{"id":1978,"date":"2018-07-10T10:44:13","date_gmt":"2018-07-10T16:44:13","guid":{"rendered":"http:\/\/www.ocdmx.org\/?p=1978"},"modified":"2019-07-10T10:47:43","modified_gmt":"2019-07-10T16:47:43","slug":"casa","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=1978","title":{"rendered":"CASA"},"content":{"rendered":"<p>Para vivir tiene el hombre necesidad de un medio favorable y de un abrigo protector: una familia y una casa, ambas designadas con la misma palabra hebrea: <em>bayt <\/em>(<em>bet <\/em>en las palabras compuestas: p.e., <em>Bet-el<\/em>, casa de Dios). Ahora bien, Dios no se contenta con dar al hombre una familia natural y una morada natural; quiere introducirlo en su propia casa, no s\u00f3lo como servidor, sino a t\u00edtulo de hijo; por eso Dios, despu\u00e9s de haber habitado en medio de Israel en el templo, envi\u00f3 a su Hijo \u00fanico a construirle una morada espiritual hecha de piedras vivas y abierta a todos los hombres.<\/p>\n<p>I.\u00a0LA CASA DE LOS HIJOS DE LOS HOMBRES<\/p>\n<p>1.\u00a0La casa de familia.<\/p>\n<p>El hombre aspira a tener un lugar donde se halle \u00aben su casa\u00bb, un nido, como dice el viejo proverbio <em>Prov 27,8<\/em>, un techo que proteja su vida privada <em>Eclo 29,21<\/em>; y esto en su pa\u00eds <em>Gen 30,25<\/em>, all\u00ed donde se halla su casa paterna, una herencia que nadie debe sustraerle <em>Miq 2,2 <\/em>ni siquiera codiciar <em>Ex 20,17 p<\/em>. En esta casa bien arreglada, en la que reina el encanto de la mujer <em>Eclo 26,16<\/em>, pero que una mala esposa hace inhabitable <em>25,16<\/em>, el hombre vive con sus hijos, que est\u00e1n all\u00ed permanentemente, mientras que los servidores pueden abandonarla <em>Jn 8,35<\/em>; le gusta recibir en ella hu\u00e9spedes, forz\u00e1ndolos, si es menester <em>Gen 19,2s Act 16,15<\/em>. Una casa tiene tanto valor que el que acaba de construirla no debe ser privado de disfrutar de ella; as\u00ed en Israel una ley muy humana le dispensar\u00e1 de los riesgos de la guerra, aunque sea una guerra santa <em>Dt 20,5 1Mac 3,56<\/em>.<\/p>\n<p>2.\u00a0Lo que edifica y lo que arruina.<\/p>\n<p>As\u00ed pues, construir una casa no es s\u00f3lo edificar sus muros, es fundar un hogar, engendrar una descendencia y transmitirle lecciones religiosas y ejemplos de virtud; es obra de sabidur\u00eda <em>Prov 14,1 <\/em>y quehacer en el que una mujer virtuosa es irreemplazable <em>31,10-31<\/em>; es incluso obra divina que el hombre solo no puede llevar a t\u00e9rmino <em>Sal 127,1<\/em>. Pero el hombre con su malicia es capaz de atraer la desgracia sobre su casa <em>Prov 17,13<\/em>, y la mujer insensata trastorna la suya <em>14,1<\/em>. Es que el pecado, antes de destruir la casa, ha provocado ya otra ruina: la del hombre mismo, fr\u00e1gil morada de arcilla <em>Job 4,19<\/em>, vivificada por el h\u00e1lito de Dios <em>Gen 2,7<\/em>. El hombre pecador debe morir y entregar a Dios su h\u00e1lito antes de ir a reunirse con sus padres en la tumba, casa de eternidad <em>Gen 25,8 Sal 49,12.20 Ecl 12,5ss<\/em>; no obstante, sobrevive en su descendencia, casa que Dios construye a sus amigos <em>Sal 127<\/em>. Se ve por qu\u00e9 construir una casa y no poder habitarla es un s\u00edmbolo del castigo de Dios que merece la infidelidad <em>Dt 28,30<\/em>, mientras que los elegidos, en el gozo escatol\u00f3gico, habitar\u00e1n sus casas para siempre <em>Is 65,21ss<\/em>.<\/p>\n<p>II.\u00a0LA CASA SIMB\u00d3LICA DE DIOS<\/p>\n<p>1.\u00a0Casa de Israel y casa de David.<\/p>\n<p>Dios quiere habitar de nuevo entre los hombres, a los que el pecado ha separado de \u00e9l; inaugura su designio llamando a Abraham a servirle y sac\u00e1ndolo del ambiente de los hombres que sirven a otros dioses <em>Jos 24,2<\/em>; por eso debe Abraham abandonar su pa\u00eds y la casa de su padre <em>Gen 12,1<\/em>. Vivir\u00e1 bajo la tienda, como viajero, y sus hijos como \u00e9l <em>Heb 11,9.13<\/em>, hasta el d\u00eda en que Jacob y sus hijos se instalen en Egipto; pero luego aspirar\u00e1 Israel a salir de esta \u00abcasa de servidumbre\u00bb y Dios lo liberar\u00e1 de ella para hacer alianza con \u00e9l y habitar en medio de su pueblo en la tienda que se hace preparar; all\u00ed reposa la nube que vela su gloria y que manifiesta su presencia a toda la casa de Israel <em>Ex 40,34-38<\/em>. Este nombre conviene todav\u00eda a los descendientes de Jacob, hechos m\u00e1s numerosos que las estrellas <em>Dt 10,22<\/em>.<\/p>\n<p>Este pueblo se re\u00fane alrededor de la tienda de su Dios, llamada por esto tienda de la reuni\u00f3n \u00a0<em>Ex 33,7<\/em>; all\u00ed habla Dios a Mois\u00e9s, su servidor, que tiene constantemente acceso a su casa <em>33,9ss Num 12,7 <\/em>y que guiar\u00e1 a su pueblo hasta la tierra prometida; Yahveh quiere hacer de esta tierra, que es toda entera \u00absu casa\u00bb <em>Os 8,1 9,15 Jer 12,7 Zac 9,8<\/em>, el domicilio estable de su pueblo <em>2Sa 7,10<\/em>. David a su vez quiere instalar a Dios en una casa semejante al palacio que habita \u00e9l mismo <em>7,2<\/em>. Sin embargo, Dios descarta este proyecto porque le basta la tienda <em>7,Sss<\/em>; pero bendice la intenci\u00f3n de su ungido: si no desea habitar en una casa de piedra, quiere, en cambio, construir a David una casa y afirmar a su descendencia en su trono <em>7,11-16<\/em>; construir una casa a Dios est\u00e1 reservado al hijo de David, que tendr\u00e1 a Dios por Padre <em>7,13s<\/em>.<\/p>\n<p>2.\u00a0De la casa de piedra al templo celestial.<\/p>\n<p>Salom\u00f3n se aplicar\u00e1 esta misteriosa profec\u00eda; aun proclamando que los cielos de los cielos no pueden contener a Dios que los habita <em>1Re 8,27<\/em>, construir\u00e1 una casa para el nombre de Yahveh, al que se invocar\u00e1 all\u00ed, y para el arca, s\u00edmbolo de su presencia <em>8,19ss.29<\/em>. Pero Dios no se restringe a ning\u00fan lugar ni a ninguna casa; lo hace proclamar por Jerem\u00edas en la casa misma que lleva su nombre <em>Jer 7,2-14 <\/em>y lo prueba a Ezequiel con dos visiones: en una de ellas la gloria de Dios abandona su casa profanada <em>Ez 10,18 11,23<\/em>; en la otra, la misma gloria aparece al profeta en la tierra pagana en que est\u00e1 desterrada la casa de Israel <em>Ez 1<\/em>. Pero a esta casa que ha mancillado su nombre anuncia Dios que va a purificarla, a reunirla, a unificarla y a establecer en ella de nuevo su morada <em>36,22-28 37,15s.26ss<\/em>. Todo esto ser\u00e1 efecto de la efusi\u00f3n de su Esp\u00edritu sobre la casa de Israel <em>39,29<\/em>. Esta profec\u00eda mayor deja entrever cu\u00e1l es la verdadera casa de Dios: no ya el templo material y simb\u00f3lico, descrito minuciosamente por el profeta <em>40- 43<\/em>, sino la misma casa de Israel, morada espiritual de su Dios.<\/p>\n<p>3.\u00a0La morada del Dios de los humildes.<\/p>\n<p>Por otra parte, al retorno del exilio, se va a dar una doble lecci\u00f3n al pueblo para liberarlo de su particularismo y de su formalismo; por una parte, Dios abre su casa a todas las naciones <em>Is 56,5ss Mc 11,17<\/em>; por otra parte, proclama que su casa es trascendente y eterna y que, para ser introducido en ella, hay que tener un coraz\u00f3n humilde y contrito <em>Is 57,15 66,1s Sal 15<\/em>. Pero e esta morada celestial, \u00bfqui\u00e9n puede, pues, introducir al hombre? La misma sabidur\u00eda divina que va a venir a construir su casa entre los hombres y a invitarlos a entrar en ella <em>Prov 8,31 9,1-6<\/em>.<\/p>\n<p>III. LA CASA ESPIRITUAL DEL PADRE Y DE SUS HIJOS<\/p>\n<p>1.\u00a0Cristo Jes\u00fas es, en efecto, la Sabidur\u00eda de Dios <em>1Cor 1,24<\/em>. Es la palabra de Dios que viene a habitar entre nosotros haci\u00e9ndose carne <em>Jn 1,14<\/em>. Es de la casa de David y viene a reinar en la casa de Jacob <em>Lc 1,27.33<\/em>; pero en Bel\u00e9n, ciudad de David, donde nace, no halla casa en que lo reciban <em>2,4.7<\/em>. Si en Nazaret vive en la casa de sus padres <em>2,51<\/em>, a los doce a\u00f1os testimonia ya que debe dedicarse a los asuntos de su Padre <em>2,49<\/em>, cuya casa es el templo <em>Jn 2,16<\/em>. En esta casa intervendr\u00e1 con la autoridad del Hijo, que en ella se halla en su casa <em>Mc 11,17 p<\/em>; pero sabe que est\u00e1 abocada a la ruina <em>13,1s p <\/em>y viene a construir una nueva: su Iglesia <em>Mt 16,18 1Tim 3,15<\/em>.<\/p>\n<p>2.\u00a0En el cumplimiento de esta misi\u00f3n no tendr\u00e1 \u00abcasa\u00bb <em>Lc 9,58 <\/em>ni familia <em>8,21<\/em>; ser\u00e1 invitado y se invitar\u00e1 en casa de los pecadores y de los publicanos <em>5,29-32 19,5-10<\/em>; en los que le reciban hallar\u00e1 una acogida unas veces fr\u00eda, otras veces amistosa <em>7,36-50 10,38ss<\/em>; pero siempre llevar\u00e1 a estas casas el llamamiento a la conversi\u00f3n, la gracia del perd\u00f3n, la revelaci\u00f3n de la salvaci\u00f3n, \u00fanica cosa necesaria. A los disc\u00edpulos que, siguiendo su llamamiento, dejen su casa y renuncien a todo para seguirle <em>Mc 10,29s<\/em>, les dar\u00e1 la misi\u00f3n de llevar la paz a las casas en que los acojan <em>Lc 10,5s<\/em>, al mismo tiempo que el llamamiento a seguir a Cristo, camino que lleva a la casa del Padre y promete introducirnos en ella <em>Jn 14,2-6<\/em>.<\/p>\n<p>Para abrirnos el acceso a esta casa, cuyo constructor es Dios y a la cabeza de la cual se halla \u00e9l mismo en calidad de hijo <em>Heb 3,3-6<\/em>, nos precede Cristo, nuestro sumo sacerdote, penetrando en ella con su sacrificio <em>6,19s 10,19ss<\/em>. Por lo dem\u00e1s, esta casa del Padre, este santuario celeste es una realidad espiritual que no est\u00e1 lejos de nosotros; \u00abes nosotros mismos\u00bb, si por lo menos nuestra esperanza es indefectible <em>3,6<\/em>.<\/p>\n<p>3.\u00a0Cierto que esta morada de Dios no se acabar\u00e1 sino cuando cada uno de nosotros, habiendo abandonado su morada terrena, se haya revestido de su morada eterna y celestial, de su cuerpo glorioso e inmortal <em>2Cor 5,1s 1Cor 15,53<\/em>. Pero desde ahora nos invita Dios a colaborar con \u00e9l para construir esta casa, cuyo fundamento es Jesucristo <em>1Cor 3,9ss<\/em>, piedra angular y viva, y que est\u00e1 hecha con las piedras vivas que son los creyentes <em>1Pe 2,4ss<\/em>. Cristo, d\u00e1ndonos acceso cerca del Padre, no nos ha hecho solamente entrar como hu\u00e9spedes en su casa, nos ha otorgado ser \u00abde casa\u00bb <em>Ef 2,18s<\/em>, ser integrados en la construcci\u00f3n y crecer con ella; porque cada uno viene a ser morada de Dios cuando est\u00e1 unido con sus hermanos en el Se\u00f1or por el Esp\u00edritu <em>2,21s<\/em>. He aqu\u00ed por qu\u00e9 en el Apocalipsis la Jerusal\u00e9n celestial no tiene ya templo <em>Ap 21,22<\/em>; toda ella es la morada de Dios con los hombres venidos a ser sus hijos <em>21,3.7 <\/em>y que permanecen con Cristo en el amor de su Padre <em>Jn 15,10<\/em>.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">Todos los derechos: <em>Vocabulario de teolog\u00eda b\u00edblica<\/em>, X. L\u00e9on-Dufour<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Para vivir tiene el hombre necesidad de un medio favorable y de un abrigo protector: una familia y una casa, ambas designadas con la misma palabra hebrea: bayt (bet en las palabras compuestas: p.e., Bet-el, casa de Dios). 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