{"id":2021,"date":"2018-07-17T10:02:17","date_gmt":"2018-07-17T16:02:17","guid":{"rendered":"http:\/\/www.ocdmx.org\/?p=2021"},"modified":"2019-07-17T10:15:06","modified_gmt":"2019-07-17T16:15:06","slug":"bien-y-mal","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=2021","title":{"rendered":"Bien y mal"},"content":{"rendered":"<p>\u00abVio Dios cuanto hab\u00eda hecho, y era muy bueno\u00bb (G\u00e9n 1,31). Sin embargo, para acelerar la venida del reino escatol\u00f3gico nos invita Cristo a pedir en el padrenuestro: \u00abL\u00edbranos del mal\u00bb (Mt 6,13). La oposici\u00f3n de estas dos f\u00f3rmulas plantea al creyente de nuestros d\u00edas, para el que la Biblia misma ofrece elementos de soluci\u00f3n: \u00bfde d\u00f3nde viene el mal en este mundo creado bueno?, \u00bfcu\u00e1ndo y c\u00f3mo se le vencer\u00e1?<\/p>\n<p>I.\u00a0EL BIEN Y EL MAL EN EL MUNDO.<\/p>\n<p>1.\u00a0Para el que las ve o las experimenta, <em>ciertas cosas son subjetivamente buenas o malas. <\/em>La palabra hebrea <em>t\u00f3b <\/em>(traducida indistintamente por las palabras griegas <em>kalos y agathos, <\/em>bello y bueno [cf. Lc 6, 27-35]) designa primitivamente a las personas o a los objetos que provocan sensaciones agradables o la euforia de todo el ser: una buena comida (Jue 19,6-9; 1Re 21,7; Rut 3,7), una muchacha hermosa (Est 1,11), personas ben\u00e9ficas (G\u00e9n 40,14), en una palabra, todo lo que procura la felicidad o facilita la vida en el orden f\u00edsico o psicol\u00f3gico (cf. Dt 30,15); por el contrario, todo lo que conduce a la enfermedad, al sufrimiento en todas sus formas y sobre todo a la muerte, es malo (hebr. <em>ra; <\/em>gr. <em>poneros y kakos).<\/em><\/p>\n<p>2.\u00a0<em>\u00bfSe puede tambi\u00e9n hablar de una bondad objetiva de las criaturas <\/em>en el sentido en que la entend\u00edan los griegos? \u00c9stos imaginaban para cada cosa un arquetipo a imitar o a realizar; propon\u00edan al hombre un ideal, el <em>kalos kagathos <\/em>que, poseyendo en s\u00ed mismo todas las cualidades morales, est\u00e9ticas y sociales, ha llegado a su pleno desarrollo, es agradable y \u00fatil a la rep\u00fablica. En esta \u00f3ptica particular, \u00bfc\u00f3mo concebir el mal? \u00bfC\u00f3mo imperfecci\u00f3n, pura negatividad, ausencia de bien, o, por el contrario, como una realidad que tiene su existencia propia y deriva del principio malo que desempe\u00f1aba tan gran papel en el pensamiento iranio? Cuando la Biblia atribuye bondad real a las cosas, no lo entiende as\u00ed. Diciendo: \u00abVio Dios que era bueno\u00bb (G\u00e9n 1,4&#8230;) muestra que esta bondad no se mide en funci\u00f3n de un bien abstracto, sino en relaci\u00f3n con el Dios creador, \u00fanico que da a las cosas su bondad.<\/p>\n<p>3.\u00a0<em>La bondad del hombre <\/em>constituye un caso particular. En efecto, depende en parte de \u00e9l mismo. Ya en la creaci\u00f3n, le situ\u00f3 Dios ante \u00abel \u00e1rbol del conocimiento del bien y del mal\u00bb, dej\u00e1ndole la posibilidad de obedecer y de gozar del \u00e1rbol de la vida, o de desobedecer y de ser arrastrado a la muerte (G\u00e9n 2,9.17), prueba decisiva de la libertad, que se repite para cada hombre. Si rechaza el mal y hace el bien (Is 7,15; Am 5,14; cf. Is 1,16s), observando la ley de Dios y conform\u00e1ndose con su voluntad (cf. Dt 6,18; 12,28; Miq 6,8), ser\u00e1 bueno y le agradar\u00e1 (G\u00e9n 6,8); si no, ser\u00e1 malo y le desagradar\u00e1 (G\u00e9n 38,7). Su elecci\u00f3n determinar\u00e1 su calificaci\u00f3n moral y, consiguientemente, su destino.<\/p>\n<p>4. Ahora bien, <em>desde los or\u00edgenes, el hombre, seducido por el maligno (cf.<\/em> <em>Sat\u00e1n), escogi\u00f3 el mal. <\/em>Busc\u00f3 su bien en las criaturas \u00abbuenas para comer y seductoras a la vista\u00bb (G\u00e9n 3,6), pero fuera de la voluntad de Dios, lo cual es la esencia misma del pecado. En ello no hall\u00f3 sino los frutos amargos del sufrimiento y de la muerte {G\u00e9n 3,16-19). A consecuencia de su pecado se introdujo; pues, el mal en el mundo y luego prolifer\u00f3. Cuando Dios mira a los hijos de Ad\u00e1n los halla tan malos que se arrepiente de haberlos hecho (G\u00e9n 6,Sss): no hay ni uno que haga el bien aqu\u00ed en la tierra (Sal 14,1ss; Rom 3,10ss). Y el hombre hace la misma experiencia: se siente frustrado en sus deseos insaciables (Ecl 5,9ss; 6,7), impedido de gozar plenamente de los bienes de la tierra (Ecl 5,14; 11,2-6), incapaz hasta de \u00abhacer el bien sin jam\u00e1s pecar\u00bb (Ecl 7,20), pues el mal sale de su propio coraz\u00f3n (G\u00e9n 6,5; Sal 28,3; Jer 7, 24; Mt 15,19s).<\/p>\n<p>Viciando el orden de las cosas, llama al bien mal y al mal bien (Is 5,20; Rom 1,28.32). Finalmente, hastiado y decepcionado, se hace cargo de que \u00abtodo es vanidad\u00bb (Ecl 1,2); experimenta duramente que \u00abel mundo entero est\u00e1 en poder del maligno\u00bb (1Jn 5,19; cf. In 7,7). El mal, en efecto, no es una mera ausencia de bien, sino una fuerza positiva que esclaviza al hombre y corrompe el universo (G\u00e9n 3,17s). Dios no lo cre\u00f3, pero ahora que ha aparecido, se opone a \u00e9l. Comienza una guerra incesante, que durar\u00e1 tanto tiempo como la historia: para salvar al hombre, Dios todopoderoso deber\u00e1 triunfar del mal y del maligno (Ez 38-39; Ap 12,7-17).<\/p>\n<p>II.\u00a0S\u00d3LO Dios ES BUENO. La bondad de Dios es una revelaci\u00f3n capital del AT. Habiendo conocido el mal en su paroxismo durante la servidumbre de Egipto, Israel descubre el bien en Yahveh su libertador. Dios lo arranca a la muerte (\u00c9x 3, 7s; 18,9), luego lo conduce a la tierra prometida, aquel \u00abbuen pa\u00eds\u00bb (Dt 8,7-10), \u00aben el que fluyen leche y miel\u00bb y \u00aben el que Yahveh tiene constantemente los ojos\u00bb, y donde Israel hallar\u00e1 la felicidad (cf. Dt 4,40) si se mantiene fiel a la alianza (Dt 8,11-19; 11,8-12.18-28).<\/p>\n<p>2.\u00a0<em>Dios pone una condici\u00f3n a sus dones. <\/em>Israel, como Ad\u00e1n en el para\u00edso, se ve situado frente a una elecci\u00f3n que determinar\u00e1 su destino. Dios pone ante \u00e9l la bendici\u00f3n y la maldici\u00f3n (Dt 11,26ss), puesto que el bien f\u00edsico y el bien moral est\u00e1n igualmente ligados con Dios: si Israel \u00abolvidara a Yahveh\u00bb, cesara de amarle, no observara ya sus mandamientos y rompiera la alianza, ser\u00eda inmediatamente privado de estos bienes terrenales (Dt 11,17) y enviado en servidumbre, mientras que su tierra se convertir\u00eda en un desierto (Dt 30,15-20; 2Re 17,7-23; Os 2,4-14). A lo largo de su historia experimenta Israel la verdad de esta doctrina fundamental de la alianza: como en el drama del para\u00edso, la experiencia de la desgracia sigue a la del pecado.<\/p>\n<p>3.\u00a0<em>La felicidad de los imp\u00edos y la desgracia de los justos. <\/em>Pero en este punto capital parece fallar la doctrina: \u00bfno parece Dios favorecer a los imp\u00edos y dejar a los buenos en la desgracia? Los justos sufren, el servidor de Yahveh. Es perseguido, los profetas son entregados a muerte (cf. Jer 12,1s; 15,15-18; Is 53; Sal 22; Job 23-24). Dolorosa y misteriosa experiencia del sufrimiento cuyo sentido no aparece inmediatamente. Sin embargo, por ella aprenden poco a poco los pobres de Yahveh a despegarse de los \u00abbienes de este mundo\u00bb, ef\u00edmeros e inestables (Sof 3,11ss; cf. Mt 6,19ss; Lc 12, 33s), para hallar su fuerza, su vida y su bien en Dios, \u00fanico que les queda cuando todo se ha perdido, y al que se adhieren con una fe y una esperanza heroicas (Sal 22,20; 42,6; 73,25; Jer 20,11). Ciertamente est\u00e1n todav\u00eda sometidos al mal, pero tienen consigo a su salvador, que triunfar\u00e1 en el d\u00eda de la salvaci\u00f3n; entonces recibir\u00e1n esos bienes que ha prometido Dios a sus fieles (Sal 22,27; Jer 31,10-14). En toda verdad, Dios \u00absolo es bueno\u00bb (Mc 10, 18 p).<\/p>\n<p>III.Dios TRIUNFA DEL MAL. <em>1. De la ley al llamamiento de la gracia. <\/em>Al revelarse como salvador anunciaba Dios ya su futura victoria sobre el mal. Pero todav\u00eda deb\u00eda afirmarse \u00e9sta en forma definitiva, haciendo al hombre bueno y sustray\u00e9ndolo al poder del maligno (1Jn 5,18s), \u00abpr\u00edncipe de este mundo\u00bb (Lc 4,6; Jn 12,31; 14,30). Es cierto que Dios hab\u00eda dado ya la ley, que era buena y estaba destinada a la vida (Rom 7,12ss); si practicaba el hombre los mandamientos, har\u00eda el bien y obtendr\u00eda la vida eterna (Mt 19,16s). Pero esta ley era por s\u00ed misma ineficaz, en tanto no cambiara el coraz\u00f3n del hombre, prisionero del pecado. Querer el bien est\u00e1 al alcance del hombre, pero no realizarlo: no hace el bien que quiere, sino el mal que no quiere (Rom 7,18ss). La concupiscencia le arrastra como contra su voluntad, y la ley, hecha para su bien, redunda finalmente en su mal (Rom 7,7.12s; G\u00e1l 3,19). Esta lucha interior lo hace infinitamente desgraciado; \u00bfqui\u00e9n, pues, lo libertar\u00e1? (Rom 7,14-24).<\/p>\n<p><em>2. S\u00f3lo \u00abJesucristo Nuestro Se\u00f1or\u00bb <\/em>(Rom 7,25) puede atacar al mal en la ra\u00edz, triunfando de \u00e9l en el coraz\u00f3n mismo del hombre (cf. Ez 36,26s). Es el nuevo Ad\u00e1n (Rom 5,12-21), sin pecado (Jn 8,46), sobre el que Sat\u00e1n no tiene ning\u00fan poder. Se hizo obediente hasta la muerte de cruz (,Flp 2,8), dio su vida a fin de que sus ovejas hallen pasto (Jn 10,9-18). Se hizo \u00abmaldici\u00f3n por nosotros a fin de que por la fe recibi\u00e9ramos el Esp\u00edritu prometido\u00bb (G\u00e1l 3,13s).<\/p>\n<p>3.\u00a0<em>Los bienes otorgados. <\/em>As\u00ed, renunciando Cristo a la vida y a los bienes terrenales (Heb 12,2) y envi\u00e1ndonos el Esp\u00edritu Santo, nos procur\u00f3 las \u00abbuenas cosas\u00bb que debemos pedir al Padre (Mt 7,11; cf. Lc 11,13). No se trata ya de los bienes materiales, como los que estaban prometidos en otro tiempo a los hebreos; son los \u00abfrutos del Esp\u00edritu\u00bb en nosotros (G\u00e1l 5,22-25). Ahora ya el hombre, transformado por la gracia, puede \u00abhacer el bien\u00bb (G\u00e1l 6,9s); \u00abhacer buenas obras\u00bb (Mt 5,16; 1Tim 6,18s; Tit 3,8.14), \u00abvencer el mal por el bien\u00bb (Rom 12,21). Para hacerse capaz de estos nuevos bienes, debe pasar por el desasimiento, \u00abvender sus bienes\u00bb y seguir a Cristo {Mt 19,21), \u00abnegarse a s\u00ed mismo y llevar su cruz con \u00e9l\u00bb (Mt 10,38s; 16,24ss).<\/p>\n<p>4.<em>La victoria del bien sobre el mal. <\/em>Escogiendo el cristiano vivir as\u00ed con Cristo para obedecer a los impulsos del Esp\u00edritu Santo, se desolidariza de la opci\u00f3n de Ad\u00e1n. As\u00ed el mal moral queda verdaderamente vencido en \u00e9l. Desde luego, sus consecuencias f\u00edsicas y psicol\u00f3gicas permanecen mientras dura el mundo presente, pero el cristiano se glor\u00eda en sus tribulaciones, adquiriendo con ellas la paciencia (Rom 5,4), estimando que \u00ablos sufrimientos del tiempo presente no se pueden comparar con la gloria futura que se ha de revelar\u00bb (8,18-25). As\u00ed desde ahora est\u00e1 por la fe y la esperanza en posesi\u00f3n de las riquezas incorruptibles (Lc 12, 33s) que se otorgan por mediaci\u00f3n de Cristo \u00absumo sacerdote de los bienes venideros\u00bb (Heb 9,11; 10,1). Es s\u00f3lo un comienzo, pues creer no es ver; pero la fe garantiza los bienes esperados (Heb 11,1), los de la patria mejor (Heb 11,16), los del mundo nuevo que Dios crear\u00e1 para sus elegidos (Ap 21,1ss).<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">Todos los derechos: <em>Vocabulario de teolog\u00eda b\u00edblica<\/em>, X. L\u00e9on-Dufour<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00abVio Dios cuanto hab\u00eda hecho, y era muy bueno\u00bb (G\u00e9n 1,31). Sin embargo, para acelerar la venida del reino escatol\u00f3gico nos invita Cristo a pedir en el padrenuestro: \u00abL\u00edbranos del mal\u00bb (Mt 6,13). 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