{"id":1931,"date":"2018-07-06T10:30:33","date_gmt":"2018-07-06T16:30:33","guid":{"rendered":"http:\/\/www.ocdmx.org\/?p=1931"},"modified":"2019-07-06T10:34:29","modified_gmt":"2019-07-06T16:34:29","slug":"amor","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=1931","title":{"rendered":"AMOR"},"content":{"rendered":"<h2>1. Antiguo Testamento<\/h2>\n<p>Aparece de diversas formas en la Biblia israelita, especialmente en los profetas del amor (como Oseas) y en el Cantar* de los Cantares, que ha desarrollado la antropolog\u00eda er\u00f3tica m\u00e1s importante de la historia de Occidente. Del amor de Dios, entendido como misericordia* universal, que se expresa y expande en el amor entre los hombres, hablan de manera intensa algunos libros del Antiguo Testamento y de un modo muy intenso el libro de la Sabidur\u00eda*. Pero s\u00f3lo el Nuevo Testamento ha desarrollado de un modo consecuente esa experiencia y exigencia creadora del amor (\u00e1gape), dirigido de un modo preferente, aunque no exclusivo, a los enemigos, como muestra el mensaje de Jes\u00fas y la teolog\u00eda de Pablo (Rom 12\u201314 y 1 Cor 13), que estudiaremos de un modo especial.<\/p>\n<p><em>Los t\u00e9rminos griegos del amor. <\/em>Las mejores distinciones antiguas sobre el amor se han hecho en griego y por eso evocaremos las palabras que emplean la Biblia griega y el Nuevo Testamento: eros, \u00e1gape y philia: (a) <em>Eros<\/em>. \u00c9ste es el t\u00e9rmino b\u00e1sico para el pensamiento griego, que entiende al amor como deseo y tendencia del hombre hacia aquello que le falta y puede completarle. El Nuevo Testamento utiliza esa palabra en el sentido de \u00abagradar\u00bb. As\u00ed dice que el baile de la hija de Herod\u00edas agrad\u00f3 a Herodes (Mc 6,22; Mt 14,6). Tambi\u00e9n dice que Cristo no busc\u00f3 su propio agrado (<em>ouk heaut\u00f4 \u00earesen<\/em>), sino que acept\u00f3 los sufrimientos que le impusieron los otros (Rom 15,3). (b) <em>\u00c1gape<\/em>. La terminolog\u00eda vinculada al \u00e1gape constituye la mayor novedad del Nuevo Testamento en este campo. \u00c1gape significa b\u00e1sicamente el amor desinteresado y creador, el amor del que no se busca a s\u00ed mismo, sino que ofrece su vida a los dem\u00e1s. Ciertamente, el \u00e1gape puede tener un sentido m\u00e1s neutro, de amor en general (como en Lc 7,5), pero en la mayor\u00eda de los casos se utiliza para expresar el sentimiento y gesto intensamente cristiano del amor de gratuidad, aplicado a los diversos campos de la vida. As\u00ed se habla del \u00e1gape en el amor a Dios (Mc 12,30) y en el amor al enemigo (Mt 5,44; Lc 6,27). \u00c9ste es el amor al que Pablo ha dedicado su canto (1 Cor 13), el amor que Dios nos ha mostrado, envi\u00e1ndonos a su propio Hijo como salvador (Jn 3,16), el amor que el mismo Jes\u00fas mostr\u00f3 al hombre que quer\u00eda alcanzar la vida eterna (Jes\u00fas, mir\u00e1ndole, le am\u00f3: <em>\u00eagap\u00easen auton, <\/em>Mc 10,21). S\u00f3lo este amor gratuito y creador libera a los pobres y hace posible el seguimiento mesi\u00e1nico. Jes\u00fas no impone una ley, no acude al mandamiento. M\u00e1s all\u00e1 de la ley, desde la total libertad del amor, invita al hombre que quiere alcanzar la vida eterna, dici\u00e9ndole que le siga. A pesar de eso, el hombre no acoge la mirada de amor de Jes\u00fas, no se deja transformar por \u00e9l, no le responde con amor. Calcula sus bienes y se marcha, porque es rico. No se ha dejado transformar por el amor mesi\u00e1nico. (c) <em>Philia, amistad. <\/em>Ciertamente, el amor mutuo es \u00e1gape, como dice Jes\u00fas cuando pide a los suyos \u00abque os am\u00e9is los unos a los otros, as\u00ed como yo os he amado, pues nadie tiene un amor m\u00e1s grande que aquel que da la vida por sus amigos\u00bb (Jn 15,12-13). Les dice que se amen (con \u00e1gape) y habla del \u00e1gape como amor mutuo. Pero despu\u00e9s al referirse a sus amigos les llama <em>philoi<\/em>, a\u00f1adiendo que los disc\u00edpulos ser\u00e1n \u00abamigos suyos\u00bb (<em>philoi mou<\/em>) si escuchan y cumplen su palabra, viviendo en amor (Jn 15,14). Desde esa base a\u00f1ade la palabra clave del amor cristiano: \u00abYa no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo; yo os llamo amigos, porque os he dicho (= os he dado) todo lo que yo he recibido (= he escuchado) del Padre\u00bb (Jn 15,15). Los hombres no son siervos (<em>douloi<\/em>), sino libres porque son amados y pueden amarse en amistad (<em>philia<\/em>), siendo amigos los unos de los otros. En este contexto puede hablarse del amor entre el Padre y el Hijo (Jn 5,20; 16,27) y del amor que los hombres deben tener a Jes\u00fas (1 Cor 16,22). Llegando al final, el \u00e1gape (que es amor de donaci\u00f3n y gratuidad) se identifica con la <em>philia<\/em>, que es el amor de amistad. En ese contexto se entiende el bell\u00edsimo juego de palabras del final del evangelio de Juan, donde Jes\u00fas le pregunta a Pedro por dos veces si le ama con amor de \u00e1gape (<em>agap\u00e1s me?<\/em>: Jn 21,1516), pero la tercera vez le pregunta si le ama con amor de <em>philia <\/em>(<em>phil\u00e9is me?<\/em>: Jn 21,17), ofreci\u00e9ndole el encargo de apacentar las ovejas de Jes\u00fas.<\/p>\n<p><em>Dios, un amor: Amar\u00e1s a Yahv\u00e9 tu Dios<\/em>&#8230; Una religi\u00f3n como la del Antiguo Testamento consta de muchos elementos sacrificiales y sociales, legales y festivos. En el centro de la fe israelita est\u00e1 la confesi\u00f3n* del <em>shem\u00e1<\/em>, que ha seguido marcando hasta hoy la religi\u00f3n de los jud\u00edos y de los cristianos. \u00c9stas son las palabras centrales de la Biblia israelita: \u00abEscucha, Israel: Yahv\u00e9, nuestro Dios, es Yahv\u00e9 (Dios) \u00danico. Amar\u00e1s a Yahv\u00e9, tu Dios, con todo tu coraz\u00f3n, con toda tu alma y con todas tus fuerzas. Estas palabras que yo te mando estar\u00e1n en tu coraz\u00f3n. Las repetir\u00e1s a tus hijos y las dir\u00e1s sentado en casa o haciendo camino, cuando te acuestes y cuando te levantes&#8230;\u00bb (Dt 6,4-7). Israel ha sido un pueblo de leyes que han ido fijando su identidad, desde el dodec\u00e1logo* de Siquem (en torno al siglo IX a.C.) hasta la Misn\u00e1* (siglos II-III d.C.). Pues bien, en el fondo de todas ellas emerge esta ley del <em>shem\u00e1<\/em>, como la m\u00e1s importante. M\u00e1s que ley coactiva, \u00e9sta es una experiencia gozosa de llamada (\u00a1escucha!) y de invitaci\u00f3n al amor (\u00a1amar\u00e1s!). El Dios que aparece en este mandamiento originario no necesita nombres o adjetivos especiales (padre o madre, hijo o esposo&#8230;), sino que se presenta simplemente como Yahv\u00e9, manifest\u00e1ndose como Amor total que llama (escoge) de un modo gratuito y de esa forma suscita y fundamenta la vida de los hombres. Ciertamente, ese Dios sigue siendo el misterioso Se\u00f1or de la experiencia de la zarza ardiente (El que Es: Ex 3,14), pero aqu\u00ed aparece m\u00e1s bien como el que ama y pide amor. Este Yahv\u00e9 Amor, a quien Israel ha descubierto y reconocido sobre todas las cosas, es Unidad suprema, fuente de vida que se expresa y expande en el coraz\u00f3n (afecto), en la mente (pensamiento) y en la acci\u00f3n (vida entera) de sus fieles, por encima de todas las restantes distinciones nacionales o sociales. \u00c9ste es el Dios de la experiencia liberadora, que se expresa a trav\u00e9s de los restantes mandamientos: \u00abYo soy Yahv\u00e9, que te saqu\u00e9 de Egipto\u00bb (cf. Ex 20,2; Dt 5,6), pero en el fondo de todos ellos se expresa y despliega como amor. As\u00ed lo ha sabido y ratificado Jes\u00fas, jud\u00edo entre jud\u00edos (cf. Mc 12,28-34). \u00c9ste es el Dios a quien la tradici\u00f3n israelita ha visto como \u00abDios compasivo y clemente, lento a la ira y rico en misericordia y lealtad, misericordioso hasta la mil\u00e9sima generaci\u00f3n, que perdona culpa, delito y pecado&#8230;\u00bb (Ex 34,6-7). \u00c9ste es el Dios del amor para los israelitas, Dios que ellos han querido testimoniar ante todos los pueblos.<\/p>\n<p><em>Dios y el pr\u00f3jimo: dos amores <\/em>(confesi\u00f3n de fe*). Cuando le preguntan por el mandamiento m\u00e1s importante de la Ley, Jes\u00fas, con buena parte de la tradici\u00f3n jud\u00eda, cita el <em>shem\u00e1<\/em>*, pero a\u00f1ade el mandato de Lv 19,18: \u00abAmar\u00e1s a tu pr\u00f3jimo como a ti mismo\u00bb (Mc 12,28-34). La novedad de Jes\u00fas est\u00e1 en su insistencia en el t\u00e9rmino com\u00fan amar\u00e1s (en griego <em>agap\u00easeis, <\/em>en hebreo <em>\u2018ahabta<\/em>) de Dt 6,5 y Lv 19,18, uniendo los dos mandamientos (amores) y diciendo que no hay otro mayor que ellos. Los dos forman un solo mandamiento: son aquello que el escriba llamaba el primero de todos (<em>pr\u00f4te pant\u00f4n <\/em>de Mc 12,28). Quiz\u00e1 pudi\u00e9ramos decir que en el principio est\u00e1 la dualidad: la relaci\u00f3n con Dios se vuelve relaci\u00f3n con el pr\u00f3jimo, es decir, de persona con persona. Se vinculan de modo profundo mi yo y el yo del otro, de modo que no pueden separarse. \u00c9ste es el lugar de la genealog\u00eda radical de la existencia humana: Dios mismo suscita el yo del hombre, como ser capaz de amarle; pero, al lado de Dios y con Dios, emerge el otro (el pr\u00f3jimo), de manera que la dimensi\u00f3n vertical del amor recibido (\u00a1escucha!) se vuelve relaci\u00f3n horizontal del amor compartido. En el lugar donde estaba el amor previo de Dios, y para confirmarlo, viene ahora a expresarse el amor al otro, es decir, al hombre concreto, hombre o mujer, que est\u00e1 a nuestro lado. En el Lev\u00edtico, ese pr\u00f3jimo es el hermano o miembro del propio pueblo israelita; pero, en un sentido m\u00e1s extenso, es tambi\u00e9n el pobre y extranjero, es decir, el que rompe las fronteras resguardadas de la propia comunidad (cf. Lv 19,10 y en especial Dt 10,19), como ver\u00e1 el Jes\u00fas de Lucas cuando cuenta en ese contexto la par\u00e1bola del buen samaritano (Lc 10,30-37). Entre el amor a Dios y al pr\u00f3jimo hay una relaci\u00f3n que todo el Nuevo Testamento se esforzar\u00e1 por explicitar, desde el anuncio del Reino de Jes\u00fas y la experiencia eclesial de la pascua.<\/p>\n<p><em>Dios Sabidur\u00eda, esposa amada<\/em>. La tradici\u00f3n israelita (cf. Prov 8; Eclo 24) ha presentado a Dios como Dama Sabidur\u00eda*, mujer amante que se sit\u00faa en la puerta de su casa, tocando su m\u00fasica, invitando con amor a los que pasan. El libro de la Sabidur\u00eda contiene la respuesta positiva de Salom\u00f3n, rey sabio y signo de todos los verdaderos israelitas que escuchan su llamada y la desean, emocionados: \u00abA ella la quise y la busqu\u00e9 desde muchacho, intentando hacerla mi esposa, convirti\u00e9ndome en enamorado de su hermosura. Al estar unida (<em>symbi\u00f4sis<\/em>) con Dios, ella muestra su nobleza, porque el due\u00f1o de todo la ama&#8230; Por eso decid\u00ed unirme con ella, seguro de que ser\u00eda mi compa\u00f1era en los bienes, mi alivio en la pesadumbre y en la tristeza\u00bb (Sab 8,1\u20132,9). La vida entera se define, seg\u00fan esto, como proceso afectivo. Est\u00e1 en el fondo el simbolismo del Banquete de Plat\u00f3n, con el ascenso amoroso hacia las fuentes de toda realidad (el Bien Supremo). Pero hay una diferencia: el entusiasmo divino parece que lleva a los plat\u00f3nicos m\u00e1s all\u00e1 del mundo; por el contrario, Salom\u00f3n enamorado se introduce dentro de este mundo. Pero no se debe exagerar la diferencia. El sabio de la Rep\u00fablica plat\u00f3nica, transformado por la sabidur\u00eda del amor, puede gobernar con justicia a los humanos. El Rey israelita, enamorado desde joven de la sabidur\u00eda superior, descubre en ella su gozo (disfruta) y gobierna con su ayuda. El var\u00f3n\/mujer perfecto no es aquel que se clausura en un ejercicio contemplativo, aislado de este mundo. El verdadero amante de la Sabidur\u00eda sale al mundo, escucha el misterio de la realidad y deja que ella le emocione, le d\u00e9 fuerza, le transforme. Al llegar aqu\u00ed reciben su sentido los rasgos filos\u00f3ficos con los que se describe a la Sabidur\u00eda en Sab 7,22-28: ella es efluvio del poder divino, emanaci\u00f3n de la gloria de Dios&#8230; Descubrimos as\u00ed que ella es el mismo Dios en cuanto amable; hay en nuestro coraz\u00f3n un gran vac\u00edo: estamos hechos para Dios, a \u00e9l buscamos en camino amoroso. Desde ah\u00ed se puede entender el tema del amor en el Nuevo Testamento.<\/p>\n<p>Cf. W. EICHRODT, <em>Teolog\u00eda del Antiguo Testamento <\/em>I-II, Cristiandad, Madrid 1975; D. PREUSS, <em>Teolog\u00eda del Antiguo Testamento <\/em>III<em>, <\/em>Descl\u00e9e de Brouwer, Bilbao 1999; C. SPICQ, <em>Agap\u00e9 en el Nuevo Testamento<\/em>, Cares, Madrid 1977; P. VAN IMSCHOOT, <em>Teolog\u00eda del Antiguo Testamento, <\/em>Fax, Madrid 1969.<\/p>\n<h2>2. Pablo: 1 Cor 13<\/h2>\n<p>(<em>gracia, perd\u00f3n, juicio, Pablo<\/em>). El amor constituye el tema central del Nuevo Testamento, que podemos interpretar como revelaci\u00f3n del ser de Dios en Cristo: \u00abTanto am\u00f3 Dios al mundo que le ha dado a su Hijo unig\u00e9nito, para que no se pierda, sino que tenga vida eterna\u00bb (Jn 3,13-17). Tratar del amor es tratar de todo el Nuevo Testamento, partiendo del Serm\u00f3n de la Monta\u00f1a (Mt 5\u20137; Lc 6,20-45) hasta el Apocalipsis (Ap 21\u201322). Por eso hemos introducido el tema en diversas entradas: gracia, perd\u00f3n, juicio, etc. Aqu\u00ed, de forma unitaria, trataremos de las falacias, cualidades y permanencia del amor, tal como ha sido evocado por Pablo en 1 Cor 13, que ha partido, sin duda, de unos motivos anteriores, que \u00e9l ha encontrado y desarrollado dentro de su Iglesia.<\/p>\n<p><em>Falacias o riesgos del amor. <\/em>El amor es lo m\u00e1s grande, lo m\u00e1s fuerte. Pero es tambi\u00e9n lo m\u00e1s fr\u00e1gil, de forma que puede convertirse en principio de enga\u00f1o. En esa l\u00ednea, en la primera parte de su canto al amor (1 Cor 13), Pablo desarrolla los tres posibles enga\u00f1os de un amor aparente, que toma en la Iglesia \u00abformas de bondad\u00bb o de grandeza para enga\u00f1ar mejor a los hombres. (a) <em>Si hablara las lenguas de los hombres y de los \u00e1nge<\/em>les (1 Cor 13,1). La primera ideolog\u00eda o falsedad del amor est\u00e1 vinculada a una perfecci\u00f3n m\u00edstica, que se autodeclara importante, pero que es s\u00f3lo palabra vac\u00eda, propia de aquellos que dicen conocer y hablar las lenguas de los hombres (en plano de mundo) y de los \u00e1ngeles (en plano de perfecci\u00f3n espiritual), pero sin amar a los dem\u00e1s. \u00c9stos son los que todo lo hablan, dominando lenguajes, con apariencia de verdad m\u00e1s alta, para sentirse perfectos e imponerse sobre los dem\u00e1s, pobres hombres de la baja tierra. Estos hablantes de lenguas son hombres y mujeres \u00abpoderosos\u00bb, en l\u00ednea individual o social. Pablo no niega ni discute sus capacidades, pero dir\u00eda que ellas pueden alcanzarse con medios psicol\u00f3gicos o parapsicol\u00f3gicos (de penetraci\u00f3n mental), poni\u00e9ndose al servicio de la destrucci\u00f3n humana (diab\u00f3lica). En nuestro tiempo se podr\u00eda decir que esos hombres que todo lo hablan controlan las redes inform\u00e1ticas y los grandes canales de propaganda, como si fueran due\u00f1os de la palabra universal, y en alg\u00fan sentido lo son: la voz de sus falsas campanas parece la \u00fanica que ta\u00f1e en el mundo. Pero en realidad est\u00e1n vac\u00edos, son como metal que suena sin contenido humano, o con el contenido de la violencia dominadora (del bronce de campana hecho ca\u00f1\u00f3n para la guerra). (b) <em>Y si yo tuviera profec\u00eda<\/em>&#8230; (1 Cor 13,2). Posiblemente, esta segunda unidad trataba, en principio, s\u00f3lo de la profec\u00eda, pues de ella y de las lenguas en la Iglesia se ocupa todo el cap\u00edtulo siguiente de la carta (1 Cor 14), pero el texto actual distingue y vincula profec\u00eda, gnosis y fe posesiva. (1) \u00abSi yo tuviera profec\u00eda&#8230;\u00bb. En sentido externo, la profec\u00eda es algo que se tiene, como cualidad que se posee, sin que ella se identifique con la propia persona. Por eso, se puede afirmar que aquellos que tienen profec\u00eda y no aman est\u00e1n vac\u00edos, son como una simple voz ambulante, pura m\u00e1scara sin interioridad. (2) \u00abY si yo viera todos los misterios y toda la gnosis&#8230;\u00bb. La profec\u00eda, especialmente en los apocal\u00edpticos (como en los libros de Daniel* o Henoc), est\u00e1 llena de visiones y revelaciones, de tal forma que, en tiempos de Jes\u00fas, se tomaba a los profetas como videntes que penetraban en los misterios (del fin de los tiempos) y en la gnosis (conocimiento del Dios escondido). Pues bien, Pablo se considera vidente y gn\u00f3stico, pues ha visto a Jes\u00fas resucitado (cf. 1 Cor 15,3-7) y ha sido raptado al tercer cielo, donde ha contemplado y escuchado cosas indecibles (2 Cor 2,1-11). Pero, al mismo tiempo, sabe que una visi\u00f3n sin amor es nada o menos que nada, es mentira. (3) \u00abSi yo tuviera fe hasta para trasladar monta\u00f1as&#8230;\u00bb. Esta fe que \u00abse tiene\u00bb y de la que uno puede estar orgulloso (cf. tambi\u00e9n 1 Cor 12,9), entendida como capacidad de hacer cosas milagrosas (mover monta\u00f1as: cf. Mt 17,20 par), puede vaciarse de s\u00ed misma, convirti\u00e9ndose en m\u00e1scara externa sin amor, como sabe el mismo Evangelio (cf. Mt 7,22); la verdadera fe como experiencia de gratuidad en el amor es para Pablo una cosa distinta (cf. Rom 1,17; 5,1; Gal 2,16). (c) <em>Y si yo repartiera todos mis bienes<\/em>&#8230; (1 Cor 13,3). De las lenguas (m\u00edstica) y de la profec\u00eda (visiones, gnosis, milagros) pasamos al nivel de la comunicaci\u00f3n econ\u00f3mico-personal. Muchos piensan que las cosas se arreglan con dinero y en parte tienen raz\u00f3n, como la misma Biblia sabe cuando pide que demos a los pobres aquello que tenemos, para que as\u00ed puedan saciar sus necesidades (cf. Mc 10,17-22; Mt 25,31-46). Pero el simple \u00abdar\u00bb material no es suficiente, como matiza, por ejemplo, el relato de las tentaciones de Jes\u00fas (Mt 4; Lc 4). En esa l\u00ednea se sit\u00faa este pasaje, cuando habla de un enga\u00f1o de los que s\u00f3lo dan dinero, pues se buscan a s\u00ed mismos al hacerlo, y de un enga\u00f1o del martirio de aquellos que convierten su entrega en un medio de imposici\u00f3n sobre los otros. \u00c9ste es el lugar de la patolog\u00eda del amor, el lugar del enga\u00f1o supremo de los que parecen emplear medios mejores y m\u00e1s desprendidos (costosos) para imponerse sobre los otros.<\/p>\n<p><em>Cualidades del amor<\/em>. En contra de las falacias (1 Cor 13,1-3), eleva luego Pablo (1 Cor 13,4-7) un canto al amor (\u00e1gape), como experiencia de gratuidad y comuni\u00f3n de Dios que vincula a los hombres de un modo interior (en la comunidad eclesial) y exterior (en apertura hacia los dem\u00e1s). Pablo no habla aqu\u00ed de una pura emoci\u00f3n sentimental, ni de un poder de unidad er\u00f3tico-filos\u00f3fica (como Plat\u00f3n en su Banquete), ni de la vinculaci\u00f3n legal de un grupo de personas (como en cierto juda\u00edsmo), sino de la experiencia radical de Dios en la vida de los hombres que se aman simplemente como humanos. \u00c9stos son sus rasgos: (a) <em>El amor tiene gran \u00e1nimo, el amor es bondadoso <\/em>(1 Cor 13,4). En griego se dice <em>makro-thymei<\/em>, es decir, tiene un gran <em>thymos <\/em>o \u00e1nimo. Algunas traducciones prefieren decir que es paciente, en el sentido de capaz de aguantar y mantenerse. Ambos matices, el m\u00e1s activo (animoso, long\u00e1nime) y el m\u00e1s receptivo (paciente), son apropiados y expresan la capacidad de aguante y la potencia creadora del amor, que permanecen firmes all\u00ed donde todas las restantes cualidades fallan o se acaban. En ese sentido se a\u00f1ade que es bondadoso (<em>khr\u00easteuetai<\/em>), con el matiz de \u00fatil: aquello que siempre sirve y siempre vale. (b) <em>No tiene envidia, no se jacta, no es engr\u00ede <\/em>(1 Cor 13,4). De las notas positivas (es animoso, bondadoso) pasa el canto a las negativas, que nos ir\u00e1n acompa\u00f1ando desde ahora, pues del amor decimos mejor lo que no es que lo que es. La primera dificultad que el amor debe superar es la envidia (<em>zelos<\/em>), aquella actitud o vicio que nos lleva a enfrentarnos a los otros para destruirles (pues sentimos que nos impiden ser) o para utilizarles, poni\u00e9ndoles bajo nuestro dominio. Frente a la envidia est\u00e1 el descubrimiento gozoso del otro en cuanto distinto, el gozo de que el otro sea, de que viva, de que triunfe. En este sentido, el amor nos capacita para salir de nosotros mismos, transformando la envidia mim\u00e9tica (que es vivir a costa de los otros, dependiendo de ellos o luchando contra ellos) en comuni\u00f3n gratuita. Por eso, el que ama no se jacta ni engr\u00ede, es decir, no se encierra en s\u00ed mismo, para imponerse a los dem\u00e1s, en actitud de miedo perpetuo (tengo que elevarme sobre los dem\u00e1s para sentirme seguro), sino que al gozarse en los otros descubre tambi\u00e9n su propio valor y no tiene que luchar por conseguirlo ni imponerse. (c) <em>No se porta sin decoro, no busca su propio provecho <\/em>(1 Cor 13,5). Portarse indecorosamente se dice en griego <em>a-skh\u00eamonein, <\/em>romper el <em>skh\u00eama <\/em>o forma apropiada de existencia, quebrar el equilibrio de la vida, romper una armon\u00eda que nos permite convivir. Eso significa que el amor vincula, traza puentes, de manera que ofrece a cada uno un lugar en la vida, un espacio decoroso y digno, en humanidad, distinto para cada uno, apropiado para todos. El <em>skh\u00eama <\/em>(= esquema o decoro) del amor puede resultar diverso en las diversas circunstancias, de manera que lo que en un momento o contexto parece decoroso (que las mujeres vayan veladas: cf. 1 Cor 10,1-16) resulta indecoroso en otros. Hay, sin embargo, un decoro fundamental, que se expresa en la segunda parte del texto: \u00abel amor no busca su provecho propio\u00bb. \u00c9sta es la melod\u00eda firme, \u00e9sta es la base del amor: que cada uno busque el bien de los otros, no el propio; que piense, sin cesar, en lo que al otro le conviene, no seg\u00fan el esquema del que ama, sino seg\u00fan el del amado. Para eso es necesario que el amor dialogue, que dialoguemos en igualdad, escuch\u00e1ndonos unos a los otros, para as\u00ed conocer lo que nos piden o quieren de nosotros. (d) <em>No se irrita, no piensa en el mal <\/em>(1 Cor 13,5). En el caso anterior se supone que hay un orden o decoro, que se expresa all\u00ed donde cada uno busca el bien ajeno. Ahora se supone que la vida de los hombres se encuentra amenazada por una gran irritaci\u00f3n o paroxismo de violencia, para la que s\u00f3lo existe un remedio: el amor que se expresa y mantiene en forma de concordia (el amor que lleva al gozo y la paz: Gal 5,22). S\u00f3lo en este contexto se puede a\u00f1adir: \u00abno piensa en el mal\u00bb, no toma en cuenta el mal que le hacen. Esta formulaci\u00f3n nos lleva al centro del Serm\u00f3n de la Monta\u00f1a, donde Jes\u00fas ped\u00eda a los suyos que no respondieran al mal con lo malo, sino que perdonaran a los enemigos (Lc 7,27-36). As\u00ed lo ha dicho el mismo Pablo en Rom 12,17, al proclamar el perd\u00f3n que nace del amor y que supera la violencia con la paz interior (no se irrita), renunciando a responder a la violencia con violencia. (e) <em>No se alegra de la injusticia, sino que se alegra con la verdad <\/em>(1 Cor 13,6). Al lado de la envidia, con la falta de decoro y la irritaci\u00f3n anterior, se eleva ahora la injusticia, como riesgo b\u00e1sico de un mundo amenazado por la mentira y por la lucha de todos contra todos. Injusticia (<em>a-dikia<\/em>) es aquello que va en contra de la <em>dikaiosyne, <\/em>tanto en el sentido griego (orden social), como en el b\u00edblico (acci\u00f3n salvadora y gratuita de Dios). Alegrarse en la injusticia significa asumir la maldad de los hombres y aprovecharse de ella, para provecho propio. Frente a eso est\u00e1 la alegr\u00eda por la verdad, entendida como gozo m\u00e1s alto del amor. Lo opuesto a la injusticia no es sin m\u00e1s la justicia, sino la verdad o fidelidad de Dios, que se muestra divino al amar, fundando as\u00ed la m\u00e1s alta alegr\u00eda. (f) <em>Todo lo cubre, todo lo cree, todo lo espera <\/em>(1 Cor 13,7). Igual que un tejado cubre la casa y permite que sus habitantes vivan al resguardo de viento y lluvia, as\u00ed el amor resguarda y cubre a los amantes de un modo total y para siempre. El amor es esa cobertura de Dios que mantiene protegida nuestra vida, libre de la irritaci\u00f3n y la tormenta de los tiempos, en fe y en esperanza. Por eso se a\u00f1ade que el mismo amor \u00ablo cree todo, todo lo espera\u00bb. Fe y esperanza son aqu\u00ed expansiones del amor, porque s\u00f3lo el amor es capaz de confiar siempre (de ponerse en manos de Dios, estando en manos de los otros) y de mantenerse a la espera, sabiendo que la vida es camino de Dios. (g) <em>Siempre permanece <\/em>(1 Cor 13,7). Al decir que permanece (<em>hypomenei<\/em>) no se quiere indicar que aguanta simplemente de un modo pasivo, sino que se mantiene firme, de manera activa, en todo tiempo y lugar (en el doble sentido de la palabra <em>panta<\/em>). Quiz\u00e1 pudi\u00e9ramos a\u00f1adir que el mismo amor es paciencia creadora, dando a esa palabra el sentido que recibe en el Apocalipsis (cf. <em>hypomon\u00ea<\/em>: Ap 1,9; 13,10; 14,12): en medio de la gran lucha de la historia permanece y triunfa la paciencia del amor que es Dios y que se revela en los creyentes, es decir, en aquellos que son fieles al Cordero sacrificado. Pero en 1 Cor 13 Pablo no habla del Cordero-Cristo, ni de otros motivos confesionales cristianos, sino de amor universal, abierto a la humanidad en cuanto tal, un amor que siempre permanece. Las realidades del mundo cambian, todas se acaban y mueren. S\u00f3lo la paciencia activa queda, como presencia y permanencia de un amor que todo lo cubre, lo cree y lo espera, superando as\u00ed el desgaste del tiempo y revelando en medio de esta vida de enga\u00f1os el rostro verdadero del hombre (es decir, el mismo ser divino).<\/p>\n<p><em>Permanencia del amor<\/em>. El canto de 1 Cor 13,4-7 terminaba diciendo que el amor lo cubre todo (como tejado firme que cobija lo que est\u00e1 bajo su amparo) y siempre permanece (porque tiene el poder de la paciencia duradera). El nuevo pasaje (1 Cor 13,8-13) retoma ese motivo, para desarrollarlo de un modo aclaratorio. Por eso empieza con una frase program\u00e1tica, que condensa lo anterior e inicia lo que sigue: el amor nunca cae (1 Cor 13,8). Las realidades de este mundo se derrumban, todas caen con el tiempo (por ser tiempo), como sabe la tradici\u00f3n apocal\u00edptica cuando anuncia la cat\u00e1strofe del fin del mundo (Mc 13,25: \u00ablos astros del cielo caer\u00e1n&#8230;\u00bb). Mueren las culturas, acaban los estados, perecen las personas. Pues bien, en este trance de gran acabamiento en el que muchos repiten el dicho popular de \u00abcomamos y bebamos que ma\u00f1ana moriremos\u00bb (cf. 1 Cor 15,32), se eleva nuestro texto y dice: el amor nunca cae. Esta permanencia define la antropolog\u00eda escatol\u00f3gica de Pablo (1 Cor 15) y se expresa aqu\u00ed en cuatro partes. (a) <em>De la profec\u00eda imperfecta al conocimiento pleno<\/em>: \u00abLa profec\u00eda desaparecer\u00e1, las lenguas cesar\u00e1n, la gnosis desaparecer\u00e1. Pues s\u00f3lo conocemos en parte y s\u00f3lo en parte profetizamos; pero cuando llegue lo perfecto desaparecer\u00e1 lo que es parcial\u00bb (1 Cor 13,8-10). Don de lenguas, gnosis y profec\u00eda expresan un conocimiento inicial y parcial, son signo de un mundo tanteante que busca la plenitud (lo que es <em>teleion<\/em>). Pues bien, esa perfecci\u00f3n, a la que aspira el cosmos (cf. Rom 8,8-25), se identifica en el fondo con el amor; por eso, cuando llegue el amor pleno, cesar\u00e1 todo lo restante. (b) <em>El ni\u00f1o y el adulto<\/em>: \u00abCuando era ni\u00f1o hablaba como ni\u00f1o, sent\u00eda como ni\u00f1o, razonaba como un ni\u00f1o. Pero cuando me hice adulto abandon\u00e9 lo que era de ni\u00f1o\u00bb (1 Cor 13,11). Los evangelios sin\u00f3pticos han dado al ni\u00f1o un valor y estatuto religioso, haci\u00e9ndolo signo del reino de Dios (cf. Mc 9,33-37; 10,13-16). Pablo, en cambio, le mira aqu\u00ed de otra manera: el ni\u00f1o es heredero de los bienes del padre, pero mientras sea menor de edad se encuentra sometido a los poderes de este mundo, que son como administradores y ayos, que organizan y resuelven los asuntos en su nombre; s\u00f3lo cuando alcance la mayor\u00eda de edad el ni\u00f1o podr\u00e1 ser due\u00f1o de s\u00ed mismo y decir \u00a1padre!, en libertad de amor (Gal 4,1-7). Profec\u00eda, don de lenguas y gnosis son experiencia y tanteo de ni\u00f1os que a\u00fan no han crecido y no viven del todo, porque est\u00e1n bajo la ilusi\u00f3n de su conocimiento parcial, bajo el dominio de los mayores. El amor, en cambio, se interpreta como expresi\u00f3n de edad adulta, descubrimiento y cultivo de la libertad al servicio de la vida. (c) <em>El espejo y la realidad<\/em>: \u00abAhora vemos por un espejo, en enigma, entonces, en cambio, veremos cara a cara. Ahora conozco parcialmente, entonces conocer\u00e9 como he sido conocido\u00bb (1 Cor 13,12-13). El ahora, tiempo de este mundo (que antes se hallaba definido por la profec\u00eda y el don de lenguas, con un conocimiento imperfecto), aparece aqu\u00ed simbolizado por la imagen de un espejo borroso, que no nos permite descubrir el sentido m\u00e1s hondo de la realidad, de manera que s\u00f3lo vemos im\u00e1genes confusas, enigm\u00e1ticas, que nos obligan a ir adivinando la verdad m\u00e1s honda. Parecemos as\u00ed condenados a un conocimiento parcial, como ni\u00f1os que quieren ser grandes un d\u00eda y conocer lo que ha sido y ser\u00e1, para volverse due\u00f1os de s\u00ed mismos. Pues bien, en medio de este mundo enigm\u00e1tico tenemos una seguridad superior, algo que es firme, la certeza del amor, que es anticipo del futuro, comienzo de para\u00edso. El amor abre, por tanto, la puerta del cielo, anunci\u00e1ndonos la llegada de un tiempo en que veremos cara a cara, conoceremos como somos conocidos&#8230; \u00abVeremos cara a cara\u00bb, \u00abconoceremos como somos conocidos\u00bb, es decir, veremos a Dios como \u00e9l nos ve, penetraremos en el misterio de su entendimiento total, que es comuni\u00f3n de amor. \u00c9sta es la experiencia y esperanza del amor completo de las bodas finales de Ap 21\u201322.<\/p>\n<p>Cf. A. NYGREN, <em>Eros y \u00c1gape. La idea cristiana del amor y sus transformaciones<\/em>, Sagitario, Barcelona 1969; R. SCHNACKENBURG, <em>Mensaje moral del Nuevo Testamento, <\/em>Herder, Barcelona 1989; W. SCHRAGE, <em>\u00c9tica del Nuevo Testamento<\/em>, S\u00edgueme, Salamanca 1987; X. PIKAZA, <em>Palabras de amor, <\/em>Descl\u00e9e de Brouwer, Bilbao 2006; C. SPICQ, <em>Teolog\u00eda moral del Nuevo Testamento <\/em>I-II, Eunsa, Pamplona 1970-1973; <em>Agap\u00e9 en el Nuevo Testamento<\/em>, Cares, Madrid 1977.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">Todos los derechos: <em>Diccionario de la Biblia, historia y palabra<\/em>, X. Pikaza<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>1. Antiguo Testamento Aparece de diversas formas en la Biblia israelita, especialmente en los profetas del amor (como Oseas) y en el Cantar* de los Cantares, que ha desarrollado la antropolog\u00eda er\u00f3tica m\u00e1s importante de la historia de Occidente. Del &hellip; <a href=\"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=1931\">Sigue leyendo <span class=\"meta-nav\">&rarr;<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_jetpack_newsletter_access":""},"categories":[15],"tags":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/s2dsrC-amor","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1931"}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=1931"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1931\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":1932,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1931\/revisions\/1932"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=1931"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=1931"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=1931"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}