{"id":1949,"date":"2018-07-06T15:50:42","date_gmt":"2018-07-06T21:50:42","guid":{"rendered":"http:\/\/www.ocdmx.org\/?p=1949"},"modified":"2019-07-06T15:54:02","modified_gmt":"2019-07-06T21:54:02","slug":"adoracion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=1949","title":{"rendered":"Adoraci\u00f3n"},"content":{"rendered":"<p>Ezequiel ante la gloria de Yahveh (Ez 1,28), Saulo ante la aparici\u00f3n de Cristo resucitado (Act 9,4) se ven derribados por tierra, como aniquilados. La santidad y la grandeza de Dios tienen algo abrumador para la criatura, a la que vuelven a sumergir en su nada.<\/p>\n<p>Si bien es excepcional que el hombre se encuentre as\u00ed con Dios en una experiencia directa, es normal que en el universo y a lo largo de su existencia reconozca la presencia y la acci\u00f3n de Dios, de su gloria y de su santidad. La adoraci\u00f3n es la expresi\u00f3n a la vez espont\u00e1nea y consciente, impuesta y voluntaria, de la reacci\u00f3n compleja del hombre impresionado por la proximidad de Dios: conciencia aguda de su insignificancia y de su pecado, confusi\u00f3n silenciosa (Job 42,1-\u00f3), veneraci\u00f3n trepidante (Sal 5,8) y agradecida (G\u00e9n 24,48), homenaje jubiloso (Sal 95,1-6) de todo su ser.<\/p>\n<p>Esta reacci\u00f3n de fe, puesto que efectivamente invade todo el ser, se traduce en gestos exteriores, y apenas si hay adoraci\u00f3n verdadera en que el cuerpo no traduzca de alguna manera la soberan\u00eda del Se\u00f1or sobre su creaci\u00f3n y el homenaje de la criatura conmovida y consintiente. Pero la criatura pecadora tiende siempre a escapar al influjo divino y a reducir su adhesi\u00f3n a las solas formas exteriores; as\u00ed la \u00fanica adoraci\u00f3n que agrada a Dios es la que viene del coraz\u00f3n.<\/p>\n<p>LOS GESTOS DE ADORACI\u00d3N.<\/p>\n<p>Se reducen a dos, la postraci\u00f3n y el \u00f3sculo. Una y otro adoptan en el culto su forma consagrada, pero convergen siempre con el movimiento espont\u00e1neo de la criatura delante de Dios, dividida entre el temor p\u00e1nico y la fascinaci\u00f3n maravillada.<\/p>\n<p>La postraci\u00f3n, antes de ser un gesto espont\u00e1neo es una actitud impuesta a la fuerza por un adversario m\u00e1s poderoso, la de Sisara, que cae herido de muerte por Yael (Jue 5,27), la que Babilonia impone a los israelitas cautivos (Is 51,23). El d\u00e9bil, para evitar verse constre\u00f1ido a la postraci\u00f3n por la violencia, prefiere con frecuencia ir por si mismo a inclinarse delante del m\u00e1s fuerte e implorar su gracia (IRe 1,13). Los bajorrelieves asirios suelen mostrar a los vasallos del rey arrodillados, con la cabeza prosternada hasta el suelo. Al Se\u00f1or Yahveh, \u00abque est\u00e1 elevado por encima de todo\u00bb (IPar 29,11), corresponde la adoraci\u00f3n de todos los pueblos (Sal 99,1-5) y de toda la tierra (96,9).<\/p>\n<p>El \u00f3sculo a\u00f1ade al respeto la necesidad de contacto y de adhesi\u00f3n, el matiz de amor (Ex 18,7; ISa 10,1&#8230;). Los paganos besaban sus \u00eddolos (IRe 19,18), pero el beso del adorante, que no pudiendo alcanzar a su dios, se llevaba la mano delante de la boca (ad os = adorare, cf. Job 31,26ss), tiene sin duda por objeto expresar a la vez su deseo de tocar a Dios y la distancia que le separa de \u00e9l. El gesto cl\u00e1sico de la adorante de las catacumbas, perpetuado en la liturgia cristiana, con los brazos extendidos y expresando con las manos, seg\u00fan su posici\u00f3n, la ofrenda, la s\u00faplica o la salutaci\u00f3n, no comporta ya \u00f3sculo, pero todav\u00eda alcanza su sentido profundo.<\/p>\n<p>Todos los gestos del culto no s\u00f3lo la postraci\u00f3n ritual delante de Yahveh (Dt 26,10; Sal 22,28ss) y delante del arca (Sal 99,5), sino el conjunto de los actos realizados delante del altar (2Re 18,22) o en la \u00abcasa de Yahveh\u00bb (2Sa 12,20), entre otros los sacrificios (G\u00e9n 22,5; 2Re 17,36), es decir, todos los gestos del servicio de Dios, pueden englobarse en la f\u00f3rmula \u00abadorar a Yahveh\u00bb (ISa 1,3; 2Sa 15,32). Es que la adoraci\u00f3n ha venido a ser la expresi\u00f3n m\u00e1s apropiada, pero tambi\u00e9n la m\u00e1s variada, del homenaje al Dios, ante el que se prosternan los \u00e1ngeles (Neh 9,6) y los falsos dioses no son ya absolutamente nada (Sof 2,11).<\/p>\n<p>ADORAR\u00c1S AL SE\u00d1OR TU DIOS.<\/p>\n<p>S\u00f3lo Yahveh tiene derecho a la adoraci\u00f3n.<\/p>\n<p>Si bien el AT conoce la postraci\u00f3n delante de los hombres, exenta de equ\u00edvocos (G\u00e9n 23,7.12; 2Sa 24,20; 2Re 2,15; 4,37) y con frecuencia provocada por la sensaci\u00f3n m\u00e1s o menos clara de la majestad divina (ISa 28,14.20; G\u00e9n 18,2; 19,1; N\u00fam 22,31; Jos 5,14), proh\u00edbe rigurosamente todo gesto de adoraci\u00f3n susceptible de prestar un valor cualquiera a un posible rival de Yahveh: \u00eddolos, astros (Dt 4,19), dioses extranjeros (Ex 34,14; N\u00fam 25,2). No cabe duda de que la proscripci\u00f3n sistem\u00e1tica de todos los resabios idol\u00e1tricos arraig\u00f3 en Israel el sentido profundo de la adoraci\u00f3n autentica y dio su puro valor religioso a la altiva repulsa de Mardoqueo (Est 3,2.5) y a la de los tres ni\u00f1os jud\u00edos ante la estatua de Nabucodonosor (Dan 3,18).<\/p>\n<p>Jesucristo es Se\u00f1or.<\/p>\n<p>La adoraci\u00f3n reservada al Dios \u00fanico es proclamada desde el primer d\u00eda, con \u00abesc\u00e1ndalo para los jud\u00edos, como debida a Jes\u00fas crucificado, confesado Cristo y Se\u00f1or\u00bb. (Act 2,36). \u00abA su nombre dobla la rodilla cuanto hay en los cielos, en la tierra y en los infiernos. (Flp 2,9ss; Ap 15,4). Este culto tiene por objeto a Cristo resucitado y exaltado (Mt 28,9.17; Lc 24,52), pero la fe reconoce ya al Hijo de Dios y lo adora (Mt 14, 33; Jn 9,38) en el hombre aun destinado a la muerte, e incluso en el reci\u00e9n nacido (Mt 2,2.11; cf. Is 49,7).<\/p>\n<p>La adoraci\u00f3n del Se\u00f1or Jes\u00fas no obsta en absoluto a la intransigencia de los cristianos, sol\u00edcitos en rehusar a los \u00e1ngeles (Ap 19,10; 22,9) y a los ap\u00f3stoles (Act 10,25s; 14,11-18) los gestos aun exteriores de adoraci\u00f3n. Pero al confesar su adoraci\u00f3n tributada a un mes\u00edas, a un Dios hecho hombre y salvador, se ven inducidos a desafiar abiertamente al culto de los c\u00e9sares, figurados por la bestia del Apocalipsis (Ap 13,4-15; 14,9ss) y a afrontar el poder imperial.<\/p>\n<p>Adorar en esp\u00edritu y en verdad.<\/p>\n<p>La novedad de la adoraci\u00f3n cristiana no est\u00e1 solamente en la figura nueva que contempla: el Dios en tres personas; este Dios, \u00abque es Esp\u00edritu\u00bb, transforma la adoraci\u00f3n y la lleva a su perfecci\u00f3n: ahora ya el hombre adora \u00aben esp\u00edritu y en verdad\u00bb (Jn 4,24). No ya con un movimiento puramente interior, sin gestos y sin formas, sino con una consagraci\u00f3n del ser entero, esp\u00edritu, alma y cuerpo (1Tes 5,23). As\u00ed los verdaderos adoradores, totalmente santificados, no tienen ya necesidad de Jerusal\u00e9n o del Garizim (Jn 4,20-23), de una religi\u00f3n nacional. Todo es suyo, porque ellos son de Cristo, y Cristo es de Dios (1Cor 3,22ss).<\/p>\n<p>En efecto, la adoraci\u00f3n en esp\u00edritu tiene lugar en el \u00fanico templo agradable al Padre, el cuerpo de Cristo resucitado (Jn 2,19-22). Los que han nacido del Esp\u00edritu (Jn 3,8) asocian en \u00e9l su adoraci\u00f3n a la \u00fanica en la que el Padre halla su complacencia (Mt 3,17): repiten el grito del Hijo muy amado: \u00abAbba, Padre\u00bb (G\u00e1l 4,4-9).<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">Todos los derechos: <em>Vocabulario de teolog\u00eda b\u00edblica<\/em>, X. L\u00e9on-Dufour<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Ezequiel ante la gloria de Yahveh (Ez 1,28), Saulo ante la aparici\u00f3n de Cristo resucitado (Act 9,4) se ven derribados por tierra, como aniquilados. 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