{"id":2113,"date":"2019-02-22T09:57:39","date_gmt":"2019-02-22T15:57:39","guid":{"rendered":"http:\/\/www.ocdmx.org\/?p=2113"},"modified":"2019-07-22T10:02:08","modified_gmt":"2019-07-22T16:02:08","slug":"liberacion-libertad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=2113","title":{"rendered":"Liberaci\u00f3n, libertad"},"content":{"rendered":"<p>\u00abHermanos, hab\u00e9is sido llamados a la libertad\u00bb (G\u00e1l 5,13): \u00e9ste es uno de los aspectos esenciales del evangelio de la salvaci\u00f3n; Jes\u00fas vino a \u00abanunciar a los cautivos la liberaci\u00f3n, a devolver la libertad a los oprimidos\u00bb (Lc 4,18). Su intervenci\u00f3n es eficaz para todos: paganos de otro tiempo, que se sent\u00edan regidos por la fatalidad, y jud\u00edos que se negaban a confesarse esclavos (Jn 8,33), pero tambi\u00e9n masas humanas de hoy d\u00eda, que aspiran confusamente a una liberaci\u00f3n total. Cierto, hay libertad y libertad. La Biblia no da definici\u00f3n; hace algo mejor: traza un camino. Muestra c\u00f3mo Dios se cuid\u00f3 de liberar a su pueblo (I), y c\u00f3mo la fe en Cristo hace posible la aut\u00e9ntica libertad (II).<\/p>\n<p>LA LIBERACI\u00d3N DE ISRAEL. 1. <em>La salida de Egipto. <\/em>Un acontecimiento fundamental marc\u00f3 los or\u00edgenes del pueblo elegido, su liberaci\u00f3n por Dios de la servidumbre de Egipto (\u00c9x 1-15). El AT emplea a este prop\u00f3sito sobre todo dos verbos caracter\u00edsticos, el primero de los cuales <em>(g\u00e1al: <\/em>\u00c9x 6,6; Sal 74,2; 77,16) es un t\u00e9rmino de derecho familiar, mientras que el segundo <em>(p\u00e1d\u00e1h: <\/em>Dt 7,8; 9,26; Sal 78,42) pertenece originariamente al derecho comercial (\u00abliberar contra equivalente\u00bb). Pero los dos verbos son pr\u00e1cticamente sin\u00f3nimos cuando tienen por sujeto a Dios, y en la inmensa mayor\u00eda de los casos la LXX los tradujo de la misma manera (por <em>lytrusthai, <\/em>con frecuencia traducido en lat\u00edn por <em>red\u00edmere). <\/em>La etimolog\u00eda del verbo griego <em>(lytron, <\/em>\u00abrescate\u00bb) no debe inducir a error acerca de su significado: el conjunto de los textos b\u00edblicos muestra que la primera redenci\u00f3n fue una liberaci\u00f3n victoriosa, y que Yahveh no pag\u00f3 rescate alguno a los opresores de Israel.<\/p>\n<p><em>Dios, el \u00abg\u00f3el\u00bb de Israel. <\/em>Cuando las infidelidades del pueblo de Dios dieron por resultado la ruina de Jerusal\u00e9n y el exilio, la liberaci\u00f3n de los jud\u00edos deportados a Babilonia fue una segunda redenci\u00f3n, cuya buena nueva constituye el mensaje principal de Is 40-55, Yahveh, el Santo de Israel, es su \u00ablibertador\u00bb, su <em>g\u00f3\u00e9l <\/em>(Is 43,14; 44,6.24; 47,4; cf. Jer 50,34).<\/p>\n<p>En el antiguo derecho hebreo, el <em>g\u00f3\u00e9l <\/em>es el pariente pr\u00f3ximo, a quien incumbe el deber de defender a los suyos, ya se trate de mantener el patrimonio familiar (Lev 25,23ss), de liberar a un \u00abhermano\u00bb ca\u00eddo en esclavitud (Lev 25,26-49), de proteger a una viuda (Rut 4,5) o de vengar a un pariente asesinado (N\u00fam 35, 19ss). El empleo del t\u00edtulo de <em>g\u00f3\u00e9l <\/em>en ls 40-55 sugiere la persistencia de un v\u00ednculo de parentesco entre Yahveh e Israel: por raz\u00f3n de la alianza contra\u00edda en tiempos del primer \u00c9xodo (cf. ya \u00c9x 4,22), la naci\u00f3n escogida es, a pesar de sus faltas, la esposa de Yahveh (Is 50,1). Es manifiesto el paralelismo entre las dos liberaciones (cf. Is 10,25ss; 40,3); la segunda es gratuita no menos que la primera (Is 45,13; 52,3), y la misericordia de Dios aparece en ella todav\u00eda m\u00e1s, puesto que el exilio era el castigo de los pecados del pueblo.<\/p>\n<p><em>La espera de la liberaci\u00f3n definitiva. <\/em>Otras pruebas deb\u00edan todav\u00eda caer sobre el pueblo elegido, el cual, en sus tribulaciones, no cesar\u00e1 de invocar el auxilio de Dios (cf. Sal 25, 21; 44,27) y de acordarse de la primera redenci\u00f3n, prenda asegurada y figura de todas las dem\u00e1s: \u00abNo descuides esta porci\u00f3n que te pertenece, que para ti rescataste de la tierra de Egipto\u00bb (oraci\u00f3n de Mardoqueo en Est 4,17 g LXX; cf. 1Mac 4,8-11). Los \u00faltimos siglos que preceden a la venida del Mes\u00edas est\u00e1n marcados por la espera de la \u00abliberaci\u00f3n definitiva\u00bb (traducci\u00f3n del <em>Targum <\/em>en Is 45,17; cf. Heb 9,12), y las oraciones m\u00e1s oficiales del juda\u00edsmo piden al <em>g\u00f3\u00e9l <\/em>de Israel que acelere el d\u00eda.<\/p>\n<p>Sin duda m\u00e1s de un jud\u00edo aguardaba sobre todo del Se\u00f1or la liberaci\u00f3n del yugo impuesto por las naciones a la tierra santa, y quiz\u00e1s era as\u00ed como los peregrinos de Ema\u00fas se representaban el quehacer del \u00abque liberar\u00eda a Israel\u00bb (Lc 24,21). Pero esto no excluye que la \u00e9lite espiritual (cf. Lc 2,38) pudiera cargar esta esperanza con un contenido religioso m\u00e1s aut\u00e9ntico, como el que se expresaba ya al final del Salmo 130, 8: \u00abEl Se\u00f1or liberar\u00e1 a Israel de todas sus culpas.\u00bb En efecto, la verdadera liberaci\u00f3n implicaba la purificaci\u00f3n del resto llamado a participar de la santidad de su Dios (cf. Is 1,27; 44,22; 59,20).<\/p>\n<p><em>Prolongaciones personales y sociales. <\/em>En el plano personal la liberaci\u00f3n operada por Dios en favor de su pueblo se prolonga en cierto modo en la vida de cada fiel (cf. 2Sa 4,9): \u00abPor la vida de Yahveh que me libr\u00f3 de toda aflicci\u00f3n\u00bb), y \u00e9ste es un tema frecuente en la oraci\u00f3n de los Salmos. A veces el salmista se expresa en t\u00e9rminos generales, sin precisar a qu\u00e9 peligro est\u00e1 o ha estado expuesto (Sal 19,15; 26,11); otras veces dice tener que hab\u00e9rselas con adversarios que atentan contra su vida (Sal 55,19; 69,19), o bien su oraci\u00f3n es la de un enfermo grave que morir\u00eda sin la intervenci\u00f3n de Dios (Sal 103,3s). Pero ya est\u00e1n echados los fundamentos para una esperanza m\u00e1s profundamente religiosa (cf. Sal 31,6; 49,16).<\/p>\n<p>En el plano social la misma legislaci\u00f3n b\u00edblica est\u00e1 marcada con el recuerdo de la primera liberaci\u00f3n de Israel, sobre todo en la corriente deuteronomista: al esclavo hebreo se le deb\u00eda dar libertad el s\u00e9ptimo a\u00f1o para honrar lo que Yahveh hab\u00eda hecho por los suyos (Dt 15,12-15; cf. Jer 34,8-22). Por lo dem\u00e1s, no siempre se respetaba la ley; as\u00ed, aun despu\u00e9s del retorno del exilio, Nehem\u00edas tendr\u00e1 que alzarse contra las exacciones de algunos de sus compatriotas que no vacilaban en reducir a esclavitud a sus hermanos \u00abrescatados\u00bb (Neh 5,1-8). Y sin embargo, \u00abdejar en libertad a los oprimidos, romper todos los yugos\u00bb es una de las formas del \u00abayuno que agrada a Yahveh\u00bb (Is 58,6).<\/p>\n<p>LA LIBERTAD DE LOS HIJOS DE DIOS. <em>1. Cristo, nuestro libertador. <\/em>La liberaci\u00f3n de Israel era s\u00f3lo prefiguraci\u00f3n de la redenci\u00f3n cristiana. Cristo es, en efecto, quien instaura el r\u00e9gimen de la libertad perfecta y definitiva para todos, jud\u00edos y paganos, los que se adhieren a \u00e9l en la fe y en la caridad.<\/p>\n<p>Pablo y Juan son los principales heraldos de la libertad cristiana. El primero la proclama sobre todo en la ep\u00edstola a los G\u00e1latas \u00abPara que fu\u00e9ramos libres nos liber\u00f3 Cristo&#8230; Hermanos, hab\u00e9is sido llamados a la libertad\u00bb (G\u00e1l 5,1.13; cf. 4,26.31; 1Cor 7,22; 2Cor 3,17). Juan, por su parte, insiste en el principio de la verdadera libertad, la fe que acoge la palabra de Jes\u00fas: \u00abLa verdad os har\u00e1 libres; &#8230; si el Hijo os librare, ser\u00e9is verdaderamente libres\u00bb (Jn 8,32.36).<\/p>\n<p><em>Naturaleza de la libertad cristiana. <\/em>La libertad cristiana, aunque tiene repercusiones en el plano social, de lo cual da un testimonio espl\u00e9ndido la ep\u00edstola a Filem\u00f3n, se sit\u00faa por encima de \u00e9l. Accesible tanto a los esclavos como a los hombres libres, no presupone un cambio de condici\u00f3n (1Cor 7,21). En el mundo grecorromano, en el que la libertad civil constitu\u00eda el fundamento mismo de la dignidad, este hecho sonaba a paradoja; pero as\u00ed se manifestaba el valor mucho m\u00e1s radical de la emancipaci\u00f3n ofrecida por Cristo. Esta emancipaci\u00f3n no se confunde tampoco con el ideal de los sabios, los estoicos y otros, que con la reflexi\u00f3n y el esfuerzo moral trataban de adquirir el perfecto dominio de s\u00ed mismos y de establecerse en una inviolable tranquilidad interior. La liberaci\u00f3n del cristiano, lejos de ser fruto de una doctrina abstracta e intemporal, resulta de un acontecimiento hist\u00f3rico, la muerte victoriosa de Jes\u00fas, y de un contacto personal, la adhesi\u00f3n a Cristo en el bautismo.<\/p>\n<p>Su eficacia se traduce en un terreno triple: respecto al pecado, a la muerte, a la ley.<\/p>\n<p><em>El pecado <\/em>es el verdadero d\u00e9spota, de cuyo yugo nos arranca Jesucristo. En Rom 1-3 describe Pablo el rigor de la tiran\u00eda universal que ejerc\u00eda el pecado en el mundo; pero lo hace para poner tanto m\u00e1s de relieve la sobreabundancia de la gracia (Rom 5,15.20; 8,2). El bautismo, asoci\u00e1ndonos al misterio de la muerte y de la resurrecci\u00f3n de Cristo, puso fin a nuestra servidumbre (Rom 6,6). Con esta liberaci\u00f3n se realiza lo esencial de la espera del AT, tal como la comprend\u00eda la \u00e9lite de Israel (cf. Lc 1,68-75). Citando Pablo a ls 59,20, seg\u00fan los LXX, destaca bien el car\u00e1cter espiritual de esta liberaci\u00f3n: \u00abDe Si\u00f3n vendr\u00e1 el libertador, que quitar\u00e1 las impiedades de en medio de Jacob\u00bb (Rom 11,26). Y el Ap\u00f3stol revela en otro lugar a los paganos el \u00abmisterio\u00bb de su pleno acceso a los privilegios del pueblo elegido; las maravillas de la primera liberaci\u00f3n se han renovado para todos nosotros: \u00abDios nos ha sustra\u00eddo al imperio de las tinieblas y nos ha transferido al reino de su Hijo muy amado, en quien tenemos la redenci\u00f3n, la remisi\u00f3n de los pecados\u00bb (Col I,13s).<\/p>\n<p><em>La muerte. <\/em>La muerte, compa\u00f1era del pecado (G\u00e9n 2,17; Sab 2,23s; Rom 5,12), es tambi\u00e9n vencida; ha perdido su veneno (1Cor 15,56). Los cristianos no est\u00e1n ya esclavizados por su temor (Heb 2,14s). Desde luego, la liberaci\u00f3n en este punto no ser\u00e1 perfecta sino en la resurrecci\u00f3n gloriosa (1Cor 15,26. 54s) y nosotros estamos todav\u00eda \u00aben espera de la redenci\u00f3n de nuestro cuerpo\u00bb (Rom 8,c3). Pero ya en cierto modo se han inaugurado los \u00faltimos tiempos y nosotros \u00abhemos pasado de la muerte a la vida\u00bb (Un 3,14; Jn 5,24) en la medida en que vivimos en la fe y en la caridad.<\/p>\n<p><em>La ley. <\/em>Por lo mismo nosotros \u00abno estamos ya bajo la ley, sino bajo la gracia\u00bb (Rom 6,15). Por sorprendente, o trivial, que pueda parecer esta afirmaci\u00f3n de Pablo, no conviene minimizarla, so pena de desnaturalizar el Evangelio de salvaci\u00f3n anunciado por el Ap\u00f3stol. Puesto que hemos muerto en forma m\u00edstica con Cristo, estamos ya desligados de la ley (Rom 7,1-6), y no podemos buscar el principio de nuestra salvaci\u00f3n en el cumplimiento de una ley exterior (G\u00e1l 3,2.13; 4,3ss). Estamos bajo un r\u00e9gimen nuevo, al que Pablo, es cierto, da a veces el nombre de \u00abley\u00bb, pero \u00abes la ley del Esp\u00edritu que da la vida\u00bb (Rom 8,2), una ley que el mismo Esp\u00edritu Santo cumple en nosotros; ahora bien, \u00abdonde est\u00e1 el Esp\u00edritu del Se\u00f1or, all\u00ed est\u00e1 la libertad\u00bb (2Cor 3,17; cf. G\u00e1l <em>5, <\/em>16.22s).<\/p>\n<p><em>El ejercicio de la libertad cristiana.<\/em><\/p>\n<p>El cristiano liberado se ve lleno de una <em>confianza intr\u00e9pida, <\/em>de un orgullo, al que el NT llama <em>parresia. <\/em>Esta palabra t\u00edpicamente griega (literalmente: libertad para decir todo) designa sin duda una actitud caracter\u00edstica del cristiano y todav\u00eda m\u00e1s del ap\u00f3stol: delante de Dios, un comportamiento de hijo (cf. Ef 3, 12; Heb 3,6; 4,16; Un 2,28; 3,21), pues en el bautismo se recibe un \u00abesp\u00edritu de hijo adoptivo\u00bb y no un \u00abesp\u00edritu de esclavo\u00bb (Rom 8,14-17) y, por otra parte, ante los hombres una seguridad para anunciar el mensaje (Act 2,29; 4,13; etc.).<\/p>\n<p><em>La libertad no es licencia o libertinaje. <\/em>\u00abHermanos, hab\u00e9is sido llamados a la libertad; pero que esta libertad no se convierta en pretexto para la carne\u00bb (G\u00e1l 5,13). Desde los principios debieron los ap\u00f3stoles denunciar ciertas falsificaciones de la libertad cristiana (cf. 1Pe 2,16; 2Pe 2,19), y el peligro parece haber sido particularmente grave en la comunidad de Corinto. Los gn\u00f3sticos de esta ciudad hab\u00edan quiz\u00e1s adoptado como divisa una f\u00f3rmula paulina, \u00abtodo me est\u00e1 permitido\u00bb, pero falseaban su sentido, y Pablo se ve obligado a poner las cosas en su punto: el cristiano no puede olvidar que pertenece al Se\u00f1or y que est\u00e1 destinado \u00e1 la resurrecci\u00f3n (1Cor 6,12ss).<\/p>\n<p><em>El primado de la caridad. <\/em>\u00abTodo est\u00e1 permitido, pero no todo edifica\u00bb, precisa todav\u00eda el Ap\u00f3stol (1Cor 10,23); es preciso renunciar a algunos de nuestros derechos si lo exige el bien de un hermano (1Cor 8-10; Rom 14). Esto no es, propiamente hablando, un l\u00edmite impuesto a la libertad, sino una manera superior de ejercerla. Los cristianos, emancipados de su antigua esclavitud para el servicio de Dios (Rom 6), se pondr\u00e1n \u00abpor la caridad al servicio unos de otros\u00bb (G\u00e1l 5,13), como les inclina a ello el Esp\u00edritu Santo (G\u00e1l 5,16-26). Pablo, haci\u00e9ndose servidor, y en cierto sentido esclavo de sus hermanos (cf. 1Cor 9,19), no cesaba de ser libre, pero era imitador de Cristo (cf. 1Cor 11,1), el Hijo que se hizo servidor.<\/p>\n<p><em>Nota complementaria: <\/em>EL LIBRE ALBEDR\u00cdO. Ciertos textos b\u00edblicos podr\u00edan dar la sensaci\u00f3n de desconocer en el hombre la existencia de una real libertad de elecci\u00f3n, dado lo mucho que los autores sagrados insisten en la soberan\u00eda de la voluntad de Dios (Is 6,9s; Rom 8,28ss; 9,10-21; 11,33-36). Pero aqu\u00ed conviene tener en cuenta la tendencia que tiene el pensamiento sem\u00edtico a enfocar directamente la causalidad divina, sin mencionar las causas segundas, que no por ello se niegan (cf. \u00c9x 4,21; 7,13s, a prop\u00f3sito del endurecimiento del Fara\u00f3n); por otra parte, conviene distinguir entre lo que Dios permite y lo que quiere con una voluntad formal (as\u00ed a prop\u00f3sito de los \u00abvasos de ira prontos para la perdici\u00f3n\u00bb y los \u00abvasos de misericordia que ha preparado de antemano para la gloria\u00bb: Rom 9,22s). De la afirmaci\u00f3n fundamental de \u00abla libertad de elecci\u00f3n divina\u00bb (Rom 9,11), hay que guardarse bien de colegir el car\u00e1cter ilusorio de la libertad del hombre.<\/p>\n<p>De hecho, toda la tradici\u00f3n b\u00edblica considera al hombre capaz de ejercitar su libre albedr\u00edo: constantemente hace llamamiento a su poder de elecci\u00f3n y al mismo tiempo subraya su responsabilidad, ya desde el relato del primer pecado (G\u00e9n 2-3; cf. 4,7). Al hombre toca elegir entre la bendici\u00f3n y la maldici\u00f3n, entre la vida y la muerte (cf. Dt 11,26ss; 30,15-20), convertirse, y esto hasta el t\u00e9rmino de su existencia (Ez 18,21-28; Rom 11,22s; 1Cor 9,27). A cada uno le corresponde entrar por el buen camino que conduce a la vida y perseverar en \u00e9l (Mt 7,13s). El Eclesi\u00e1stico rechaza expl\u00edcitamente las excusas del fatalista: \u00abNo digas: \u00abEl Se\u00f1or es quien me ha hecho pecar\u00bb, pues no hace lo que detesta&#8230; Si quieres, guardar\u00e1s los mandamientos: en tu mano est\u00e1 permanecer fiel\u00bb (Eclo 15,11.15; cf. Sant 1,13ss). Si Pablo describe en t\u00e9rminos sombr\u00edos la impotencia radical del hombre para escapar por s\u00ed mismo a la tiran\u00eda del pecado (Rom 7,14-23), pone tambi\u00e9n en gran relieve el don de la gracia victoriosa (Rom 8); ahora bien, la gracia, de una manera o de otra, es ofrecida a todos (cf. Rom 2,12-16); no se puede tachar a Dios de injusto (Rom 3,5-8; 9,19s).<\/p>\n<p>Los autores sagrados no hicieron desaparecer la aparente antinomia entre la soberan\u00eda divina y la libertad humana, pero dijeron bastante al afirmar que la gracia de Dios y la libre obediencia del hombre son ambas necesarias para la salvaci\u00f3n. Pablo lo tiene por cierto en su propia vida (Act 22,6-10; 1Cor 15,10) como en la de todo cristiano (Flp 2,12s). El misterio subsiste a nuestros ojos, pero Dios conoce el secreto de inclinar nuestro coraz\u00f3n sin violentarlo y de atraernos a s\u00ed sin forzarnos (cf. Sal 119,36; Ez 36,26s; Os 2,16s; In 6,44).<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">Todos los derechos: <em>Vocabulario de teolog\u00eda b\u00edblica<\/em>, X. L\u00e9on-Dufour<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00abHermanos, hab\u00e9is sido llamados a la libertad\u00bb (G\u00e1l 5,13): \u00e9ste es uno de los aspectos esenciales del evangelio de la salvaci\u00f3n; Jes\u00fas vino a \u00abanunciar a los cautivos la liberaci\u00f3n, a devolver la libertad a los oprimidos\u00bb (Lc 4,18). 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