{"id":1952,"date":"2018-07-06T15:59:17","date_gmt":"2018-07-06T21:59:17","guid":{"rendered":"http:\/\/www.ocdmx.org\/?p=1952"},"modified":"2019-07-06T16:06:36","modified_gmt":"2019-07-06T22:06:36","slug":"bendicion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=1952","title":{"rendered":"Bendici\u00f3n"},"content":{"rendered":"<p>1. RIQUEZAS DE LA BENDICI\u00d3N. Con frecuencia evoca la bendici\u00f3n \u00fanicamente las formas m\u00e1s superficiales de la religi\u00f3n, f\u00f3rmulas repetidas de memoria, pr\u00e1cticas vac\u00edas de sentido, a las que uno se aferra tanto m\u00e1s cuanta menos fe tiene. Por otra parte, incluso la viva tradici\u00f3n cristiana s\u00f3lo ha retenido de los empleos b\u00edblicos apenas los menos ricos de sentido, incluyendo los m\u00e1s importantes en las categor\u00edas de la gracia y de la acci\u00f3n de gracias. De ah\u00ed resulta una verdadera indiferencia para con las palabras de bendici\u00f3n y hasta para con la realidad que pueden designar.<\/p>\n<p>Sin embargo, el \u00faltimo gesto visible de Cristo en la tierra, el que deja a su Iglesia y que ha fijado el arte cristiano de Bizancio y de las catedrales, es su bendici\u00f3n (Lc 24, 50s). Detallar las riquezas de la bendici\u00f3n b\u00edblica es en realidad destacar las maravillas de la generosidad divina y la calidad religiosa de la admiraci\u00f3n que tal generosidad suscita en la criatura.<\/p>\n<p>La bendici\u00f3n es un don que afecta a la vida y a su misterio, y es un don expresado por la palabra y por su misterio. La bendici\u00f3n es tanto palabra como don, tanto dicci\u00f3n como bien (cf. gr. <em>eu-log\u00eda, <\/em>lat. <em>bene-dictio), <\/em>porque el bien que aporta no es un objeto preciso, un don definido, porque no es de la esfera del tener, sino de la del ser, porque no depende de la acci\u00f3n del hombre, sino de la creaci\u00f3n de Dios. Bendecir es decir el don creador y vivificante, sea antes de que se produzca, en forma de oraci\u00f3n, sea posteriormente, en forma de acci\u00f3n de gracias. Pero al paso que la oraci\u00f3n de bendici\u00f3n afirma anticipadamente la generosidad divina, la acci\u00f3n de gracias la ha visto ya revelarse.<\/p>\n<p>EL VOCABULARIO DE LA BENDICI\u00d3N. En hebreo, como tambi\u00e9n en espa\u00f1ol, a pesar de la debilitaci\u00f3n que ha sufrido entre nosotros la palabra, una sola ra\u00edz <em>(brk, <\/em>emparentada quiz\u00e1 con la rodilla y con la adoraci\u00f3n, quiz\u00e1 tambi\u00e9n con la fuerza vital de los \u00f3rganos sexuales) sirve para designar todas las formas de la bendici\u00f3n, a todos los niveles. Siendo la bendici\u00f3n a la vez cosa dada, don de alguna cosa y formulaci\u00f3n de este don, hay tres palabras que la expresan: el sustantivo <em>beraka, <\/em>el verbo <em>barek <\/em>y el adjetivo <em>baruk.<\/em><\/p>\n<p>1. <em>Bendici\u00f3n (beraka). <\/em>Aun en su sentido m\u00e1s profano y m\u00e1s material, el de regalo, la palabra comporta un matiz muy sensible de encuentro humano. Los presentes ofrecidos por Abiga\u00edl a David (1Sa 25,14-27), por David a las gentes de Jud\u00e1 (1Sa 30, 26-31), por Naam\u00e1n curado a El\u00edseo (2Re 5,15), por Jacob a Esa\u00fa (G\u00e9n 33,11), est\u00e1n todos destinados a sellar una uni\u00f3n o una reconciliaci\u00f3n. Pero los empleos m\u00e1s frecuentes con mucho, de la palabra, se hallan en contexto religioso: aun para designar las cosas m\u00e1s materiales, si se escoge la palabra bendici\u00f3n, es para hacerlos remontar a Dios y a su generosidad (Prov 10,6.22; Eclo 33,17), o tambi\u00e9n a la estima de las gentes de bien (Prov 11,11; 28,20; Eclo 2,8). La bendici\u00f3n evoca la imagen de una sana prosperidad, pero tambi\u00e9n de la generosidad para con los desgraciados (Eclo 7,32; Prov 11,26) y siempre de la benevolencia de Dios.<\/p>\n<p>Esta abundancia y este bienestar es a los que los hebreos llaman la paz, y con frecuencia se asocian las dos palabras, pero, si bien las dos evocan la misma plenitud de riqueza, la riqueza esencial de la bendici\u00f3n es la de la vida y de la fecundidad; la bendici\u00f3n florece (Eclo 11,22 hebr.) como un Ed\u00e9n (Eclo 40,17). Su s\u00edmbolo privilegiado es el agua (G\u00e9n 49,25; Eclo 39,22); el agua misma es una bendici\u00f3n esencial, indispensable (Ez 34,26; Mal 3,10); por su origen celestial evoca, al mismo tiempo que la vida que alimenta, la generosidad y la gratuidad de Dios, su poder vivificador. El or\u00e1culo de Jacob sobre Jos\u00e9 re\u00fane todas estas im\u00e1genes, la vida fecunda, el agua, el cielo: \u00abBendiciones de cielo arriba, bendiciones del abismo abajo, bendiciones del seno y de la matriz\u00bb (G\u00e9n 49,25). Esta sensibilidad a la generosidad de Dios en los dones de la naturaleza prepara a Israel para acoger las generosidades de su gracia.<\/p>\n<p><em>Bendecir. <\/em>El verbo comporta una muy extensa gama de empleos, desde el saludo trivial dirigido al desconocido en el camino (2Re 4,29) o las f\u00f3rmulas habituales de cortes\u00eda (G\u00e9n 47,7.10; 1Sa 13,10) hasta los dones m\u00e1s altos del favor divino. El que bendice es las m\u00e1s de las veces Dios, y su bendici\u00f3n hace siempre brotar la vida (Sal 65.11; G\u00e9n 24,35; Job 1,10). As\u00ed s\u00f3lo los seres vivos son susceptibles de recibirla; los objetos inanimados son consagrados al servicio de Dios y santificados por su presencia, pero no bendecidos.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de Dios, la fuente de la vida es el padre, y a \u00e9l le incumbe bendecir. Su bendici\u00f3n es eficaz m\u00e1s que ninguna otra, como es temerosa su maldici\u00f3n (Eclo 3,8), y as\u00ed Jerem\u00edas deb\u00eda hallarse en extrema postraci\u00f3n para que osara maldecir al que vino a anunciar a su padre que le hab\u00eda nacido un hijo (Jer 20,15; cf. Job 3,3).<\/p>\n<p>Por una paradoja singular sucede con frecuencia que el d\u00e9bil bendice al poderoso (Job 29,13; Sal 72,13-16; Eclo 4,5), que el hombre osa bendecir a Dios. Es que, si bien el pobre no tiene nada que dar al rico ni el hombre nada que dar a Dios, sin embargo, la bendici\u00f3n establece entre ,los seres una corriente vital y rec\u00edproca, que hace que el m\u00e1s peque\u00f1o vea desbordar sobre \u00e9l la generosidad del poderoso. No es absurdo bendecir al Dios que est\u00e1 \u00abpor encima de todas las bendiciones\u00bb (Neh 9,5); es sencillamente confesar su generosidad y darle gracias, que es el primer deber de la criatura (Rom 1,21).<\/p>\n<p><em>Bendito. <\/em>El participio <em>baruk <\/em>es la m\u00e1s fuerte de todas las palabras de bendici\u00f3n. Constituye el centro de la f\u00f3rmula t\u00edpica de bendici\u00f3n israelita: \u00ab\u00a1Bendito sea N&#8230;!\u00bb Esta f\u00f3rmula, que no es simple afirmaci\u00f3n ni mero voto, y es todav\u00eda m\u00e1s entusiasta que la bienaventuranza, brota como un grito ante una persona, en la que Dios acaba de revelar su poder y su generosidad, y a la que ha escogido \u00abentre nosotros\u00bb: Yael, \u00abentre las mujeres de la tienda\u00bb (Jue 5.24); Israel, \u00abentre las naciones\u00bb (Dt 33,24); Mar\u00eda. \u00abentre las mujeres\u00bb (Lc 1,42; cf. Jdt 13,18). Admiraci\u00f3n a la vista de lo que Dios puede hacer por su elegido. El ser bendito es en el mundo como una revelaci\u00f3n de Dios, le pertenece por un t\u00edtulo especial, es \u00abbendito de Yahveh\u00bb, como ciertos seres son \u00absantos de Yahveh\u00bb. Pero, al paso que la santidad que consagra a Dios separa del mundo profano, la bendici\u00f3n convierte al ser al que Dios designa, en punto de uni\u00f3n y fuente de irradiaci\u00f3n. Ambos, el santo y el bendito, pertenecen a Dios; pero el santo revela m\u00e1s bien su inaccesible grandeza; el bendito, en cambio, su inagotable generosidad.<\/p>\n<p>Tan frecuente y tan espont\u00e1nea como el grito: \u00ab\u00a1Bendito N&#8230;!\u00bb, la f\u00f3rmula paralela: \u00ab\u00a1Bendito Dios!\u00bb brota igualmente del sobrecogimiento experimentado ante un gesto en que Dios acaba de revelar su poder. Subraya no tanto la amplitud del gesto cuanto su maravillosa oportunidad, su car\u00e1cter de signo. Una vez m\u00e1s, la bendici\u00f3n es una reacci\u00f3n del hombre ante la revelaci\u00f3n de Dios (cf. G\u00e9n 14,20, Melquisedec; G\u00e9n 24,27, Eliezer; \u00c9x 18,10, Jetr\u00f3; Rut 4,14, Booz a Rut).<\/p>\n<p>Finalmente, m\u00e1s de una vez los dos gritos: \u00ab\u00a1Bendito N&#8230;!\u00bb y \u00ab\u00a1Bendito Dios!\u00bb van unidos y se corresponden: \u00ab\u00a1Bendito Abraham del Dios Alt\u00edsimo, creador del cielo y de la tierra! &#8211; y bendito el Dios Alt\u00edsimo, que ha puesto a tus enemigos en tus manos!\u00bb (G\u00e9n 14,19s; cf. lSa 25,32s; Jdt 13,17s). En este ritmo completo aparece la verdadera naturaleza de ala bendici\u00f3n. Es una explosi\u00f3n entusiasta ante un elegido de Dios, pero que no se detiene en el elegido, sino que se remonta hasta Dios, que se ha revelado en este signo. Es el <em>bar\u00fak <\/em>por excelencia, el bendito; posee con plenitud toda bendici\u00f3n. Bendecirlo no es creer a\u00f1adir nada en absoluto a su riqueza, sino dejarse llevar por el \u00edmpetu de esta revelaci\u00f3n y convidar al mundo a alabarla. La bendici\u00f3n es siempre confesi\u00f3n p\u00fablica de la potencia divina y acci\u00f3n de gracias por su generosidad.<\/p>\n<p>HISTORIA DE LA BENDICI\u00d3N. Toda la historia de Israel es la historia de la bendici\u00f3n prometida a Abraham (G\u00e9n 12,3) y dada al mundo en Jes\u00fas, \u00abfruto bendito\u00bb del \u00abseno bendito\u00bb de Mar\u00eda (Lc 1,42). Sin embargo, en los escritos del AT, la atenci\u00f3n dirigida a la bendici\u00f3n comporta no pocos matices, y la bendici\u00f3n adquiere acentos muy diversos.<\/p>\n<p><em>Hasta Abraham. <\/em>El hombre y la mujer, bendecidos en su origen por el Creador (G\u00e9n 1,28), suscitan con su pecado la maldici\u00f3n de Dios. Con todo, si son malditos la serpiente (3,14) y el suelo (3,17), no as\u00ed el hombre ni la mujer. La vida seguir\u00e1 creciendo (3,16-19) de su trabajo y de su sufrimiento, a menudo a costa de una agon\u00eda. Despu\u00e9s del diluvio, una nueva bendici\u00f3n da a la humanidad poder y fecundidad (9,1). Sin embargo. el pecado no cesa de dividir y de destruir a la humanidad; la bendici\u00f3n de Dios sobre Sem tiene como contrapartida la maldici\u00f3n de Cana\u00e1n (9,26).<\/p>\n<p><em>La bendici\u00f3n de los patriarcas. <\/em>Por el contrario, la bendici\u00f3n de Abraham es de otro tipo. Desde luego, en un mundo que sigue dividido tendr\u00e1 Abraham enemigos, y Dios le mostrar\u00e1 su fidelidad maldiciendo a quienquiera (en singular) que le maldiga, pero el caso ha de ser una excepci\u00f3n, y el designio de Dios es bendecir a \u00abtodas las naciones de la tierra\u00bb (G\u00e9n 12,3). Todos los relatos del G\u00e9nesis son la historia de esta bendici\u00f3n.<\/p>\n<p>Las bendiciones pronunciadas por los padres, de tenor m\u00e1s arcaico, los presentan invocando sobre sus hijos, en general en el momento de desaparecer, los poderes de la fecundidad y de la vida, \u00abel roc\u00edo del cielo y la grosura de la tierra\u00bb (G\u00e9n 27,28), raudales de leche y \u00abla sangre de los racimos\u00bb (49,11s), la fuerza para desbaratar a sus adversarios (27,29; 49,8s), una tierra donde establecerse (27,28; cf. 27,39; 49, 9) y perpetuar su nombre (48,16; 49,8&#8230;) y su vigor. En estos fragmentos r\u00edtmicos y en estos relatos se percibe el sue\u00f1o de las tribus n\u00f3madas en busca de un territorio, \u00e1vidos de defender su independencia, aunque ya conscientes de formar una comunidad en torno a algunos jefes y clanes privilegiados (cf. G\u00e9n 49). Es, en una palabra, el sue\u00f1o de la bendici\u00f3n, tal como la desean espont\u00e1neamente los hombres, y que est\u00e1n prontos a conquistar por todos los medios, sin excluir la violencia y la astucia (27,18s).<\/p>\n<p>A estos estribillos y a estos relatos populares superpone el G\u00e9nesis, no para desautorizarlos, sino para situarlos en su propio lugar en la acci\u00f3n de Dios, las promesas y las bendiciones pronunciadas por Dios mismo. Se habla tambi\u00e9n de un nombre poderoso (G\u00e9n 12,2), de una descendencia innumerable (15,5), de una tierra donde instarse (1.3, 14-17), pero aqu\u00ed toma Dios en su mano el porvenir<\/p>\n<p>de los suyos; cambia su nombre (17,5.15), los hace pasar por la tentaci\u00f3n (22,1) y la fe (15,6), y ya entonces eles impone un mandamiento (12,1; 17,10). Trata, sin duda, de colmar el deseo del hombre, pero a condici\u00f3n de que sea en la fe.<\/p>\n<p><em>Bendici\u00f3n y alianza. <\/em>Este nexo entre la bendici\u00f3n y el mandamiento es el principio mismo de la alianza: la ley es el medio para hacer vivir a un pueblo \u00absanto de Dios\u00bb y por consiguiente \u00abbendito de Dios\u00bb. Esto es lo que expresan los ritos de alianza. En la mentalidad religiosa del tiempo es el \u00abculto\u00bb el medio privilegiado de granjearse la bendici\u00f3n divina, de renovar, al contacto con los lugares, con los tiempos, con los ritos sagrados, la potencia vital del hombre y de su mundo, tan corta y tan fr\u00e1gil. En la religi\u00f3n de Yahveh el culto no es aut\u00e9ntico sino en la alianza y en la fidelidad a la ley. Las bendiciones del C\u00f3digo de la alianza (\u00c9x 23,25), filas amenazas de la asamblea de Siquem bajo Josu\u00e9 (Jos 24,19), las grandes bendiciones del Deuteronomio (Dt 28,1-4), todas ellas suponen una carta de alianza, proclaman las voluntades divinas, luego la adhesi\u00f3n del pueblo y, finalmente, el gesto cultual que sella el acuerdo y le da valor sagrado.<\/p>\n<p><em>Los profetas y la bendici\u00f3n. <\/em>Los profetas, apenas si conocen el lenguaje de la bendici\u00f3n. Aunque son los hombres de la palabra y de su eficacia (Is 55,10s), aunque se conocen como llamados y elegidos de Dios, signos de su obra (Is 8,18), su acci\u00f3n en ellos es demasiado interior, demasiado pesada, muy poco visible e irradiante para provocar en ellos y en torno a ellos el grito de la bendici\u00f3n. Y su mensaje, que consiste en recordar las condiciones de la alianza y en denunciar sus violaciones, los induce muy poco a bendecir. Entre los esquemas literarios que utilizan, el de la maldici\u00f3n les es familiar; el de la bendici\u00f3n, pr\u00e1cticamente desconocido.<\/p>\n<p>Por esto es tanto m\u00e1s notable el ver a veces surgir, en el seno mismo de una maldici\u00f3n de tipo cl\u00e1sico, una imagen o una afirmaci\u00f3n que proclama que la promesa de bendici\u00f3n se mantiene intacta, que de la desolaci\u00f3n surgir\u00e1 la vida, como \u00abuna semilla santa\u00bb (Is 6,13). As\u00ed la promesa de la piedra angular de Si\u00f3n irrumpe en el centro de la maldici\u00f3n contra los gobernadores insensatos que juzgan invulnerable a la ciudad (Is 28,14-19); y as\u00ed en Ezequiel la gran profec\u00eda de la efusi\u00f3n del esp\u00edritu, toda ella llena de las im\u00e1genes de la bendici\u00f3n, el agua, la tierra, las mieses, pone remate, con una l\u00f3gica divina, a la condenaci\u00f3n de Israel (Ez 36,16-38).<\/p>\n<p><em>Los cantos de bendici\u00f3n. <\/em>La bendici\u00f3n es uno de los temas mayores de la oraci\u00f3n de Israel; es la respuesta a toda la obra de Dios, que es revelaci\u00f3n. Es muy af\u00edn a la acci\u00f3n de gracias o a la confesi\u00f3n y est\u00e1 construida seg\u00fan el mismo esquema, pero est\u00e1 m\u00e1s pr\u00f3xima que ellas al acontecimiento en que Dios acaba de revelarse y conserva en general un acento m\u00e1s sencillo: \u00ab\u00a1Bendito sea Yahveh, que hizo para m\u00ed maravillas!\u00bb (Sal 31,22), \u00abque no nos entreg\u00f3 a sus dientes\u00bb (Sal 124,6), \u00abque perdona todos tus pecados\u00bb (Sal 103,2). Incluso el himno de los tres j\u00f3venes en el horno, que convoca al universo para cantar la gloria del Se\u00f1or, tiene presente el gesto que Dios acaba de realizar: \u00abPues nos ha salvado de los infiernos\u00bb (Dan 3,88).<\/p>\n<p>BENDITOS EN CRISTO. \u00bfC\u00f3mo podr\u00eda negarnos nada el Padre, que entreg\u00f3 por nosotros a su propio Hijo? (Rom 8,32). En \u00e9l nos ha dado todo, no nos falta ning\u00fan don de la gracia (1Cor 1,7) y nosotros somos, \u00abcon Abraham el creyente\u00bb (G\u00e1l 3,9; cf. 3,14), \u00abbendecidos con toda suerte de bendiciones espirituales\u00bb (Ef 1,3). En \u00e9l damos gracias al Padre por sus dones (Rom 1,8; Ef 5,20; Col 3,17).<\/p>\n<p>Los dos movimientos de la bendici\u00f3n, la gracia que desciende y la acci\u00f3n de gracias que se eleva son recapitulados en Jesucristo. No hay nada m\u00e1s all\u00e1 de esta bendici\u00f3n, y la multitud de los elegidos reunidos delante del trono y delante del cordero para cantar su triunfo final, proclama a Dios: \u00ab\u00a1Bendici\u00f3n, gloria, sabidur\u00eda, acci\u00f3n de gracias&#8230; por los siglos de los siglos!\u00bb (Ap 7,12).<\/p>\n<p>Si as\u00ed el NT no es sino la bendici\u00f3n perfecta recibida de Dios y devuelta a \u00e9l, esto no quiere decir, ni mucho menos, que est\u00e9 constantemente lleno de las palabras de bendici\u00f3n. \u00c9stas son relativamente raras y est\u00e1n empleadas en contextos precisos, lo cual acaba de precisar exactamente el sentido de la bendici\u00f3n b\u00edblica.<\/p>\n<p>1.<em> \u00a1Bendito el que viene! <\/em>Los evangelios ofrecen un solo ejemplo de bendici\u00f3n dirigida a Jes\u00fas. Es el grito de la multitud a su entrada en Jerusal\u00e9n en v\u00edsperas de la pasi\u00f3n: \u00ab\u00a1Bendito el que viene!\u00bb (Mt 21,9 p). Sin embargo, nadie respondi\u00f3 jam\u00e1s como Jes\u00fas al retrato del ser bendito, en el que Dios revela con signos esplendentes su poder y su bondad (cf. Act 10,38). Su llegada al mundo suscita en Isabel (Lc 1,42), en Zacar\u00edas (1,68), en Sime\u00f3n (2,28), en Mar\u00eda misma (sin la palabra, 1,46s) una oleada de bendiciones. De ellas es \u00e9l evidentemente el centro: Isabel proclama: \u00ab\u00a1Bendito el fruto de tu vientre!\u00bb (1,42); m\u00e1s tarde, una madre proclama todav\u00eda \u00abbienaventuradas las entra\u00f1as que te llevaron\u00bb (11,27). \u00c9l mismo, fuera del ejemplo \u00fanico del domingo de Ramos, no es bendecido nunca directamente. Esta ausencia no debe de ser pura casualidad. Refleja quiz\u00e1 la distancia que se establec\u00eda entre Jes\u00fas y los hombres: bendecir a alguien es en cierta manera unirse a \u00e9l. Quiz\u00e1 tambi\u00e9n marca el car\u00e1cter inacabado de la revelaci\u00f3n de Cristo en tanto no est\u00e9 consumada su obra, y la oscuridad que subsiste sobre su persona hasta su muerte y su resurrecci\u00f3n.<\/p>\n<p><em>El c\u00e1liz de bendici\u00f3n. <\/em>Antes de multiplicar los panes (Mt 14,19 p), antes de distribuir el pan convertido en su cuerpo (Mt 26,26 p), antes de partir el pan en Ema\u00fas (Lc 24,30). Jes\u00fas pronuncia una bendici\u00f3n, y nosotros tambi\u00e9n \u00abbendecimos el c\u00e1liz de bendici\u00f3n\u00bb (1Cor 10,16). \u00bfDesigna la bendici\u00f3n en estos textos un gesto especial, o una f\u00f3rmula particular, distinta de las palabras eucar\u00edsticas propiamente dichas, o es s\u00f3lo el t\u00edtulo dado a las palabras que siguen? Esto no tiene importancia aqu\u00ed. El hecho es que los relatos eucar\u00edsticos asocian estrechamente las bendiciones y la acci\u00f3n de gracias y que en esta asociaci\u00f3n la bendici\u00f3n representa el aspecto ritual y visible, el gesto y la f\u00f3rmula, mientras que la acci\u00f3n de gracias expresa el contenido de los gestos y de las palabras. Este rito es, entre todos los que pudo e1 Se\u00f1or realizar en su vida, el \u00fanico que se nos ha conservado, pues es el rito de la nueva alianza (Lc 22,20). La bendici\u00f3n halla en \u00e9l su total realizaci\u00f3n; es un don expresado en una palabra inmediatamente eficaz; es el don perfecto del Padre a sus hijos, toda su gracia, y el don perfecto del Hijo que ofrece su vida al Padre, toda nuestra acci\u00f3n de gracias unida a la suya: es un don de fecundidad, un misterio de vida y de comuni\u00f3n.<\/p>\n<p><em>La bendici\u00f3n del Esp\u00edritu Santo. <\/em>Si el don de la Eucarist\u00eda contiene toda la bendici\u00f3n de Dios en Cristo, si su \u00faltimo gesto es la bendici\u00f3n que deja a su Iglesia (Lc 24,51) y la bendici\u00f3n que suscita en ella (24,53), sin embargo, en ning\u00fan lugar del NT se dice que Jesucristo es la bendici\u00f3n del Padre. En efecto, la bendici\u00f3n es siempre el don, la vida recibida y asimilada. Ahora bien, el don por excelencia es el Esp\u00edritu Santo. No ya que Jesucristo nos sea menos dado que el Esp\u00edritu Santo, pero el Esp\u00edritu nos es dado para ser en nosotros el don recibido de Dios.<\/p>\n<p>El vocabulario del NT es expresivo. Es cierto que Cristo es de nosotros, pero sobre todo es cierto que nosotros somos de Cristo (cf. 1Cor 3,23; 2Cor 10,7). Del Esp\u00edritu, por el contrario, se dice m\u00e1s de una vez que nos es dado (Me 13;11; Jn 3,34; Act 5,32; Rom 5,5), que lo recibiremos (Jn 7,39; Act 1,8; Rom 8,15) y que lo poseemos (Rom 8,9; Ap 3,1), hasta tal punto que se habla espont\u00e1neamente del \u00abdon del Esp\u00edritu\u00bb (Act 2,38; 10,45; 11,17). La bendici\u00f3n de Dios, en el sentido pleno de la palabra, es su Esp\u00edritu Santo. Ahora bien, este don divino, que es Dios mismo, lleva en s\u00ed todos los rasgos de la bendici\u00f3n. Los grandes temas de la bendici\u00f3n, el agua que regenera, el nacimiento y la renovaci\u00f3n, la vida y la fecundidad, la plenitud y la paz, el gozo y la comuni\u00f3n de los corazones, son igualmente frutos del Esp\u00edritu.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">Todos los derechos: <em>Vocabulario de teolog\u00eda b\u00edblica<\/em>, X. L\u00e9on-Dufour<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>1. RIQUEZAS DE LA BENDICI\u00d3N. Con frecuencia evoca la bendici\u00f3n \u00fanicamente las formas m\u00e1s superficiales de la religi\u00f3n, f\u00f3rmulas repetidas de memoria, pr\u00e1cticas vac\u00edas de sentido, a las que uno se aferra tanto m\u00e1s cuanta menos fe tiene. 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