{"id":2008,"date":"2018-07-13T11:03:54","date_gmt":"2018-07-13T17:03:54","guid":{"rendered":"http:\/\/www.ocdmx.org\/?p=2008"},"modified":"2019-07-13T11:16:27","modified_gmt":"2019-07-13T17:16:27","slug":"gloria","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=2008","title":{"rendered":"GLORIA"},"content":{"rendered":"<p>I. LA GLORIA EN GENERAL<\/p>\n<p>En la Biblia hebraica la palabra que significa gloria implica la idea de peso. El peso de un ser en la existencia define su importancia, el respeto que inspira, su gloria. Para el hebreo, pues, a diferencia del griego y de nosotros mismos, la gloria no designa tanto la fama cuanto el valor real, estimado conforme a su peso.<\/p>\n<p>Las bases de la gloria pueden ser las riquezas. A Abraham se le llama \u00abmuy glorioso\u00bb porque posee \u00abganado, plata y oro\u00bb <em>Gen 13,2<\/em>. La gloria designa tambi\u00e9n la elevada posici\u00f3n social que ocupa un hombre y la autoridad que le confiere. Jos\u00e9 dice a sus hermanos: \u00abContad a mi padre toda la gloria que tengo en Egipto\u00bb <em>Gen 45,13<\/em>. Job, arruinado y humillado, exclama: \u00ab\u00a1Me ha despojado de mi gloria!\u00bb <em>Job 19,9 29,1-25<\/em>. Con el poder <em>Is 8,7 16,14 17,3s 21,16 Jer 48,18<\/em>, implica la gloria la influencia que irradia una persona. Designa el resplandor de la belleza. Se habla de la gloria del vestido de Aar\u00f3n <em>Ex 28,2.40<\/em>, de la gloria del templo <em>Ag 2,3.7.9 <\/em>o de Jerusal\u00e9n <em>Is 62,2<\/em>, de la \u00abgloria del L\u00edbano\u00bb <em>1s 35,1s 60,13<\/em>.<\/p>\n<p>La gloria es, por excelencia, patrimonio del rey. Dice, con su riqueza y su poder, el esplendor de su reinado <em>Par 29,28 2Par 17,5<\/em>. Salom\u00f3n recibe de Dios \u00abriqueza y gloria como nadie entre los reyes\u00bb <em>1Re 3,9-14 Mt 6,29<\/em>. El hombre, rey de la creaci\u00f3n, es \u00abcoronado de gloria\u00bb por Dios <em>Sal 8,6<\/em>.<\/p>\n<p>II. CR\u00cdTICA DE LA GLORIA HUMANA<\/p>\n<p>El AT vio la fragilidad de la gloria humana: \u00abNo temas cuando se enriquece el hombre, cuando se acrecienta la gloria de su casa. Al morir no puede llevarse nada, su gloria no desciende con \u00e9l\u00bb <em>Sal 49,17s<\/em>. La Biblia supo ligar la gloria a valores morales y religiosos <em>Prov 3,35 20,3 29,23<\/em>.<\/p>\n<p>La obediencia a Dios est\u00e1 por encima de toda gloria humana <em>Num 22,17s<\/em>. En Dios se halla el \u00fanico fundamento s\u00f3lido de la gloria <em>Sal 62,6.8<\/em>. El sabio que ha meditado sobre la gloria ef\u00edmera de los imp\u00edos, no quiere ya \u00abtener\u00bb m\u00e1s gloria que a Dios: \u00abEn tu gloria me asumir\u00e1s\u00bb <em>Sal 73.24s<\/em>. Esta actitud, llevada a su perfecci\u00f3n, ser\u00e1 la de Cristo. Cuando Sat\u00e1n le ofrezca \u00abtodos los reinos del mundo con su gloria\u00bb, responder\u00e1 Jes\u00fas: \u00abAl Se\u00f1or tu Dios adorar\u00e1s y a \u00e9l s\u00f3lo rendir\u00e1s culto\u00bb <em>Mt 4,8ss<\/em>.<\/p>\n<p>III.\u00a0LA GLORIA DE YAHVEH<\/p>\n<p>La expresi\u00f3n \u00abla gloria de Yahveh\u00bb designa a Dios mismo, en cuanto se revela en su majestad, su poder, el Resplandor de su santidad, el dinamismo de su ser. La gloria de Yahveh es, pues, epif\u00e1nica. El AT conoce dos tipos de manifestaciones o de epifan\u00edas de la gloria divina: las altas gestas de Dios y sus apariciones.<\/p>\n<p>1.\u00a0Las altas gestas de Dios.<\/p>\n<p>Dios manifiesta su gloria por sus deslumbrantes intervenciones, sus juicios, sus \u00absignos\u00bb <em>Num 14,22<\/em>. Tal es por excelencia el milagro del mar Rojo <em>Ex 14,18<\/em>; tal, el del man\u00e1 y de las codornices: \u00abPor la ma\u00f1ana ver\u00e9is la gloria de Yahveh\u00bb <em>Ex 16,7<\/em>. Dios viene en socorro de los suyos. La gloria es entonces casi sin\u00f3nimo de salvaci\u00f3n <em>Is 35,1-4 44,23 Is 40,5 Lc 3,6<\/em>. El Dios de la alianza pone su gloria en salvar y levantar a su pueblo; su gloria es su poder al servicio de su amor y de su fidelidad: \u00abCuando Yahveh reconstruya a Si\u00f3n, se le ver\u00e1 en su gloria\u00bb\u00a0\u00a0\u00a0 \u00a0<em>Sal 102,17 Ex 39,21-29<\/em>. Tambi\u00e9n la obra creadora manifiesta la gloria de Dios. \u00abLa gloria de Yahveh llena toda la tierra\u00bb <em>Num 14.21<\/em>; entre los fen\u00f3menos naturales, la tormenta es uno de los m\u00e1s expresivos de su gloria <em>Sal 29,3-9 97,1-6<\/em>.<\/p>\n<p>2.\u00a0Las apariciones de \u00abla gloria de Yahveh\u00bb.<\/p>\n<p>En el segundo tipo de manifestaciones divinas la gloria, realidad visible <em>Ex 16,10<\/em>, es la irradiaci\u00f3n fulgurante del Ser divino. De ah\u00ed la oraci\u00f3n de Mois\u00e9s: \u00ab\u00a1Hazme, por favor, ver tu gloria!\u00bb <em>Ex 33,18<\/em>. En el Sina\u00ed la gloria de Yahveh adoptaba el aspecto de una llama que coronaba la monta\u00f1a <em>Ex 24,15ss Dt 5,22ss<\/em>. Mois\u00e9s, por haberse acercado a ella en la nube, retorna \u00abcon la piel del rostro radiante\u00bb <em>Ex 34,29 <\/em>\u00abcon una gloria tal, dir\u00e1 san Pablo, que los hijos de Israel no pod\u00edan contemplarlo fijamente\u00bb <em>2Cor 3,7<\/em>. Despu\u00e9s del Sina\u00ed, la gloria invade el santuario: \u00abSer\u00e1 consagrado por mi gloria\u00bb <em>Ex 29,43 40,34<\/em>. Consiguientemente Israel est\u00e1 al servicio de la gloria <em>Lev 9,6.23s<\/em>, vive, camina y triunfa bajo su irradiaci\u00f3n <em>Num 16,1-17,15 1 20,1-13 40,36ss<\/em>. M\u00e1s tarde la gloria llenar\u00e1 el templo <em>1Re 8,10ss<\/em>. Entre esta concepci\u00f3n local y cultual de la gloria y la concepci\u00f3n activa y din\u00e1mica hay una relaci\u00f3n muy estrecha. En uno y otro caso Dios se revela presente a su pueblo para salvarlo, santificarlo y regirlo. El v\u00ednculo entre las dos nociones aparece claramente en la consagraci\u00f3n del santuario. Dios dijo entonces: \u00abSabr\u00e1n que yo, Yahveh, su Dios, soy quien los sac\u00f3 del pa\u00eds de Egipto para permanecer entre ellos\u00bb <em>Ex 29,46<\/em>.<\/p>\n<p>Isa\u00edas contempla la gloria de Yahveh bajo el aspecto de una gloria regia. El profeta ve al Se\u00f1or, su trono elevado, la cola de su ropaje que llena el santuario, su corte de serafines que clama su gloria <em>Is 6,1ss<\/em>. \u00c9sta es un fuego devorador, santidad que pone al descubierto la impureza de la criatura, su nada, su radical fragilidad. Sin embargo, no triunfa destruyendo, sino purificando y regenerando, y quiere invadir toda la tierra. Las visiones de Ezequiel dicen la libertad trascendente de la gloria, que abandona el templo <em>Ez 11,22s <\/em>y luego irradia sobre una comunidad renovada por el Esp\u00edritu <em>36,23ss 39,21-29<\/em>.<\/p>\n<p>La \u00faltima parte del libro de Isa\u00edas une los dos aspectos de la gloria: Dios reina en la ciudad santa, a la vez regenerada por su poder e iluminada por su presencia: \u00ab\u00a1Lev\u00e1ntate y resplandece, que ya se alza tu luz, y la gloria de Yahveh resplandece para ti\u00bb <em>Is 60,1<\/em>. Jerusal\u00e9n se ve \u00aberigida en gloria en medio de la tierra\u00bb <em>62,7 Bar 5,3<\/em>. De ella irradia la gloria de Dios sobre todas las naciones, que vienen a ella deslumbradas <em>Is 60,3<\/em>. En los profetas del exilio, en los salmos del reino, en los apocalipsis alcanza la gloria esta dimensi\u00f3n universal, de car\u00e1cter escatol\u00f3gico: \u00abVengo a reunir las naciones de todas las lenguas. Ellas vendr\u00e1n a ver mi gloria\u00bb <em>66,18s\u00a0\u00a0 \u00a0Sal 97,6 Hab 2,14<\/em>.<\/p>\n<p>Sobre este fondo luminoso se destaca la figura \u00absin belleza, sin esplendor\u00bb <em>Is 52,14 <\/em>del personaje que, sin embargo, est\u00e1 encargado de hacer irradiar la gloria divina hasta las extremidades de la tierra: \u00abT\u00fa eres mi siervo, en ti revelar\u00e9 mi gloria\u00bb <em>49,3<\/em>.<\/p>\n<p>IV. LA GLORIA DE CRISTO<\/p>\n<p>La elevaci\u00f3n esencial del NT est\u00e1 en el nexo de la gloria con la persona de Jes\u00fas. La gloria de Dios est\u00e1 totalmente presente en \u00e9l. Siendo Hijo de Dios, es \u00abel resplandor de su gloria, la efigie de su sustancia\u00bb <em>Heb 1,3<\/em>. La gloria de Dios est\u00e1 \u00absobre su rostro\u00bb <em>2Cor 4,6<\/em>; de \u00e9l irradia a los hombres <em>3.18<\/em>. \u00c9l es \u00abel Se\u00f1or de la gloria\u00bb <em>1Cor 2,8<\/em>. Su gloria la contemplaba ya Isa\u00edas y \u00abde \u00e9l hablaba\u00bb <em>Jn 12,41<\/em>. La gloria es una de las l\u00edneas de la revelaci\u00f3n de la divinidad de Jes\u00fas.<\/p>\n<p>1. Gloria escatol\u00f3gica.<\/p>\n<p>La manifestaci\u00f3n plenaria de la gloria divina de Jes\u00fas tendr\u00e1 lugar en la parus\u00eda. \u00abEl Hijo del hombre vendr\u00e1 en la gloria de su Padre con sus \u00e1ngeles\u00bb <em>Mc 8,38 Mt 24.30 25,31 <\/em>y manifestar\u00e1 su gloria por la consumaci\u00f3n de su obra, a la vez juicio y salvaci\u00f3n. El NT est\u00e1 orientado hacia esta \u00abaparici\u00f3n de la gloria de nuestro gran Dios y Salvador, Cristo Jes\u00fas\u00bb <em>Tit 2,13s <\/em>hacia la \u00abgloria eterna en Cristo\u00bb <em>1Pe 5,10 <\/em>a la que Dios nos ha llamado <em>1Tes 2,12 <\/em>y que \u00abha sido revelada\u00bb <em>1Pe 5,1<\/em>: \u00abla ligera tribulaci\u00f3n de un momento nos prepara, muy por encima de toda medida, un peso eterno de gloria\u00bb <em>2Cor 4,17<\/em>. La creaci\u00f3n entera aspira a la revelaci\u00f3n de esta gloria <em>Rom 8.19<\/em>. Juan ve a la nueva Jerusal\u00e9n descender del cielo ba\u00f1ada de claridad: \u00abLa gloria de Dios la ha iluminado y el cordero le sirve de lumbrera\u00bb <em>Ap 21,23<\/em>.<\/p>\n<p>2. Gloria pascual.<\/p>\n<p>Por la resurrecci\u00f3n y la ascensi\u00f3n ha \u00abentrado\u00bb ya Cristo <em>Lc 24,26 <\/em>en la gloria divina, que el Padre, en su amor, le hab\u00eda dado \u00abantes de la creaci\u00f3n del mundo\u00bb <em>Jn 17,24 <\/em>y que le pertenece como a Hijo al igual que al Padre. El Hombre-Dios fue tomado en la nube divina, arrebatado <em>Act 1,9.11<\/em>, \u00abensalzado en la gloria\u00bb <em>1Tim 3.16<\/em>. \u00abDios lo resucit\u00f3&#8230; y le dio la gloria\u00bb <em>1Pe 1.21<\/em>.<\/p>\n<p>\u00abGlorific\u00f3 a su siervo Jes\u00fas\u00bb <em>Act 3,13<\/em>. Esta gloria, como la \u00abgloria de Yahveh\u00bb en el AT, es esfera de pureza trascendente, de santidad, de luz, de poder, de vida. Jes\u00fas resucitado irradia esta gloria en todo su ser. Esteban ve al morir \u00abla gloria de Dios y a Jes\u00fas de pie a la diestra de Dios\u00bb <em>7,55<\/em>. Saulo queda deslumbrado y cegado por su \u00abgloria luminosa\u00bb <em>22,11<\/em>. En su comparaci\u00f3n no es nada la gloria del Sina\u00ed <em>2Cor 3,10<\/em>. La gloria de Cristo resucitado deslumbra a Pablo como la luz de una nueva creaci\u00f3n: \u00abEl Dios que dijo:;Brille la luz del seno de las tinieblas!, es el que ha brillado en nuestros corazones para hacer resplandecer el conocimiento de la gloria de Dios, que est\u00e1 en el rostro de Cristo\u00bb <em>4,6<\/em>.<\/p>\n<p>3.\u00a0La gloria en el ministerio terrenal y en la pasi\u00f3n de Cristo.<\/p>\n<p>La gloria de Dios se manifest\u00f3 no s\u00f3lo en la resurrecci\u00f3n, sino en la vida, en el ministerio y en la muerte de Jes\u00fas. Los evangelios son doxofan\u00edas, sobre todo, entre los sin\u00f3pticos, el de Lucas. En la escena de la anunciaci\u00f3n, la venida del Esp\u00edritu Santo sobre Mar\u00eda evoca el descenso de la gloria al santuario del AT <em>Lc 1,35<\/em>. En la natividad \u00abla gloria del Se\u00f1or\u00bb circunda de claridad a los pastores <em>2,9s<\/em>. Esta gloria se transparenta en el bautismo de Jes\u00fas y en su transfiguraci\u00f3n <em>9,32.35 2Pe 1,17s<\/em>, en sus milagros, en su palabra, en la santidad eminente de su vida, en su muerte. \u00c9sta no es s\u00f3lo el p\u00f3rtico que introduce al Mes\u00edas en su \u00abgloria\u00bb <em>Lc 24,26<\/em>; los signos que la acompa\u00f1an revelan en el crucificado mismo al \u00abSe\u00f1or de la gloria\u00bb <em>1Cor 2,8<\/em>.<\/p>\n<p>En Juan aparece todav\u00eda m\u00e1s expl\u00edcita la revelaci\u00f3n de la gloria en la vida y en la muerte de Jes\u00fas. Jes\u00fas es el Verbo encarnado. En su carne habita y se revela la gloria del Hijo \u00fanico de Dios <em>Jn 1,14.18<\/em>. Se manifiesta desde el primer \u00absigno\u00bb <em>2,11<\/em>. Aparece en la uni\u00f3n trascendente de Jes\u00fas con el Padre que le env\u00eda, m\u00e1s todav\u00eda en su unidad <em>10,30<\/em>. Las obras de Jes\u00fas son las obras del Padre que, en el Hijo, las \u00abcumple\u00bb o realiza <em>14,10 <\/em>y revela su gloria <em>11,40<\/em>, luz y vida para el mundo. Esta gloria resplandece por encima de todo en la pasi\u00f3n. \u00c9sta es la hora de Jes\u00fas, la m\u00e1s alta de las teofan\u00edas. Jes\u00fas se \u00abconsagra\u00bb a su muerte <em>17,19 <\/em>con toda lucidez <em>13,1.3 18,4 19,28 <\/em>por obediencia al Padre <em>14,31 <\/em>y para gloria de su nombre <em>12,28<\/em>. Hace libre don de su vida <em>10,18 <\/em>por amor a los suyos <em>13,1<\/em>. La cruz, transfigurada, se convierte en el signo de \u00abla elevaci\u00f3n\u00bb del Hijo del hombre <em>12,23.31<\/em>. El Calvario ofrece a las miradas de todos <em>19,37 <\/em>el misterio del YO SOY divino de Jes\u00fas <em>8,27<\/em>. El agua y la sangre, que manan del costado de Cristo, simbolizan la fecundidad de su muerte, fuente de vida: tal es su gloria <em>7,37ss 19,34.36<\/em>.<\/p>\n<p>4.\u00a0La gloria eclesial.<\/p>\n<p>La glorificaci\u00f3n de Cristo se consuma en los cristianos <em>Jn 17,10<\/em>. En ellos el sacrificio de Jes\u00fas da su fruto para gloria del Padre y del Hijo <em>12,24 15,8<\/em>. El Esp\u00edritu Santo, enviado por el Padre y el Hijo es, con el agua y la sangre sacramentales <em>1Jn 5,7<\/em>, el art\u00edfice de esta glorificaci\u00f3n. Los cristianos entran por \u00e9l en el conocimiento y en la posesi\u00f3n de las riquezas de Cristo <em>Jn 16,14s 2Cor 1,22 5,5<\/em>. La gloria de Cristo resucitado se refleja ya en ellos, transform\u00e1ndolos a su imagen \u00abde gloria en gloria\u00bb <em>3,18 Col 1,10s 2Tes 1,12<\/em>. Por el Esp\u00edritu queda transfigurado el mismo sufrimiento <em>1Pe 4,14<\/em>.<\/p>\n<p>5.\u00a0El honor cristiano.<\/p>\n<p>La conciencia de esta gloria engendra el sentimiento de la dignidad cristiana y del honor cristiano. Ya en el AT la grandeza de Israel consiste en ser el pueblo al que Dios ha revelado su gloria. A Israel \u00abpertenece la gloria\u00bb <em>Rom 9,4<\/em>. Dios es \u00absu gloria\u00bb <em>Sal 106,20<\/em>. La fidelidad a Dios se matiza ya en Israel con un sentido religioso del honor. El mandamiento divino es la gloria de Israel <em>Sal 119,5s<\/em>, la idolatr\u00eda, su suprema degradaci\u00f3n, como su supremo pecado: Israel \u00abcambia\u00bb entonces \u00absu gloria por el \u00eddolo\u00bb <em>Sal 106,20<\/em>. En medio de un mundo que se hab\u00eda perdido por no querer dar a Dios la gloria que le es debida <em>Rom 1,21s<\/em>, los cristianos saben que ellos son \u00abciudadanos de los cielos\u00bb <em>Flp 3,20<\/em>; \u00abresucitados con Cristo\u00bb <em>Col 3,1<\/em>, \u00abbrillan como focos de luz\u00bb <em>Flp 2,15s<\/em>. Su honor consiste en que \u00ablos hombres, viendo sus buenas obras, glorifiquen a su Padre, que est\u00e1 en los cielos\u00bb <em>Mt 5,16<\/em>. Ante la gloria del nombre cristiano desaparece todo sentimiento de inferioridad social: \u00abEl hermano de humilde condici\u00f3n se gloriar\u00e1 en su exaltaci\u00f3n, y el rico en su humillaci\u00f3n\u00bb <em>Sant 1,9<\/em>, pues no hay lugar para \u00abconsideraciones de personas\u00bb <em>Sant 2,1ss<\/em>. El sentimiento del orgullo cristiano se extiende hasta el cuerpo, en el que los cristianos deben \u00abglorificar a Dios\u00bb <em>1Cor 6,15.19s<\/em>. Finalmente, padecer por el nombre cristiano es una gloria <em>1Pe 4,15s<\/em>. La ambici\u00f3n del honor mundano es, seg\u00fan san Juan, la que ha cerrado a m\u00e1s de uno el acceso a la fe <em>Jn 5,44 12,43<\/em>. Jes\u00fas, en cambio, indiferente a la gloria de los hombres <em>5,41<\/em>, \u00abdespreci\u00f3 la infamia de la cruz\u00bb <em>Heb 12,2<\/em>. Su \u00fanico honor consist\u00eda en cumplir su misi\u00f3n, \u00abno buscando su gloria\u00bb, sino \u00abla gloria del que le ha enviado\u00bb <em>Jn 7,18<\/em>, dejando su honor en las solas manos de su Padre <em>8,50.54<\/em>.<\/p>\n<p>V.\u00a0LA ALABANZA DE LA GLORIA<\/p>\n<p>El deber del hombre es reconocer y celebrar la gloria divina. El AT canta la gloria del creador, rey, salvador y santo de Israel <em>Sal 147,1<\/em>. Deplora el pecado que la empa\u00f1a <em>Is 52,5 Ez 36,20ss Rom 2,24<\/em>. Arde en deseos de verla reconocida por todo el universo <em>Sal 145,10s 57,6.12<\/em>.<\/p>\n<p>En el NT la doxolog\u00eda tiene por centro a Cristo. \u00abPor \u00e9l decimos nuestro am\u00e9n a la gloria de Dios\u00bb <em>2Cor 1,20<\/em>. Por \u00e9l asciende \u00abal Dios solo sabio&#8230; la gloria por los siglos de los siglos\u00bb <em>Rom 16,27 Heb 13,15<\/em>. A Dios se le da gloria por su nacimiento <em>Lc 2,20<\/em>, por sus milagros\u00a0 \u00a0<em>Mc 2,12. <\/em>y por su muerte <em>Lc 23,47<\/em>. Las doxolog\u00edas jalonan el progreso de su mensaje <em>Act 11,18 13,48 21,20<\/em>, como van puntuando las exposiciones dogm\u00e1ticas de Pablo <em>Gal 1,3s<\/em>. Las doxolog\u00edas del Apocalipsis recapitulan en una liturgia solemne todo el drama redentor <em>Ap 15,3s<\/em>. Finalmente, como la Iglesia es \u00abel pueblo que Dios ha adquirido para alabanza de su gloria\u00bb\u00a0 \u00a0<em>Ef 1,14<\/em>, al Padre se da \u00abgloria en la Iglesia y en Cristo Jes\u00fas por todas las edades y por todos los siglos\u00bb <em>3,21<\/em>.<\/p>\n<p>A la doxolog\u00eda lit\u00fargica a\u00f1ade el m\u00e1rtir la doxolog\u00eda de la sangre. El creyente, \u00abdespreciando la muerte hasta morir\u00bb <em>Ap 12,11<\/em>, profesa as\u00ed que la fidelidad a Dios est\u00e1 por encima de toda gloria y todo valor humano. Como Pedro, al precio de su sangre \u00abglorifica a Dios\u00bb <em>Jn 21,18<\/em>.<\/p>\n<p>La \u00faltima doxolog\u00eda, al final de la historia, es el canto de las \u00abbodas del cordero\u00bb <em>Ap 19,7<\/em>. La esposa aparece vestida de \u00abuna t\u00fanica de lino de una blancura resplandeciente\u00bb <em>19,8<\/em>. En el fuego de la \u00abgran tribulaci\u00f3n\u00bb la Iglesia se ha ataviado para las bodas eternas con la \u00fanica gloria digna de su esposo, las virtudes, las ofrendas, los sacrificios de los santos.<\/p>\n<p>No obstante, la gloria de la esposa le viene enteramente del esposo. En su sangre se han \u00abblanqueado\u00bb las t\u00fanicas de los elegidos <em>7,14 15,2<\/em>, y si la esposa lleva este deslumbrante atav\u00edo, es porque \u00able ha sido dado\u00bb hacerlo as\u00ed <em>19,8<\/em>. Se ha dejado revestir d\u00eda tras d\u00eda por las \u00abbuenas obras que Dios ha preparado de antemano para que las practiquemos\u00bb <em>Ef 2,10<\/em>. En el amor de Cristo est\u00e1 el origen de esta gloria; en efecto, \u00abCristo am\u00f3 a la Iglesia y se entreg\u00f3 por ella&#8230;; quer\u00eda present\u00e1rsela a s\u00ed mismo toda resplandeciente de gloria, sin mancha ni arruga ni cosa semejante, sino santa e inmaculada\u00bb <em>5,25.27<\/em>. En este misterio de amor y de santidad se consuma la revelaci\u00f3n de la gloria de Dios.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">Todos los derechos: <em>Vocabulario de teolog\u00eda b\u00edblica<\/em>, X. L\u00e9on-Dufour<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>I. LA GLORIA EN GENERAL En la Biblia hebraica la palabra que significa gloria implica la idea de peso. El peso de un ser en la existencia define su importancia, el respeto que inspira, su gloria. Para el hebreo, pues, &hellip; <a href=\"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=2008\">Sigue leyendo <span class=\"meta-nav\">&rarr;<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_jetpack_newsletter_access":""},"categories":[31],"tags":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/s2dsrC-gloria","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/2008"}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=2008"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/2008\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":2009,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/2008\/revisions\/2009"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=2008"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=2008"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=2008"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}