e9sta, que no tiene la suerte de conocer a Isabel (\u201cla mi Bela\u201d) y s\u00ed a Teresita (cta 175,6: del 9.1.1577).<\/p>\n<p>En el relato de Vida, ella misma confesar\u00e1, como uno de los excesos en que incurri\u00f3 largos a\u00f1os, incluso tras las primeras jornadas de experiencia m\u00edstica, el dejarse prendar por el porte de las personas bien parecidas o bien-hablantes (V 37, 4; cf 7,12).<\/p>\n<p>Con todo y tras ese recorrido por los derroteros de su sensibilidad est\u00e9tica, el dato absolutamente novedoso y excepcional es que, al entrar ella en la experiencia m\u00edstica, su sentido de la belleza se eleva a cotas dif\u00edcilmente mensurables. Es \u00e9ste uno de los aspectos coincidentes de su experiencia m\u00edstica con la de fray Juan de la Cruz: aun con variedad de matices, uno y otro captan m\u00edsticamente esa alta vibraci\u00f3n est\u00e9tica. De suerte que en ellos la experiencia m\u00edstica en cuanto tal no s\u00f3lo fluye como amor y conocimiento, sino como sentido y disfrute de la belleza. De la belleza trascendente y de toda otra belleza creatural, terrestre o celeste.<\/p>\n<p>De ah\u00ed brotar\u00e1 m\u00e1s de una vez la vena po\u00e9tica de ambos. Teresa compone su primer poema: \u201cOh Hermosura que exced\u00e9is \/ a todas las hermosuras&#8230;\u201d Y el Santo, al final del C\u00e1ntico: \u201cGoc\u00e9monos, Amado, \/ y v\u00e1monos a ver en tu hermosura \/ al monte y al collado&#8230;\u201d O bien todo el poema \u201cPor toda la hermosura \/ nunca yo me perder\u00e9&#8230;\u201d<\/p>\n<p>En la experiencia m\u00edstica de Teresa, el hecho m\u00e1s persistente, m\u00e1s determinante y documentado, es la fascinaci\u00f3n que en ella produce la Humanidad gloriosa de Jes\u00fas, \u201cHermosura que tiene en s\u00ed todas las hermosuras\u201d (C 22,6). \u201cEste Se\u00f1or&#8230; es la cosa m\u00e1s hermosa que se puede imaginar\u201d (C 26,3; cf M 6,7,5). Hermosura que es pura delicia: \u201cla m\u00e1s hermosa y de mayor deleite que podr\u00eda una persona imaginar, aunque viviese mil a\u00f1os\u201d (M 6, 9, 5).<\/p>\n<p>El sumo asombro est\u00e9tico de ella se inicia con las primeras visiones de la Humanidad de Jes\u00fas: por primera vez \u201cquiso el Se\u00f1or mostrarme solas las manos con tan grand\u00edsima hermosura, que no lo podr\u00eda yo encarecer&#8230; Sola la hermosura y blancura de una mano es sobre toda nuestra imaginaci\u00f3n\u201d (V 28, 1.11). \u201cParecer\u00e1 que no era menester mucho esfuerzo para ver unas manos y rostro tan hermoso. Sonlo tanto los cuerpos glorificados, que la gloria que trae consigo ver cosa tan sobrenatural hermosa desatina\u201d (28, 2). El efluvio de esa belleza del Se\u00f1or es tal, que sin la mediaci\u00f3n de \u201cun arrobamiento o \u00e9xtasis&#8230; ser\u00eda imposible sufrirla ning\u00fan sujeto\u201d (28,9). \u201cTan imprimida queda aquella majestad y hermosura, que no hay poderla olvidar\u201d (ib.). Y sigue, en ese mismo pasaje, una catarata de calificativos hiperb\u00f3licos que pugnan por traducir el impacto que en ella produjo ese primer encuentro con la belleza trascendente.<\/p>\n<p>A\u00f1os m\u00e1s tarde, ella misma har\u00e1 una especie de diagramaci\u00f3n de la curvatura producida en su sentido est\u00e9tico al pasar de la degustaci\u00f3n de \u201clas bellezas\u201d a la fascinaci\u00f3n de \u201cla Belleza\u201d trascendente. Lo escribe as\u00ed:<\/p>\n<p>\u201cDe ver a Cristo, me qued\u00f3 imprimida su grand\u00edsima hermosura, y la tengo hoy d\u00eda, porque para esto bastaba sola una vez, \u00a1cu\u00e1nto m\u00e1s tantas como el Se\u00f1or me hace esta merced!&#8230; \u2013 Despu\u00e9s que vi la gran hermosura del Se\u00f1or, no ve\u00eda a nadie que en su comparaci\u00f3n me pareciese bien, ni me ocupase (la memoria); que con poner un poco los ojos de la consideraci\u00f3n en la imagen que tengo en mi alma&#8230;, todo lo que veo me parece hace asco en comparaci\u00f3n de las excelencias y gracias que en este Se\u00f1or ve\u00eda&#8230; Y tengo por imposible&#8230; pod\u00e9rmela nadie ocupar de suerte que, con un poquito de tornarme a ocupar de este Se\u00f1or, no quede libre\u201d (V 37, 4).<\/p>\n<p>Es decir, que a la experiencia de la belleza trascendente \u2013hermosura de Cristo\u2013 no se le asigna un supremo pelda\u00f1o en la escala de la belleza, sino que se la sit\u00faa fuera de toda posible comparaci\u00f3n. (A los pasajes citados sobre la belleza de Cristo, habr\u00eda que a\u00f1adir el precioso texto sobre la belleza de la Virgen, percibida tambi\u00e9n m\u00edsticamente en una de las mariofan\u00edas m\u00e1s espl\u00e9ndidamente referidas por la Santa: V 33,14-15).<\/p>\n<p>Queda pendiente la pregunta: \u00bfen qu\u00e9 consiste o cu\u00e1les son los ingredientes de esa belleza trascendente, en la apreciaci\u00f3n y descripciones de Teresa? No es f\u00e1cil la respuesta. Como a otros sectores de su experiencia m\u00edstica, tambi\u00e9n a \u00e9ste lo sit\u00faa ella en la zona de lo inefable. Se limita a desglosar alguna que otra faceta. Comparando sus \u201cvisiones est\u00e9ticas\u201d con los cuadros del Greco, se ha apuntado al factor \u201cluz\/luminosidad\/resplandor\u201d de las descripciones de la Santa, para aproximarles la \u201cluz pict\u00f3rica\u201d de aqu\u00e9l. (Cf H. Hatzfeld, Estudios literarios sobre la m\u00edstica espa\u00f1ola. Madrid 1968: cap\u00edtulo 6\u00ba, \u201cTextos teresianos aplicados a la interpretaci\u00f3n del Greco\u201d, p. 243-276).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Es cierto que, seg\u00fan Teresa, las experiencias m\u00edsticas \u201cvisivas\u201d la introducen en una luz absolutamente nueva. Es \u201cuna luz, que sin ver luz, alumbra el entendimiento\u201d (V 27,3). \u201cExcede a todo lo que ac\u00e1 se puede imaginar, aun sola la blancura y resplandor. No es resplandor que deslumbre, sino una blancura suave, y el resplandor infuso, que da deleite grand\u00edsimo a la vista y no la cansa&#8230; Es una luz tan diferente de las de ac\u00e1, que parece una cosa deslustrada la claridad del sol&#8230;\u201d (28, 4-5). \u201cSola la hermosura y blancura de una mano es sobre toda nuestra imaginaci\u00f3n&#8230;\u201d (28, 11). \u201cPar\u00e9cele que toda junta ha estado en otra regi\u00f3n muy diferente de esta en que vivimos, adonde se le muestra otra luz tan diferente de la de ac\u00e1, que si toda su vida ella la estuviera fabricando&#8230;, fuera imposible alcanzarla\u201d (M 6, 5, 7; cf V 38, 2 y 33, 14-15).<\/p>\n<p>Luz, blancura, fulgor son, pues, \u00edndices lejanos de la belleza trascendente. Con todo, esa f\u00falgida irradiaci\u00f3n es s\u00f3lo una faceta de la belleza misma percibida y no descrita por Teresa.<\/p>\n<p>T. \u00c1lvarez<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">Todos los derechos: <em>Diccionario Teresiano<\/em>, Gpo. Ed. FONTE<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u201cHermosura\u201d y \u201chermoso\/a\u201d son vocablos preferidos en el l\u00e9xico teresiano para designar la belleza, sea f\u00edsica, sea moral y espiritual. 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