{"id":2714,"date":"2000-10-15T09:43:17","date_gmt":"2000-10-15T15:43:17","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=2714"},"modified":"2020-10-02T09:46:58","modified_gmt":"2020-10-02T15:46:58","slug":"castillo-interior","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=2714","title":{"rendered":"Castillo Interior"},"content":{"rendered":"<p><span style=\"font-size: 12pt;\">El Castillo Interior es el postrero de los libros que integran el tr\u00edptico doctrinal de la Santa: Vida, Camino, Castillo. La autora lo titul\u00f3 por extenso: \u201cEste tratado, llamado Castillo Interior, escribi\u00f3 Teresa de Jes\u00fas, monja de nuestra Se\u00f1ora del Carmen, a sus hermanas e hijas las monjas carmelitas descalzas\u201d. El ep\u00edgrafe, a\u00f1adido al aut\u00f3grafo despu\u00e9s de terminado el libro, nos pone en buena pista: la autora es la monja Teresa de Jes\u00fas; el libro es un \u201ctratado\u201d de teolog\u00eda espiritual; pero se concentra en un s\u00edmbolo b\u00e1sico, \u201cel castillo\u201d; sus destinatarias son las monjas carmelitas, entonces grupo sumamente reducido; entre una y otras, entre autora y lectoras, el libro abre un di\u00e1logo \u00edntimo, de mujer a mujeres: \u201cmejor se entienden el lenguaje unas mujeres de otras, y con el amor que me tienen&#8230;\u201d, se dir\u00e1 en el pr\u00f3logo (n. 4); por eso, \u201cir\u00e9 hablando con ellas en lo que escribir\u00e9\u201d (ib); el libro se atendr\u00e1 a esa voluntad o nivel de estilo, \u201chablar escribiendo\u201d; en el mismo pr\u00f3logo se insin\u00faa la posibilidad de di\u00e1logo con otros lectores, pero ser\u00e1n en cierto modo advenedizos: a la autora le \u201cparece desatino pensar que [el libro] puede hacer al caso a otras personas\u201d (ib). Pese a lo cual, el libro resultar\u00e1 de alto inter\u00e9s para te\u00f3logos y literatos. \u2013 Aqu\u00ed recordaremos: 1) la composici\u00f3n de la obra, 2) aut\u00f3grafo de la misma, 3) el simbolismo de soporte, y 4) s\u00edntesis de su contenido doctrinal.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">1. Composici\u00f3n de la obra<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">La gestaci\u00f3n y la redacci\u00f3n del Castillo Interior se deben inicialmente a la presunta p\u00e9rdida del Libro de la Vida, secuestrado por la Inquisici\u00f3n de Valladolid y de Madrid en 1575. Dos a\u00f1os despu\u00e9s (1577), la autora se propone recuperar el contenido doctrinal y autobiogr\u00e1fico de aquel libro, escrito hace doce a\u00f1os, \u201cpor si se hubiere perdido\u201d (pr\u00f3l. 2). Recuerda al por mayor su contenido, pero no lo tiene al alcance de la mano. Escribir\u00e1, por tanto, un libro nuevo (cf sin embargo la cta 177,19). Lo hace requerida por dos asesores ilustres, Jer\u00f3nimo Graci\u00e1n y el te\u00f3logo Alonso Vel\u00e1zquez, futuro obispo de Burgo de Osma y de Santiago de Compostela. Comienza la redacci\u00f3n en Toledo el 2 de junio de 1577. En febrero de ese a\u00f1o ha tenido un grave achaque de salud, que la ha forzado a escribir de mano ajena, dictando. Ahora se ha recuperado ligeramente y escribe de mano propia, pero bregando contra \u201clos ruidos y la flaqueza\u201d de cabeza, y alternando la pluma con otros \u201cnegocios forzosos\u201d (Pr\u00f3l. 1). Redacta en directo, sin borrador previo. Sin traza de esquemas ni de apuntes. Acosada desde fuera por la situaci\u00f3n cr\u00edtica, casi extrema, que en esos momentos atraviesa su obra de fundadora.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">Esos problemas del entorno y la muerte s\u00fabita del nuncio papal Ormaneto, amigo suyo, la hacen suspender la tarea, apenas iniciada. A mediados de julio viaja a \u00c1vila. Aqu\u00ed reanuda la redacci\u00f3n, tres o cuatro meses despu\u00e9s, ya en invierno. En el mes de noviembre de ese crudo invierno abulense escribe los dos tercios finales del libro. Lo concluye el 29 de ese mes y a\u00f1o. Sin tiempo para revisarlo y, quiz\u00e1s, enviarlo a fray Juan de la Cruz, residente tambi\u00e9n en \u00c1vila extramuros. Porque en la noche del 3 al 4 de diciembre, este \u00faltimo es apresado y llevado a la famosa carcelilla de Toledo. Teresa tendr\u00e1 que someter su escrito a la aprobaci\u00f3n de otros letrados asesores. Encomienda esa revisi\u00f3n dos a\u00f1os despu\u00e9s (1580) al carmelita Jer\u00f3nimo Graci\u00e1n y al dominico Diego de Yanguas, en Segovia. Los dos aprueban, pero Graci\u00e1n no duda en retocar y enmendar el libro, con tachas, adiciones interlineares y glosas marginales, que afortunadamente no impedir\u00e1n que a\u00fan hoy leamos \u00edntegro el texto de la autora tal como brot\u00f3 de su pluma.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">Pronto, para poner el libro a salvo de sabuesos delatores, T lo conf\u00eda a la custodia de la avispada priora de Sevilla, Mar\u00eda de San Jos\u00e9. Y en el Carmelo hispalense se conserva todav\u00eda hoy el original de la obra.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">2. El aut\u00f3grafo y su edici\u00f3n<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">El aut\u00f3grafo del Castillo es un cuaderno cart\u00e1ceo de 310x 230 mm., con un total de 115 folios (230 pp.). Encuadernado recientemente en terciopelo rojo. Con peque\u00f1as anomal\u00edas. Folios numerados por la autora con guarismos romanos en el margen superior derecho de cada hoja; posteriormente numerados por p\u00e1ginas en el margen inferior con numeraci\u00f3n ar\u00e1biga, debida esta \u00faltima a la mano de Graci\u00e1n. En el margen superior de cada hoja, la misma Santa ha agregado las cabeceras: \u201cmoradas\u201d (en abreviatura) en la p\u00e1gina de la izquierda; y en la p\u00e1gina de la derecha el n\u00famero de la morada correspondiente.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">Precede un breve pr\u00f3logo. Y el manuscrito concluye con dos p\u00e1ginas y media de ep\u00edlogo, precedido a su vez por una aprobaci\u00f3n aut\u00f3grafa del te\u00f3logo inquisitorial Rodrigo \u00c1lvarez, firmada el 22 de febrero de 1582. Ni en el interior del texto ni al final del mismo se insert\u00f3 el ep\u00edgrafe de los cap\u00edtulos. Parece haberlos dictado la autora en papeles sueltos que luego se perdieron, y que nos han llegado en las copias m\u00e1s antiguas. (Una descripci\u00f3n detallada del manuscrito aut\u00f3grafo puede verse en la Nota hist\u00f3rica que acompa\u00f1a a la edici\u00f3n facsimilar del original: Burgos 1990).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">El Castillo no lleg\u00f3 a imprimirse en vida de la autora. Lo public\u00f3 por primera vez fray Luis de Le\u00f3n, en Salamanca 1588, con el t\u00edtulo \u201cLibro llamado Castillo Interior o las Moradas\u201d. Pero el editor salmantino no dispuso del original de T, que segu\u00eda en Sevilla. En su lugar, utiliz\u00f3 una copia mendosa que, durante siglos fue responsable del texto teresiano. Por fin, cuando el libro hab\u00eda cumplido ya los 300 a\u00f1os de existencia, el arzobispo de Sevilla, cardenal J. M. Lluch lo hizo reproducir en edici\u00f3n facsimilar \u201cautografiada\u201d (Sevilla 1882). M\u00e1s recientemente la Editorial Monte Carmelo ha hecho su reproducci\u00f3n en facs\u00edmil fotost\u00e1tico (Burgos 1990).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">3. El soporte simb\u00f3lico<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">Uno de los mayores m\u00e9ritos literarios del libro es el subyacente simbolismo de la exposici\u00f3n. La autora anuncia ese recurso doctrinal desde las primeras l\u00edneas del cap\u00edtulo primero. Luego, lo desarrolla lentamente, sin cargar las tintas, y a la vez va introduciendo y trenzando s\u00edmbolos nuevos. Elemen\u00actales todos ellos, pero de gran densidad germinal.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">Los principales s\u00edmbolos utilizados son cuatro: 1\u00ba, un s\u00edmbolo estructural, coextensivo a toda la exposici\u00f3n y convertido en t\u00edtulo del libro, el \u201ccastillo\u201d, que refleja bien el paisaje castellano, geogr\u00e1fico y social; 2\u00ba, un s\u00edmbolo puntual, para las moradas cuartas: dos clases de aguas manantiales, agua de pil\u00f3n interior, y agua de arcaduces lejanos; 3\u00ba, a partir de las moradas quintas, s\u00edmbolo del gusano de seda, que se metamorfosea en mariposa; 4\u00ba, todav\u00eda emparejado con el anterior, el s\u00edmbolo nupcial, para las tres moradas finales, quintas, sextas y s\u00e9ptimas, enriquecido con otros elementos del Cantar de los Cantares, como la bodega, el vino y el amor.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">Desde el punto de vista literario, los cuatro s\u00edmbolos pueden tener ascendencia en la Biblia o en autores espirituales cristianos o no-cristianos. Pero, de hecho, tienen ra\u00edz existencial autobiogr\u00e1fica. Teresa se ha experimentado a s\u00ed misma como un castillo o un palacio habitados. En las \u00faltimas etapas de su jornada espiritual, ha vivido una intensa experiencia esponsal de amor trascendente. Ha sentido la transformaci\u00f3n de su ser como la de un pobre gusano, \u201cgrande y feo\u201d, que se vuelve mariposa volandera y libre, capaz ya de vivir sin tocar tierra. Ha percibido el labor\u00edo de su tensi\u00f3n interior como agua portadora de vida. Ya en Vida hab\u00eda identificado su alma con un jard\u00edn regado con toda suerte de aguas.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">Desde el punto de vista doctrinal, los cuatro s\u00edmbolos tienen sem\u00e1ntica transparente para el lector. El castillo es el alma, o bien el hombre, anclado y separado del mundo por foso y cerca, con densa interioridad casi inabarcable, y con vocaci\u00f3n de transcendencia por ser, en \u00faltima instancia, morada de Dios, espacio para Dios. \u2013 El doble fluir del agua y sus dos manantiales, agua laboriosa y algo turbia la una, la otra agua de manantial end\u00f3geno, que fluye y dilata el pil\u00f3n, corresponde a las dos coordenadas de la vida espiritual, asc\u00e9tica y laboriosa la una, m\u00edstica (misteriosa) y gratuita la otra: esfuerzo del hombre, y gracia de Dios. \u2013 La transmutaci\u00f3n \u201cgusano-mariposa\u201d indica el proceso de crecimiento y maduraci\u00f3n del cristiano, misteriosamente incorporado a Cristo e identificado con El. \u2013 Por fin, el s\u00edmbolo b\u00edblico del amor esponsal subraya y define el car\u00e1cter relacional y bipolar de la vida de la gracia que en el hombre realiza un proceso de simbiosis con la persona divina: simbiosis en que va a consistir la santidad cristiana.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">El entrecruce de los s\u00edmbolos con unos pocos tipos b\u00edblicos y con una serie selecta de textos tomados de la Escritura delata el calado teol\u00f3gico de la exposici\u00f3n. A su vez, los cuatro s\u00edmbolos, sobriamente desarrollados, quedan abiertos y sugeridores para el lector, que f\u00e1cilmente se siente provocado a confrontarlos con la propia vida e interpretarlos desde la propia experiencia.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">4.Contenido doctrinal<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">El Castillo Interior es una lecci\u00f3n de teolog\u00eda espiritual, que suavemente se convierte en un tratado de teolog\u00eda m\u00edstica, escrito por una mujer que ha experimentado y pensado a fondo el propio proceso espiritual y m\u00edstico, y desde \u00e9l es capaz de elevarse del plano narrativo al plano doctrinal, y codificar, a su modo, el itinerario del cristiano, hasta llegar a la plenitud de vida cristol\u00f3gica y trinitaria, en funci\u00f3n de Iglesia.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">Desde las primeras l\u00edneas de la morada primera queda centrado el tema de la vida espiritual en t\u00e9rminos originales: misterio del hombre dotado de alma \u2018capaz de Dios\u2019, y misterio de la comunicaci\u00f3n con la divinidad que habita en \u00e9l. Surge enseguida el intento de desembarazarse r\u00e1pidamente de los temas introductorios \u2013primeros pasos de la vida espiritual\u2013, para afrontar de lleno el tema dif\u00edcil, de que tan poco se habla en los libros espirituales: \u00faltimas fases de la vida cristiana y pleno desarrollo de la santidad (M 1,2,7). De hecho, la autora despacha en solos cinco cap\u00edtulos todo el tema asc\u00e9tico, que hab\u00eda llenado casi \u00edntegramente el Camino de Perfecci\u00f3n, y dedica el resto de la obra \u201322 cap\u00edtulos\u2013 a la jornada fuerte: entrada en la tierra santa de la vida m\u00edstica (moradas cuartas), uni\u00f3n y santificaci\u00f3n inicial (moradas quintas), el crisol del amor y sus manifestaciones m\u00e1s fuertes en el m\u00edstico (moradas sextas), consumaci\u00f3n en la experiencia de los misterios cristol\u00f3gico y trinitario, y plena disposici\u00f3n al servicio de los otros (moradas s\u00e9ptimas).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">En apariencia, el libro y su trazado se van improvisando sobre la marcha. Pero en realidad, la s\u00edntesis lograda en la obra cosecha en plena granaz\u00f3n la siembra de muchos a\u00f1os. Sobre todo, las experiencias del \u00faltimo quinquenio, a partir del trato con fray Juan de la Cruz, han dado a la autora una nueva visi\u00f3n del horizonte espiritual. No s\u00f3lo ha entrado ella misma en la fase final (moradas s\u00e9ptimas) desde la gracia decisiva de la comuni\u00f3n en \u201cla octava de san Mart\u00edn\u201d (1572), sino que las \u00faltimas vivencias la han afianzado en un doble plano de experiencia: el uno, antropol\u00f3gico, misterio del hombre, con los cambiantes extremos de gracia y de pecado; el otro, trinitario: experiencia de la inhabitaci\u00f3n y de las palabras evang\u00e9licas que la prometen a quien ama y guarda los mandamientos. A coronar ambos ciclos de experiencia ha sobrevenido una ulterior gracia misteriosa, cifrada en la consigna \u201cb\u00fascate en M\u00ed\u201d: invitaci\u00f3n a rebasar el movimiento de interiorizaci\u00f3n (b\u00fasqueda de Dios en el castillo del alma, a la manera agustiniana), con una ulterior inmersi\u00f3n en el misterio trascendente de Dios. Es la gracia que, a principios de este mismo a\u00f1o 1577, ha motivado el Vejamen en que tercia el propio fray Juan de la Cruz, y que inspira el poema teresiano \u201cAlma, buscarte has en M\u00ed\u201d.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">Ha sido esa serie de experiencias la que ha puesto en marcha la elaboraci\u00f3n del Castillo. De ellas depende ahora la interpretaci\u00f3n del misterio del hombre, de su vocaci\u00f3n trascendente y de su proceso de vida, camino de la plenitud. Interpretaci\u00f3n que se articula en tres momentos: a) una base antropol\u00f3gica: afirmaci\u00f3n del hombre, de su capacidad y dignidad, de su apertura a la trascendencia (moradas primeras); b) una fase cristol\u00f3gica: plenitud del misterio de muerte y resurrecci\u00f3n, para actuar en el creyente la transformaci\u00f3n en Cristo (moradas quintas); c) y punto de arribo trinitario: experiencia de Dios y de su presencia, para elevar al sumo potencial la acci\u00f3n del hombre al servicio de todos (moradas s\u00e9ptimas).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">Un breve sumario de las siete etapas del proceso (siete moradas) podr\u00eda trazarse a base del dato central de cada una, aunque sea a riesgo de empobrecer la exposici\u00f3n teresiana. A saber:<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">\u2013 primeras moradas: \u201centrar en el castillo de s\u00ed mismo\u201d; convertirse e iniciar el trato personal con Dios (oraci\u00f3n); conocerse a s\u00ed mismo&#8230;<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">\u2013 segundas moradas: \u201cluchar\u201d; esfuerzo asc\u00e9tico, porque persisten en el hombre los dinamismos desordenados; progresiva sensibilidad en la escucha de la palabra de Dios (oraci\u00f3n meditativa)&#8230;<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">\u2013 terceras moradas: la prueba del amor; superaci\u00f3n del ego\u00edsmo; logro de un programa de vida espiritual; brotes de celo apost\u00f3lico; fases de aridez e impotencia como estados de prueba: \u201cPru\u00e9\u00acba\u00acnos t\u00fa, Se\u00f1or, que sabes las verdades\u201d.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">\u2013 cuartas moradas: brota la fuente interior, acci\u00f3n de la gracia, paso a la experiencia m\u00edstica, pero intermitente: momentos de lucidez infusa (recogimiento de la mente), y de amor m\u00edstico-pasivo (quietud de la voluntad), hacia la unificaci\u00f3n interior&#8230;<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">\u2013 quintas moradas: muere el gusano de seda; el hombre renace en Cristo (\u201cnuestra vida es Cristo\u201d, 5,1,12); enamoramiento (\u201cllev\u00f3me el Rey a la bodega del vino\u201d, 5,2,4). Estado de uni\u00f3n y conformaci\u00f3n con la voluntad de Dios, manifestada especialmente en el amor al pr\u00f3jimo (c. 3).<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">\u2013 sextas moradas: supremo crisol del amor. Tensi\u00f3n de vida teologal. Nuevo modo de sentir y medir los pecados pasados. Cristo presente \u201cpor una manera admirable, adonde divino y humano junto es siempre su compa\u00f1\u00eda (del alma)\u201d: 6,7,9. Desposorio m\u00edstico. Interioridad \u201csellada\u201d.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">\u2013 moradas s\u00e9ptimas: en el simbolismo esponsal, \u201cmatrimonio m\u00edstico\u201d. Plena inserci\u00f3n en los misterios cristol\u00f3gico y trinitario. Plena inserci\u00f3n en la acci\u00f3n: \u201cque nazcan siempre obras, obras\u201d (7,4,6); \u201chambre de la honra de Dios\u201d, \u201chambre de allegar almas a El\u201d, como santo Domingo o san Francisco (7,4,11). Como el crucificado (7,4,4-5).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">A lo largo de todo el proceso, Cristo ha sido siempre el punto de mira: \u201cPongamos los ojos en Cristo, nuestro bien, y all\u00ed aprenderemos\u201d (1,1,11). \u201cLos ojos en el Crucificado, y har\u00e1seos todo poco\u201d (7,4,8).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">BIBL. \u2013 A. Mas Arrondo, Teresa de Jes\u00fas en el matrimonio espiritual. An\u00e1lisis teol\u00f3gico desde las s\u00e9ptimas moradas del C. I., \u00c1vila, 1993; F. M\u00e1rquez Villanueva, El s\u00edmil del Castillo interior: sentido y g\u00e9nesis, en \u00abActas del Congreso Internacional Teresiano\u00bb II, Salamanca, 1983, pp. 495-522; T \u00c1lvarez, Gu\u00eda al interior del Castillo, Burgos 2000; L. L\u00f3pez Baralt, Santa Teresa de Jes\u00fas y Oriente: el s\u00edmbolo de los siete castillos del alma, en Puerto Rico 13 (1983), pp. 25-44; J. R. Stamm, Las Moradas del Castillo interior: \u00bfalegor\u00eda o manera de decir?, en \u00abSanta Teresa y la Literatura m\u00edstica hisp\u00e1nica\u00bb, Madrid 1984, pp. 323-330.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">Tom\u00e1s \u00c1lvarez<\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El Castillo Interior es el postrero de los libros que integran el tr\u00edptico doctrinal de la Santa: Vida, Camino, Castillo. La autora lo titul\u00f3 por extenso: \u201cEste tratado, llamado Castillo Interior, escribi\u00f3 Teresa de Jes\u00fas, monja de nuestra Se\u00f1ora del &hellip; <a href=\"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=2714\">Sigue leyendo <span class=\"meta-nav\">&rarr;<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_jetpack_newsletter_access":""},"categories":[21,13],"tags":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p2dsrC-HM","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/2714"}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=2714"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/2714\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":2715,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/2714\/revisions\/2715"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=2714"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=2714"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=2714"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}