{"id":2103,"date":"2019-01-22T09:35:06","date_gmt":"2019-01-22T15:35:06","guid":{"rendered":"http:\/\/www.ocdmx.org\/?p=2103"},"modified":"2019-07-22T09:40:33","modified_gmt":"2019-07-22T15:40:33","slug":"justicia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=2103","title":{"rendered":"Justicia"},"content":{"rendered":"<p>La palabra justicia evoca en primer lugar un orden jur\u00eddico: el juez dicta justicia haciendo respetar la costumbre o la ley. La noci\u00f3n moral es m\u00e1s amplia: la justicia da a cada uno lo que le es debido, aun cuando esto debido no est\u00e9 fijado por la costumbre o por la ley; en derecho natural, la obligaci\u00f3n de justicia se reduce en definitiva a una igualdad que es realizada por el cambio o la distribuci\u00f3n. En sentido religioso, es decir, cuando se trata de las relaciones del hombre con Dios, el vocabulario de la justicia no tiene en nuestras lenguas sino aplicaciones limitadas. Es corriente, desde luego, evocar el nombre de Dios como justo juez y llamar juicio a la \u00faltima confrontaci\u00f3n del hombre con Dios. Pero este empleo religioso de las palabras de justicia parece singularmente restringido en comparaci\u00f3n con el lenguaje de la Biblia. La palabra. aunque pr\u00f3xima a otros diferentes t\u00e9rminos (rectitud, santidad, probidad, perfecci\u00f3n, etc.), se halla en el centro de un grupo de vocablos bien delimitado, que en nuestra lengua se traduce regularmente por justo, justicia, justificar, justificaci\u00f3n (hebr. <em>sdq: <\/em>gr. <em>dikaios).<\/em><\/p>\n<p>Seg\u00fan una primera corriente de pensamiento que atraviesa toda la Biblia, la justicia es la virtud moral que nosotros conocemos, ampliada hasta designar la observancia integral de todos los mandamientos divinos, pero concebida siempre como un t\u00edtulo que se puede hacer valer en justicia delante de Dios. Correlativamente, Dios se muestra justo en cuanto que es modelo de integridad, primero en la funci\u00f3n judicial de conducir al pueblo y a los individuos, luego como Dios de la retribuci\u00f3n, que castiga y recompensa seg\u00fan las obras. Tal es el objeto de nuestra primera parte: la justicia en la perspectiva del juicio.<\/p>\n<p>Otra corriente del pensamiento b\u00edblico, o quiz\u00e1s una visi\u00f3n m\u00e1s profunda del orden que Dios quiere hacer reinar en la creaci\u00f3n, da a la justicia un sentido m\u00e1s amplio y un valor m\u00e1s inmediatamente religioso. La integridad del hombre no es nunca m\u00e1s que el eco y el fruto de la justeza soberana de Dios, de la maravillosa delicadeza con que conduce el universo y colma a sus criaturas. Esta justicia de Dios, que el hombre alcanza por la fe, coincide finalmente con su misericordia y designa como ella unas veces un atributo divino, otras los dones concretos de la salvaci\u00f3n que derrama esta generosidad. Esta ampliaci\u00f3n del sentido ordinario de nuestra palabra justicia es seguramente perceptible en nuestras versiones de la Biblia, pero este lenguaje hier\u00e1tico no desborda el lenguaje t\u00e9cnico de la teolog\u00eda: al leer Rom 3,25 \u00bfsospecha el cristiano culto que la justicia revelada por Dios en Jesucristo es exactamente su justicia salv\u00edfica, es decir, su misericordia fidelidad? En la segunda parte se expondr\u00e1 esta concepci\u00f3n espec\u00edficamente b\u00edblica: la justicia en la perspectiva de la misericordia.<\/p>\n<p>LA JUSTICIA Y EL JUICIO.<\/p>\n<p>LA JUSTICIA HUMANA. AT. 1. <em>La justicia en la naci\u00f3n. <\/em>Ya la antigua legislaci\u00f3n israelita exige a los jueces integridad en el ejercicio de su funci\u00f3n (Dt 1,16; 16,18.20; Lev 19, 15.36). Igualmente los m\u00e1s antiguos proverbios celebran la justicia del rey (Prov 16,13; 25,5). En textos an\u00e1logos el \u00abjusto\u00bb es el que tiene derecho (\u00c9x 23,6-8), o bien, raras veces el juez \u00edntegro (Dt 16,19); \u00e9ste debe justificar al inocente, es decir, absolverlo o rehabilitarlo en su derecho (Dt 25,1; Prov 17,15).<\/p>\n<p>Los profetas antes del exilio denuncian con frecuencia y vigorosamente la injusticia de los jueces y de los reyes, la opresi\u00f3n de los pobres, por estos des\u00f3rdenes anuncian infortunio (Am 5,7; 6,12; Is 5,7.23; Jer 22,13.15). Hacen adquirir conciencia de la dimensi\u00f3n moral y religiosa de la injusticia; lo que se percib\u00eda como mera violaci\u00f3n de reglas o de costumbres se convierte en ultraje a la santidad de un Dios personal. Por eso las injusticias acarrean mucho m\u00e1s que las sanciones habituales: un castigo catastr\u00f3fico preparado por Dios. As\u00ed pues, en los reproches prof\u00e9ticos el justo es todav\u00eda el que tiene derecho, pero casi siempre se lo evoca en su condici\u00f3n concreta y en su medio: este inocente es un pobre y un oprimido (Am 2,6; 5,12; Is 5,23; 29,21).<\/p>\n<p>A sus reproches a\u00f1aden con frecuencia los profetas la exhortaci\u00f3n positiva: \u00abpracticad el derecho y la justicia\u00bb (Os 10,12; Jer 22,3s). Sobre todo, conscientes de la fragilidad de nuestra justicia, aguardan el Mes\u00edas futuro como el pr\u00edncipe \u00edntegro, que ejerce la justicia sin flaquear (Is 9,6; 11,4s; Jer 23,5; cf. Sal 45,4s. 7s; 72,1ss.7).<\/p>\n<p><em>La justicia, fidelidad a la ley. <\/em>Ya desde antes del exilio la justicia designa la observancia integral de los preceptos divinos, la conducta conforme a la ley; as\u00ed aparece en buen n\u00famero de proverbios (Prov 11,4ss. 19; 12,28), en relatos diversos (G\u00e9n 18,17ss) y en Ezequiel (Ez 3,16-21; 18,5-24). Correlativamente, el justo es en los mismos contextos el piadoso, el servidor irreprochable, el amigo de Dios (Prov 12,10; <em>passim; <\/em>G\u00e9n 7.1; 18,23-32; Ez 18,5-26). Esta concepci\u00f3n pietista de la justicia es muy perceptible, despu\u00e9s del exilio, en las lamentaciones (Sal 18,21.25; 119,121) y en los himnos (Sal 15,1s; 24,3s; 140,14).<\/p>\n<p><em>La justicia-recompensa. <\/em>Por una evoluci\u00f3n sem\u00e1ntica realizada ya antes del exilio, dado que la conducta conforme a la ley es fuente de m\u00e9ritos y de prosperidad, la palabra justicia, que designaba esta conducta, llega a significar tambi\u00e9n las diversas recompensas de la justicia. As\u00ed, el gesto de mansedumbre realizado viene a ser una justicia delante de Yahveh, lo que casi se podr\u00eda traducir por m\u00e9rito (Dt 24,13; cf. 6,24s). En Prov 21,21, \u00abel que persiga la justicia y la misericordia hallar\u00e1 la vida, la justicia y la gloria\u00bb, las tres \u00faltimas palabras son concretamente sin\u00f3nimos. En el Sal 24,3ss la justicia obtenida de Dios no es otra cosa que la bendici\u00f3n divina que recompensa la piedad de un peregrino (cf. Sal 112,1.3.9; 37,6).<\/p>\n<p><em>Justicia, sabidur\u00eda y bondad. <\/em>En los \u00faltimos libros del AT descubrimos con algunos matices nuevos todos los temas tradicionales ya evocados. A la justicia estricta, que debe regir las relaciones de los hombres entre s\u00ed (Job 8,3; 35,8; Ecl 5,7; Eclo 38,33) se a\u00f1ade en Sab 1,1.15 un aspecto nuevo: la justicia es la sabidur\u00eda puesta en pr\u00e1ctica. La influencia griega aparece en Sab 8,7, donde la palabra <em>dikaiosyne <\/em>tiene el sentido de justicia estricta, donde la sabidur\u00eda ense\u00f1a la templanza y la prudencia, la justicia y la fortaleza (fuerza), las cuatro virtudes cardinales cl\u00e1sicas.<\/p>\n<p>En ciertos textos tard\u00edos la justicia llega hasta a designar la limosna. \u00abEl agua extingue el fuego ardiente y la limosna exp\u00eda los pecados\u00bb (Eclo 3,30; Tob 12,8s; 14,9ss). Se puede hallar una raz\u00f3n de esta evoluci\u00f3n sem\u00e1ntica. Para los semitas, la justicia no es tanto una actitud pasiva de imparcialidad como un empe\u00f1arse apasionadamente el juez en favor del que tiene el derecho, que determina seg\u00fan los casos la condena o la absoluci\u00f3n, m\u00e1s bien que un acto neutro y ambivalente: \u00abhacer justicia\u00bb. Correlativamente, el justo es un hombre bueno y caritativo (Tob 7,6; 9,6; 14,9), y \u00abconviene que el justo sea fil\u00e1ntropo\u00bb (Sab 12,19).<\/p>\n<p>NT. 1.\u00a0\u00a0<em>Jes\u00fas. <\/em>La exhortaci\u00f3n a la justicia en el sentido jur\u00eddico de la palabra no est\u00e1 en el centro del mensaje de Jes\u00fas. En el Evangelio no hallamos ni reglamentaci\u00f3n de los deberes de justicia ni evocaci\u00f3n insistente de una clase de oprimidos, ni presentaci\u00f3n del Mes\u00edas como juez \u00edntegro. Es f\u00e1cil ver las razones de este silencio: los c\u00f3digos del AT, expresi\u00f3n de las voluntades divinas, eran tambi\u00e9n la carta de una sociedad. En tiempos de Jes\u00fas el ejercicio de la justicia corresponde en parte a los romanos, y Jes\u00fas no se erigi\u00f3 en reformador social o en mes\u00edas nacional. El defecto m\u00e1s grave de sus contempor\u00e1neos no es la injusticia social; es un mal m\u00e1s espec\u00edficamente religioso, el formalismo y la hipocres\u00eda; la denuncia del farise\u00edsmo desempe\u00f1a, pues, en la predicaci\u00f3n de Jes\u00fas el car\u00e1cter capital que ejerc\u00edan en los profetas las invectivas contra la injusticia. Sin embargo, Jes\u00fas debi\u00f3 exhortar a sus contempor\u00e1neos a practicar la justicia \u00abordinaria\u00bb, aunque los textos escasamente han conservado vestigios de ello (Mt 23,23: el juicio, <em>krisis, <\/em>designa la justicia estricta).<\/p>\n<p>En la lengua de Jes\u00fas la justicia conserva tambi\u00e9n el sentido b\u00edblico de piedad legal. Aunque no sea tal el centro del mensaje, Jes\u00fas no tuvo reparo en definir la vida moral como una verdadera justicia, como una obediencia espiritual a los mandamientos de Dios. Aqu\u00ed se disciernen dos series principales de palabras. Las unas formulan la condena de la falsa justicia de los fariseos; el Mes\u00edas, todav\u00eda mejor que los grandes profetas, denuncia en la observancia hip\u00f3crita una religi\u00f3n humana y soberbia (Mt 23). Inversamente, el discurso inaugural define la verdadera justicia, la de los disc\u00edpulos (Mt 5, 17-48; 6,1-18). As\u00ed, la vida del disc\u00edpulo, liberada de una concepci\u00f3n estrecha y literal de los preceptos, es todav\u00eda una justicia, es decir, una fidelidad a leyes, pero \u00e9stas, en su nueva promulgaci\u00f3n por Jes\u00fas, vuelven al esp\u00edritu del mosa\u00edsmo, la pura y perfecta voluntad de Dios.<\/p>\n<p><em>2. El cristianismo apost\u00f3lico. <\/em>Tampoco aqu\u00ed ocupa la justicia en sentido estricto el centro de las preocupaciones. El mundo de la Iglesia naciente se parece todav\u00eda menos que el de los evangelios a la comunidad de Israel. Los problemas de la Iglesia son en primer lugar los de la incredulidad de los jud\u00edos y de la idolatr\u00eda de los paganos, m\u00e1s bien que lasa cuestiones de justicia social. Sin embargo, cuando la ocasi\u00f3n se presenta, aparece viva la preocupaci\u00f3n por la justicia (1Tim 6,11; 2Tim 2,22). Igualmente nos hallamos con la justicia-santidad. La piedad legal de un Jos\u00e9 (Mt 1,19), de un Sime\u00f3n (Lc 2,25), los dispon\u00eda a recibir la revelaci\u00f3n mesi\u00e1nica (cf. Mt 13,17). Mateo, al escribir que Jes\u00fas con ocasi\u00f3n de su bautismo .\u00abcumple toda justicia\u00bb, parece ya anunciar un tema mayor de su evangelio: Jes\u00fas lleva a . su perfecci\u00f3n la justicia antigua, es decir, la religi\u00f3n de la ley (Mt 3,15). La versi\u00f3n mateana de las bienaventuranzas muestra en el cristianismo una forma renovada de la piedad jud\u00eda (5,6.10): la justicia que hay que desear y por la que hay que sufrir parece ser la fidelidad a una regla de vida que es sencillamente una ley. Finalmente, al igual que en el AT, la justicia cristiana no designa s\u00f3lo una observancia, sino tambi\u00e9n su recompensa; la justicia viene a ser un fruto (F1p 1,11; Heb 12,11; Sant 3,18), una corona (2Tim 4,8), es como la sustancia de la vida eterna (2Pe 3,13).<\/p>\n<p>LA JUSTICIA DIVINA. <em>1. Antiguo Testamento. <\/em>Antiguos poemas guerreros o religiosos celebran la justicia divina en sentido concreto: unas veces juicio punitivo contra los enemigos de Israel (Dt 33,21), otras veces (particularmente en plural: las justicias) liberaciones otorgadas al pueblo elegido (Jue 5,11; 1Sa 12,6s; Miq 6,3s). Los profetas usan el mismo lenguaje y lo profundizan. Dios dirige sus castigos, su justicia, no tanto contra los enemigos del pueblo cuanto contra los pecadores, incluso israelitas (Am 5,24; Is 5,16; 10, 22&#8230;). Por otra parte, la justicia de Dios es tambi\u00e9n el juicio favorable, es decir, la liberaci\u00f3n del que tiene derecho (Jer 9,23; 11,20; 23,6); de donde tambi\u00e9n el empleo correspondiente de \u00abjustificar\u00bb (1Re 8,32). El mismo doble sentido se descubre en las lamentaciones. El que se queja, unas veces suplica a Dios que en su fidelidad quiera liberarle (Sal 71,1s), otras confiesa que Dios, al castigarle, ha revelado su incorruptible justicia (Dan 9,6s; Bar 1,15; 2,6) y se ha mostrado justo (Esd 9,15; Neh 9,32s; Dan 9,14). En los himnos, como es natural, se celebra sobre todo el aspecto favorable de la justicia (Sal 7,18; 9, 5; 96,13); el Dios justo es el Dios clemente (Sal 116,5s; 129,3s).<\/p>\n<p><em>\u00a0<\/em>2. <em>Nuevo Testamento. <\/em>El NT, contrariamente a los profetas y a los salmistas, apenas si concede lugar a las intervenciones de la justicia judicial de Dios en la vida del fiel o de la comunidad. Concentra m\u00e1s bien su atenci\u00f3n en el juicio final. Es obvio que en este juicio supremo se muestre Dios justo; sin embargo, el vocabulario de justicia es bastante espor\u00e1dico. Es que Jes\u00fas, aun sin excluir el vocabulario tradicional relativo al juicio final (Mt 12,36s.41s), revela la salvaci\u00f3n como un don divino otorgado a la fe y a la humildad.<\/p>\n<p>Si bien la Iglesia apost\u00f3lica se mantiene fiel a este lenguaje (Jn 16,8.10s; 2Tim 4,8), no obstante, se ve inducida a insistir en el rigor del juicio divino. Se puede incluso hablar de un retorno al vocabulario de la moral de las obras (Mt 13,49; 22,14; Mt 7,13s; Lc 13,24), y de cierta yuxtaposici\u00f3n del tema del juicio con el mensaje evang\u00e9lico de la salvaci\u00f3n por la fe. M\u00e1s a\u00fan: algo de esta irreductible dualidad se halla tambi\u00e9n en el mismo san Pablo. Sin duda alguna, como lo vamos a ver, la doctrina de la gracia y de la fe se despliega aqu\u00ed en toda su amplitud, pero Pablo sigue hablando en t\u00e9rminos jud\u00edos del justo juicio de Dios, que retribuir\u00e1 a cada uno seg\u00fan sus obras (2Tes 1,5s; Rom 2,5).<\/p>\n<p>II. LA JUSTICIA Y LA<\/p>\n<p>LA JUSTICIA DEL HOMBRE. <em>1. Antiguo Testamento. <\/em>Identificar la justicia y la observancia de la ley es el principio mismo del legalismo. Es muy anterior al exilio. La ley es la norma de la vida moral, y la justicia del fiel es para \u00e9l un t\u00edtulo a la prosperidad y a la gloria. Por eso importa tanto revelar ciertos textos., en los que esta justicia de la ley se declara vana o inoperante. Textos antiguos evocan la conquista de la tierra prometida con acentos que anuncian ya la concepci\u00f3n paulina de la salvaci\u00f3n por la fe: \u00abNo digas en tu coraz\u00f3n&#8230; No es por mi justicia por la que Yahveh me ha hecho venir a tomar posesi\u00f3n de este pa\u00eds&#8230;\u00bb (Dt 9,4ss). A la misma luz se explica el famoso pasaje del G\u00e9nesis: \u00ab[Abraham] crey\u00f3 a Yahveh y [Yahveh] se lo reput\u00f3 por justicia\u00bb (G\u00e9n 15,6). Ya sea aqu\u00ed la justicia la conducta agradable a Dios, o sea, seg\u00fan la evoluci\u00f3n que hemos se\u00f1alado, la recompensa y casi el m\u00e9rito, en los dos casos se celebra la fe como medio de agradar a Dios. Este nexo esencial entre la justicia y el abandono a Dios nos aleja, como lo subray\u00f3 bien san Pablo, de una concepci\u00f3n legalista de la justicia. La f\u00f3rmula se cita en 1Mac 2,52, y se halla como un eco de esta concepci\u00f3n particular de la justicia en 1Mac 14,35, donde la justicia es la fidelidad que Sim\u00f3n guarda a su pueblo.<\/p>\n<p>Finalmente, se puede pensar que las interrogaciones dram\u00e1ticas de Job, y el \u00abpesimismo inspirado\u00bb del Eclesiast\u00e9s, que pene en duda la doctrina de la retribuci\u00f3n, preparan los esp\u00edritus para una revelaci\u00f3n m\u00e1s alta. \u00abHay alg\u00fan justo que perece en su justicia&#8230;\u00bb (Ecl 7,15; cf. 8,14; 9,1s). \u00bfC\u00f3mo ser\u00e1 el hombre justo delante de Dios?\u00bb (Job 9,2; cf. 4,17; 9,20&#8230;).<\/p>\n<p>2.<em> Nuevo Testamento,<\/em> <em>El mensaje de Jes\u00fas <\/em>da ciertamente a la confianza en Dios m\u00e1s que a la observancia de los mandamientos, el significado m\u00e1s decisivo; pero, sin dar Jes\u00fas una direcci\u00f3n nueva al vocabulario de justicia, parece m\u00e1s bien haber cargado con un sentido nuevo otros t\u00e9rminos como pobre, humilde, pecador. Sin embargo, es posible que Jes\u00fas llamara a la fe la verdadera justicia, que designara a los pecadores como verdaderos justos (cf. Mt 9,13) y que definiera la justificaci\u00f3n como perd\u00f3n prometido a los humildes (Lc 18,14).<\/p>\n<p><em>Pablo, <\/em>antes de su conversi\u00f3n, persegu\u00eda la justicia de la ley (FIp 3,6). Esta justicia es adquirida por el hombre justo en proporci\u00f3n de sus buenas obras (Rom 9,30s; 10,3); se la puede llamar justicia que proviene de la ley (Rom 10,5; G\u00e1l 2,21; Flp 3,9) o de las obras (Rom 3,20; 4,2; G\u00e1l 2,16). La conversi\u00f3n del Ap\u00f3stol no es de golpe una ruptura completa con estas concepciones.; por otra parte, en las ep\u00edstolas paulinas subsisten afirmaciones de tipo jud\u00edo sobre el juicio. Sin embargo, la disputa de Antioqu\u00eda marca un cambio decisivo de derrotero: en G\u00e1l 2,11-21 opone Pablo dos sistemas de justificaci\u00f3n y da al verbo \u00abser justificado\u00bb su cu\u00f1o cristiano. \u00abNosotros hemos cre\u00eddo en Cristo Jes\u00fas a fin de ser justificados a causa de la fe en Cristo y no a causa de las obras de la ley\u00bb (G\u00e1l 2,16). Con esto la noci\u00f3n de justicia cambia completamente. Ahora ya el hombre cree en Dios, y Dios le .\u00abjustifica\u00bb, es decir, le asegura la salvaci\u00f3n por la fe y por la uni\u00f3n a Cristo. Ahora ya la palabra \u00abjusticia\u00bb y sus derivados designar\u00e1n las realidades, cristianas de la salvaci\u00f3n. En efecto, la certeza de la benevolencia divina se adquiere de manera tangible: el esp\u00edritu (G\u00e1l 3,2), la vida (2,19ss) certifican la justificaci\u00f3n y al mismo tiempo la constituyen. El centro de inter\u00e9s se ha desplazado del juicio final a una justicia considerada como un estado presente, pero que, por lo dem\u00e1s, no deja de ser escatol\u00f3gico; pues anticipa los bienes celestes.<\/p>\n<p>LA JUSTICIA DIVINA. 1. <em>Antiguo<\/em> <em>Testamento. <\/em>Al ejercer Dios su justicia judicial, las m\u00e1s de las veces libera a los oprimidos. Por s\u00ed misma esta liberaci\u00f3n no se sale del marco de la justicia judicial, pero al percibirse como un beneficio ofrece un punto de partida para una concepci\u00f3n m\u00e1s rica de la justicia de Dios. Por otra parte, el AT hab\u00eda vislumbrado que el hombre no puede conquistar el favor divino por su propia justicia y que vale m\u00e1s la fe para hacerse agradable a Yahveh; es otro punto de apoyo para una concepci\u00f3n de la justicia de Dios como testimonio de misericordia, y una v\u00eda de acceso al misterio de la justificaci\u00f3n.<\/p>\n<p>El desarrollo se inicia muy pronto. Seg\u00fan el Dt, Dios no se contenta con hacer justicia al hu\u00e9rfano: ama al extranjero y le da alimento y vestidos (Dt 10.18). En Os 2,21 promete Dios desposarse con su pueblo \u00aben la justicia y en el juicio, en la gracia y en la ternura\u00bb. Se da el caso de que el que se queja en las lamentaciones, haciendo llamamiento a la justicia divina, aguarde mucho m\u00e1s que una justa sentencia: \u00aben tu justicia dame la vida\u00bb (Sal 119,40.106. 123; 36,11); m\u00e1s a\u00fan: espera una justicia que es perd\u00f3n del pecado (Sal 51,16; Dan 9,16); ahora bien, justificar al pecador es un acto parad\u00f3jico y hasta contrario a la doctrina judicial, donde la justificaci\u00f3n del culpable es precisamente la falta por excelencia. En diversos himnos del salterio se percibe una paradoja an\u00e1loga: Dios manifiesta su justicia con beneficios gratuitos, a veces universales, que superan en todos los sentidos lo que el hombre tiene derecho a esperar (Sal 65,6; 111,3; 145, 7.17; cf. Neh 9,8).<\/p>\n<p>En Is 40-66 la expresi\u00f3n \u00abjusticia de Dios\u00bb adquiere un relieve y un alcance que anuncian el gran tema paulino. En estos cap\u00edtulos la justicia de Dios es unas veces la salvaci\u00f3n del pueblo cautivo, otras el atributo divino de misericordioso de fidelidad. Esta salvaci\u00f3n es un don, que rebasa con mucho la idea de liberaci\u00f3n o de recompensa; comporta la concesi\u00f3n de bienes, celestiales, tales como la paz y la gloria, a un pueblo que no tiene m\u00e1s \u00abm\u00e9rito\u00bb que el de ser el elegido de Yahveh (Is 45,22ss; 46,12s; 5l,lss.5.8; 54,17; 56, 1; 59,9); toda la raza de Israel ser\u00e1 justificada, es decir, glorificada (45, 25). As\u00ed Dios se muestra justo en cuanto que manifiesta su misericordia y realiza graciosamente sus promesas (41,2.10; 42,6.21; 45,13.19ss).<\/p>\n<p><em>Nuevo Testamento.<\/em> <em>Jes\u00fas. <\/em>Para expresar la gran revelaci\u00f3n de la salvaci\u00f3n divina realizada por su venida al mundo, no habla Jes\u00fas, como lo hab\u00eda hecho el segundo Isa\u00edas, como lo har\u00e1 san Pablo, de una manifestaci\u00f3n de la justicia de Dios, sino recurre a la expresi\u00f3n equivalente de reino de los cielos. El cristianismo no paulino, que qued\u00f3 pr\u00f3ximo al lenguaje de Jes\u00fas, no expres\u00f3 tampoco por el t\u00e9rmino \u00abjusticia de Dios\u00bb la revelaci\u00f3n actual de la gracia divina en Jesucristo.<\/p>\n<p><em>San Pablo. <\/em>El tema, en cambio, es desarrollado por Pablo con la claridad que sabemos. Pero no precisamente al comienzo de su ministerio: las ep\u00edstolas a los Tesalonicenses y a los G\u00e1latas no lo mencionan. El primer mensaje paulino de la salvaci\u00f3n, conforme en esto con toda la predicaci\u00f3n primitiva, es estrictamente escatol\u00f3gico (1Tes 1,10). En \u00e9l se <em>pone <\/em>el acento ciertamente en la liberaci\u00f3n m\u00e1s que en la ira, pero esta liberaci\u00f3n es m\u00e1s bien el aspecto favorable de un juicio, y por consiguiente no se sale todav\u00eda de los marcos de la justicia judicial de Dios.<\/p>\n<h1>Justicia Justificaci\u00f3n<\/h1>\n<p>Sin embargo, las controversias con los judeocristianos hab\u00edan inducido a Pablo a definir la verdadera justicia como una gracia otorgada actualmente. Esto es lo que le lleva a definir en la ep\u00edstola a los Romanos esta vida cristiana como justicia de Dios: la expresi\u00f3n tiene la ventaja de conservar algo del sentido escatol\u00f3gico que primitivamente se da a la salvaci\u00f3n y al reino, y al mismo tiempo la de subrayar, puesto que debe oponerse a la justicia de las obras, que es tambi\u00e9n una gracia presente. La justicia de Dios es, pues, la gracia divina, de por s\u00ed escatol\u00f3gica y hasta apocal\u00edptica, pero anticipada realmente, y desde ahora ya, en la vida cristiana. Pablo dir\u00e1 que la justicia de Dios desciende del cielo (Rom 1, 17; 3,21s; 10,3) y viene a transformar a la humanidad; es un bien que pertenece por esencia a Dios y que se hace nuestro sin dejar de ser una cosa del cielo.<\/p>\n<p>Al mismo tiempo sobreentiende Pablo que esta comunicaci\u00f3n de justicia se funda en la fidelidad de Dios a su alianza, es decir, en definitiva en su misericordia. Este pensamiento se expresa m\u00e1s raras veces expl\u00edcitamente, y de ah\u00ed el segundo sentido paulino de la \u00abjusticia de Dios\u00bb: el atributo divino de la misericordia. Esto aparece en Rom 3, 25s: \u00abDios muestra su justicia en los tiempos presentes a fin de ser justo y de justificar a todo el que tiene fe en Jes\u00fas.\u00bb Y en Rom 10,3 se asocian las dos acepciones: \u00abDesconociendo la justicia de Dios [el don otorgado a los cristianos], y tratando de establecer la suya propia, no se sometieron a la justicia de Dios [la voluntad salv\u00edfica].\u00bb<\/p>\n<p>El mensaje b\u00edblico sobre la justicia ofrece un aspecto doble. Por raz\u00f3n del juicio divino que se ejerce a lo largo de la historia, el hombre debe \u00abhacer la justicia\u00bb; este deberse percibe en forma cada vez m\u00e1s interior, hasta llegar a una \u00abadoraci\u00f3n en esp\u00edritu y en verdad\u00bb. En la perspectiva del designio de salvaci\u00f3n comprende el hombre, por otra parte, que no puede conquistar esta justicia por sus propias obras, sino que la recibe como don de la gracia. En definitiva, la justicia de Dios no puede reducirse al ejercicio de un juicio, sino que ante todo es misericordiosa fidelidad a una voluntad de salvaci\u00f3n; crea en el hombre la justicia que exige de \u00e9l.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">Todos los derechos: <em>Vocabulario de teolog\u00eda b\u00edblica<\/em>, X. L\u00e9on-Dufour<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La palabra justicia evoca en primer lugar un orden jur\u00eddico: el juez dicta justicia haciendo respetar la costumbre o la ley. 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