{"id":2015,"date":"2018-07-15T12:08:04","date_gmt":"2018-07-15T18:08:04","guid":{"rendered":"http:\/\/www.ocdmx.org\/?p=2015"},"modified":"2019-07-15T12:21:45","modified_gmt":"2019-07-15T18:21:45","slug":"hijo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=2015","title":{"rendered":"HIJO"},"content":{"rendered":"<p>En hebreo la palabra \u00abhijo\u00bb no expresa s\u00f3lo las relaciones de parentesco en l\u00ednea recta, sino que designa tambi\u00e9n ya la pertenencia a un grupo: \u00abhijo de Israel\u00bb, \u00abhijo de Babilonia\u00bb (<em>Ez 23,17<\/em>), \u00abhijo de Si\u00f3n\u00bb (<em>Sal 149,2<\/em>), \u00abhijos de los profetas\u00bb (<em>2Re 2.5<\/em>), \u00abhijo del hombre\u00bb (<em>Ez 2,1; Dan 8,17<\/em>); ya la posesi\u00f3n de una cualidad: \u00abhijo de paz\u00bb (<em>Lc 10,6<\/em>), \u00abhijo de luz\u00bb (<em>Lc 16,8 Jn 12,36<\/em>).<\/p>\n<p>Aqu\u00ed s\u00f3lo nos interesa la utilizaci\u00f3n de la palabra para traducir las relaciones entre los hombres y Dios.<\/p>\n<p>AT<\/p>\n<p>En el AT la expresi\u00f3n \u00abhijo de Dios\u00bb designa espor\u00e1dicamente a los \u00e1ngeles que forman la corte divina (<em>Dt 32,8 Sal 29,1 89,7 Job 1,6<\/em>). Es probable que este empleo refleje lejanamente la mitolog\u00eda de Cana\u00e1n, en que la expresi\u00f3n se entend\u00eda en sentido fuerte. En la Biblia, dado que Yahveh no tiene esposa, s\u00f3lo tiene una significaci\u00f3n atenuada: \u00fanicamente subraya la participaci\u00f3n de los \u00e1ngeles en la vida celestial de Dios.<\/p>\n<p>I.\u00a0ISRAEL, HIJO DE DIOS<\/p>\n<p>Esta expresi\u00f3n, aplicada a Israel, traduce en t\u00e9rminos de parentesco humano las relaciones entre Yahveh y su pueblo. A trav\u00e9s de los acontecimientos del \u00c9xodo experiment\u00f3 Israel la realidad de esta filiaci\u00f3n adoptiva (<em>Ex 4,22 Os 11,1 Jer 3,19 Sab 18,13<\/em>); Jerem\u00edas la recuerda cuando anuncia como un nuevo \u00e9xodo la liberaci\u00f3n escatol\u00f3gica (<em>Jer 31,9.24<\/em>). A partir de esta experiencia, el t\u00edtulo de hijo (en plural) puede atribuirse a todos los miembros del pueblo de Dios, sea para insistir en su consagraci\u00f3n religiosa al que es su Padre (<em>Dt 14,1s Sal 73,15<\/em>), sea para reprocharles con m\u00e1s vigor su infidelidad (<em>Os 2,1 Is 1,2 30,1.9 Jer 3,14<\/em>). Finalmente, la conciencia de la filiaci\u00f3n adoptiva viene a ser uno de los elementos esenciales de la piedad jud\u00eda. Ella funda la esperanza de las restauraciones futuras (<em>Is 63,8 63,16 64,7<\/em>), as\u00ed como la de la retribuci\u00f3n de ultratumba <em>Sab 2,13.18<\/em>: los justos, hijos de Dios, ser\u00e1n asociados para siempre a los \u00e1ngeles, hijos de Dios (<em>Sab 5,5<\/em>).<\/p>\n<p>II.\u00a0EL REY, HIJO DE DIOS<\/p>\n<p>Cuando el antiguo Oriente celebraba la filiaci\u00f3n divina de los reyes, era siempre en una perspectiva m\u00edtica, en que la persona del monarca era propiamente divinizada. El AT excluye esta posibilidad. El rey no es sino un hombre como los dem\u00e1s, sometido a la misma ley divina y sujeto al mismo juicio. Sin embargo, David y su raza fueron objeto de una elecci\u00f3n particular que los asocia definitivamente al destino del pueblo de Dios. Precisamente para traducir esta relaci\u00f3n creada entre Yahveh y el linaje regio dice Dios por el profeta Nat\u00e1n: \u00abYo ser\u00e9 padre para \u00e9l y \u00e9l ser\u00e1 hijo para m\u00ed\u00bb <em>2Sa 7,14 Sal 89,27<\/em>. En adelante el t\u00edtulo de \u00abhijo de Yahveh\u00bb es un t\u00edtulo regio, que muy naturalmente vendr\u00e1 a ser un t\u00edtulo mesi\u00e1nico (<em>Sal 2,7<\/em>) cuando la escatolog\u00eda prof\u00e9tica enfoque el nacimiento futuro del rey por excelencia (<em>Is 7,14 9,1<\/em>)<em>.<\/em><\/p>\n<p>NT<\/p>\n<p>I.\u00a0JES\u00daS, HIJO \u00daNICO DE DIOS<\/p>\n<p>1.\u00a0En los sin\u00f3pticos el t\u00edtulo de Hijo de Dios, f\u00e1cilmente asociado al de Cristo (<em>Mt 16,16 Mc 14,61 p<\/em>), aparece en primer lugar como un t\u00edtulo mesi\u00e1nico. As\u00ed est\u00e1 expuesto a equ\u00edvocos, que Jes\u00fas habr\u00e1 de disipar. Desde su preludio, la escena de la tentaci\u00f3n acusa la oposici\u00f3n entre dos interpretaciones. Para Sat\u00e1n ser hijo de Dios significa gozar de un poder prodigioso y de una protecci\u00f3n invulnerable (<em>Mt 4,3.6<\/em>); para Jes\u00fas significa no hallar alimento ni apoyo sino en la voluntad de Dios (<em>Mt 4,4.7<\/em>). Jes\u00fas, rechazando toda sugesti\u00f3n de mesianismo terreno, deja aparecer el v\u00ednculo indisoluble que le une al Padre. De la misma manera procede ante las declaraciones de los posesos (<em>Mc 3,11; 5, p<\/em>): \u00e9stas muestran en los demonios un reconocimiento involuntario de su persona (<em>Mc 1,34<\/em>); pero son ambiguas, por lo cual Jes\u00fas impone silencio. La confesi\u00f3n de fe de Pedro, \u00abt\u00fa eres Cristo, Hijo de Dios vivo\u00bb, proviene de una aut\u00e9ntica adhesi\u00f3n de fe <em>Mt 16,16s<\/em>, y el evangelista que la refiere puede darle sin dificultad todo su sentido cristiano. Sin embargo, Jes\u00fas previene inmediatamente un equ\u00edvoco: su t\u00edtulo no le garantiza un destino de gloria terrena; el Hijo del hombre morir\u00e1 para tener acceso a su gloria (<em>16,21<\/em>).<\/p>\n<p>Cuando, finalmente, Caif\u00e1s plantea solemnemente la cuesti\u00f3n esencial: \u00ab\u00bfEres t\u00fa el Cristo, Hijo del bendito?\u00bb (<em>Mt 26,63 Mc 14,61<\/em>), Jes\u00fas siente que la expresi\u00f3n podr\u00eda todav\u00eda entenderse en sentido de un mesianismo temporal. As\u00ed responde indirectamente abriendo otra perspectiva: anuncia su venida como soberano juez bajo los rasgos del Hijo del hombre. A los t\u00edtulos de Mes\u00edas y de Hijo del hombre da as\u00ed un alcance propiamente divino, bien subrayado en el evangelio de Lucas: \u00ab\u00bfT\u00fa eres, pues, el Hijo de Dios? \u2014 T\u00fa lo has dicho, lo soy\u00bb (<em>Lc 22,74<\/em>). Revelaci\u00f3n parad\u00f3jica: despojado de todo y aparentemente abandonado por Dios (<em>Mt 27,46<\/em>) mantiene Jes\u00fas intactas sus reivindicaciones; hasta la muerte permanecer\u00e1 seguro de su Padre (<em>Lc 23,46<\/em>). Por lo dem\u00e1s, esta muerte acaba de disipar todo equ\u00edvoco: los evangelistas, al referir la confesi\u00f3n del centuri\u00f3n (<em>Mc 15,39<\/em>), subrayan que la cruz es el fundamento de la fe cristiana.<\/p>\n<p>Entonces se aclara retrospectivamente m\u00e1s de una palabra misteriosa, en que Jes\u00fas hab\u00eda revelado la naturaleza de sus relaciones con Dios. Frente a Dios, es \u00abel Hijo\u00bb (<em>Mt 11,27; 21,37 24,36 <\/em>); f\u00f3rmula familiar que le permite dirigirse a Dios llam\u00e1ndolo \u00abAbba! \u00a1Padre!\u00bb (<em>Mc 14,36 Lc 23,46<\/em>). Entre Dios y \u00e9l reina la profunda intimidad que supone un perfecto conocimiento mutuo y una comunicaci\u00f3n de todo (<em>Mt 11,25ss<\/em>). As\u00ed Jes\u00fas da todo su sentido a las proclamaciones divinas: \u00abT\u00fa eres mi Hijo\u00bb (<em>Mc 1,11: 9,7<\/em>).<\/p>\n<p>2.\u00a0Por la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas comprendieron finalmente los ap\u00f3stoles el misterio de su filiaci\u00f3n divina: la resurrecci\u00f3n era la realizaci\u00f3n del (<em>Sal 2,7<\/em>: <em>Act 13,33<\/em>); aportaba la confirmaci\u00f3n dada por Dios a las reivindicaciones de Jes\u00fas delante de Caif\u00e1s y en la cruz. As\u00ed pues, ya al d\u00eda siguiente de pentecost\u00e9s el testimonio apost\u00f3lico y la confesi\u00f3n de fe cristiana tienen por objeto a \u00abJes\u00fas, Hijo de Dios\u00bb (<em>Act 8,37 9,20<\/em>). Mateo y Lucas, presentando la infancia de Jes\u00fas, subrayan discretamente este tema (<em>Mt 2,15 Lc 1,35<\/em>). En Pablo viene a ser el punto de partida de una reflexi\u00f3n teol\u00f3gica mucho m\u00e1s avanzada. Dios envi\u00f3 ac\u00e1 abajo a su Hijo (<em>Gal 4,4 Rom 8,3<\/em>) a fin de que fu\u00e9ramos reconciliados por su muerte (<em>Rom 5,10<\/em>). Actualmente lo ha establecido en su poder (<em>Rom 1,4<\/em>) y nos llama a la comuni\u00f3n con \u00e9l (<em>1Cor 1,9<\/em>), pues nos ha transferido a su reino <em>Col 1,13<\/em>. La vida cristiana es una vida \u00aben la fe en el Hijo de Dios que nos am\u00f3 y se entreg\u00f3 por nosotros\u00bb (<em>Gal 2,20<\/em>), y una espera del d\u00eda en que regrese de los cielos para \u00ablibrarnos de la ira\u00bb (<em>1Tes 1,10<\/em>). Las mismas certezas atraviesan la ep\u00edstola a los Hebreos (<em>Heb 1,2.5.8<\/em>).<\/p>\n<p>3.\u00a0En san Juan la teolog\u00eda de la filiaci\u00f3n divina viene a ser un tema dominante. Algunas confesiones de fe de los personajes del evangelio pueden todav\u00eda comportar un sentido restringido (<em>Jn 1,34 1,51<\/em>); sobre todo (<em>11,27<\/em>). Pero Jes\u00fas habla en t\u00e9rminos claros de las relaciones entre el Hijo y el Padre; hay entre ellos unidad de operaci\u00f3n y de gloria (<em>Jn 5,19.23 1Jn 2,22s<\/em>); el Padre comunica todo al Hijo porque lo ama (<em>Jn 5,20<\/em>): poder de vivificar (<em>5,21.25s<\/em>) y poder de juzgar (<em>5,22.27<\/em>); cuando Jes\u00fas retorna a Dios, el Padre glorifica al Hijo para que el Hijo le glorifique (<em>Jn 17,1 14,13<\/em>). As\u00ed se precisa la doctrina de la encarnaci\u00f3n: Dios envi\u00f3 al mundo a su Hijo \u00fanico para salvar al mundo (<em>1Jn 4,9s.14<\/em>); este Hijo \u00fanico es el revelador de Dios (<em>Jn 1,18<\/em>), comunica a los hombres la vida eterna que viene de Dios (<em>1Jn 5,11s<\/em>). La obra que hay que realizar es, pues, la de creer en \u00e9l (<em>Jn 6,29 20,31 1Jn 3,23 5,5.10<\/em>): quien cree en el Hijo tiene la vida eterna (<em>Jn 6,40<\/em>); quien no cree, est\u00e1 condenado (<em>Jn 3,18<\/em>).<\/p>\n<p>II.\u00a0LOS HOMBRES, HIJOS ADOPTIVOS DE DIOS<\/p>\n<p>1.\u00a0En los sin\u00f3pticos se afirma repetidas veces la filiaci\u00f3n adoptiva de que hablaba ya el AT: Jes\u00fas no s\u00f3lo ense\u00f1a a los suyos a llamar a Dios \u00abPadre nuestro\u00bb, sino que da el t\u00edtulo de \u00abhijos de Dios\u00bb a los pac\u00edficos (<em>Mt 5,9<\/em>), a los caritativos (<em>Lc 6,35<\/em>), a los justos resucitados (<em>Lc 20,36<\/em>).<\/p>\n<p>2.\u00a0El fundamento de este t\u00edtulo se precisa en la teolog\u00eda paulina. La adopci\u00f3n filial era ya uno de los privilegios de Israel (<em>Rom 9,4<\/em>), pero ahora los cristianos son hijos de Dios, en un sentido mucho m\u00e1s fuerte, por la fe en Cristo (<em>Gal 3,26 Ef 1,5<\/em>). Tienen en s\u00ed mismos el Esp\u00edritu que los hace hijos adoptivos (<em>Gal 4,5ss Rom 8,14-17<\/em>); est\u00e1n llamados a reproducir en s\u00ed mismos la imagen del Hijo \u00fanico (<em>Rom 8,29<\/em>); han sido instituidos coherederos con \u00e9l (<em>Rom 8,17<\/em>). Esto supone en ellos una verdadera regeneraci\u00f3n (<em>Tit 3,5 1Pe 1,3 2,2<\/em>) que los hace part\u00edcipes de la vida del Hijo; tal es, en efecto, el sentido del bautismo, vida que hace que viva el hombre con una vida nueva (<em>Rom 6,4<\/em>). As\u00ed somos hijos de adopci\u00f3n en el Hijo por naturaleza y Dios nos trata como a tales, incluso cuando se da el caso de enviarnos sus correcciones (<em>Heb 12,5-12<\/em>).<\/p>\n<p>3.\u00a0La doctrina de los escritos jo\u00e1nnicos tiene exactamente el mismo tono. Hay que renacer, dice Jes\u00fas a Nicodemo (<em>Jn 3,3.5<\/em>) del agua y del Esp\u00edritu. Es que, en efecto, a los que creen en Cristo les da Dios poder de venir a ser hijos de Dios (<em>Jn 1,12<\/em>). Esta vida de hijos de Dios es para nosotros una realidad actual, aun cuando el mundo lo ignore (<em>1Jn 3,1<\/em>). Vendr\u00e1 un d\u00eda en que se manifestar\u00e1 abiertamente y entonces seremos semejantes a Dios porque lo veremos tal como es (<em>1Jn 3,2<\/em>). No se trata, pues, ya \u00fanicamente de un t\u00edtulo que muestra el amor de Dios a sus criaturas: el hombre participa de la naturaleza de aquel que lo ha adoptado por hijo (<em>2Pe 1,4<\/em>).<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">Todos los derechos: <em>Vocabulario de teolog\u00eda b\u00edblica<\/em>, X. L\u00e9on-Dufour<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En hebreo la palabra \u00abhijo\u00bb no expresa s\u00f3lo las relaciones de parentesco en l\u00ednea recta, sino que designa tambi\u00e9n ya la pertenencia a un grupo: \u00abhijo de Israel\u00bb, \u00abhijo de Babilonia\u00bb (Ez 23,17), \u00abhijo de Si\u00f3n\u00bb (Sal 149,2), \u00abhijos de &hellip; <a href=\"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=2015\">Sigue leyendo <span class=\"meta-nav\">&rarr;<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_jetpack_newsletter_access":""},"categories":[31],"tags":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/s2dsrC-hijo","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/2015"}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=2015"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/2015\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":2016,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/2015\/revisions\/2016"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=2015"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=2015"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=2015"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}