{"id":2051,"date":"2018-07-18T10:12:20","date_gmt":"2018-07-18T16:12:20","guid":{"rendered":"http:\/\/www.ocdmx.org\/?p=2051"},"modified":"2019-07-18T10:18:21","modified_gmt":"2019-07-18T16:18:21","slug":"desierto","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=2051","title":{"rendered":"Desierto"},"content":{"rendered":"<p>La significaci\u00f3n religiosa del desierto se orienta diferentemente seg\u00fan que se piense en un lugar geogr\u00e1fico o en una \u00e9poca privilegiada de la historia de la salvaci\u00f3n. Desde el primer punto de vista es el desierto una tierra que no ha bendecido Dios: all\u00ed es rara el agua, como en el huerto del para\u00edso, antes de la lluvia (G\u00e9n 2,5), la vegetaci\u00f3n raqu\u00edtica, la habitaci\u00f3n imposible (Is 6, 11); hacer de un pa\u00eds un desierto es hacerlo semejante al caos de los or\u00edgenes (Jer 2,6; 4,20-26), lo que merecen los pecados de Israel (Ez 6,14; Lam 5,18; Mt 23,38). En esta tierra inf\u00e9rtil habitan demonios (Lev 16, 10; Lc 8,29; 11,24), s\u00e1tiros (Lev 17,7) y otras bestias mal\u00e9ficas (Is 13,21; 14,23; 30,6; 34,11-16; Sof 2,13s). En resumen, en esta perspectiva el desierto se opone a la tierra habitada como la maldici\u00f3n a la bendici\u00f3n.<\/p>\n<p>Ahora bien, y tal es el punto de vista b\u00edblico dominante, Dios quiso hacer pasar a su pueblo por esta \u00abtierra espantosa\u00bb (Dt 1,19), para hacerle entrar en la tierra en la que fluyen leche y miel. Este acontecimiento va a transformar el simbolismo precedente. Si el desierto sigue conservando el car\u00e1cter de lugar desolado, sobre todo evoca una \u00e9poca de la historia sagrada: el nacimiento del pueblo de Dios. El simbolismo b\u00edblico del desierto no puede, pues, confundirse con tal o cual m\u00edstica de la soledad o de la fuga de la civilizaci\u00f3n; no enfoca una vuelta al desierto ideal, sino un paso por el tiempo del desierto, an\u00e1logo al de Israel.<\/p>\n<p>AT.<\/p>\n<p>1. EN MARCHA HACIA LA TIERRA PROMETIDA. A diferencia de los recuerdos ligados con la salida de Egipto propiamente dicha, los que conciernen al paso por el desierto s\u00f3lo fueron idealizados tard\u00edamente. Las tradiciones, en su forma actual, muestran a la vez que fue un tiempo de prueba para el pueblo y hasta de apostas\u00eda, pero en todo caso un tiempo de gloria para el Se\u00f1or. Tres elementos dominan estos recuerdos: el designio de Dios, la infidelidad del pueblo, el triunfo de Dios.<\/p>\n<p><em>El designio de Dios. <\/em>El paso por el desierto est\u00e1 regido por una intenci\u00f3n doble. Es un camino expresamente escogido por Dios, aunque no era el m\u00e1s corto (\u00c9x 13,17), porque Dios quer\u00eda ser el gu\u00eda de su pueblo (13,21). Luego, en el desierto del Sina\u00ed es donde los hebreos deben adorar a Dios (\u00c9x 3,17s = 5, lss); de hecho, en \u00e9l reciben la ley y concluyen la alianza que hace de aquellos hombres errantes un verdadero pueblo de Dios: se lo puede incluso computar (N\u00fam 1,lss). Dios quiso, por tanto, que su pueblo naciera en el desierto; sin embargo, le prometi\u00f3 una tierra, haciendo as\u00ed de la permanencia en el desierto una \u00e9poca privilegiada, pero provisional.<\/p>\n<p><em>La infidelidad del pueblo. <\/em>El camino de Dios no ten\u00eda nada comparable con la buena tierra de Egipto, en la que no faltaban alimento y seguridad; era el camino de la fe pura en el que guiaba a Israel. Ahora bien, desde las primeras etapas murmuran los hebreos contra la disposici\u00f3n del Se\u00f1or: ni seguridad, ni agua, ni carne&#8230; Esta murmuraci\u00f3n corre por todo lo largo de los relatos (\u00c9x 14,11; 16,2s; 17,2s; N\u00fam 14,2ss; 16,13s; 20,4s; 21,5), suscitada tanto por la primera como por la segunda generaci\u00f3n del desierto. El motivo es claro: se echa de menos la vida ordinaria; por penosa que fuera en Egipto, se la prefer\u00eda a esta vida extraordinaria confiada \u00fanicamente al cuidado de Dios; vale m\u00e1s una vida de esclavos que la muerte que amenaza, el pan y la carne m\u00e1s que el ins\u00edpido man\u00e1. El desierto revela as\u00ed el coraz\u00f3n del hombre, incapaz de triunfar de la prueba a que se le somete.<\/p>\n<p><em>El triunfo de la misericordia divina. <\/em>Pero si Dios deja perecer en el desierto a todos los que se han endurecido en su infidelidad y en su falta de confianza, no por eso abandona su designio, sino que saca bien del mal. Al pueblo que murmura le da un alimento y un agua maravillosos; si debe castigar a los pecadores, les ofrece tambi\u00e9n medios inesperados de salvaci\u00f3n, como la serpiente de bronce (N\u00fam 21,9). Es que Dios hace siempre resplandecer su santidad y su gloria (20,13). \u00c9sta se mostrar\u00e1 sobre todo cuando con Josu\u00e9 entre en la tierra prometida un verdadero pueblo. Este triunfo final permite ver en el desierto no tanto la \u00e9poca de la infidelidad del pueblo cuanto el tiempo de la misericordiosa fidelidad de Dios, que previene siempre a los rebeldes y hace que prospere su designio.<\/p>\n<p>II.\u00a0RETROSPECCI\u00d3N SOBRE EL TIEMPO DEL DESIERTO. El pueblo, instalado en la tierra prometida, no tard\u00f3 en transformarla en un lugar de prosperidad idol\u00e1trica e imp\u00eda, con tendencia a preferir los dones de la alianza a la alianza del donador. Entonces el tiempo del desierto aparecer\u00e1 como privilegiado y se aureolar\u00e1 de la gloria divina.<\/p>\n<p><em>Invitaci\u00f3n a la conversi\u00f3n. <\/em>Con el tema de la memoria actualiza el Deuteronomio los acontecimientos del desierto (Dt 8,2ss.15-I8): tiempo maravilloso de la solicitud paternal de Dios; el pueblo no pereci\u00f3, pero fue puesto a prueba a fin de que reconociera que el hombre no vive s\u00f3lo de pan, sino de todo lo que sale de la boca de Dios. As\u00ed tambi\u00e9n la sobriedad del culto en el tiempo del desierto invita a Israel a no contentarse con una piedad formalista (Am 5,25 = Act 7,42). Y viceversa, el recuerdo de las desobediencias es un llamamiento a la conversi\u00f3n y a la confianza en solo Dios: no tener ya dura la cerviz ni tentar a Dios (Sal 78,17s.40; Act 7, 51), adaptarse con paciencia al ritmo de Dios (Sal 106,13s), contemplar el triunfo de la misericordia (Neh 9; Sal 78; 106; Ez 20).;Por lo menos hoy no tienten a Dios! (Sal 95,7ss).<\/p>\n<p><em>Mirabilia Dei. <\/em>Ni aun recordando estas infidelidades se pensaba en presentar como un castigo la permanencia en el desierto. Y menos todav\u00eda recordando las maravillas que marcaron el tiempo de los desposorios de Dios con su pueblo: es el tiempo id\u00edlico del pasado por oposici\u00f3n al tiempo presente de Cana\u00e1n. As\u00ed El\u00edas, al ir al Horeb, no va s\u00f3lo a buscar un refugio en el desierto, sino el lugar de aprovisionamiento (1Re 19). Puesto que los castigos no bastan para hacer que vuelva la esposa infiel, Dios va a conducirla al desierto y hablarle al coraz\u00f3n (Os 2,16), y ser\u00e1 de nuevo el tiempo de los desposorios (2,21s). Los dones pasados se embellecen en las memorias: el man\u00e1 se convierte en un alimento celeste (Sal 78,24), un pan de sabores variados (Sab 16,21). Ahora bien, estos dones son tambi\u00e9n prenda de una presencia actual, pues Dios es fiel. Es un padre amoroso (Os 11), un pastor (Is 40,11; 63, 11-14; Sal 78,52). En atenci\u00f3n a esta \u00e9poca en que el pueblo vivi\u00f3 tan cerca de Dios, \u00bfc\u00f3mo no tener plena confianza en aquel que nos gu\u00eda y nos alimenta (Sal 81,11)?<\/p>\n<p>2. <em>El desierto ideal. Si <\/em>el tiempo del desierto es un tiempo ideal, \u00bfpor qu\u00e9 no prolongarlo sin cesar? As\u00ed los rekabitas viv\u00edan bajo la tienda, a fin de manifestar su reprobaci\u00f3n de la civilizaci\u00f3n cananea (Jer 35). Esta m\u00edstica de la fuga al desierto tiene su grandeza, pero en la medida en que se aislara del acontecimiento concreto que la origin\u00f3, tender\u00eda a degenerar en una evasi\u00f3n est\u00e9ril: Dios no nos ha llamado a vivir en el desierto, sino a atravesar el desierto para vivir en la tierra prometida. Por lo dem\u00e1s, el desierto conserva su valor figurativo. La salvaci\u00f3n esperada por los deportados de Babilonia es concebida como un nuevo \u00e9xodo: el desierto florecer\u00e1 bajo sus pasos (Is 32,15s; 35,Is; 41,18; 43,19s). La salvaci\u00f3n del fin de los tiempos se presenta en ciertos apocalipsis como la transformaci\u00f3n del desierto en para\u00edso; el Mes\u00edas aparecer\u00e1 entonces en el desierto (cf. Mt 24,26; Act 21,38; Ap 12,6.14).<\/p>\n<p>NT.<\/p>\n<p>1. CRISTO Y EL DESIERTO. Mientras que las comunidades esenias, como la de Qumr\u00e1n, promov\u00edan una separaci\u00f3n de la ciudad y se refugiaban en el desierto, Juan Bautista no quiere consagrar una m\u00edstica del desierto. Si proclama en \u00e9l su mensaje, es para revivir el tiempo privilegiado y una vez que el agua ha renovado los corazones, env\u00eda de nuevo a los bautizados a su trabajo (Lc 3,10- 14). El desierto no es sino una ocasi\u00f3n de convertirse con miras al Mes\u00edas que viene.<\/p>\n<p><em>Cristo en el desierto. <\/em>Jes\u00fas quiso revivir las diferentes etapas del pueblo de Dios. As\u00ed, como en otro tiempo los hebreos, es llevado por el Esp\u00edritu de Dios al desierto para ser all\u00ed sometido a la prueba (Mt 4, 1-11). Pero, a diferencia de sus padres, supera la prueba y permanece fiel a su Padre, prefiriendo la palabra de Dios al pan, la confianza al milagro maravilloso, el servicio de Dios a toda esperanza de dominaci\u00f3n terrena. La prueba que hab\u00eda fracasado en los tiempos del \u00e9xodo, halla ahora su sentido: Jes\u00fas es el Hijo primog\u00e9nito, en el que se cumple el destino de Israel. No es imposible que en el relato de Marcos (Mc 1,12s) se lea el tema del para\u00edso recobrado.<\/p>\n<p><em>Cristo, nuestro desierto. <\/em>En el transcurso de su vida p\u00fablica utiliz\u00f3 sin duda Jes\u00fas el desierto como refugio contra las muchedumbres (Mt 14,13; Mc 1,45; 6,31; Lc 4,42), propicio a la oraci\u00f3n solitaria (Mc 1,35 p); pero estos gestos no entran directamente en el simbolismo del desierto. En cambio, Jes\u00fas se presenta como quien realiza en su persona los dones maravillosos de otro tiempo. Es el agua viva, el pan del cielo, el camino y el gu\u00eda, la luz en la noche, la serpiente que da la vida a todos los que la miran para ser salvos; es finalmente aquel en quien se realiza el conocimiento \u00edntimo de Dios por la comuni\u00f3n de su carne y de su sangre. En cierto sentido se puede decir que Cristo es nuestro desierto: en \u00e9l hemos superado la prueba, en \u00e9l tenemos la comuni\u00f3n perfecta con Dios. Ahora ya el desierto como lugar y como tiempo se ha realizado en Jes\u00fas: la figura cede a la realidad.<\/p>\n<p>LA IGLESIA EN EL DESIERTO. LOS simbolismos del desierto siguen desempe\u00f1ando un papel en la inteligencia de la condici\u00f3n de la Iglesia. \u00c9sta vive oculta en el desierto hasta el retorno de Cristo que pondr\u00e1 fin al poder de Sat\u00e1n (Ap 12,6.14). Sin embargo, el s\u00edmbolo est\u00e1 en relaci\u00f3n m\u00e1s estrecha con su trasfondo b\u00edblico cuando Jes\u00fas multiplica los panes en el desierto a fin de mostrar a sus disc\u00edpulos, no ya que hay que vivir en el desierto, sino que se ha inaugurado un tiempo nuevo, en el que se vive maravillosamente de la palabra de Cristo (Mt 14,13-21 p).<\/p>\n<p>Pablo se sit\u00faa en la misma perspectiva. Ense\u00f1a que los acontecimientos que tuvieron lugar en otro tiempo se produjeron para nuestra instrucci\u00f3n, la instrucci\u00f3n de los que hemos llegado al fin de los tiempos (1Cor 10,11). Bautizados en la nube y en el mar, somos alimentados con el pan vivo y abrevados con el agua del Esp\u00edritu que brota de la roca; y esta roca es Cristo. Nada de ilusiones: vivimos todav\u00eda en el desierto, pero sacramentalmente. La figura del desierto es, pues, indispensable para comprender la naturaleza de la vida cristiana.<\/p>\n<p>Esta vida permanece bajo el signo de la prueba en tanto no hayamos entrado en el reposo de Dios (Heb 4,1). As\u00ed, acord\u00e1ndonos de los acontecimientos de otro tiempo, no endurezcamos nuestros corazones; nuestro \u00abhoy\u00bb est\u00e1 seguro del triunfo, porque somos \u00abpart\u00edcipes de Cristo\u00bb (3,14), que permaneci\u00f3 fiel en la prueba.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">Todos los derechos: <em>Vocabulario de teolog\u00eda b\u00edblica<\/em>, X. L\u00e9on-Dufour<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La significaci\u00f3n religiosa del desierto se orienta diferentemente seg\u00fan que se piense en un lugar geogr\u00e1fico o en una \u00e9poca privilegiada de la historia de la salvaci\u00f3n. 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