{"id":2032,"date":"2018-07-17T10:46:35","date_gmt":"2018-07-17T16:46:35","guid":{"rendered":"http:\/\/www.ocdmx.org\/?p=2032"},"modified":"2019-07-17T10:50:09","modified_gmt":"2019-07-17T16:50:09","slug":"consolacion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=2032","title":{"rendered":"Consolaci\u00f3n"},"content":{"rendered":"<p>En la tristeza, en la enfermedad, en el luto, en la persecuci\u00f3n tiene el hombre necesidad de consolaci\u00f3n. Entonces son ciertamente numerosos los que se apartan de \u00e9l como de un apestado. Por lo menos sus padres y sus amigos, movidos de compasi\u00f3n, acuden a visitarle para compartir su dolor y suaviz\u00e1rselo (G\u00e9n 37,35; 2Sa 10,2s; Jn 11,19.31); con sus palabras, con sus gestos rituales, se esfuerzan por consolar (Job 2,11ss; Jer 16,5ss). Pero no pocas veces estas buenas palabras son un peso m\u00e1s que un alivio (Job 16,2; 21,34; Is 22,4) y no pueden hacer que vuelva el que ha partido, por el que se llora (G\u00e9n 37,35; Mt 2,18). El hombre se queda solo con su dolor (Job 6,15.21; 19,13-19; Is 53,3); Dios mismo parece alejarse de \u00e9l (Job; Sal 72,2s; Mt 27,46).<\/p>\n<p>1.\u00a0<em>La espera del Dios consolador. <\/em>Jerusal\u00e9n pas\u00f3 en su historia por la experiencia de este total abandono. Privada, en su ruina y en su exilio, de toda consolaci\u00f3n por parte de sus aliados de la v\u00edspera (Lam 1,19), piensa incluso haber sido olvidada por su Dios (Is 49,14; 54,6ss), sin esperanza.<\/p>\n<p>Pero en realidad Dios s\u00f3lo la ha abandonado \u00abun breve instante\u00bb (Is 54,7) para hacerle comprender que s\u00f3lo \u00e9l es el verdadero consolador. Y, en efecto, vuelve a Jerusal\u00e9n: \u00abConsolad, consolad a mi pueblo, dice vuestro Dios\u00bb (Is 40,1; 49,13&#8230;). Yahveh responde as\u00ed a la queja de Jerusal\u00e9n abandonada. Despu\u00e9s del castigo del exilio intervendr\u00e1 en su favor para cumplir las promesas hechas por sus profetas (Jer 31,13-16; cf. Eclo 48,24). Esta intervenci\u00f3n salv\u00edfica es un proceder de amor, que se expresa en diversas im\u00e1genes. Dios consuela a su pueblo con la bondad de un pastor (Is 40,11; Sal 23,4), el afecto de un padre, el ardor de un prometido, de un esposo (Is 54), con la ternura de una madre (Is 49,14s; 66,11 ss).<\/p>\n<p>As\u00ed, Israel expresar\u00e1 su esperanza de la salud escatol\u00f3gica como la espera de la consolaci\u00f3n definitiva (Zac 1,13).<\/p>\n<p>Un enviado misterioso, el siervo, vendr\u00e1 a realizar esta obra (Is 61,2), y la tradici\u00f3n jud\u00eda, testimoniada por el Evangelio mismo, llamar\u00e1 al Mes\u00edas <em>Menahen, <\/em>\u00abconsolaci\u00f3n de Israel\u00bb (Is 2,25s). En espera de estos d\u00edas del Mes\u00edas, saben los fieles que Dios no los ha dejado en la soledad: para consolarlos en su peregrinaci\u00f3n terrena les ha dado su promesa (Sal 119,50), su amor (119,76), la ley y los profetas (2Mac 15,9), las Escrituras (1Mac 12,9; Rom 15,4); as\u00ed animados en sus pruebas viven en la esperanza.<\/p>\n<p><em>2. Cristo, consolador de los afligidos. Y <\/em>ahora viene en Jes\u00fas a los hombres el Dios que consuela. Jes\u00fas se presenta como el Siervo esperado: \u00abEl Esp\u00edritu del Se\u00f1or est\u00e1 sobre m\u00ed&#8230;\u00bb (Lc 4,18-21). Aporta a los afligidos, a los pobres, el mensaje de consolaci\u00f3n, el Evangelio de la felicidad en el reino de su Padre (Mt 5,5). Viene a dar \u00e1nimos a los que est\u00e1n abrumados por sus pecados o por la enfermedad, cuyo signo es (Mt 9,2.22). Ofrece el reposo a los que penan y ceden bajo la carga (Mt 11,28ss).<\/p>\n<p>Esta consolaci\u00f3n no cesa al partir \u00e9l para el Padre: Jes\u00fas no deja hu\u00e9rfanos a los suyos, sino que les env\u00eda el Par\u00e1clito\u00bb, el Esp\u00edritu de consolaci\u00f3n, que los asistir\u00e1 en la persecuci\u00f3n (Jn 14,16.26). Los cristianos viven, pues, en la consolaci\u00f3n que Jes\u00fas les ha dado para siempre con el Esp\u00edritu Santo (Act 9,31). Los milagros del Se\u00f1or en favor de su Iglesia son tambi\u00e9n signos del Dios que consuela y hacen que nazca el <em>gozo <\/em>en el coraz\u00f3n de los fieles (20,12).<\/p>\n<p>El ap\u00f3stol Pablo sent\u00f3 las bases de una teolog\u00eda de la consolaci\u00f3n: a trav\u00e9s de una prueba tan terrible como la muerte descubri\u00f3 que la consolaci\u00f3n brota de la desolaci\u00f3n misma cuando \u00e9sta se une al sufrimiento de Cristo (2Cor 1,8ss). Esta consolaci\u00f3n rebota a su vez sobre los fieles (1,3-7), pues se alimenta de la fuente \u00fanica, el gozo del Resucitado.<\/p>\n<p>Cristo es, en efecto, fuente de toda consolaci\u00f3n (Flp 2,1), en particular para los que por la muerte se hallan separados de sus seres queridos (1Tes 4,18). En la Iglesia es esencial la funci\u00f3n de consolador, para mostrar que Dios consuela para siempre a los pobres y a los afligidos (1Cor 14,3; Rom 15,5; 2Cor 7,6; cf. Eclo 48,24).<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">Todos los derechos: <em>Vocabulario de teolog\u00eda b\u00edblica<\/em>, X. L\u00e9on-Dufour<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En la tristeza, en la enfermedad, en el luto, en la persecuci\u00f3n tiene el hombre necesidad de consolaci\u00f3n. Entonces son ciertamente numerosos los que se apartan de \u00e9l como de un apestado. 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