{"id":2077,"date":"2019-01-19T11:11:15","date_gmt":"2019-01-19T17:11:15","guid":{"rendered":"http:\/\/www.ocdmx.org\/?p=2077"},"modified":"2019-07-19T11:14:22","modified_gmt":"2019-07-19T17:14:22","slug":"fuego","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=2077","title":{"rendered":"Fuego"},"content":{"rendered":"<p>Desde la elecci\u00f3n de Abraham el signo del fuego resplandece en la historia de las relaciones de Dios con su pueblo (G\u00e9n 15,17). Esta revelaci\u00f3n b\u00edblica no tiene la menor relaci\u00f3n con las filosof\u00edas de la naturaleza o con las religiones que divinizan el fuego. Sin duda Israel comparte con todos los pueblos antiguos la teor\u00eda de los cuatro elementos; pero, en su religi\u00f3n, el fuego tiene s\u00f3lo valor de signo, que hay que superar para hallar a Dios. En efecto, cuando Yahveh se manifiesta \u00aben forma de fuego\u00bb, ocurre esto siempre en el transcurso de un di\u00e1logo personal; por otra parte, este fuego no es el \u00fanico s\u00edmbolo que sirve para traducir la esencia de la divinidad: o bien se halla asociado con s\u00edmbolos contrarios, como el soplo o h\u00e1lito, el agua o el viento, o bien se transforma en luz.<\/p>\n<p>AT. TEOFAN\u00cdAS. 1. <em>En la experiencia fundamental <\/em>del pueblo en el desierto, el fuego presenta a la santidad divina en su doble aspecto, atractivo y temeroso. En el monte Horeb, Mois\u00e9s es atra\u00eddo por el espect\u00e1culo de la zarza ardiente que no es \u00abdevorada\u00bb por el fuego; pero la voz divina le notifica que no puede aproximarse si Dios no lo llama y si \u00e9l no se purifica (Ex 3,2s). En el Sina\u00ed humea la monta\u00f1a bajo el fuego que la rodea (19,18), sin que por ello quede destruida; mientras que el pueblo tiembla de pavor y no debe acercarse, Mois\u00e9s se ve, en cambio, llamado a subir cerca de Dios, que se revela. As\u00ed, cuando Dios se manifiesta como un incendio devorador, no lo hace para consumir todo lo que halla a su paso, puesto que llama a los que \u00e9l vuelve puros.<\/p>\n<p>Una experiencia ulterior hecha en el mismo lugar ayuda a percibir mejor el valor simb\u00f3lico del fuego. El\u00edas, el profeta semejante al fuego (Ecic 48,1), busca en el Sina\u00ed la presencia de Yahveh. Despu\u00e9s del hurac\u00e1n y del temblor de tierra, ve fuego; pero \u00abYahveh no estaba en el fuego\u00bb: aqu\u00ed un s\u00edmbolo inverso anuncia el paso de Dios: una brisa ligera (1Re 19,12). As\u00ed, cuando El\u00edas sea arrebatado al cielo en un carro de fuego (2Re 2,11), este fuego no ser\u00e1 sino un s\u00edmbolo de tantos para expresar la visita del Dios vivo.<\/p>\n<p><em>La tradici\u00f3n prof\u00e9tica <\/em>tiende tambi\u00e9n a situar en su lugar el signo del fuego en el simbolismo religioso. Isa\u00edas s\u00f3lo ve humo en el momento de su vocaci\u00f3n y piensa que va a morir por haberse acercado a la santidad divina; pero al salir de la visi\u00f3n sus labios han sido ya purificados por un tiz\u00f3n de fuego (Is 6). En la visi\u00f3n inaugural de Ezequiel la tormenta y el fuego se asocian al arco iris que brilla en las nubes, pero de all\u00ed surge una apariencia de hombre: esta evocaci\u00f3n recuerda la nube luminosa del \u00c9xodo m\u00e1s que la teofan\u00eda del Sina\u00ed (Ez 1). En el apocalipsis de Daniel, el fuego forma parte del marco en que se manifiesta la presencia divina (Dan 7,10), pero, sobre todo, desempe\u00f1a su papel en la descripci\u00f3n del juicio (7,11).<\/p>\n<p><em>Las tradiciones deuteron\u00f3mica y sacerdotal, <\/em>al interpretar la teofan\u00eda del desierto precisaron el doble alcance del signo del fuego: revelaci\u00f3n del Dios vivo y exigencia de pureza del Dios santo. Desde el fuego habl\u00f3 Dios (Dt 4,12; 5,4.22.24) y dio las tablas de la ley (9,10), a fin de hacer comprender que no hay lugar a representarlo con im\u00e1genes. Pero se trataba tambi\u00e9n de un fuego destructor (5,25; 18,16), aterrador para el hombre (5,5); s\u00f3lo el elegido de Dios comprueba que ha podido afrontar su presencia sin morir (4, 33). Israel, una vez llegado a este estadio puede, sin exponerse a confundir a Dios con un elemento natural, mirar a su Dios como \u00abun fuego devorador\u00bb (4,24; 6,15); la expresi\u00f3n no hace sino transponer el tema de los celos divinos (\u00c9x 20,5; 34,14; Dt 5,9; 6,15). El fuego simboliza la intransigencia de Dios frente al pecado; devora al que encuentra: de la misma manera Dios respecto al pecador endurecido. No sucede lo mismo con sus elegidos, pero de todas formas, debe transformar a quien entra en contacto con \u00e9l.<\/p>\n<p>EN EL TRANSCURSO DE LA HISTORIA. 1. <em>El sacrificio por el fuego.<\/em> Una representaci\u00f3n an\u00e1loga de Dios fuego devorador, se descubre en el uso lit\u00fargico de los holocaustos. En la consunci\u00f3n de la v\u00edctima, cuyo humo se elevaba luego hacia el cielo, expresaba quiz\u00e1s Israel su deseo de purificaci\u00f3n total, aunque m\u00e1s seguramente su voluntad de anonadarse delante de Dios. Aqu\u00ed tambi\u00e9n el fuego tiene s\u00f3lo valor simb\u00f3lico, y su uso no santifica cualquier rito: se proh\u00edbe consumir por el fuego al hijo primog\u00e9nito (Lev 18.21; cf. G\u00e9n 22, 7). Pero este valor simb\u00f3lico tiene gran importancia en el culto: en el altar debe conservarse un fuego perpetuo (Lev 6,2-6), que no haya sido producido por mano de hombre: \u00a1ay del que osare sustituir el fuego de Dios por un fuego \u00abprofano\u00bb! (Lev 9,24-10,2). \u00bfNo hab\u00eda intervenido Dios maravillosamente en ocasi\u00f3n de sacrificios c\u00e9lebres: Abraham (G\u00e9n 15.17). Gede\u00f3n (Jue 6,21), David (1Par 21,26), Salom\u00f3n (2Par 7,1ss), El\u00edas (1Re 18,38), por \u00faltimo el caso maravilloso de un agua estancada que se convierte en un nuevo fuego perpetuo (2Mac 1,18ss)? Por el fuego acepta Dios el sacrificio del hombre, para sellar con \u00e9l una alianza cultual.<\/p>\n<p><em>Los profetas y el fuego. <\/em>El pueblo, que practicaba de buena gana sacrificios, no hab\u00eda, sin embargo, querido mirar al fuego del Sina\u00ed. No obstante, el fuego divino desciende entre los hombres en la persona de los profetas, pero entonces se trata ordinariamente de vengar la santidad divina purificando o castigando. Mois\u00e9s mitiga, como tamiz\u00e1ndolo a trav\u00e9s de un velo, el resplandor del fuego divino que brilla en su rostro (Ex 34,29); pero consume con el fuego el \u00abpecado\u00bb que representaba el becerro de oro (Dt 9,21), y por el fuego se le venga a \u00e9l de los que se rebelan (N\u00fam 16,35), como en otro tiempo de los egipcios (\u00c9x 9,23). Posteriormente El\u00edas, como Mois\u00e9s, parece disponer a su arbitrio del rayo para aniquilar a los soberbios (2Re 1,10-14): es una \u00abtea viviente\u00bb (Eclo 48,1).<\/p>\n<p>Los profetas escritores suelen anunciar y describir la ira de Dios como un fuego: castigo de los imp\u00edos (Am 1,4-2,5), incendio de las naciones pecadoras en un gigantesco holocausto que recuerda las liturgias cananeas de Tofet (Is 30,27- 33), incendio en el bosque de Israel, de modo que el pecado mismo se convierte en fuego (Is 9,17s; cf. Jer 15,14; 17,4.27). Sin embargo, el fuego no est\u00e1 s\u00f3lo destinado a destruir: el fuego purifica; la existencia misma de los profetas, que no fueron consumidos, es una prueba de esto. El resto de Israel ser\u00e1 como un tiz\u00f3n arrancado del fuego (Am 4,11). Si Isa\u00edas, cuyos labios fueron purificados por el fuego (Is 6,6), se pone a proclamar la palabra sin parecer atormentado por ello. Jerem\u00edas, en cambio, lleva en el coraz\u00f3n algo as\u00ed como un fuego devorador que no puede contener (Jer 20,9) viniendo a ser el crisol encargado de probar al pueblo (6,27-30); es el portavoz de Dios que dijo: \u00ab\u00bfNo es mi palabra un fuego?\u00bb (23, 29). As\u00ed el \u00faltimo d\u00eda los gu\u00edas del pueblo han de convertirse en hachones de fuego en medio del rastrojo (Zac 12,6) para ejercer ellos mismos el juicio divino.<\/p>\n<p><em>Sabidur\u00eda y piedad. <\/em>Los individuos mismos sacan provecho de esta experiencia religiosa. Ya el segundo Isa\u00edas hablaba del crisol del sufrimiento que constituye el exilio as 48,10). As\u00ed !os sabios comparan los castigos que alcanzan al hombre, con los efectos del fuego. Job es semejante al desgraciado sublevado del desierto o a las v\u00edctimas del fuego de El\u00edas (Job 1,16; 15,34; 22,20), que sufren el fuego as\u00ed como las grandes aguas devastadoras (20,26. 28). Pero junto con este aspecto terrible del fuego vemos tambi\u00e9n su acci\u00f3n purificadora y transformadora. El fuego de la humillaci\u00f3n o de la persecuci\u00f3n prueba a los elegidos (Eclo 2,5; cf. Dan 3). El fuego viene a ser hasta el s\u00edmbolo del amor que triunfa de todo: \u00abel amor es una llama de Yahveh, las grandes aguas no pueden extinguirla\u00bb (Cant 8,6s); aqu\u00ed se oponen uno a otro los dos s\u00edmbolos mayores, fuego y agua; el que triunfa es el fuego.<\/p>\n<p>AL FIN DE LOS TIEMPOS. El fuego del juicio viene a ser un castigo sin remedio, verdadero fuego de la ira, cuando cae sobre el pecador endurecido. Pero entonces &#8211; tal es la fuerza del s\u00edmbolo &#8211; este fuego que no puede ya consumir la impureza. se ceba todav\u00eda en las escorias. La revelaci\u00f3n expresa as\u00ed lo que puede ser la existencia de una criatura que se niega a dejarse purificar por el fuego divino, pero queda abrasada por \u00e9l. Esto dice m\u00e1s que la tradici\u00f3n que refiere el aniquilamiento de Sodoma y Gomorra (G\u00e9n 19,24). Apoy\u00e1ndose quiz\u00e1s en las liturgias sacr\u00edlegas de la gehena (Lev 18,21: 2Re 16,3; 21,6; Jer 7.31: 19,5s). profundizando las im\u00e1genes prof\u00e9ticas del incendio y de la fundici\u00f3n de los metales, se pasa a representar como un fuego el juicio escatol\u00f3gico as 66,15s). El fuego prueba el oro (Zac 13,9). El d\u00eda de Yahveh es como el fuego del fundidor (Sof 1,18; Mal 3,2), que arde como un horno (Mal 3,19). Ahora bien, este fuego parece arder desde el interior. como el que \u00absale de en medio de Tiro\u00bb (Ez 28,18). \u00abEl gusano\u00bb, de los cad\u00e1veres rebeldes, \u00abno morir\u00e1 y su fuego no se extinguir\u00e1\u00bb (Is 66.24). \u00abfuego y gusano estar\u00e1n en su carne\u00bb (Jdt 16,17).<\/p>\n<p>Pero tambi\u00e9n aqu\u00ed descubrimos la ambivalencia del s\u00edmbolo: mientras que los imp\u00edos son entregados a su fuego interior y a los gusanos (Eclo 7,17), los salvados del fuego se ven rodeados por la muralla de fuego que es Yahveh para ellos as 4,4s; Zac 2,9). Jacob e Israel, purificados, se convierten a su vez en un fuego (Abd 18). como si participaran de la vida de Dios. NT. Con la venida de Cristo han comenzado los \u00faltimos tiempos, aun cuando todav\u00eda no ha llegado el fin de \u00a1os tiempos. As\u00ed en el NT conserva el fuego su valor escatol\u00f3gico tradicional, pero la realidad religiosa que significa se actualiza ya en el tiempo de la Iglesia.<\/p>\n<p>PERSPECTIVOS ESCATOL\u00d3GICAS. <em>1. Je<\/em>s\u00fas. Jes\u00fas, anunciado como el cernedor que echa la paja al fuego (Mt 3,10) y bautiza en el fuego (3,1Is). aun rehusando el car\u00e1cter de justiciero, mantuvo a sus oyentes en la espera del fuego del juicio adoptando el lenguaje cl\u00e1sico del AT. Habla de la \u00abgehena del fuego\u00bb (5.22), del fuego al que ser\u00e1 arrojada la ciza\u00f1a improductiva (13,40; cf. 7,19), como tambi\u00e9n los sarmientos (Jn 15,6): ser\u00e1 un fuego que no se extingue nunca (Mc 9,43s), donde \u00absu gusano\u00bb no muere (9,48), verdadero horno ardiente (Mt 13,42.50). Sencillamente, un eco solemne del AT (cf. Lc 17,29).<\/p>\n<p><em>Los primeros cristianos <\/em>conservaron este lenguaje adapt\u00e1ndolo a diversas situaciones. Pablo lo utiliza para describir el fin de los tiempos (2Tes 1,8); Santiago describe la riqueza podrida, mohosa, entregada al fuego destructor (Sant 5,3); la ep\u00edstola a los Hebreos muestra la perspectiva tremenda del fuego que ha de devorar a los rebeldes (Heb 10, 27). Otras veces se evoca la conflagraci\u00f3n final, en vista de la cual \u00ablos cielos y la tierra son tenidos en reserva\u00bb (2Pe 3,7.12). En funci\u00f3n de este fuego escatol\u00f3gico debe purificarse la fe (1Pe 1,7), as\u00ed como tambi\u00e9n la obra apost\u00f3lica (1Cor 3,15) y la existencia cristiana perseguida (1Pe 4,12-17).<\/p>\n<p><em>El Apocalipsis <\/em>conoce los dos aspectos del fuego: el de las teofan\u00edas y el del juicio. El Hijo del hombre, dominando la escena, aparece con los ojos llameantes (Ap 1,14; 19,12). Por una parte, he aqu\u00ed el castigo: es el estanque de fuego y de azufre para el diablo (20,10), que es la muerte segunda (20;14s). Por otra, he aqu\u00ed la teofan\u00eda: es el mar de cristal mezclado con fuego (15,2).<\/p>\n<p>EN EL TIEMPO DE LA IGLESIA. 1. Jes\u00fas inaugur\u00f3 una \u00e9poca nueva. No obr\u00f3 inmediatamente como lo preve\u00eda Juan Bautista, hasta el punto de que la fe de \u00e9ste pudo hacerse problem\u00e1tica (Mt 11,2-6). Se opuso a los hijos del Trueno, que quer\u00edan hacer bajar el fuego del cielo sobre los inhospitalarios samaritanos (Lc 9,54s). Pero si no fue durante su vida terrestre instrumento del fuego vengador, realiz\u00f3, sin embargo, a su manera el anuncio de Juan. Es lo que proclamaba en unas palabras dif\u00edciles de interpretar: \u00abHe venido a traer fuego a la tierra. y \u00bfqu\u00e9 he de querer sino que se encienda? Tengo que recibir un bautismo&#8230; (Lc 12, 49s). La muerte de Jes\u00fas \u00bfno es su bautismo en el esp\u00edritu y en el fuego?<\/p>\n<p>2. <em>Desde ahora la Iglesia <\/em>vive de este fuego que abrasa al mundo gracias al sacrificio de Cristo. Este fuego ard\u00eda en el coraz\u00f3n de los peregrinos de Ema\u00fas mientras o\u00edan hablar al resucitado (Lc 24,32). Descendi\u00f3 sobre los disc\u00edpulos reunidos el d\u00eda de pentecost\u00e9s (Act 2,3). Este fuego del cielo no es el del juicio, es el de las teofan\u00edas, que realiza el bautismo de fuego y de esp\u00edritu (Act 1,5): el fuego simboliza ahora el Esp\u00edritu, y si no se dice que este Esp\u00edritu es la caridad misma, el relato de pentecost\u00e9s muestra que tiene como misi\u00f3n la de transformar a los que han de propagar a trav\u00e9s de todas las naciones el mismo lenguaje, el del Esp\u00edritu.<\/p>\n<p>La vida cristiana est\u00e1 tambi\u00e9n bajo el signo del fuego cultual, no ya el del Sina\u00ed (Heb 12,18), sino del que consume el holocausto de nuestras vidas en un culto agradable a Dios (12,29). Transponiendo los celos divinos en una consagraci\u00f3n cultual de cada instante, este fuego viene a ser un fuego consumidor. Pero para los que han dado acogida al fuego del Esp\u00edritu, la distancia entre el hombre y Dios es superada por Dios mismo, que se ha interiorizado perfectamente en el hombre; quiz\u00e1 sea \u00e9ste el sentido de la palabra enigm\u00e1tica: uno se vuelve fiel cuando ha sido \u00absalado al fuego\u00bb, al fuego del juicio y al del Esp\u00edritu (Mc 9,48s). Seg\u00fan una expresi\u00f3n atribuida por Or\u00edgenes a Jes\u00fas: \u00abQuien est\u00e1 cerca de m\u00ed est\u00e1 cerca del fuego; quien est\u00e1 lejos de m\u00ed est\u00e1 lejos del reino.\u00bb<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">Todos los derechos: <em>Vocabulario de teolog\u00eda b\u00edblica<\/em>, X. L\u00e9on-Dufour<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Desde la elecci\u00f3n de Abraham el signo del fuego resplandece en la historia de las relaciones de Dios con su pueblo (G\u00e9n 15,17). 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