{"id":2963,"date":"2015-01-05T12:33:54","date_gmt":"2015-01-05T18:33:54","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=2963"},"modified":"2021-01-05T12:37:20","modified_gmt":"2021-01-05T18:37:20","slug":"apetitos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=2963","title":{"rendered":"Apetitos"},"content":{"rendered":"<p>Como para cualquier otro punto importante en la s\u00edntesis sanjuanista es punto obligado de referencia \u201cla uni\u00f3n del alma con Dios\u201d. La \u00a0uni\u00f3n de amor evoca en seguida los dos protagonistas implicados en el camino espiritual: Dios y el hombre. Queda como base el tri\u00e1ngulo: \u00a0Dios, \u00a0hombre y uni\u00f3n por transformaci\u00f3n de amor.<\/p>\n<p>Desde esta perspectiva de la uni\u00f3n de amor entre dos seres tan distantes entre s\u00ed, hay que abordar el tema de los apetitos, que aparece magn\u00edficamente tratado en los cap\u00edtulos 3-13 del libro primero de la <em>Subida del Monte Carmelo<\/em>. Es necesario tener presente la concepci\u00f3n que el m\u00edstico de Fontiveros tiene sobre el hombre si queremos percibir y enmarcar mejor el papel negativo y pernicioso que \u00e9stos juegan en el camino de la uni\u00f3n del alma con Dios.<\/p>\n<p>A tal punto llega la destrucci\u00f3n, que pueden alejar al hombre de la \u201cfuente que solamente los pod\u00eda hartar, que es Dios\u201d (S 3,9,7); y no solamente lo alejan de Dios, sino, lo que es peor, pueden llevar al hombre \u201chasta olvidar a Dios y poner el coraz\u00f3n, que formalmente deb\u00eda poner en Dios, formalmente en el dinero, como si no tuviese otro dios\u201d (S 3,19,8). De ah\u00ed que el Santo insista a menudo en que \u201cel camino y subida para Dios sea un ordinario cuidado de hacer cesar y mortificar los apetitos\u201d (S 1,5,6). Para \u00e9l no hay uni\u00f3n posible sin \u00a0mortificaci\u00f3n o \u00a0purificaci\u00f3n de los apetitos. Es una exigencia intr\u00ednseca al camino de la uni\u00f3n: \u201cEs suma ignorancia del alma pensar podr\u00e1 pasar a este alto estado de uni\u00f3n con Dios si primero no vac\u00eda el apetito de todas las cosas naturales y sobrenaturales que le pueden impedir\u201d (S 1,5,2); \u201cTodo el negocio para venir a uni\u00f3n de Dios est\u00e1 en purgar la voluntad de sus afecciones y apetitos\u201d (S 2,16,3).<\/p>\n<h3>I. Concepto sanjuanista de apetitos<\/h3>\n<p>El vocablo apetitos es muy frecuente en sus escritos. Aparece 579 veces. El m\u00edstico carmelita no ofrece una definici\u00f3n de lo que son los apetitos. Al adentrarnos en la naturaleza de los apetitos nos topamos con un mundo complejo, polimorfo y ambiguo que J. de la Cruz nos presenta m\u00e1s por las consecuencias que acarrea al ser humano que por una definici\u00f3n clara y precisa. El siguiente texto no es propiamente una definici\u00f3n de los apetitos, pero puede ser iluminador como punto de partida: \u201cConviene, pues, saber que el apetito es la boca de la voluntad, la cual se dilata cuando con alg\u00fan bocado de alg\u00fan gusto no se embaraza ni ocupa; porque cuando el apetito se pone en alguna cosa, en eso mismo se estrecha, pues fuera de Dios todo es estrecho. Y as\u00ed, para acertar el alma a ir a Dios y juntarse con \u00e9l, ha de tener la boca de la voluntad abierta solamente al mismo Dios, vac\u00eda y desapropiada de todo bocado de apetito para que Dios la hinche y llene de su amor y dulzura, y estarse con esa hambre y sed de solo Dios, sin quererse satisfacer de otra cosa, pues Dios no le puede gustar como es; y lo que se puede gustar, si hay apetito, digo, tambi\u00e9n lo impide\u201d (Ct a un carmelita descalzo, Segovia: 14.4.1589).<\/p>\n<p>No siempre da a esta palabra el mismo significado. Unas veces emplea el t\u00e9rmino en singular y otras en plural. Unas veces lo usa en sentido negativo, otras tienen un claro matiz positivo: una afici\u00f3n, ansia, deseo verdadero de imitar a Cristo, de amarlo, de unirse a \u00e9l y de guardar sus mandamientos (LlB 1,34; S 1,13,3; S 1,5,8; CB 1,19; CB 17,4).<\/p>\n<p>El vocablo apetitos tiene para el m\u00edstico Doctor, en la mayor\u00eda de los casos, claras connotaciones negativas. Se refiere con esta expresi\u00f3n a inclinaciones, desordenadas de la afectividad, a \u00a0apegos, asimientos, deseos, imperfecciones habituales que desv\u00edan al hombre de su capacidad de amar y le impiden la uni\u00f3n con Dios. El Santo se est\u00e1 refiriendo a \u201cuna com\u00fan costumbre de hablar mucho, un asimientillo a alguna cosa que nunca acaba de querer vencer, as\u00ed como a persona, a vestido, a libro, celda, tal manera de comida y otras conversacioncillas y gustillos en querer gustar de las cosas, saber y o\u00edr y otras semejantes\u201d (S 1,11,4). M\u00e1s expl\u00edcito es en el <em>C\u00e1ntico <\/em>refiri\u00e9ndose a los apetitos o h\u00e1bitos de imperfecciones: \u201cLos cu\u00e1les h\u00e1bitos pueden ser, como propiedad y oficio que tiene de hablar cosas in\u00fatiles, y pensarlas y obrarlas tambi\u00e9n &#8230; Suele tener otros apetitos con que sirve al apetito ajeno, as\u00ed como ostentaciones, cumplimientos, adulaciones, respetos, procurar parecer bien y dar gusto con sus cosas a las gentes, y otras cosas muchas in\u00fatiles con que procura agradar a la gente empleando en ella el cuidado y el apetito y la obra, y finalmente el caudal del alma\u201d (CB 28,7). Todo esto crea dispersi\u00f3n del caudal del alma y \u201ctanto da\u00f1o para poder crecer e ir adelante en virtud\u201d (S 1,11,4).<\/p>\n<p>Por los da\u00f1os que producen en el alma podemos apreciar su gravedad: paralizan totalmente el dinamismo del amor. Son, por tanto, tendencias eg\u00f3latras que desv\u00edan al hombre de su centro que, es Dios, y le impiden vivir su vida seg\u00fan el principio operativo que le ha sido donado, es decir, seg\u00fan el \u00a0Esp\u00edritu Santo que habita en su interior.<\/p>\n<p>Con el acertado ejemplo del ave y el hilo, de la r\u00e9mora y la nao el Santo nos hace caer en la cuenta de la consecuencia tan nefasta que se sigue de no mortificar los apetitos: imposibilidad de progresar en el camino de la uni\u00f3n, llegando a un estancamiento, e incluso a \u201cvolver atr\u00e1s\u201d. Anquilos\u00e1ndose en modos de \u201cser\u201d y de obrar que lo evaden de su ser esencial. He aqu\u00ed las autorizadas palabras del m\u00edstico de Fontiveros: \u201cPorque eso me da que una ave est\u00e9 asida a un hilo delgado que a un grueso, porque, aunque sea delgado, tan asida se estar\u00e1 a \u00e9l como el grueso, en tanto que no le quebrare para volar. Verdad es que el delgado es m\u00e1s f\u00e1cil de quebrar; pero, por f\u00e1cil que es, si no le quiebra, no volar\u00e1. Y as\u00ed es el alma que tiene asimiento en alguna cosa, que, aunque m\u00e1s virtud tenga, no llegar\u00e1 a la libertad de la divina uni\u00f3n. Porque el apetito y asimiento del alma tienen la propiedad que dicen tiene la r\u00e9mora con la nao, que con ser un pez muy peque\u00f1o, si acierta a pegarse a la nao, la tiene tan queda, que no la deja llegar al puerto ni navegar. Y as\u00ed es l\u00e1stima ver algunas almas como unas ricas naos cargadas de riquezas, y obras, y ejercicios espirituales, y virtudes, y mercedes que Dios las hace, y por no tener \u00e1nimo para acabar con alg\u00fan gustillo, o asimiento, o afici\u00f3n \u2013que todo es uno\u2013, nunca van adelante, ni llegan al puerto de la perfecci\u00f3n, que no estaba en m\u00e1s que dar un buen vuelo y acabar de quebrar aquel hilo de asimiento o quitar aquella pegada r\u00e9mora de apetito\u201d (S 1,11,4).<\/p>\n<p>Para J. de la Cruz no importa que los apetitos sean peque\u00f1os o grandes, por m\u00ednimos que sean est\u00e1n impidiendo la uni\u00f3n con Dios. Y por tanto desviando al hombre de su verdadero fin, haci\u00e9ndolo esclavo y cerr\u00e1ndole la dimensi\u00f3n trascendente de su existencia. Si la persona quiere alcanzar el fin para el que ha sido creada debe saber que no puede unirse a Dios por ninguno de los apetitos. Ha de purificarse de esa tendencia egoc\u00e9ntrica, del gusto de poseer que busca apropiarse de las cosas y hasta de Dios si fuera posible.<\/p>\n<p>Este esp\u00edritu de propiedad lo aleja de Dios, de ah\u00ed la necesidad de un desprendimiento afectivo y efectivo radical que lo disponga para la uni\u00f3n con Dios. J. de la Cruz est\u00e1 plenamente convencido de que la primera tarea del hombre que busca a Dios es liberarse del dominio de sus afectos y asimientos desordenados. No hay posibilidad de uni\u00f3n con Dios sin este paso previo \u201cpor cuanto no pueden caber dos contrarios, seg\u00fan dicen los fil\u00f3sofos, en un sujeto&#8230; y afici\u00f3n de Dios y afici\u00f3n de criatura son contrarios, y as\u00ed, no caben en una voluntad afici\u00f3n de criatura y afici\u00f3n de Dios&#8230; Por tanto, as\u00ed como en la generaci\u00f3n natural no se puede introducir una forma sin que primero se expela del sujeto la forma contraria que precede, la cual estando, es impedimento de la otra, por la contrariedad que tienen las dos entre s\u00ed, as\u00ed, en tanto que el alma se sujeta al esp\u00edritu sensual, no puede entrar en ella el esp\u00edritu puro espiritual\u201d (S 1, 6,2-3).<\/p>\n<h3>II. Tipos de apetitos y sus efectos<\/h3>\n<p>J. de la Cruz divide los apetitos en voluntarios e involuntarios. Los que a \u00e9l m\u00e1s le preocupan son los voluntarios ya que hay consentimiento de la voluntad. Estos pueden ser de pecado mortal, de pecado venial e imperfecciones. Ciertamente que no todos los voluntarios perjudican lo mismo. Unos son m\u00e1s graves que otros, pero absolutamente de \u201ctodos ha el alma de carecer para venir a esta total uni\u00f3n\u201d (S 1,11,2).<\/p>\n<p>Los involuntarios o \u201capetitos naturales\u201d, que define como \u201caquellos en que la voluntad racional antes ni despu\u00e9s tuvo parte\u201d (S 1,11,2), no preocupan al m\u00edstico Doctor, bien porque el hombre no los consiente, o porque \u201cno pasan de ser primeros movimientos &#8230; ning\u00fan mal &#8230; causan al alma\u201d ( S 1,12,6), ni le impiden la uni\u00f3n.<\/p>\n<p>Lo que m\u00e1s le interesa al Santo al tratar de los apetitos son los efectos que causan en el hombre al crear en \u00e9l un bloqueo permanente de la vida espiritual. Dedica a presentar los efectos que \u00e9stos producen los cap\u00edtulos 6 al 10 del primer libro de la Subida. La amplitud en la exposici\u00f3n del tema demuestra su inquietud por esta realidad existente en el hombre. Dado que los apetitos tienen connotaciones negativas, los efectos que producen cuando se ejecutan desordenadamente son tambi\u00e9n negativos. Por eso nos habla el Santo de da\u00f1os.<\/p>\n<p>Dos son los da\u00f1os principales que estos afectos desordenados causan en el hombre: uno privativo y otro positivo.<\/p>\n<p>El privativo impide vivir al ser humano la vida de la gracia; el principal mal que causan es \u201cresistir al Esp\u00edritu de Dios\u201d (S 1,6,4). El segundo da\u00f1o que causan lo describe J. de la Cruz con palabras que producen en el lector un vivo impacto y lo conciencian de la gravedad de los apetitos: cansan, atormentan, afligen, oscurecen, ensucian, entibian, enflaquecen y llagan. Ambos da\u00f1os \u2013privativo y positivo\u2013 se producen en el hombre cada vez que sigue sus impulsos desordenados.<\/p>\n<p>Estas inclinaciones desordenadas tienen la propiedad de no quedar nunca satisfechas, siempre buscan novedad, hartura, saciedad. Pero jam\u00e1s llegar\u00e1n a ello, pues en vez de mortificarlas y educarlas para que recojan su fuerza en el \u00fanico que las puede colmar, \u201cse apacientan de lo que les causa m\u00e1s hambre\u201d (S 1,6,7), con lo cual traen siempre al alma cansada y fatigada con sus continuas y desviadas exigencias que la empujan ansiosamente hacia una satisfacci\u00f3n quim\u00e9rica. Se queda como el que abre la boca para hartarse y se la llena de viento (S 1,6,6).<\/p>\n<p>Muy triste es para el Santo ver que el hombre creado para Dios y con capacidad de infinito (CB 39,7) vive cansado y fatigado por poner su afici\u00f3n en \u201ccosa que cae debajo de nombre de criatura\u201d (S 1,6,1), ya que en la medida que el apetito toma cuerpo, se rebaja el hombre en su dignidad y decrece su capacidad de comuni\u00f3n con Dios: \u201cCuanto aquel apetito tiene m\u00e1s de m\u00e1s entidad en el alma, tiene ella de menos capacidad para Dios\u201d (S 1,6,1).<\/p>\n<p>Otra manera de da\u00f1o positivo que los apetitos engendran en el alma es que la \u201catormentan y afligen\u201d. Los apetitos, que son enemigos del alma, se comportan como tales atormentando y afligiendo a quien cae en sus redes. Con el acoso indiscriminado de sus atractivas, pero enga\u00f1osas demandas, someten al hombre a la tiran\u00eda de una cadena interminable de exigencias compensatorias que le producen ansiedad y hast\u00edo.<\/p>\n<p>Al ser ciegos, en el sentido de irracionales, producen ceguera y oscurecimiento en la raz\u00f3n \u201cy no da lugar para que ni el sol de la raz\u00f3n natural ni el de la Sabidur\u00eda de Dios sobrenatural la embista e ilustren de claro\u201d (S 1,8,1). Al quedar el entendimiento oscuro y ciego, la persona se incapacita para reconocer la verdad, para discernir lo que m\u00e1s le conviene y para llegar al conocimiento de las cosas de Dios. Esto se produce porque el entendimiento se entorpece, enrudece y desordena en su debida operaci\u00f3n. El hombre que es una \u201chermos\u00edsima y acabada imagen de Dios\u201d (S 1,9,1), se ensucia y mancha cuando pone sus afectos en algo para lo que no han sido creados, ya que se hace tan bajo como aquello en lo que pone su apetito, quedando su alma \u201cm\u00e1s negra que los carbones\u201d (S 1,9,2).<\/p>\n<p>Todos estos efectos da\u00f1inos que producen los apetitos en el hombre, que a ellos se entrega, apuntan hacia una misma direcci\u00f3n, es decir, desv\u00edan al hombre de su capacidad de amar, merman y hacen estragos en su estructura \u00f3ntica y psicol\u00f3gica, desparramando la fuerza de su ser y algo tan esencial como es su estructura dialogal. La \u201cpobre alma\u201d que se gu\u00eda por sus apetitos se hace desgraciada para consigo misma, seca para la relaci\u00f3n con los pr\u00f3jimos y pesada y perezosa para las cosas de Dios (S 1,10,4).<\/p>\n<p>El Santo en estos cap\u00edtulos de la Subida, al tener como objetivo primordial poner de relieve los da\u00f1os que los apetitos causan en el alma, no trata apenas de los provechos que trae al alma su mortificaci\u00f3n. No lo cree necesario, porque f\u00e1cilmente se percibe que los provechos son los contrarios a los da\u00f1os ya enumerados. He aqu\u00ed sus palabras: \u201cAntes le causan los provechos contrarios; porque en tanto que los resiste, gana fortaleza, pureza, luz y consuelo y muchos bienes\u201d (S 1,12,6).<\/p>\n<h3>III. Degradaci\u00f3n progresiva<\/h3>\n<p>Los apetitos degradan al hombre y adem\u00e1s esa degradaci\u00f3n es progresiva, porque el apetito nunca est\u00e1 satisfecho, y \u201ccuando se ejecuta, es dulce y parece bueno, pero despu\u00e9s se siente amargo efecto\u201d (S 1,12,5). En un primer momento el hombre que sigue el impulso de sus apetitos no mortificados, comienza a desviarse del fin para el que ha sido creado. El que ha sido creado para vivir en una relaci\u00f3n de amor, vive de forma egoc\u00e9ntrica orientado por el gusto y el af\u00e1n de poseer. Se produce una desviaci\u00f3n del objeto amado. Esta desviaci\u00f3n del amor lo iguala y rebaja al nivel del objeto amado, ya que el amor iguala y somete el amante al amado.<\/p>\n<p>Como consecuencia el ser humano vive descentrado, fuera de su centro que es Dios. Al perder el norte de su existencia vive desorientado y extraviado. La desorientaci\u00f3n, el progresivo oscurecimiento del entendimiento y la debilitaci\u00f3n de la voluntad van provocando un acelerado alejamiento de Dios, llegando \u201ca apartarse de las cosas de Dios y santos ejercicios y no gustar de ellos, porque gusta de otras cosas y va d\u00e1ndose a muchas imperfecciones e impertinencias y gozos y vanos gustos\u201d (S 3,19,6), e incluso siente el hombre \u201ctedio grande y tristeza de las cosas de Dios, hasta venirlas a aborrecer\u201d (S 3,22,2). En esta situaci\u00f3n se vive \u201cgran tibieza en las cosas espirituales y cumplir muy mal con ellas, ejercit\u00e1ndolas m\u00e1s por cumplimiento o por fuerza, o por el uso que tienen en ellas, que por raz\u00f3n de amor\u201d (S 3,19,6).<\/p>\n<p>Por \u00faltimo, Dios es borrado del horizonte de su existencia, es postergado por sus gustos e impulsos desordenados. Dios es suplantado, y la persona polariza todas sus energ\u00edas hacia el \u00eddolo que se ha creado. Dios que no consiente \u201ca otra cosa morar consigo en uno\u201d (S 1,5,8), ha quedado totalmente anulado. El hombre ha ca\u00eddo en la idolatr\u00eda que le empujar\u00e1 a ir \u201cde tiniebla en tiniebla\u201d (LlB 3,71).<\/p>\n<p>He aqu\u00ed algunos textos en los que J. de la Cruz que ilustran lo dicho: \u201cEl tercer grado de este da\u00f1o privativo es dejar a Dios del todo, no curando de cumplir su ley por no faltar a las cosas y bienes del mundo, dej\u00e1ndose caer en pecados mortales por la codicia\u201d (S 3,19,7). \u201cY alej\u00f3se de Dios, su salud &#8230; por causa de los bienes temporales, viene el alejarse mucho de Dios el alma &#8230; olvid\u00e1ndose de \u00e9l mismo como si no fuera su Dios; lo cual es porque ha hecho para s\u00ed dios el dinero y bienes temporales &#8230; llega hasta olvidar a Dios y poner el coraz\u00f3n, que formalmente deb\u00eda poner en Dios, formalmente en el dinero, como si no tuviese otro dios\u201d (S 3,19,8). \u201c&#8230;sirven al dinero y no a Dios y se mueven por el dinero y no por Dios, poniendo delante el precio y no el divino valor y premio, haciendo de muchas maneras el dinero su principal dios y fin, anteponi\u00e9ndole al fin \u00faltimo, que es Dios\u201d (S 3,19,9).<\/p>\n<h3>IV. Reeducaci\u00f3n de los apetitos<\/h3>\n<p>Es idea fundamental del Santo a lo largo de la <em>Subida <\/em>que \u201ctodo el negocio para venir a uni\u00f3n con Dios est\u00e1 en purgar\u201d (S 3,16,3) la voluntad de sus afecciones y apetitos desordenados. El camino de la uni\u00f3n conlleva la mortificaci\u00f3n de los apetitos. Esta negaci\u00f3n comienza cuando el alma anda \u201ccon ansias en amores inflamada&#8230; Porque para vencer todos los apetitos y negar los gustos de todas las cosas, con cuyo amor y afici\u00f3n se suele inflamar la voluntad para gozar de ellos, era menester otra inflamaci\u00f3n mayor de otro amor mejor, que es el de su Esposo, para que, teniendo su gusto y fuerza en \u00e9ste, tuviese valor y constancia para f\u00e1cilmente negar todos los otros. Y no solamente era menester para vencer la fuerza de los apetitos sensitivos tener amor de su Esposo, sino estar inflamada de amor y con ansias\u201d (S 1,14,2). La negaci\u00f3n de los apetitos tiene como objetivo primordial crear espacios de libertad que plenifican a la persona. Se comienza la reeducaci\u00f3n de la sensibilidad y afectividad del ser humano partiendo de una experiencia positiva, de un caer en la cuenta (CB 1,1), de un amor mayor que exige totalidad pero que da plenitud.<\/p>\n<p>En los primeros cap\u00edtulos de la <em>Subida<\/em>, J. de la Cruz ha querido dejar claro, que el hombre tiene necesidad absoluta de mortificar los apetitos si quiere llegar en breve a la uni\u00f3n. Por eso en el cap\u00edtulo 13 propone unos avisos \u201cprovechosos y eficaces\u201d para que la persona ponga lo que est\u00e1 de su parte para reeducar o enderezar sus impulsos desordenados.<\/p>\n<p>Existen medios para vencer de forma activa los apetitos y orientar la fortaleza del alma que consiste en sus potencias, pasiones y apetitos enderezados por la voluntad hacia Dios, quedando desviada de todo lo que no es Dios; \u201centonces guarda la fortaleza del alma para Dios, y as\u00ed viene a amar a Dios de toda su fortaleza\u201d (S 3,16,2). El medio m\u00e1s importante que propone el Santo es la consideraci\u00f3n e imitaci\u00f3n de Cristo: \u201cTraiga un ordinario apetito de imitar a Cristo\u201d (S 1,13,3), conform\u00e1ndose con su vida, tratando de \u201chaberse en todas las cosas como se hubiera \u00e9l\u201d (S 1,13,3). Otro es la renuncia de todo gusto de los sentidos para quedarse \u201cvac\u00edo de \u00e9l por amor a Jesucristo\u201d (S 1,13,4).<\/p>\n<p>Insiste tambi\u00e9n en la necesidad de mortificar la concupiscencia, y de inclinarse a lo que menos gusta, a lo m\u00e1s dificultoso, etc. Cuando el Santo aconseja: \u201cProcure siempre inclinarse: no a lo m\u00e1s f\u00e1cil, sino a lo m\u00e1s dificultoso; no a lo m\u00e1s sabroso, sino a lo m\u00e1s desabrido\u201d, es consciente de que la virtud no se improvisa, no es algo espont\u00e1neo en el ser humano, se requiere un ejercicio que, realizado desde una opci\u00f3n libre, va creando y fortaleciendo en la voluntad h\u00e1bitos operativos buenos. Estos medios parecen exagerados e inhumanos en una primera lectura del texto, pero si tenemos en cuenta la dimensi\u00f3n teologal y cristol\u00f3gica desde la que nuestro autor habla, comprenderemos el aut\u00e9ntico sentido y alcance de cuanto afirma.<\/p>\n<p>Mortificar los apetitos no quiere decir para J. de la Cruz aniquilarlos, pues son una energ\u00eda esencial del ser humano sin la cual no podr\u00eda tender a su plenitud como persona. El Santo lo que propone es una reeducaci\u00f3n de \u00e9stos para que toda la \u201cfortaleza del alma\u201d, que consiste en sus potencias, pasiones y apetitos, enderezada en Dios por la voluntad se guarde para Dios.<\/p>\n<p>Como \u00faltima regla coloca los versos del <em>Montecillo<\/em>, donde a cada paso resuenan dos palabras claves: todo y nada. Tienen su raz\u00f3n de ser. El ejercicio de renuncia nunca es para el Santo un fin en s\u00ed mismo, sino un medio o camino para combatir las inclinaciones desordenadas y crecer en conformidad con Cristo gui\u00e1ndonos m\u00e1s por la raz\u00f3n y los valores evang\u00e9licos que por los instintos y operaciones desordenadas. La negaci\u00f3n de apetitos, que es noche del sentido activa, brota de la vida teologal y abre la posibilidad de acceder a una mayor comuni\u00f3n con Dios. No postula el m\u00edstico de Fontiveros un vaciarse por vaciarse, sino un vaciarse para llenarse de lo \u00fanico que puede saciar el coraz\u00f3n del hombre: Dios.<\/p>\n<h3>V. Interpretaciones modernas del t\u00e9rmino sanjuanista<\/h3>\n<p>Dado el poco uso que tiene este vocablo en nuestro lenguaje actual se hace dif\u00edcil captar la densidad de significado que el t\u00e9rmino tiene en los escritos sanjuanistas. Creo por ello conveniente presentar algunas relecturas sobre los apetitos propuestas por estudiosos del Santo, con el fin de acercarnos con un lenguaje m\u00e1s actual al verdadero sentido y alcance de esta palabra.<\/p>\n<p>Casi todos coinciden en se\u00f1alar que los apetitos no se deben entender en sentido de \u00a0pecado, sino m\u00e1s bien como impulsos desordenados de la afectividad que tergiversan la relaci\u00f3n del hombre consigo mismo, con los dem\u00e1s y con Dios, y obstaculizan el desarrollo de la vida espiritual produciendo una lenta y constante degradaci\u00f3n en el organismo espiritual.<\/p>\n<p>Seg\u00fan F. Ruiz los apetitos no son pecado en s\u00ed mismos, sino un despilfarro y \u201cdesviaci\u00f3n del amor &#8230; Su enorme importancia en las p\u00e1ginas de la <em>Subida <\/em>es de orden teologal m\u00e1s que moral. Los apetitos no son potencias particulares, sino categor\u00eda din\u00e1mico-moral; son movimientos o tendencias afectivas con valoraci\u00f3n o connotaci\u00f3n moral negativa. Son reflejo visible del desorden que anida en el ser del hombre\u201d <em>(Introducci\u00f3n <\/em>a <em>Subida del Monte Carmelo<\/em>, en <em>Obras completas, <\/em>ed. de Espiritualidad<em>, <\/em>Madrid 1993, p. 159<em>).<\/em><\/p>\n<p>M\u00e1s incisiva la apreciaci\u00f3n Fabrizio Foresti: \u201cEl apetito tal como nos lo presenta el Santo, es un impulso irracional que mueve al hombre a satisfacer sus necesidades exclusivamente por el placer que experimenta. El que es esclavo del apetito come, toca, ve, siente s\u00f3lo por la satisfacci\u00f3n que comporta; los verdaderos valores para \u00e9l son aquellos que son capaces de procurarle este tipo de satisfacci\u00f3n. Por ellos vive; ellos son, en su conjunto, el valor hacia el cual \u00e9l orienta su vida; ellos son en la pr\u00e1ctica su dios. San Juan de la Cruz presenta el apetito precisamente en la perspectiva de un valor polarizante y tendencialmente absoluto. Todo apetito, aunque sea peque\u00f1o, en cuanto expresi\u00f3n de una tendencia desordenada inscrita en el hombre, tiende a poner como valor monopolizante la esfera afectivo-volitiva de la persona. Cada apetito es potencialmente un \u00eddolo\u201d (\u201cLe radici della Salita del Monte Carmelo di S. Giovanni della Croce\u201d, en <em>Carmelus <\/em>28, 1981, p. 15). Seg\u00fan este autor los apetitos no s\u00f3lo son una fuerza irracional que mueve al hombre a satisfacer sus necesidades \u00fanicamente por el placer que consigue, sino que adem\u00e1s son una forma de idolatr\u00eda. Documenta c\u00f3mo el Santo recoge textos del Antiguo Testamento que hacen referencia a los \u00eddolos y los aplica a los apetitos.<\/p>\n<p>Sugestiva es tambi\u00e9n la aportaci\u00f3n de Fernando Urbina, que trata de expresar el significado de apetitos con un vocablo m\u00e1s cercano a nuestra cultura y mentalidad. Usa la palabra fijaci\u00f3n. No pretende decir el autor que exista una coincidencia plena entre ambas expresiones. Fijaci\u00f3n no agota la riqueza de apetitos. Pero s\u00ed que, por la \u201chomolog\u00eda de funci\u00f3n\u201d que se da entre ambos, nos ayuda a comprender y a expresar con un lenguaje m\u00e1s actual lo que Juan de la Cruz pretende significar con el t\u00e9rmino apetitos.<\/p>\n<p>Claramente se percibe la \u201chomolog\u00eda de funci\u00f3n\u201d a trav\u00e9s de este texto del autor: \u201cEn el psicoan\u00e1lisis la \u2018fijaci\u00f3n\u2019 es una posibilidad en el desarrollo ps\u00edquico que tiene una funci\u00f3n inmovilizadora del dinamismo afectivo, deteni\u00e9ndolo en una etapa infantil y comprometiendo as\u00ed, gravemente, el equilibrio, expansi\u00f3n y plenitud de la vida. En san Juan de la Cruz el \u2018apetito\u2019 tiene la funci\u00f3n paralizadora de la potencia afectiva reteni\u00e9ndola en una etapa que el autor llama con frecuencia con la met\u00e1fora de la infancia, e impidiendo el avance, expansi\u00f3n y plenitud de la vida espiritual\u201d (<em>Comentario a Noche oscura del esp\u00edritu y la Subida al Monte Carmelo de San Juan de la Cruz<\/em>, Marova, Madrid 1982, p. 35).<\/p>\n<p>Para Urbina, el Santo, con el t\u00e9rmino apetitos se refiere a una \u201cestructura fundamental\u201d del ser humano, que repite casi en cada p\u00e1gina de sus escritos: \u201cSe trata de una estructura de repliegamiento, atadura y \u201cfijaci\u00f3n\u201d a las cosas, los gestos, los actos, y al yo mismo del sujeto, que representa el obst\u00e1culo fundamental en el proceso del avance hacia la plenitud divina. El quebrar esta estructura b\u00e1sica de atadura es el acto b\u00e1sico de liberaci\u00f3n, expresado vivamente en la imagen del p\u00e1jaro que no vuela hasta que no rompe el hilo grueso o fino que le ata\u201d (ib. p. 35).<\/p>\n<p>Siguiendo en l\u00ednea psicol\u00f3gica otro autor considera que lo que J. de la Cruz llama apetitos es una \u201cfuente de energ\u00eda y acci\u00f3n que es la impulsividad\u201d, pero esta fuerza que en principio es positiva y construye a la persona impuls\u00e1ndola a realizar sus necesidades esenciales, se puede convertir en algo negativo equiparable a la adici\u00f3n. Al hacernos adictos a algo o a alguien nos atamos, nos alienamos y nos convertimos en su \u201cesclavo y cautivo\u201d.<\/p>\n<p>Para L. J. Gonz\u00e1lez la \u201cadici\u00f3n entra\u00f1a una forma de enamoramiento. Igual que \u00e9ste, concentra nuestro amor totalizante en un ser relativo que no es, como el Todo, el verdadero Absoluto de nuestra existencia. Por consiguiente, nuestros pensamientos, sentimientos, deseos y acciones se mueven en torno a lo relativo como si fuera el Absoluto. Estamos pervirtiendo la realidad y, por ende, la vida misma\u201d (<em>Plenitud humana con San Juan de la Cruz<\/em>, M\u00e9xico 1990, p. 138).<\/p>\n<p>Ciertamente que esa fuerza impulsiva de los apetitos recogida y orientada hacia el fin m\u00e1s noble para el que el ser humano ha sido creado, le facilitar\u00eda y capacitar\u00eda para alcanzar su objetivo. Por este breve recorrido entorno a las relecturas modernas del t\u00e9rmino \u201capetitos\u201d en J. de la Cruz, se percibe que todos tienen los autores tienen algo en com\u00fan. Fijaci\u00f3n, adici\u00f3n, \u00eddolos, impulsos desordenados, ponen de manifiesto la paralizaci\u00f3n de la vida del Esp\u00edritu en el hombre y, por tanto, su degradaci\u00f3n y deshumanizaci\u00f3n. El hombre se hace esclavo, pierde su libertad y cae en una situaci\u00f3n permanente que le incapacita para ponerse de pie con todas sus posibilidades y su dignidad.<\/p>\n<h3>VI. Los apetitos, dinamismo contrario al esp\u00edritu<\/h3>\n<p>Los da\u00f1os de los apetitos afectan, seg\u00fan el Santo, a tres planos del ser humano: plano teologal, plano psicol\u00f3gico y plano moral. En el plano psicol\u00f3gico porque tergiversan el funcionamiento natural de las operaciones del hombre, en el plano moral porque lo arrastran a abusos y pecados, y en el plano teologal porque resistiendo al \u201cEsp\u00edritu de Dios\u201d le impiden vivir la vida de la gracia, o, lo que es lo mismo, la amistad con Dios a la que est\u00e1 llamado por vocaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Existen en los escritos sanjuanistas una serie de textos que por el contexto en el que est\u00e1n situados dan pie para interpretarlos en clave pneumatol\u00f3gica, y presentar los apetitos como destructores de la vida del Esp\u00edritu que el hombre est\u00e1 llamado a vivir. La destrucci\u00f3n que provocan los apetitos no mortificados llega a tal punto que \u201cmatan al alma en Dios\u201d (S 1,10,3).<\/p>\n<p>De la no mortificaci\u00f3n de los apetitos se sigue una vida seg\u00fan la carne, sensual y animal. De la negaci\u00f3n de las afecciones desordenadas \u201ccon la fuerza y virtud del Esp\u00edritu Santo\u201d (LlB 2, 34) se sigue una vida y obrar nuevos. El que se deja llevar del ejercicio de los sentidos y de la fuerza de la sensibilidad lo llama hombre animal \u201cque no percibe las cosas de Dios, y a esotro que levanta a Dios la voluntad llama espiritual, y que \u00e9ste penetra y juzga todo hasta los profundos de Dios\u201d (S 3,26,4).<\/p>\n<p>Fundamentado en la ant\u00edtesis paulina carne-esp\u00edritu, J. de la Cruz no duda en afirmar que el hombre que niega sus apetitos se dispone para recibir el \u201cEsp\u00edritu de Dios\u201d y para llevar a plenitud el don de su filiaci\u00f3n divina. Convirti\u00e9ndose en una criatura nueva, redimensionada en su ser y obrar conforme a Cristo.<\/p>\n<p>El que sigue el impulso de sus tendencias desordenadas se degrada a s\u00ed mismo haci\u00e9ndose hombre carnal, que, dando muerte a la vida espiritual, vive vida animal y se incapacita para las cosas de Dios. \u201cEs de saber que lo que aqu\u00ed el alma llama muerte es todo el hombre viejo, que es el uso de las potencias: memoria entendimiento y voluntad, ocupado y empleado en cosas del siglo y los apetitos en gustos de criaturas. Todo lo cual es ejercicio de vida vieja, la cual es muerte de la nueva, que es la espiritual, en la cual no podr\u00e1 vivir el alma perfectamente si no muriere tambi\u00e9n perfectamente al hombre viejo, como el ap\u00f3stol lo amonesta diciendo que desnuden el hombre viejo y se vistan el hombre nuevo, que seg\u00fan Dios es criado en justicia y santidad. En la cual vida nueva&#8230;todos los apetitos del alma y sus potencias seg\u00fan sus inclinaciones y operaciones, que de suyo eran operaci\u00f3n de muerte y privaci\u00f3n de la vida espiritual, se truecan en divinas\u201d (LlB 2, 33).<\/p>\n<p>Este es el verdadero destino y vocaci\u00f3n del hombre: participar en la vida divina; para ello Dios nos ha donado su Esp\u00edritu que nos capacita para vivir como hijos. Pero cuando el alma se \u201csujeta al esp\u00edritu sensual, no puede entrar en ella el esp\u00edritu puro espiritual\u201d (S 1,6,2). Se entristece el Santo de que el hombre que ha sido levantado por gracia a comer \u201ccon su Padre a la mesa y de su plato, que es apacentarse de su esp\u00edritu\u201d (S 1,6,2), por cebar sus apetitos en las criaturas es como los canes que comen las migajas que caen de la mesa en vez de comer \u201ca la mesa del esp\u00edritu increado de su Padre\u201d (S 1,6,3).<\/p>\n<p>Los apetitos, como ya hemos indicado, resisten al \u201cEsp\u00edritu de Dios\u201d y privan al ser humano de la gracia, de la dimensi\u00f3n teologal de su existencia, y lo dejan descontento y desabrido, ya que \u201cno puede entrar esta hartura increada en el alma si no echa primero esotra hambre criada del apetito del alma; pues como habemos dicho, no pueden morar dos contrarios en un sujeto, los cuales en este caso son hambre y hartura\u201d (S 1,6,3).<\/p>\n<p>Querer caminar por la v\u00eda del Esp\u00edritu, tratar de vivir seg\u00fan ese principio operativo que nos ha sido donado, y dejarse llevar de los apetitos son dos caminos antag\u00f3nicos. Por su din\u00e1mica intr\u00ednseca, los apetitos, dificultan la vida espiritual y casi la imposibilitan creando una total confusi\u00f3n: \u201cUn leve apetito y ocioso acto que tenga el alma, basta para impedirla todas estas grandezas divinas que est\u00e1n despu\u00e9s de los gustos y apetitos que el alma quiere &#8230; \u00a1Oh, qui\u00e9n pudiera decir aqu\u00ed cu\u00e1n imposible le es al alma que tiene apetitos juzgar las cosas de Dios como ellas son! Porque para acertar a juzgar las cosas de Dios, totalmente se ha de echar el apetito y gusto afuera y no las ha de juzgar con \u00e9l, porque infaliblemente vendr\u00e1 a tener las cosas de Dios por no de Dios, y las no de Dios por de Dios\u201d (LlA 3,64).<\/p>\n<p>Vivir seg\u00fan \u201cla vida del alma, que es el Esp\u00edritu Santo\u201d (LlB 3,62) requiere enderezar hacia Dios todos los apetitos desordenados. As\u00ed se truecan en la fuerza del hombre para amar a Dios sobre todas las cosas: \u201cY todo este causal de tal manera est\u00e1 empleado y enderezado a Dios, que, aun sin advertencia del alma, todas las partes que habemos ducho de este caudal, en los primeros movimientos se inclinan a obrar en Dios y por Dios; porque el entendimiento, la voluntad y memoria se van luego a Dios, y los afectos, los sentidos, los deseos y apetitos, la esperanza, el gozo y, luego, todo el caudal de prima instancia se inclina a Dios, aunque, como digo, no advierta el alma que obra por Dios\u201d (CB 28,5).<\/p>\n<h3>Conclusi\u00f3n. Los apetitos fortaleza del hombre<\/h3>\n<p>La mortificaci\u00f3n de los apetitos es para el alma, seg\u00fan el Santo, noche oscura, \u201cporque priv\u00e1ndose el alma del gusto del apetito en todas las cosas, es quedarse como a oscuras y sin nada\u201d (S 1,7,1). El hombre tiene absoluta necesidad de pasar por esta noche si quiere llegar a la uni\u00f3n con Dios.<\/p>\n<p>El camino de la uni\u00f3n es camino de renuncia y negaci\u00f3n de apetitos, pues son \u00e9stos los que impiden a la persona enderezar el afecto y amor hacia Dios. Hay que negar todo lo que sea contrario o no conforme al amor de Dios. La noche, que es mortificaci\u00f3n de los apetitos, es al mismo tiempo actitud y camino teologal; caminar en fe, esperanza y caridad es lo \u00fanico que sirve al alma de medio proporcionado para unirse con Dios, y al mismo tiempo le hace no pararse en nada que sea menos que El.<\/p>\n<p>Para J. de la Cruz la mortificaci\u00f3n de los apetitos no es cuesti\u00f3n de alg\u00fan que otro acto espor\u00e1dico, sino que hay que llegar con una actitud seria y definida hasta la causa que los produce. Para \u00e9l, la negaci\u00f3n de los apetitos excede los l\u00edmites de la noche activa del sentido y se extiende a todo el itinerario espiritual. Pero no ser\u00e1 el hombre el que con su s\u00f3lo esfuerzo llegue a liberarse de los apetitos, sino que ser\u00e1 Dios el que por la noche pasiva del esp\u00edritu purifique al hombre en su ra\u00edz.<\/p>\n<p>Nuestro autor deja claro, al tratar de la mortificaci\u00f3n de los apetitos, que no pretende una desvalorizaci\u00f3n de las cosas o de las criaturas, sino \u201cla desnudez del gusto y apetito de ellas\u201d. El problema para \u00e9l no son los sentidos, ni las cosas, ni las criaturas, sino el modo de relacionarse con ellas que el hombre adopta, \u201cporque no ocupan al alma las cosas de este mundo ni la da\u00f1an, pues no entra en ellas, sino la voluntad y apetito de ellas que moran en ella\u201d (S 1,3,4).<\/p>\n<p>El t\u00e9rmino apetitos engloba todas las interpretaciones que en las p\u00e1ginas anteriores hemos expuesto: tendencias afectivas desordenadas, impulsos irracionales, idolatr\u00eda, fijaci\u00f3n y adici\u00f3n. Pero no lo agotan. Es mucho m\u00e1s rico y sugerente el t\u00e9rmino sanjuanista. Por \u00faltimo, en lo que fray Juan de la Cruz insiste m\u00e1s, es en que cuando est\u00e1n purificados se convierten en la \u201cfortaleza del alma\u201d con la que el hombre amar\u00e1 a Dios con todas sus fuerzas y con todo su ser: \u201cMi fortaleza guardar\u00e9 para ti, esto es toda la habilidad y apetitos y fuerzas de mis potencias &#8230; Seg\u00fan esto, en alguna manera se podr\u00eda considerar cu\u00e1nta y cu\u00e1n fuerte podr\u00e1 ser esta inflamaci\u00f3n de amor en el esp\u00edritu, donde Dios tiene recogidas todas las fuerzas, potencias y apetitos del alma, as\u00ed espirituales como sensitivas, para que toda esta armon\u00eda emplee sus fuerzas y virtud en este amor, y as\u00ed venga a cumplir de veras con el primer precepto, que, no desechando nada del hombre ni excluyendo cosa suya de este amor, dice (Dt 6, 5): Amar\u00e1s a tu Dios de todo tu coraz\u00f3n, y de toda tu mente, y de toda tu alma y de todas tus fuerzas\u201d (N 2,11,4-5; CB 28).<\/p>\n<p>Los apetitos y afectos desordenados brotan de la voluntad y de las pasiones del hombre. Cuando estas afecciones est\u00e1n \u201cdesenfrenadas\u201d producen todo tipo de vicios e imperfecciones, pero cuando est\u00e1n \u201cordenadas y compuestas\u201d brotan todas las virtudes. En los altos estados de la uni\u00f3n con Dios s\u00f3lo le queda al alma el apetito de ver a Dios como es: \u201cEl alma en este estado no tiene ya ni afectos de voluntad, ni inteligencias de entendimiento, ni cuidado ni obra alguna que todo no sea inclinado a Dios, junto con sus apetitos, porque est\u00e1 como divina, endiosada, de manera que aun hasta los primeros movimientos no tiene contra lo que es la voluntad de Dios\u201d (CB 27,7). A estos niveles \u201cya s\u00f3lo es apetito de Dios\u201d (LlB 2, 34).<\/p>\n<p>BIBL. \u2014 JES\u00daS MU\u00d1OZ, \u201dLos apetitos seg\u00fan San Juan de la Cruz\u201d, en <em>Manresa <\/em>14 (1942) 328339; MAR\u00cdA DEL SAGRARIO ROLL\u00c1N, <em>\u00c9xtasis y purificaci\u00f3n del deseo<\/em>, Instituci\u00f3n Gran Duque de Alba, \u00c1vila 1991, 86-94; FEDERICO RUIZ<em>, Introducci\u00f3n a San Juan de la Cruz<\/em>, BAC, Madrid 1968, 581-585; FERNANDO URBINA, <em>Comentario a Noche oscura del esp\u00edritu y la Subida al Monte Carmelo de S. Juan de<\/em> <em>la Cruz<\/em>, Marova, Madrid 1982, p. 32-41; JOS\u00c9 DAMI\u00c1N GAIT\u00c1N, <em>Negaci\u00f3n y plenitud en San Juan de la Cruz<\/em>, Ed. de Espiritualidad, Madrid 1995, p. 137145; MIGUEL F. DE HARO IGLESIAS, \u201cLos apetitos: \u00bfTendencias desordenadas o fortaleza del hombre\u201d, en <em>Letras de Deusto <\/em>21 (1991) 249-262; ALFONSO BALDE\u00d3N, <em>El hombre: una pasi\u00f3n de amor. Comprender la vida desde San Juan de la Cruz<\/em>, Monte Carmelo, Burgos 1991, p. 41-63.<\/p>\n<p><em>Miguel F. de Haro Iglesias<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Como para cualquier otro punto importante en la s\u00edntesis sanjuanista es punto obligado de referencia \u201cla uni\u00f3n del alma con Dios\u201d. La \u00a0uni\u00f3n de amor evoca en seguida los dos protagonistas implicados en el camino espiritual: Dios y el hombre. &hellip; <a href=\"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=2963\">Sigue leyendo <span class=\"meta-nav\">&rarr;<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_jetpack_newsletter_access":""},"categories":[23],"tags":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/s2dsrC-apetitos","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/2963"}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=2963"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/2963\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":2964,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/2963\/revisions\/2964"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=2963"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=2963"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=2963"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}