{"id":2085,"date":"2019-01-20T10:11:46","date_gmt":"2019-01-20T16:11:46","guid":{"rendered":"http:\/\/www.ocdmx.org\/?p=2085"},"modified":"2019-07-20T10:14:59","modified_gmt":"2019-07-20T16:14:59","slug":"gracia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=2085","title":{"rendered":"Gracia"},"content":{"rendered":"<p>SENTIDO DE LA PALABRA. La palabra que designa la gracia (gr. <em>kharis) <\/em>no es pura creaci\u00f3n del cristianismo; figura ya en el AT. Pero el NT fij\u00f3 su sentido y le dio toda su extensi\u00f3n. La utiliz\u00f3 precisamente para caracterizar el nuevo r\u00e9gimen instaurado por Jesucristo y oponerlo a la econom\u00eda antigua: \u00e9sta estaba regida por la ley, aqu\u00e9lla lo est\u00e1 por la gracia (Rom 6,14s; Jn 1,17).<\/p>\n<p>La gracia es el don de Dios que contiene todos los dem\u00e1s, el don de su Hijo (Rom 8,32), pero no es sencillamente el objeto de este don. Es el don que irradia de la generosidad del dador y envuelve en esta generosidad a la criatura que lo recibe. Dios da por gracia, y el que recibe su don halla cerca de \u00e9l gracia y complacencia.<\/p>\n<p>Por una coincidencia significativa, la palabra hebrea y la palabra griega, traducidas en lat\u00edn por <em>gratia y <\/em>en espa\u00f1ol por <em>gracia, <\/em>se prestan a designar a la vez la fuente del don en el que da y el efecto del don en el que recibe. Es que el don supremo de Dios no es totalmente ajeno a las relaciones con que los hombres se unen entre s\u00ed, adem\u00e1s de que existen entre \u00e9l y nosotros nexos que revelan en nosotros su imagen. Mientras que el hebreo <em>hen <\/em>designa en primer lugar el favor, la benevolencia gratuita de un personaje de alta posici\u00f3n, y luego la manifestaci\u00f3n concreta de este favor, demostrado por el que da y hace gracia, recogido por el que recibe y halla gracia, y, por fin, el encanto que atrae las miradas y se granjea el favor, el griego <em>kharis, <\/em>con un proceso casi inverso, designa en primer lugar la seducci\u00f3n que irradia la belleza, luego la irradiaci\u00f3n m\u00e1s interior de la bondad, finalmente los dones que manifiestan esta generosidad.<\/p>\n<p>LA GRACIA EN LA ANTIGUA ALIANZA. La gracia, revelada y dada por Dios en Jesucristo, est\u00e1 presente en el AT, como una promesa y como una esperanza. En diversas formas, con nombres variados, pero uniendo siempre al Dios que da con el hombre que recibe, por todas partes aparece la gracia en el AT. La lectura cristiana del AT tal como la propone san Pablo a los G\u00e1latas, consiste en reconocer en la antigua econom\u00eda los gestos y los rasgos del Dios de la gracia.<\/p>\n<p><em>La gracia en Dios. <\/em>Dar y perdonar, derramar por todas partes su generosidad, inclinarse con atenci\u00f3n y emoci\u00f3n hacia los m\u00e1s pobres y los m\u00e1s desgraciados, es el retrato mismo de Dios, por lo cual \u00e9l mismo se define as\u00ed: \u00abYahveh, Dios de ternura y de gracia, tardo a la ira y rico en misericordia y fidelidad\u00bb (Ex 34,6). En Dios la gracia es a la vez misericordia que se interesa por la miseria <em>(hen), <\/em>fidelidad generosa a los suyos <em>(hesed), <\/em>solidez inquebrantable en sus compromisos <em>(emes), <\/em>adhesi\u00f3n de coraz\u00f3n y de todo el ser a los que ama <em>(rahamim), <\/em>justicia inagotable <em>(sedeq), <\/em>capaz de garantizar a todas sus criaturas la plenitud de sus derechos y de colmar todas sus aspiraciones. Que Dios pueda ser la <em>paz <\/em>y el gozo de los suyos, es efecto de su gracia: \u00ab\u00a1Cu\u00e1n preciosa es tu gracia <em>(hesed), <\/em>oh Dios! Los hombres se refugian a la sombra de tus alas, se sacian de la sobreabundancia de tu casa y los abrevas en el torrente de tus delicias\u00bb (Sal 36, 8ss), \u00abporque tu gracia <em>(hesed) <\/em>es mejor que la vida\u00bb (63,4). La vida, el m\u00e1s precioso de todos los bienes, palidece ante la experiencia de la generosidad divina, fuente inagotable. La gracia de Dios puede ser, pues, una vida, m\u00e1s rica y m\u00e1s plena que todas nuestras experiencias.<\/p>\n<p><em>Las manifestaciones de la gracia divina. <\/em>La generosidad de Dios se derrama sobre toda carne (Eclo 1, 10), su gracia no es un tesoro guardado codiciosamente. Pero el signo esplendente de esta generosidad es la elecci\u00f3n de Israel. Es una iniciativa totalmente gratuita, no justificada en el pueblo elegido por ning\u00fan m\u00e9rito, por ning\u00fan valor antecedente, ni por el n\u00famero (Dt 7,7), la buena conducta (9,4), el \u00abvigor de (su) mano\u00bb (8,17), sino \u00fanicamente por \u00abel amor a vosotros y la fidelidad al juramento hecho a vuestros padres\u00bb (7,8; cf. 4,37). Como punto de partida de Israel s\u00f3lo hay una explicaci\u00f3n, la gracia del Dios fiel que guarda su alianza y su amor (7,9). El s\u00edmbolo de esta gracia es la tierra que da Dios a su pueblo, \u00abpa\u00eds de torrentes y de manantiales\u00bb (8,7), \u00abde monta\u00f1as y de valles regados por la lluvia del cielo\u00bb (11,11), \u00abciudades que t\u00fa no has construido&#8230; casas que t\u00fa no has llenado, pozos que t\u00fa no has excavado\u00bb (6,10s).<\/p>\n<p>Esta gratuidad no carece de fin, no vuelca ciegamente las riquezas con las que no sabe qu\u00e9 hacer. La elecci\u00f3n tiene por fin la alianza; la gracia que escoge y que da es un gesto de conocimiento, se adhiere a aquel que escoge y aguarda de \u00e9l una respuesta, el reconocimiento y el amor: tal es la predicaci\u00f3n del Deuteronomio (Dt 6,5.12s: 10,12s; 11,1). La gracia de Dios quiere tener asociados, pide un intercambio, una comuni\u00f3n.<\/p>\n<p><em>La gracia de Dios sobre sus elegidos. <\/em>La palabra que sin duda traduce mejor el efecto producido en el hombre por la generosidad de Dios, es el de bendici\u00f3n. La bendici\u00f3n es mucho m\u00e1s que una protecci\u00f3n exterior, en el que la recibe mantiene la vida, el gozo, la plenitud de la fuerza, establece entre Dios y su criatura un contacto personal, hace que se posen sobre el hombre la mirada y la sonrisa de Dios, la irradiaci\u00f3n de su rostro y de su gracia <em>(hen, <\/em>N\u00fam 6,25), y esta relaci\u00f3n tiene algo de vital, afecta a la potencia creadora. Al padre corresponde bendecir, y si la historia de Israel es la de una bendici\u00f3n destinada a todas las naciones (G\u00e9n 12,3), es porque Dios es padre y plasma el destino de sus hijos (Is 45,10ss). La gracia de Dios es un amor de padre y crea hijos. Como esta bendici\u00f3n es la del Dios santo, el v\u00ednculo que establece con sus elegidos es el de una consagraci\u00f3n. La elecci\u00f3n es llamamiento a la santidad y promesa de vida consagrada (\u00c9x 19,6; Is 6,7; Lev 19,2). A esta respuesta filial, a esta consagraci\u00f3n de la vida y del coraz\u00f3n se niega Israel (cf. Os 4,1s; Is 1.4; Jer 9,4s). \u00abComo mana el agua en un pozo, as\u00ed mana en (Jerusal\u00e9n) la maldad\u00bb (Jer 6,7: cf. Ez 16; 20). Entonces Dios piensa hacer en el hombre algo de lo que el hombre es radicalmente incapaz, y hacer que el hombre mismo sea su autor. De una Jerusal\u00e9n corrompida har\u00e1 una ciudad justa (Is 1,21-26), de corazones incurablemente rebeldes (Jer 5,1ss) har\u00e1 corazones nuevos, capaces de conocerle (Os 2,21; Jer 31,31). Esto ser\u00e1 obra de su Esp\u00edritu (Ez 36, 27); ser\u00e1 el advenimiento de su propia justicia en el mundo (Is 45,8. 24: 51.6).<\/p>\n<p>LA GRACIA DE DIOS SE REVEL\u00d3 EN JESUCRISTO. La venida de Jesucristo muestra hasta d\u00f3nde puede llegar la generosidad divina: hasta darnos a su propio Hijo (Rom 8,32). La fuente de este gesto inaudito es una mezcla de ternura, de fidelidad y de misericordia, por la que se defin\u00eda Yahveh, y a la que el NT dar\u00e1 el nombre espec\u00edfico de gracia, <em>kharis. <\/em>El deseo de la gracia de Dios (casi siempre acompa\u00f1ada de su paz, asoci\u00e1ndose as\u00ed el gran saludo sem\u00edtico con el ideal t\u00edpicamente griego de la <em>kharis) <\/em>encabeza casi todas las cartas apost\u00f3licas y muestra que para los cristianos la gracia es el don por excelencia, el que resume toda la acci\u00f3n de Dios y todo lo que podemos desear a nuestros hermanos.<\/p>\n<p>En la persona de Cristo \u00abnos han venido la gracia y la verdad\u00bb (Jn 1, 17). las hemos visto (1.14) y. Por el mismo caso, hemos conocido a Dios en su Hijo \u00fanico (1,18). As\u00ed como hemos conocido que \u00abDios es amor\u00bb (Un 4,8s), as\u00ed, al ver a Jesucristo, conocemos que su acci\u00f3n es gracia (Tit 2,11; cf. 3,4).<\/p>\n<p>Si bien la tradici\u00f3n evang\u00e9lica com\u00fan a los sin\u00f3pticos no conoce la palabra, sin embargo, es plenamente consciente de la realidad. Tambi\u00e9n para ella es Jes\u00fas el don supremo del Padre (Mt 21.37 p), entregado por nosotros (26,28). La sensibilidad de Jes\u00fas a la miseria humana, su emoci\u00f3n ante el sufrimiento, traducen por otra parte la misericordia y la ternura por las que se defin\u00eda el Dios del AT. Y san Pablo, para animar a los corintios a la generosidad, les recuerda \u00abla liberalidad <em>(kharis) <\/em>de Jesucristo&#8230;, c\u00f3mo de rico que era se hizo pobre por vosotros\u00bb (2Cor 8,9).<\/p>\n<p>GRACIA Y ELECCI\u00d3N. Si la gracia de Dios es el secreto de la redenci\u00f3n, es tambi\u00e9n el secreto de la forma concreta c\u00f3mo la recibe y la vive cada cristiano (Rom 12,6; Ef 6,7) y cada Iglesia. Las iglesias de Macedonia han recibido la gracia de la generosidad (2Cor 8,1s), los filipenses han recibido su parte de la gracia del apostolado (Flp 1,7; cf. 2Tim 2,9), que explica toda la actividad de Pablo (Rom 1,5; cf. 1Cor 3,10: G\u00e1l 1,15; Ef 3,2).<\/p>\n<p>A trav\u00e9s de la variedad de los carismas se revela la elecci\u00f3n, elecci\u00f3n venida de Dios antes de todas las opciones humanas (Rom 1,5; G\u00e1l 1,15), que introduce en la salvaci\u00f3n (G\u00e1l 1,6; 2Tim 1,9), que consagra a una misi\u00f3n propia (1Cor 3,10; G\u00e1l 2,8s).<\/p>\n<p>Esta gracia no es s\u00f3lo la elecci\u00f3n inicial, es en los ap\u00f3stoles la fuente inagotable de su actividad (Act 14,26; 15,40); hace de Pablo todo lo que es y hace en \u00e9l todo lo que \u00e9l hace (1Cor 15,10). tanto que lo m\u00e1s personal en \u00e9l, \u00ablo que yo soy\u00bb, es precisamente la obra de esta gracia. Como es en \u00e9l principio de transformaci\u00f3n y de acci\u00f3n, requiere su colaboraci\u00f3n, y Pablo, \u00abinvestido de este ministerio, no flaquea\u00bb (2Cor 4, 1), atento siempre a \u00abobedecer a la gracia\u00bb (2Cor 1,12) y a \u00abresponderle\u00bb (Rom 15,15; cf. Flp 2,12s). Jam\u00e1s falta esta gracia: siempre \u00abbasta\u00bb, aun en las mayores estrecheces, pues entonces es cuando brilla su poder (2Cor 12,9).<\/p>\n<p>GRATUIDAD DE LA GRACIA. El rasgo espec\u00edficamente paulino de la gracia, el que le induce a repetir constantemente la palabra como un estribillo, es su gratuidad. La salvaci\u00f3n es don de Dios, no salario merecido por un trabajo (Rom 4,4; 11,6), ni siquiera por la fidelidad integral a la ley (G\u00e1l 2,21; Rom 4, 16). Es, por el contrario, la revelaci\u00f3n de la generosidad soberana del Padre que, habiendo dado a su Hijo unig\u00e9nito (Rom 8,32), hace don a los hombres de la justicia (Rom 4,5; 5, 17.21; 3,24), y triunfa de su ego\u00edsmo haciendo que \u00absobreabunde la gracia donde se hab\u00eda multiplicado el pecado\u00bb (Rom 5,15ss). Esta generosidad divina s\u00f3lo se percibe por la fe, \u00fanica capaz de reconocerla y acogerla; pero la misma fe es todav\u00eda fruto de la gracia (Ef 2,8).<\/p>\n<p>GRACIA Y JUSTIFICACI\u00d3N. La generosidad de Dios consiste en poner frente a \u00e9l un ser que constituya su gozo. A esto llama Pablo la justificaci\u00f3n, estado del hombre capaz de parecer delante de Dios. Ahora bien, \u00e9sta es puro efecto de la gracia (Rom 3,24). En un vocabulario diferente, en que est\u00e1 ausente la palabra justicia, pero en el que se puso de intento la palabra gracia, sugiere Lucas este gozo divino frente a Jes\u00fas (Lc 2,40.52) y frente a Mar\u00eda (1,28.30). Se dir\u00eda que esta gracia es a la vez la benevolencia divina que los designa y los envuelve, y el atractivo que por este mismo hecho ejercen, si podemos permitirnos la expresi\u00f3n, en Dios y tambi\u00e9n en los hombres (2,52; cf. 4,22). Sin duda, a la gracia de que est\u00e1 colmada Mar\u00eda (1,28) hay que dar esta plenitud de sentido: a la vez privilegiada de la generosidad de Dios y llena ante sus ojos de un valor \u00fanico.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">Todos los derechos: <em>Vocabulario de teolog\u00eda b\u00edblica<\/em>, X. L\u00e9on-Dufour<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SENTIDO DE LA PALABRA. La palabra que designa la gracia (gr. kharis) no es pura creaci\u00f3n del cristianismo; figura ya en el AT. 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