{"id":1957,"date":"2018-07-06T16:13:45","date_gmt":"2018-07-06T22:13:45","guid":{"rendered":"http:\/\/www.ocdmx.org\/?p=1957"},"modified":"2019-07-06T16:17:56","modified_gmt":"2019-07-06T22:17:56","slug":"alabanza","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=1957","title":{"rendered":"Alabanza"},"content":{"rendered":"<p>En la oraci\u00f3n se acostumbra distinguir la alabanza, la petici\u00f3n y la acci\u00f3n de gracias. En realidad, en la Biblia se hallan con frecuencia la alabanza y la acci\u00f3n de gracias en un mismo movimiento del alma, y en el plan literario, en los mismos textos. En efecto, Dios se revela digno de alabanza por todos sus beneficios para con el hombre. Entonces la alabanza resulta con toda naturalidad agradecimiento y bendici\u00f3n; los paralelos son numerosos (Sal 35,18; 69,31; 109,30; Esd 3,11). La alabanza y la acci\u00f3n de gracias suscitan las mismas manifestaciones exteriores de gozo, sobre todo en el culto; una y otra dan gloria a Dios (Is 42,12; Sal 22,24; 50,23; 1Par 16,4; Lc 17,15-18; Act 11,18; Flp 1,11; Ef 1,6.12.14) confesando sus grandezas.<\/p>\n<p>Sin embargo, en la medida en que los textos y el vocabulario invitan a hacer una distinci\u00f3n, se puede decir que la alabanza atiende a la persona de Dios m\u00e1s que a sus dones; es m\u00e1s teoc\u00e9ntrica, est\u00e1 m\u00e1s perdida en Dios, m\u00e1s pr\u00f3xima a la adoraci\u00f3n, en la v\u00eda del \u00e9xtasis. Los himnos de alabanza se destacan generalmente de un contexto preciso y cantan a Dios porque es Dios.<\/p>\n<p>EL DIOS DE LA ALABANZA.<\/p>\n<p>Los c\u00e1nticos de alabanza, nacidos en un arranque de entusiasmo, multiplican las palabras para tratar de describir a Dios y sus grandezas. Cantan la bondad de Yahveh, su justicia (Sal 145,6s), su salvaci\u00f3n (Sal 71-15), su auxilio (ISa 2,1), su amor y su fidelidad (Sal 89,2; 117,2), su gloria (l\u00eda 15,21), su fortaleza (Sal 29,4), su maravilloso designio (Is 25,1), sus juicios liberadores (Sal 146,7); todo esto resplandeciendo en las maravillas de Yahveh (Sal 96,3), en sus altas gestas, en sus proezas (Sal 105, 1; 106,2), en todas sus obras (Sal 92,5s), comprendidos los milagros de Cristo (Lc 19,37).<\/p>\n<p>De las obras se asciende al autor. \u00abGrande es Yahveh y altamente loable\u00bb (Sal 145,3). \u00ab\u00a1Yahveh, Dios m\u00edo, t\u00fa eres tan grande, vestido de fasto y de esplendor!\u00bb (Sal 104,1; cf. 2Sa 7,22, Jdt 16,13). Los himnos cantan el gran nombre de Dios (Sal 34,4; 145,2; 1s 25,1). Alabar a Dios es exaltarlo, magnificarlo (Lc 1,46; Act 10,46), es reconocer su superioridad \u00fanica, ya que es el que habita en lo m\u00e1s alto de los cielos (Lc 2,14), puesto que es el santo. La alabanza brota de la conciencia exultante por esta santidad de Dios (Sal 30.5 = 97,12; 99,5; 105,3 cf. Is 6,3); y esta exultaci\u00f3n muy pura y muy religiosa une profundamente con Dios.<\/p>\n<p>LOS COMPONENTES DE LA ALABANZA.<\/p>\n<p>Alabanza y confesi\u00f3n.<\/p>\n<p>ALABANZA\/COMPONENTES: La alabanza es ante todo confesi\u00f3n de las grandezas de Dios. En formas variadas y numerosas, la alabanza se introduce casi siempre con una proclamaci\u00f3n solemne (cf. Is 12,4s; Jer 31,7; Sal 79,13; 89,2; 96,1ss; 105, 1s; 145,6&#8230;).<\/p>\n<p>Este anuncio supone un p\u00fablico pronto a vibrar y a entrar en comuni\u00f3n: es la asamblea de los justos (Sal 22,23.26; cf. 33,1); los corazones rectos, los humildes son quienes pueden comprender la grandeza de Dios y entonar sus alabanzas (Sal 30,5; 34,3; 66,16s), pero no el insensato (Sal 92,7).<\/p>\n<p>La alabanza, que brota al contacto con el Dios vivo, despierta al hombre entero (Sal 57,8; 108,2-6) y lo arrastra a una renovaci\u00f3n de vida. El hombre, para alabar a Dios, se entrega con todo su ser; la alabanza, si es verdadera, es incesante (Sal 145,1s; 146,2; Ap 4,8). Es explosi\u00f3n de vida: no son los muertos, descendidos ya al s\u00eaol, sino s\u00f3lo los vivos, los que pueden alabar a Dios (Sal 6,8; 30,10; 88,11ss; 115,17; 1s 38,18; Bar 2,17; Eclo 17,27s).<\/p>\n<p>El NT conserva siempre en la alabanza este puesto dominante de la confesi\u00f3n: alabar a Dios consiste siempre en primer lugar en proclamar sus grandezas, solemne y ampliamente en torno a uno mismo (Mt 9, 31; Lc 2,38; Rom 15,9 = Sal 18,50; Heb 13,15; cf. Flp 2,11).<\/p>\n<p>Alabanza y canto.<\/p>\n<p>La alabanza nace del embeleso y de la admiraci\u00f3n en presencia de Dios. Supone un alma dilatada y pose\u00edda; puede expresarse en un grito, en una exclamaci6n, una ovaci\u00f3n gozosa (Sal 47,2.6; 81,2; 89,16s; 95,1&#8230;; 98,4). Dado que debe ser normalmente inteligible a la comunidad, al desarrollarse se convierte f\u00e1cilmente en canto, c\u00e1ntico, las m\u00e1s de las voces apoyado por la m\u00fasica y hasta la danza (Sal 33,2s; cf. Sal 98,6; IPar 23,5). La invitaci\u00f3n al canto es frecuente al comienzo de la alabanza (\u00c9x 15, 21; Is 42,10; Sal 105,1&#8230;; cf. Jer 20,13).<\/p>\n<p>Uno de los t\u00e9rminos m\u00e1s caracteristicos y m\u00e1s ricos del vocabulario de la alabanza es el hillel del hebreo, que ordinariamente traducimos por \u00abalabar\u00bb. Con frecuencia, como en nuestros salmos laudate (p.e., Sal 100,1; 113,1), el objeto de la alabanza se indica expl\u00edcitamente a continuaci\u00f3n del verbo (Is 38,18; Sal 69,31; JI 2,26), pero la indicaci\u00f3n no es indispensable y la alabanza puede tambi\u00e9n apoyarse \u00fanicamente en s\u00ed misma (Sal 63,6; 113,1). Tal es el caso particularmente en la exclamaci\u00f3n Alleluia = Hallelu-Yah = Alabad a Yah(veh).<\/p>\n<p>El mismo NT conoce diversos t\u00e9rminos para expresar la alabanza cantada, insistiendo alternativamente en el canto (gr. aido: Ap 5,9; 14,3; 15, 3), en el contenido del himno (gr. hymneo: Mt 26,30; Act 16,25) o en el acompa\u00f1amiento musical (gr. psallo: Rom 15,9 = Sal 18,50; 1Cor 14,15). Sin embargo, un texto como Ef 5,19 parece poner estas diferentes voces en paralelo. Por otra parte, en los LXX se traduce las m\u00e1s veces hillel por aineo, que hallamos en el NT, sobre todo en los escritos de Lucas (Lc 2,13.20; 19,37; 24,53; Act 2,47; 3,8s).<\/p>\n<p>Alabanza y escatolog\u00eda.<\/p>\n<p>A Israel reserva en primer lugar la Biblia la funci\u00f3n de la alabanza; consecuencia normal del hecho de que el pueblo elegido es el beneficiario de la revelaci\u00f3n y, por consiguiente, el \u00fanico que conoce al verdadero Dios. En lo sucesivo la alabanza se ti\u00f1e poco a poco de universalismo. Tambi\u00e9n los paganos ven la gloria y el poder de Yahveh y son invitados a unir su voz a la de Israel (Sal 117,1). Los \u00absalmos del Reino\u00bb son en este sentido significativos (Sal 96,3.7s; 97,1; 98,3s). Y no s\u00f3lo todos los pueblos de la tierra son invitados a adquirir conciencia de las victorias de Dios, como la del retorno, sino que la naturaleza misma se asocia a este concierto (Is 42,10; Sal 98,8; 148; Dan 3,51-90).<\/p>\n<p>El universalismo prepara la escatolog\u00eda. Esta alabanza de todos los pueblos, inaugurada al retorno del exilio, no hace sino inaugurar la gran alabanza que vendr\u00e1 a dilatarse \u00aben los siglos\u00bb. Los himnos del AT prefiguran el himno eterno del d\u00eda de Yahveh, ya entonado y todav\u00eda aguardado; los \u00abc\u00e1nticos nuevos\u00bb del salterio deben hallar su \u00faltima resonancia en el \u00abc\u00e1ntico nuevo\u00bb del Apocalipsis (Ap 5,9; 14,3).<\/p>\n<p>ALABANZA Y CULTO.<\/p>\n<p>La alabanza en Israel aparece en todo tiempo ligada a la liturgia, pero esta relaci\u00f3n se hace todav\u00eda m\u00e1s real cuando, con la construcci\u00f3n del templo, el culto queda m\u00e1s fuertemente estructurado. La participaci\u00f3n del pueblo en el culto del templo era viva y jubilosa. Aqu\u00ed sobre todo, en las fiestas anuales y en los grandes momentos de la vida del pueblo (consagraci\u00f3n del rey, celebraci\u00f3n de una victoria, dedicaci\u00f3n del templo, etc.) se hallan todos los elementos de la alabanza: la asamblea, el entusiasmo que tratan de traducir los gritos: \u00a1Am\u00e9n! \u00a1Alleluia! (IPar 16,36; Neh 8,6; cf. 5,13), los estribillos: \u00b7Porque su amor es eterno. (Sal 136,1&#8230;; Esd 3,11), la m\u00fasica y los cantos. As\u00ed seguramente numerosos salmos se componen por necesidades de la alabanza cultual: cantos ahora ya dispersos en nuestro salterio, pero que, sin embargo, se hallan en forma m\u00e1s caracterizada por lo menos en los tres grandes conjuntos tradicionales: el \u00abpeque\u00f1o Hallel\u00bb (Sal 113 a 118), el \u00abgran Hallel\u00bb (Sal 136), el \u00abHallel final\u00bb (Sal 146 a 150). En el templo, el canto de los salmos acompa\u00f1a particularmente a la todah, \u00absacrificio de alabanza\u00bb (cf. Lev 7,12&#8230;; 22,29s; 2Par 33,16), sacrificio pacifico seguido de una comida sagrada muy alegre en las dependencias del templo.<\/p>\n<p>En ambiente cristiano la alabanza ser\u00e1 tambi\u00e9n f\u00e1cilmente alabanza cultual. Las indicaciones de los Hechos y de las Ep\u00edstolas (Act 2,46s; 1Cor 14,26; Ef 5,19) evocan las asambleas lit\u00fargicas de los primeros cristianos; igualmente la descripci\u00f3n del culto y de la alabanza celestiales en el Apocalipsis.<\/p>\n<p>LA ALABANZA CRISTIANA.<\/p>\n<p>En su movimiento esencial la alabanza es la misma en uno y otro Testamento. Sin embargo, ahora ya es cristiana, primero porque es suscitada por el don de Cristo, con ocasi\u00f3n del poder redentor manifestado en Cristo. Tal es el sentido de la alabanza de los \u00ab\u00e1ngeles y de los pastores en Navidad\u00bb (Lc 2,13s.20), como de la alabanza de las multitudes despu\u00e9s de los milagros (Mc 7,36s; Lc 18,43; 19,37; Act 3,9); es incluso el sentido fundamental del Hosanna del domingo de Ramos (cf. Mt 21,16 = Sal 8,2s), como tambi\u00e9n del c\u00e1ntico del cordero en el Apocalipsis (cf. Ap 15,3). Algunos fragmentos de himnos primitivos, conservados en las Ep\u00edstolas, reproducen el eco de esta alabanza cristiana dirigida a Dios Padre que ha revelado ya el misterio de la piedad (1Tim 3,16) y que har\u00e1 surgir el retorno de Cristo (1Tim 6,15s); alabanza que confiesa el misterio de Cristo (Flp 2,5. . .; Col I, 15&#8230;), o el misterio de la salvaci\u00f3n (2Tim 2,11ss), viniendo as\u00ed a ser a veces verdadera confesi\u00f3n de la fe y de la vida cristiana (Ef S,14).<\/p>\n<p>La alabanza del NT, fundada en el don de Cristo, es cristiana tambi\u00e9n en cuanto que se eleva a Dios con Cristo y en \u00e9l (cf. Ef 3,21); alabanza filial a ejemplo de la propia oraci\u00f3n de Cristo (cf. Mt 11,25); alabanza dirigida incluso directamente a Cristo en persona (Mt 21,9; Act 19,17; Heb 13,21; Ap 5,9). En todos sentidos es justo afirmar: ahora ya el Se\u00f1or Jes\u00fas es nuestra alabanza.<\/p>\n<p>Dilat\u00e1ndose as\u00ed a partir de la Escritura, la alabanza deb\u00eda ser siempre primordial en el cristianismo marcando el ritmo de la oraci\u00f3n lit\u00fargica con los alleluia y los gloria Patri, animando a las almas en oraci\u00f3n hasta invadirlas y transformarla en una pura \u00abalabanza de gloria\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">Todos los derechos: <em>Vocabulario de teolog\u00eda b\u00edblica<\/em>, X. L\u00e9on-Dufour<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En la oraci\u00f3n se acostumbra distinguir la alabanza, la petici\u00f3n y la acci\u00f3n de gracias. 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