{"id":2074,"date":"2018-07-19T11:00:41","date_gmt":"2018-07-19T17:00:41","guid":{"rendered":"http:\/\/www.ocdmx.org\/?p=2074"},"modified":"2019-07-19T11:05:29","modified_gmt":"2019-07-19T17:05:29","slug":"espiritu-de-dios","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=2074","title":{"rendered":"Esp\u00edritu de Dios"},"content":{"rendered":"<p>El Esp\u00edritu de Dios no puede separarse del Padre y del Hijo; se revela con ellos en Jesucristo, pero tiene su manera propia de revelarse, como tiene su propia. personalidad. El Hijo, en su humanidad id\u00e9ntica a la nuestra, nos revela a la vez qui\u00e9n es \u00e9l y qui\u00e9n es el Padre, al que no cesa de contemplar. Nos es posible dise\u00f1ar los rasgos del Hijo y del Padre, pero el Esp\u00edritu no tiene un rostro y ni siquiera un nombre capaz de evocar una figura humana. En todas las lenguas su nombre (hebreo <em>ruah, <\/em>gr. <em>pneuma, <\/em>lat. <em>spirirus) <\/em>es un nombre com\u00fan, tomado de los fen\u00f3menos naturales del viento y de la respiraci\u00f3n, de modo que el mismo texto: \u00abT\u00fa env\u00edas tu soplo y [los animales] son creados y t\u00fa renuevas la faz de la tierra\u00bb (Sal 104,30), puede evocar con la misma exactitud la imagen c\u00f3smica del soplo divino, cuyo ritmo regula el movimiento de las estaciones, y la efusi\u00f3n del Esp\u00edritu Santo que vivifica los corazones.<\/p>\n<p>Es imposible poner la mano en el Esp\u00edritu; se \u00aboye su voz\u00bb, se reconoce su paso por signos con frecuencia esplendorosos, pero no se puede saber \u00abde d\u00f3nde viene ni ad\u00f3nde va\u00bb (Jn 3,8). Nunca act\u00faa sino a trav\u00e9s de otra persona, tomando posesi\u00f3n de ella y transform\u00e1ndola. Cierto que produce manifestaciones extraordinarias que \u00abrenuevan la faz de la tierra\u00bb (Sal 104,30), pero su acci\u00f3n parte siempre del interior y desde el interior se le conoce: \u00abVosotros lo conoc\u00e9is porque mora en vosotros\u00bb (Jn 14,17). Los grandes s\u00edmbolos del Esp\u00edritu, el agua, el fuego, el aire y el viento, pertenecen al mundo de la naturaleza y no comportan rasgos distintos; evocan sobre todo la invasi\u00f3n de una presencia, una expansi\u00f3n irresistible y siempre en profundidad. El Esp\u00edritu no es, sin embargo, ni m\u00e1s ni menos misterioso que el Padre y que el Hijo, pero nos recuerda m\u00e1s imperiosamente que Dios es el misterio, nos impide olvidar que \u00abDios es Esp\u00edritu\u00bb (Jn 4,24) y que \u00abel Se\u00f1or es el Esp\u00edritu\u00bb (2Cor 3,17).<\/p>\n<p>AT. El Esp\u00edritu de Dios no se ha revelado todav\u00eda como una persona, sino como una fuerza divina que transforma personalidades humanas para hacerlas capaces de gestos Estos gestos van siempre destinados a confirmar al pueblo en su vocaci\u00f3n, a hacerlo servidor y asociado del Dios santo. El Esp\u00edritu, viniendo de Dios y orientando hacia Dios, es un Esp\u00edritu santo. Venido del Dios de Israel y consagrando a Israel al Dios de la alianza, el Esp\u00edritu es santificador. Esta acci\u00f3n y esta revelaci\u00f3n se afirman en particular conforme a tres l\u00edneas: l\u00ednea mesi\u00e1nica de la salvaci\u00f3n, l\u00ednea prof\u00e9tica de la palabra y del testimonio, l\u00ednea sacrificial del servicio y de la consagraci\u00f3n. Seg\u00fan estas tres l\u00edneas, el pueblo entero de Israel es llamado a recibir el Esp\u00edritu.<\/p>\n<p>ESP\u00cdRITU Y SALVACI\u00d3N. 1. <em>Los jueces. <\/em>Los jueces de Israel son suscitados por el Esp\u00edritu de Dios. Sin esperarlo y sin que nada los predisponga a ello, sin poder oponer resistencia, sencillos hijos de aldeanos, Sans\u00f3n, Gede\u00f3n, Sa\u00fal son cambiados brusca y totalmente, no s\u00f3lo son hechos capaces de gestos excepcionales tic audacia o de fuerza, sino que son dotados de una nueva personalidad, capaces de representar un papel y de realizar una misi\u00f3n, la de liberar a su pueblo. Por sus manos y por su esp\u00edritu, el Esp\u00edritu de Dios prolonga la epopeya del \u00c9xodo y del desierto, garantiza la unidad y la salvaci\u00f3n de Israel, y da as\u00ed origen al pueblo santo. Su acci\u00f3n es ya interior, aunque todav\u00eda es designada con im\u00e1genes que subrayan el influjo repentino y extra\u00f1o: el Esp\u00edritu \u00abfue\u00bb sobre Otoniel o Jeft\u00e9 (Jue 3,10; 11, 29), se \u00ablanza\u00bb como un ave de rapi\u00f1a sobre su presa (Jue 14,6; 1Sa 11,6), \u00abreviste\u00bb como con una armadura (Jue 6,34).<\/p>\n<p><em>Los reyes. <\/em>Los jueces son \u00fanicamente libertadores temporales, <em>el <\/em>Esp\u00edritu los abandona una <em>vez <\/em>que han cumplido su misi\u00f3n. Tienen por sucesores a los reyes, encargados de una funci\u00f3n permanente. El rito de la unci\u00f3n que los consagra manifiesta la huella indeleble del Esp\u00edritu y los reviste de una majestad sagrada (1Sa 10,1; 16,13).<\/p>\n<p><em>El Mes\u00edas. <\/em>La unci\u00f3n ritual no basta para convertir a los reyes en servidores fieles de Dios, capaces de garantizar a Israel la salvaci\u00f3n, la justicia y la paz. Para desempe\u00f1ar este papel hace falta una acci\u00f3n m\u00e1s penetrante del Esp\u00edritu, la unci\u00f3n directa de Dios, que marcar\u00e1 al Mes\u00edas. Sobre \u00e9l no s\u00f3lo descender\u00e1 el Esp\u00edritu, sino reposar\u00e1 (Is 11,2); en \u00e9l har\u00e1 que destaquen todos sus recursos, \u00abla sabidur\u00eda y la inteligencia\u00bb, como en Besaleel (Ex 35,31) o en Salom\u00f3n, \u00abel consejo y la fuerza\u00bb como en David, \u00abel conocimiento y el temor de Dios\u00bb, ideal de las grandes almas religiosas en Israel. Estos dones abrir\u00e1n para el pa\u00eds as\u00ed gobernado una era de dicha y de santidad (Is 11,9).<\/p>\n<p>ESP\u00cdRITU Y TESTIMONIO. 1. <em>Los nabirn. <\/em>Los predecesores de los profetas, profesionales de la exaltaci\u00f3n religiosa, no hacen siempre distinci\u00f3n entre las pr\u00e1cticas humanas que los ponen en trance y la acci\u00f3n divina. Son, sin embargo, una de las fuerzas vivas de Israel, pues dan testimonio del poder de Yahveh; y en la fuerza que les hac\u00eda hablar en nombre del verdadero Dios se reconoc\u00eda la presencia de su Esp\u00edritu (Ex 15,20; N\u00fam 11,25ss; 1Sa 10,6; 1Re 18,22).<\/p>\n<p>2.\u00a0<em>Los profetas. Si <\/em>los grandes profetas, por lo menos los m\u00e1s antiguos no atribuyen expl\u00edcitamente al Esp\u00edritu, sino sencillamente a la mano de Dios la fuerza que los invade (Is 8,11; Jer 1,9; 15,17; Ez 3,14), no es que no crean poseer el Esp\u00edritu, sino que tienen conciencia de poseerlo en forma distinta que los <em>nabis sus <\/em>predecesores. Dotados de un oficio y de una posici\u00f3n, en plena conciencia y a menudo rebel\u00e1ndose todo su ser, se ven forzados a hablar por una presi\u00f3n soberana (Am 3,8; 7,14s; Jer 20,7ss). La palabra que anuncian viene de ellos, y ellos saben a qu\u00e9 precio, pero no ha nacido en ellos, es la palabra misma de Dios que los env\u00eda. As\u00ed se insin\u00faa el enlace, que aparece ya en El\u00edas (1Re 19,12s) y ya no cesar\u00e1, entre la palabra de Dios y su Esp\u00edritu; as\u00ed el Esp\u00edritu no se limita a suscitar una nueva personalidad al servicio de su acci\u00f3n, sino que da acceso al sentido y al secreto de esta acci\u00f3n: El Esp\u00edritu no es ya \u00fanicamente \u00abinteligencia y fuerza\u00bb, sino \u00abconocimiento de Dios\u00bb y de sus caminos (cf. Is 1 1,3).<\/p>\n<p>El Esp\u00edritu, al mismo tiempo que abre a los profetas a la palabra de Dios hasta revelarles la gloria divina (Ez 3,12; 8,3), les hace \u00abmantenerse en pie\u00bb (Ez 2.1; 3,24) para hablar al pueblo (Ez 11,5) y anunciarle el juicio que viene. As\u00ed los convierte en testigos, as\u00ed da \u00e9l mismo testimonio de Dios (Neh 9,30; cf. Zac 7,12).<\/p>\n<p>ESP\u00cdRITU Y CONSAGRACI\u00d3N. EL SIERVO DE YAHVEH. La convergencia entre el car\u00e1cter mesi\u00e1nico y libertador del Esp\u00edritu y su car\u00e1cter prof\u00e9tico de anunciador de la palabra y del juicio, ya manifiesto en el mec\u00edas de Isa\u00edas, se afirma plenamente en el siervo de Yahveh. Puesto que Dios \u00abha puesto sobre \u00e9l su Esp\u00edritu\u00bb, el siervo \u00abanuncia la justicia a las naciones\u00bb (Is 42,1; cf. 61,1ss). El profeta es quien anuncia la justicia, pero el rey es quien la establece. Ahora bien, el siervo, \u00abpor sus sufrimientos justificar\u00e1 a las multitudes\u00bb (53,11), es decir, las establecer\u00e1 en la justicia; su misi\u00f3n tiene, pues, algo regio. Tareas prof\u00e9ticas y tareas mesi\u00e1nicas se re\u00fanen, realizadas por el mismo Esp\u00edritu. Como por otra parte el siervo es aquel en quien \u00abDios se complace\u00bb (42,1), el placer que aguar-da de los sacrificios que le son debidos es toda la vida y la muerte de su siervo que son santas a Dios, expiaci\u00f3n por los pecadores, salvaci\u00f3n de las multitudes. El Esp\u00edritu Santo es santificador.<\/p>\n<p>EL ESP\u00cdRITU SOBRE EL PUEBLO. La acci\u00f3n del Esp\u00edritu en los profetas y en los servidores de Dios es en s\u00ed misma prof\u00e9tica; anuncia su efusi\u00f3n sobre el pueblo entero, semejante a la lluvia que devuelve la vida a la tierra sedienta (Is 32,15; 44,3; Ez 36,25; Jl 3,1s), como el soplo de vida viene a animar las osamentas desecadas (Ez 37). Esta efusi\u00f3n del Esp\u00edritu es como una creaci\u00f3n nueva, el advenimiento, en un pa\u00eds renovado, del derecho y de la justicia (Is 32,16), el advenimiento, en los corazones transformados, de una sensibilidad receptiva a la voz de Dios, de una fidelidad espont\u00e1nea a su palabra (Is 59,21; Sal 143,10) y a su alianza (Ez 36,27), del sentido de la s\u00faplica (Zac 12,10) y de la alabanza (Sal 51,17). Israel, regenerado por el Esp\u00edritu, reconocer\u00e1 a su Dios, y Dios volver\u00e1 a hallar a su pueblo: \u00abYa no les ocultar\u00e9 mi rostro porque habr\u00e9 derramado mi Esp\u00edritu sobre la casa de Israel\u00bb (Ez 39,29).<\/p>\n<p>Esta visi\u00f3n no es todav\u00eda m\u00e1s que una esperanza. En el AT, el Esp\u00edritu no puede permanecer o morar, \u00abtodav\u00eda no ha sido dado\u00bb (In 7,39). Sin duda se sabe que ya en los or\u00edgenes, en el tiempo del mar Rojo y de la nube, el Esp\u00edritu Santo actuaba en Mois\u00e9s y llevaba a Israel al lugar de su reposo (Is 63,9-14). Pero se ve tambi\u00e9n que el pueblo es todav\u00eda capaz de \u00abcontristar al Esp\u00edritu Santo\u00bb (63,10) y de paralizar su acci\u00f3n. Para que el don venga a ser total y definitivo es preciso que Dios haga un gesto inaudito, que intervenga en persona: \u00abT\u00fa, Yahveh, eres nuestro Padre&#8230; \u00bfPor qu\u00e9, Yahveh, nos dejas errar lejos de tus caminos?&#8230; \u00a1Oh, si rasgaras los cielos y bajaras!&#8230;\u00bb (63,15-19). Los cielos abiertos, un Dios Padre, un Dios que baja a la tierra, corazones convertidos, tal ser\u00e1, en efecto, la obra del Esp\u00edritu Santo, su manifestaci\u00f3n definitiva en Jesucristo.<\/p>\n<p>CONCLUSI\u00d3N: ESP\u00cdRITU Y PALABRA. De un extremo al otro del AT, el Esp\u00edritu y la palabra de Dios no dejan de actuar conjuntamente. Si el Mes\u00edas puede observar la palabra de la ley dada por Dios a Mois\u00e9s y realizar la justicia, es porque tiene el Esp\u00edritu; si el siervo puede llevar a las naciones la palabra de la salvaci\u00f3n, es porque el Esp\u00edritu Santo reposa en \u00e9l; si Israel es capaz de adherirse un d\u00eda en su coraz\u00f3n a esta palabra, lo ser\u00e1 en el Esp\u00edritu. Las dos potencias, aunque inseparables, tienen rasgos muy distintos. La palabra penetra de fuera, como la espada que pone al descubierto las carnes; el Esp\u00edritu es fluido y se infiltra insensiblemente. La palabra se deja o\u00edr y conocer; el Esp\u00edritu permanece invisible. La palabra es revelaci\u00f3n; el Esp\u00edritu, transformaci\u00f3n interior. La palabra se yergue en pie, subsistente; el Esp\u00edritu desciende, se derrama, sumerge. Esta repartici\u00f3n de las funciones y su necesaria asociaci\u00f3n vuelven a hallarse en el NT: la palabra de Dios hecha carne por la operaci\u00f3n del Esp\u00edritu no hace nada sin el Esp\u00edritu, y la consumaci\u00f3n de su obra es don del Esp\u00edritu.<\/p>\n<p>NT. I. EL ESP\u00cdRITU DE JES\u00daS. 1. El <em>bautismo de Jes\u00fas. <\/em>Juan Bautista, al esperar al Mes\u00edas, esperaba al mismo tiempo al Esp\u00edritu en todo su poder; los gestos del hombre los sustituir\u00eda por la irresistible acci\u00f3n de Dios: \u00abYo os bautizo en agua para penitencia&#8230;, \u00e9l os bautizar\u00e1 en el Esp\u00edritu Santo y el fuego\u00bb (Mt 3,11). De los s\u00edmbolos tradicionales retiene Juan el m\u00e1s inaccesible, la llama. Jes\u00fas no repudia este anuncio, pero lo realiza en forma que confunde a Juan. Recibe su bautismo, y el Esp\u00edritu se manifiesta en \u00e9l en una forma a la vez muy sencilla y divina, asociada al agua y al viento, en la visi\u00f3n del cielo que se abre y del que desciende un ave familiar. El bautismo de agua, que Juan cre\u00eda abolido, se convierte por el gesto de Jes\u00fas en el bautismo en el Esp\u00edritu. En el hombre que se confunde en medio de los pecadores revela el Esp\u00edritu al Mes\u00edas prometido (Lc 3,22 = Sal 2,7), al cordero ofrecido en sacrificio por el pecado del mundo (Jn 1,29), y al Hijo muy amado (Mc 1,11). Pero lo revela a su manera misteriosa, sin que parezca que obra; el Hijo obra y se hace bautizar, el Padre habla al Hijo, pero el Esp\u00edritu no habla ni obra. Su presencia es, sin embargo, necesaria para el di\u00e1logo entre el Padre y el Hijo. El Esp\u00edritu, si bien es indispensable, permanece silencioso y aparentemente inactivo: no une su voz a la del Padre, no une ning\u00fan gesto al de Jes\u00fas. \u00bfQu\u00e9 hace, pues? Hace que tenga lugar el encuentro, comunica a Jes\u00fas la palabra de complacencia, de orgullo y de amor que le viene del Padre, y lo pone en su actitud de Hijo. El Esp\u00edritu Santo hace que se eleve al Padre la consagraci\u00f3n de Cristo, primicias del sacrificio del Hijo muy amado.<\/p>\n<p><em>\u00a0<\/em><em>Jes\u00fas concebido del Esp\u00edritu Santo. <\/em>La presencia del Esp\u00edritu de Jes\u00fas, manifestada solamente en el bautismo, se remonta a los or\u00edgenes mismos de su ser. El bautismo de Jes\u00fas no es una escena de vocaci\u00f3n, sino la investidura del Mes\u00edas y la presentaci\u00f3n por Dios de su Hijo, del siervo que ten\u00eda en reserva, como lo anunciaban los \u00abhe aqu\u00ed\u00bb prof\u00e9ticos ([s 42,1; 52,13). Los jueces, los profetas, los reyes, se ven un d\u00eda invadidos por el Esp\u00edritu, Juan Bautista es penetrado por \u00e9l tres meses antes de nacer; en Jes\u00fas no determina el Esp\u00edritu una nueva personalidad; desde el primer instante habita en \u00e9l y le hace existir; desde el seno materno hace de Jes\u00fas el Hijo de Dios. Los dos evangelios de la infancia subrayan esta acci\u00f3n inicial (Mt 1,20; Lc 1,35). El de Lucas, por su modo de comparar la anunciaci\u00f3n de Mar\u00eda con las anunciaciones anteriores, indica netamente que esta acci\u00f3n es m\u00e1s que una consagraci\u00f3n. Sans\u00f3n (Jue 13,5), Samuel (1Sa 1,11) y Juan Bautista (Lc 1,15) hab\u00edan sido consagrados a Dios desde su concepci\u00f3n, en forma m\u00e1s o menos total y directa. Jes\u00fas, en cambio, sin intermedio de rito alguno, sin intervenci\u00f3n de ning\u00fan hombre, sino por la sola acci\u00f3n del Esp\u00edritu en Mar\u00eda, no s\u00f3lo queda consagrado a Dios, sino que es \u00absanto\u00bb por su mismo ser (Lc 1,35).<\/p>\n<p><em>Jes\u00fas obra en el Esp\u00edritu. <\/em>Por toda su conducta manifiesta Jes\u00fas la acci\u00f3n del Esp\u00edritu en \u00e9l (Lc 4,14). En el Esp\u00edritu afronta al diablo (Mt 4,1) y libera a sus v\u00edctimas (12,28), trae a los pobres la buena nueva y la palabra de Dios (Lc 4,18). En el Esp\u00edritu tiene acceso al Padre (Lc 10,21). Sus milagros, que tienen en jaque al mal y a la muerte, la fuerza y la verdad de su palabra, su familiaridad inmediata con Dios son prueba de que en \u00e9l \u00abreposa el Esp\u00edritu\u00bb (Is 61,1) y de que es a la vez el Mes\u00edas que salva, el profeta esperado y el siervo muy amado.<\/p>\n<p>En los inspirados de Israel las manifestaciones del Esp\u00edritu ten\u00edan siempre algo de ocasional y de transitorio, en Jes\u00fas son permanentes. No recibe la palabra de Dios; en todo lo que dice la expresa; no aguarda el momento de hacer un milagro: el milagro nace de \u00e9l como de nosotros el gesto m\u00e1s sencillo; no recibe las confidencias divinas: vive siempre delante de Dios en una transparencia total. Nadie posey\u00f3 jam\u00e1s el Esp\u00edritu como \u00e9l, \u00abpor encima de toda medida\u00bb (Jn 3,34).<\/p>\n<p>Ni nadie tampoco lo posey\u00f3 jam\u00e1s a su manera. Los inspirados del AT, aun conservando todas sus facultades, saben estar dominados por alguien m\u00e1s fuerte que ellos. En Jes\u00fas no hay la menor huella de violencia, de los que se\u00f1ala a nuestros ojos la inspiraci\u00f3n. Se dir\u00eda que para realizar las obras de Dios no tiene necesidad del Esp\u00edritu. No ya que pueda nunca prescindir de \u00e9l, como no puede prescindir del Padre, pero como el Padre \u00abest\u00e1 siempre con\u00bb \u00e9l (Jn 8,29), as\u00ed no puede tampoco faltarle nunca el Esp\u00edritu. La ausencia en Jes\u00fas de las repercusiones habituales del Esp\u00edritu es un signo de su divinidad. No siente al Esp\u00edritu como una fuerza que le invada de fuera, en el Esp\u00edritu se halla en su casa; el Esp\u00edritu le pertenece, es su propio Esp\u00edritu (cf. Jn 16,14s).<\/p>\n<p>JES\u00daS PROMETE EL ESP\u00cdRITU. Jes\u00fas, aunque lleno del Esp\u00edritu y no obrando sino por \u00e9l, apenas, sin embargo, si lo menciona. Lo manifiesta con todos sus gestos, pero mientras vive entre nosotros no puede mostrar-lo como distinto de \u00e9l. Para que el Esp\u00edritu sea derramado y reconocido, es preciso que Jes\u00fas se vaya (Jn 7,39; 16,7); entonces se reconocer\u00e1 lo que es el Esp\u00edritu y que viene de \u00e9l. As\u00ed Jes\u00fas no habla a los suyos del Esp\u00edritu sino separ\u00e1ndose sensiblemente de ellos, en forma temporal o definitiva (Jn 14,16s.26; 16, 13ss).<\/p>\n<p>En los sin\u00f3pticos parece que el Esp\u00edritu s\u00f3lo debe manifestarse en situaciones graves, en medio de adversarios triunfantes, ante los tribunales (Mc 13,11). Pero las confidencias del serm\u00f3n que sigue a la cena son m\u00e1s precisas: la hostilidad del mundo hacia Jes\u00fas no es un hecho accidental, y si no se traduce cada d\u00eda en persecuciones violentas, sin embargo, cada d\u00eda sentir\u00e1n los disc\u00edpulos pesar sobre ellos su amenaza (Jn 15,18-21), por lo cual tambi\u00e9n cada d\u00eda estar\u00e1 con ellos el Esp\u00edritu (14,16s).<\/p>\n<p>Como Jes\u00fas confes\u00f3 a su Padre con toda su vida (Jn 5,41; 12,49), as\u00ed tambi\u00e9n los disc\u00edpulos tendr\u00e1n que dar testimonio del Se\u00f1or (Mc 13,9; Jn 15,27). Mientras Jes\u00fas viv\u00eda con ellos, no tem\u00edan nada; era su par\u00e1clito, siempre presente para acudir a su defensa y sacarlos de apuros (Jn 17,12). Cuando \u00e9l se ausente, el Esp\u00edritu ocupar\u00e1 su lugar para ser su par\u00e1clito (14,16; 16,7). Aunque distinto de Jes\u00fas, no hablar\u00e1 en su nombre, sino siempre de Jes\u00fas, del que es inseparable, y al que \u00abglorificar\u00e1\u00bb (16,13s). Remitir\u00e1 a los disc\u00edpulos a los gestos y a las palabras del Se\u00f1or y les dar\u00e1 inteligencia de los mismos (14,26); les dar\u00e1 fuerza para afrontar al mundo en nombre de Jes\u00fas, para descubrir el sentido de su muerte y dar testimonio del misterio divino que se realiz\u00f3 en este acontecimiento escandaloso: la condenaci\u00f3n del pecado, la derrota de Sat\u00e1n, el triunfo de la justicia de Dios (16,8-11).<\/p>\n<p>JES\u00daS DISPONE DEL ESP\u00cdRITU. Jes\u00fas, muerto y resucitado, hace a la Iglesia don de su Esp\u00edritu. Un hombre que muere, por grande que haya sido su esp\u00edritu, por profundo que siga siendo su influjo, est\u00e1, no obstante, condenado a entrar en el pasado. Su acci\u00f3n puede sobrevivirle, pero ya no le pertenece, no tiene ya poder sobre ella y debe abandonarla a la merced de los caprichos de los hombres. En cambio, cuando muere Jes\u00fas, \u00abentrega su Esp\u00edritu\u00bb a Dios y por el mismo caso lo \u00abtransmite\u00bb a su Iglesia (Jn 19,30). Hasta su muerte parec\u00eda estar el Esp\u00edritu circunscrito a los l\u00edmites normales de su individualidad humana y de su radio de acci\u00f3n. Ahora que el Hijo del hombre ha sido exaltado a la diestra del Padre en la gloria (12,23), re\u00fane a la humanidad salvada (12,32) y derrama sobre ella el Esp\u00edritu (7,39; 20,22s; Act 2,33).<\/p>\n<p>LA IGLESIA RECIBE EL ESP\u00cdRITU. La Iglesia, nueva creaci\u00f3n, no puede nacer sino del Esp\u00edritu, del que tiene su nacimiento todo lo que nace de Dios (In 3,5s). Los Hechos son como un \u00abevangelio del Esp\u00edritu\u00bb.<\/p>\n<p>En la acci\u00f3n del Esp\u00edritu se hallan los dos rasgos observados ya en el AT. Por una parte, prodigios y gestos excepcionales: hombres inspirados, objeto de transportes (Act 2,4.5.11), enfermos y posesos liberados (3,7; 5,12.15&#8230;), heroica intrepidez de los disc\u00edpulos (4,13.31; 5,20; 10,20). Por otra parte, estas maravillas, signos de la salvaci\u00f3n definitiva, testimonian que es posible la conversi\u00f3n, que se perdonan los pecados, que ha llegado la hora en que, en la Iglesia, derrama Dios su Esp\u00edritu (2,38; 3,26; 4,12; 5,32; 10,43).<\/p>\n<p>Este Esp\u00edritu es el Esp\u00edritu de Jes\u00fas: hace repetir los gestos de Jes\u00fas, anunciar la palabra de Jes\u00fas (4,30; 5,42; 6,7; 9,20; 18,5; 19,10.20), repetir la oraci\u00f3n de Jes\u00fas (Act 7,59s = Lc 23,34.46; Act 21,14 = Lc 22,42), perpetuar en la fracci\u00f3n del pan la acci\u00f3n de gracias de Jes\u00fas; mantiene entre los hermanos la uni\u00f3n (Act 2, 42; 4,42) que agrupaba a los disc\u00edpulos en torno a Jes\u00fas. Imposible pensar en una persistencia de actitudes adoptadas a su contacto, en una voluntad deliberada de reproducir su existencia. Viviendo todav\u00eda con ellos, hab\u00eda necesitado toda la fuerza de su personalidad para mantenerlo en tomo a s\u00ed. Ahora que ya no le ven, y aun sabiendo por su ejemplo a qu\u00e9 se exponen, sus disc\u00edpulos siguen sus huellas espont\u00e1neamente: es que han recibido el Esp\u00edritu de Jes\u00fas.<\/p>\n<p>El Esp\u00edritu Santo es la fuerza que lanza a la Iglesia naciente \u00abhasta las extremidades de la tierra\u00bb (1,8); unas veces se posesiona directamente de los paganos (10,44), probando as\u00ed que es \u00abderramado sobre toda carne\u00bb (2, 17), otras veces env\u00eda en misi\u00f3n a los que \u00e9l mismo elige, a Felipe (8, 26.29s), a Pedro (10,20), a Pablo y Bernab\u00e9.(13,2.4). Pero no s\u00f3lo se halla en el punto de partida: acompa\u00f1a y gu\u00eda la acci\u00f3n de los ap\u00f3stoles (16,6s), da a sus decisiones su autoridad (15,28). Si la palabra \u00abcrece y se multiplica\u00bb (6,7; 12,24), la fuente interior de este \u00edmpetu gozoso es el Esp\u00edritu (13,52).<\/p>\n<p>LA EXPERIENCIA DEL ESP\u00cdRITU EN SAN PABLO. 1. <em>El Esp\u00edritu, gloria de Cristo en nosotros. <\/em>\u00abEl que resucit\u00f3 a Jes\u00fas\u00bb (Rom 8,11) por el poder de su Esp\u00edritu de santidad (Rom 1,4) e hizo de \u00e9l un \u00abesp\u00edritu vivificante\u00bb (1Cor 15,45), por el mismo caso hizo del Esp\u00edritu \u00abla gloria del Se\u00f1or\u00bb resucitado (2Cor 3,18). El don del Esp\u00edritu Santo es la presencia en nosotros de la gloria del Se\u00f1or que nos transforma a su imagen. As\u00ed Pablo no separa a Cristo y al Esp\u00edritu, no distingue vida \u00aben Cristo\u00bb y vida \u00aben el Esp\u00edritu\u00bb. \u00abVivir es Cristo\u00bb (G\u00e1l 2,20), y es tambi\u00e9n el Esp\u00edritu (Rom 8,2.10). Estar \u00aben Cristo Jes\u00fas\u00bb (Rom 8,1) es vivir \u00aben el Esp\u00edritu\u00bb (8,5&#8230;).<\/p>\n<p><em>Los signos del Esp\u00edritu. <\/em>La vida en el Esp\u00edritu no es todav\u00eda percepci\u00f3n intuitiva del Esp\u00edritu, es una vida en la fe; pero es una experiencia real, es una certeza concreta, puesto que es a trav\u00e9s de los signos la experiencia de una presencia. Estos signos son extremadamente variados. Todos, sin embargo, desde los carismas relativamente exteriores, el don de lenguas o de curaci\u00f3n (1Cor 12, 28s; 14,12) hasta los \u00abdones superiores\u00bb (12,31) de fe, de esperanza y de caridad, est\u00e1n al servicio del Evangelio, del que dan testimonio (1Tes 1,5s; 1Cor 1,5s) y del cuerpo de Cristo que edifican (1Cor 12,4-30).<\/p>\n<p>Todos tambi\u00e9n hacen percibir, a trav\u00e9s de los gestos y de los estados del hombre, a trav\u00e9s de \u00ablos dones que nos ha hecho Dios\u00bb (1Cor 2,12), una presencia personal, alguien que \u00abhabita\u00bb (Rom 8,11) en nosotros, que \u00abtestimonia\u00bb (8,16), que \u00abintercede\u00bb (8,26), que \u00abse une a nuestro esp\u00edritu\u00bb (8,16) y \u00abclama en nuestros corazones\u00bb (G\u00e1l 4,6).<\/p>\n<p><em>El Esp\u00edritu, fuente de la nueva vida. <\/em>En formas muy variadas, la experiencia del Esp\u00edritu es en el fondo siempre la misma: a una existencia condenada y marcada ya por la muerte ha sucedido la vida. A la ley que nos ten\u00eda prisioneros en la vetustez de la letra sucede \u00abla novedad del Esp\u00edritu\u00bb (Rom 7,6), a la maldici\u00f3n de la ley, la bendici\u00f3n de Abraham en el Esp\u00edritu de la promesa (G\u00e1l 3,13s); a la alianza de la letra que mata sucede la alianza del Esp\u00edritu que vivifica (2Cor 3,6). Al pecado, que impon\u00eda la ley de la carne, sucede la ley del Esp\u00edritu y de la justicia (Rom 7,18.25; 8,2.4). A las obras de la carne suceden los frutos del Esp\u00edritu (G\u00e1l 5,19-23). A la condenaci\u00f3n que hac\u00eda que pesara sobre el pecador la \u00abtribulaci\u00f3n de la angustia\u00bb (Rom 2,9) de la ira divina, suceden la paz y el <em>gozo <\/em>del Esp\u00edritu (1Tes 1,6; G\u00e1l 5,22&#8230;).<\/p>\n<p>Esta vida nos es dada, y en el Esp\u00edritu no carecemos de ning\u00fan don (1Cor 1,7), pero nos es dada en la lucha, porque en este mundo s\u00f3lo tenemos \u00ablas arras\u00bb (2Cor 1,22; 5,5; Ef 1,14) y las \u00abprimicias\u00bb del Esp\u00edritu (Rom 8.23). El Esp\u00edritu nos llama al combate contra la carne; con los indicativos que afirman su presencia se mezclan constantemente los imperativos que proclaman sus exigencias: \u00abSi el Esp\u00edritu es nuestra vida, obremos tambi\u00e9n seg\u00fan el Esp\u00edritu\u00bb(G\u00e1l 5,25; cf. 6,9; Rom 8,9.13; Ef 4,30), y a los \u00abseres de carne, ni\u00f1os peque\u00f1os en Cristo\u00bb transf\u00f3rmelos el Esp\u00edritu en \u00abhombres espirituales\u00bb (1Cor 3,1).<\/p>\n<p><em>El Esp\u00edritu de la Iglesia. <\/em>La nueva creaci\u00f3n nacida del Esp\u00edritu es la Iglesia. Iglesia y Esp\u00edritu son inseparables: la experiencia del Esp\u00edritu se hace en la Iglesia y da acceso al misterio de la Iglesia. Los carismas son tanto m\u00e1s preciosos cuanto m\u00e1s eficazmente contribuyen a edificar la Iglesia (1Cor 12,7; 14,4&#8230;) y a consagrar el templo de Dios (1Cor 3, 16; Ef 2,22). El Esp\u00edritu, renovando sin cesar su acci\u00f3n y sus dones, trabaja constantemente por la unidad del Cuerpo de Cristo (1Cor 12,13). Como esp\u00edritu de comuni\u00f3n (Ef 4,3; Flp 2,1), que derrama en los corazones el don supremo de la caridad (1Cor 13; 2Cor 6,6; G\u00e1l 5, 22; Rom 5,5), re\u00fane a todos en su unidad (Ef 4,4).<\/p>\n<p><em>El Esp\u00edritu de Dios. <\/em>\u00abUn solo cuerpo y un solo esp\u00edritu&#8230; un solo se\u00f1or&#8230; un solo Dios\u00bb (Ef 4, 4ss). El Esp\u00edritu une porque es el Esp\u00edritu de Dios; el Esp\u00edritu consagra (2Cor 1,22) porque es el Esp\u00edritu del Dios santo. Toda la acci\u00f3n del Esp\u00edritu consiste en darnos acceso a Dios, en ponernos en comunicaci\u00f3n viva con Dios, en introducirnos en sus profundidades sagradas y en comunicarnos \u00ablos secretos de Dios\u00bb (1Cor 2,10s). En el Esp\u00edritu conocemos a Cristo y confesamos que \u00abJes\u00fas es el Se\u00f1or\u00bb (12,3), oramos a Dios (Rom 8,26) y lo llamamos por su nombre: Padre (Rom 8,15; Cu\u00e1l 4,6). Desde el momento que poseemos el Esp\u00edritu, nada en el mundo puede perdernos, puesto que Dios se nos ha dado y nosotros vivimos en \u00e9l.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">Todos los derechos: <em>Vocabulario de teolog\u00eda b\u00edblica<\/em>, X. L\u00e9on-Dufour<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El Esp\u00edritu de Dios no puede separarse del Padre y del Hijo; se revela con ellos en Jesucristo, pero tiene su manera propia de revelarse, como tiene su propia. personalidad. 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