{"id":2945,"date":"2015-01-05T12:00:12","date_gmt":"2015-01-05T18:00:12","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=2945"},"modified":"2021-01-05T12:03:45","modified_gmt":"2021-01-05T18:03:45","slug":"dios-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=2945","title":{"rendered":"Dios"},"content":{"rendered":"<p>La teolog\u00eda es la ciencia de Dios. La teolog\u00eda cristiana es la ciencia de Dios que se ha revelado en Cristo Jes\u00fas. La teolog\u00eda, pues, no estudia el misterio de Dios para creer en \u00e9l sino porque cree en \u00e9l. La teolog\u00eda habla de Dios porque la fe tiene necesidad de justificarse a s\u00ed misma ante la raz\u00f3n humana. Raz\u00f3n por la cual el creyente profundiza su conocimiento de Dios ya que debe testimoniarlo, transmitirlo.<\/p>\n<h3>I. Perspectiva sanjuanista<\/h3>\n<p>Juan de la Cruz es un \u201cbuscador permanente de Dios\u201d. A punto de morir, en la pobre y humilde celda de\u00a0 \u00dabeda (Ja\u00e9n), el superior quiere leerle \u201cla recomendaci\u00f3n del alma\u201d, \u00e9l en cambio, pide que le lean el \u201cCantar de los Cantares\u201d. Quien hab\u00eda buscado a Dios a lo largo de toda su vida no quiere vivir ese momento del tr\u00e1nsito sino como el momento del encuentro m\u00e1s bello en el amor. En ese gesto quedan englobadas todas las actitudes de su vida ante Dios. \u00bfQui\u00e9n es para \u00e9l? Es el gran interrogante de su existencia y se convierte, a la vez, en el valor o contravalor fundante de todo. J. de la Cruz lo afronta desde su convicci\u00f3n y desde su experiencia personal. No se pregunta \u201cutrum Deus existat\u201d, modo escol\u00e1stico, para poder llegar a la respuesta ya prefijada. La pregunta tiene valor existencial: es desde el m\u00e1s profundo sentido de la propia vida desde donde brota la pregunta para J. de la Cruz. Es un creyente, un enamorado, un buscador, un buceador del misterio del amor, y es desde ah\u00ed desde donde brota el interrogante.<\/p>\n<p>La primera constataci\u00f3n sobre Dios la intuye como \u00a0\u201cnoche oscura para el alma en esta vida\u201d (S 1,2,1). Y la raz\u00f3n no es otra sino s\u00f3lo \u00e9sta: Dios trasciende toda la realidad sensible; s\u00f3lo trascendiendo esta realidad mundana se llega a \u00e9l. No te entretengas, repetir\u00e1 constantemente el Santo, porque \u201cmientras reparas en algo dejas de arrojarte al todo\u201d (S 1,13,12). En la constataci\u00f3n de esta realidad es donde empieza la historia y aventura del alma enamorada y buscadora de Dios. Siente la necesidad de buscar a Dios, no para saber filos\u00f3ficamente qui\u00e9n es Dios, sino para vivir experiencialmente la realidad de Dios. Por ello, la aventura empieza en la noche: \u201cEn una noche oscura, con ansias en amores inflamada\u201d (N estrofa 1\u00aa). Esto est\u00e1 obligando al alma a hacer, ya desde el principio, una opci\u00f3n totalitaria por Dios. El Evangelio recalca que no se puede servir a dos se\u00f1ores. Y J. de la Cruz dice: \u201cEl que quiera amar otra cosa, junto con Dios, sin duda es tener en poco a Dios, porque pone en una balanza con Dios lo que sumamente dista de Dios\u201d (S 1,5,4). Para poder encontrarse con Dios, es necesario que el alma repita la experiencia de Mois\u00e9s (Ex 20,24). Subir al monte, encontrarse con Dios, exige no s\u00f3lo renunciar a todas las cosas que no son Dios y dejarlas abajo, sino tambi\u00e9n hacer cesar y mortificar todos los apetitos. Y hasta que no lo logre \u201cno hay llegar aunque m\u00e1s virtudes ejercite, porque le falta el conseguirlas en perfecci\u00f3n, la cual consiste en tener el alma vac\u00eda y desnuda y purificada de todo apetito\u201d (S 1,5,6).<\/p>\n<p>Esta es para el Santo la v\u00eda de acceso a Dios. Para el encuentro con \u00e9l se exige \u201carrojar todos los dioses ajenos, que son todas las extra\u00f1as aficiones y asimientos; purificarse del dejo que han dejado en el alma los dichos apetitos; tener las vestiduras mudadas, teniendo un nuevo ya entender de Dios en Dios, dejando el viejo entender de hombre, y un nuevo amar a Dios en Dios, desnuda ya la voluntad de todos sus viejos quereres y gustos de hombre y metiendo el alma en una nueva noticia (y abisal deleite), echadas ya otras noticias y im\u00e1genes viejas aparte y haciendo cesar todo lo que es de hombre viejo, que es la habilidad del ser natural seg\u00fan todas sus potencias; de manera que su obrar, ya de humano se ha vuelto en divino, que es lo que se alcanza en estado de uni\u00f3n, en la cual el alma no sirve de otra cosa sino de altar en que Dios es adorado y en alabanza y amor, y s\u00f3lo Dios en ella est\u00e1\u201d (S 1,5,7).<\/p>\n<p>Esta exigencia, fijada por el Santo como presupuesto para poder encontrar y saber qui\u00e9n es Dios, deja bien claro c\u00f3mo Dios no consiente que nada ni nadie que no sea \u00e9l. En otras palabras, s\u00f3lo podremos saber qui\u00e9n es Dios cuando estemos vac\u00edos de todas las cosas. Y ello \u201cporque el alma que otra cosa no pretendiere que guardar perfectamente la ley del Se\u00f1or y llevar la \u00a0Cruz de Cristo ser\u00e1 arca verdadera, que tendr\u00e1 en s\u00ed el verdadero man\u00e1, que es Dios, cuando venga a tener en s\u00ed esta ley y esta vara perfectamente, sin otra cosa alguna\u201d (S 2,5,8). Y ello, porque as\u00ed como un acto de virtud produce en el alma suavidad, paz, consuelo, luz, limpieza y fortaleza, todo lo que no es virtud produce lo contrario: tormento, fatiga, cansancio, ceguera y flaqueza. Evidentemente, quien anda metido en esos apetitos no anda en Dios y, por ello, no puede ver lo que le impide a Dios (S 1,12,5).<\/p>\n<p>Si aqu\u00ed es donde comienza la \u201caventura\u201d de encontrar a Dios, s\u00f3lo despu\u00e9s de apaciguar todas estas apetencias es cuando se pone en marcha el segundo momento: \u201cSal\u00ed sin ser notada, estando ya mi alma sosegada\u201d (N estrofa 1). Quiere ello decir que, a partir de este momento \u201cs\u00f3lo Dios es el que se ha de buscar y granjear\u201d (S 2,7,3). Y ello porque el alma sabe que si no busca s\u00f3lo a Dios se busca a s\u00ed misma, lo cual implica buscar regalos y recreaciones. Y \u201cbuscar a Dios en s\u00ed es no s\u00f3lo querer carecer de eso y de esotro por Dios, sino inclinarse a escoger por Cristo todo lo m\u00e1s desabrido, aho ra de Dios, ahora del mundo, y esto es amor de Dios\u201d (S 2,7,5). Es claro que para J. de la Cruz la realidad de Dios se descubre por la vida m\u00e1s que por la raz\u00f3n. S\u00f3lo la \u00a0fe ofrece a Dios tal como es.<\/p>\n<h3>II. Los caminos para llegar a Dios<\/h3>\n<p>Aunque el Doctor m\u00edstico contemple toda la realidad desde la presencia sentida de Dios, desde su \u00a0uni\u00f3n con \u00e9l (S 3, 30,5; N 2,3,3; N 2,11,4), sabe que a la posesi\u00f3n ha precedido un largo \u00a0camino de b\u00fasqueda por itinerarios diferentes. Dos movimientos convergentes en la meta: uno hacia fuera en pos del rastro divino en la creaci\u00f3n; otro hacia \u00a0dentro, ya que \u201cel centro del alma es Dios\u201d (LlB 1,12) y \u201cDios vive en el hond\u00f3n del alma\u201d (LlB 1,12.26; 3,2.78; 4,14). Todo el proceso espiritual comienza y termina en Dios por cuanto el hombre es ser para Dios. Seg\u00fan el Santo, la proyecci\u00f3n hacia Dios, la apertura a Dios se encuentra en lo m\u00e1s \u00edntimo del ser humano: \u201ces su inclinaci\u00f3n natural. Pero, para realizarla, necesita un coraz\u00f3n desnudo y fuerte, libre de todos los males y bienes que puramente no son Dios\u201d (CB 3,5).<\/p>\n<p>POR LA RAZ\u00d3N<em>. <\/em>Recuerda insistentemente y canta bellamente J. de la Cruz que el mundo <em>\u2013kosmos\u2013 <\/em>es obra de Dios. M\u00e1s a\u00fan, es el reflejo de Dios y el trampol\u00edn para llegar a \u00e9l (CA 4,1). Por ello, el \u201ccaminar\u201d significa \u201chablar con las criaturas pregunt\u00e1ndoles por su Amado\u201d (ib. 4,1). La meta es alt\u00edsima: llegar a Dios. Y en la b\u00fasqueda de Dios descubre que, de alguna manera, Dios est\u00e1 ya presente. Pero esa \u201cpresencia por inmensidad\u201d no satisface a quien ama y busca al amado \u201cherido por su amor\u201d (CB 1,19). Es en esta tensi\u00f3n teleol\u00f3gica donde el alma busca los \u201cmedianeros\u201d, los \u201cmensajeros\u201d (CB 2,1), aunque se reconozca que \u00e9stos son insuficientes (CB 3,1). De ah\u00ed que la b\u00fasqueda de Dios sea la fuerza que lleva a personalizar la creaci\u00f3n y dar un protagonismo particular a sus personajes: \u2018bosques y espesuras\u2019 (CB 4,2), \u201cprado de verduras\u201d (CB 4,5) &#8230; \u201cde flores esmaltado\u201d (CB 4,6). Se trata, pues, de un orden jerarquizado entre los seres creados, a los que el hombre \u2013\u201cbuscador de Dios\u201d\u2013 pregunta: decid si por vosotros ha pasado; decid qu\u00e9 excelencias en vosotros ha creado (CB 4,7); decidme qu\u00e9 sab\u00e9is de Dios; decidme aquello que pod\u00e1is decir para que yo conozca, reflejamente, lo que es Dios.<\/p>\n<p>La respuesta se convierte en un verdadero di\u00e1logo, que testifica la grandeza y excelencia de Dios (CB 5,1). La teolog\u00eda ense\u00f1a que Dios Creador imprimi\u00f3 en la creaci\u00f3n una huella de su ser. De ah\u00ed que las criaturas sean los \u201cvestigia Dei\u201d, que con su grandeza y belleza responden a cuanto se les ha preguntado. La creaci\u00f3n no es, pues, un libro sino un conjunto de personajes que hablan y testifican el paso de Dios. Un paso de Dios veloz, \u201ccon presura\u201d (CB 5,3). El buscador de Dios reconoce que esta respuesta es limitada. Conoce los efectos, no la causa. Cierto que en los efectos conoce los atributos de Dios: grandeza, poder, sabidur\u00eda &#8230; pero los atributos son signos no conocimiento \u00edntimo del ser (CB 6,5). Las criaturas no pueden dar ese conocimiento esencial, aun cuando sirvan de est\u00edmulo para seguir buscando (CB 6,2; 6,4; S 2,8,3; 3,12,1).<\/p>\n<p>POR LA FE. La aventura, a trav\u00e9s de la creaci\u00f3n, lleva al hombre a encontrarse consigo mismo. Y en ese encuentro existencial se descubre guiado por la mano de Dios. Y Dios se le comunica, en Cristo, como Verdad y como Vida, ya que Cristo es el esplendor y la belleza de la creaci\u00f3n, siendo la \u201cpalabra definitiva\u201d de Dios y la \u201cplenitud\u201d de la revelaci\u00f3n (N 2,22,5ss; CB 37,4-5). Este Cristo es el que lleva a la comuni\u00f3n de vida con la \u00a0Trinidad, al quedar envueltos, por el amor y \u00a0participaci\u00f3n, en el flujo vital trinitario (CB 39,5). La \u00a0b\u00fasqueda y el \u00a0conocimiento de Dios quedan tambi\u00e9n iluminados y guiados por la fe. Bajo la luz de la fe queda el camino a recorrer para llegar al conocimiento de Dios. Y es que para llegar a la \u201cuni\u00f3n con Dios\u201d es imprescindible atravesar \u201cla noche oscura por la cual pasa el alma\u201d (S pr\u00f3l. 1), como camino de \u00a0purificaci\u00f3n sensitiva y espiritualmente (S 1,1,2). Se trata de un camino oscuro, \u201ccomo noche\u201d (S 1,2,1; 2,1,3; 2,2,1), pero que es generador de luz para conocer a Dios (N 1,12,6). Es un medio de conocimiento que supone al alma libre \u201cde todas las cosas de fuera, y de los apetitos e imperfecciones que hay en la parte sensitiva del hombre\u201d (S 1,1,1), y al coraz\u00f3n purificado \u201cpara comenzar a ir a Dios\u201d (S 1,2,2). As\u00ed, pues, el entendimiento conoce y la voluntad ama. Pero conocen y aman un objeto superior a sus fuerzas naturales, y ello quiere decir que, sin perder el propio modo de entender y amar, renunciando a sus objetos directos y a la ayuda de los sentidos, quedan potenciados y actuados por una fuerza sobrenatural. El contacto con Dios es una \u00a0\u201cnoticia amorosa\u201d (N 2,5,1), es luz que ilumina (N 2,9,1.3.5; 2,13,10), es llama (N 2,12,1; 2,13,9). Es, adem\u00e1s, don gratuito, inalcanzable por las solas fuerzas naturales y que requiere una \u00a0pasividad o disponibilidad para que Dios haga lo que el hombre no puede por sus propias fuerzas (N 2,16,4). Fruto de esa apertura en fe es un conocimiento de Dios m\u00e1s all\u00e1 de la raz\u00f3n; conocimiento imperfecto y limitado pero ajustado a la verdad: Dios uno y trino (S 2,9,1).<\/p>\n<p>POR CRISTO. El destino del hombre es llegar a Dios; el camino es Dios mismo. Para recorrer ese camino, con la certeza y la seguridad, Dios envi\u00f3 a Cristo. Cristo es, as\u00ed, la \u00fanica Palabra que a\u00fan hoy Dios pronuncia: \u201cEn darnos, como nos dio a su Hijo, que es una Palabra suya, que no tiene otra, todo nos lo habl\u00f3 junto y de una vez en esta sola Palabra, y no tiene m\u00e1s que hablar\u201d (S 2,22,3). Por eso, buscar otra palabra, es agraviar a Dios: \u201cPor lo cual, el que ahora quisiere preguntar a Dios, o querer alguna visi\u00f3n o revelaci\u00f3n, no s\u00f3lo har\u00eda una necedad, sino har\u00eda agravio a Dios, no poniendo los ojos totalmente en Cristo, sin querer alguna cosa o novedad\u201d (S 2,22,5). De ah\u00ed que Cristo se convierta en la respuesta aut\u00e9ntica a los deseos m\u00e1s profundos del alma o del coraz\u00f3n (S 2,22,6).<\/p>\n<p>Esta Palabra fue pronunciada por el Padre en eterno silencio (Av 21), raz\u00f3n por la cual \u201cDios ha quedado como mudo y no tiene m\u00e1s que hablar, porque lo que hablaba antes en partes a los profetas ya lo ha hablado en el todo, que es su Hijo\u201d (S 2,22,4). Por ello, el hombre, si de veras quiere llegar a la comuni\u00f3n con Dios por amor, ha de pasar necesariamente por Cristo, ya que \u201cesta puerta de Cristo &#8230; es el principio del camino\u201d (S 2,7,2). Porque en \u00e9l reside toda la divinidad, encierra todos los tesoros de Dios. Es el misterio insondable que cuanto m\u00e1s se ahonda mayores maravillas manifiesta a partir de la uni\u00f3n hipost\u00e1tica con la naturaleza humana, como escribe magn\u00edficamente J. de la Cruz (CB 37).<\/p>\n<h3>III. La experiencia de Dios<\/h3>\n<p>La experiencia de Dios en sus varias formas y diversos grados de intensidad, constituye la trama unificadora y profunda de toda su doctrina sanjuanista. El Santo describe la preparaci\u00f3n asc\u00e9tica, con sus exigencias de purificaci\u00f3n radical; su lenta evoluci\u00f3n, a trav\u00e9s de los varios estados de la contemplaci\u00f3n m\u00edstica; su plena actuaci\u00f3n en la fruici\u00f3n del misterio de Dios, la cual anticipa, en una cierta manera, lo que ser\u00e1 nuestra eterna bienaventuranza. A trav\u00e9s de la dura y maravillosa aventura de la \u201cnoche oscura\u201d el alma puede llegar a la pura experiencia en la cual se desarrolla el di\u00e1logo con el Amado.<\/p>\n<p>En sus poemas, especialmente en el <em>C\u00e1ntico<\/em>, traduce l\u00edricamente J. de la Cruz su experiencia de lo divino \u201ccon figuras, comparaciones y semejanzas\u201d (CB pr\u00f3l. 1), tratando de hacer comprender algo de lo que siente, declarando con razones los misterios y secretos que de la abundancia del esp\u00edritu rebosan y se vierten los versos (ib.).<\/p>\n<p>En los comentarios en prosa la experiencia personal del Santo se despoja de la carga emocional y se presenta como paradigma de lo que es presencia viva de Dios en las almas y las diversas percepciones de la misma a lo largo del itinerario espiritual, culminando en la \u00a0uni\u00f3n transformante, que se resuelve en aut\u00e9ntica \u00a0\u201cdivinizaci\u00f3n\u201d, por cuanto el alma se siente \u201cendiosada\u201d o \u201cendivinada\u201d, en expresiones del Santo (CB 26,10; 27,7; LlA 2,18; LlB 1,35).<\/p>\n<p>Dejando a un lado el problema global de la \u00a0experiencia m\u00edstica tal como se plantea en los escritos sanjuanistas, conviene recordar que, para el autor, la experiencia m\u00edstica, por muy alta y profunda que sea, no alcanza nunca a desvelar por completo el insondable ser de Dios. Permanece siempre inaccesible, incomprehensible e inexpresable (CB 1,11-12). De ah\u00ed el obligado recurso a lo figurado en el momento de traducir las \u00edntimas experiencias.<\/p>\n<p>Esto no significa que la experiencia m\u00edstica no aporte novedad en el conocimiento de Dios. Su car\u00e1cter inmediato y global implica una percepci\u00f3n a la vez no\u00e9tica y afectiva a semejanza de la que se realiza en el conocimiento por contacto en el \u00e1mbito natural. Se resuelve en percepci\u00f3n, penetraci\u00f3n o compenetraci\u00f3n m\u00e1s profunda y global de lo que ha podido conocerse anteriormente por el proceso normal de la mente. Las expresiones gr\u00e1ficas de J. de la Cruz revelan bien claramente el sentido del conocimiento m\u00edstico como un \u201cbeso\u201d, un \u201cabrazo\u201d, un \u201ctoque\u201d del alma que se gusta, se siente y se goza (CA 13-14,13, etc.). En la <em>Llama <\/em>el alma habla de \u201cun rastro de vida eterna\u201d (LlB 1,6), de un \u201csabor que sabe a vida eterna\u201d (LlB 1,6). Es repetirse de este vocabulario sensible: \u201cgusto, sabor, toque\u201d, precisamente para expresar la proximidad, la presencia inmediata, el aspecto afectivo de la realidad que se experimenta. J. de la Cruz menciona expresamente esta \u00a0presencia o inhabitaci\u00f3n que se desvela experimentalmente al alma cristiana (Ll pr\u00f3l. 2; 1,15; CB pr\u00f3l. 1). Como todo conocimiento experimental, tambi\u00e9n la experiencia de Dios es conocimiento directo, inmediato y total. Y, a pesar de permanecer siempre en la esfera de la fe teologal oscura, el m\u00edstico experimenta a Dios presente y operante: Dios-amor; Dios-persona; Dios-inefable.<\/p>\n<p>En la experiencia m\u00edstica cristiana el dato de la fe tiene referencia fundamental, no s\u00f3lo a Cristo, Verbo encarnado, sino tambi\u00e9n a la \u00a0Trinidad. La inhabitaci\u00f3n trinitaria no es algo est\u00e1tico, inerte, recibido de una vez para siempre. La presencia de Dios en el alma es una realidad din\u00e1mica, destinada a desarrollarse en el conocimiento mismo de la gracia (CB 11,3). A todo progreso del alma en el camino espiritual corresponde una \u201cnueva\u201d visi\u00f3n de las divinas personas. El m\u00edstico cuando recibe las comunicaciones o infusiones divinas toma conciencia de esta presencia operante en su alma, siente que una fuerza que no es suya irrumpe en su mundo interior y frente a esta fuerza divina irrumpente se siente pasivo, receptivo, sintiendo sus facultades como renovadas, potenciadas por esta fuerza divinamente infusa, que la mueve (LlB 4,6; 3,44; 3,29; 3,33).<\/p>\n<p>Esta presencia divina de Dios queda percibida en lo m\u00e1s profundo del centro del alma, en la intimidad de la persona humana, en las ra\u00edces mismas de sus facultades espirituales de conocimiento y amor donde quedan insertas las virtudes teologales. Por ello, J. de la Cruz habla de \u201ctoque sustancial\u201d de Dios en el alma (LlB 2,19-21) para expresar la inmediatez y la profundidad de esta percepci\u00f3n de la acci\u00f3n de Dios que penetra sus facultades espirituales y penetr\u00e1ndolas en su moci\u00f3n eficiente le da el \u201csentimiento\u201d de Dios presente y operante (LlB 3,69). En un determinado momento, esta acci\u00f3n divina de tal forma percibida por el alma, le da la impresi\u00f3n de que es el mismo Dios quien est\u00e1 en su intimidad (LlB 4,3). Y este movimiento es \u201cun movimiento que hace el Verbo en la substancia del alma, de tanta grandeza y se\u00f1or\u00edo y gloria y de tan \u00edntima suavidad que le parece al alma que todos los b\u00e1lsamos y especies odor\u00edficas y flores del mundo se trabucan y menean revolvi\u00e9ndose para dar su suavidad\u201d (LlB 4,4.6).<\/p>\n<p>Cuando el Esp\u00edritu Santo penetra tan a fondo, con su presencia operante, las ra\u00edces mismas de las facultades humanas, las act\u00faa y eleva para hacerlas producir una actividad superior a su capacidad normal: el alma percibe una cierta fruici\u00f3n intelectivo-afectiva e inmediata del misterio de Dios, donde quedan comprometidas las potencias operativas (LlB 2,34). Por medio de la uni\u00f3n con Dios, Dios comunica al alma \u2018muchas y grandes noticias de s\u00ed mismo\u2019 (LlB 3,1.77-82; CB 19,4). \u201cVe el alma y gusta en esta divina uni\u00f3n abundancia, riquezas inestimables, y halla todo el descanso y recreaci\u00f3n que ella desea, y entiende secretos e inteligencias de Dios extra\u00f1as, que es otro manjar de los que mejor le saben, y siente en Dios un terrible poder y fuerza que todo otro poder y fuerza priva, y gusta all\u00ed admirable suavidad y deleite de esp\u00edritu, halla verdadero sosiego y luz divina, y gusta altamente de la sabidur\u00eda de Dios que en la armon\u00eda de las criaturas y hechos de Dios relucen, y si\u00e9ntese llena de bienes y ajena y vac\u00eda de males, y, sobre todo, entiende y goza de inestimable refecci\u00f3n de amor, que la confirma en amor\u201d (CB 14-15,4).<\/p>\n<p>Es Dios en s\u00ed mismo a quien el alma experimenta de manera inmediata \u201cporque \u00e9sta es toque s\u00f3lo de la divinidad en el alma, sin forma ni figura alguna intelectual ni imaginaria\u201d (LlB 2,8; CB 39,12). Esto nos lleva a ver c\u00f3mo incluso la voluntad experimenta a Dios en s\u00ed mismo: \u201cEsta llama de amor es el esp\u00edritu de su Esposo, que es el Esp\u00edritu Santo, al cual siente ya el alma en s\u00ed, no s\u00f3lo como fuego que le tiene consumida y transformada en suave amor, sino como fuego que adem\u00e1s de eso, arde en ella y echa llama, como dije; y aquella llama, cada vez que llamea, ba\u00f1a al alma en gloria y la refresca en temple de vida divina\u201d (LlB 1,3; 3,79-80). J. de la Cruz habla, a prop\u00f3sito de la experiencia de Dios, de \u201cenlace\u201d, \u201ccasamiento\u201d, \u201cmatrimonio espiritual\u201d, \u201ccomunicaci\u00f3n de personas\u201d entre Dios y el alma, del don de Dios al alma y del don del alma a Dios y distingue dos momentos o etapas en esta mutua donaci\u00f3n entre Dios y el alma en la experiencia m\u00edstica: \u201cEn esta cuesti\u00f3n viene bien notar la diferencia que hay en tener a Dios por gracia en s\u00ed solamente y en tenerle tambi\u00e9n por uni\u00f3n; que lo uno es bien quererse y la otra es tambi\u00e9n comunicarse; que es tanta la diferencia como hay entre el desposorio y el matrimonio\u201d (LlB 3,24). Todo ello se realiza en la esfera de la fe teologal, conf\u00edn con la visi\u00f3n de Dios: las personas divinas se dan, se comunican al alma, no ya como un objeto inerte, sino como una persona que se abre, se manifiesta, se ofrece a otra persona, la cual, a su vez, la comprende y la ama con igual apertura, amor y transparencia espiritual. Es el culmen de la comuni\u00f3n interpersonal, realizada entre el alma y su Amado en el conocimiento experimental de Dios.<\/p>\n<h3>IV. Conceptualizaci\u00f3n de Dios<\/h3>\n<p>A pesar de su lapidaria afirmaci\u00f3n de que \u201cDios &#8230; es noche oscura para el alma en esta vida\u201d (S 1,2,1; 2,2,19), para J. de la Cruz la meta a conquistar es fascinante: \u201cla gloria es poseer a Dios\u201d (S 1,12,3). Dos son las pautas se\u00f1aladas por el Santo para definir conceptualmente a Dios: por una parte, el ser de Dios, lo que Dios es; por otra, el obrar de Dios, lo que hace. Recorriendo estos caminos es posible acercarse a Dios y comprender c\u00f3mo es \u201cnoche\u201d en esta vida y por qu\u00e9 la \u201cgloria\u201d del hombre radica en su posesi\u00f3n.<\/p>\n<p>EL SER DE DIOS. Arrancando de la afirmaci\u00f3n b\u00edblica de que Dios es \u201clo que es\u201d (S 1,4,4), J. de la Cruz le atribuye una serie tradicional de calificativos o atributos: es \u201cpuro espiritual\u201d (S 2,16,11), \u201cluz pura y sencilla\u201d (S 1,4,1; 2,16,7), \u201cDios es infinito\u201d (S 2,9,1), es \u201cinmenso y profundo\u201d (S 2,19,1), es \u201cincomprensible\u201d (S 2,24,9) y tambi\u00e9n \u201cinaccesible\u201d (CB 1,12), es \u201cUno y Trino Dios\u201d (2,9,1). La multiplicidad de atribuciones no es capaz de abarcar su ser, ya que es totalmente trascendente y, por tanto, inabarcable para el lenguaje y la capacidad humana, porque \u201cdista en infinita manera de Dios y del poseerle puramente\u201d (S 2,4,4). Por esta raz\u00f3n se habla de Dios de una manera negativa en relaci\u00f3n a las propiedades y cualidades de las criaturas: \u201cni el ojo vio, ni oy\u00f3 o\u00eddo, ni cay\u00f3 en el coraz\u00f3n de hombre en carne\u201d (S 2,4,4) y \u201cno puede ver ni sentir en esta vida\u201d (S 2,4,9). Dios \u201cexcede todo sentimiento y gusto\u201d (S 2,14,4) y, por tanto, \u201cla sabidur\u00eda de Dios &#8230; ning\u00fan modo ni manera tiene, ni cae debajo de alg\u00fan l\u00edmite ni inteligencia distinta y particular\u201d (S 2,16,7). Es la reafirmaci\u00f3n insistente de la transcendencia divina (cf. S 1,4).<\/p>\n<p>Ello no es obst\u00e1culo para que tenga sentido y valor la atribuci\u00f3n de las perfecciones reconocidas en la creaci\u00f3n, aunque \u201cDios es de otro ser que sus criaturas, en que infinitamente dista de todas ellas\u201d (S 3,12,2), pero permaneciendo \u201cen s\u00ed siempre de una manera, todas las cosas innova\u201d (LlB 2,36) y \u201ctodas las perfecciones\u201d atesora ((LlB 1,23), sobresaliendo en grado eminente la libertad como \u201cuna de las principales condiciones de Dios\u201d (S 3,12,2). Repite con deleite el Santo que \u201cDios, en su \u00fanico y simple ser, es todas las virtudes y grandezas de sus atributos; porque es omnipotente, es sabio, es bueno, es misericordioso, es justo, es fuerte y amoroso\u201d (LlB 3,2). Todo eso y cuanto puede atribu\u00edrsele lo posee de modo superlativo: \u201cDios es en s\u00ed todas esas hermosuras y gracias eminent\u00edsimamente\u201d (S 3,21,2).<\/p>\n<p>Pero frente a esa transcendencia y eminencia, J. de la Cruz recuerda la presencia e inmanencia de Dios, tanto que \u201cmora en las almas y las asiste sustancialmente\u201d (S 2,5,3; 16,4). \u201cDios, en cualquier alma, aunque sea la del mayor pecador del mundo, mora y asiste sustancialmente\u201d (S 2,5,3), \u201cd\u00e1ndole y conserv\u00e1ndole el ser natural de ella con su asistencia\u201d (S 2,5,4); \u201csi esta presencia esencial les faltase, todas se aniquilar\u00edan y dejar\u00edan de ser\u201d (CB 11,3). Por ello, se afirma tambi\u00e9n que \u201cDios es como la fuente, de la cual cada uno coge como lleva el vaso\u201d (S 2,21,2). Como Dios est\u00e1 presente en todos los seres prolongando la creaci\u00f3n y actuando en ella (CB 11,3), as\u00ed tambi\u00e9n obra misteriosamente en las almas en las que se halla presente.<\/p>\n<p>EL OBRAR DE DIOS. Dando por supuesta la vida de Dios y, en consecuencia, su obrar, J. de la Cruz apunta con claridad la ra\u00edz de toda actuaci\u00f3n divina: \u201cNo hace Dios cosa sin causa y verdad\u201d (S 2,20,6). Al ser infinito y absoluto no puede moverle nada condicionante fuera de s\u00ed: \u201cAs\u00ed como no ama cosa fuera de s\u00ed, as\u00ed ninguna cosa ama m\u00e1s bajamente que a s\u00ed, porque todo lo ama por s\u00ed, y as\u00ed el amor tiene la raz\u00f3n del fin\u201d (CB 32,6). La obra de Dios se identifica as\u00ed con su amor: creaci\u00f3n, encarnaci\u00f3n, redenci\u00f3n, como cantan los <em>Romances<\/em>. Aunque se sirve a veces de mediaciones \u2013\u00e1ngeles, hombres\u2013 estas son obras exclusivas suyas. Refiri\u00e9ndose a la creaci\u00f3n escribe el Santo que \u201cnunca la hizo ni hace Dios por otra mano que la suya propia\u201d (CB 4,3). Pese a ser tan maravillosa la creaci\u00f3n es \u201cobra menor de Dios\u201d, hecha con presura y \u201ccomo de paso\u201d, porque las obras mayores. \u201cen que m\u00e1s se mostr\u00f3 y en que \u00e9l m\u00e1s reparaba, eran las de la Encarnaci\u00f3n del Verbo y misterios de la fe cristiana, en cuya comparaci\u00f3n todas las dem\u00e1s eran hechas como de paso, con apresuramiento\u201d (ib.).<\/p>\n<p>Las maravillas de la creaci\u00f3n las presenta po\u00e9ticamente el Santo como fruto de la \u201cmirada de Dios\u201d, s\u00edmbolo utilizado constantemente para referirse al actuar divino en las almas. El obrar de Dios es amar; el mirar de Dios es amar a las almas e imprimir en ellas su gracia y amor (CB 32,3-5). Por ah\u00ed comienza la obra de Dios en cada uno. Esa acci\u00f3n inicial confiere la capacidad de respuesta (ib. 7-9 y 33 \u00edntegra), respuesta y correspondencia humana que halla su culminaci\u00f3n en la \u201cigualdad de amor\u201d, cuando el alma llega a participar de la vida trinitaria (CB 38,3-4).<\/p>\n<p>La acci\u00f3n divina en el alma que se inicia con la \u201cmirada amorosa\u201d se prolonga durante toda la existencia pautando el desarrollo espiritual. La expresi\u00f3n m\u00e1s amplia de ese obrar divino en la pluma sanjuanista es la de comunicaci\u00f3n. La actuaci\u00f3n de Dios es comunicarse. Hasta lo que parece iniciativa personal es fruto de la intervenci\u00f3n divina: \u201cCuando el alma hace todo lo que es de su parte, Dios hace lo que es la suya en comunic\u00e1rsele\u201d (LlB 3,46). Por esto, el encuentro con Dios, vida, amor, esperanza, entra dentro de la ordenaci\u00f3n normal de Dios mismo. Dios quiere darse a conocer. Por ello se comunica. Y s\u00f3lo despu\u00e9s de esta comunicaci\u00f3n se puede encontrar respuesta al gran interrogante. Dios es el gran enamorado del alma: \u201cSi el alma busca a Dios, mucho m\u00e1s le busca su Amado a ella\u201d (LlB 3,28). Y esto conlleva la doble dimensi\u00f3n: Dios es totalmente Otro, el inefable, indecible, al que hay que buscar m\u00e1s all\u00e1 de las cosas; y Dios es el que acoge, recibe, busca y envuelve con su presencia y amor todo lo que es obra de sus manos.<\/p>\n<p>El discurso de J. de la Cruz sobre Dios es consecuencia de su vida en Dios. De ah\u00ed que el te\u00f3logo de Dios, se convierta en \u201cbuscador\u201d permanente de Dios, que testifica su lucha y su ansiedad humana, pero que sigue afirmando la realidad divina. Todo ello porque se ha sentido alcanzado por Dios. Se ha dicho que J. de la Cruz es el hombre de la plenitud, de los valores, de la vida. El ha demostrado que la b\u00fasqueda de un Dios hace feliz al hombre, no lo condena al vac\u00edo y a la soledad, le da la fuerza de su presencia y de su amor. Por ello, su vida, toda entera, se convierte en afirmaci\u00f3n absoluta de Dios. Y el testimonio sobre Dios de J. de la Cruz es, al mismo tiempo, afirmaci\u00f3n paradigm\u00e1tica para los dem\u00e1s hombres. El no puede callar. El Dios de quien se siente pose\u00eddo debe ser comunicado a los dem\u00e1s para que se dejen tambi\u00e9n poseer. El te\u00f3logo, el poeta, el juglar, el m\u00edstico, el testigo, el creyente del Dios de la vida y del Amor da fe de que \u201cnada hay bueno sino solo Dios\u201d (S 1,4,4).<\/p>\n<p>BIBL. \u2014 AA.VV., <em>La comunione con Dio secondo San Giovanni della Croce<\/em>, Teresianum, Roma 1968; ADOLFO MU\u00d1OZ ALONSO, \u201cEl Dios de San Juan de la Cruz\u201d, en <em>RevEsp <\/em>27 (1968) 461469; DIONISIO DE SAN JOS\u00c9, \u201cSentido teoc\u00e9ntrico del sistema de San Juan de la Cruz\u201d, en <em>MteCarm <\/em>56 (1949) 55-64; GIOVANNA DELLA CROCE, \u201cLa experiencia de Dios en San Juan de la Cruz y en los m\u00edsticos del Norte\u201d, en <em>RevEsp <\/em>21 (1962) 47-70; JUAN JOS\u00c9 DE LA INMACULADA, \u201cHacia una experiencia inmediata de Dios\u201d, en <em>RevEsp <\/em>5 (1946) 397-404; ANTXON AMUNARRIZ, <em>Dios en la Noche, <\/em>Roma 1991.<\/p>\n<p><em>Aniano \u00c1lvarez-Su\u00e1rez<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La teolog\u00eda es la ciencia de Dios. 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