{"id":2110,"date":"2019-02-22T09:50:29","date_gmt":"2019-02-22T15:50:29","guid":{"rendered":"http:\/\/www.ocdmx.org\/?p=2110"},"modified":"2019-07-22T09:55:47","modified_gmt":"2019-07-22T15:55:47","slug":"ley","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=2110","title":{"rendered":"Ley"},"content":{"rendered":"<p>El hebreo <em>torah <\/em>posee un significado m\u00e1s amplio, menos estrictamente jur\u00eddico que el griego <em>nomos, <\/em>por el que lo tradujeron los Setenta. Designa una \u00abense\u00f1anza\u00bb dada por Dios a los hombres para reglamentar su conducta. Se aplica ante todo al conjunto legislativo que la tradici\u00f3n del AT hac\u00eda depender de Mois\u00e9s. El NT, fund\u00e1ndose en este sentido del t\u00e9rmino, cl\u00e1sico en el juda\u00edsmo, llama \u00abla ley\u00bb a toda la econom\u00eda cuya pieza maestra era esta legislaci\u00f3n (Rom 5,20), por oposici\u00f3n al r\u00e9gimen de gracia inaugurado por Jesucristo (Rom 6,15; Jn 1, 17); sin embargo, habla tambi\u00e9n de la \u00abley de Cristo\u00bb (G\u00e1l 6,2). As\u00ed el lenguaje de la teolog\u00eda cristiana distingue los dos Testamentos, llam\u00e1ndolos \u00abley antigua\u00bb y \u00abley nueva\u00bb. Para recubrir toda la historia de la salvaci\u00f3n, reconoce adem\u00e1s la existencia de un r\u00e9gimen de \u00abley natural\u00bb (cf. Rom 2,14s) para todos los hombres que vivieron o viven al margen de los dos precedentes. De esta manera, tres etapas esenciales del designio de Dios est\u00e1n caracterizadas por la misma palabra, que subraya su aspecto \u00e9tico e institucional. \u00c9stas nos servir\u00e1n de hilo conductor.<\/p>\n<p>HASTA MOIS\u00c9S: LA LEY NATURAL. La expresi\u00f3n \u00abley natural\u00bb no figura en estos t\u00e9rminos en la Escritura; pero en ella se encuentra claramente la realidad designada por la f\u00f3rmula, aun cuando su evocaci\u00f3n se efect\u00fae por medio de procedimientos variados.<\/p>\n<p><em>Antiguo Testamento. <\/em>Los cap\u00edtulos 1-11 del G\u00e9nesis (y los raros textos paralelos) ofrecen una representaci\u00f3n en im\u00e1genes, del r\u00e9gimen religioso bajo el que se hallaban los hombres hasta la \u00e9poca decisiva de las promesas (Abraham y los patriarcas) y de la ley (Mois\u00e9s). Desde los or\u00edgenes se ve el hombre enfrentado con un precepto positivo que le expresa la voluntad de Dios (G\u00e9n 2,16s): en esto precisamente consiste la prueba del para\u00edso, y la transgresi\u00f3n de este mandamiento tiene como consecuencia la entrada de la muerte en el mundo (3,17ss; cf. Sab 224; Rom 5,12). Es evidente que en lo sucesivo no dej\u00f3 Dios al hombre sin ley. Existe para \u00e9l una regla moral, que Dios recuerda a Ca\u00edn (G\u00e9n 4,7) y que viola la generaci\u00f3n del diluvio (6,5). Existen tambi\u00e9n preceptos religiosos dados a No\u00e9 con la alianza divina (9,3-6), e instituciones cultuales puestas en pr\u00e1ctica por los hombres de entonces (4,3s; 8,20). Seg\u00fan sus actitudes frente a esta ley embrionaria son los hombres justos (4,3; 5,24; 6,9) o malos (4,4; 6,5. 11s; 11,1-9; cf. Sab 10,3ss).<\/p>\n<p><em>Nuevo Testamento. <\/em>La presentaci\u00f3n paulina del designio de salvaci\u00f3n no ignora esta etapa de la historia sagrada que va desde Ad\u00e1n hasta Mois\u00e9s (Rom 5,13s). En efecto, el r\u00e9gimen religioso que representa es todav\u00eda el mismo bajo el que se hallan las naciones paganas que no han tenido parte en la vocaci\u00f3n de Israel. Si Dios las dej\u00f3 seguir sus caminos (Act 14,16; cf. Rom 1,24-31) y buscar a tientas (Act 17,27) durante el tiempo de la ignorancia (17,30), sin embargo, no carec\u00edan de conocimiento de su voluntad: su ley estaba grabada en su coraz\u00f3n y se les revelaba a trav\u00e9s de la conciencia (Rom 2,14s). Por \u00abley\u00bb entiende aqu\u00ed Pablo esencialmente prescripciones de orden moral: acerca de \u00e9stas juzga Dios a los paganos (1,18; 2,12); y conforme a \u00e9stas los condena, ya que, conociendo el veredicto de Dios sobre los cr\u00edmenes humanos, todav\u00eda se hacen reos de ellos (1,32; cf. ya Am 1,2-2,3). Pero, como fuente de estas faltas morales, denuncia Pablo el pecado religioso, que revela la verdadera naturaleza de la desobediencia a la ley: no dar gloria a Dios, habi\u00e9ndole conocido (Rom 1,21).<\/p>\n<p>MOIS\u00c9S Y LA ANTIGUA LEY. El pueblo del AT, puesto aparte de las naciones, fue situado por Dios bajo un r\u00e9gimen diferente: el de la ley positiva, revelada por \u00e9l mismo, la <em>torah <\/em>de Mois\u00e9s.<\/p>\n<p>DIVERSIDAD DE LA LEY. 1. Esta ley se ha de buscar exclusivamente en <em>los cinco libros del Pentateuco. <\/em>La historia sagrada que describe el designio de Dios desde los or\u00edgenes hasta la muerte de Mois\u00e9s, est\u00e1 entreverada de textos legislativos. \u00c9stos tienen por marco la creaci\u00f3n (G\u00e9n 2,2s), la alianza de No\u00e9 (9,1-7), la alianza de Abraham (17,9-14), el \u00e9xodo (\u00c9x 12,1-28.43-51), la alianza del Sina\u00ed y la permanencia en el desierto (\u00c9x 20,1-17; 20,22-23,32; 25-31; 34,10-28; 35-40; Lv entero; N\u00fam 1,1-10,28; 15; 17-19; 26-30; 35; Dt casi entero).<\/p>\n<p>Tal cantidad de legislaci\u00f3n encierra <em>materiales de todos los \u00f3rdenes, <\/em>pues la <em>torah <\/em>reglamenta la vida del pueblo de Dios en todas las esferas. Prescripciones morales, particularmente marcadas en el Dec\u00e1logo (\u00c9x 20,2-17; Dt 5,6-21), hacen presentes las exigencias fundamentales de la conciencia humana con una precisi\u00f3n y una seguridad que los fil\u00f3sofos de la antig\u00fcedad pagana no alcanzaron en el mismo grado en todos los puntos. Prescripciones jur\u00eddicas, dispersas en varios c\u00f3digos, regulan el funcionamiento de las instituciones civiles (familiares, sociales, econ\u00f3micas, judiciales). Finalmente, prescripciones cultuales precisan lo que debe ser el culto de Israel, con sus ritos, sus ministros, sus condiciones de funcionamiento (reglas de pureza). Nada se deja al azar; v puesto que el pueblo de Dios tiene como sustrato una naci\u00f3n particular cuyas estructuras adopta, las mismas instituciones temporales de esta naci\u00f3n dependen del derecho religioso positivo.<\/p>\n<p>La misma variedad se observa en la <em>formulaci\u00f3n literaria de las leyes. <\/em>Algunos art\u00edculos de forma casu\u00edstica (p.e., \u00c9x 21,18&#8230;) pertenecen a un g\u00e9nero corriente en los antiguos c\u00f3digos orientales: el de las decisiones de justicia que les dieron origen. Otros (p. e., \u00c9x 21,17) recuerdan las maldiciones populares que acompa\u00f1aban a la ceremonia de la renovaci\u00f3n de la alianza (Dt 27,15&#8230;). Los mandamientos de forma apod\u00edctica (p.e., el Dec\u00e1logo) constitu\u00edan \u00f3rdenes directas por las que Dios daba a conocer sus voluntades a su pueblo. Finalmente, ciertos preceptos motivados tienen afinidad con la ense\u00f1anza de sabidur\u00eda (p.e., \u00c9x 22,25s). En general, son los mandamientos los que dan el tono. La <em>torah <\/em>de Israel se distingue as\u00ed netamente de los otros c\u00f3digos, que son sobre todo colecciones de decisiones de justicia; aparece ante todo como una ense\u00f1anza dada en forma imperativa en nombre de Dios mismo.<\/p>\n<p>Atendiendo a esta variedad, se dan a la <em>torah <\/em>en el AT <em>diversas<\/em> <em>apelaciones: <\/em>ense\u00f1anza <em>(torah), <\/em>testimonio, precepto, mandamiento, decisi\u00f3n (o juicio), palabra, voluntad, camino de Dios (cf. Sal 19,8-11; 119 <em>passim)&#8230; <\/em>As\u00ed se ve que desborda en todas formas los l\u00edmites de las legislaciones humanas.<\/p>\n<p>MISI\u00d3N DE LA LEY EN EL AT. 1. <em>La ley est\u00e1 en \u00edntima relaci\u00f3n con la<\/em> <em>alianza. <\/em>Cuando mediante la alianza constituye Dios a Israel en su pueblo particular, a\u00f1ade a esta elecci\u00f3n promesas cuya realizaci\u00f3n dominar\u00e1 la historia subsiguiente (Ex 23,22-33; Lev 26,3-13; Dt 28, 1-14). Pero tambi\u00e9n pone condiciones: Israel habr\u00e1 de obedecer a su voz y observar sus prescripciones, de lo contrario Caer\u00e1n sobre \u00e9l las maldiciones divinas (\u00c9x 23,21; Lev 26,14-45; Dt 28,15-68). Efectivamente, la ceremonia de la alianza comporta un compromiso a observar la ley divina (\u00c9x 19,7s; 24,7; cf. Jos 24,21-24; 2Re 23,3). \u00c9sta es, por tanto, una pieza maestra de la econom\u00eda religiosa que prepara a Israel para la venida de la salvaci\u00f3n. Sus mismas exigencias, por duras que parezcan, son en realidad una gracia, pues tienden a hacer de Israel el pueblo sabio por excelencia (Dt 4, 5-8) y a ponerlo en comuni\u00f3n con la voluntad de Dios. Constituyen un duro amaestramiento, gracias al cual el \u00abpueblo de ruda cerviz\u00bb hace el aprendizaje de la santidad que Dios aguarda de \u00e9l. Esto se aplica ante todo a los mandamientos morales del Dec\u00e1logo, centro de la <em>torah; <\/em>pero tambi\u00e9n se aplica a las prescripciones civiles y cultuales, que traducen concretamente su ideal en el marco de las instituciones israelitas. Este nexo de la ley con la alianza explica que en Israel <em>no haya otra ley m\u00e1s que la de Mois\u00e9s. <\/em>En efecto, Mois\u00e9s es el mediador de la alianza sobre la que est\u00e1 fundada la antigua econom\u00eda; es tambi\u00e9n, por tanto, el mediador por el que Dios da a conocer a su pueblo las exigencias que de ella se desprenden (Sal 103,7). Este hecho esencial se traduce en los textos de dos maneras. Ning\u00fan legislador humano, ni siquiera en la \u00e9poca de David y de Salom\u00f3n, pone jam\u00e1s su autoridad en lugar de la del creador de la naci\u00f3n ni la a\u00f1ade a \u00e9sta (ni siquiera Ez 40-48, aunque tal mosaico de inspiraci\u00f3n se integr\u00f3 a la <em>torah). <\/em>Viceversa, los textos legislativos se ponen siempre en boca de Mois\u00e9s y en el marco narrativo de la permanencia en el Sina\u00ed.<\/p>\n<p>Esto no quiere decir que la <em>torah <\/em>no se <em>desarrollara con el tiempo. <\/em>La cr\u00edtica interna descubre en ella con toda raz\u00f3n conjuntos literarios de tono y de car\u00e1cter variados. Esto indica que la herencia de Mois\u00e9s se transmiti\u00f3 por canales diversos, correlativos a las fuentes del Pentateuco. Repetidas veces fue refundido, adaptado a las necesidades de los tiempos, completado en puntos de detalle. El Dec\u00e1logo (\u00c9x 20,1-17) y el C\u00f3digo de la alianza (\u00c9x 20,22-\u00ab23,33) son as\u00ed reasumidos y ampliados por el Deuteronomio (Dt -5,2-21; 12-28) que muestra en el amor de Yahveh el primer mandamiento al que se reducen todos los dem\u00e1s (6,49). El c\u00f3digo de santidad (Lev 17-26) intenta otra s\u00edntesis cuyo <em>leitmotiv <\/em>es la imitaci\u00f3n del Dios santo (19,1). Las reformas sucesivas operadas por los reyes (1Re 15,12ss; 2Re 18,3-6; 22,1-23,25) toman siempre como base una <em>torah <\/em>mosaica en v\u00edas de desarrollo y de profundizaci\u00f3n. La obra final de Esdras, en relaci\u00f3n probable con la fijaci\u00f3n definitiva del Pentateuco, no hace sino consagrar el valor y la autoridad de esta ley tradicional (cf. Esd 7,1-26; Neh 8), cuyas bases y cuya orientaci\u00f3n esencial hab\u00edan sido fijadas por Mois\u00e9s.<\/p>\n<p>ISRAEL ANTE LA LEY. A lo largo del AT est\u00e1 la ley presente en todas partes: el pueblo se ve constantemente confrontado con sus exigencias; en los escritores sagrados aparece constantemente en el trasfondo del pensamiento.<\/p>\n<p>1.\u00a0<em>Los sacerdotes <\/em>son por funci\u00f3n los depositarios y los especialistas de la <em>torah (<\/em>Os 5,1; Jer 18,18; Ez 7,26): deben ense\u00f1ar al pueblo las decisiones y las instrucciones de Yahveh (Dt 33,10). Esta ense\u00f1anza, dada en el santuario (Dt 31,10s) concierne evidentemente a las materias cultuales (Lev 10,10s; Ez 22,26; Ag 2,11ss; Zac 7,3); pero versa tambi\u00e9n acerca de todo lo que ata\u00f1e a la conducta en la vida: los sacerdotes, int\u00e9rpretes de un dep\u00f3sito sagrado, tienen la misi\u00f3n de transmitir la ciencia religiosa, el conocimiento de los caminos de Yahveh (Os 4,6; Jer 5, 4s). De ellos, por tanto, provienen las compilaciones legislativas; bajo su autoridad se efectu\u00f3 el desarrollo de la <em>torah.<\/em><\/p>\n<p>2.\u00a0<em>Los profetas, <\/em>hombres de la palabra movidos por el Esp\u00edritu de Dios, reconocen la autoridad de esta <em>torah, <\/em>cuyo descuido reprochan incluso a los sacerdotes (cf. Os 4,6; Ez 22,26). Oseas conoce sus numerosos preceptos (Os 9,12), y los pecados que denuncia son ante todo violaciones del Dec\u00e1logo (4,1s). Jerem\u00edas predica la obediencia a las apalabras de la alianza\u00bb (Jer 11,1-12) para apoyar la reforma deuteron\u00f3mica (2Re 22). Ezequiel enumera pecados cuya lista parece tomada del c\u00f3digo de santidad (Ez 22,1-16.26). La alta moral que se les atribuye no hace sino reasumir y profundizar las exigencias de la <em>torah <\/em>mosaica.<\/p>\n<p>3.\u00a0No es extra\u00f1o que hallemos el mismo esp\u00edritu en los <em>historiadores de Israel. <\/em>Para los compiladores de las antiguas tradiciones la alianza sina\u00edtica es, en efecto, el verdadero punto de partida de la naci\u00f3n. En cuanto a los historiadores deuteron\u00f3micos (Dt, Jue, Sa, Re), escudri\u00f1an el sentido de los acontecimientos pasados a la luz de los criterios suministrados por el Deuteronomio. El historiador sacerdotal del Pentateuco hace lo mismo seg\u00fan la tradici\u00f3n legislativa de su ambiente. Finalmente, el cronista, cuando rehace a su manera la historia de la teocracia israelita, se deja guiar por el ideal que le ofrece un Pentateuco por fin ya fijado. En todo caso, censuras y elogios se dispensan a los hombres de otros tiempos seg\u00fan su actitud frente a la <em>torah. <\/em>La historia as\u00ed comprendida viene a ser una predicaci\u00f3n viva que induce al pueblo de Dios a la fidelidad.<\/p>\n<p>4.\u00a0<em>En los sabios, <\/em>la ense\u00f1anza de la misma <em>torah <\/em>se concreta en formas nuevas: la de las m\u00e1ximas en los Proverbios y en el Eclesi\u00e1stico; la de una biograf\u00eda ejemplar en el libro de Tob\u00edas. M\u00e1s a\u00fan: el Sir\u00e1cida proclama expl\u00edcitamente que la sabidur\u00eda aut\u00e9ntica no es otra cosa que la ley (Eclo 24,23&#8230;); puso su tienda en Israel cuando fue dada la ley por Mois\u00e9s (24,8&#8230;). En un juda\u00edsmo que hab\u00eda vuelto por fin a la fidelidad desde la prueba del exilio, los salmistas pueden, por tanto, cantar la grandeza de la ley divina (Sal 19, 8&#8230;), don supremo que Dios no ha hecho a ninguna otra naci\u00f3n (Sal 147,19s). Proclamando su amor para con ella (Sal 119) dejan entrever el amor para con Dios mismo, traduciendo excelentemente lo que constituye en esta \u00e9poca el fondo de la piedad jud\u00eda.<\/p>\n<p>5.\u00a0En efecto, despu\u00e9s de Esdras <em>la comunidad de Israel <\/em>sit\u00faa definitivamente la <em>torah <\/em>en el centro de su vida. Se puede medir el fervor de esta adhesi\u00f3n cuando se ve a Ant\u00edoco Ep\u00edfanes intentar cambiar los tiempos sagrados y la ley (Dan 7, 25; 1Mac 1,41-51). Entonces el amor a la <em>torah <\/em>produce m\u00e1rtires (1Mac 1,57-63; 2,29- 38; 2Mac 6,18-28; 7, 2&#8230;). Desde luego, al lado de ellos hay tambi\u00e9n traidores que se helenizan; pero la sublevaci\u00f3n macabea, suscitada por a el celo de la ley\u00bb (1Mac 2,27), restaura finalmente el orden tradicional, que en adelante no se volver\u00e1 ya a discutir. El \u00fanico problema que dividir\u00e1 entre s\u00ed a los doctores y a las sectas ser\u00e1 el de la interpretaci\u00f3n de esta <em>torah <\/em>en la que todos ver\u00e1n la \u00fanica regla de vida. Mientras que los saduceos se atendr\u00e1n a la <em>torah <\/em>escrita, cuyos int\u00e9rpretes aut\u00e9nticos ser\u00e1n a sus ojos s\u00f3lo los sacerdotes, los fariseos reconocer\u00e1n la misma autoridad a la <em>torah <\/em>oral, es decir, a la tradici\u00f3n de los mayores, y la secta de Qumr\u00e1n (probablemente esenia) acentuar\u00e1 todav\u00eda m\u00e1s el culto del legislador (es decir, de Mois\u00e9s), interpret\u00e1ndolo seg\u00fan criterios propios. Esta adhesi\u00f3n a la ley constituye la grandeza del juda\u00edsmo. Sin embargo, implica diversos peligros. El primero consiste en poner en el mismo plano todos los preceptos, religiosos y morales, civiles y cultuales, sin ordenarlos correctamente en torno a lo que debiera ser siempre su centro (Dt 6,4&#8230;). El culto a la ley, transformado en legalismo meticuloso y entregado a las sutilezas de los casuistas, carga entonces a los hombres con un yugo imposible de llevar (Mt 23,4; Act 15,10). El segundo peligro, todav\u00eda m\u00e1s radical, est\u00e1 en fundar la justicia del hombre ante Dios no en la gracia divina, sino en la obediencia a los mandamientos y en la pr\u00e1ctica de las buenas obras, como si el hombre fuera capaz de justificarse por s\u00ed mismo. El NT deber\u00e1 atacar de frente estos dos problemas.<\/p>\n<p>HACIA UNA LEY NUEVA. Ahora bien, el mismo AT testimoniaba que en los \u00faltimos tiempos, con la nueva alianza sufrir\u00eda tambi\u00e9n la ley una profunda transformaci\u00f3n. Esta <em>torah <\/em>que el Dios de Israel ense\u00f1ar\u00eda a todos los pueblos sobre la monta\u00f1a santa (Is 2,3), esta regla que el siervo de <em>Yahveh <\/em>traer\u00eda a la tierra (Is 42,1.4) \u00bfno superar\u00edan en valor religioso a las que hab\u00eda dado Mois\u00e9s? Es cierto que los or\u00e1culos prof\u00e9ticos no dan ninguna precisi\u00f3n sobre su contenido exacto: s\u00f3lo Ezequiel intenta .un esbozo con un esp\u00edritu de lo m\u00e1s tradicionalista (Ez 40-48). Pero lo que se afirma es que se modificar\u00e1 la relaci\u00f3n de los hombres con la ley. No se tratar\u00e1 ya solamente de una ley exterior al hombre, grabada en planchas de piedra: estar\u00e1 escrita en el fondo de los corazones, de modo que todos tengan el conocimiento de Yahveh (Jer 31,33) que faltaba al pueblo de la antigua alianza (Os 4,2). Porque tambi\u00e9n se cambiar\u00e1n los corazones, y bajo el impulso interior del Esp\u00edritu divino observar\u00e1n finalmente los hombres las leyes y las prescripciones de Dios (Ez 36,26s). Tal ser\u00e1 la nueva ley que Cristo aportar\u00e1 al mundo.<\/p>\n<p>JES\u00daS Y LA NUEVA LEY.<\/p>\n<p>LA ACTITUD PERSONAL DE JES\u00daS.<\/p>\n<p>1.\u00a0La actitud de Jes\u00fas frente a la antigua ley es clara, pero matizada. Si se opone con violencia a la tradici\u00f3n de los antiguos, cuyos promotores son los escribas y los fariseos, no hace lo mismo con la ley. Por el contrario, si recusa esta tradici\u00f3n es porque lleva a los hombres a violar la ley y a anular la palabra de Dios (Mc 12,28-34 p). Ahora bien, en el reino de Dios no debe ser abolida la ley, sino cumplida hasta la \u00faltima jota (Mt 5,17ss), y Jes\u00fas mismo la observa (cf. 8,4). En la medida en que los escribas son fieles a Mois\u00e9s se debe reconocer su autoridad, aun cuando no haya que imitar su conducta (23,2s). Y, sin embargo, Jes\u00fas, al anunciar el Evangelio del reino, inaugura un r\u00e9gimen religioso radicalmente nuevo: la ley y los profetas han terminado con Juan Bautista (Le 16,16 p); el vino del Evangelio no puede verterse en los viejos odres del r\u00e9gimen sina\u00edtico (Mc 2, 21s p). \u00bfEn qu\u00e9 consiste, pues, el cumplimiento de la ley que Jes\u00fas aporta a la tierra? Por lo pronto en una reordenaci\u00f3n de los diversos preceptos. \u00c9sta es muy diferente de la jerarqu\u00eda de valores establecida por los escribas, que descuidan lo principal (justicia, misericordia, buena fe) para salvar lo accesorio (Mt 23, 16-26). Adem\u00e1s, las imperfecciones que comportaba todav\u00eda la antigua ley a causa de la dureza de los corazones\u00bb (19,8) deben desaparecer en el reino: la regia de conducta que en \u00e9l se observar\u00e1 es una ley de perfecci\u00f3n, a imitaci\u00f3n de la perfecci\u00f3n de Dios (5,21- 48). Ideal impracticable si se compara con la condici\u00f3n actual del hombre (cf. 19, 10). As\u00ed pues, Jes\u00fas aporta, al mismo tiempo que esta ley, un ejemplo que arrastra y una fuerza interior que permita observarla: la fuerza del Esp\u00edritu (Act 1,8; Jn 16,13). Finalmente, la ley del reino se resume en el doble mandamiento, ya formulado antiguamente. que prescribe al hombre amar a Dios y amar al pr\u00f3jimo como a s\u00ed mismo (Mc 12, 28-34 p); todo se ordena en torno a esto; todo deriva de aqu\u00ed. En las relaciones de los hombres entre s\u00ed esta regla de oro de caridad positiva contiene la ley y los profetas (Mt 7,12).<\/p>\n<p>2.\u00a0A trav\u00e9s de estas tomas de posici\u00f3n aparece ya Jes\u00fas bajo los rasgos de un legislador. Sin contradecir en modo alguno a Mois\u00e9s, lo explica, lo prolonga, perfecciona sus ense\u00f1anzas; as\u00ed, cuando proclama la superioridad del hombre sobre el s\u00e1bado (Mc 2.23-27 p; cf. Jn 5,18; 7,21ss). Se da, sin embargo, tambi\u00e9n el caso de que rebasando la letra de los textos oponga normas nuevas; por ejemplo, invierte las reglamentaciones del c\u00f3digo de pureza (Mc 7, 15-23 p). Tales actitudes sorprenden a sus oyentes, pues descuellan sobre las de los escribas y revelan la conciencia de una autoridad singular (1,22 p). Ahora se esfuma Mois\u00e9s; en el reino no hay ya m\u00e1s que un solo doctor (Mt 23,10). Los hombres deben escuchar su palabra y ponerla en pr\u00e1ctica (7,24ss), porque as\u00ed es como har\u00e1n la voluntad del Padre (7,21ss). Y as\u00ed como los jud\u00edos fieles, seg\u00fan la expresi\u00f3n rab\u00ednica, se cargaban con el yugo de la ley, as\u00ed hay que cargarse ahora con el yugo de Cristo y seguir sus ense\u00f1anzas (11, 29). M\u00e1s a\u00fan: as\u00ed como hasta entonces la suerte eterna de los hombres estaba determinada por su actitud para con la ley, as\u00ed lo estar\u00e1 en adelante por su actitud frente a Jes\u00fas (10,32s). No cabe duda de que aqu\u00ed hay algo m\u00e1s que Mois\u00e9s; la nueva ley anunciada por los profetas es ahora promulgada.<\/p>\n<p>EL PROBLEMA EN EL CRISTIANISMO PRIMITIVO. 1. Jes\u00fas no hab\u00eda condenado la pr\u00e1ctica de la ley jud\u00eda; incluso se hab\u00eda conformado con ella en lo esencial, ya se tratara del impuesto del templo (Mt 17,24-27) o de la ley de la pascua (Mc 14, 12ss). Tal fue tambi\u00e9n en un principio la actitud de la comunidad apost\u00f3lica, asidua al templo (Act 2, 46), cuyos \u00abelogios celebraban\u00bb las multitudes jud\u00edas (5,13). A\u00fan usando de ciertas libertades que autorizaba el ejemplo de Jes\u00fas (9,43), en ella se observaban las prescripciones legales y hasta se impon\u00edan pr\u00e1cticas de piedad supererogatorias (18,18; 2I,23s), y entre los fieles no faltaban partidarios celosos de la ley (21,20). 2. Pero un nuevo problema se plante\u00f3 cuando paganos incircuncisos abrazaron la fe sin pasar por el juda\u00edsmo. Pedro mismo bautiz\u00f3 al centuri\u00f3n Cornelio despu\u00e9s que una visi\u00f3n divina le hubo ordenado que tuviera por puros a los que Dios ha purificado por la fe y el don del Esp\u00edritu (Act 10). La oposici\u00f3n de los celadores de la ley (11,2s) cedi\u00f3 ante la evidencia de una intervenci\u00f3n divina (11,4-18). Pero una conversi\u00f3n en masa de griegos en Antioqu\u00eda (11, 20) avalada por Bernab\u00e9 y Pablo (11,22-26) volvi\u00f3 a atizar la querella. Observantes venidos de Jerusal\u00e9n, y m\u00e1s exactamente del contorno de Santiago (G\u00e1l 1,12), quisieron forzar a los convertidos a la observancia de la <em>torah <\/em>(Act 15,1s.5). Pedro, de visita en la iglesia de Antioqu\u00eda, trat\u00f3 de soslayar esta dificultad (G\u00e1l 2,lls). S\u00f3lo Pablo se levant\u00f3 para afirmar la libertad de los paganos convertidos por lo que se refer\u00eda a las pr\u00e1cticas legales (G\u00e1l 2, 14-21). En una reuni\u00f3n plenaria tenida en Jerusal\u00e9n, Pedro y Santiago le dieron finalmente la raz\u00f3n (Act 15,7-19): Tito, compa\u00f1ero de Pablo, no fue siquiera obligado a la circuncisi\u00f3n, y la \u00fanica condici\u00f3n que se puso a la comunidad cristiana fue una limosna para la Iglesia madre (G\u00e1l 2,1-10). Se a\u00f1adi\u00f3 una regla pr\u00e1ctica destinada a facilitar la comunidad de mesa en las Iglesias de Siria (Act 15,20s; 21,25). Esta decisi\u00f3n liberadora dej\u00f3, no obstante, subsistir en los celantes de la ley un sordo descontento frente a Pablo (cf. 21,21).<\/p>\n<p>EL PENSAMIENTO DE SAN PABLO. Pablo, en su apostolado en tierra pagana, no tarda en encontrarse con estos oponentes judeocristianos, particularmente en Galacia, donde han organizado una contramisi\u00f3n siguiendo sus huellas (G\u00e1l 1,6s; 4,17s). Esto le ofrece la ocasi\u00f3n de exponer su pensamiento sobre la ley. Pablo es predicador del \u00fanico Evangelio. Ahora bien, seg\u00fan \u00e9ste, <em>el hombre no es justificado sino por la fe en Jesucristo, no por las obras de la ley <\/em>(G\u00e1l 2,16; Rom 3,28). El alcance de este principio es doble. Por una parte denuncia Pablo la inutilidad de las pr\u00e1cticas cultuales propias del juda\u00edsmo, circuncisi\u00f3n (G\u00e1l 6,12) y observancias (4,10); la ley as\u00ed entendida se reduce a las instituciones de la antigua alianza. Por otra parte, se enfrenta Pablo con una falsa representaci\u00f3n de la econom\u00eda de la salvaci\u00f3n, seg\u00fan la cual el hombre merecer\u00eda su propia justificaci\u00f3n por su observancia de la ley divina, siendo as\u00ed que en realidad es justificado gratuitamente por el sacrificio de Cristo (Rom 3,21-26; 4,4s); aqu\u00ed se trata incluso de los mandamientos de orden moral.<\/p>\n<p>Una vez sentado esto cabe preguntar cu\u00e1l fue <em>la raz\u00f3n de ser de esta ley en el designio de la salvaci\u00f3n. <\/em>No cabe duda, en efecto, que viene de Dios; aunque dada a los hombres por intermedio de !os \u00e1ngeles, lo cual es ya una se\u00f1al de su inferioridad (G\u00e1l 3,19), es santa y espiritual (Rom 7,12.14), es uno de los privilegios de Israel (9,4). Pero por s\u00ed misma es impotente para salvar al hombre carnal, vendido al poder del pecado (7,14). Incluso si se la considera bajo su aspecto moral, no hace sino dar conocimiento del bien, pero no la fuerza para cumplirlo (7,16ss): da el conocimiento del pecado (3,20; 7,7; 1Tim 1,8), no el poder de sustraerse a \u00e9l: los jud\u00edos que la poseen y buscan su justicia (Rom 9,31) son pecadores al igual que los paganos (2,17-24; 3,1-20). En lugar de librar a los hombres del mal, se puede decir que los sume en \u00e9l; los condena a una maldici\u00f3n, de la que s\u00f3lo Cristo puede retirarlos tom\u00e1ndola sobre s\u00ed (G\u00e1l 3,10-14). La ley; pedagogo y tutor del pueblo de Dios en estado de infancia (3,23s; 4,lss), le hac\u00eda desear una justicia imposible, para hacerle mejor comprender su necesidad absoluta del \u00fanico salvador.<\/p>\n<p>Una vez que ha venido este salvador, el pueblo de Dios no est\u00e1 ya sometido al pedagogo (G\u00e1l 3,25). Cristo, liberando al hombre del pecado (Rom 6,1-19), lo libera tambi\u00e9n de la tutela de la ley (7,1-6). Quita la contradicci\u00f3n interior que hac\u00eda a la conciencia humana prisionera del mal (7,14-25); as\u00ed pone fin al r\u00e9gimen provisional: es el t\u00e9rmino de la ley (10,4), pues hace que los creyentes tengan acceso a la justicia de la fe (10,5-13). \u00bfQu\u00e9 decir? \u00bfQue ahora ya no hay regla de conducta concreta para los que creen en Cristo? Nada de eso. Si es verdad que han caducado las reglas jur\u00eddicas y cultuales relativas a las instituciones de Israel, subsiste el ideal moral de los mandamientos, resumido en el precepto del amor que es la consumaci\u00f3n y la plenitud de la ley (13,8ss). Pero este mismo ideal se destaca de la antigua econom\u00eda. Es transfigurado por la presencia de Cristo que lo realiz\u00f3 en su vida. Hecho \u00abley de Cristo\u00bb (G\u00e1l 6,2; cf. 1Cor 9,21), no es ya exterior al hombre: el Esp\u00edritu de Dios lo graba en nuestros corazones cuando derrama en ellos la caridad (Rom 5,5; cf. 8,14ss). Su puesta en pr\u00e1ctica es el fruto normal del Esp\u00edritu (G\u00e1l 5,16-23). San Pablo se sit\u00faa en esta perspectiva cuando traza un cuadro del ideal moral que se impone al cristiano. Entonces puede enumerar reglas de conducta tanto m\u00e1s exigentes cuanto que tienen por fin la santidad cristiana (1Tes 4,3); puede incluso entrar en la casu\u00edstica, buscando luz en las palabras de Jes\u00fas (1Cor 7,10). Esta ley nueva no es como la antigua. Realiza la promesa de una alianza inscrita en los corazones (2Cor 3,3).<\/p>\n<p>LOS OTROS ESCRITOS APOST\u00d3LICOS. 1. <em>La ep\u00edstola a los Hebreos <\/em>enfoca la ley desde el \u00e1ngulo del culto, refiri\u00e9ndose, desde luego, a la econom\u00eda antigua. El autor conoce las ceremonias que se hacen seg\u00fan sus prescripciones (Heb 7,5s; 8,4; 9,19.22; 10,8). Pero sabe tambi\u00e9n que esta ley no pudo alcanzar la meta a que aspiraba, la santificaci\u00f3n de los hombres: la ley no ha consumado nada (7,19). En efecto, s\u00f3lo conten\u00eda la sombra de los bienes venideros (10,1), figura imperfecta del sacrificio de Jes\u00fas; por el contrario, la nueva econom\u00eda contiene la realidad de estos bienes, puesta a nuestro alcance bajo una imagen (10,1) que los comunica traduci\u00e9ndolos sensiblemente. Por eso, al mismo tiempo que el sacerdocio de Jes\u00fas sustitu\u00eda a un sacerdocio provisional, se produjo un cambio de la ley (7,12). Y con esto se realiz\u00f3 la promesa prof\u00e9tica de una ley inscrita en los corazones (8,10; 10,16).<\/p>\n<p><em>La ep\u00edstola de Santiago <\/em>habla de la ley s\u00f3lo desde el \u00e1ngulo de sus prescripciones morales, avaladas por la ense\u00f1anza de Jes\u00fas. La ley as\u00ed comprendida no es un elemento de la econom\u00eda antigua, ahora ya abrogada. Es la ley perfecta de libertad a la que todos estamos sometidos (Sant 1,25). Tiene por remate la regia ley del amor (2,8); pero ninguna de sus otras prescripciones debe dejarse olvidada, pues de lo contrario ser\u00edamos, como transgresores de las mismas, juzgados seg\u00fan ellas (2,10-13; cf. 4,11). La nueva ley no es menos exigente para el hombre que la antigua.<\/p>\n<p><em>En el vocabulario de Juan <\/em>la palabra ley designa siempre la ley de Mois\u00e9s (Jn 1,17.45; 7,19.23), la ley de los jud\u00edos (7,49.51; 12,34; 18,31; 19,7), \u00abvuestra ley\u00bb, como dice Jes\u00fas (8,17; 10,34). A este empleo peyorativo se opone el de la palabra \u00abmandamiento\u00bb. Jes\u00fas mismo recibi\u00f3 del Padre mandamientos y los gu\u00e1rd\u00f3, puesto que son vida eterna (12, 49s). Recibi\u00f3 el mandamiento de dar su vida, lo cual es el mayor amor (15,13); ahora bien, este mandamiento era la se\u00f1al misma del amor del Padre para con \u00e9l (Jn 10,17s). As\u00ed tambi\u00e9n los cristianos deben guardar los mandamientos de Dios (Un 3,22). Estos mandamientos consisten en creer en Cristo (1Jn 3,23) y en vivir en la verdad (2Jn 4). No son diferentes de los de Cristo mismo, cuya doctrina viene del Padre (Jn 7,16s): obedecer a los mandamientos de Dios y guardar el testimonio de Jes\u00fas es una misma cosa (Ap 12, 17; 14,12).<\/p>\n<p>As\u00ed Juan pone empe\u00f1o en recordar los mandamientos personales de Jes\u00fas. Hay que guardarlos para conocerlos verdaderamente (Jn 2,3s), para tener su amor en nosotros (1Jn 2,5), para permanecer en su amor (Jn 14,15; 2Jn 5), as\u00ed como \u00e9l guarda los mandamientos de su Padre y permanece en su amor (Jn 15,10). Guardar los mandamientos: tal es el signo del amor verdadero (Jn 14, 21; 1Jn 5,2s; 2Jn 6). Entre estos mandamientos hay uno que es el mandamiento por excelencia, antiguo y nuevo al mismo tiempo: es el mandamiento del amor fraterno (Jn 13,14; 15,12; Un 2,7s), que fluye del amor de Dios (1Jn 4,21). De esta manera el testimonio de Juan converge con el de Pablo y con el de los otros evangelistas. Con la abrogaci\u00f3n de la ley, caducada desde que Jes\u00fas fue condenado seg\u00fan sus prescripciones (Jn 18,31; 19,7), ha nacido una nueva ley, que es de otra naturaleza y que enlaza con la palabra de Jes\u00fas. Esta ley es para siempre la regla de la vida cristiana.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">Todos los derechos: <em>Vocabulario de teolog\u00eda b\u00edblica<\/em>, X. L\u00e9on-Dufour<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El hebreo torah posee un significado m\u00e1s amplio, menos estrictamente jur\u00eddico que el griego nomos, por el que lo tradujeron los Setenta. Designa una \u00abense\u00f1anza\u00bb dada por Dios a los hombres para reglamentar su conducta. 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