{"id":1997,"date":"2018-07-12T10:15:47","date_gmt":"2018-07-12T16:15:47","guid":{"rendered":"http:\/\/www.ocdmx.org\/?p=1997"},"modified":"2019-07-12T10:24:49","modified_gmt":"2019-07-12T16:24:49","slug":"esperanza","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=1997","title":{"rendered":"ESPERANZA"},"content":{"rendered":"<p>Hablar de la esperanza es decir el lugar que ocupa el porvenir en la vida religiosa del pueblo de Dios, un porvenir de felicidad, al que est\u00e1n llamados todos los hombres <em>1Tim 2,4<\/em>. Las promesas de Dios revelaron poco a poco a su pueblo el esplendor de este porvenir, que no ser\u00e1 una realidad de este mundo, sino \u00abuna patria mejor, es decir, celestial\u00bb <em>Heb 11,16<\/em>: \u00abla vida eterna\u00bb, en la que el hombre ser\u00e1 \u00absemejante a Dios\u00bb <em>1Jn 2,25 3,2<\/em>.<\/p>\n<p>La fe es la que garantiza la realidad de este porvenir prometido por Dios <em>Heb 11,1 <\/em>y de las exigencias que implica. Por la confianza se apoya el hombre en Dios, de quien este porvenir depende <em>Jdt 9,5<\/em>. La esperanza, enraizada en la fe y en la confianza, puede entonces desplegarse hacia el futuro y activar con su dinamismo toda la vida del creyente. La esperanza mantiene la paciencia y la fidelidad, cuya expresi\u00f3n mayor, seg\u00fan el NT, es el amor. Fe y confianza, esperanza, amor son, pues, diferentes aspectos de una actitud espiritual compleja, pero una. En hebreo, las mismas ra\u00edces expresan con frecuencia una u otra de estas nociones: sin embargo, el l\u00e9xico de la esperanza se refiere m\u00e1s especialmente a las ra\u00edces <em>qavah, ya- <\/em>\/ya\/ y <em>bgtah<\/em>, que los traductores expresaron lo mejor que pudieron en griego (<em>elpizo, elpis, pepoitha, hypo-menos<\/em>) o en lat\u00edn (<em>spero, spes, confido, sustineo, exspecto<\/em>&#8230;). El NT y probablemente san Pablo <em>1Tes 1,3 1Cor 13,13 Gal 5,5s <\/em>establecer\u00e1 con toda nitidez la tr\u00edada: fe, esperanza, caridad.<\/p>\n<p>AT<\/p>\n<p>I.\u00a0LA ESPERANZA DE LAS BENDICIONES DE YAHVEH<\/p>\n<p>Si la misteriosa promesa hecha ya en los or\u00edgenes por Dios a la humanidad pecadora <em>Gen 3,15 9,1-17 <\/em>atestigua que Dios no la dej\u00f3 jam\u00e1s sin esperanza, con Abraham es con quien comienza verdaderamente la historia de la esperanza b\u00edblica. El porvenir garantizado por la promesa es sencillo: una tierra y una posteridad numerosa <em>Gen 12,1s<\/em>: fecundidad. Durante siglos enteros los objetos de la esperanza de Israel seguir\u00e1n siendo del mismo orden terrenal: \u00abla tierra que mana leche y miel\u00bb <em>Ex 3,8.17<\/em>, todas las formas de la prosperidad <em>Gen 49 Ex 23,27-33 Lev 26,3- 13 Dt 28<\/em>.<\/p>\n<p>Este vigoroso \u00edmpetu hacia los bienes de este mundo no hace, sin embargo, de la religi\u00f3n de Israel una simple moral del bienestar. Estos bienes terrestres son para Israel bendiciones <em>Gen 39,5 49,25 <\/em>y dones <em>Gen 13,15 24,7 28,13 <\/em>de Dios, que se muestra fiel a la promesa y a la alianza <em>Ex 23,25 Dt 28,2<\/em>. Cuando la fidelidad a Yahveh lo exige, estos bienes terrenales deben, pues, sacrificarse sin vacilar <em>Jos 6,17-21 1Sa 15<\/em>; el sacrificio de Abraham quedaba como ejemplo de esperanza perfecta en la promesa del Todopoderoso <em>Gen 22<\/em>. Esta situaci\u00f3n hac\u00eda presagiar que un d\u00eda conocer\u00eda Israel una \u00abesperanza mejor\u00bb <em>Heb 7,19 <\/em>hacia la que Dios va a conducir lentamente a su pueblo.<\/p>\n<p>II.\u00a0YAHVEH, ESPERANZA DE ISRAEL Y DE LAS NACIONES<\/p>\n<p>Este progreso fue en primer lugar obra de los profetas que, aun purificando y manteniendo la esperanza de Israel, le abrieron ya nuevas perspectivas.<\/p>\n<p>1.\u00a0La falsa esperanza<\/p>\n<p>Israel olvid\u00f3 con frecuencia que un porvenir dichoso era un don del Dios de la alianza <em>Os 2,10 Ez 16,15ss<\/em>. Consiguientemente, se ve\u00eda tentado a asegurarse este porvenir de la misma manera que las naciones: con un culto formalista, con la idolatr\u00eda, el poder o las alianzas. Los profetas denuncian esta esperanza ilusoria <em>Jer 8,15 13,16<\/em>. Sin fidelidad no hay que esperar la salvaci\u00f3n <em>Os 12,7 Is 26,8ss 59,9ss<\/em>. El d\u00eda de Yahveh, \u00absombr\u00edo, sin la menor claridad\u00bb <em>Am 5,20<\/em>, ser\u00e1 \u00abel d\u00eda de la ira\u00bb <em>Sof 1,15ss<\/em>. Jerem\u00edas <em>1-29 <\/em>ilustra t\u00edpicamente este aspecto del ministerio prof\u00e9tico.<\/p>\n<p>2.\u00a0La verdadera esperanza<\/p>\n<p>El porvenir parece a veces cerrarse delante de Israel, que entonces se ve tentado a decir: \u00abNuestra esperanza se ha destruido\u00bb <em>Ez 37,11 Lam 3,18<\/em>. Para los profetas queda entonces la esperanza como soterrada (<em>Is 8,16s) <\/em>pero no debe desaparecer: un resto se salvar\u00e1 <em>Am 9,8s \u00a0Is 10,19ss<\/em>. La realizaci\u00f3n del designio de Dios podr\u00e1 as\u00ed proseguirse. A la hora del castigo, el anuncio de este \u00abporvenir lleno de esperanza\u00bb <em>Jer 29,11 31,17 <\/em>resuena en los o\u00eddos de Israel <em>Jer 30-33 Ez 34-48 Is 40-55 <\/em>para que se consuele y se mantenga su esperanza <em>Sal 9,19<\/em>. La misma infidelidad de Israel no debe impedir esperar: Dios le perdonar\u00e1 <em>Is 11 Lam 3,22-33 Is 54,4-10 Ez 35,29<\/em>. Si la salvaci\u00f3n puede tardar <em>Hab 2,3 Sof 3,8<\/em>, es, sin embargo, cierta, pues Yahveh, que es fiel y misericordioso, es \u00abla esperanza de Israel\u00bb <em>Jer 14,8 17,13s<\/em>.<\/p>\n<p>3.\u00a0Una nueva esperanza<\/p>\n<p>La concepci\u00f3n prof\u00e9tica del porvenir es muy compleja. Los profetas anuncian la paz, la salvaci\u00f3n, la luz, la curaci\u00f3n, la redenci\u00f3n. Entrev\u00e9n la maravillosa y definitiva renovaci\u00f3n del para\u00edso, del \u00e9xodo, de la alianza, o del reinado de David. Israel \u00abser\u00e1 saciado de las bendiciones\u00bb <em>Jer 31,14 <\/em>de Yahveh <em>Os 2,23s Is 32,15 Jer 31 <\/em>y ver\u00e1 afluir a \u00e9l la riqueza de las naciones <em>Is 61<\/em>. Los profetas, pr\u00f3ximos al antiguo Israel, sit\u00faan en el centro del porvenir a Israel y su felicidad (bienaventuranza) temporal.<\/p>\n<p>Pero suspiran tambi\u00e9n por el d\u00eda en que Israel se ver\u00e1 lleno del conocimiento de Dios <em>Is 11,9 Hab 2,14 <\/em>porque Dios habr\u00e1 renovado los corazones <em>Jer 31,33ss Ez 36,25ss<\/em>, mientras que las naciones se convertir\u00e1n <em>Is 2,3 Jer 3,17 Is 45,14s<\/em>. Este porvenir ser\u00e1 la \u00e9poca de un culto finalmente perfecto <em>Ez 40-48 Zac 14<\/em>, en el que tomar\u00e1n parte las naciones <em>Is 56,8 Zac 14,16s Sal 86,8s 102,22s<\/em>. Ahora bien, la cima del culto es la contemplaci\u00f3n de Yahveh <em>Sal 63 84<\/em>. Para los profetas, la esperanza de Israel y de las naciones es Dios mismo <em>Is 60,19s 63,19 51,5 <\/em>y su reinado <em>Sal 96-99<\/em>. Sin embargo, la felicidad de Israel esperada para el porvenir sigue todav\u00eda situada en la tierra y, salvo excepci\u00f3n <em>Ez 18<\/em>, es colectiva, mientras que la fidelidad de la que depende su venida es individual.<\/p>\n<p>III.\u00a0LA ESPERANZA DE LA SALVACI\u00d3N PERSONAL Y EL M\u00c1S ALL\u00c1<\/p>\n<p>Estos progresos van a realizarse entre los piadosos y los sabios, en el marco de la fe en la retribuci\u00f3n personal. Esta fe tropezaba con el problema planteado por el sufrimiento del justo. Un profeta hab\u00eda, s\u00ed, ense\u00f1ado que este sufrimiento deb\u00eda engendrar la esperanza en lugar de impedirla, puesto que era redentor <em>Is 53<\/em>. Pero esta anticipaci\u00f3n no tuvo consecuencias en el AT. La esperanza de Job, por ejemplo, a pesar de los presentimientos <em>Job 13,15 19,25ss<\/em>, desemboca en la noche <em>Job 42,1-6<\/em>.<\/p>\n<p>La esperanza de los m\u00edsticos, colmada por la presencia de Dios, se siente llegada a su t\u00e9rmino: el sufrimiento y la muerte no tienen verdaderamente importancia para ella <em>Sal 73 49,16,139,8-16<\/em>. La fe de los m\u00e1rtires engendra la esperanza de la resurrecci\u00f3n <em>Dan 12,1ss 2Mac 7<\/em>, mientras que la esperanza colectiva se orienta hacia el Hijo del hombre <em>Dan 7<\/em>. La esperanza de los sabios se orienta hacia una paz <em>Sab 3,3<\/em>, un reposo <em>4,7<\/em>, una salvaci\u00f3n <em>5,2<\/em>, que no est\u00e1n ya en la tierra, sino en la inmortalidad <em>3,4<\/em>, cerca del Se\u00f1or <em>5,15s<\/em>. De esta manera la esperanza se hace personal (5) y se orienta hacia el mundo venidero.<\/p>\n<p>La esperanza jud\u00eda del tiempo de Jes\u00fas reflejaba las diversas formas de la esperanza de Israel. Esperaba un porvenir a la vez material y espiritual, centrado en Dios y en Israel: temporal y eterno. La realizaci\u00f3n de este porvenir en Jes\u00fas iba a llevar a la esperanza a purificarse todav\u00eda m\u00e1s.<\/p>\n<p>NT<\/p>\n<p>I.\u00a0LA ESPERANZA DE ISRAEL, REALIZADA EN JES\u00daS<\/p>\n<p>Jes\u00fas proclama la venida del reino de Dios a este mundo <em>Mt 4,17<\/em>. Pero este reino es una realidad espiritual que s\u00f3lo es accesible a la fe. La esperanza de Israel debe, pues, para ser colmada, renunciar a todo el aspecto material de su espera: Jes\u00fas pide a sus disc\u00edpulos que acepten el sufrimiento y la muerte como \u00e9l lo hizo <em>Mt 16,24ss<\/em>. Por otra parte, el reino, ya presente, es, no obstante, todav\u00eda futuro. La esperanza contin\u00faa, pues, pero orientada \u00fanicamente hacia la vida eterna <em>18,8s<\/em>, hacia la venida gloriosa del Hijo del hombre \u00abque retribuir\u00e1 a cada uno seg\u00fan su conducta\u00bb <em>16,27 25,31-46<\/em>.<\/p>\n<p>Mientras llega ese d\u00eda, la Iglesia, fuerte con las promesas <em>16,18 <\/em>y con la presencia de Jes\u00fas <em>28,20<\/em>, debe acabar de realizar la esperanza de los profetas, abriendo a las naciones su reino y su esperanza <em>8,11s 28,19<\/em>.<\/p>\n<p>II.\u00a0JESUCRISTO, ESPERANZA DE LA IGLESIA<\/p>\n<p>La esperanza de la Iglesia es, en la fe, una esperanza colmada. En efecto, el don del Esp\u00edritu acab\u00f3 de cumplir o realizar las promesas <em>Act 2,33.39<\/em>. Toda la fuerza de su esperanza se concentra en su espera de la vuelta de Jes\u00fas <em>11,11 3,20<\/em>. Este porvenir, llamado parus\u00eda <em>Sant 5,8 1Tes 2,19<\/em>, d\u00eda del Se\u00f1or, visita, revelaci\u00f3n, parece muy pr\u00f3ximo <em>Sant 5,8 1Tes 4,13ss Heb 12,18ss 1Pe 4,7 <\/em>y f\u00e1cilmente se muestra extra\u00f1eza de que tarde <em>2Pe 3,8ss<\/em>. En realidad vendr\u00e1 \u00abcomo un ladr\u00f3n en la noche\u00bb <em>1Tes 5,1ss 2Pe 3,10 Ap 33,3 Mt 24,36<\/em>. Esta incertidumbre exige que se est\u00e9 en vela <em>1Tes 5,6 1Pe 5,8 <\/em>con una paciencia inquebrantable en las pruebas y en el sufrimiento <em>Sant 5,7ss 1Tes 1,4s 1Pe 1,5ss Lc 21,19<\/em>.<\/p>\n<p>La esperanza de la Iglesia es gozosa <em>Rom 12,12<\/em>, incluso en el sufrimiento <em>1Pe 4.13 Mt 5,11s<\/em>, pues la gloria que se espera es tan grande <em>2Cor 4,17 <\/em>que repercute ya en el presente <em>1Pe 1,8s<\/em>. Esta esperanza engendra la sobriedad <em>1Tes 5,8 1Pe 4,7 <\/em>y el desasimiento <em>1Cor 7,29ss 1Pe 1,13 Tit 2,13<\/em>. \u00bfQu\u00e9 son, en efecto, los bienes terrenales en comparaci\u00f3n con la esperanza de \u00abparticipar de la naturaleza divina\u00bb <em>2Pe 1,4<\/em>? La esperanza, finalmente, suscita la oraci\u00f3n y el amor fraterno <em>1Pe 4,7s Sant 5,8s<\/em>. Fijada en el mundo venidero <em>Heb 6,18 <\/em>anima toda la vida cristiana.<\/p>\n<p>III.\u00a0LA DOCTRINA PAULINA DE LA ESPERANZA<\/p>\n<p>San Pablo comparte la esperanza de la Iglesia, pero la riqueza de su pensamiento y de su vida espiritual aporta elementos de gran valor al tesoro com\u00fan.<\/p>\n<p>As\u00ed, el puesto que reserva a la \u00abredenci\u00f3n de nuestro cuerpo\u00bb <em>Rom 8,23<\/em>, ya sea transformaci\u00f3n de los vivos <em>1Cor 15.51 1Tes 4,13-18 <\/em>o sobre todo resurrecci\u00f3n de los muertos. No creer en \u00e9sta es para Pablo estar \u00absin esperanza\u00bb <em>1Tes 4,13 1Cor 15,19 Ef 2,12<\/em>.<\/p>\n<p>La gloria no coronar\u00e1 sino \u00abla constancia en la pr\u00e1ctica del bien\u00bb <em>Rom 2,7s Heb 6,12<\/em>. Ahora bien, la libertad humana es fr\u00e1gil <em>Rom 7,12-25<\/em>. Siendo ello as\u00ed, \u00bfpuede el cristiano verdaderamente esperar tomar parte en la herencia prometida <em>Col 4,24<\/em>? Puede y debe, como Abraham, \u00abesperar contra toda esperanza\u00bb. Por raz\u00f3n de su fe en las promesas <em>Rom 4,18-25 <\/em>y de su confianza en la fidelidad de Dios, que garantizar\u00e1 la fidelidad del hombre <em>1Tes 5,24 1Cor 1,9 Heb 10,23 <\/em>desde su llamada (vocaci\u00f3n) hasta la gloria <em>Rom 8,28-30<\/em>.<\/p>\n<p>El cumplimiento de las promesas en Jesucristo <em>1Cor 1,20 <\/em>tiene un papel fundamental en la reflexi\u00f3n de Pablo. La gloria esperada es una realidad actual <em>2Cor 3,18-4,6<\/em>, aunque invisible <em>2Cor 4,18 Rom 8,24s<\/em>. Un bautizado est\u00e1 ya resucitado <em>Rom 6,1-7 Col 3,1<\/em>; el Esp\u00edritu es en \u00e9l las primicias del mundo venidero <em>Rom 8,11.23 2Cor 5,5<\/em>. Dios ha hecho la gracia de la justificaci\u00f3n a hombres, a los que Ad\u00e1n arrastraba a la muerte; \u00ab\u00a1cu\u00e1nto m\u00e1s\u00bb los conducir\u00e1 a la vida su solidaridad con su Hijo <em>Rom 5<\/em>! Este cumplimiento en Cristo, de la esperanza de Israel es la revelaci\u00f3n plenaria del motivo de la esperanza cristiana: un amor tal que nada ni nadie puede separar de \u00e9l al cristiano <em>Rom 8,31-39<\/em>.<\/p>\n<p>La esperanza personal de Pablo es, finalmente, un ejemplo admirable. Se despliega en su alma con extremada intensidad. Gime por no estar todav\u00eda colmada <em>2Cor 5,5 Rom 8,23 <\/em>y se regocija con el pensamiento del porvenir que espera <em>1Cor 15,54ss<\/em>. A su, luz, las m\u00e1s leg\u00edtimas esperanzas humanas pierden todo su valor <em>Flp 3,8<\/em>. Apoy\u00e1ndose s\u00f3lo en la gracia de Dios y no en las obras <em>1Cor 4,4 15,10 Rom 3,27<\/em>, anima, sin embargo, con su dinamismo la carrera <em>Flp 3,13s <\/em>y el combate <em>2Tim 4,7 <\/em>que sostiene Pablo para cumplir su misi\u00f3n, al mismo tiempo que evita ser \u00ab\u00e9l mismo descalificado\u00bb <em>1Cor 9,26s<\/em>. Entonces suscita, pero \u00aben el Se\u00f1or\u00bb, nuevas esperanzas <em>Flp 2,19 2Cor 1,9s 4,7-18<\/em>. Cuando su muerte parece pr\u00f3xima, espera el premio <em>Flp 3,14 <\/em>que coronar\u00e1 su carrera <em>2Tim 4,6ss 1Cor 3,8<\/em>. Pero sabe que su recompensa es Cristo mismo <em>Flp 3,8<\/em>. Su esperanza es ante todo la de estar con \u00e9l <em>Flp 1,23 2Cor 5,8<\/em>. El radical desinter\u00e9s que supone se manifiesta todav\u00eda por su abertura a la salvaci\u00f3n de los \u00abotros\u00bb <em>2Tim 4,8 2,7<\/em>, cristianos <em>1Tes 2,19 <\/em>o paganos, a los que quiere revelar a Cristo, \u00abesperanza de la gloria\u00bb <em>Col 1,24-29<\/em>. La esperanza de Pablo abraza as\u00ed en toda su amplitud <em>Rom 8,19ss <\/em>el designio de Dios y responde \u00abcon amor\u00bb <em>2Tim 4,8 <\/em>al amor del Se\u00f1or.<\/p>\n<p>IV.\u00a0LAS NUPCIAS DEL CORDERO<\/p>\n<p>La esperanza jo\u00e1nnica no deja de ser una espera del retorno del Se\u00f1or <em>Jn 14,3 1Jn 2,18<\/em>, de la resurrecci\u00f3n y del juicio <em>Jn 5,28s 6,39s<\/em>. Pero prefiere reposar en la posesi\u00f3n de una vida eterna otorgada ya al creyente <em>3,15 6,54 1Jn 5,11ss<\/em>, que ya est\u00e1 resucitado <em>Jn 11,25s 1Jn 3.14 <\/em>y juzgado <em>Jn 3,19 5,24<\/em>. El paso del cristiano a la eternidad no ser\u00e1 sino la apacible manifestaci\u00f3n <em>1Jn 4,18 <\/em>de una realidad que ya existe <em>1Jn 3,2<\/em>.<\/p>\n<p>En el Apocalipsis son las perspectivas profundamente diferentes. El cordero resucitado, rodeado de cristianos <em>Ap 5,11-14 14,1-5 15,2ss<\/em>. triunfa ya en el cielo, de donde vendr\u00e1 la Iglesia, su esposa <em>21,2<\/em>. Pero esta esposa est\u00e1 al mismo tiempo en la tierra <em>22.17<\/em>, donde se desarrolla el drama de la esperanza cristiana que tiene que hab\u00e9rselas con la historia. Los triunfas aparentes de los poderes sat\u00e1nicos pudieran fatigar esta esperanza. En realidad, el Verbo invencible combate y reina al lado de los suyos <em>19,11-16 20,1-6 <\/em>y la victoria decisiva est\u00e1 pr\u00f3xima <em>Ap 1,1 2,5 3,11 22,6.12<\/em>. La esperanza de los cristianos debe, pues, triunfar hasta la venida del \u00abuniverso nuevo\u00bb, que realizar\u00e1 por fin plena y definitivamente las profec\u00edas del AT <em>Ap 21-22<\/em>.<\/p>\n<p>Al final del libro promete el esposo: \u00abMi retorno est\u00e1 pr\u00f3ximo.\u00bb Y la esposa le responde: \u00ab\u00a1Ven, Se\u00f1or Jes\u00fas!\u00bb <em>Ap 22,20<\/em>. Esta llamada reproduce una oraci\u00f3n aramea de la Iglesia de los primeros d\u00edas: <em>Marana tha! 1Cor 16,22<\/em>. La esperanza cristiana no hallar\u00e1 jam\u00e1s mejor expresi\u00f3n, puesto que no es en el fondo sino el deseo ardiente de un amor que tiene hambre de la presencia del Se\u00f1or.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">Todos los derechos: <em>Vocabulario de teolog\u00eda b\u00edblica<\/em>, X. L\u00e9on-Dufour<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hablar de la esperanza es decir el lugar que ocupa el porvenir en la vida religiosa del pueblo de Dios, un porvenir de felicidad, al que est\u00e1n llamados todos los hombres 1Tim 2,4. 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