{"id":2094,"date":"2019-01-20T10:30:42","date_gmt":"2019-01-20T16:30:42","guid":{"rendered":"http:\/\/www.ocdmx.org\/?p=2094"},"modified":"2019-07-20T10:34:38","modified_gmt":"2019-07-20T16:34:38","slug":"imagen","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=2094","title":{"rendered":"Imagen"},"content":{"rendered":"<p>Nadie en este mundo ha visto ni puede ver a Dios Padre: se da a conocer en sus im\u00e1genes (cf. Jn 1,18). Antes de la revelaci\u00f3n plenaria que hace de s\u00ed mismo a trav\u00e9s de la imagen por excelencia que es su Hijo Jesucristo. comenz\u00f3 en la antigua alianza a hacer brillar ante los hombres su gloria reveladora. La sabidur\u00eda de Dios, \u00abpura emanaci\u00f3n de su gloria\u00bb e \u00abimagen de su excelencia\u00bb (Sap 7,25s), revela ya ciertos aspectos de Dios; y el hombre, creado con el poder de dominar la naturaleza y gratificado con la inmortalidad, constituye ya una imagen viva de Dios. Sin embargo, la prohibici\u00f3n de las im\u00e1genes en el culto de Israel expresaba como en negativo lo serio de este t\u00edtulo dado al hombre y preparaba por v\u00eda negativa la venida del hombre Dios, \u00fanica imagen en la que se revela plenamente el Padre.<\/p>\n<p>1.\u00a0LA PROHIBICI\u00d3N DE LAS IM\u00c1GENES. Este precepto del dec\u00e1logo (Dt 27, 15; \u00c9x 20,4; Dt 4,9-28), aunque aplicado con m\u00e1s o menos rigor en el transcurso de los siglos, constituye un hecho f\u00e1cil de justificar cuando se trata de los falsos dioses (\u00eddolos), pero m\u00e1s dif\u00edcil de explicar cuando se trata de las im\u00e1genes de Yahveh. Los autores sagrados no pretenden reaccionar principalmente contra una representaci\u00f3n sensible, habituados como estaban a los antropomorfismos, sino que m\u00e1s bien quieren luchar contra la magia idol\u00e1trica y preservar la trascendencia de Dios. Dios manifiesta su gloria no ya a trav\u00e9s de los becerros de oro (\u00c9x 32; 1Re 12,26-33) y de las im\u00e1genes hechas de mano de hombre, sino a trav\u00e9s de las obras de su creaci\u00f3n (Os 8,5s; Sab 13; Rom 1,19-23); ni tampoco se deja Dios conmover por medio de im\u00e1genes de que el hombre dispone a su talante, sino libremente, a trav\u00e9s de los corazones, por la sabidur\u00eda, por su Hijo, ejerce su acci\u00f3n salvadora.<\/p>\n<p>EL HOMBRE, IMAGEN DE DIOS.<\/p>\n<p>AT.\u00a0El peso de esta expresi\u00f3n no viene tanto de la palabra misma, empleada ya a prop\u00f3sito de la creaci\u00f3n del hombre en los poemas babil\u00f3nicos y egipcios, cuanto del contexto general del AT: el hombre est\u00e1 hecho a imagen no de un dios, concebido tambi\u00e9n a imagen del hombre, sino de un Dios de tal manera trascendente que est\u00e1 prohibido hacer su imagen; s\u00f3lo Dios puede aspirar a este t\u00edtulo que expresa su m\u00e1s alta dignidad (G\u00e9n 9,6).<\/p>\n<p>Seg\u00fan el relato de G\u00e9n 1, ser a imagen de Dios, a su semejanza, comporta el poder de dominar sobre el mundo de las criaturas (G\u00e9n 1,26ss) y tambi\u00e9n, a lo que parece, el poder, si ya no de crear, por lo menos de procrear seres vivos a imagen de Dios (G\u00e9n 1,27s; 5,lss; cf. Le 3,38). Los textos del AT desarrollan ordinariamente el primer tema, el del dominio (Sal 8; Eclo 17). Al mismo tiempo la imagen de Dios, ya se utilice o no expl\u00edcitamente en los textos, se enriquece con puntualizaciones y complementos. En el Sal 8 parece identificarse con un estado de \u00abgloria y de esplendor\u00bb, \u00abpoco inferior (al) de un ser divino\u00bb. En Sab 2,23, el hombre no es ya solamente \u00aba\u00bb imagen de Dios, expresi\u00f3n imprecisa que dejaba la puerta abierta a ciertas interpretaciones rab\u00ednicas, sino que es propiamente \u00abimagen\u00bb de Dios. Finalmente, en este mismo pasaje se ha hecho expl\u00edcito un elemento importante de semejanza entre Dios y el hombre, a saber, la inmortalidad. El juda\u00edsmo alejandrino (cf. Fil\u00f3n) por su parte distingue dos creaciones seg\u00fan los dos relatos del G\u00e9nesis: s\u00f3lo el hombre celestial es creado a imagen de Dios, mientras que el hombre terrenal es sacado del polvo. Esta especulaci\u00f3n sobre los dos Adanes ser\u00e1 reasumida y transformada por san Pablo (1Cor 15).<\/p>\n<p>NT. No s\u00f3lo el NT aplica diferentes veces al hombre la expresi\u00f3n \u00abimagen de Dios\u00bb (1Cor 11,7; Sant 3,9), sino que con bastante frecuencia utiliza y desarrolla el As\u00ed el mandamiento de Cristo: \u00abSed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto\u00bb (Mt 5,48) aparece como una consecuencia y una exigencia de la doctrina del hombre, imagen de Dios. Lo mismo se puede decir de un \u00e1grafon de Cristo referido por Clemente de Alejandr\u00eda: \u00abver a tu hermano es ver a Dios\u00bb, convicci\u00f3n que impone el respeto del pr\u00f3jimo (Sant 3,9; cf. G\u00e9n 9,6) y funda nuestro amor para con \u00e9l: \u00abEl que no ama a su hermano, al que ve, no amar\u00e1 a Dios, al que no ve\u00bb (1Jn 4,20). Pero esta imagen imperfecta y pecadora que es el hombre, exige una superaci\u00f3n, esbozada ya en la sabidur\u00eda viejotestamentaria y realizada por Cristo.<\/p>\n<p>LA SABIDUR\u00cdA, IMAGEN DE LA EXCELENCIA DE DIOS. El hombre no es sino una imagen imperfecta; la sabidur\u00eda, por el contrario, es \u00abun espejo sin mancha de la actividad de Dios, una imagen de la excelencia de Dios\u00bb (Sab 7,26). Como \u00e9sta existe \u00abdesde el principio, antes del origen de la tierra\u00bb (Prov 8,23), se puede decir que dirigi\u00f3 la creaci\u00f3n del hombre. As\u00ed se comprenden ciertas especulaciones del juda\u00edsmo alejandrino, de las que se hallan ecos en Fil\u00f3n. Para \u00e9ste, la imagen de Dios, que es el logos, es el instrumento de que Dios se sirvi\u00f3 en la creaci\u00f3n, el arquetipo, el ejemplar, el principio, el hijo primog\u00e9nito, conforme al cual cre\u00f3 Dios al hombre.<\/p>\n<p>CRISTO, IMAGEN DE Dios. Esta expresi\u00f3n se halla s\u00f3lo en las ep\u00edstolas de Pablo. Sin embargo, la idea no est\u00e1 ausente del evangelio seg\u00fan san Juan. Entre Cristo y el que le env\u00eda, entre el Hijo \u00fanico que revela a su Padre y el Dios invisible (Jn 1,18) hay una uni\u00f3n tal (Jn 5, 19; 7,16; 8,28s; 12,49) que supone algo m\u00e1s que una mera delegaci\u00f3n: la misi\u00f3n de Cristo rebasa la de los profetas, teniendo afinidad con la de la palabra y de la sabidur\u00eda divina; supone que Cristo es un reflejo de la gloria de Dios (Jn 17, 5.24); supone entre Cristo y su Padre una semejanza que se expresa claramente en esta afirmaci\u00f3n, en la que hallamos, si ya no la palabra, por lo menos el tema de la imagen: \u00abEl que me ha visto, ha visto al Padre\u00bb (Jn 14,9). San Pablo, aunque utiliza a prop\u00f3sito del hombre la doctrina del G\u00e9nesis (1Cor 11,7), sabe tambi\u00e9n cuando se presenta el caso servirse de las interpretaciones rab\u00ednicas y fil\u00f3nicas del doble Ad\u00e1n, que aplica aqu\u00ed a Cristo mismo (1Cor 15,49) y m\u00e1s tarde al hombre nuevo (Col 3,10). Pero finalmente a la luz de la sabidur\u00eda, imagen perfecta, reconoce a Cristo el t\u00edtulo de imagen de Dios (2Cor 3,18-4,4). En lo sucesivo Pablo, sin abandonar estas diferentes fuentes de inspiraci\u00f3n, se esfuerza por estrechar todav\u00eda m\u00e1s de cerca el misterio de Cristo: Cristo es imagen por filiaci\u00f3n en Rom 8, 29. Y seg\u00fan Col 3,10, en cuanto imagen dirige la creaci\u00f3n del hombre nuevo. Sacando partido de esta convergencia de elementos antiguos y de datos nuevos, la noci\u00f3n de imagen de Dios, tal como Pablo la aplica a Cristo, especialmente en Col 1,15, resulta muy compleja y muy rica: semejanza, pero semejanza espiritual y perfecta, por una filiaci\u00f3n anterior a la creaci\u00f3n; representaci\u00f3n, en su sentido m\u00e1s fuerte, del Padre invisible; soberan\u00eda c\u00f3smica del Se\u00f1or, que marca con su impronta el mundo visible y el mundo invisible; imagen de Dios seg\u00fan la inmortalidad: primog\u00e9nito entre los muertos; sola y \u00fanica imagen que garantiza la unidad de todos los seres y la unidad del plan divino; principio de la creaci\u00f3n y principio de la restauraci\u00f3n por una nueva creaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Todos estos elementos constituyen otras tantas fuerzas de atracci\u00f3n sobre el hombre que, imagen imperfecta y pecadora, tiene necesidad de esta imagen perfecta, a saber, de Cristo, para descubrir y realizar su destino original: bajo la acci\u00f3n del Se\u00f1or se transforma, en efecto, el cristiano de gloria en gloria en esta imagen del Hijo, primog\u00e9nito de una multitud de hermanos (2Cor 3,18; Rom 8,29).<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">Todos los derechos: <em>Vocabulario de teolog\u00eda b\u00edblica<\/em>, X. L\u00e9on-Dufour<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Nadie en este mundo ha visto ni puede ver a Dios Padre: se da a conocer en sus im\u00e1genes (cf. Jn 1,18). 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