{"id":2035,"date":"2018-07-17T10:54:58","date_gmt":"2018-07-17T16:54:58","guid":{"rendered":"http:\/\/www.ocdmx.org\/?p=2035"},"modified":"2019-07-17T11:01:07","modified_gmt":"2019-07-17T17:01:07","slug":"corazon","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=2035","title":{"rendered":"Coraz\u00f3n"},"content":{"rendered":"<p>Las resonancias que suscita la palabra \u00abcoraz\u00f3n\u00bb no son id\u00e9nticas en hebreo y en nuestra lengua. En nuestra manera de hablar, el coraz\u00f3n est\u00e1 ligado con la vida afectiva: el coraz\u00f3n ama o detesta, desea o teme; en cambio, no se le atribuye ninguna funci\u00f3n en la actividad intelectual. El hebreo habla del coraz\u00f3n en un sentido mucho m\u00e1s amplio. El coraz\u00f3n es lo que se halla en lo m\u00e1s interior; ahora bien, en lo \u00edntimo del hombre se hallan, s\u00ed, los sentimientos, pero tambi\u00e9n los recuerdos y los pensamientos, los razonamientos y los proyectos. El hebreo habla, pues, con frecuencia del coraz\u00f3n en casos en que nosotros dir\u00edamos memoria, o esp\u00edritu, o conciencia: \u00abanchura de coraz\u00f3n\u00bb (1Re 5,9) evoca la extensi\u00f3n del saber, \u00abdame tu coraz\u00f3n\u00bb puede significar \u00abpr\u00e9stame atenci\u00f3n\u00bb (Prov 23,26), y \u00abcoraz\u00f3n endurecido\u00bb comporta el sentido de esp\u00edritu cerrado. Seg\u00fan el contexto puede restringirse el sentido al aspecto intelectual (Mc 8,17), o por el contrario extenderse (Act 7,51); el coraz\u00f3n del hombre designa entonces toda su personalidad consciente, inteligente y libre.<\/p>\n<p>I. 1.\u00a0<em>Coraz\u00f3n y apariencia. <\/em>En las relaciones entre personas es evidente que lo que cuenta es la actitud interior. Pero el coraz\u00f3n se sustrae a las miradas. Normalmente el exterior de un hombre debe manifestar lo que hay en el coraz\u00f3n. As\u00ed se conoce el coraz\u00f3n, indirectamente por lo .que de \u00e9l expresa el rostro (Eclo 13,25), por lo que dicen los labios (Prov 16,23), por lo que revelan los actos (Lc 6,44s). Sin embargo, palabras y comportamientos pueden tambi\u00e9n disimular el coraz\u00f3n en lugar de manifestarlo (Prov 26,23-26; Eclo 12,16): el hombre tiene la tremenda posibilidad de aparentar. Al mismo tiempo su coraz\u00f3n tiene tambi\u00e9n dobleces, pues el coraz\u00f3n es el que impone una determinada expresi\u00f3n externa, al mismo tiempo que adopta interiormente posiciones muy diferentes. Esta doblez es un mal profundo, que la Biblia denuncia con vigor (Eclo 27,24; Sal 28,3s).<\/p>\n<p>2.\u00a0<em>Dios y el coraz\u00f3n. <\/em>Tambi\u00e9n frente al llamamiento de Dios trata el hombre de salir del paso con la doblez. \u00abDios es un fuego devorador\u00bb (Dt 4,24): \u00bfc\u00f3mo afrontar sus exigencias tan radicales? El mismo pueblo escogido no cesa de buscar rodeos. Para dispensarse de una aut\u00e9ntica conversi\u00f3n, trata de contentar a Dios con un culto exterior (Am 5,21&#8230;) y con buenas palabras (Sal 78,36s).<\/p>\n<p>Soluci\u00f3n ilusoria: a Dios no se le puede enga\u00f1ar como se enga\u00f1a a los hombres; \u00ab\u00e9l hombre mira a las apariencias, pero Yahveh mira al coraz\u00f3n\u00bb (1Sa 16,7). Dios \u00abescudri\u00f1a el coraz\u00f3n y sondea los ri\u00f1ones\u00bb (Jer 17,10; Eclo 42,18) y desenmascara la mentira declarando: \u00abEste pueblo me honra con los labios, pero su coraz\u00f3n est\u00e1 lejos de m\u00ed\u00bb (Is 29,31). As\u00ed, delante de Dios, se ve el hombre puesto en cuesti\u00f3n en lo m\u00e1s profundo de su ser (Heb 4,12s). Entrar en relaci\u00f3n con Dios es \u00abarriesgar el coraz\u00f3n\u00bb (Jer 30,21).<\/p>\n<p>3.\u00a0<em>Necesidad de un coraz\u00f3n nuevo. <\/em>Israel fue comprendiendo cada vez m\u00e1s que no puede bastar una religi\u00f3n exterior. Para hallar a Dios hay que \u00abbuscarlo con todo el coraz\u00f3n\u00bb (Dt 4,29). Israel comprendi\u00f3 que de una vez para siempre debe \u00abfijar su coraz\u00f3n en Yahveh\u00bb (1Sa 7,3) y \u00abamar a Dios con todo su coraz\u00f3n\u00bb (Dt 6,5), viviendo en entera docilidad a su ley. Pero toda su historia demuestra su impotencia radical para realizar tal ideal. Es que el mal le ataca en el coraz\u00f3n.<\/p>\n<p>\u00abEste pueblo tiene un coraz\u00f3n rebelde y contumaz\u00bb (Jer 5,23), \u00abun coraz\u00f3n incircunciso\u00bb (Lev 26,41), \u00abun coraz\u00f3n con doblez\u00bb (Os 10,2). En lugar de poner su fe en Dios, \u00abhan seguido la inclinaci\u00f3n de su mal coraz\u00f3n\u00bb (Jer 7,24; 18,12), y as\u00ed han cargado sobre ellos calamidades sin cuento. Ya no les queda sino \u00abdesgarrar su coraz\u00f3n\u00bb (Jl 2,13) y presentarse delante de Dios con un \u00abcoraz\u00f3n quebrantado y deshecho\u00bb (Sal 51,19), rogando al Se\u00f1or les \u00abcree un coraz\u00f3n puro\u00bb (Sal 51,12).<\/p>\n<p>II.\u00a01.\u00a0<em>Promesa. Y <\/em>tal es ciertamente el designio de Dios, cuyo anuncio reanima a Israel. El fuego de Dios es, en efecto, un fuego de amor; Dios no puede pretender la destrucci\u00f3n de su pueblo; s\u00f3lo ante esta idea se le revuelve el coraz\u00f3n (Os 11,8). Si ha conducido al desierto a su esposa infiel, es para hablarle de nuevo al coraz\u00f3n (Os 2,16). As\u00ed pues, se pondr\u00e1 t\u00e9rmino a sus pruebas y comenzar\u00e1 otra \u00e9poca caracterizada por una renovaci\u00f3n interior que obrar\u00e1 Dios mismo.<\/p>\n<p>\u00abCircuncidar\u00e1 tu coraz\u00f3n y el coraz\u00f3n de tus descendientes para que ames a Yahveh, tu Dios, con todo tu coraz\u00f3n y con toda tu alma, y vivas\u00bb (Dt 30,6). Los israelitas no ser\u00e1n ya rebeldes. pues Dios, estableciendo con ellos una nueva alianza, \u00abpondr\u00e1 su ley en el fondo de su ser y la escribir\u00e1 en su coraz\u00f3n\u00bb (Jer 31,33). Todav\u00eda m\u00e1s: Dios les dar\u00e1 otro coraz\u00f3n (Jer 32,39), un coraz\u00f3n para conocerle (Jer 24,7; comp. Dt 29,3). Despu\u00e9s de haber ordenado: \u00abHaceos un coraz\u00f3n nuevo\u00bb (Ez 18,31), promete Dios realizar \u00e9l mismo lo que ordena: \u00abYo os purificar\u00e9. Yo os dar\u00e9 un coraz\u00f3n nuevo, pondr\u00e9 en vosotros un esp\u00edritu nuevo; quitar\u00e9 de vuestra carne el coraz\u00f3n de piedra y os dar\u00e9 un coraz\u00f3n de carne\u00bb (Ez 36,25s). As\u00ed se asegurar\u00e1 una uni\u00f3n definitiva entre Dios y su pueblo.<\/p>\n<p>2.\u00a0<em>Don. <\/em>Esta promesa se cumpli\u00f3 por Jesucristo. Jes\u00fas, volviendo primero a la ense\u00f1anza de los profetas. pone en guardia contra el formalismo de los fariseos; atrae la atenci\u00f3n hacia el verdadero mal, el que viene del coraz\u00f3n: \u00abDel coraz\u00f3n provienen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios&#8230;: esto es lo que hace impuro al hombre\u00bb (Mt 15,19s). Jes\u00fas recuerda la exigencia divina de generosidad interior: hay que recibir la palabra en un coraz\u00f3n bien dispuesto (Lc 8,15), amar a Dios de todo coraz\u00f3n (Mt 22,37 p), perdonar al hermano del fondo del coraz\u00f3n (Mt 18,35). A los corazones puros promete Jes\u00fas la visi\u00f3n de Dios (Mt 5,8). Pero, superando en esto a todos los profetas, esta pureza \u00e9l mismo, \u00abmanso y humilde ,de coraz\u00f3n\u00bb (Mt 1129), la confiere a sus disc\u00edpulos (Mt 9,2; 26,28). Resucitado, los ilumina: mientras les hablaba, su coraz\u00f3n ard\u00eda en su interior (Lc 24,32).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En adelante la fe en Cristo, adhesi\u00f3n del coraz\u00f3n, procura la renovaci\u00f3n interior, de otra manera inaccesible. Es lo que afirma san Pablo:\u00abSi tu coraz\u00f3n oree que Dios lo ha resucitado de los muertos, ser\u00e1s salvo. Porque la fe del coraz\u00f3n obtiene la justicia\u00bb (Rom 10,9s). Por la fe se iluminan los ojos del coraz\u00f3n (Ef 1,18); por la fe habita Cristo en los corazones (Ef 3,17). En los corazones de los creyentes se derrama un esp\u00edritu nuevo, \u00abel Esp\u00edritu del Hijo, que clama: Abba, Padre\u00bb (G\u00e1l 4,6), y con \u00e9l, \u00abel amor de Dios\u00bb (Rom 5,5). As\u00ed \u00abla paz de Dios, que sobrepuja todo entendimiento, guarda nuestros corazones\u00bb (Flp 4,7). Tal es la nueva alianza, fundada en el sacrificio de aquel al que el oprobio destroz\u00f3 el coraz\u00f3n (Sal 69,21).<\/p>\n<p>Juan apenas si habla del coraz\u00f3n, a no ser para desterrar la turbaci\u00f3n y el temor (Jn 14,27), pero proclama en otros t\u00e9rminos el cumplimiento de las mismas promesas: habla de conocimiento (1Jn 5,20; cf. Jer 24,7), de comuni\u00f3n (1Jn 1,3), de amor y de vida eterna. Todo esto nos viene por Jes\u00fas, crucificado y glorificado: del interior de Jes\u00fas (Jn 7,38; cf. 19,34) brota una fuente que renueva \u00edntimamente al fiel (4, 14). Jes\u00fas en persona viene dentro de los suyos para darles la vida (6,56s). Hasta se podr\u00eda decir que, seg\u00fan Juan, Jes\u00fas es el coraz\u00f3n del nuevo Israel, coraz\u00f3n que pone en \u00edntima relaci\u00f3n con el Padre y establece entre todos la unidad: \u00abyo en ellos y t\u00fa en m\u00ed, para que sean perfectamente uno\u00bb (17,23; cf. 11,52; Act 4,32); que el amor con que t\u00fa me has amado est\u00e9 en ellos y yo en ellos\u00bb (Jn 17,26).<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">Todos los derechos: <em>Vocabulario de teolog\u00eda b\u00edblica<\/em>, X. L\u00e9on-Dufour<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Las resonancias que suscita la palabra \u00abcoraz\u00f3n\u00bb no son id\u00e9nticas en hebreo y en nuestra lengua. 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