{"id":2954,"date":"2015-01-05T12:18:37","date_gmt":"2015-01-05T18:18:37","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=2954"},"modified":"2021-01-05T12:23:41","modified_gmt":"2021-01-05T18:23:41","slug":"simbologia-sanjuanista","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=2954","title":{"rendered":"Simbolog\u00eda sanjuanista"},"content":{"rendered":"<p>La cr\u00edtica literaria ha advertido en los poemas l\u00edricos de San Juan de la Cruz el uso cl\u00e1sico de t\u00e9rminos como <em>la noche, la llama, la fuente, la luz, las cavernas, las l\u00e1mparas, <\/em>y ha advertido tambi\u00e9n que tales t\u00e9rminos adem\u00e1s de desarrollar las relaciones que ata\u00f1en a su uso simb\u00f3lico tienen en el discurso po\u00e9tico el significado que les es propio como unidades codificadas en el l\u00e9xicon de la lengua espa\u00f1ola; tales t\u00e9rminos tienen, por tanto, en el discurso de los poemas sanjuanistas un doble valor: uno en el mundo referencial de los campos sem\u00e1nticos textuales, es decir, el que el contexto les da a partir de su significado habitual, y otro en el mundo imaginario de los campos simb\u00f3licos que ellos mismos crean, es decir, en su dimensi\u00f3n de s\u00edmbolos literarios.<\/p>\n<p>Los s\u00edmbolos aparecen en todos los poemas, con amplitud e intensidad variadas, junto con otros recursos literarios: met\u00e1foras, metonimias, alegor\u00edas, s\u00edmiles, y configuran el conjunto de la l\u00edrica de J. de la Cruz como un universo ficcional en el que las relaciones de significado, de espacio y tiempo son interpretadas a partir de unos temas y unas an\u00e9cdotas ( b\u00fasqueda y encuentro en la naturaleza, b\u00fasqueda y encuentro en una noche oscura; la pasi\u00f3n amorosa, la llama del amor a Dios), en un sentido simb\u00f3lico que, seg\u00fan dice el poeta en las <em>Declaraciones <\/em>a las estrofas, corresponde a las distintas fases del \u00a0camino m\u00edstico. Y as\u00ed, las relaciones que el t\u00e9rmino \u201cnoche\u201d establece mediante adjetivos (oscura \/ dichosa, amable, sosegada, serena) en los campos sem\u00e1nticos de la luz del d\u00eda y del tiempo astron\u00f3mico, se desdoblan en el ficcional como etapa de dolor o de sosiego del alma en el camino hacia la \u00a0uni\u00f3n m\u00edstica con Dios, manteniendo siempre la concordancia con el s\u00edmbolo inicial (noche oscura = noche con sufrimiento; noche dichosa = estado de felicidad porque avanza hacia la luz, etc.).<\/p>\n<h3>I. Los grandes s\u00edmbolos sanjuanistas<\/h3>\n<p>Esto significa que una vez que un t\u00e9rmino se propone como s\u00edmbolo, todas las relaciones que establece en el discurso se proyectan en dos direcciones, la referencial y la simb\u00f3lica, aunque no siempre lo hacen del mismo modo. La <em>Llama de amor viva <\/em>y la <em>Noche oscura <\/em>son poemas estructurados en torno a un solo s\u00edmbolo general; el <em>C\u00e1ntico espiritual, <\/em>bastante m\u00e1s extenso, se organiza a partir de un s\u00edmbolo total, el amor de los esposos, y se desgrana en multitud de s\u00edmbolos parciales que estructuran los distintos momentos de la historia de amor entre Dios y el alma, articulaci\u00f3n general del poema, apoyada en el uso de un s\u00edmbolo envolvente o de una secuencia de s\u00edmbolos encadenados, el poeta suele romper el equilibrio y se inclina hacia uno de los mundos representados, y con frecuencia hace prevalecer el simb\u00f3lico, en el que queda preterida la l\u00f3gica de la expresi\u00f3n ling\u00fc\u00edstica, de manera que si el lector atiende s\u00f3lo a \u00e9sta y se remite al mundo de la experiencia sensible, se encontrar\u00e1 con sin-sentidos, con frases absurdas, con contradicciones, etc., que podr\u00eda considerar errores de la expresi\u00f3n, si no las traslada al nivel simb\u00f3lico, donde transcienden la l\u00f3gica y adquieren una riqueza de sentido asombrosa. Esto ocurre con expresiones fuera de toda l\u00f3gica: muerte que das vida; saber no sabiendo; apaga mis enojos, pues eres lumbre; regalada llaga; m\u00fasica callada; \u00bfpor qu\u00e9 no tomas el robo que robaste?\u2026 El ox\u00edmoron, la antonimia, la paradoja, la uni\u00f3n de t\u00e9rminos contrarios, las frecuentes expresiones antit\u00e9ticas (M\u00aa J. Mancho, 1993, p. 107) nos sorprenden una y otra vez en el discurso de los poemas sanjuanistas, y comprendemos que no son precisamente errores o imprecisiones de la expresi\u00f3n debidas al azar o a un descuido del poeta, sino recursos literarios de una l\u00edrica simb\u00f3lica, que se apoya casi siempre en una tradici\u00f3n de uso literario religioso y tambi\u00e9n en una teor\u00eda del conocimiento cient\u00edfico, filos\u00f3fico y m\u00edstico.<\/p>\n<p>Una an\u00e9cdota, a veces referencialmente incomprensible, sirve de f\u00e1bula o de urdimbre para acceder a un universo en el que el s\u00edmbolo se ampl\u00eda en c\u00edrculos y en redes sem\u00e1nticas complejas, hasta llenar todo un poema o extenderse incluso al conjunto de la obra de J. de la Cruz: todos los poemas mayores y cualquiera de los poemas menores participa en sus expresiones de ese mundo donde el s\u00edmbolo es la llama y lo simbolizado es el amor de Dios, en el que el s\u00edmbolo es la noche y lo simbolizado es el dif\u00edcil y gozoso camino hacia Dios, en el que el s\u00edmbolo es la ciencia y lo simbolizado es la intuici\u00f3n m\u00edstica&#8230; y donde pierde pertinencia la l\u00f3gica expresiva para dejar paso a una \u201cinteligencia m\u00edstica\u201d en la que se aclaran sin-sentidos, contradicciones, antinomias&#8230; Estos son los hechos: t\u00e9rminos simb\u00f3licos, redes sem\u00e1nticas simb\u00f3licas, universo de ficci\u00f3n organizado en torno a s\u00edmbolos que invaden toda la obra, \u00bfc\u00f3mo pueden ser explicados por una semiolog\u00eda literaria?<\/p>\n<h3>II. Naturaleza y aspectos del s\u00edmbolo<\/h3>\n<p>El s\u00edmbolo ha sido estudiado directamente, en los t\u00e9rminos l\u00e9xicos b\u00e1sicos: \u201cnoche\u201d, \u201cllama\u201d, \u201ccavernas\u201d, \u201cllaga\u201d, \u201cfonte\u201d, etc., para determinar los sentidos que puede tener como unidad ling\u00fc\u00edstica en las expresiones del poema; as\u00ed lo ha estudiado la llamada \u201ccr\u00edtica simb\u00f3lica\u201d, tanto en su dimensi\u00f3n hist\u00f3rica, buscando los antecedentes, como en sus relaciones con los usos que se encuentran en otros poetas de la \u00e9poca renacentista. Tambi\u00e9n puede ser analizado, cuando alcanza mayor complejidad porque se repite y se ampl\u00eda con conexiones sucesivas, en el conjunto de la obra de un autor, de un tipo de l\u00edrica (amorosa, heroica, m\u00edstica, etc.), o mediante la superposici\u00f3n de poemas, para comprobar c\u00f3mo se constituyen las redes asociativas, sus derivaciones y sus reiteraciones en diferentes campos sem\u00e1nticos. Estos an\u00e1lisis pueden determinar qu\u00e9 mundos, qu\u00e9 figuras, qu\u00e9 mitos inconscientes pueden caracterizar a una obra, un autor, un estilo po\u00e9tico; es lo que ha hecho la psicocr\u00edtica, y particularmente Ch. Mauron a trav\u00e9s de algunas figuras concretas, como las met\u00e1foras obsesivas, y puede hacerse tambi\u00e9n a partir de los s\u00edmbolos.<\/p>\n<p>Los estudios sobre el s\u00edmbolo, o sobre las redes de s\u00edmbolos, tienen un car\u00e1cter interdisciplinar; el s\u00edmbolo se constituye como objeto de estudio de la teor\u00eda literaria en varias de sus orientaciones actuales (la Estil\u00edstica, la Psicocr\u00edtica&#8230;) y tambi\u00e9n es objeto central o marginal de otras investigaciones: la Hermen\u00e9utica (P. Ricoeur), la Po\u00e9tica del Espacio (Bachelard, Durand), el Psicoan\u00e1lisis (Freud, Jung, Latan), la Ciencia de los S\u00edmbolos (Chevalier, Champeaux), la Antropolog\u00eda cultural (LevyStrauss), la Mitocr\u00edtica (Dum\u00e9zil, Frye, etc.). Todos ellos aportan explicaciones desde distintos puntos de vista y permiten que hoy se tenga del s\u00edmbolo un mayor conocimiento.<\/p>\n<p>Algunos autores, como E. Cassirer, hablan de s\u00edmbolo y de la capacidad simbolizante del ser humano a partir de las unidades del sistema ling\u00fc\u00edstico, pero no es lo habitual, la mayor\u00eda de los autores diferencian el signo \u2013verbal o no verbal\u2013 del s\u00edmbolo. Es evidente que el signo tiene aspectos comunes con el s\u00edmbolo: ambos son formas materiales, emp\u00edricas, significantes, que remiten a contenidos no sensibles, mentales, significados; pero tienen distinta naturaleza y generan procesos semi\u00f3ticos diferentes: el signo mantiene una relaci\u00f3n <em>inmotivada <\/em>entre sus dos componentes, significante y significado, en una relaci\u00f3n <em>necesaria, <\/em>en cuanto que la concurrencia de ambos aspectos es imprescindible para que exista el signo como tal; el s\u00edmbolo es <em>motivado, <\/em>pues siempre se basa en una relaci\u00f3n determinable por el lector, que puede tener una base meton\u00edmica, pragm\u00e1tica, ps\u00edquica, o de otro tipo (llama=consumir; agua= purificaci\u00f3n; noche=miedo) y <em>no necesaria, <\/em>pues puede establecerse con cualquiera de los t\u00e9rminos del mundo simbolizado (llama=calor, da\u00f1o, consumir, dar luz, purificar, etc.) y adem\u00e1s el t\u00e9rmino simb\u00f3lico ya tiene una existencia anterior como signo de un sistema ling\u00fc\u00edstico, pues no puede, o no suele, utilizarse como s\u00edmbolo una secuencia de fonemas sin significado.<\/p>\n<p>El signo es <em>estable, <\/em>al menos relativamente, y suele formar parte de un sistema, es decir, est\u00e1 <em>codificado<\/em>, mientras que el s\u00edmbolo no es estable y no est\u00e1 codificado, de modo que puede simbolizar una cosa en un poema y otra muy diferente en otro, o incluso en el mismo poema en dos pasajes. El s\u00edmbolo es m\u00e1s bien un \u201cformante de signo literario\u201d que no est\u00e1 ligado a un contenido preciso, a un <em>significado, <\/em>sino que adquiere un <em>sentido <\/em>en un discurso, en una lectura, no s\u00f3lo diferente de un texto a otro, sino incluso diferente en dos lecturas de un mismo texto. Por esto, para interpretar al signo es necesario conocer el sistema al que pertenece, y si no se conoce el c\u00f3digo no podr\u00e1 interpretarse el texto; el s\u00edmbolo pertenece a lo que Lotman llama un sistema modelizante de segundo grado y para interpretarlo, el lector no tiene que acudir a la memoria y a su competencia ling\u00fc\u00edstica, sino que, supuesta \u00e9sta, debe descubrir, a partir de ella, intuitivamente, unas nuevas posibilidades en el contenido simbolizado, que nunca es un\u00edvoco, ni necesario.<\/p>\n<p>El s\u00edmbolo es, pues, un t\u00e9rmino del discurso, que sin perder su significado referencial (noche=tiempo f\u00edsico que no es de d\u00eda) adquiere una nueva dimensi\u00f3n, la simb\u00f3lica, que remite a un sentido circunstancial (noche = camino hacia la fuente que mana, tiempo de miedo y oscuridad, preludio del encuentro deseado), determinado por el contexto. Su sentido se encuentra m\u00e1s que con el discurso mental, con la intuici\u00f3n, con la sugerencia, con la imaginaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Los t\u00e9rminos ling\u00fc\u00edsticos utilizados como s\u00edmbolos pueden proceder de cualquier campo sem\u00e1ntico; en los textos de J. de la Cruz, suelen ser los denominados \u201cs\u00edmbolos primordiales\u201d que remiten referencialmente a hechos naturales y a experiencias c\u00f3smicas del hombre: la noche, la llama y la luz, el agua y la fuente&#8230; con sus constelaciones en la expresi\u00f3n de contrarios, de sin\u00f3nimos, de t\u00e9rminos hom\u00f3logos y con todas sus posibilidades de incrementaci\u00f3n por medio de adjetivos, de determinantes, y de predicados positivos y negativos.<\/p>\n<p>El significado concreto de los t\u00e9rminos simb\u00f3licos y las derivaciones contextuales en cada poema, son el punto de partida para sus posibles interpretaciones, que pueden ser muchas, dado el car\u00e1cter polivalente y ambiguo del texto art\u00edstico. Las lecturas literarias, y las simb\u00f3licas lo son, pueden ser muy diversas, pues se trata de sentidos no limitados por un c\u00f3digo, sino s\u00f3lo por el contexto y pueden ser todas las que el texto no rechace de un modo directo.<\/p>\n<h3>III. Interpretaciones del simbolismo sanjuanista<\/h3>\n<p>La cr\u00edtica ha tomado posiciones muy distanciadas a la hora de determinar el origen y la finalidad del s\u00edmbolo en los poemas de J. de la Cruz, y de ellas derivan lecturas que son aceptables o rechazables, seg\u00fan el enfoque inicial. Podemos adelantar que, despu\u00e9s de repasar las lecturas propuestas hasta el presente, las interpretaciones generales que se han dado a los s\u00edmbolos pueden reducirse fundamentalmente a dos, una que responde a una <em>l\u00f3gica de necesidad <\/em>y remite a las posibilidades y limitaciones del idioma, y otra que responde a una <em>l\u00f3gica de disimulo <\/em>y remite a una disposici\u00f3n del sujeto emisor. La primera es la que declara el mismo Juan al explicar sus s\u00edmbolos y es la que sigue la mayor\u00eda de la cr\u00edtica textual, la segunda es la que, con matices en diferentes autores, se apoya en la teor\u00eda psicoanal\u00edtica que parte de Freud.<\/p>\n<p>1. L\u00d3GICA DE LA NECESIDAD. Seg\u00fan esta interpretaci\u00f3n, el uso del s\u00edmbolo est\u00e1 motivado necesariamente por la naturaleza de los contenidos que se pretende expresar y por la naturaleza del sistema verbal de signos. Los contenidos que se quiere manifestar son experiencias inefables, o demasiado ricas, y el idioma no puede expresarlas porque la lengua carece de palabras para manifestar los contenidos m\u00edsticos. De los dos aspectos (contenidos en s\u00ed inefables; limitaci\u00f3n de los recursos expresivos) habla J. de la Cruz; de uno u otro han hablado los m\u00e1s destacados cr\u00edticos: Men\u00e9ndez Pelayo, D\u00e1maso Alonso, Baruzi.<\/p>\n<p>San Juan, en el pr\u00f3logo al comentario en prosa al poema del <em>C\u00e1ntico espiritual<\/em>, afirma claramente que \u201cser\u00eda ignorancia pensar que los dichos de amor en inteligencia m\u00edstica &#8230; con alguna manera de palabras se puedan bien explicar\u201d. Ni el entendimiento, ni el sentimiento, ni el deseo de amor a Dios, puede ser expresado por nadie, y \u201c\u00e9sta es la causa por que con figuras, comparaciones y semejanzas, antes rebosan algo &#8230; que con razones lo declaran\u201d, pues \u201cno pudiendo el Esp\u00edritu Santo dar a entender la abundancia de su sentido por t\u00e9rminos vulgares y usados, habla misterios en extra\u00f1as figuras y semejanzas\u201d (CB pr\u00f3l.1-2).<\/p>\n<p>Farr\u00e9s Buis\u00e1n (1990) ha hecho una relaci\u00f3n de las citas en las que el Santo habla directamente de la inefabilidad, que son muchas. San Juan declara que utiliza los s\u00edmbolos como un recurso necesario para superar de alg\u00fan modo la inefabilidad de algunos conceptos, de algunas experiencias, consciente de lo que hace, y no por una presi\u00f3n del inconsciente que le lleve a usar expresiones no queridas. Pero adem\u00e1s cuando Juan utiliza el s\u00edmbolo est\u00e1 respaldado en la pr\u00e1ctica por una tradici\u00f3n pragm\u00e1tica, amplia e intensa en el discurso po\u00e9tico religioso y por una filosof\u00eda formulada expl\u00edcitamente por autores de los siglos XV y XVI.<\/p>\n<p>Es sabido que el uso del s\u00edmbolo y de la alegor\u00eda es uno de los rasgos m\u00e1s destacados del arte medieval, y no s\u00f3lo del literario, por unas motivaciones en las que ahora no vamos a entrar, pero de las que la m\u00e1s general es, sin duda, la teor\u00eda de que Dios se manifiesta simb\u00f3licamente en la naturaleza, de modo que la belleza de \u00e9sta trasluce de alg\u00fan modo la de Dios. Sobre todo, a partir de la segunda mitad del siglo XV, el uso del s\u00edmbolo tiene un respaldo te\u00f3rico muy consistente, que puede ofrecer razones para entender las formas que adoptan los poemas sanjuanistas.<\/p>\n<p>Nicol\u00e1s de Cusa (1401-1464) publica en 1445 dos obras, <em>La b\u00fasqueda de Dios <\/em>y <em>La filiaci\u00f3n de Dios<\/em>, en las que, como en el resto de su producci\u00f3n filos\u00f3fica, desde una perspectiva neoplat\u00f3nica y en la l\u00ednea de la m\u00edstica alemana, expone un m\u00e9todo de conocimiento anal\u00f3gico-alusivo (la docta ignorancia), que pretende aproximarse a lo desconocido desde lo conocido, a lo incierto desde lo cierto, a lo infinito desde lo finito, partiendo de la idea de que las cosas finitas no tienen con lo infinito una relaci\u00f3n antit\u00e9tica, sino simb\u00f3lica. Si las cosas inmediatas nos son conocidas, a trav\u00e9s de ellas podemos inducir las lejanas en el conocimiento. Por otra parte, en el mundo del conocimiento emp\u00edrico se dan oposiciones entre las cosas o entre los conceptos que quedan anuladas en lo infinito, donde se superan los contrarios. El principio de contradicci\u00f3n, que es la base de la coherencia del discurso cient\u00edfico, pierde su pertinencia respecto a lo infinito. A trav\u00e9s de los tres grados de conocimiento se puede seguir el proceso por el que el hombre puede llegar a saber de modos distintos: la <em>percepci\u00f3n sensorial, <\/em>que nos permite acceder a las cosas reales en su variedad existencial; <em>la raz\u00f3n discursiva, <\/em>que distingue los t\u00e9rminos opuestos y los excluye porque se niegan entre s\u00ed; y <em>el intelecto <\/em>que capta la coincidencia de los opuestos mediante una <em>intuici\u00f3n <\/em>superior. Percepci\u00f3n, raz\u00f3n, intuici\u00f3n, son grados del saber que pueden explicar el uso del s\u00edmbolo y de las expresiones antit\u00e9ticas que se dan en los poemas sanjuanistas: la percepci\u00f3n del mundo sensible donde se refleja el Amado que lo viste de hermosura; el discurso que lleva al di\u00e1logo con las criaturas y la intuici\u00f3n que permite el acceso al mundo del s\u00edmbolo y por \u00e9l a lo simbolizado.<\/p>\n<p>El s\u00edmbolo parte de una relaci\u00f3n con lo simbolizado; tiene un poder evocador que busca la armon\u00eda entre los extremos (en San Juan lo divino y lo humano), es decir, el s\u00edmbolo se mueve en el nivel de la percepci\u00f3n sensorial (en su materialidad: naturaleza, noche, sentimientos) y de la raz\u00f3n discursiva en su expresi\u00f3n, donde las ant\u00edtesis, las contradicciones, el absurdo (soledad sonora, m\u00fasica callada, muerte que da vida) son posibles, y remite a un mundo simb\u00f3lico donde todo es infinito, donde no persisten ni la materia ni la contradicci\u00f3n: ni la llama es la llama, ni hay contradicci\u00f3n entre los opuestos: muerte \/ vida; m\u00fasica \/ silencio; llaga \/ regalada; lumbre que apaga.<\/p>\n<p>Las teor\u00edas del Cusano encuentran intenso eco en el neoplatonismo italiano del siglo XVI, que renueva la antigua \u201cmetaf\u00edsica de la luz\u201d. La luz eterna, original, pur\u00edsima, inmaterial, causa primera del ser y de la vida, principio activo y formativo de la naturaleza (Patrizzi, 1529-1597), es el s\u00edmbolo de la divinidad, de la vida; y siguiendo el ciclo de la naturaleza, el camino hacia la luz es la noche; lo finito es una prolongaci\u00f3n de lo infinito y conocemos lo infinito por analog\u00eda con lo finito; los contrarios se anulan en lo infinito y la noche se hace luz en esa dimensi\u00f3n simb\u00f3lica a la que el alma accede intuitivamente, aunque en la expresi\u00f3n ling\u00fc\u00edstica l\u00f3gica se formule como un sin-sentido.<\/p>\n<p>El uso del s\u00edmbolo se mantiene en el Renacimiento, aunque con otro valor y por motivaciones distintas de las medievales, y lo usan sobre todo los autores neoplat\u00f3nicos como elemento mediador entre una realidad sensible (su referencia) y un sentido profundo, indefinible, indecible, infinito. El s\u00edmbolo tiene la funci\u00f3n de llevar al hombre de lo finito conocido a lo infinito desconocido, a lo que por su propia naturaleza es inefable de un modo directo y, por ello, debe encontrar una forma indirecta de manifestaci\u00f3n por caminos distintos de los habituales.<\/p>\n<p>Desde esta perspectiva, el s\u00edmbolo alcanza una indudable funci\u00f3n gnoseol\u00f3gica: es el camino para un conocimiento no racional, sino intuitivo. En el mundo literario un poema simb\u00f3lico se convierte en un proceso de conocimiento de una realidad que, discursivamente inalcanzable e inefable para los medios ordinarios de expresi\u00f3n, se hace palabra en los s\u00edmbolos de J. de la Cruz.<\/p>\n<p>El s\u00edmbolo y su uso responder\u00eda, en primer lugar, a una necesidad ling\u00fc\u00edstica: suplir la falta de t\u00e9rminos que expresen directamente los estados m\u00edsticos, las relaciones y las experiencias; tendr\u00eda una segunda dimensi\u00f3n como signo literario: confiere belleza al texto, pues es un recurso de ornato del discurso, y alcanzar\u00eda, tambi\u00e9n por su naturaleza de signo literario no codificado, la polivalencia sem\u00e1ntica propia de los signos art\u00edsticos; y finalmente habr\u00eda que considerar su valor gnoseol\u00f3gico, pues genera un proceso de conocimiento de car\u00e1cter intuitivo que permite comprender lo que de otro modo no es racionalmente asequible ni comunicable.<\/p>\n<p>As\u00ed quedar\u00eda explicado el s\u00edmbolo desde la <em>l\u00f3gica de la necesidad <\/em>a trav\u00e9s de todos estos pasos no perdidos en la l\u00edrica simb\u00f3lica de san Juan y as\u00ed es como \u00e9l lo ha explicado en las <em>Declaraciones <\/em>que a\u00f1adi\u00f3 a sus poemas mayores. Pero en ellas dice que su explicaci\u00f3n no excluye otras lecturas e interpretaciones, dada la riqueza del contenido, que apenas rebosa un poco.<\/p>\n<p>2.\u00a0L\u00d3GICA DEL DISIMULO. Puede llamarse tambi\u00e9n \u201cdel ocultamiento\u201d y corresponde a las interpretaciones del s\u00edmbolo sanjuanista, desde una perspectiva psicoanal\u00edtica. El s\u00edmbolo, en general, es el lenguaje del inconsciente y el hombre lo utiliza como un recurso para ocultar unas experiencias que, por alguna raz\u00f3n, no quiere manifestar directamente, en sus propios t\u00e9rminos. Los poemas ser\u00edan procesos de figuraci\u00f3n, de desplazamiento o de condensaci\u00f3n, de experiencias er\u00f3ticas, a las que un interdicto personal y social impide presentar en un lenguaje directo. El hombre acoge en su inconsciente aquellos impulsos, sentimientos y conductas que reprime, porque los considera censurables desde su control ps\u00edquico, y los convierte en contenido simb\u00f3lico de formas expresivas que escapan a ese control, mediante alguno de los procedimientos de manifestaci\u00f3n del inconsciente, que conoce el psicoan\u00e1lisis.<\/p>\n<p>Seg\u00fan tal interpretaci\u00f3n, san Juan utiliza en sus poemas s\u00edmbolos que remiten al amor humano y como tales hay que leerlos, a pesar de lo que \u00e9l diga en sus <em>Declaraciones<\/em>, pues puede el autor creer que hace una cosa y estar en realidad haciendo otra. Desde esta actitud metodol\u00f3gica, el sentido de los poemas es sencillo y directo: son canciones de amor, cuyas expresiones resultan fuertemente er\u00f3ticas. Lo que dicen los poemas es directo, es el lenguaje habitual de la l\u00edrica amorosa y como tal hay que entenderlo, y sus s\u00edmbolos son los normales en este tipo de poemas. Las afirmaciones de que se trata de amor divino est\u00e1n hechas desde el interdicto que el inconsciente pone a la expresi\u00f3n amorosa.<\/p>\n<p>J. Guill\u00e9n (1969), refiri\u00e9ndose al <em>C\u00e1ntico espiritual<\/em>, cree que los poemas \u201csi se leen como poemas \u2013y eso es lo que son\u2013 no significan m\u00e1s que amor, embriaguez de amor, y sus t\u00e9rminos se afirman sin cesar como humanos [&#8230;] Nada abstracto se mezcla a la historia, reducida a los pasos y emociones de una pareja de enamorados\u201d. Aparte de que la expresi\u00f3n m\u00edstica es humana, fuertemente humana, y, por tanto, el argumento de la humanidad de los poemas no parece decisivo para excluir esta faceta, el mismo Guill\u00e9n reconoce que \u201cuna resonancia valiosa se a\u00f1ade al canto de amor\u201d y \u201cse insin\u00faa entre los versos que los dota de una transcendencia a la vez humana y divina\u201d.<\/p>\n<p>As\u00ed lee tambi\u00e9n los poemas J. L. L. Aranguren (1969), que afirma rotundamente que \u201csi sin gazmo\u00f1er\u00eda alguna aceptamos leer el <em>C\u00e1ntico <\/em>&#8230; pronto veremos en qu\u00e9 tremenda medida es un poema er\u00f3tico &#8230; cuya acci\u00f3n es la uni\u00f3n amorosa enteramente narrada &#8230; y cuyo cl\u00edmax, el \u00e9xtasis er\u00f3tico, se alcanza al comienzo de la estrofa doce de la versi\u00f3n primera\u201d.<\/p>\n<p>Es evidente que el <em>C\u00e1ntico espiritual<\/em>, al que se refieren las afirmaciones de Guill\u00e9n y de Aranguren, no utiliza el lenguaje en una forma narrativa, como un relato directo de una historia amorosa; es indudable que desde los primeros versos incluye t\u00e9rminos que rechazan una lectura referencial; y por muy directamente que se lean, sin gazmo\u00f1er\u00eda, pero tambi\u00e9n sin condicionamientos ideol\u00f3gicos, los versos del <em>C\u00e1ntico <\/em>no relatan la historia de ning\u00fan ciervo que hiere y huye, no son la historia de una mujer que anda preguntando a las criaturas si han visto a su amado, el poema desarrolla esas an\u00e9cdotas como s\u00edmbolo de algo m\u00e1s; y el dilema est\u00e1 en determinar si esos s\u00edmbolos se refieren a un amor humano o a un amor divino. Y lo mismo diremos respecto de las lecturas de otros autores que interpretan los poemas la <em>Noche oscura <\/em>y la <em>Llama de amor viva<\/em>, como poemas er\u00f3ticos.<\/p>\n<p>Estamos ante lecturas reductoras y, sin duda, desviadas por una ideolog\u00eda o por una postura personal, que se quedan en la superficie, pues el t\u00edtulo (<em>Canciones entre el alma y el Esposo) <\/em>y la <em>Declaraci\u00f3n de las canciones entre el alma y el Esposo <\/em>apuntan a otro sentido, y el mismo texto permite otras lecturas y alcanza otros sentidos, aunque el t\u00edtulo no fuese significativo o el autor no lo hubiese aclarado. Sabemos que no es decisiva, ni condicionante siquiera, la intenci\u00f3n del autor a la hora de interpretar el texto literario, pero sabemos tambi\u00e9n que la obra art\u00edstica es polivalente y admite, seg\u00fan indicios textuales, multitud de lecturas. Con las interpretaciones er\u00f3ticas estamos tambi\u00e9n ante una lectura con pretensiones de exclusividad: la descalificaci\u00f3n de otras, consider\u00e1ndolas \u201cgazmo\u00f1as\u201d, es contraria a los m\u00e1s elementales principios de la teor\u00eda literaria actual, que ha se\u00f1alado desde varias orientaciones metodol\u00f3gicas (<em>New Criticism<\/em>, <em>Est\u00e9tica de la Recepci\u00f3n<\/em>, etc.) la polivalencia del signo literario: no puede ser excluida una lectura mediante un juicio de valor de un cr\u00edtico, pues s\u00f3lo el texto puede rechazarla, si no responde su sentido al discurso verbal del poema.<\/p>\n<p>Partiendo de la posibilidad de varias lecturas, vamos a comprobar las que se han propuesto desde una metodolog\u00eda psicocr\u00edtica y c\u00f3mo pueden contribuir a explicar algunos aspectos del uso de los s\u00edmbolos para poner en claro las orientaciones s\u00e9micas que crean. Seg\u00fan el psicoan\u00e1lisis, el s\u00edmbolo responde a una t\u00f3nica de disimulo y de ocultaci\u00f3n, es decir, es un recurso no consciente utilizado por el poeta para esconder los sentimientos, las experiencias, los deseos y las pulsiones cuya manifestaci\u00f3n directa sufre un interdicto por parte de su conciencia.<\/p>\n<p>Freud asigna al s\u00edmbolo una primera funci\u00f3n comunicativa, como expresi\u00f3n de un significado que ha sido codificado en el inconsciente. Para este autor, los s\u00edmbolos remiten figurada o traslaticiamente, tambi\u00e9n condensadamente, a un mundo de deseos, de pulsiones que en s\u00ed no son inefables, pero que el sujeto, por razones sociales (tab\u00fa) o personales (censura inconsciente), no puede decir de un modo directo. Los s\u00edmbolos son el lenguaje del inconsciente, que son le\u00eddos m\u00e1s all\u00e1 de su referencia ling\u00fc\u00edstica inmediata. No se trata de que su contenido sea inefable o de que no haya t\u00e9rminos en el lenguaje ordinario para expresarlo, se trata de soslayar un interdicto mediante una expresi\u00f3n simb\u00f3lica, no consciente para el autor, que descubre el psicoanalista o el psicocr\u00edtico mediante el an\u00e1lisis de los t\u00e9rminos del discurso y de sus redes asociativas.<\/p>\n<p>Jung desde la idea freudiana de que el s\u00edmbolo oculta un sentido, rechaza la hip\u00f3tesis de que esa forma sea siempre el enmascaramiento de deseos censurados por el individuo. El s\u00edmbolo ser\u00eda una expresi\u00f3n de la psique cuando se adentra en una realidad desconocida y sin expresi\u00f3n directa; su funci\u00f3n primera consiste en \u201cla revelaci\u00f3n existencial del hombre a s\u00ed mismo, a trav\u00e9s de una experiencia cosmol\u00f3gica\u201d. En los poemas simb\u00f3licos de san Juan la revelaci\u00f3n a s\u00ed mismo se har\u00e1 a trav\u00e9s del reconocimiento de la presencia del Amado en la naturaleza (mi Amado, las monta\u00f1as&#8230;) y a partir de un s\u00edmbolo general: el amor de los esposos, y la b\u00fasqueda inquieta hasta el encuentro gozoso.<\/p>\n<p>La interacci\u00f3n entre el consciente y el inconsciente es posible por medio del s\u00edmbolo: \u201cEl s\u00edmbolo no encierra nada, ni explica, remite m\u00e1s all\u00e1 de s\u00ed mismo hacia un sentido a\u00fan inasible, oscuramente presentido, que ninguna palabra de la lengua que hablamos podr\u00eda expresar de forma satisfactoria\u201d (Jung). Cuando los s\u00edmbolos son sociales, generales, forman conjuntos que act\u00faan como modelos o arquetipos de conocimiento y de conducta y se convierten en \u201celementos estructurales de la psique\u201d. Los s\u00edmbolos arquet\u00edpicos provocan \u201cim\u00e1genes primordiales\u201d en diferentes culturas, son casi signos codificados, aunque sin la precisi\u00f3n que alcanzan los signos de un sistema semi\u00f3tico; as\u00ed podemos pensar en la universalidad de los s\u00edmbolos sanjuanistas de la noche, de la llama y de la luz, del agua y de la fuente, del aire, cuyo sentido religioso general parece identificarse en todas las culturas.<\/p>\n<p>La aplicaci\u00f3n de los conceptos psicoanal\u00edticos al estudio de los textos literarios da lugar en la teor\u00eda de la literatura al m\u00e9todo psicocr\u00edtico de Charles Mauron. El an\u00e1lisis desde esta perspectiva se realiza partiendo del presupuesto general de que el texto po\u00e9tico se estructura en dos niveles: el externo, cuyas expresiones son determinables mediante un an\u00e1lisis de las formas (fon\u00e9tico, morfol\u00f3gico, sint\u00e1ctico, m\u00e9trico) y el interno, constituido por asociaciones sem\u00e1nticas de met\u00e1foras y s\u00edmbolos que manifiestan el mundo emocional e inconsciente del autor.<\/p>\n<p>La diferencia entre la l\u00f3gica del ocultamiento y la l\u00f3gica de la necesidad est\u00e1 en que la primera no es consciente: el autor no sabe que lo que dice tiene una referencia al mundo del inconsciente donde forma redes asociativas que construyen figuras por su cuenta; elige temas y s\u00edmbolos, incluso cuadros de personajes, para estructurar en el nivel de la consciencia an\u00e9cdotas, f\u00e1bulas, relatos, etc., pero lo hace movido por su inconsciente, sin penetrar en otro sentido m\u00e1s que el anecd\u00f3tico, y es el cr\u00edtico quien interpretar\u00e1 esos s\u00edmbolos, identific\u00e1ndolos y relacion\u00e1ndolos en toda la obra; por el contrario, la l\u00f3gica de la necesidad mantiene que el autor es consciente, tanto de la inefabilidad del objeto que quiere tratar, como de la insuficiencia del sistema de signos verbales en que lo quiere expresar, de modo que busca conscientemente la expresi\u00f3n simb\u00f3lica, que le permite dar forma de alguna manera a esos contenidos, y adem\u00e1s \u00e9l mismo puede explicar los s\u00edmbolos y sus relaciones.<\/p>\n<p>Nos parece que, sin duda, la actitud de san Juan, que a\u00f1ade a las <em>Canciones<\/em>, las <em>Declaraciones<\/em>, se sit\u00faa decididamente en la segunda forma de entender la funci\u00f3n del s\u00edmbolo como signo literario. Adem\u00e1s, la modernidad del Santo es sorprendente en este punto porque admite la polivalencia del s\u00edmbolo, al decir que su lectura y sus explicaciones no agotan las posibilidades del sentido de sus poemas y que otros lectores podr\u00e1n interpretarlos de otro modo.<\/p>\n<p>Los estudios de G. Bachelard y de G. Durand buscan una interpretaci\u00f3n simb\u00f3lica del espacio humano (subida, ascensi\u00f3n \/ ca\u00edda, bajada) y del tiempo (diurno \/ nocturno) como coordenadas en las que el hombre sit\u00faa su experiencia y se sit\u00faa \u00e9l directamente en los l\u00edmites que le ofrece la realidad inmediata o en el mundo ficcional que construye con los s\u00edmbolos y con el imaginario espacio temporal. Las funciones del s\u00edmbolo en estos espacios y tiempos imaginarios pueden entenderse tambi\u00e9n como puente entre lo conocido y lo desconocido, entre lo finito natural y lo infinito espiritual, entre el cronotopo del mundo emp\u00edrico y la semiotizaci\u00f3n de espacio y tiempo en el mundo imaginario.<\/p>\n<p>En este sentido, una de las funciones atribuibles al s\u00edmbolo ser\u00eda la unificaci\u00f3n de la experiencia total del hombre (la religiosa, la cient\u00edfica, la c\u00f3smica, la emp\u00edrica y la imaginaria&#8230;), en niveles preconscientes o supraconscientes, que le permiten integrarse mediante la experiencia religiosa en un vasto conjunto, a partir de lo que llama Bachelard la <em>inmensidad \u00edntima, <\/em>que abarca toda la creaci\u00f3n, donde se manifiesta simb\u00f3licamente el mismo Creador <em>(mi Amado las monta\u00f1as, \/ los valles solitarios nemorosos, \/ las \u00ednsulas extra\u00f1as, \/ los r\u00edos sonorosos, \/ el silbo de los aires amorosos).<\/em><\/p>\n<p>Otra de las funciones, \u00e9sta desde la experiencia del saber, ser\u00eda la gnoseol\u00f3gica, que permite al hombre transcender el conocimiento racional que a partir de la experiencia puede darle la ciencia y la especulaci\u00f3n, y alcanzar otro modo de sabidur\u00eda, el sumo saber en la intuici\u00f3n de la divinidad (<em>un entender no entendiendo &#8230; \/ Y es de tan alta excelencia \/ aqueste sumo saber, \/ que no hay facultad ni ciencia \/ que le puedan emprender<\/em>). El s\u00edmbolo siempre como intermediario entre dos mundos, el de la fe y el emp\u00edrico, el de la ciencia y el de la experiencia, con funciones que lo hacen necesario.<\/p>\n<p>Los poemas de san Juan acogen todas las formas de transcendencia y utilizan todas las funciones que son asequibles a los s\u00edmbolos. El s\u00edmbolo responder\u00eda a necesidades de seguridad ps\u00edquica, pues permite al hombre centrarse en la creaci\u00f3n, y de conocimiento intuitivo, que le permite transcender el saber racional. La realidad que expresa el s\u00edmbolo pertenece a un mundo en el que el hombre est\u00e1 situado en otras dimensiones espacio-temporales y de conocimiento, y que traduce al mundo de la experiencia mediante t\u00e9rminos que sugieren, que figuran, que connotan de alg\u00fan modo esa otra realidad transcendente.<\/p>\n<p>El s\u00edmbolo, perteneciente a un lenguaje no codificado en un sistema s\u00e9mico, pero de un valor general a toda la humanidad, sirve tambi\u00e9n de cohesi\u00f3n entre los hombres. El simbolismo religioso se convierte en una forma de lenguaje v\u00e1lido en una tradici\u00f3n que se remonta a la Biblia y da forma a la m\u00edstica espa\u00f1ola en tanto que escuela de experiencias espirituales y de expresi\u00f3n literaria. San Juan ser\u00eda, en su l\u00edrica, y en los comentarios en prosa, la m\u00e1s alta expresi\u00f3n de las posibilidades que el lenguaje simb\u00f3lico ha conseguido. <strong><em>\u00a0<\/em><\/strong>Comparaciones, figuras, formas, im\u00e1genes, met\u00e1foras, semejanzas.<\/p>\n<p>BIBL. \u2014 D\u00c1MASO ALONSO, <em>La poes\u00eda de San Juan de la Cruz <\/em>(desde esta ladera), Madrid, CSIC, 1942; Id. <em>Poes\u00eda espa\u00f1ola. Ensayo de m\u00e9todos y l\u00edmites estil\u00edsticos<\/em>, Madrid, Gredos, 1966; J. L. L. ARANGUREN, <em>Lenguaje y poes\u00eda<\/em>, Madrid, Alianza, 1969; JEAN BARUZI, <em>Saint Jean de la Croix et le probl\u00e8me de l\u2019experience mystique, <\/em>Paris, Alcan, 1931; E. CASSIRER, <em>Mito y lenguaje<\/em>, Buenos Aires, Nueva Visi\u00f3n, 1973; Id. <em>Esencia y efecto del concepto de s\u00edmbolo<\/em>, M\u00e9xico, FCE, 1975; J. CHEVALIER Y A. GHEERBRANT, <em>Dictionnaire des symboles<\/em>, Paris, Seghers, 1973; G. DURAND, <em>Las estructuras antropol\u00f3gicas de lo imaginario<\/em>, Madrid, Taurus, 1963; R. DUVIVIER, <em>Le dynamisme existentiel de Saint Jean de la Croix<\/em>, Paris, Didier, 1973; J. FARR\u00c9S BUIS\u00c1N, \u201cTestimonios de San Juan sobre la inefabilidad\u201d, en Mancho Duque, (ed. 1990) p. 143-154; J. GUILL\u00c9N, \u201cSan Juan de la Cruz o lo inefable m\u00edstico\u201d, en <em>Lenguaje y poes\u00eda<\/em>, Madrid, Alianza, 1969, p. 73110; I. LOTMAN, <em>La estructura del texto art\u00edstico<\/em>, Madrid, Istmo, 1978; M\u00aa J. MANCHO DUQUE, (ed.), <em>La espiritualidad espa\u00f1ola del siglo XVI. Aspectos literarios y ling\u00fc\u00edsticos, <\/em>Salamanca, Universidad, 1990; Id. <em>Palabras y s\u00edmbolos en San Juan de la Cruz, <\/em>Madrid, Fundaci\u00f3n Universitaria Espa\u00f1ola Universidad Pontificia de Salamanca, 1993; Ch. MAURON, <em>Des m\u00e9taphores obs\u00e9dantes au mythe personnel. Introduction \u00e0 la Psychocritique<\/em>, Paris, Corti, 1970.<\/p>\n<p><em>Mar\u00eda del Carmen Bobes Naves<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La cr\u00edtica literaria ha advertido en los poemas l\u00edricos de San Juan de la Cruz el uso cl\u00e1sico de t\u00e9rminos como la noche, la llama, la fuente, la luz, las cavernas, las l\u00e1mparas, y ha advertido tambi\u00e9n que tales t\u00e9rminos &hellip; <a href=\"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=2954\">Sigue leyendo <span class=\"meta-nav\">&rarr;<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_jetpack_newsletter_access":""},"categories":[23],"tags":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p2dsrC-LE","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/2954"}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=2954"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/2954\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":2955,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/2954\/revisions\/2955"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=2954"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=2954"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=2954"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}