{"id":2957,"date":"2015-01-05T12:24:20","date_gmt":"2015-01-05T18:24:20","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=2957"},"modified":"2021-01-05T12:27:59","modified_gmt":"2021-01-05T18:27:59","slug":"cruz-de-cristo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=2957","title":{"rendered":"Cruz de Cristo"},"content":{"rendered":"<p>Ni la cruz puede separarse de \u00a0Jesucristo, ni Cristo puede contemplarse sin cruz. Para un creyente, hablar de la cruz es hablar de \u201cla cruz del Esposo Cristo\u201d, o del \u201ccamino de la cruz del Esposo Cristo\u201d (CB 3,5). Y hablar de Cristo es hablar de Cristo \u201ccrucificado\u201d: \u201cno busque a Cristo sin cruz\u201d (Ct a Luis de S. Angelo, 1590), pues no existe el Cristo \u201csin cruz\u201d. La cruz no es un accidente \u2013\u00a1aunque accidente glorioso, para \u00e9l y para nosotros! \u2013 que le llega al final de la vida y que \u201ctermina\u201d con \u00e9l, sino que es la existencia de Jes\u00fas de Nazaret: <em>es el <\/em>Crucificado. De este Crucificado somos seguidores los cristianos. Por eso, en la \u201cespesura de la cruz\u201d hay que adentrarse si queremos llegar a la \u201cespesura\u201d de la resurrecci\u00f3n y de la vida. Todo esto quiere decir que la cruz no es algo sectorial de Cristo o del cristiano, sino algo envolvente, identificador, coextensivo, en extensi\u00f3n y profundidad, con la vida de Jes\u00fas y con la nuestra.<\/p>\n<p>Si no hay \u201cCristo sin cruz\u201d, tampoco hay cristiano sin ella. No hay seguimiento de Jes\u00fas que no est\u00e9 marcado de principio a fin por \u201csu\u201d cruz, por la cruz del Esposo Cristo, por el \u00a0<em>camino <\/em>de la cruz del \u00a0Esposo Cristo. La cruz es coextensiva a la vida cristiana. No se trata de tal o cual cosa, con una identidad objetiva bien precisa. La cruz es el \u201cesp\u00edritu\u201d de quien asume la vida, <em>toda <\/em>la vida por unos motivos y unos objetivos bien determinados: los de Jes\u00fas de Nazaret.<\/p>\n<h3>I. \u201cEl camino de la cruz del Esposo Cristo\u201d<\/h3>\n<p>Me parece muy oportuno empezar este apartado con una \u201cdefinici\u00f3n\u201d sanjuanista del cristiano que tiene como trasfondo justificatorio a Cristo, por lo tanto con fuerte apoyo evang\u00e9lico. Escribe: \u201cEl que hace alg\u00fan caso de s\u00ed no se niega ni sigue a Cristo\u201d (S 3,23,2). La \u00a0\u201cnegaci\u00f3n\u201d evang\u00e9lica, cristiana de s\u00ed es centramiento amoroso en Dios y su Reino, que comporta necesariamente, como reverso \u201cno hacer caso de s\u00ed\u201d. Esto es seguimiento de Cristo, y de Cristo crucificado, del hombre Jes\u00fas de Nazaret, \u201cel dulc\u00edsimo Esposo de las fieles almas\u201d (CB 40, 7).<\/p>\n<p>Y puesto que Jes\u00fas es \u201cel mensajero y los mensajes\u201d (CB 6,7), el ense\u00f1ante y lo ense\u00f1ado, Persona y palabra, a su Persona y palabra recurrir\u00e1 el Santo para \u201cjustificar\u201d poderosamente su doctrina sobre \u201cel camino de la cruz del Esposo Cristo\u201d (CB 3,5). <em>Todo <\/em>en la vida de un cristiano es cuesti\u00f3n cristol\u00f3gica, confesi\u00f3n o negaci\u00f3n de Jes\u00fas, conocimiento o desconocimiento de Quien se nos presenta como verdad y amor, amor de Dios al mundo, al mismo tiempo que como toda la verdad y amor, toda la respuesta de la criatura a Dios.<\/p>\n<p>Lo comprendi\u00f3 bien J. de la Cruz y nos dej\u00f3 expl\u00edcita constancia de ello en tres pasajes, clara y decididamente cristol\u00f3gicos, recapituladores de su visi\u00f3n de la vida cristiana, los dos primeros presentados tambi\u00e9n como \u201cpuerta\u201d de acceso a su personal visi\u00f3n del ser cristiano; y otro, el \u00faltimo que presentar\u00e9, como colof\u00f3n de una confesi\u00f3n sostenida de amor, expresi\u00f3n tambi\u00e9n de la \u00fanica manera de acceder a la realizaci\u00f3n de cristificaci\u00f3n de su existencia. \u201cS\u00f3lo le queda una cosa que desear, que es gozarle perfectamente en la vida eterna\u201d (CB 36, 2): entrar con \u00e9l \u201cen la espesura de la cruz\u201d.<\/p>\n<h3>II. Un solo apetito<\/h3>\n<p>Se trata, como reza el t\u00edtulo del cap\u00edtulo 13 (de S 1) \u201cde la manera y modo que se ha de tener para entrar en esta noche del sentido\u201d. Amigo de brevedad y concisi\u00f3n, comido tambi\u00e9n por la urgencia de llegar adonde quiere llegar, a una participaci\u00f3n m\u00e1s honda y radical, envolvente en la cruz de Cristo, o en la existencia crucificada del amor humanado de Dios, y consciente de que tiene \u201cgrave palabra y doctrina\u201d (N 1,13,3), comienza el autor de <em>Subida <\/em>diciendo que va a dar \u201calgunos avisos\u201d (n.1). Da la impresi\u00f3n de que, sin mucha gana y convencimiento, simplemente para \u201cllenar\u201d un poco la exposici\u00f3n: \u201cporque parece quedaba muy corto y no de tanto provecho no dar luego alg\u00fan remedio o aviso\u201d (ib.). Se agranda esta impresi\u00f3n cuando el lector advierte que el grueso de los \u201cavisos\u201d nos llega por medio del trasvase de otro, breve, escrito: buena parte de la literatura que acompa\u00f1a al dibujo de <em>El Monte Carmelo<\/em>. La brevedad, aumentada por la autocita, viene en cambio compensada sobre la conciencia que manifiesta el autor de su absoluta validez: \u201cEstos avisos &#8230; aunque son breves y pocos, yo entiendo que son tan provechosos y eficaces como compendiosos\u201d. Por eso no duda en afirmar que \u201cel que se quisiese ejercitar en ellos, no le har\u00e1n ningunos, antes en \u00e9stos los abraza todos\u201d (n. 2).<\/p>\n<p>Puede herir la sensibilidad de algunos el tono \u201cdogm\u00e1tico\u201d, hiriente, provocador que adopta el Santo en la redacci\u00f3n de estos apotegmas en \u201cverso\u201d. Aqu\u00ed, como en el texto que estudiar\u00e9 a continuaci\u00f3n, m\u00e1s que el tono interesa la lectura que hace de la vida de Jes\u00fas de Nazaret. Pues es esto de lo que se trata. E, indudablemente, es aqu\u00ed donde nos convoca Juan de la Cruz. Nos env\u00eda al Evangelio para ver si y en qu\u00e9 medida <em>su <\/em>lectura del mismo y la propuesta espiritual que nos propone se sostienen o no confrontadas con la existencia y la palabra de Jes\u00fas. La urgencia \u201ca\u00f1adida\u201d es que, seg\u00fan \u00e9l en esto est\u00e1 en juego el cristianismo, la forma de vida nueva que Jes\u00fas ha inaugurado y llevado a plenitud en la historia. Y con car\u00e1cter definitivo: \u00e9l es \u201cuna Palabra suya (del Padre), que no tiene otra&#8230;, y no tiene m\u00e1s que hablar\u201d (S 2,22,3). Tanto, \u201cque Dios ha quedado como mudo y no tiene m\u00e1s que hablar\u201d (ib. 4).<\/p>\n<p>Vuelvo al texto sanjuanista, y a las palabras con que abre estos avisos \u201cbreves y cortos\u201d. Escribe con fuerza incontenible: \u201cLo primero, traiga un <em>ordinario <\/em>apetito de imitar a Cristo en todas sus cosas, conform\u00e1ndose con su vida, la cual debe considerar para saberla imitar, y haberse en todas las cosas como se hubiera \u00e9l\u201d (Av 159). Huelga cualquier comentario. El te\u00f3logo y artista del lenguaje ha logrado una formulaci\u00f3n precisa. Centra nuestra atenci\u00f3n en la persona de Jes\u00fas, una contemplaci\u00f3n estable, contemplativa, amorosa. \u201cUn ordinario apetito\u201d. M\u00e1s adelante nos dir\u00e1 que \u201c\u00fanico\u201d: \u201cun solo deseo\u201d.<\/p>\n<p>Deseo fuerte, impetuoso, de enamorado.<\/p>\n<p>Todav\u00eda no nos ha dicho nada de \u00e9l. Pero ya nos adelanta que es \u201clo primero\u201d, por lo tanto, lo m\u00e1s importante y decisivo, la perspectiva y el horizonte en que se ha de comprender todo lo que sigue, clave doctrinal y, por tratarse de una Persona que es el rostro humano de Dios, T\u00fa entra\u00f1able y c\u00e1lido. Por tanto, que ba\u00f1a de vida las duras, restallantes consignas que siguen, sin disminuir ni disimular su dureza, y, menos, su verdad. Nos apremia a considerar \u201csu vida\u201d. No quiere voluntarismos ciegos, tantas veces \u2013\u00bfo siempre? \u2013 suicidas, sino comportamientos alimentados racionalmente. Seg\u00fan su f\u00f3rmula: \u201chay raz\u00f3n natural y ley y doctrina evang\u00e9lica, por donde muy bastantemente se pueden regir\u201d (S 2,21,4). La voluntad es buena cuando es racional.<\/p>\n<p>Y \u201clo segundo\u201d. As\u00ed introduce una serie escalonada de aplicaciones de \u201clo primero\u201d para educar sentidos, pasiones y concupiscencia. Conexi\u00f3n que establece con seguridad y sin titubeos. \u201c<em>Para poder bien hacer esto<\/em>, cualquier gusto que se le ofreciere a los sentidos, como no sea puramente para honra y gloria de Dios, ren\u00fancielo y qu\u00e9dese vac\u00edo de \u00e9l por amor de Jesucristo, el cual en esta vida no tuvo otro gusto, ni le quiso, que <em>hacer la voluntad de su Padre<\/em>, lo cual llamaba \u00e9l <em>su <\/em>comida y manjar\u201d (Jn 4,34: S 1,13,4).<\/p>\n<p>A quien vivi\u00f3 y aconsej\u00f3 vivir a Cristo \u201cdesnudamente\u201d (Ct 16), sin adornos que lo desfiguran y le quitan inmediatez y frescor, le basta ahora el recurso a la palabra del Maestro. Le sobran los comentarios sobre la comprensi\u00f3n de la misma. Por lo dem\u00e1s, no estamos ante un islote perdido en el oc\u00e9ano de los escritos sanjuanistas. Sin ir m\u00e1s lejos, cap\u00edtulos atr\u00e1s, y tambi\u00e9n con el soporte del texto lucano 14,33 en el que se nos dice de renunciar a todo si queremos ser sus disc\u00edpulos, ya hab\u00eda escrito con su contundencia y seguridad acostumbradas: \u201cY esto est\u00e1 claro, porque la doctrina que el Hijo de Dios vino a ense\u00f1ar fue el menosprecio de todas las cosas, para poder recibir el precio del esp\u00edritu de Dios; porque, en tanto que de ellas no se deshiciere el alma, no tiene capacidad para recibir el esp\u00edritu de Dios en pura transformaci\u00f3n\u201d (S 1,5,2).<\/p>\n<p>Y terminar\u00e1 este cap\u00edtulo, denso y de sencilla contextura expositiva, con abundante soporte b\u00edblico, con otra perentoria afirmaci\u00f3n: \u201cNo consiente Dios a otra cosa morar consigo en uno\u201d, que \u201cs\u00f3lo aquel apetito consiente y quiere que haya donde \u00e9l est\u00e1, que es guardar la ley de Dios perfectamente y llevar la cruz de Cristo sobre s\u00ed\u201d (ib. 8).<\/p>\n<p>Cuando aborde directamente el reordenamiento evang\u00e9lico del amor, nos ofrece tambi\u00e9n el principio a cuya luz advierte que hay que entender todo lo que va a exponer a continuaci\u00f3n. Con solemnidad, pero sin afectaci\u00f3n, como una profesi\u00f3n de fe que le sale de sus entra\u00f1as de creyente, escribe: \u201cPara todo ello conviene presuponer un fundamento, que ser\u00e1 como un b\u00e1culo en que nos debemos ir siempre arrimando. Y conviene llevarle entendido, porque es la luz por donde nos habemos de guiar en esta doctrina y enderezar en todos estos bienes el gozo a Dios, y es: que la voluntad no se debe gozar sino s\u00f3lo de aquello que es gloria y honra de Dios, y que la mayor honra que le podemos dar es servirle seg\u00fan la perfecci\u00f3n evang\u00e9lica; y lo que es fuera de esto, es de ning\u00fan valor y provecho para el hombre\u201d (S 3,17,2).<\/p>\n<p>\u201cLa honra y gloria de Dios\u201d est\u00e1 en que el creyente viva \u201cseg\u00fan la perfecci\u00f3n evang\u00e9lica\u201d. Admitida esta premisa puede afrontarse con \u00e1nimo sereno la conclusi\u00f3n: lo que no es esto \u201ces de ning\u00fan valor y provecho\u201d para la persona. Para <em>ser <\/em>hay un camino. Y \u00e9ste no es otro que Jes\u00fas, su buena nueva, el Evangelio.<\/p>\n<p>Aplicar\u00e1 sin reservas estos principios en el acompa\u00f1amiento espiritual de quienes se lo solicitan. Marcando bien la \u201ccronolog\u00eda\u201d y el contenido de la relaci\u00f3n Dios-persona, escribe a una carmelita descalza: \u201cPor eso la quiere Dios, porque la quiere bien, bien sola, con gana de hacerle \u00e9l toda compa\u00f1\u00eda\u201d. Es Dios quien pone en movimiento el reloj de la relaci\u00f3n amistosa con cada uno de nosotros: \u201cnos quiere bien\u201d. Y quien define bien el contenido y alcance: \u00e9l quiere ser \u201ctoda compa\u00f1\u00eda\u201d. El \u00fanico amor, todo el amor. Con esta insondable gracia por delante, y todav\u00eda hablando de Dios, la conclusi\u00f3n, que es tambi\u00e9n enorme gracia, no pesado, externo mandamiento, \u201cporque la quiere Dios, la quiere bien sola\u201d. Y contin\u00faa, ahora ya cambiando de sujeto, diciendo: \u201cSer\u00e1 menester &#8230; en poner \u00e1nimo en contentarse <em>s\u00f3lo <\/em>con ella [la compa\u00f1\u00eda del Dios]\u201d (Ct a Leonor de S. Gabriel: 8.7.1589). Como Dios, en res-puesta a su pro-puesta, hay que ser personas de un solo, totalitario amor. Qu\u00e9 duda cabe que se trata de un amor incluyente, no excluyente, amando todo lo que quiere Dios y como lo quiere Dios. En suma, un amor que nace y se alimenta de la fuente de la verdad y del amor.<\/p>\n<p>Por aqu\u00ed, por la verdad, conecto ya con el segundo texto en el que J. de la Cruz nos entrega una exposici\u00f3n m\u00e1s amplia, dentro de su natural sobriedad, de su inteligencia del misterio de Cristo, que es tanto como decir, de la \u201cciencia de la cruz\u201d de Cristo.<\/p>\n<h3>III. Cristo, amor crucificado<\/h3>\n<p>El cap\u00edtulo cristol\u00f3gico (el 7 de S 2), que merecer\u00eda estar en cualquier antolog\u00eda del g\u00e9nero, es paralelo y juega el mismo papel clarificador que el que escribi\u00f3 poco antes \u2013el 5\u00ba\u2013 sobre la uni\u00f3n: \u201centendido esto [qu\u00e9 es uni\u00f3n del alma con Dios] se dar\u00e1 mucha luz en lo que de aqu\u00ed adelante diremos (4,8). Aqu\u00ed, en el cap\u00edtulo siete del libro segundo de <em>Subida<\/em>, apenas iniciada la exposici\u00f3n de la purificaci\u00f3n que se requiere para la uni\u00f3n, J. va a explicar su radicalidad y, sobre todo, su fundamento, apelando a la doctrina y a la misma persona de Jes\u00fas. Uni\u00f3n y purificaci\u00f3n son las dos caras de una misma moneda: la una incluye, exige y requiere la otra. Es \u00e9ste el planteamiento que hizo en el cap\u00edtulo anterior, el sexto, presentando las virtudes teologales, en las que consiste la uni\u00f3n y el \u201cvac\u00edo\u201d \u201cde todo lo que no es Dios\u201d (S 2, 6,1-2; N 2,21), dimensi\u00f3n m\u00edstica y asc\u00e9tica de la vida cristiana, en unidad indisociable.<\/p>\n<p>Y porque ahora va a hablar prevalentemente, por no decir exclusivamente, de la \u00a0\u201cdesnudez\u201d, de \u201ccu\u00e1n angosto sea el camino que dijo nuestro Salvador que gu\u00eda a la vida\u201d (ib. 7,1), le urge poner al lector frente a frente con la palabra de Jes\u00fas y con \u00e9l mismo. Nadie podr\u00e1 dudar razonablemente de la preocupaci\u00f3n sanjuanista por bus car en Cristo el apoyo y \u201cjustificaci\u00f3n\u201d de su doctrina sobre la necesaria purificaci\u00f3n para la uni\u00f3n con Dios. En estas p\u00e1ginas, densas y apretadas, viene a decirnos, como Pablo de Tarso, su comprensi\u00f3n del misterio de Cristo, de un Cristo crucificado, fundamento \u00fanico de todo edificio que se bautice cristiano.<\/p>\n<p>Al final del cap\u00edtulo, terminando, \u201caunque no quisiera acabar de hablar en ello\u201d, nos sorprende con una dur\u00edsima afirmaci\u00f3n: \u201cVeo que es muy poco conocido Cristo de los que se tienen por sus amigos\u201d. Y nos ofrece, a rengl\u00f3n seguido, unas brev\u00edsimas palabras, s\u00edntesis de toda su exposici\u00f3n. Nos dice: \u201cPues los vemos andar buscando en \u00e9l sus gustos y consolaciones, am\u00e1ndose mucho a s\u00ed, mas no sus amarguras y muertes, am\u00e1ndole mucho a \u00e9l\u201d (12). De nuevo Cristo viene contemplado y presentado como la \u00fanica clave de verificaci\u00f3n de una propuesta espiritual cristiana. Pues Jes\u00fas <em>es <\/em>la respuesta de la criatura al amor que el Padre le otorga como gracia absoluta, que es absolutamente capacitadora de respuesta: un amor que lleva a la muerte \u201cde todo lo que no es Dios\u201d, muerte a s\u00ed y a sus cosas.<\/p>\n<p>Inevitablemente, como no pod\u00eda ser de otro modo, J. har\u00e1 derivar el discurso hacia el amor \u201cque es pasar de s\u00ed al Amado\u201d (CB 26,14), que \u201ces obrar en despojarse y desnudarse por Dios de todo lo que no es Dios\u201d (S 2,5,7). S\u00f3lo que aqu\u00ed, en este cap\u00edtulo s\u00e9ptimo, tiene un sabor m\u00e1s poderosa y c\u00e1lidamente cristol\u00f3gico, es decir, un sabor con ra\u00edz biogr\u00e1fica de Quien \u201cno busc\u00f3 su propio agrado\u201d.<\/p>\n<p>Una tesis, con dos convergentes, complementarias expresiones, una realidad con dos caras, que cada una de las cuales puede expresar por s\u00ed sola, y que en la realidad no pueden darse por separado. Aunque aplace para otro momento la expresi\u00f3n positiva del amor, la afirmaci\u00f3n de la persona a la que se entrega incondicionalmente, con totalidad, no puede silenciar que \u00e9ste es el suelo y la ra\u00edz del que se alimenta, y en la que cobra validez la dimensi\u00f3n negativa de \u201cdesnudez\u201d y \u00a0negaci\u00f3n, de cruz. En definitiva, entrar por la puerta angosta de Cristo significa \u201camar a Dios sobre todas\u201d las cosas (ib. 2). En \u201cesta senda de la perfecci\u00f3n\u201d \u201cs\u00f3lo Dios se busca y se granjea, s\u00f3lo Dios es el que se ha de buscar y granjear\u201d (ib. 3). Pero lo fuerte de su discurso va ahora en la direcci\u00f3n de lo que implica y exige esta opci\u00f3n por \u201csolo Dios\u201d. Y esto lo hace apoy\u00e1ndose en la palabra evang\u00e9lica y contemplando la persona misma de Jes\u00fas.<\/p>\n<p>Estos son los textos evang\u00e9licos de los que se sirve: Mc 8,34-35 (4), Jn 12,25 (6), 14,6 y 10,9 (8), Mt 20,22 y 11,30 (7). Apuntala en ellos su pensamiento, su visi\u00f3n personal del camino espiritual, y critica con fuerza la postura de algunos espirituales \u201cque se tienen por amigos de Cristo\u201d, pero que, seg\u00fan \u00e9l, \u201chuyen de ello [de la cruz de Cristo] como de la muerte\u201d (5). Empiezo por esta critica y contin\u00fao luego por la exposici\u00f3n de su doctrina.<\/p>\n<p>Jes\u00fas habla a sus seguidores en el texto de Mc de \u201cnegarse a s\u00ed mismo\u201d y de \u201ctomar la cruz\u201d. Los espirituales a los que se refiere J. \u201centienden que <em>basta<\/em>\u201d para vivir este consejo de Jes\u00fas con \u201ccualquiera manera de retiramiento y reformaci\u00f3n en las cosas; y otros <em>se contentan <\/em>con en alguna manera ejercitarse en las virtudes y continuar la oraci\u00f3n y seguir la mortificaci\u00f3n\u201d. (5; cf. 8). Ya en S 1,8,4 hab\u00eda hablado tambi\u00e9n de quienes \u201cse cargan de extraordinarias penitencias y otros muchos voluntarios ejercicios\u201d, a\u00f1adiendo tambi\u00e9n la coletilla \u201cy piensan que les bastar\u00e1 para llegar a la uni\u00f3n. En Dichos sentenci\u00f3: \u201cAunque obres muchas cosas, si no aprendes a negar tu voluntad y sujetarte, perdiendo cuidado de ti y de tus cosas, no aprovechar\u00e1s en la perfecci\u00f3n\u201d (Av 7).<\/p>\n<p>Aparecen en esta sentencia dos propuestas netamente diferenciadas: la primera, la de \u201calgunos espirituales\u201d, habla de \u201cmuchas cosas\u201d, de \u201cextraordinarias penitencias\u201d. Piensan que esto basta. El Doctor m\u00edstico dice que esto \u201ces andar por las ramas\u201d (S 2,7,8), \u201chuir de imitar a Cristo\u201d (ib.), y que, por lo tanto, \u201cno aprovechar\u00e1n en la perfecci\u00f3n\u201d. Y la segunda propuesta es la del santo carmelita, que ha sintetizado con estas palabras: \u201cnegar tu voluntad &#8230; perdiendo cuidado de ti y de tus cosas\u201d (Av 71). Es sobre lo que abunda en el cap\u00edtulo que estudiamos. El camino cristiano es \u201cdesnudez y pobreza, o enajenaci\u00f3n o pureza espiritual\u201d (ib. 5), o \u201csuma desnudez y vac\u00edo de esp\u00edritu\u201d (3), o \u201cviva muerte de cruz sensitiva y espiritual, esto es, interior y exterior\u201d (ib. 11). Contrapone las dos propuestas ayud\u00e1ndonos as\u00ed a una comprensi\u00f3n mejor de cada una. La primera es puro ego\u00edsmo; la segunda es amor. Aqu\u00e9lla hace a sus seguidores \u201cenemigos de la cruz de Cristo\u201d; \u00e9sta \u201ces seguir a Cristo\u201d.<\/p>\n<p>Una lectura atenta del dens\u00edsimo n\u00famero cinco llevar\u00e1 al lector a una comprensi\u00f3n, como m\u00ednimo, de la fuerte convicci\u00f3n del Santo sobre lo que est\u00e1 en juego. Despu\u00e9s podr\u00e1 juzgar, y desde la luz que proyectan los textos b\u00edblicos aducidos, sobre la validez de una y otra postura con relaci\u00f3n a la \u201ccruz de Cristo\u201d en la vida cristiana.<\/p>\n<p>Escribe el maestro que \u201cla cruz pura espiritual y desnudez de esp\u00edritu pobre por Cristo\u201d <em>es <\/em>\u201cla aniquilaci\u00f3n de toda suavidad en Dios\u201d; y que \u201cbuscar a Dios en s\u00ed mismo es no s\u00f3lo querer carecer de eso y de esotro por Dios, sino inclinarse a escoger por Cristo todo lo m\u00e1s desabrido, ahora de Dios, ahora del mundo; y esto es amor de Dios\u201d. Mientras que \u201candar dulzuras y comunicaciones sabrosas en Dios\u201d \u201cno es negaci\u00f3n de s\u00ed mismos y desnudez de esp\u00edritu\u201d, antes es \u201cbuscarse a s\u00ed mismos en Dios, lo que es harto contrario al amor\u201d.<\/p>\n<p>El Santo identifica la \u201ccruz\u201d y el \u201camor\u201d. Y una y otro con el seguimiento de Jes\u00fas. El amor <em>es <\/em>negaci\u00f3n de s\u00ed, por cuanto <em>es <\/em>afirmaci\u00f3n de otro como raz\u00f3n y centro de la propia vida. Y esta negaci\u00f3n, \u201cen que consiste la cruz pura espiritual\u201d, \u201cha de ser una muerte y aniquilaci\u00f3n\u201d \u201cen la estimaci\u00f3n de la voluntad, en la que se halla toda negaci\u00f3n\u201d. Parafraseando los dos textos joaneos que cita, dice que \u201cel que quiere <em>poseer <\/em>algo o buscarlo <em>para s\u00ed<\/em>, \u00e9se la perder\u00e1 [su vida, su alma]\u201d. Mientras que \u201cel que renunciare por Cristo a todo lo que puede apetecer y gustar, escogiendo lo que m\u00e1s se parece a la cruz &#8230; \u00e9se la ganar\u00e1\u201d (ib. 6).<\/p>\n<p>Beber del c\u00e1liz del Se\u00f1or, del que habla Mt 20,22, \u201ces morir a su naturaleza, desnud\u00e1ndola y aniquil\u00e1ndola\u201d, para poder caminar el camino de Jes\u00fas, \u201cen el que no cabe m\u00e1s que la negaci\u00f3n &#8230; y la cruz, que es el b\u00e1culo para poder arribar, por el cual grandemente se aligera y facilita\u201d (ib. 7). Y contin\u00faa apoy\u00e1ndose en el texto del mismo evangelista, 11,30, que el yugo suave y ligero \u201ces la cruz, que es determinarse de veras a querer hallar y llevar trabajo en todas las cosas por Dios\u201d (ib).<\/p>\n<p>Todo esto que nos dice con el soporte de la palabra evang\u00e9lica, lo refuerza present\u00e1ndonos la Persona misma de Jes\u00fas: su vida es una muerte a lo sensitivo, \u201cespiritualmente en su vida y naturalmente en su muerte\u201d, en la que qued\u00f3 \u201caniquilado en el alma sin consuelo y alivio alguno\u201d. Pero en este momento \u201cdel mayor desamparo\u201d, \u201chizo la mayor obra que en toda su vida\u201d, que fue \u201creconciliar y unir al g\u00e9nero humano por gracia con Dios\u201d (ib. 11).<\/p>\n<p>De este modo, su tesis de \u201cque Cristo es el camino, y que este camino es morir\u201d (ib. 9), adquiere un refrendo absoluto en la palabra y en la vida de Jes\u00fas, y, por eso, un alcance universal. Lo grita, m\u00e1s que lo dice: \u201cPara que entienda el buen espiritual el misterio de la puerta y del camino de Cristo para unirse con Dios, y sepa que cuanto m\u00e1s se aniquilare por Dios &#8230; tanto m\u00e1s se une a Dios y tanto mayor obra hace\u201d. Y l\u00edneas m\u00e1s abajo culmina su discurso con esta afirmaci\u00f3n: \u201cno consiste, pues, (el camino de Cristo) en recreaciones y gustos, y sentimientos espirituales, sino en una vida muerte de cruz\u201d (ib. 11). El Santo emplea \u201caniquilaci\u00f3n\u201d, \u201caniquilar\u201d once veces en este cap\u00edtulo, cuatro de ellas referidas a Cristo (todas en el n. 11) y siete para designar la \u201ccruz\u201d, el \u201ccamino\u201d del cristiano (cf. CB 26,17).<\/p>\n<p>Pienso que podemos concluir que este cap\u00edtulo siete es el manifiesto m\u00e1s radical del estatuto del cristiano, porque antes de su Maestro: la cruz. Lo que est\u00e1 aqu\u00ed en juego es una lectura en profundidad, radical de la vida y de la palabra de Jes\u00fas. Si J. de la Cruz acierta o se equivoca todo su sistema doctrinal, y su misma vida, se sostiene o se hunde. Es clara su intenci\u00f3n a la hora de escribir este cap\u00edtulo, como lo advierte en el primer n\u00famero: \u201cque no se maravillen del vac\u00edo y desnudez\u201d de la que hablar\u00e1 como camino de la \u00a0uni\u00f3n.<\/p>\n<h3>IV. Espesura de la cruz, espesura de la vida<\/h3>\n<ol>\n<li>de la Cruz es consciente y sabedor de las resistencias inmensas que hay en nosotros a la \u201ccruz\u201d, es decir, al \u201camor\u201d (CB 36, 10-13). Dios comienza a probar a quienes andan \u201ccrecidillos\u201d en la vida espiritual. De estos dice el Santo que \u201cest\u00e1n inclinados a estos gustos &#8230; y son muy flojos y remisos en ir por el camino \u00e1spero de la cruz\u201d (N 1,6,7); y que, \u201cen ofreci\u00e9ndoseles algo de esto s\u00f3lido y perfecto &#8230; huyen de ello como de la muerte\u201d (S 2,7,5). Son personas que \u201cse ofenden de la cruz\u201d, \u201cen que est\u00e1 el deleite del esp\u00edritu\u201d (N 1,7,4).<\/li>\n<\/ol>\n<p>En la <em>Llama <\/em>se pregunta por qu\u00e9 hay \u201ctan pocos que lleguen a tan alto estado de perfecci\u00f3n de uni\u00f3n con Dios\u201d. Y la respuesta es escueta, n\u00edtida: porque \u201chay pocos vasos que sufran tan alta y subida obra\u201d. Por ello, Dios, \u201cno hall\u00e1ndolos fuertes y fieles en aquello poco &#8230; no va adelante en purificarlos\u201d. Pues para esto \u201cera menester mayor constancia y fortaleza\u201d (2,27).<\/p>\n<p>Una constancia y fortaleza que Dios, condescendiente, con paciente amor se empe\u00f1a en engendrar en nosotros, para que podamos comer el manjar \u201cm\u00e1s fuerte y s\u00f3lido de los trabajos de la cruz de su Hijo, a que \u00e9l querr\u00eda echasen mano m\u00e1s que a otra alguna cosa\u201d (S 2,21,3). En <em>Llama<\/em>, en una exclamaci\u00f3n vibrante, sale al paso de quienes andan detr\u00e1s de sus gustos dici\u00e9ndoles que, \u201csi supiereis cu\u00e1nto os conviene padecer &#8230; en ninguna manera buscar\u00edais consuelo, ni en Dios ni en las criaturas; mas antes llevar\u00edais la cruz, y, puestos en ella, querr\u00edais beber all\u00ed la miel y el vinagre puro &#8230; viendo c\u00f3mo, muriendo as\u00ed al mundo y a vosotros mismos, vivir\u00edais a Dios en deleites de esp\u00edritu\u201d (2,28). Y habla de la \u201cpaciencia y fidelidad\u201d y \u201cconstancia\u201d para sufrir \u201cen lo exterior\u201d para que \u201cpusiese Dios los ojos en vosotros para purgaros y limpiaros m\u00e1s adentro con algunos trabajos espirituales m\u00e1s de adentro, para daros bienes m\u00e1s adentro\u201d, que es \u201cuna se\u00f1alada merced de tentarlos m\u00e1s adentro, para aventajarlos en dones y merecimientos\u201d (ib. 28), y \u201cpara levantarlos todo lo que puede ser\u201d (ib. 29).<\/p>\n<p>Hacer el camino de la cruz del Esposo Cristo es antes que nada gracia, \u201caventajada merced\u201d. Pero tambi\u00e9n empe\u00f1o fiel de quien percibe esa gracia. As\u00ed lo expresa el Santo en CB 3. \u201cEl alma que de veras a Dios ama, no empereza hacer cuanto puede por hallar al Hijo de Dios, su Amado\u201d (3,5); y hace esto \u201cconfiada del amor y favor de \u00e9l\u201d, para liberarse de todo lo que impide \u201cel camino de la cruz del Esposo Cristo\u201d (5). Con el mismo lenguaje y con la misma fuerza se expresa en CB 29: \u201cque, estando enamorada \/ me hice perdidiza, y fui ganada\u201d: \u201cEl que anda de veras enamorado, luego se deja perder a todo lo dem\u00e1s &#8230; A s\u00ed mismo, no haciendo caso de s\u00ed en ninguna cosa sino del Amado\u201d, y \u201ca todas las cosas, no haciendo caso de todas sus cosas sino de las que tocan al Amado\u201d (ib. 10). Una vez m\u00e1s J. de la Cruz contrasta su planteamiento con el de \u201calgunos espirituales\u201d que \u201cse tienen por los de muy all\u00e1\u201d, pero que \u201cnunca se acaban de perder en algunos puntos &#8230; para hacer las obras perfectas y desnudas <em>por Cristo<\/em>\u201d, \u201cpues no est\u00e1n perdidos a s\u00ed mismo en el obrar\u201d. Sentencia: \u201cno viven en Cristo de veras\u201d (ib. 8).<\/p>\n<p>Pero el amor, que es siempre el que redime el dolor y levanta la cruz como trofeo de victoria, y convierte todo en gracia, en \u201cganancia\u201d para s\u00ed y para todos, necesita \u00e9l mismo purificarse, redimirse del ego\u00edsmo, hasta en sus ra\u00edces m\u00e1s profundas. El amor es un grito callado y denso, impetuoso de \u201centrar m\u00e1s adentro\u201d. De entrar con el mismo Cristo. \u201cEntremos m\u00e1s adentro en la espesura\u201d. Una cruz compartida por un \u201cnosotros\u201d solidario. Es lo que canta y cuenta el poeta y te\u00f3logo en <em>C\u00e1ntico <\/em>36, con la que empieza la \u00faltima etapa del proceso m\u00edstico, la aspiraci\u00f3n de glorificaci\u00f3n, cuando la vida se concentra en un deseo, como anota: \u201cS\u00f3lo le queda una cosa que desear, que es gozarle perfectamente en la vida eterna\u201d (Ib. 2). Deseo que traduce: \u201ctransf\u00f3rmame y asem\u00e9jame en la hermosura de la Sabidur\u00eda divina\u201d (7). Un deseo que se acelera por momentos: \u201ccuanto m\u00e1s ama, m\u00e1s adentro de ellas (las maravillas del Verbo encarnado) apetece entrar\u201d (CB 36.9). Insiste en que \u201cmuere en el deseo de entrar\u201d (CB 36,11) y en que \u201cse olgar\u00eda de morir muchas veces por satisfacerle\u201d (N 2,13,4). Movimiento que va en aumento, \u201cporque esta espesura de sabidur\u00eda y ciencia de Dios es tan profunda e inmensa, que &#8230; siempre puede entrar m\u00e1s adentro\u201d.<\/p>\n<p>En esta estrofa 36 dice m\u00e1s todav\u00eda: que, con tal de entrar m\u00e1s adentro en ese conocimiento amoroso de Dios, \u201cle ser\u00eda grande consuelo y alegr\u00eda entrar por todos los aprietos y trabajos del mundo &#8230; y por las angustias y trances de la muerte, por verse m\u00e1s adentro en su Dios\u201d (11). Esto no es teor\u00eda. Es historia \u201cpasada\u201d. Es lo que cuenta e interpreta en el libro segundo de <em>Noche<\/em>. Escribe: \u201cSe anda siempre tras su Dios con esp\u00edritu de padecer por \u00e9l\u201d (19,4). Camino que \u201ces m\u00e1s seguro y a\u00fan m\u00e1s provechoso\u201d (16,9), \u201cporque le es medio para entrar m\u00e1s adentro en la espesura del deleite\u201d (CB 36,12).<\/p>\n<p>Y as\u00ed lo explica en los \u00faltimos n\u00fameros de la declaraci\u00f3n del quinto verso de esta estrofa: \u201cPor esta espesura&#8230; se entiende harto propiamente la espesura y multitud de trabajos y tribulaciones en que desea el alma entrar\u201d. Y termina con una exclamaci\u00f3n que le arranca de lo m\u00e1s hondo de su conciencia cristiana, de su visi\u00f3n del \u201cmisterio de Cristo\u201d: \u201c\u00a1Oh, si se acabase ya de entender c\u00f3mo no se puede llegar a la espesura y sabidur\u00eda de las riquezas de Dios &#8230; si no es entrando en la espesura del padecer de muchas maneras, poniendo en eso el alma su consolaci\u00f3n y deseo! \u00a1Y c\u00f3mo el alma que de veras desea sabidur\u00eda divina, desea primero el padecer, para entrar en ella, en la espesura de la cruz\u201d. Y despu\u00e9s de citar Ef 3,17-19, termina: \u201cPorque, para entrar en estas riquezas de su sabidur\u00eda, la puerta es la cruz\u201d (13).<\/p>\n<p>As\u00ed se juntan, en la experiencia del deseo, y en la realidad, el entrar m\u00e1s adentro en el conocimiento amoroso, vivencial del misterio de Dios manifestado en Cristo, y el entrar m\u00e1s adentro en el misterio de la cruz, dos \u201cespesuras\u201d que se unen en la Persona de Jes\u00fas, que el Padre nos ha dado \u201cpor hermano, compa\u00f1ero y maestro, precio y premio\u201d (S 2,22,5). Y as\u00ed se unen necesariamente en cada persona.<\/p>\n<p>No es un principio \u201cideol\u00f3gico\u201d del que parte. Es una conclusi\u00f3n a la que llega, y no desde unas premisas m\u00e1s o menos fundamentadas, sino desde la lectura que hace de la vida de Jes\u00fas. Participar en la cruz de Cristo, \u201cpasar por esta puerta de la cruz\u201d, no es una opci\u00f3n entre otras que puede tomar un cristiano; <em>es una gracia <\/em>que se nos otorga para <em>poder <\/em>participar en la \u201cmisma hermosura del Verbo\u201d (ib. 5). \u201cLa espesura de la cruz\u201d es uno de esos bienes que tenemos en com\u00fan con Jes\u00fas por vocaci\u00f3n, y que llega de hecho a ser realidad, en todo el esplendor de realizaci\u00f3n, en la culminaci\u00f3n del proceso: \u201cDe donde las almas esos mismos bienes poseen por participaci\u00f3n que \u00e9l por naturaleza; por lo cual verdaderamente son dioses por participaci\u00f3n, iguales y compa\u00f1eros suyos de Dios\u201d (CB 39,6). \u201cIguales y compa\u00f1eros\u201d, tambi\u00e9n en el camino conduce a esa explosi\u00f3n de gloria: la cruz.<\/p>\n<h3>Conclusi\u00f3n<\/h3>\n<p>A mediados de 1589 J. de la Cruz escribe a la priora de la nueva comunidad de C\u00f3rdoba: \u201cDen a entender lo que profesan, que es a Cristo desnudamente\u201d. Y exhort\u00e1ndoles a que tomen \u201cmuy de nuevo el camino de la perfecci\u00f3n&#8230; con voluntad robusta\u201d, les concretiza este camino: \u201cSigan la mortificaci\u00f3n y penitencia, queriendo que les cueste algo este Cristo, y no siendo como los que buscan su acomodamiento y consuelo, o en Dios o fuera de \u00e9l; sino el padecer en Dios, y fuera de \u00e9l en silencio y esperanza y amorosa memoria\u201d (Ct a Mar\u00eda de Jes\u00fas: 18.7.1589). El Santo sabe muy bien que \u201cesta vida, si no es para imitarle, no es buena\u201d. Y que \u201cimitarle\u201d es desear \u201chacerse en el padecer algo semejante a este gran Dios nuestro, humillado y crucificado; pues que esta vida, si no es para imitarle, no es buena\u201d (Ct a Ana de Jes\u00fas: 6.7.1591). Por eso, cualquiera que \u201cle persuadiere &#8230; alguna doctrina de anchura, aunque la confirme con milagros, no la crea ni abrace &#8230; no busque a Cristo sin cruz\u201d (Ct a Luis de S. Angelo, 1590).<\/p>\n<p>De su preocupaci\u00f3n por pautar el comportamiento propio y ajeno, de \u201cmedirse\u201d siempre con Jes\u00fas da buen testimonio tambi\u00e9n el consejo que ofrece a una comunidad de descalzas: \u201cSirvan a Dios&#8230;, siguiendo sus pisadas de mortificaci\u00f3n en toda paciencia, en todo silencio y en todas ganas de padecer, hechas verdugos de sus contentos, mortific\u00e1ndose si por ventura algo ha quedado por morir que estorbe la resurrecci\u00f3n interior del esp\u00edritu\u201d (Ct del 18.11.1586). Cristo tiene que \u201ccostar algo\u201d (Ct del 18.7.1589).<\/p>\n<p>\u00bfNo es \u00e9sta su \u201cdoctrina sustancial y s\u00f3lida\u201d, la del misterio y ciencia de la cruz, frente a la de los \u201cespirituales que gustan ir por cosas dulces y sabrosas a Dios?\u201d (S pr\u00f3l. 8). Si esto es as\u00ed, como lo pienso, \u00bfno nos sit\u00faa J. de la Cruz, no sit\u00faa <em>todo <\/em>el mensaje cristiano en el centro de la pasi\u00f3n-muerte-resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas, paradigma y par\u00e1bola de la de toda persona? \u201cAme mucho los trabajos y t\u00e9ngalos en poco por caer en gracia al Esposo, que por ella no dud\u00f3 en morir\u201d (Av 93) \u201c\u00bfQu\u00e9 sabe quien no sabe padecer <em>por <\/em>Cristo?\u201d (Av 186). Y <em>como <\/em>Cristo.<\/p>\n<p>BIBL. \u2014 EULOGIO PACHO, \u201cLa \u2018croce\u2019 nella mistica di san Giovanni della Croce e di san Paolo della Croce<em>\u201d<\/em>, en AA.VV., <em>La sapienza della Croce<\/em>, II, Torino, 1976, p. 181-196; ALFONSO BALDE\u00d3N, \u201cEl camino de la cruz del Esposo Cristo (La otra cara del C\u00e1ntico Espiritual)\u201d, en <em>MteCarm <\/em>97 (1989) 1737; SECUNDINO CASTRO, \u201cCristo vivo en san Juan de la Cruz\u201d, en <em>RevEsp <\/em>49 (1990) 439-474; GIUSEPPE FURONI, \u201cS. Giovanni e il mistero della Croce\u201d, en <em>Quaderni Carmelitani <\/em>7 (1990) 161-185; J. DAMI\u00c1N GAIT\u00c1N, \u201cEl camino de la cruz. Transfiguraci\u00f3n del hombre sanjuanista\u201d, en <em>RevEsp <\/em>53 (1994) 43-118; LUCINIO RUANO, <em>El misterio de la Cruz. Comentario al poema de san Juan de la Cruz \u2018Un pastorcico\u2019<\/em>, Madrid, BAC, 1994.<\/p>\n<p><em>Maximiliano Herr\u00e1iz<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Ni la cruz puede separarse de \u00a0Jesucristo, ni Cristo puede contemplarse sin cruz. Para un creyente, hablar de la cruz es hablar de \u201cla cruz del Esposo Cristo\u201d, o del \u201ccamino de la cruz del Esposo Cristo\u201d (CB 3,5). 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