{"id":2038,"date":"2018-07-18T09:36:57","date_gmt":"2018-07-18T15:36:57","guid":{"rendered":"http:\/\/www.ocdmx.org\/?p=2038"},"modified":"2019-07-18T09:42:50","modified_gmt":"2019-07-18T15:42:50","slug":"crecimiento","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=2038","title":{"rendered":"Crecimiento"},"content":{"rendered":"<p>AT.<\/p>\n<p>YAHVEH, AUTOR DE TODO<\/p>\n<p>1. <em>Las condiciones del crecimiento. <\/em>La aspiraci\u00f3n de toda vida es realizar su naturaleza; crecer es la ley. Sin embargo, el hombre no es due\u00f1o de su progreso. Yahveh, autor de la creaci\u00f3n, preside todo crecimiento, el cual viene a ser el signo tangible de su presencia y de su acci\u00f3n. Dios hace crecer al justo como el agua hace crecer a la palmera, al cedro (Sal 92,13s), al papiro (Job 8,11ss). \u00ab\u00a1Creced y multiplicaos!\u00bb: tal es la bendici\u00f3n que acompa\u00f1a a todo viviente (Gn 1,22; 8,17), al hombre en primer lugar (Gn 1,28; 9,7). La prosperidad material y la fecundidad del individuo, del clan, de la naci\u00f3n, manifiestan la solicitud de Yahveh (Sal 144,12s). Pero es tambi\u00e9n un mandamiento: el hombre debe colaborar a su progreso (Ecl 11,1-6) en continuidad con la iniciativa divina (Dt 28,62s; 30,16ss). Su bienaventuranza no ser\u00e1, no obstante, obra de sus manos (Dt 6,10s), no ser\u00e1 el salario de un esfuerzo cada vez m\u00e1s tenso: el acceso a la salud no se halla al t\u00e9rmino de un crecimiento puramente humano (Ecl 2,1-11). Porque el hombre por s\u00ed solo no es capaz sino de pecado, y la falta entorpece el crecimiento: las espinas y los abrojos (cf. Is 5,6; 32,13) reemplazan al \u00e1rbol de vida, y la tierra no da frutos sino a costa de duras fatigas (Gn 3,17ss).<\/p>\n<p><em>El crecimiento de Israel. <\/em>La fe asegura la fecundidad a Israel: Dios es quien abre el seno est\u00e9ril de Sara y promete una posteridad numerosa a Abraham (Gn 17,6) y a sus descendientes (Gn 35,11). La fidelidad a la alianza garantiza la prosperidad del pueblo (Lev 26,9; Dt 30, 5). Por el contrario, el abandono de Yahveh es causa de retroceso, de destrucci\u00f3n (Dt 28,63s; Ag 1,10s); se retorna al caos primitivo (Is 34, 11). Sin embargo, un resto sobrevive (Is 4,2s; 6,13; 10,19ss). El crecimiento detenido un momento volver\u00e1, pues, a comenzar (Jer 31,28): en Si\u00f3n reconstruida, el pueblo mesi\u00e1nico, de nuevo pr\u00f3spero (Ez 36, 10s) se multiplicar\u00e1 y fructificar\u00e1 (Jer 3,16) como las ovejas (Jer 23,3); y vendr\u00e1 el Mes\u00edas, verdadero germen de Israel (Is 11,1.10; Jer 23,5; Zac 6,12s).<\/p>\n<p><em>Los modos de crecimiento. <\/em>Al mismo tiempo que la obra de vida, se despliega tambi\u00e9n el poder del mal y del error, par\u00e1sito de la acci\u00f3n divina, formando cuerpo con ella hasta el punto que la discriminaci\u00f3n se hace casi imposible. En el G\u00e9nesis prolifera el pecado: a la falta de Ad\u00e1n sucede la de Ca\u00edn, y pronto \u00abla tierra se pervirti\u00f3 y se llen\u00f3 de violencia\u00bb (Gn 6,11). Esta doble corriente atraviesa toda la historia de Israel, que crece pese a la oposici\u00f3n exterior (1Mac 1,9ss) o al mal alimentado en su seno (Esd 9, 6ss; Eclo 47,24); el progreso del mal parece incluso provocar el crecimiento del bien. Pero su desarrollo no es id\u00e9ntico: al paso que el mal crece hasta un l\u00edmite en que se exten\u00faa su poder (2Mac 6,14s), el bien abunda y sobreabunda (\u00c9x 1, 12), el amor divino triunfa de la infidelidad humana (Is 1,18; 54,7s). Ezequiel, recordando simb\u00f3licamente la historia de Israel, presenta sucesivamente a la elegida, a la que Dios hace crecer (Ez 16,7), a la esposa ad\u00faltera que multiplica hasta el colmo sus prostituciones (16,26.29.51), y finalmente el triunfo de Yahveh que da con sobreabundancia (16,60. 63). Tambi\u00e9n Daniel describe el progreso de la iniquidad (Dan 8,8-14), que alcanza una amplitud incre\u00edble (8,24s), pero sin poder rebasar \u00abel tiempo del fin\u00bb (12,7s). En los d\u00edas mesi\u00e1nicos la salud y la vida triunfar\u00e1n m\u00e1s all\u00e1 del pecado y de la muerte: la tierra, a pesar de sus faltas, \u00abhar\u00e1 germinar la liberaci\u00f3n\u00bb (Is 45,8); \u00aben lugar de la espina crecer\u00e1 el cipr\u00e9s, en lugar de las zarzas el mirto\u00bb (Is 55,13) y el mismo desierto florecer\u00e1 (Is 35,1s.6s; 41,18s).<\/p>\n<p>NT.<\/p>\n<p>EL CRECIMIENTO EN<\/p>\n<p>1. <em>Crecimiento de Jes\u00fas. <\/em>Jesucristo lleva a su cumplimiento o remate el influjo creciente de Yahveh sobre su pueblo. Dentro del crecimiento f\u00edsico inaugura el tiempo del crecimiento interior hacia la plenitud total: como Samuel (1Sa 2,26) y Juan Bautista (Lc 1,80) \u00abcrece en sabidur\u00eda, en estatura y en gracia delante de Dios y delante de los hombres\u00bb (Lc 2,40.52). Luego, al final de su vida, como el grano ca\u00eddo en tierra, que debe morir para fructificar (Jn 12,24), instaura, m\u00e1s all\u00e1 de la muerte, una nueva posibilidad de crecimiento: su cuerpo se edificar\u00e1, los cristianos constituir\u00e1n el hombre perfecto, en el vigor de la edad, que realizar\u00e1 la plenitud de Cristo\u00bb (Ef 4,12ss). En adelante el hombre no puede ya progresar sino desapareciendo para dejar que crezca Cristo en \u00e9l (Jn 3,30).<\/p>\n<p><em>Crecimiento del reino. <\/em>En la Iglesia de Cristo es Dios el due\u00f1o del crecimiento: el reino es semejante al grano que crece por s\u00ed mismo (Mc 4,26-29). El hombre planta y riega, pero Dios hace crecer (1Cor 3,6); el hombre no puede \u00aba\u00f1adir un codo a la duraci\u00f3n de su vida\u00bb, mientras que Dios hace crecer los lirios de los campos (Mt 6,27s). Ahora su acci\u00f3n se realiza por Cristo (1Tes 3,12). El Se\u00f1or ha echado la simiente, que es \u00abla palabra de Dios\u00bb (Lc 8,11); debe crecer hasta producir el ciento por uno (Mt 13, 23). Como el fermento que trabaja la masa \u00abhasta que todo ha fermentado\u00bb (Mt 13,33), la palabra del Se\u00f1or crece (Act 6,7; 12,24; 19,20). As\u00ed venimos a ser en Cristo cooperadores de Dios para hacer crecer y edificar su obra (1Cor 3,9; Ef 2,21; 1Pe 2,2.5). El reino est\u00e1 fundado, pero debe extenderse al universo, como el modesto grano de mostaza que acaba por \u00abalbergar a las aves del cielo\u00bb (Mc 4,32). El n\u00famero de los disc\u00edpulos debe crecer (Act 5,14; 6,7; 11,24), la comunidad debe incrementarse (Act 16,5). Pero el verdadero progreso no es de orden visible: es el del conocimiento de Dios (Col 1,10; 2,19), \u00aben la gracia y en el conocimiento de Jes\u00fas\u00bb (2Pe 3,18), en la fe (2Cor 10,15; F1p 1,25), que se realiza en obras (2Cor 9,10), pues el verdadero crecimiento se desenvuelve del interior al exterior.<\/p>\n<p><em>Perspectivas escatol\u00f3gicas. <\/em>Jes\u00fas inaugura as\u00ed el triunfo definitivo del bien sobre el mal; su resurrecci\u00f3n se\u00f1ala el t\u00e9rmino de los poderes de la muerte. El buen grano y la ciza\u00f1a seguir\u00e1n, sin embargo, creciendo juntos hasta la siega; entonces el propietario mandar\u00e1 quemar a la una y entrojar al otro (Mt 13,30ss).<\/p>\n<p>Los evangelios, sobre todo el de Juan, describen el crecimiento de la oposici\u00f3n de los fariseos y del mundo a la revelaci\u00f3n creciente de Jes\u00fas: el endurecimiento al mismo tiempo que el amor (Jn 12,37ss). Pero despu\u00e9s de la hora del \u00abreino de las tinieblas\u00bb (Lc 22,53) viene el de la exaltaci\u00f3n Jn 17,1). Pablo desarrolla la misma dial\u00e9ctica; la ep\u00edstola a los Romanos subraya el dinamismo de la misericordia divina m\u00e1s all\u00e1 de los progresos del mal: cuando Israel llega al colmo del endurecimiento, la gracia se dirige a los paganos hasta su conversi\u00f3n total; luego, gracias a un peque\u00f1o resto, \u00abtodo Israel ser\u00e1 salvo\u00bb (Rom 11,25s), pues \u00abdonde se multiplic\u00f3 el pecado, sobreabund\u00f3 la gracia\u00bb (Rom 5,20). Es sin duda tambi\u00e9n el sentido de la \u00abapostas\u00eda\u00bb final: colmo alcanzado por \u00abel misterio de la impiedad ya en acci\u00f3n\u00bb (2Tes 2,3-7), despu\u00e9s de lo cual el Se\u00f1or aniquilar\u00e1 al imp\u00edo (2,8) y salvar\u00e1 a sus elegidos (2,13; cf. Ap 20,7-15).<\/p>\n<p>Esta lucha es el movimiento mismo del crecimiento del reino; caracteriza el tiempo de la Iglesia, hasta que Dios sea \u00abtodo en todos\u00bb (1Cor 15, 28); se desarrolla tambi\u00e9n en el coraz\u00f3n del creyente, que \u00abprosigue su carrera para tratar de alcanzar, habiendo \u00e9l mismo sido alcanzado por Cristo Jes\u00fas\u00bb (Flp 3,12ss).<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">Todos los derechos: <em>Vocabulario de teolog\u00eda b\u00edblica<\/em>, X. L\u00e9on-Dufour<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>AT. YAHVEH, AUTOR DE TODO 1. Las condiciones del crecimiento. La aspiraci\u00f3n de toda vida es realizar su naturaleza; crecer es la ley. Sin embargo, el hombre no es due\u00f1o de su progreso. 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