{"id":2107,"date":"2019-01-22T09:42:30","date_gmt":"2019-01-22T15:42:30","guid":{"rendered":"http:\/\/www.ocdmx.org\/?p=2107"},"modified":"2019-07-22T09:50:22","modified_gmt":"2019-07-22T15:50:22","slug":"justificacion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=2107","title":{"rendered":"Justificaci\u00f3n"},"content":{"rendered":"<p>Ser justificado es normalmente hacer uno que triunfe su causa sobre la de un adversario, hacer que resplandezca su derecho. Pero no es necesario que esto suceda delante de un tribunal ni que el adversario sea un enemigo. El campo de la justicia es incomparablemente m\u00e1s vasto que el de la ley y hasta que el de las costumbres. Toda relaci\u00f3n humana comporta su justicia, su norma propia: respetarla es tratar a cada uno de aquellos con quienes uno est\u00e1 en contacto con el matiz exacto que le conviene, y que no est\u00e1 determinado \u00fanicamente al exterior por su gesto en la sociedad y por los gestos que realiza, sino tambi\u00e9n y m\u00e1s profundamente por su ser mismo, sus dotes y sus necesidades. Ser justo es hallar la actitud exacta que conviene adoptar con cada uno; ser justificado es, en caso de prueba o de debate, demostrar uno no tanto su inocencia cuanto la justeza de todo su comportamiento, es hacer que resplandezca su propia justicia.<\/p>\n<p>SER JUSTIFICADO DELANTE DE DIOS. Querer ser justificado delante de Dios, pretender tener raz\u00f3n contra \u00e9l parece una cosa impensable; lejos de aventurarse a ello, teme uno sobre todo que Dios mismo tome la iniciativa de una discusi\u00f3n cuyo resultado es de antemano fatal: \u00abNo entres en juicio con tu servidor; ning\u00fan viviente ser\u00e1 justificado delante de ti\u00bb (Sal 143,2), porque \u00absi t\u00fa retienes las faltas,&#8230; \u00bfqui\u00e9n, pues, subsistir\u00e1?\u00bb (Sal 130,3). La sabidur\u00eda est\u00e1 en confesar uno su pecado y, en silencio, dejar que Dios haga brillar su justicia: \u00abT\u00fa eres justo cuando juzgas\u00bb (Sal 51,6).<\/p>\n<p>En el fondo, lo extra\u00f1o no es que el hombre nunca sea justificado delante de Dios, sino m\u00e1s bien que pueda concebir esta idea y que la Biblia no parezca hallarla monstruosa. Job sabe, s\u00ed, que \u00abel hombre no puede tener raz\u00f3n contra Dios\u00bb (Job 9,2), que \u00ab\u00e9l no es un hombre&#8230;\u00bb y que es \u00abimposible discutir, comparecer juntos en justicia\u00bb (9,32); sin embargo, no puede renunciar a \u00abproceder en justicia, consciente de estar en [su] derecho\u00bb (13,18s). Una vez que Dios es justo, Job no tiene nada que temer de esta confrontaci\u00f3n, en la que \u00abDios hallar\u00eda en su adversario a un hombre recto\u00bb y Job \u00abhar\u00eda triunfar [su] causa\u00bb (23,7). En realidad Dios mismo, aun reduciendo a Job al silencio, si bien lo convence de necedad y de ligereza (38, 2; 40,4), no por eso le quita la raz\u00f3n en el fondo. Y en la fe de Abraham reconoce un gesto por el que el patriarca, aunque no adquiere una ventaja para con \u00e9l, por lo menos responde exactamente a lo que de \u00e9l esperaba (G\u00e9n 15,6).<\/p>\n<p>As\u00ed pues, el AT plantea la justificaci\u00f3n del hombre ante Dios a la vez como una hip\u00f3tesis irrealizable y como una situaci\u00f3n para la que ha sido hecho el hombre. Dios es justo, lo cual quiere decir que nunca le falta la raz\u00f3n y que nadie puede disputar con \u00e9l (Is 29,16; Jer 12,1), pero esto quiere \u00a0quiz\u00e1 tambi\u00e9n decir que, sabiendo de qu\u00e9 barro nos ha hecho y para qu\u00e9 comuni\u00f3n nos ha creado, no renuncia, precisamente en nombre de su justicia y por consideraci\u00f3n para con la criatura, a hacerla capaz de ser delante de \u00e9l lo que exactamente debe ser, justa.<\/p>\n<p>JUSTIFICADOS EN JESUCRISTO. Lo que el AT deja quiz\u00e1 presentir, el legalismo jud\u00edo en que hab\u00eda sido educado el fariseo Pablo cre\u00eda seguramente, si ya no poderlo alcanzar, por lo menos deber tender a ello: puesto que la ley es la expresi\u00f3n de la voluntad de Dios y la ley est\u00e1 al alcance del hombre (cf. Dt 30,11 -en realidad, al alcance de su inteligencia: inteligible y f\u00e1cil de conocer) -, basta que el hombre la observe \u00edntegramente para que pueda presentarse delante de Dios y ser justificado. El error del fariseo est\u00e1 no en este sue\u00f1o de poder tratar a Dios seg\u00fan la justicia, como merece ser tratado; el error est\u00e1 en la ilusi\u00f3n de creer poder lograrlo por sus propios recursos, en querer sacar de s\u00ed mismo la actitud que alcanza a Dios y que Dios espera de nosotros. Esta perversi\u00f3n esencial del coraz\u00f3n que quiere tener \u00abel derecho de gloriarse delante de Dios\u00bb (Rom 3,27), se traduce por un error fundamental en la interpretaci\u00f3n de la alianza, que disocia la ley y las promesas, que ve en la ley el medio de ser justo delante de Dios y olvida que esta misma fidelidad no puede ser sino la obra de Dios, el cumplimiento de su palabra.<\/p>\n<p>Ahora bien, Jesucristo fue realmente \u00abel justo\u00bb (Act 3,14); fue delante de Dios exactamente lo que Dios esperaba, el siervo en el que el Padre pudo al fin complacerse (Is 42,1; Mt 3,17); supo \u00abcumplir toda justicia\u00bb hasta el fin (Mt 3,15) y muri\u00f3 para que Dios fuera glorificado (Jn 17,1.4), es decir, apareciera delante del mundo con toda su grandeza y su m\u00e9rito, digno de todos los sacrificios y capaz de ser amado m\u00e1s que nada (Jn 14,30). En esta muerte, que apareci\u00f3 como la de un reprobado (Is 53,4; Mt 27,43-46), hall\u00f3 Jes\u00fas en realidad su justificaci\u00f3n, el reconocimiento por Dios de la obra realizada (Jn 16,10), que Dios mismo proclam\u00f3 resucit\u00e1ndolo y poni\u00e9ndolo en plena posesi\u00f3n del Esp\u00edritu (1Tim 3,16).<\/p>\n<p>Pero la resurrecci\u00f3n de Jesucristo tiene por fin \u00abnuestra justificaci\u00f3n\u00bb (Rom 4,25). Lo que no pod\u00eda operar la ley y que, por el contrario, mostraba como categ\u00f3ricamente descartado, es un don que nos hace la gracia de Dios en la redenci\u00f3n de Cristo (Rom 3,23s). Este don no es un mero \u00abcomo Si\u00bb, una condescendencia indulgente por la que Dios, viendo a su Hijo \u00fanico perfectamente justificado ante \u00e9l, consintiera en considerarnos como justificados por raz\u00f3n de nuestros v\u00ednculos con \u00e9l. Para designar un simple veredicto de gracia y de absoluci\u00f3n no habr\u00eda empleado san Pablo la palabra justificaci\u00f3n, que significa, por el contrario, el reconocimiento positivo del derecho puesto en litigio, la confirmaci\u00f3n de la justeza de la posici\u00f3n adoptada. El gesto por el que Dios nos justifica, no lo habr\u00eda atribuido a su justicia, sino a su pura misericordia. Ahora bien, la verdad es que en Cristo \u00abquiso Dios mostrar su justicia&#8230; a fin de ser justo y de justificar a todo el que invoca su fe en Jes\u00fas\u00bb (Rom 3,26).<\/p>\n<p>Evidentemente, Dios manifiesta su justicia primero para con su Hijo \u00abentregado por nuestras culpas\u00bb (Rom 4,25) y que, por su obediencia y su justicia, mereci\u00f3 para una multitud la justificaci\u00f3n y la justicia(Rom 5,16-19). Pero el que Dios otorgue a Jesucristo merecer nuestra justificaci\u00f3n no quiere decir que en atenci\u00f3n a \u00e9l consienta en tratarnos como a justos: esto quiere decir que en Jesucristo nos hace capaces de adoptar la actitud exacta que espera de nosotros, de tratarle como se merece, de darle efectivamente la justicia a que tiene derecho, en una palabra, de ser realmente justificados delante de \u00e9l. As\u00ed Dios es justo consigo mismo, sin rebajar nada del honor y de la gloria a que tiene derecho, y es justo con sus criaturas, a las que concede, por pura gracia, pero por una gracia que las afecta en lo m\u00e1s profundo de ellas mismas, hallar para con \u00e9l la actitud justa, tratarle como quien es, el Padre, es decir, ser realmente sus hijos (Rom 8,14-17; 1Jn 3,1s).<\/p>\n<p>JUSTIFICADOS POR LA FE. Esta regeneraci\u00f3n interior por la que Dios nos justifica no tiene nada de transformaci\u00f3n m\u00e1gica; se efect\u00faa realmente en nosotros, en nuestros gestos y en nuestras reacciones, pero desposey\u00e9ndonos de nuestro apego a nosotros mismos, de nuestra propia gloria (cf. Jn 7,18), y lig\u00e1ndonos a Cristo en la fe (Rom 3,28ss). En efecto, creer en Jesucristo es reconocer en \u00e9l al que el Padre ha enviado, es prestar adhesi\u00f3n a sus palabras, es arriesgarlo todo por su reino, es \u00abconsentir en perderlo todo&#8230; a fin de ganar a Cristo\u00bb, en sacrificar uno \u00ab[su] propia justicia, la que viene de la ley\u00bb para recibir \u00abla justicia&#8230; que viene de Dios y se apoya en la fe\u00bb (F1p 3,8s). Creer en Jesucristo es \u00abreconocer el amor que Dios nos tiene\u00bb y confesar que \u00abDios es Amor\u00bb (Jn 4,16), es llegar al centro de su misterio, ser justo.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">Todos los derechos: <em>Vocabulario de teolog\u00eda b\u00edblica<\/em>, X. L\u00e9on-Dufour<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Ser justificado es normalmente hacer uno que triunfe su causa sobre la de un adversario, hacer que resplandezca su derecho. Pero no es necesario que esto suceda delante de un tribunal ni que el adversario sea un enemigo. 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