{"id":2966,"date":"2015-01-05T12:38:13","date_gmt":"2015-01-05T18:38:13","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=2966"},"modified":"2021-01-05T12:50:00","modified_gmt":"2021-01-05T18:50:00","slug":"noche-oscura","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=2966","title":{"rendered":"Noche oscura"},"content":{"rendered":"<p>(obra)<\/p>\n<p>Este escrito de J. de la Cruz se ha identificado siempre por el primer verso de un poema de ocho liras, que comienza: \u201cEn una noche oscura\u201d. El caso se repite en todas las obras sanjuanistas, menos en la \u00a0<em>Subida<\/em>. El t\u00edtulo con que actualmente se las distingue puede referirse por igual a una poes\u00eda o al conjunto formado por \u00e9sta y su comentario o explicaci\u00f3n en prosa. Para el autor y sus disc\u00edpulos inmediatos, todos los poemas de arte mayor eran \u201ccanciones\u201d sobre un tema concreto; las explicaciones eran \u201cdeclaraci\u00f3n\u201d en prosa de las \u201ccanciones\u201d.<\/p>\n<p>El amplio ep\u00edgrafe con que se especifica el argumento de cada poema al momento de \u201cdeclararlo\u201d es de importancia capital para la adecuada interpretaci\u00f3n, aunque suele conced\u00e9rsele poca atenci\u00f3n. El de la <em>Noche oscura <\/em>reza as\u00ed: \u201c<em>Canciones del alma <\/em>que se goza de haber llegado al estado de perfecci\u00f3n, que es la uni\u00f3n con Dios, por el camino de la negaci\u00f3n espiritual\u201d. Las estrofas cantan y describen po\u00e9ticamente algo ya sucedido: el alma se goza \u201cde haber llegado\u201d; por eso, todos los tiempos verbales est\u00e1n en pasado. Desde un presente, que es el estado de \u00a0uni\u00f3n-perfecci\u00f3n, se narra el camino de la \u00a0negaci\u00f3n espiritual que conduce a esta meta.<\/p>\n<p>La explicaci\u00f3n de los versos se presenta con este extenso ep\u00edgrafe: \u201c<em>Declaraci\u00f3n de las canciones <\/em>del modo que tiene el alma en el camino espiritual para llegar a la perfecta uni\u00f3n de amor con Dios, cual se puede en esta vida. D\u00edcese tambi\u00e9n las propiedades que tiene el que ha llegado a la dicha perfecci\u00f3n, seg\u00fan en las canciones se contiene\u201d. Dos son los argumentos fundamentales seg\u00fan este r\u00f3tulo: el \u00a0camino de la negaci\u00f3n para la uni\u00f3n y las propiedades de \u00e9sta. La coincidencia entre el enunciado del poema y el del comentario es perfecta. Se aclara a\u00fan m\u00e1s en el breve prologuillo antepuesto a la \u201cdeclaraci\u00f3n\u201d. La justa comprensi\u00f3n de la obra reclama un conocimiento lo m\u00e1s exacto posible de su g\u00e9nesis y de su estructura literaria.<\/p>\n<h3>I. Origen y dataci\u00f3n de la obra<\/h3>\n<p>La conjugaci\u00f3n de los ep\u00edgrafes transcritos asegura algunos datos elementales, que han de tenerse siempre presentes: en primer lugar, que el t\u00edtulo divulgado hist\u00f3ricamente no es original del autor; luego, que la obra designada como <em>Noche oscura <\/em>est\u00e1 formada por un poema y su respectiva \u201cdeclaraci\u00f3n\u201d en prosa; por \u00faltimo, que la \u201cdeclaraci\u00f3n\u201d es posterior a la escritura del poema. Los dos primeras afirmaciones no necesitan ulterior ilustraci\u00f3n, aunque la segunda plantea inevitablemente el problema de la relaci\u00f3n entre los dos componentes. Se tratar\u00e1 en su lugar debido.<\/p>\n<p>1. POEMA DE LA \u201cNOCHE\u201d. Su origen y momento de composici\u00f3n carecen de refrendo hist\u00f3rico comparable al del CE y la Ll. Sus versos plasman indudablemente vivencias tan personales y profundas como las de estos otros poemas. Lo que se intuye y descubre en ellos por simple lectura queda confirmado por la documentaci\u00f3n hist\u00f3rica, como sucede con los diversos bloques estr\u00f3ficos del CE. D\u00f3nde y cu\u00e1ndo plasm\u00f3 J. de la Cruz su experiencia de la \u201cnoche oscura\u201d no est\u00e1 suficientemente definido en las fuentes narrativas de su vida.<\/p>\n<p>El magn\u00edfico poema no figuraba entre las poes\u00edas copiadas en el cuadernillo sacado de la c\u00e1rcel toledana y entregado a las Descalzas de \u00a0Beas, probablemente en su primera visita. Es muy sintom\u00e1tico que no lo mencione \u00a0Magdalena del Esp\u00edritu Santo, tan cuidadosa en este punto (cf. <em>Escritos <\/em>p. 94-97). Al poco tiempo de establecido J. de la Cruz en \u00a0El Calvario, s\u00fabditos y disc\u00edpulos comenzaron a recitar los versos de la \u201cnoche\u201d durante las recreaciones, pidiendo al autor explicaciones sobre su contenido. Uno de ellos era \u00a0Inocencio de san Andr\u00e9s (ib. p. 234243).<\/p>\n<p>El cotejo de ambos datos establece un lapso de tiempo relativamente breve y bastante preciso para datar la composici\u00f3n del poema. Hubo de ser posterior a la huida de la c\u00e1rcel y antes de abandonar El Calvario, por tanto, en los \u00faltimos meses de 1578 o en los primeros del siguiente. La mayor parte de las composiciones po\u00e9ticas del Santo brotaron en un contexto vital bien conocido: en el \u00e1mbito de su convivencia comunitaria, cargada de resonancias espirituales y m\u00edsticas. No parece que para esta poes\u00eda haya de establecerse una excepci\u00f3n. Muy a su pesar, el Santo tuvo que contar una y otra vez ante sus compa\u00f1eros y disc\u00edpulos el terrible episodio de la prisi\u00f3n toledana. Lo recuerdan todos ellos en sus declaraciones posteriores como el trance m\u00e1s singular y heroico de la biograf\u00eda sanjuanista. Los meses inmediatamente posteriores a la fuga, fueron de verdadero acoso de preguntas sobre aquella prueba terrible. Le hab\u00eda dejado marcado no s\u00f3lo f\u00edsicamente; era para \u00e9l referencia espiritual imborrable. A impulso del recuerdo emocionado rompi\u00f3 en una ocasi\u00f3n a cantar: \u201cEn una noche oscura, \/ con ansias, en amores inflamada&#8230;\u201d.<\/p>\n<p>Lo que no asegura la documentaci\u00f3n hist\u00f3rica, lo insin\u00faa con fuerza y suficiente claridad el propio fray Juan. Su experiencia vital de la noche cristaliz\u00f3 po\u00e9ticamente en versos inmortales; doctrinalmente se volvi\u00f3 paradigma de su magisterio espiritual. Es lo que confesaba \u00e9l veladamente cuando comentaba as\u00ed sus versos: \u201cOh dichosa ventura, \/ sal\u00ed sin ser notada \/ estando ya mi casa sosegada\u201d. Aclara: \u201cToma por met\u00e1fora el m\u00edsero estado del cautiverio, del cual el que se libra tiene por dichosa ventura, sin que se lo impida alguno de los prisioneros\u201d, es decir, guardianes o carceleros (S 1,15,1). Exactamente lo que le sucedi\u00f3 a J. de la Cruz cuando escap\u00f3 de la c\u00e1rcel toledana.<\/p>\n<p>Prueba de la conexi\u00f3n vital entre la fuga de la prisi\u00f3n y los versos alusivos a la misma es el hecho de que al comentarlos reincide siempre en id\u00e9ntica reminiscencia y los aclara en el mismo sentido. El dato es tanto m\u00e1s revelador si se tiene en cuenta que los otros versos reciben diversas interpretaciones, como se ver\u00e1 en seguida. La \u201ccasa sosegada\u201d al momento de la huida evoca en su esp\u00edritu el lance vivido en el verano de 1578. Lo insin\u00faa con las siguientes frases: \u201c\u00a1Oh dichosa ventura! Esta dichosa ventura fue por lo que dice luego en los siguientes versos: \u2018sal\u00ed sin ser notada \/ estando ya mi casa sosegada\u2019, tomando la met\u00e1fora del que, por hacer mejor su hecho, sale de su casa de noche, a oscuras, sosegados ya los de la casa, porque ninguno se lo estorbe\u201d (N 2,14,1). Qued\u00f3 tan fusionada la experiencia de la huida con su cristalizaci\u00f3n po\u00e9tica (la \u201cmet\u00e1fora\u201d) que irrump\u00eda con naturalidad en su pluma siempre que evocaba las mismas realidades espirituales simbolizadas en aquellos versos (cf. N 2,25,1).<\/p>\n<p>2. EL COMENTARIO EN PROSA. Tampoco abundan los apoyos documentales para situar con precisi\u00f3n lugar y tiempo de composici\u00f3n. Los conocidos apenas permiten superar las conjeturas. Dos testimonios de indudable autoridad no coinciden plenamente en sus afirmaciones. Se trata de los disc\u00edpulos m\u00e1s fieles de J. de la Cruz. Seg\u00fan Juan Evangelista, la composici\u00f3n de la <em>Noche <\/em>tuvo lugar en Granada, siendo \u00e9l conventual de aquel monasterio. Para \u00a0Inocencio de san Andr\u00e9s los comentarios al poema hom\u00f3nimo se iniciaron en El Calvario, a petici\u00f3n suya y de otros religiosos de la misma comunidad. Si ambos disc\u00edpulos aluden a la misma obra, habr\u00eda que pensar en una escritura con grandes \u201cquiebras\u201d o interrupciones, como sucedi\u00f3 con la \u00a0<em>Subida<\/em>, seg\u00fan atestado del mismo Juan Evangelista, que, por otra parte, distingue muy bien la composici\u00f3n de ambas obras. Es sabido que \u00e9l mismo copiaba el texto de la S al ritmo de su composici\u00f3n (cf. <em>Escritos<\/em>, p. 234-243).<\/p>\n<p>Pueden concordarse perfectamente los dos testimonios pensando que Inocencio de san Andr\u00e9s alude a la <em>S<\/em>, no a la <em>N<\/em>. Consta, efectivamente, que en El Calvario comenz\u00f3 el Santo a comentar el poema de la \u201cnoche\u201d a instancias de los religiosos de la comunidad, como hac\u00eda con el CE a petici\u00f3n de las Descalzas de Beas. Los respectivos comentarios quedaron apenas iniciados o esbozados y se ultimaron m\u00e1s tarde en Granada. El mismo Juan Evangelista, que sigui\u00f3 aqu\u00ed el curso redaccional de la <em>Subida<\/em>, piensa que el autor la tra\u00eda \u201cde all\u00e1 ya comenzada\u201d. Al afirmar que m\u00e1s tarde, all\u00ed mismo en Granada, escribi\u00f3 el comentario de la <em>Noche<\/em>, no contradice a Inocencio. Es sabido que el mismo poema es el que se comenta en las dos obras (S\/N), aunque en la primera (la S) fue abandon\u00e1ndose para terminar en un tratado. Inocencio pod\u00eda afirmar con verdad que el comentario a ese poema hab\u00eda arrancado en El Calvario a petici\u00f3n suya y de otros religiosos. Con ello no contradec\u00eda las aseveraciones de Juan Evangelista.<\/p>\n<p>El que fuera compa\u00f1ero y secretario de J. de la Cruz durante muchos a\u00f1os emit\u00eda sus afirmaciones a requerimientos del bi\u00f3grafo \u00a0Jer\u00f3nimo de san Jos\u00e9, que deseaba apurar este extremo y ped\u00eda a su comunicante que lo aquilatase con esmero (cf. BMC 10, 340-342). La convergencia de estos testimonios con los datos del an\u00e1lisis interno es garant\u00eda de su objetividad. La posterioridad de la <em>Noche <\/em>con respecto a la <em>Subida <\/em>queda bien fundamentada. A la cita expl\u00edcita de \u00e9sta (N 2,22,2) se suman otras pruebas, como el tratamiento de los textos de la Biblia y muchos detalles redaccionales. Con los mismos criterios puede establecerse su anterioridad a la LlA y al CB, lo que obliga a datar su escritura entre 1584 y 1586. El simbolismo del fuego y el madero enlaza tem\u00e1tica y cronol\u00f3gicamente N con Ll; algunas aportaciones de ambas obras se incorporan en el CB, mientras la tem\u00e1tica de N est\u00e1 ausente en el CA.<\/p>\n<h3>II. Motivaci\u00f3n e interrupci\u00f3n del escrito<\/h3>\n<p>La comparaci\u00f3n entre la S y la N suscita inevitablemente dudas e interrogantes. Ambas obras se proponen y presentan por el autor como \u201cdeclaraci\u00f3n\u201d o comentario del mismo poema. En ninguna de ellas se realiza la explicaci\u00f3n completa. En la S, s\u00f3lo la primera estrofa y muy sumariamente la segunda; en la N se comentan las dos primeras canciones y sumariamente la tercera, pero con otra particularidad: la estrofa inicial se declara \u00edntegramente dos veces (una en cada libro). Resulta, en consecuencia, que esta primera canci\u00f3n ha recibido tres \u201cdeclaraciones\u201d: una en S y dos en N. Quedan, en cambio, sin comentario las seis estrofas restantes, ya que la tercera apenas recibe m\u00e1s que una presentaci\u00f3n sumaria o general (N 2,25).<\/p>\n<p>A estos datos externos hay que a\u00f1adir otros igualmente desconcertantes y de f\u00e1cil verificaci\u00f3n. En primer lugar, que el tipo de comentario es notablemente diferente en la S y en la N, no s\u00f3lo respecto al contenido, sino tambi\u00e9n a la forma estructural y literaria. El de ambas obras es, a la vez, diferente del CE y de la Ll. Para apreciar convenientemente la diferencia entre S y N ha de tenerse en cuenta que la divisi\u00f3n tradicional en libros y cap\u00edtulos solamente es original en la S, mientras en la N se trata de una interpolaci\u00f3n a\u00f1adida desde la primera edici\u00f3n (1618). No procede del autor. De sus implicaciones se tratar\u00e1 m\u00e1s adelante.<\/p>\n<p>Los datos que preceden plantean inevitablemente algunos interrogantes. Dos son los m\u00e1s importantes e inmediatos: en primer lugar, por qu\u00e9 volvi\u00f3 el autor a comentar lo que hab\u00eda explicado en la S sin haber concluido \u00e9sta; en segundo t\u00e9rmino, por qu\u00e9 dej\u00f3 inacabado el comentario de la N y escribi\u00f3 otras obras.<\/p>\n<p>1. ARRANQUE Y OBJETIVO DEL COMENTARIO. En el argumento con que abre la S asegura el autor que piensa desarrollar la doctrina sintetizada en los versos del poema de la N. Los reproduce all\u00ed mismo porque le van a servir de gui\u00f3n en su exposici\u00f3n. En el extenso pr\u00f3logo (a\u00f1adido probablemente con posterioridad) anuncia los problemas fundamentales que le interesa esclarecer, porque son muy importantes y poco conocidos. Se cree autorizado para tratarlos por tener amplia experiencia de los mismos. Los reduce fundamentalmente a uno: al de la noche oscura de contemplaci\u00f3n. No le interesa disertar sobre otras cosas \u201cmorales y sabrosas\u201d, sobre las que abundan los libros (S pr\u00f3l. 8).<\/p>\n<p>Emprende su marcha, fiel a la promesa de ajustar la exposici\u00f3n a los versos del poema, anunciando y explicando la primera estrofa y el primer verso (cap. 1-2), pero introduciendo a la vez una secuencia de cap\u00edtulos con sus respectivos ep\u00edgrafes. Desaparece as\u00ed el comentario hasta que reaflora inesperadamente al final del primer libro (cap. 14-15), para despachar en pocas p\u00e1ginas la declaraci\u00f3n de los otros versos de la primera canci\u00f3n. Coincide la presentaci\u00f3n de la segunda estrofa con la apertura del libro segundo (cap. 1), pero todo se reduce a presentar la s\u00edntesis general de los cinco versos. Abandona definitivamente la promesa o metodolog\u00eda avanzada en el \u201cargumento\u201d. La S se convierte en un tratado, y el poema de la \u201cnoche oscura\u201d queda sin \u201cdeclarar\u201d.<\/p>\n<p>Quienes hab\u00edan solicitado su explicaci\u00f3n no pod\u00edan sentirse satisfechos ni complacidos. Era muy poco lo que hab\u00eda declarado de los versos, apenas una estrofa. Por a\u00f1adidura, la interpretaci\u00f3n propuesta no correspond\u00eda a lo que en el pr\u00f3logo se aseguraba ser el meollo del poema. En lugar de las \u201cprofundas tinieblas y trabajos\u201d de la dura purgaci\u00f3n a que Dios somete a las almas, todo el comentario de la primera estrofa se aplicaba a la noche o purificaci\u00f3n activa del sentido. La exposici\u00f3n, no ya el comentario, prosegu\u00eda con la vertiente activa en los otros dos libros de la obra. Repetidas veces remite a lo que ha de ser el desarrollo del aspecto pasivo (como cuarto libro o segunda parte) sin que llegue a cumplirse la promesa. Se interrumpe bruscamente la S y queda pendiente la explicaci\u00f3n de la noche pasiva, precisamente lo que, seg\u00fan confesi\u00f3n del autor, cantan los versos y a \u00e9l le interesaba tratar.<\/p>\n<p>Si J. de la Cruz persist\u00eda en la idea de comentar aut\u00e9nticamente el poema y explicar la noche o purificaci\u00f3n pasiva ten\u00eda dos soluciones: proseguir la obra en curso (la S) hasta desarrollar toda la tem\u00e1tica prometida (en un cuarto libro o en una segunda parte), o interrumpirla y reiniciar el comentario verdadero del poema. Es bien conocida la soluci\u00f3n adoptada. Cort\u00f3 por lo sano. Le faltaba a\u00fan mucho para completar el esquema adelantado sobre la purificaci\u00f3n activa y renunci\u00f3 a desarrollarlo. Con la brusca interrupci\u00f3n de la S quedaba sin comentar el poema y sin abordar la vertiente pasiva de la noche-purificaci\u00f3n. Hab\u00eda complacido a quienes solicitaron la \u201cdeclaraci\u00f3n\u201d del CE, pero quedaban desairados los que deseaban otro tanto para el poema de la \u201cnoche oscura\u201d.<\/p>\n<p>Esa fue la motivaci\u00f3n decisiva, a no dudarlo, para volver sobre sus pasos. En lugar de prolongar indefinidamente la S, desarrollando materias poco importantes, y s\u00f3lo por satisfacer la l\u00f3gica de esquemas sobrevenidos, decidi\u00f3 suspenderla y acometer otro comentario del poema: la \u201cdeclaraci\u00f3n\u201d que corresponde a la obra conocida como <em>Noche oscura<\/em>. Tal soluci\u00f3n implicaba problemas delicados, entre otros, el de empalmar con la S, ya que en ella se hab\u00eda anunciado reiteradamente el desarrollo de la tem\u00e1tica pasiva, como parte integrante de la misma. No pod\u00eda soldar con ella la nueva escritura dejando en medio el extenso vac\u00edo de lo que quedaba enunciado y esquematizado antes de iniciar el prometido libro cuarto o parte segunda.<\/p>\n<p>Corr\u00eda adem\u00e1s el riesgo de no cumplir la promesa del \u201ccomentario\u201d al poema. Hab\u00eda ya fracasado en la S al intentar conjugarlo con un tratado, en el que los versos se diluyeron entre la trama de libros y cap\u00edtulos, divisiones y subdivisiones. Si manten\u00eda el mismo g\u00e9nero literario, se expon\u00eda a un nuevo fracaso en su intento de redactar la \u201cdeclaraci\u00f3n\u201d del poema. La soluci\u00f3n finalmente adoptada representa un compromiso, medianamente alcanzado, para salvar estos escollos. Por un lado, prolonga el esquema b\u00e1sico de la S, no sus implicaciones menores; por otro, rompe el m\u00e9todo del tratado y adopta el del \u201ccomentario\u201d, a semejanza de lo realizado en las otras obras.<\/p>\n<p>2. INTERRUPCI\u00d3N DE LA OBRA. En lo que coinciden plenamente S y N es en que ambos escritos quedaron truncados, sin el remate normal que cab\u00eda esperar. Viejas suposiciones y modernas conjeturas sobre una probable mutilaci\u00f3n posterior, con la desaparici\u00f3n del final, no hallan refrendo alguno en la documentaci\u00f3n. La suspensi\u00f3n definitiva de la obra tiene, en cambio, justificaci\u00f3n plausible en las afirmaciones y prop\u00f3sitos del mismo autor. Ya se han indicado los que ata\u00f1en a la S. Por lo que se refiere a la N, hay que tener en cuenta algunos datos fundamentales: en primer lugar, que la primera estrofa se comenta dos veces, mientras las cinco \u00faltimas no hacen acto de presencia. Este hecho es m\u00e1s llamativo si se tiene en cuenta que la misma canci\u00f3n primera ya hab\u00eda sido explicada en la S.<\/p>\n<p>Esta proliferaci\u00f3n de comentarios frente a la ausencia en las dem\u00e1s estrofas resulta desconcertante a primera vista, pero en lugar de justificar la interrupci\u00f3n, al comenzar la declaraci\u00f3n de la estrofa tercera, la vuelve m\u00e1s inquietante. No existe confesi\u00f3n alguna de J. de la Cruz para explicar el hecho. Puestos a indagar los motivos parece que el mejor camino se insin\u00faa en el breve prologuillo antepuesto al comentario. En \u00e9l se sintetiza el contenido de todo el poema de esta manera: \u201cEn las dos primeras canciones se declaran los efectos de las dos purgaciones espirituales: de la parte sensitiva del hombre y de la espiritual. En las otras seis se declaran varios y admirables efectos de la iluminaci\u00f3n espiritual y uni\u00f3n con Dios\u201d. L\u00e9ase inmediatamente el poema y se comprobar\u00e1 la exactitud de esta repartici\u00f3n. Desde la tercera estrofa lo que se canta no es la \u201csalida por la secreta escala disfrazada\u201d, sino la meta alcanzada; desde ella se contempla el camino recorrido. A partir de la quinta estrofa no hay otra cosa que la descripci\u00f3n de la divina uni\u00f3n, el feliz estado del matrimonio espiritual.<\/p>\n<p>Dos motivos influyeron, sin duda, en J. de la Cruz para interrumpir su comentario en el umbral mismo de la estrofa tercera. Su prop\u00f3sito inicial era el de instruir a las almas en el arduo y dificultoso camino de la noche oscura (S pr\u00f3l.). A lo largo del comentario de la misma N hab\u00eda insistido en que esto era lo que a \u00e9l le interesaba y en lo que ten\u00eda \u201cgrave palabra y doctrina\u201d (N 1,13,3). No intentaba describir el estado de la \u00a0uni\u00f3n-perfecci\u00f3n, sino la senda oscura que conduce a ella. Quedaba ampliamente explicado en el comentario de las dos primeras estrofas. Declarar las siguientes le obligaba a tratar lo que ya hab\u00eda escrito en el CE y estaba para repetir en la Ll, ante la insistencia de la destinataria. Con el agravante de la inefabilidad, ya ampliamente experimentada y denunciada en el CA. La repetici\u00f3n inevitable y la dificultad de la materia persuadieron a J. de la Cruz a interrumpir el comentario de la N.<\/p>\n<p>No se trata de conjeturas infundadas. Bastar\u00e1 recordar lo que escribe el propio autor al final del comentario de la segunda estrofa. Comprueba que la interpretaci\u00f3n de los versos le obliga a repeticiones carentes de inter\u00e9s y que se va a enfrentar con lo que acaece al alma en \u201cestado de perfecci\u00f3n, como en lo restante se ir\u00e1 diciendo, aunque ya con alguna brevedad\u201d (N 2,22,1). La anunciada brevedad obedece a la raz\u00f3n siguiente: <em>\u201cPorque lo que era de m\u00e1s importancia, y por lo que yo principalmente me puse en esto<\/em>, que fue declarar esta noche a muchas almas que, pasando por ella estaban de ella ignorantes, como en el pr\u00f3logo se dice, est\u00e1 ya medianamente declarado y dado a entender, aunque harto menos de lo que ello es\u201d (N 2,22,2).<\/p>\n<p>Es probable que la decisi\u00f3n no fuese irrevocable en un primer momento. Acaso fue madurando tras una primera suspensi\u00f3n. Cabr\u00eda suponer incluso que se afianz\u00f3 definitivamente al iniciar la \u201cdeclaraci\u00f3n\u201d de la Ll. El argumento central de la misma era la inflamaci\u00f3n o llama del madero limpiado y bien dispuesto durante la noche purificativa por la misma llama. La explicaci\u00f3n de las \u00faltimas estrofas de la N habr\u00edan coincidido con las de la <em>Llama<\/em>, como las de \u00e9sta con las \u00faltimas del CE. Al fin y al cabo, buena parte de los tres poemas cantaban y simbolizaban id\u00e9nticas experiencias. Su comentario \u201caut\u00e9ntico\u201d no pod\u00eda distanciarse en lo sustancial.<\/p>\n<p>Modulaciones y enfoques habr\u00edan sido diferentes, como sucede siempre que J. de la Cruz aborda los mismos argumentos, pero en lo sustancial, en lo nuclear del pensamiento, la coincidencia hay que darla por descontada. Sostener lo contrario, siguiendo a J. Baruzi, suena a equivocado.<\/p>\n<h3>III. G\u00e9nero literario<\/h3>\n<p>No pueden perderse de vista los datos anteriores a la hora de configurar la composici\u00f3n de la N. Tampoco cabe confundir el contenido doctrinal con su estructura literaria. Se ha insistido, acaso con exceso, en el llamado \u201cd\u00edptico SN\u201d, como si se tratase de dos escritos, no s\u00f3lo complementarios, sino tambi\u00e9n paralelos e id\u00e9nticos en su factura. Con el mismo derecho pod\u00eda hablarse del d\u00edptico CE-Ll, e incluso d\u00edptico N-Ll. Estructuralmente la N est\u00e1 m\u00e1s pr\u00f3xima a CE y a Ll que a S, aunque doctrinalmente se complementan entre s\u00ed.<\/p>\n<p>La diferencia reside en que la S presenta un esquema doctrinal-espiritual en el que deb\u00eda integrarse la tem\u00e1tica desarrollada en la N. De hecho, las l\u00edneas generales de \u00e9sta (purificaci\u00f3n\/noche pasiva) responden a dicha esquematizaci\u00f3n, y a ella parece aludir (aunque no es seguro) al final de la obra (N 2,22,2). Esta correspondencia general entre parte activa (S) y parte pasiva (N) es el \u00fanico soporte del mencionado d\u00edptico; afecta, por tanto, al aspecto doctrinal o de contenido.<\/p>\n<p>En lo que a la estructura se refiere, la distancia entre ambas obras es mucho mayor. Cualquier que sea el sentido atribuido al \u201cd\u00edptico\u201d, no cabe hablar de una \u00fanica obra. Ep\u00edgrafe, pr\u00f3logo y desarrollo aseguran que la N se concibi\u00f3 como escrito diferente de la S. Mientras \u00e9sta comienza defini\u00e9ndose como un tratado (\u201ctrata de c\u00f3mo\u201d, \u201ctoda la doctrina que entiendo tratar\u201d) al que se acomodar\u00e1 el comentario del poema, la N se presenta expl\u00edcitamente como \u201cdeclaraci\u00f3n\u201d o comentario directo de los versos, a la manera del CE y de la Ll. El prologuillo inicial sirve precisamente para eso: para fijar el m\u00e9todo a seguir, exactamente el mismo que en estas otras obras: \u201cSe ponen primero todas las canciones que se han de declarar. Despu\u00e9s se declara cada canci\u00f3n de por s\u00ed, poniendo cada una de ellas antes de su declaraci\u00f3n, y luego se va declarando cada verso de por s\u00ed, poni\u00e9ndole tambi\u00e9n al principio\u201d (cf. CE pr\u00f3l. 4; Ll pr\u00f3l. 4).<\/p>\n<p>El autor se ha mantenido sustancialmente fiel a este \u201cestilo\u201d o m\u00e9todo, pero el comentario de la N se distancia bastante del CE, acerc\u00e1ndose al de la Ll. La \u201cdeclaraci\u00f3n\u201d de los versos es muy irregular por lo que a la extensi\u00f3n se refiere; m\u00e1s a\u00fan que en la Ll. Se prolonga tanto en ocasiones, como sucede en la primera estrofa, que se asemeja m\u00e1s a una disertaci\u00f3n que a un comentario. Con todo, nunca se rompe la estructura propia de la \u201cdeclaraci\u00f3n\u201d, como sucede en la S. En la N no se introduce divisi\u00f3n alguna de libros, partes ni cap\u00edtulos. Ya se ha advertido que la ofrecida por las ediciones no procede del original. Existen enumeraciones de temas expuestos progresivamente, como vicios capitales (N 1,2-7), efectos provechosos de la purificaci\u00f3n (N 1.12-13), grados de amor (N 2,19-20), disfraces y colores de virtudes (ib. 21), etc. pero se analizan y exponen dentro de la trama del comentario, no como partes de un esquema estructural de la obra. Ni siquiera la distinci\u00f3n de la doble purificaci\u00f3n pasiva \u2013del sentido y del esp\u00edritu\u2013 da pie para un esquema con representaci\u00f3n externa, como sucede en la S.<\/p>\n<p>La fidelidad sustancial al g\u00e9nero del comentario, tan peculiar de la pluma sanjuanista, no excluye algunas anomal\u00edas y peculiaridades, si se compara la N con CE y Ll. La m\u00e1s llamativa o relevante es la que afecta a la doble interpretaci\u00f3n o explicaci\u00f3n de la primera estrofa. Al comentario del primer libro de la S se a\u00f1aden as\u00ed otros dos: uno correspondiente al primer libro de la N; otro, a los cap\u00edtulos 1-14 del segundo. Como es sabido, en S se interpreta como purificaci\u00f3n-noche activa del sentido; en el primer libro de N, como purificaci\u00f3n\/noche pasiva del sentido, y en el segundo, como noche-purificaci\u00f3n pasiva del esp\u00edritu. Todo ello, naturalmente, en l\u00edneas generales. La producci\u00f3n sanjuanista no registra otro caso semejante.<\/p>\n<p>Se trata con toda seguridad de una aplicaci\u00f3n concreta del criterio enunciado al principio del CE, es decir, que la \u201canchura\u201d de los \u201cdichos de amor\u201d \u2013los versos\u2013 permite entenderlos en diversos sentidos, y no es el caso de \u201cabreviarlos\u201d a uno solo (pr\u00f3l. 2). Ello no quiere decir que todas las interpretaciones sean igualmente pertinentes. Muchas de las ofrecidas por J. de la Cruz en sus comentarios son claramente adaptaciones espirituales, dif\u00edciles de justificar en la literalidad de los versos. Al lado de \u201cdeclaraciones\u201d m\u00e1s o menos \u201caut\u00e9nticas\u201d, se suceden otras leg\u00edtimas, pero no vinculantes.<\/p>\n<p>En el caso presente, la genuina, literal e hist\u00f3rica es la \u00faltima: la noche-purificaci\u00f3n pasiva del sentido. Las otras son extensiones y aplicaciones pedag\u00f3gicas de la misma. Lo sugiere con suficiente claridad la lectura atenta de los tres comentarios, pero es m\u00e1s decisiva la confesi\u00f3n del mismo Santo. Al concluir la primera declaraci\u00f3n de la estrofa y reproducir de nuevo sus versos para comentarla por tercera vez, escribe: \u201cAunque est\u00e1 declarada al prop\u00f3sito de la primera noche del sentido, principalmente la entiende el alma por esta segunda del esp\u00edritu, por ser la principal parte de la purificaci\u00f3n del alma. Y as\u00ed a este prop\u00f3sito la pondremos y declararemos aqu\u00ed otra vez\u201d (N 2,3,3, l\u00e9anse cap. 3-4). Aunque la justificaci\u00f3n puede ser v\u00e1lida desde un punto de vista doctrinal, no elimina la singularidad estructural del comentario de la N.<\/p>\n<p>Comparado con el del CE y, en parte, con el de la Ll, tambi\u00e9n resulta bastante arbitrario por otros motivos, especialmente por la extensi\u00f3n concedida a unos versos y la brevedad con que se despachan otros. El primero, repetido a notable distancia (en cap.1 y 8), se convierte en una especie de disertaci\u00f3n sobre los vicios capitales (1-7) y su aplicaci\u00f3n a la purificaci\u00f3n de los sentidos (8-10). La declaraci\u00f3n de dem\u00e1s versos, dentro de la variedad propia del comentario sanjuanista, puede considerarse normal. Similar es la situaci\u00f3n de la segunda interpretaci\u00f3n (la del libro 2\u00ba). El comentario de los dos primeros versos es mucho m\u00e1s extenso que el de los otros tres, que en conjunto apenas ocupan una p\u00e1gina. La amplitud de la declaraci\u00f3n de los dos primeros (cap. 5-10 y 11-13 respectivamente) alejan la sensaci\u00f3n del comentario, convirti\u00e9ndose en disertaciones semejantes a los tratados de la S.<\/p>\n<p>Desde el punto de vista estructural, la explicaci\u00f3n de la segunda estrofa (cap. 15-24) es m\u00e1s homog\u00e9nea y uniforme, manteniendo fielmente el g\u00e9nero del comentario, incluso en lo que se refiere a la proporci\u00f3n material de cada verso. No faltan amplias digresiones, marginales al contenido, como la de los grados de amor (cap. 19-20) y la de las asechanzas diab\u00f3licas (cap. 23), pero no alteran la fisonom\u00eda propia del comentario al estilo sanjuanista. En la N se cruzan de manera muy peculiar el comentario y el tratado. Prevalece el primero como intenci\u00f3n y ejecuci\u00f3n.<\/p>\n<h3>IV. Lecci\u00f3n espiritual<\/h3>\n<p>Ante las confesiones paladinas de J. de la Cruz, no es posible ignorar que la noche-purificaci\u00f3n pasiva, la del esp\u00edritu ante todo, es su tem\u00e1tica m\u00e1s personal y original. La materia en que se cree autorizado para ense\u00f1ar como maestro, porque en ella tiene \u201cgrave palabra y doctrina\u201d (N 1,13,3). Es por ello su argumento favorito: \u201cPor lo que yo principalmente me puse en esto, que fue declarar esta noche a muchas almas &#8230; que estaban de ella ignorantes\u201d (N 2,22,2). Ten\u00eda comprobada la \u201cmucha necesidad que tienen muchas almas\u201d, por \u201cfaltarles gu\u00edas id\u00f3neas y despiertas\u201d (S pr\u00f3l. 3; cf. nn.6-8). No conoc\u00eda tampoco libros orientadores al respecto \u201cpor haber de ella muy poco lenguaje, as\u00ed de pl\u00e1tica como de escritura, y aun de experiencia muy poco\u201d (N 1,8,2: E. Pacho, \u2018<em>Grave palabra y doctrina\u2019. Voluntad y conciencia de maestro<\/em>, en ES II, 11-41).<\/p>\n<p>Todo lo expuesto a lo largo de la S y de la N se encuadra de alguna manera en este plan y en el prop\u00f3sito de J. de la Cruz, por cuanto se relaciona con el proceso cat\u00e1rtico necesario para la uni\u00f3n-perfecci\u00f3n. En ese sentido lo asume e integra el Santo en su esquema, pero lo que le interesa de modo especial y considera fundamental es el aspecto pasivo de la purificaci\u00f3n, porque m\u00e1s ignorado y menos tratado. Se concentra en la prueba suprema de la \u00a0noche, la que canta y simboliza precisamente el poema hom\u00f3nimo; de ah\u00ed que su \u201cdeclaraci\u00f3n inmediata y aut\u00e9ntica\u201d le ofrezca la ocasi\u00f3n propicia y deseada para dictar su \u201cgrave palabra y doctrina\u201d.<\/p>\n<p>La sujeci\u00f3n al m\u00e9todo del comentario impuso sus leyes, impidiendo un desarrollo l\u00f3gico y sistem\u00e1tico de la materia, al estilo de la S. Por otra parte, los compromisos asumidos en esta obra condicionaron la adaptaci\u00f3n del poema de tal forma que su declaraci\u00f3n hubo de abarcar los dos niveles de la purificaci\u00f3n pasiva: el de los sentidos y el del esp\u00edritu. De este modo quedaba completado el esquema pentapartito anunciado al comienzo de la S (1,1-3). El comentario de la N se ocupa, por tanto, de la purificaci\u00f3n pasiva sin otra referencia esquem\u00e1tica m\u00e1s que la relativa al sentido (lib. 1\u00ba) y al esp\u00edritu (2\u00ba). Dentro de estas demarcaciones, la materia se desarrolla, m\u00e1s que en plan te\u00f3rico, en una \u00f3ptica din\u00e1mica y pr\u00e1ctica, sometida siempre a la curva mudable del comentario. Est\u00e1 presidida, sin embargo, por algunos postulados, t\u00edpicos del sistema sanjuanista.<\/p>\n<p>1. PRINCIPIOS FUNDAMENTALES. Cabe distinguir entre el orden sucesivo de los puntos desarrollados y la trabaz\u00f3n l\u00f3gica de los mismos. Para su mejor comprensi\u00f3n conviene tener presentes las bases en que se apoya el pensamiento a lo largo del escrito.<\/p>\n<p>Destaca, ante todo, que el proceso de purificaci\u00f3n-noche es algo unitario y sin soluci\u00f3n de continuidad. Aunque los versos del poema aluden a un lance, paso, tr\u00e1nsito o salida, la explicaci\u00f3n del comentarista insiste en la unidad y continuidad del proceso cat\u00e1rtico, dentro del cual se sit\u00faan momentos, situaciones y etapas con predominio de aspectos (activo, pasivo) y sectores (sentido y esp\u00edritu). En ese sentido han de entenderse las dos fases principales descritas en la N, la del sentido y la del esp\u00edritu (cf. 1,1,1; 1,7,5; 1,10,1-6; 2,1,1-2; 2,3,1, etc.). Tan enlazadas est\u00e1n ambas, que \u201cla una nunca se purga bien sin la otra\u201d (2,3,1). La purificaci\u00f3n pasiva del esp\u00edritu es como la culminaci\u00f3n de todo el proceso, por eso se define como el paso o tr\u00e1nsito a la \u00a0uni\u00f3n.<\/p>\n<p>En la visi\u00f3n sanjuanista, la ra\u00edz profunda de la noche oscura hay que identificarla con la \u00a0contemplaci\u00f3n divina (2,9,6; 2,11,1, etc.), mediante la cual Dios purifica al alma limpiando sus manchas e imperfecciones. El alma se libra de sus apetitos y h\u00e1bitos naturales sujet\u00e1ndose \u201cpasivamente\u201d a la acci\u00f3n divina (N 2,8,1; 2,14,11, etc.).<\/p>\n<p>Consecuente con este principio, toda la trama de la N gira en torno a la dial\u00e9ctica luz-oscuridad. La sabidur\u00eda amorosa o contemplaci\u00f3n divina produce en el alma dos efectos, en apariencia contrarios, \u201cporque la dispone purg\u00e1ndola e ilumin\u00e1ndola para la uni\u00f3n de amor de Dios\u201d (2,5,1; 2,7). De ah\u00ed, el problema planteado expl\u00edcitamente por el Santo, a saber: \u201cPor qu\u00e9, pues la lumbre divina que ilumina y purga al alma de sus ignorancias, la llama aqu\u00ed noche oscura\u201d (2,5,2). Dos son las razones: la alteza de la luz divina excede tanto la capacidad humana, que la ciega, se vuelve tiniebla para ella (2,5; 2,8, etc.); la bajeza e impureza humanas no resisten la luz pura de Dios, por lo que \u00e9sta se vuelve penosa, aflictiva y tambi\u00e9n oscura (2,5,2-3).<\/p>\n<p>La justificaci\u00f3n suprema de la noche como catarsis inevitable para la uni\u00f3n queda formulada as\u00ed: \u201cEsta dichosa noche, aunque oscurece al esp\u00edritu, no lo hace sino para darle luz de todas las cosas; y, aunque le humilla y pone miserable, no es sino para ensalzarse y levantarle; y, aunque le empobrece y vac\u00eda de toda posesi\u00f3n y afici\u00f3n natural, no es sino para que divinamente se pueda extender a gozar y gustar de todas las cosas de arriba y de abajo, siendo con libertad de esp\u00edritu general en todo\u201d (2,9,1).<\/p>\n<p>2. EL PROCESO CAT\u00c1RTICO. A la luz de estas claves, puede seguirse con cierta facilidad el proceso din\u00e1mico de la \u201cnoche-purificaci\u00f3n\u201d descrito en la obra. Los pasos m\u00e1s representativos son los siguientes: Todo comienza a partir de \u201cuna determinaci\u00f3n de convertirse a Dios\u201d (1,1,2). Los primeros pasos en la noche pasiva del sentido se corresponden con el paso de principiantes a aprovechados y el tr\u00e1nsito de la meditaci\u00f3n a la contemplaci\u00f3n (1,10,1; 1,11,3). Su eficacia espiritual se centra en el desarraigo de afectos y apetitos, vinculados fundamentalmente a los siete \u00a0vicios capitales (1,2-7). Conduce a una sujeci\u00f3n o acomodaci\u00f3n del sentido al esp\u00edritu, que es un enfrenamiento del primero (2,3,1), m\u00e1s que una purgaci\u00f3n radical.<\/p>\n<p>Internada ya el alma en la fase propia de la noche oscura de contemplaci\u00f3n, se ve sometida a duras pruebas, como quien \u201cest\u00e1 puesto en cura\u201d. Todo es padecer \u201cen esta oscura y seca purgaci\u00f3n del apetito, cur\u00e1ndose de muchas imperfecciones, imponi\u00e9ndose en muchas virtudes\u201d. A medida que va purgando sus aficiones naturales, por medio de la sequedad, la va Dios \u201cencendiendo en el esp\u00edritu\u201d su amor divino\u201d (1,11,2).<\/p>\n<p>Gracias a esa suave y secreta inflamaci\u00f3n de amor, crecen las \u00a0ansias y los deseos de Dios, con los que consigue grandes provechos y bienes espirituales (1,11-12). El alternarse las sensaciones de sequedad y abandono con las de amor y afici\u00f3n es algo que corresponde a la pedagog\u00eda divina, para que el alma no desfallezca en medio de la prueba.<\/p>\n<p>Insensiblemente, y cuando menos lo espera, se adensan de nuevo las tinieblas con la llegada de pruebas m\u00e1s fuertes. Suelen ir acompa\u00f1adas de \u201cgraves trabajos y tentaciones sensitivas que duran mucho tiempo, aunque en unos m\u00e1s que en otros\u201d (1,14). No es posible determinar el tiempo en que Dios tiene a cada alma en \u201ceste ayuno y penitencia del sentido\u201d, aunque suele ser seg\u00fan las imperfecciones que ha de purgar (1,14,5).<\/p>\n<p>Cuando ya el apetito sensitivo est\u00e1 suficientemente \u201creformado y enfrenado\u201d, suele Dios conceder un per\u00edodo de calma, a manera de descanso (2,1,1). Se caracteriza por intervalos de paz y bonanza en medio de la tempestad interior. Como dice el Santo, son \u201cinterpolaciones de luz en medio de la oscura tiniebla (2,1-2). Inesperadamente, cuando menos se espera, sobreviene la horrenda noche del esp\u00edritu. Dios coloca al alma en esta terrible prueba cuando ya no hay peligro de que se desanime y vuelva atr\u00e1s (2,3). Es la prueba decisiva de la fidelidad.<\/p>\n<p>La din\u00e1mica interna es similar a la fase sensitiva, con alternancia de penas y consuelos, de iluminaciones y de tinieblas. Todo en grado mucho m\u00e1s agudo y penetrante, hasta verse el alma \u201cen sombras de muerte (2,6,2), en abandono total de Dios y de los hombres. Las descripciones sanjuanistas son sobrecogedoras, pero de un realismo sorprendente (2,5-9).<\/p>\n<p>El principio, tantas veces repetido, de la proporci\u00f3n entre la purificaci\u00f3n y el grado de perfecci\u00f3n a que cada uno est\u00e1 llamado define \u201cordinariamente\u201d (t\u00edpica medida sanjuanista) la duraci\u00f3n y el grado de purificaci\u00f3n: \u201cCuanto m\u00e1s \u00edntima y esmerada ha de ser y quedar la obra, tanto m\u00e1s \u00edntima, esmerada y pura ha de ser la labor, y tanto m\u00e1s fuerte cuanto el edificio m\u00e1s firme\u201d (2,9,9). Ha de durar hasta que todas las fuerzas y capacidades \u201cpor medio de esta noche de purgaci\u00f3n del viejo hombre, todas se renueven con temples y deleites divinos\u201d (2,4,1-2).<\/p>\n<p>BIBL. \u2014 JUAN DE JES\u00daS MAR\u00cdA, \u201cEl d\u00edptico Subida-Noche\u201d, en <em>Sanjuanistica<\/em>, Roma 1943, p. 27-83; EMETERIO DEL SDO. CORAZ\u00d3N, \u201cLa noche pasiva del esp\u00edritu de san Juan de la Cruz\u201d, en <em>RevEsp<\/em> 18 (1959) 5-50, 187-228; EULOGIO PACHO, <em>Iniciaci\u00f3n<\/em> <em>a san Juan de la Cruz<\/em>, Burgos, Ed. Monte Carmelo, 1982, p. 115-149; Id. \u201cNoche oscura. Historia y s\u00edmbolo, evocaci\u00f3n y paradigma\u201d, en ES II, 199217; M. J. MACHO DUQUE, <em>El s\u00edmbolo de la noche en san Juan de la Cruz. Estudio l\u00e9xico-sem\u00e1ntico<\/em>, Salamanca, Ediciones Universidad, 1982; Id. \u201cAnt\u00edtesis din\u00e1micas de la \u2018Noche oscura\u2019\u201d, en el vol. <em>San Juan de la Cruz, esp\u00edritu de llama, <\/em>Roma 1991, p. 369-382; FERNANDO URBINA, <em>Comentario a<\/em> <em>la Noche Oscura del esp\u00edritu y la Subida al Monte Carmelo de S. Juan de la Cruz<\/em>, Madrid, Marova, 1982; JOS\u00c9 DAMI\u00c1N GAIT\u00c1N, \u201cSan Juan de la Cruz: en torno a \u2018Subida\u2019 y \u2018Noche\u2019. Su relaci\u00f3n con el poema \u2018Noche oscura\u2019\u201d, en AA. VV. <em>Introducci\u00f3n a san Juan de la Cruz<\/em>, Avila, Diputaci\u00f3n Provincial, 1987, p. 77-90; Id. \u201c\u2018Subida del Monte Carmelo\u2019 y \u2018Noche Oscura\u2019\u201d, en <em>Teresianum <\/em>40 (1989) 289-333; Id. \u201cVida y muerte en la \u2018Noche oscura\u2019 de san Juan de la Cruz\u201d, <em>en San Juan de la Cruz, esp\u00edritu de llama, <\/em>Roma 1991, p.745-760; JOS\u00c9 VICENTE RODR\u00cdGUEZ, \u201cNoche Oscura\u201d, en AA. VV. <em>Introducci\u00f3n a la lectura de san Juan de la Cruz<\/em>, Avila, 1991, p. 401444; ANTXON AMUNARRIZ, <em>Dios en la noche. Lectura de la Noche oscura de san Juan de la Cruz<\/em>, Roma 1991<em>.<\/em><\/p>\n<p><em>Eulogio Pacho<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(obra) Este escrito de J. de la Cruz se ha identificado siempre por el primer verso de un poema de ocho liras, que comienza: \u201cEn una noche oscura\u201d. 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