{"id":1960,"date":"2018-07-07T18:03:40","date_gmt":"2018-07-08T00:03:40","guid":{"rendered":"http:\/\/www.ocdmx.org\/?p=1960"},"modified":"2019-07-07T18:11:45","modified_gmt":"2019-07-08T00:11:45","slug":"amor-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=1960","title":{"rendered":"Amor"},"content":{"rendered":"<p>\u00abDios es amor\u00bb \u00abAmaos los unos a los otros\u00bb El hombre, antes de llegar a esta cima de la revelaci\u00f3n del NT, debe purificar las concepciones totalmente humanas que se forman del amor, para acoger el misterio del amor divino, el cual pasa por la cruz. La palabra \u00abamor\u00bb designa, en efecto, gran cantidad de cosas diferentes, carnales o espirituales, pasionales o pensadas, graves o ligeras, que expansionan o que destruyen. Se ama una cosa agradable, a un animal, a un compa\u00f1ero de trabajo, a un amigo, a los padres, a los hijos, a una mujer. El hombre b\u00edblico conoce todo esto. El G\u00e9nesis (cf. G\u00e9n 2,23s, 3,16, 12,10-19; 22; 24; 34), la historia de David (cf. 1Sa 18,1ss; 2Sa 3,16; 12,15-25; 19,1-5), el Cantar de los cantares son, entre otros muchos, testigos de sentimientos de todas clases. Con frecuencia se mezcla en ello el pecado, pero tambi\u00e9n hallamos rectitud, profundidad y sinceridad bajo palabras habitualmente sobrias y discretas.<\/p>\n<p>Israel, poco llevado a la abstracci\u00f3n intelectual, da con frecuencia a las palabras una coloraci\u00f3n afectiva: para \u00e9l, conocer es ya amar; su fidelidad a los v\u00ednculos sociales y familiares (hesed) est\u00e1 totalmente impregnada de arranque y de espontaneidad generosa (cf. G\u00e9n 24,49; Jos 2,12ss; Rut 3,10; Zac 7,9). \u00abAman (hebr. ahab; gr. agapan) tiene tantos arm\u00f3nicos como en nuestras lenguas.<\/p>\n<p>En una palabra, el hombre b\u00edblico sabe el valor de la afectividad (cf. Prov 15,17), aun cuando no ignora sus riesgos (Prov 5; Eclo 6,5-17). Cuando la noci\u00f3n de amor penetra su psicolog\u00eda religiosa, est\u00e1 completamente cargada de una experiencia humana densa y concreta. Al mismo tiempo suscita numerosas cuestiones. Dios, tan grande, tan puro, \u00bfpuede abajarse a amar al hombre peque\u00f1o, pecador? Y si Dios tiene la condescendencia de amar al hombre, \u00bfc\u00f3mo podr\u00e1 el hombre corresponder con amor a ese amor? \u00bfQu\u00e9 relaci\u00f3n existe entre el amor de Dios y el amor de los hombres? Las religiones se esfuerzan, cada una a su manera, por responder a estas cuestiones, cayendo ordinariamente en uno de dos extremos opuestos relegar el amor de Dios a una esfera inaccesible, a fin de mantener la distancia entre Dios y el hombre, o profanar el amor de Dios convirti\u00e9ndolo en un amor totalmente humano, a fin de hacer a Dios presente al hombre. A estas b\u00fasquedas metaf\u00edsicas o m\u00edsticas responde la Biblia con claridad. Dios ha tomadora iniciativa de un di\u00e1logo de amor con los hombres; en nombre de este amor los induce y les ense\u00f1a a amarse unos a otros.<\/p>\n<p>I. EL DI\u00c1LOGO DE AMOR ENTRE DIOS Y EL HOMBRE<\/p>\n<p>AT. Aun cuando en los relatos de la creaci\u00f3n (G\u00e9n 1; 2-3) no figura la palabra amor, en ellos se insin\u00faa el amor de Dios a trav\u00e9s de la bondad de que son objeto Ad\u00e1n y Dios quiere darles la vida con plenitud, pero este don supone una libre adhesi\u00f3n a su voluntad; Dios entabla el di\u00e1logo de amor indirectamente a trav\u00e9s del mandamiento. Ad\u00e1n lo descart\u00f3 queriendo apoderarse por fuerza de lo que le estaba destinado como don. Y pec\u00f3. Entonces el misterio de la bondad se profundiza en misericordia para con el pecador mediante las promesas de salvaci\u00f3n; progresivamente se restablecer\u00e1n los lazos de amor que unen a Dios y al hombre La historia del para\u00edso expresa en compendio la historia sagrada.<\/p>\n<p>Amigos y confidentes de Dios.<\/p>\n<p>Dios, al llamar a Abraham, un pagano entre tantos (Jos 24,2s), a ser su amigo (Is 41,8), expresa su amor en forma de una amistad: Abraham viene a ser el confidente de sus secretos (G\u00e9n 18,17). Si es as\u00ed, es que Abraham ha respondido a las exigencias del amor divino: ha dejado su patria siguiendo la llamada de Dios (12,1); debe penetrar m\u00e1s adentro en el misterio del temor de Dios que es amor, pues es llamado a sacrificar a su hijo \u00fanico, y con el su amor humano: Toma a tu hijo, al que amas. (G\u00e9n 22,2).<\/p>\n<p>Mois\u00e9s no tiene que sacrificar a su hijo; pero su pueblo entero se pone en contingencia por el conflicto entre la santidad divina y el pecado; Mois\u00e9s est\u00e1 desgarrado entre Dios, cuyo enviado es, y su pueblo, al que representa (Ex 32,9-13). Si se mantiene fiel, es porque desde su vocaci\u00f3n (3,4) hasta su muerte no ces\u00f3 de progresar en la intimidad de Dios, conversando con \u00e9l como con un amigo (33,11; pr\u00f3jimo); tuvo la revelaci\u00f3n de la ternura inmensa de Dios, de un amor que, sin sacrificar nada de la santidad, es misericordia (34,6s).<\/p>\n<p>La revelaci\u00f3n prof\u00e9tica.<\/p>\n<p>Los profetas, tambi\u00e9n confidentes de Dios (Am 3,7), amados personalmente por un Dios, cuya elecci\u00f3n se posesiona de ellos (7,15), los desgarra a veces (Jer 20,7ss), pero los llena tambi\u00e9n de gozo (20,11ss), son los testigos del drama del amor y de la ira de Yahveh (Am 3,2). Oseas, luego Jerem\u00edas y Ezequiel, revelan que Dios es el esposo de Israel, el cual, sin embargo, no cesa de ser infiel; este amor apasionado y exclusivo es correspondido \u00fanicamente con ingratitud y traici\u00f3n. Pero el amor es m\u00e1s fuerte que el pecado, aun cuando deba sufrir (Os 11,8); perdona y recrea en Israel un coraz\u00f3n nuevo capaz de amar (Os 2,21s; Jer 31, 3.20.22; Ez 16,60-63; 32,26s). Otras im\u00e1genes, como la del pastor (Ez 34) o de la vi\u00f1a (Is 5; Ez 17,6-10), expresan el mismo celo divino y el mismo drama.<\/p>\n<p>El Deuteronomio, promulgado sin duda (2Re 22) en el momento en que el pueblo parece preferir definitivamente al amor de Dios el culto de los \u00eddolos, recuerda incesantemente que el amor de Dios a Israel es, gratuito (Dt 7,7s) y que Israel debe \u00abamar a Dios con todo su coraz\u00f3n\u00bb (6,5). Este amor se expresa en actos de adoraci\u00f3n y de obediencia (11,13; 19,9) que suponen una elecci\u00f3n radical, un desprendimiento costoso (4,9-28; 30,15-20). Pero solo es posible si Dios en persona viene a circuncidar el coraz\u00f3n de Israel y a hacerlo capaz de amar (30,6).<\/p>\n<p>Hacia un di\u00e1logo personal.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de la cautividad Israel, purificado por la prueba, descubre que Dios se dirige al coraz\u00f3n de cada uno. En otro tiempo se hablaba del amor de Yahveh a la colectividad (Dt 4,7) o a los jefes (2Sa 12,24); ahora se sabe ya que todo jud\u00edo es amado, sobre todo el justo (Sal 37, 25-29; 146,8), el pobre y el peque\u00f1o (Sal 113,5-9). Esto lo expresa admirablemente el Cantar de los cantares: el di\u00e1logo de amor, con sus alternativas de posesi\u00f3n y de busca, se establece entre Yahveh e Israel. Poco a poco se esboza incluso la idea de que m\u00e1s all\u00e1 del jud\u00edo, el amor de Dios respeta tambi\u00e9n a los paganos (Jon 4,10s), y hasta a toda criatura (Sab 11,23-26).<\/p>\n<p>Pr\u00f3ximamente a la venida de Cristo, el jud\u00edo piadoso (hebr. hasid: Sal 4,4; 132,9.16) sabe ser amado por un Dios, del que canta la misericordiosa fidelidad a la alianza (Sal 136; JI 2,13), la bondad (Sal 34,9; 100,5), la gracia (G\u00e9n 6,8; Is 30,18). Por su parte reitera sin cesar su amor a Dios (Sal 31,24; 73,25; 116,1) y a todo lo que se relaciona con \u00c9l: su nombre, su ley, su sabidur\u00eda (Sal 34,13; 119,127; Is 56,6; Eclo 1,10; 4,14). Este amor debe con frecuencia probarse frente al ejemplo y a la presi\u00f3n de los imp\u00edos (Sal 10; 40,14-17; 73; Eclo 2,11-17), y esto puede llegar hasta al martirio, el de los Macabeos (2Mac 7) o el de rabbi Aquiba, que muere por su fe el 135 despu\u00e9s de J.C.: \u00abLe he amado con todo mi coraz\u00f3n, dir\u00e1, y con toda mi fortuna; todav\u00eda no hab\u00eda tenido ocasi\u00f3n de amarlo con toda mi alma. El momento ha llegado\u00bb. Cuando se pronunciaba esta palabra sublime, la revelaci\u00f3n plenaria hab\u00eda sido dada ya a los hombres por Jesucristo.<\/p>\n<p>NT. El amor entre Dios y los hombres se hab\u00eda revelado en el AT a trav\u00e9s de una sucesi\u00f3n de hechos: iniciativas divinas y repulsas del hombre, sufrimiento del amor desde\u00f1ado, superaciones dolorosas para estar al nivel del amor y aceptar su En el NT el amor divino se expresa en un hecho \u00fanico, cuya naturaleza misma transfigura los datos de la situaci\u00f3n: Jes\u00fas viene a vivir como Dios y como hombre el drama del di\u00e1logo de amor entre Dios y el hombre.<\/p>\n<p>El don del Padre.<\/p>\n<p>La venida de Jes\u00fas es en primer lugar un gesto del Padre. Despu\u00e9s de los profetas y de las promesas del AT, \u00abacord\u00e1ndose de su misericordia\u00bb (Lc 1,54s; Heb 1,1) se da Dios a conocer (Jn 1,18); manifiesta su amor (Rm 8,39; IJn 3,1; 4,9) en aquel que no es s\u00f3lo el mes\u00edas salvador esperado (Lc 2,11), sino adem\u00e1s su propio Hijo (Mc 1,11; 9,7; 12,6), aquel a quien ama (Jn 3,35; 10,17; 15,9; Do! 1,13), el que es uno con \u00c9l, Dios como \u00c9l (Jn 1,1; cf. 10,30-38; 17, 21; Mt 11,27).<\/p>\n<p>El amor del Padre se expresa entonces en una forma que no puede ser superada por nada. Se realiza la nueva alianza y se concluyen las nupcias eternas del esposo con la humanidad. La gratuidad divina, que exist\u00eda desde siempre (Dt 7,7s), llega a su colmo en un don sin medida com\u00fan con el valor del hombre (Rm 5,6s; Tit 3,5; 1Jn 4,10-19). Este don es definitivo, m\u00e1s all\u00e1 de la existencia terrenal de Jes\u00fas (Mt 28,20; Jn 14,18s); es llevado al extremo, pues consiente con la muerte del Hijo para que el mundo logre la vida (Rm 5,8; 8,32) y para que nosotros seamos hijos de Dios (1Jn 3,1, G\u00e1l 4,4-7). Si \u00abDios amo tanto al mundo que le dio a su Hijo unig\u00e9nito\u00bb (Jn 3,16), es para que los hombres tengan la vida eterna: pero a si mismos se condenan los que se niegan a creer en el que ha sido enviado y \u00abaman m\u00e1s las tinieblas que la luz (3,19). La opci\u00f3n es inevitable: o el amor por la fe en el Hijo, o la ira por la repulsa de la fe (3,36).<\/p>\n<p>El amor perfecto revelado en Jes\u00fas.<\/p>\n<p>Ahora ya el drama del amor se desarrolla no s\u00f3lo con ocasi\u00f3n del contacto con Jes\u00fas, sino tambi\u00e9n a trav\u00e9s de su persona. Por su misma existencia es Jes\u00fas revelaci\u00f3n concreta del amor. Jes\u00fas es el hombre que realiza el di\u00e1logo filial con Dios y da su testimonio delante de los hombres. Jes\u00fas es Dios que viene a vivir en plena humanidad su amor y a hacer o\u00edr su ardiente llamamiento. En su persona misma el hombre ama a Dios y es amado por \u00e9l.<\/p>\n<p>La vida entera de Jes\u00fas manifiesta este doble di\u00e1logo. Dado al Padre desde los comienzos (Lc 2,49; cf. Heb 10,5ss), viviendo en oraci\u00f3n y en acci\u00f3n de gracias (cf. Mc 1,35; Mt 11,25) y sobre todo en perfecta conformidad con la voluntad divina (Jn 4,34; 6,38), est\u00e1 incesantemente a la escucha de Dios (5,30; 8,26. 40), lo cual le asegura que es escuchado por \u00e9l (11,41s; cf. 9,31). Por lo que se refiere a los hombres su vida se da completamente, no s\u00f3lo a algunos amigos (cf. Mc 10,21; Lc 8,1ss; Jn 11,3.5.36), sino a todos (Mc 10,45); pasa por el mundo haciendo bien (Act 10,38; Mt 11,28ss), en un desinter\u00e9s total (Lc 9,58) y atento a todos, incluso, y sobre todo, a los m\u00e1s despreciados y a los m\u00e1s indignos (Lc 7,36-50; 19,1-10; Mt 21,31s); escoge gratuitamente a los que quiere (Mc 3,13) para hacerlos sus amigos (Jn 15,15s).<\/p>\n<p>Este amor exige reciprocidad; el mandamiento del Deuteronomio se mantiene en vigor (Mt 22,37; cf. Rom 8,28; 1Cor 8,3; 1Jn 5,2), pero se le obedece a trav\u00e9s de Jes\u00fas: am\u00e1ndole se ama al Padre (Mt 10 40; Jn 8,42; 14,21-24). Finalmente, amar a Jes\u00fas es guardar \u00edntegramente su palabra (Jn 14,15.21.23) y seguirle renunciando a todo (Mc 10, 17-21; Lc 14,25s,s). Consiguientemente, a lo largo del evangelio se opera una divisi\u00f3n (Lc 2,34) entre los que aceptan y los que rechazan este amor, frente al cual no se puede permanecer neutral (Jn 6,60-71; cf. 3,18s; 8,13-59; 12,48).<\/p>\n<p>En la cruz revela el amor en forma decisiva su intensidad y su drama. Era preciso que Jes\u00fas sufriera (Lc 9,22; 17,25; 24,7.26; cf. Heb 2,8), para que se revelara plenamente su obediencia al Padre (Flp 2,8) y su amor a los suyos (Jn 13,1). Totalmente libre (cf. Mt 26 53; Jn 10,18), a trav\u00e9s de la tentaci\u00f3n y del aparente silencio de Dios (Mc14,32-41; 15,34; cf. Heb 4,15) en la radical soledad humana (Mc 14,50; 15,29-32), perdonando sin embargo y acogiendo todav\u00eda (Lc 23,28.34.43; Jn 19,26), llega Jes\u00fas al instante \u00fanico del \u00abm\u00e1s grande amor\u00bb (Jn 15,13). Entonces da todo, sin reserva, a Dios (Lc 23,46) y a todos los hombres sin excepci\u00f3n (Mc 10. 45; 14,24; 2Cor 5,14s; 1Tim 2,5s). Por la cruz es Dios plenamente glorificado (Jn 17,4); del hombre Jes\u00fas\u00bb (1Tim 2,5) y con \u00e9l la humanidad entera merece ser amada por Dios sin reserva (Jn 10,17; Flp 2,9ss). Dios y el hombre comunican en la unidad, seg\u00fan la \u00faltima oraci\u00f3n de Jes\u00fas (Jn 17). Pero todav\u00eda es preciso que el hombre acepte libremente un amor tan total y exigente, que debe llevarle a sacrificarse siguiendo a Cristo (17,19). Halla en el camino el esc\u00e1ndalo de la cruz, que no es sino el esc\u00e1ndalo del amor. Ah\u00ed es donde se manifiesta en su plenitud el don del Esposo a la esposa (Ef 5,25ss; G\u00e1l 2,20), pero tambi\u00e9n para los hombres la suprema tentaci\u00f3n de la infidelidad.<\/p>\n<p>El amor universal en el Esp\u00edritu.<\/p>\n<p>Si el calvario es el lugar del amor perfecto, la manera como lo manifiesta es una prueba decisiva: de hecho los amigos del crucificado lo abandonan (Mc 14,50; Lc 23,13-24); es que la adhesi\u00f3n al amor divino no es cuesti\u00f3n de encuentro f\u00edsico ni de razonamiento humano, en una palabra, de \u00abconocimiento seg\u00fan la carne\u00bb (2Cor 5,16); hace falta el don del Espirito, que crea en el hombre un \u00abcoraz\u00f3n nuevo\u00bb (cf. Jer 31,33s; Ez 36,25ss). El Espiritu derramado en pentecost\u00e9s (Act 2,1-36), como lo hab\u00eda prometido Cristo (Jn 14,16ss; cf. Lc 24,49) est\u00e1 desde entonces presente en el mundo (Jn 14,16) por la Iglesia (Ef 2,21s). y ense\u00f1a a los hombres lo que Jes\u00fas les ha dicho (Jn 14,26) haci\u00e9ndoselo comprender desde dentro, con un verdadero conocimiento religioso; los hombres, testigos o no de la vida terrestre de Jes\u00fas, son aqu\u00ed iguales, sin distinci\u00f3n de tiempo ni de raza. Todo hombre tiene necesidad del Esp\u00edritu para poder decir \u00abPadre\u00bb (Rm 8,15) y glorificar a Cristo (Jn 16,14). Asi se derrama en nosotros un amor (Rom 5,5) que nos apremia (2Cor 5,14), un amor del que nada puede ya separarnos (Rom 8,35-39) y que nos prepara al encuentro definitivo de amor, en el que \u00abconoceremos como somos conocidos\u00bb (1Cor 13,12).<\/p>\n<p>Dios es amor.<\/p>\n<p>El amor entre Dios y el hombre tiene finalmente por fuente el amor eterno del Padre y del Hijo (Jn 17,24.26), que es tambi\u00e9n el amor del Esp\u00edritu (2Cor 13, 13), en una palabra, el amor eterno de la Trinidad. Y en \u00e9sta aparece la afirmaci\u00f3n que es la \u00faltima palabra de toda cosa: en su esencia misma Dios es amor (1Jn 4,8.16).<\/p>\n<p>II. LA CARIDAD FRATERNA.<\/p>\n<p>AT. Ya en el AT el mandamiento del amor de Dios se completa con el \u00absegundo mandamiento\u00bb: \u00abAmar\u00e1s a tu pr\u00f3jimo como a ti mismo\u00bb (Lev 19,18). A decir verdad, este mandamiento se presenta en forma menos solemne que el otro (comp. Lev 19,1-37 y Dt 6,4-13) y la palabra pr\u00f3jimo tiene un sentido bastante Pero al israelita se le invita ya a prestar atenci\u00f3n a \u00ablos otros\u00bb. En los textos m\u00e1s antiguos es ya una ofensa a Dios ser indiferente u hostil al pr\u00f3jimo (G\u00e9n 3,12; 4,9s) y la ley une a las exigencias que conciernen a las relaciones con Dios, las que ata\u00f1en a las relaciones entre los hombres: as\u00ed el Dec\u00e1logo (\u00c9x 20,1217) o el C\u00f3digo de la alianza., que abunda en prescripciones de atenci\u00f3n para con los pobres y los peque\u00f1os (Ex 22,20-26; 23,4-12).<\/p>\n<p>Toda la tradici\u00f3n prof\u00e9tica (Am 1-2; Is 1,14-17, Jer 9,2-5; Ez 18,5-9; Mal 3,5) y toda la tradici\u00f3n sapiencial (Prov 14,21; 1,8-19; Eclo 25,1; Sab 2,10ss) van en el mismo sentido; no se puede agradar a Dios sin respetar a los otros hombres, pero sobre todo a los m\u00e1s abandonados, los menos \u00abinteresantes\u00bb. Nunca se crey\u00f3 poder amar a Dios sin interesarse por los hombres: \u00abpracticaba la justicia y el derecho&#8230; juzgaba la causa del pobre y del desgraciado. Conocerme, \u00bfno es esto?\u00bb (Jer 22, 15s). El or\u00e1culo concierne a Jos\u00edas, pero alcanza a todo Israel (cf. Jer 9,4)<\/p>\n<p>Que a este amor se le llama expl\u00edcitamente amor, esto no se dice con frecuencia (Lev 19,18; 19,34; Dt 10,19). Sin embargo, ya con ocasi\u00f3n del amor para con el extranjero se funda el mandamiento en el deber de obrar como Yahveh en los tiempos del \u00c9xodo: \u00abYahveh ama al extranjero y le alimenta y le viste. Amad tambi\u00e9n vosotros al extranjero, porque extranjeros fuisteis en la tierra de Egipto\u00bb (Dt 10,18s). El motivo no es una mera solidaridad natural, sino la historia de la salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Antes de la venida de Cristo, el juda\u00edsmo profundiza la naturaleza del amor fraterno. En el amor del pr\u00f3jimo se incluye al adversario jud\u00edo y hasta al enemigo pagano; el amor se hace m\u00e1s universal, aun cuando Israel conserva su papel central. \u00abAma la paz\u00bb, dice Hillel. \u00abAspira a la paz. Ama a las criaturas cond\u00facelas a la ley\u00bb. Se descubre que amar es prolongar la acci\u00f3n divina: \u00abLo mismo que el Santo -\u00a1bendito sea!- viste a los que est\u00e1n desnudos, consuela a los afligidos, entierra a los muertos, as\u00ed t\u00fa tambi\u00e9n viste a los que est\u00e1n desnudos, visita a los enfermos, etc.. En estas condiciones era ya f\u00e1cil hacer el enlace entre los dos mandamientos de amor de Dios y de amor del pr\u00f3jimo; as\u00ed lo hizo un d\u00eda un escriba que abord\u00f3 a Jes\u00fas (Lc 10,26s).<\/p>\n<p>NT. Si la concepci\u00f3n jud\u00eda pod\u00eda hacer creer que el amor fraterno se yuxtapone en el mismo plano a otros mandamientos, la visi\u00f3n cristiana, en cambio, le da el puesto central y hasta \u00fanico.<\/p>\n<p>Los dos amores.<\/p>\n<p>De un extremo a otro del NT el amor del pr\u00f3jimo aparece indisociable del amor de Dios: los dos mandamientos son el \u00e1pice y la clave de la ley (Mc 12,28-33 p); es el compendio de toda exigencia moral (G\u00e1l 5,22; 6,2; Rom 13, es; Col 3,14), el mandamiento \u00fanico (1Jn 15,12; 2Jn 5); la caridad es la obra \u00fanica y multiforme de toda fe viva (G\u00e1l 5,\u00f3.22): \u00abel que no ama a su hermano, al que ve, \u00bfc\u00f3mo amar\u00e1 a Dios, al que no ve\u00bb (1Jn 4,20s)?<\/p>\n<p>Este amor es esencialmente religioso, de un esp\u00edritu completamente distinto de la mera filantrop\u00eda. En primer lugar por su modelo: imitar el amor mismo de Dios (Mt 5,44s; Ef 5,1s.25; 1Jn 4,11s). Luego por su fuente, y sobre todo porque es la obra de Dios en nosotros: \u00bfc\u00f3mo ser\u00edamos nosotros misericordiosos como el Padre celestial (Lc 6,36) si no nos lo ense\u00f1ara el Se\u00f1or (1Tes 4,9), si no lo derramara el Esp\u00edritu en nuestros corazones (Rm 5,5; 15,30)? Este amor viene de Dios y existe en nosotros por el hecho mismo de que Dios nos toma por hijos (1Jn 4,7). Y, venido de Dios, vuelve a Dios: amando a nuestros hermanos amamos al Se\u00f1or mismo (Mt 25,40), puesto que todos juntos formamos el cuerpo de Cristo (Rm 12,5-10; 1Cor 12,12-27). Tal es la manera como podemos responder al amor con que Dios nos am\u00f3 el primero (1Jn 3,16; 4,19s).<\/p>\n<p>Mientras se aguarda la parus\u00eda del Se\u00f1or, la caridad es la actividad esencial de los disc\u00edpulos de Jes\u00fas, seg\u00fan la cual ser\u00e1n juzgados (Mt 25, 31-46). Tal es el testamento dejado por Jes\u00fas: \u00abAmaos los unos a los otros, como yo os he amado\u00bb. (Jn 13,34s). El acto de amor de Cristo sigue expres\u00e1ndose a trav\u00e9s de los actos de los disc\u00edpulos. Este mandamiento, si bien antiguo por estar ligado con las fuentes de la revelaci\u00f3n (1Jn 2,7s), es nuevo: en efecto, Jes\u00fas inaugur\u00f3 una era nueva que anunciaban los profetas, dando a cada uno el Esp\u00edritu que crea corazones nuevos. Si, pues, est\u00e1n unidos los dos mandamientos, es porque el amor de Cristo contin\u00faa expres\u00e1ndose a trav\u00e9s de la caridad que manifiestan los disc\u00edpulos entre s\u00ed.<\/p>\n<p>El amor es don.<\/p>\n<p>La caridad cristiana es vista, sobre todo por los sin\u00f3pticos y san Pablo, conforme a la imagen de Dios que da gratuitamente su Hijo por la salvaci\u00f3n de todos los hombres pecadores, sin m\u00e9rito alguno por su parte (Mc 10,45; Rom 5,6ss). Es, pues, universal, sin dejar que subsista barrera alguna social o racial (G\u00e1l 3,28), sin despreciar a nadie (Lc 14,13; 7,39); m\u00e1s a\u00fan, exige el amor de los enemigos (Mt 5,43-47; Lc 10,29-37). El amor no puede desalentarse: tiene como leyes el perd\u00f3n sin limites (Mt 18, 21s; 6,12.14s), el gesto espont\u00e1neo para con el adversario (Mt 5,23-26), la paciencia, el bien devuelto a cambio del mal (Rm 12,14-21; Ef 4,25-5,2). En el matrimonio se expresa en forma de don total, a imagen del sacrificio de Cristo (Ef 5,25-32). Para todos es finalmente una esclavitud mutua (G\u00e1l 5,13), en la que el hombre renuncia a si mismo con Cristo crucificado (Flp 2,1-11). Pablo, en su \u00abhimno a la caridad\u00bb (1Cor 13) manifiesta la naturaleza y la grandeza del amor. Sin descuidar en modo alguno sus exigencias cotidianas (13,4ss), afirma que sin la caridad nada tiene valor (13,1ss), que s\u00f3lo ella sobrevivir\u00e1 a todo: amando como Cristo vivimos ya una realidad divina y eterna (13,8-13). Por ella es edificada la Iglesia (1Cor 8, 1; Ef 4,16); por ella el hombre viene a ser perfecto para el dia del Se\u00f1or (Flp I,9ss).<\/p>\n<p>El amor es comuni\u00f3n.<\/p>\n<p>Desde luego, Juan no ignora la universalidad y la gratuidad del amor divino (Jn 3,16; 15,16; 1Jn 4,10), pero es m\u00e1s sensible a la comuni\u00f3n del Padre y del Hijo en el Esp\u00edritu. Este amor se difunde en nosotros y nos invita a participar en \u00e9l, no s\u00f3lo amando a Dios, sino viviendo a su imagen en una intensa comuni\u00f3n religiosa de intercambio y de reciprocidad. La comuni\u00f3n de los disc\u00edpulos es un fuego de amor que el cristiano debe animar con todo su coraz\u00f3n. Frente al mundo, al que no debe amar (1Jn 2,15; cf. Jn 17,9), amar\u00e1 a sus hermanos con un amor exigente y concreto (1Jn 3,11-18), en el que entra en juego la ley de la renuncia y de la muerte, sin la cual no hay verdadera fecundidad (Jn 12,24s). Por esta caridad el creyente permanece en comuni\u00f3n con Dios (1Jn 4,7-5,4). Tal fue la \u00faltima oraci\u00f3n de Jes\u00fas: \u00abque el amor con que me has amado est\u00e9 en ellos y yo en ellos\u00bb (Jn 17,26). Este amor fraterno, vivido por los disc\u00edpulos en medio del mundo al que no pertenecen (17,11.15s), es el testimonio a trav\u00e9s del cual el mundo puede reconocer a Jes\u00fas como enviado del Padre (17,21): \u00abEn esto conocer\u00e1n que sois mis disc\u00edpulos: si ten\u00e9is caridad los unos con los otros\u00bb (13,35).<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">Todos los derechos: <em>Vocabulario de teolog\u00eda b\u00edblica<\/em>, X. L\u00e9on-Dufour<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00abDios es amor\u00bb \u00abAmaos los unos a los otros\u00bb El hombre, antes de llegar a esta cima de la revelaci\u00f3n del NT, debe purificar las concepciones totalmente humanas que se forman del amor, para acoger el misterio del amor divino, &hellip; <a href=\"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=1960\">Sigue leyendo <span class=\"meta-nav\">&rarr;<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_jetpack_newsletter_access":""},"categories":[31],"tags":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p2dsrC-vC","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1960"}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=1960"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1960\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":1961,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1960\/revisions\/1961"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=1960"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=1960"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=1960"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}