{"id":2047,"date":"2018-07-18T10:00:29","date_gmt":"2018-07-18T16:00:29","guid":{"rendered":"http:\/\/www.ocdmx.org\/?p=2047"},"modified":"2019-07-18T10:05:10","modified_gmt":"2019-07-18T16:05:10","slug":"deseo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=2047","title":{"rendered":"Deseo"},"content":{"rendered":"<p>En el budismo la perfecci\u00f3n suprema es \u00abmatar el deseo\u00bb. \u00a1Qu\u00e9 alejados de este sue\u00f1o aparecen los hombres de la Biblia, aun los m\u00e1s pr\u00f3ximos a Dios! La Biblia, por el contrario, est\u00e1 llena del tumulto y del conflicto de todas las formas del deseo. Desde luego, est\u00e1 muy lejos de aprobarlas todas, y aun los deseos m\u00e1s puros deben experimentar una purificaci\u00f3n radical, pero as\u00ed es como adquieren toda su fuerza y dan a la existencia del hombre todo su valor.<\/p>\n<p>I. EL DESEO DE VIVIR. Como ra\u00edz de todos los deseos del hombre existe la indigencia esencial y su necesidad fundamental de poseer la vida en la plenitud y desarrollo de su ser. Este dato de la naturaleza est\u00e1 dentro del orden, y Dios lo consagra. La m\u00e1xima del Sir\u00e1cida: \u00abNo te prives del bien del d\u00eda y no dejes pasar la parte de goce que te toca\u00bb (Eclo 14,14) no expresa la m\u00e1s elevada sabidur\u00eda b\u00edblica; sin embargo, si Jesucristo no la canoniza como el ideal, por lo menos la presupone como una reacci\u00f3n normal, puesto que si sacrifica su vida, lo hace para que sus ovejas \u00abtengan la vida y la tengan abundantemente\u00bb (Jn 10,10).<\/p>\n<p>El lenguaje de la Escritura confirma esta presencia natural y este valor positivo del deseo. Muchas comparaciones evocan los deseos m\u00e1s ardientes: \u00abComo el ciervo desea las aguas vivas\u00bb (Sal 42,2), \u00abcomo los ojos de una sierva est\u00e1n puestos en la mano de su se\u00f1ora\u00bb (123,2), \u00abm\u00e1s que espera la aurora un centinela nocturno\u00bb (130,6), \u00abdame a sentir el son de la alegr\u00eda y de la fiesta\u00bb (51,10). M\u00e1s de una vez los profetas y el Deuteronomio apoyan sus amenazas y sus promesas en las aspiraciones permanentes del hombre: plantar, edificar, unirse en matrimonio (Dt 28,30; 20,5ss; Am 5,11; 9,14; Is 65,21). Aun el anciano, al que Dios ha \u00abhecho ver tantos males <em>y <\/em>aflicciones\u00bb, no debe renunciar a esperar que venga todav\u00eda a \u00abalimentar su vejez y a consolarlo\u00bb (Sal 71,20\u00bb).<\/p>\n<p>II. LAS PERVERSIONES DEL DESEO. El deseo, por ser algo esencial y que no se puede desarraigar, puede ser para el hombre una tentaci\u00f3n permanente y peligrosa. Si Eva pec\u00f3, fue por dejarse seducir por el \u00e1rbol prohibido, que era \u00abbueno para comerse, hermoso a la vista\u00bb (G\u00e9n 3,6). La mujer, por haber as\u00ed cedido a su deseo, en adelante ser\u00e1 v\u00edctima del deseo que la impulsa hacia su marido y sufrir\u00e1 la ley del hombre (3,16). En la humanidad es el pecado como un deseo selv\u00e1tico pronto a saltar y que hay que tener a raya con la fuerza (4,7). Este deseo desencadenado es la apetencia o concupiscencia, \u00abconcupiscencia de la carne, concupiscencia de los ojos, soberbia de la riqueza\u00bb (1Jn 2,16; cf. Sant 1,14s) y su reino en la humanidad es el mundo, reino de Sat\u00e1n.<\/p>\n<p>La Biblia, historia del hombre, est\u00e1 llena de estos deseos que arrastran al hombre; como palabra de Dios describe sus funestas consecuencias. En el desierto, Israel, que sufr\u00eda de hambre, en lugar de alimentarse de la fe en la palabra de Dios (Dt 8,1-5), no piensa sino en llorar por las carnes de Egipto y en echarse sobre las codornices, y los culpables perecen, v\u00edctimas de su concupiscencia (N\u00fam 11,4.34). David, cediendo a su deseo; se apodera de Betsab\u00e9 (2Sa 11,2ss), desencadenando una serie de ruinas y de pecados. Ajab, por haber seguido el consejo de Jezabel y cedido as\u00ed a su deseo despojando a Nabot de su vi\u00f1a, condena a muerte a su dinast\u00eda (1Re 21). Los dos ancianos desean a Susana \u00abhasta perder la cabeza\u00bb (Dan 13,8.20) y pagan con su vida este pecado.<\/p>\n<p>La ley, todav\u00eda m\u00e1s categ\u00f3ricamente, apuntando al coraz\u00f3n, fuente de pecado, proh\u00edbe el deseo culpable: \u00abNo codiciar\u00e1s la casa, \u00abla mujer&#8230; de tu pr\u00f3jimo\u00bb (\u00c9x 20,17). Jes\u00fas no crear\u00e1 esta exigencia, sino que revelar\u00e1 su alcance (Mt 5,28).<\/p>\n<p>LA CONVERSI\u00d3N DEL DESEO. La novedad del Evangelio consiste en primer lugar en despejar con la mayor nitidez lo que todav\u00eda estaba involucrado en el AT: \u00abLo que procede del coraz\u00f3n es lo que hace al hombre impuro\u00bb (Mt 15,18); consiste sobre todo en proclamar como una certeza la liberaci\u00f3n de los apetitos que ten\u00edan encadenado al hombre. Estos apetitos, este \u00abdeseo de la carne, son la muerte\u00bb (Rom 8,6), pero el cristiano que posee el Esp\u00edritu de Dios es capaz de seguir el \u00abdeseo del esp\u00edritu\u00bb, de \u00abcrucificar la carne con sus pasiones y sus concupiscencias\u00bb (G\u00e1l 5,24; cf. Rom 6, 12; 13,14; Ef 4,22) y de dejarse \u00abguiar por el Esp\u00edritu\u00bb (G\u00e1l 5,16).<\/p>\n<p>Este \u00abdeseo del Esp\u00edritu\u00bb, liberado por Cristo, estaba ya presente en la ley, que es \u00abespiritual\u00bb (Rom 7,14). Todo el AT est\u00e1 sostenido por un profundo deseo de Dios. Con el deseo de adquirir la sabidur\u00eda (Prov 5,19; Eclo 1,20), con la nostalgia de Jerusal\u00e9n (Sal 137,5), con el deseo de subir a la ciudad santa (128,5) y al templo (122,1), con el deseo de conocer la palabra de Dios a trav\u00e9s de todas sus formas (119, 20.131.174), corre profundamente un deseo que polariza todas las energ\u00edas, que ayuda a desenmascarar las ilusiones y las falsificaciones (cf. Am 5,18; Is 58,2), a superar todas las decepciones, el \u00fanico deseo de Dios: \u00ab\u00bfQu\u00e9 otro tengo yo en el cielo? Contigo nada ans\u00edo yo sobre la tierra. Mi carne y mis entra\u00f1as se consumen, mas el Se\u00f1or es, para siempre, mi roca y mi porci\u00f3n\u00bb (Sal 73, 25s; cf. 42,2; 63,2).<\/p>\n<p>DESEO DE COMUNI\u00d3N. Si nos es posible desear a Dios m\u00e1s que ninguna cosa en el mundo, es en uni\u00f3n con el deseo de Jesucristo. Jes\u00fas est\u00e1 pose\u00eddo de un deseo ardiente, ansioso, que s\u00f3lo apagar\u00e1 su bautismo, su pasi\u00f3n (Lc 12,49s), el deseo de dar gloria a su Padre (Jn 17,4) y de mostrar al mundo hasta d\u00f3nde puede amarle (14,30). Pero este deseo del Hijo orientado hacia su Padre es inseparable del deseo que le lleva hacia los suyos y que, mientras avanzaba hacia su pasi\u00f3n, le hac\u00eda \u00abdesear ardientemente comer la pascua\u00bb con ellos (Lc 22,15).<\/p>\n<p>Este deseo divino de una comuni\u00f3n con los hombres, \u00abyo cerca de \u00e9l y \u00e9l cerca de m\u00ed\u00bb (Ap 3,20), suscita en el NT un eco profundo. Las cartas paulinas en particular est\u00e1n llenas del deseo que siente el Ap\u00f3stol de sus \u00abhermanos tan amados y tan deseados\u00bb (Flp 4,1), que \u00abdesea a todos en las entra\u00f1as de Cristo\u00bb (1,8), de su gozo al sentir, a trav\u00e9s del testimonio de Tito, el \u00abardiente deseo\u00bb que tienen de \u00e9l los corintios (2Cor 7,7), fruto cierto de la acci\u00f3n de Dios (7,11). S\u00f3lo este deseo es capaz de contrapesar el deseo fundamental de Pablo, el deseo de Cristo y, m\u00e1s exactamente, de la comuni\u00f3n con \u00e9l, \u00abel deseo de partir y estar con Cristo\u00bb (Flp 1,23), \u00abde morar junto al Se\u00f1or\u00bb (2Cor 5,8). Porque el grito del \u00abhombre de deseo\u00bb, <em>el <\/em>grito del \u00abEsp\u00edritu y de la esposa\u00bb es: \u00ab\u00a1ven!\u00bb (Ap 22,17).<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">Todos los derechos: <em>Vocabulario de teolog\u00eda b\u00edblica<\/em>, X. L\u00e9on-Dufour<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En el budismo la perfecci\u00f3n suprema es \u00abmatar el deseo\u00bb. \u00a1Qu\u00e9 alejados de este sue\u00f1o aparecen los hombres de la Biblia, aun los m\u00e1s pr\u00f3ximos a Dios! 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