{"id":2975,"date":"2015-01-06T10:07:51","date_gmt":"2015-01-06T16:07:51","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=2975"},"modified":"2021-01-06T10:11:25","modified_gmt":"2021-01-06T16:11:25","slug":"camino-espiritual","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=2975","title":{"rendered":"Camino espiritual"},"content":{"rendered":"<p>Como todo maestro de esp\u00edritu, cuando Juan de la Cruz se pone a escribir, lo que intenta es guiar a las almas por el camino que conduce a la santidad. Comparte con los dem\u00e1s que camino equivale al desarrollo de la vida del esp\u00edritu desde su inicio en el bautismo hasta su meta final. Crecimiento o desarrollo an\u00e1logo al de la vida corporal. Camino es el trayecto a recorrer desde el nacimiento en Cristo hasta la plena identificaci\u00f3n con \u00e9l, que es el t\u00e9rmino o la meta final.<\/p>\n<p>La tradici\u00f3n cristiana, arrancando del Evangelio fue perfilando a lo largo de los siglos el proceso, los requisitos y los contenidos de la vida espiritual que ha de culminar en la uni\u00f3n amorosa con Dios. El itinerario de la santidad cristiana tiene como pauta el seguimiento de Cristo Jes\u00fas, que se proclam\u00f3 el camino la verdad y la vida (Jn 14,6). Asumido y respetado ese n\u00facleo intocable, ha sido presentado y ense\u00f1ado con matices y rasgos diferentes por los diversos maestros seg\u00fan las \u00e9pocas hist\u00f3ricas, los estados de vida y las situaciones personales. Grandes maestros son considerados aquellos que han alumbrado propuestas m\u00e1s claras, precisas y eficaces o con mayor originalidad.<\/p>\n<p>Se han designado con f\u00f3rmulas y expresiones variadas, por lo general figurativas, en cuanto lo espiritual se acomoda a lo que es el andar una senda o camino para lograr alg\u00fan objetivo en la vida humana. Lo m\u00e1s corriente es presentar expl\u00edcita o impl\u00edcitamente la andadura espiritual como camino: <em>Camino de perfecci\u00f3n <\/em>(Teresa de Jes\u00fas, Pedro Ruiz), camino espiritual, itinerario de la santidad y similares. Considerando la perfecci\u00f3n como elevaci\u00f3n hacia lo alto otros han preferido hablar de escala o escalera con grados o escalones al estilo de san Juan Cl\u00edmaco, <em>Subida del Monte Si\u00f3n <\/em>(Laredo), <em>Subida del Monte Carmelo <\/em>(Juan de la Cruz), <em>Monte de contemplaci\u00f3n <\/em>(A. de Orozco). Tambi\u00e9n existen f\u00f3rmulas que prefieren la salida de s\u00ed y la entrada dentro de s\u00ed. Todas las figuraciones o met\u00e1foras corresponden a una de las espiritualidades del caminar por llano, de elevaci\u00f3n y de introversi\u00f3n.<\/p>\n<p>Una lectura atenta de los escritos sanjuanistas permite comprobar que el Santo asume fielmente los ingredientes fundamentales del proceso espiritual de la tradici\u00f3n cristiana en busca de la santidad. Propone, a su vez, muchos t\u00e9rminos para designarlo e incluso formula propuestas notablemente diferentes para dise\u00f1ar ese itinerario. La primera que sale al encuentro al lector es el r\u00f3tulo de su obra m\u00e1s extensa <em>Subida del Monte Carmelo. <\/em>A \u00e9sta se sobreponen otras muchas: algunas comunes y corrientes, otras m\u00e1s raras y personales. La ascensi\u00f3n o \u201csubida\u201d se vuelve sin\u00f3nima de camino, como cuando escribe: \u201cEs menester que el <em>camino y subida <\/em>para Dios sea un ordinario cuidado de hacer cesar y mortificar los apetitos\u201d (S 1, 5, 6).<\/p>\n<p>Es verdad que remite con frecuencia a la \u201csubida\u201d con la simple llamada a \u201ceste camino\u201d, pero no es menos cierto que hace lo propio para referirse a otras formulaciones del mismo, como: \u201ccamino de la uni\u00f3n\u201d (S pr\u00f3l. 3; 1,2,1; 2,14,3); camino de la perfecci\u00f3n; \u201ccamino de Dios\u201d; \u201ccamino de Cristo\u201d; \u201ccamino de la virtud; \u201ccamino espiritual\u201d. El sintagma m\u00e1s congenial y comprensivo puede ser el formulado en sentido gramatical inverso: \u201ccamino para venir a Dios\u201d; \u201ccamino para ir a Dios\u201d (S 2,7,3; N 2, 17,8).<\/p>\n<p>Al margen de matices secundarios, es f\u00e1cil comprobar que en todas estas expresiones y en otras similares se alude a la misma realidad: al camino que conduce a la meta de la uni\u00f3n o perfecci\u00f3n. Diferente es el caso de otras que parecen recortar o reducir la comprensi\u00f3n de las anteriores, como: \u201ccamino de la fe\u201d; camino de la humildad; \u201ccamino de la soledad y desnudez\u201d; \u201ccamino de oscura contemplaci\u00f3n\u201d; \u201ccamino de la oscura noche\u201d; \u201ccamino alt\u00edsimo de oscura contemplaci\u00f3n y sequedad\u201d (S 2,9,5; 2,18,2). Entre las designaciones de \u00edndole m\u00e1s general aparecen: \u201dcamino de la vida eterna\u201d (S 3,18,3); \u201ccamino de perfecci\u00f3n \/de la perfecci\u00f3n\u201d (S 3, 28, 7; N 1,7,2; CB 25,2; Carta 16); \u201ccamino espiritual\u201d (N 1,2,2; 1,6,2; 1.12,9; 1,13,4; CB 3,10; 29,11); \u201ccamino de la virtud\u201d (N 1,8,3); \u201ccamino puro de la virtud y verdadero esp\u00edritu\u201d (N 2,2,3) \u201ccamino de Dios\u201d (N 1,8,3; Ll 3,29; 3,49.57); \u201ccamino de ir \/ venir a Dios\u201d (N 2,17,8; CB 3,5.7; 4,1); \u201ccamino para ver y sentir la verdad de Dios\u201d (N 1,12,6): \u201ccamino de la uni\u00f3n de amor de Dios\u201d (N 2,23,1.2).<\/p>\n<p>El que admita que Dios lleva a las almas por diferentes caminos, casi tantos como personas, no quiere indicar que \u00e9stas y otras formulaciones parecidas por \u00e9l usadas correspondan a otros tantos itinerarios completos de la perfecci\u00f3n desarrollados por \u00e9l. Se\u00f1alan fracciones, medios, aspectos o contenidos del camino integral. En consonancia con su t\u00edpico modo de expresarse, se sirve de una sin\u00e9cdoque para designar la parte por el todo.<\/p>\n<p>Al margen de lo figurativo, menciona y describe fracciones o trechos y etapas del camino espiritual sin detenerse a colocarlas debidamente en su conjunto. Lo hace con frases como \u00e9stas: \u201clos que comienzan el camino\u201d; \u201cCristo es el principio del camino\u201d; \u201clos que van adelante\u201d en \u00e9l; \u201clos ya adelantados\u201d (S pr\u00f3l. 3; 2,7,2) y otras similares. En este sentido, el recurso m\u00e1s utilizado es el de servirse de los cl\u00e1sicos estadios se\u00f1alados por la tradici\u00f3n: principiantes, aprovechados (o aprovechantes, que van aprovechando) y los perfectos. Lo mismo sucede con menor frecuencia con las tres v\u00edas correlativas: purificativa, iluminativa y unitiva. No es infrecuente que mencione aisladamente uno o dos de los tres estadios al referirse a un momento concreto del camino.<\/p>\n<p>Todos estos t\u00e9rminos y otros de parecida \u00edndole apuntan al progreso, al ir adelante por el camino espiritual. Puestos los ojos ante el dise\u00f1o o dibujo colocado al comienzo de la <em>Subida, <\/em>representando el \u201cmonte de la perfecci\u00f3n\u201d, al lado de la senda de la perfecci\u00f3n se ven dos \u201ccaminos de imperfecci\u00f3n seg\u00fan lo sensual y exterior (S 1,13). Presenta gr\u00e1ficamente la vertiente negativa de los vicios e impedimentos del verdadero camino espiritual, ampliamente descrita en otros lugares y por todos los maestros que tratan de ese tema. Son obst\u00e1culos que, si no dominados, en lugar de avanzar hacen retroceder.<\/p>\n<p>El dise\u00f1o sanjuanista es mucho m\u00e1s completo y sistem\u00e1tico de lo que pudiera parecer en un primer momento. Lo que no es tan f\u00e1cil es su reconstrucci\u00f3n a base de todos los escritos. Hay que recomponerlo analizando proyectos parciales e indicaciones dispersas, no siempre colocadas dentro de una exposici\u00f3n sistem\u00e1tica. Se trata de hacer aflorar la visi\u00f3n subyacente a lo largo y ancho de todos sus escritos. Antes de intentarlo aqu\u00ed conviene tener presente la \u00f3ptica en que se coloca el Santo; los fundamentos teol\u00f3gicos en que apoya su construcci\u00f3n y las diferentes propuestas del camino espiritual.<\/p>\n<h3>1. Enfoque sanjuanista<\/h3>\n<p>Preocupaci\u00f3n constante de los escritos sanjuanistas es la de conducir a las almas hacia la perfecci\u00f3n cristiana, definida como \u00abuni\u00f3n amorosa con Dios\u00bb. El desarrollo espiritual, que culmina en esa uni\u00f3n, se contempla habitualmente como una preparaci\u00f3n dilatada y esforzada; por ello simbolizada en la dura ascensi\u00f3n del \u00abmonte de la perfecci\u00f3n\u00bb. Camino y meta se confrontan constantemente como el \u00abantes\u00bb y el \u00abahora\u00bb: antes de llegar a la uni\u00f3n y la situaci\u00f3n propia de ese estado.<\/p>\n<p>Uno de los recursos m\u00e1s frecuentes para describir el crecimiento espiritual es el de comparar ambas situaciones: desde el presente \u2013 el \u00abahora de la uni\u00f3n\u00bb \u2013 se contempla el pasado \u2013 el \u00abantes de llegar a la uni\u00f3n\u00bb \u2013. Tambi\u00e9n a la inversa: analizando los requisitos para conquistar la meta se adelantan esbozos de lo que en ella alcanza el alma. Esa dial\u00e9ctica permanente entre el \u00abantes\u00bb y el \u00abdespu\u00e9s\u00bb condiciona toda la propuesta sanjuanista. Tiene su raz\u00f3n de ser en la g\u00e9nesis misma de las grandes obras. Todas ellas nacen para comentar un poema m\u00edstico que canta el estado de la uni\u00f3n y contempla en mirada retrospectiva el camino recorrido para llegar a ella.<\/p>\n<p>A la hora de redactar esos comentarios o \u00abdeclaraciones\u00bb se sit\u00faa con frecuencia en otra perspectiva: desde el arranque mismo del camino contempla todo el proceso ascensional hasta la cima del \u00abmonte\u00bb. La visi\u00f3n anam\u00f3rfica del poeta se sustituye entonces con la ordenaci\u00f3n cronol\u00f3gica del maestro espiritual. Con no poca frecuencia ambos enfoques se cruzan y se interfieren.<\/p>\n<p>En todo caso, queda claro que la visual del Santo al proponer un programa de santidad resulta din\u00e1mica, como lo es el crecimiento progresivo. Lo que le interesa en \u00faltima instancia es el dinamismo, el desarrollo de la vida, no la propuesta est\u00e1tica o abstracta en su rigor l\u00f3gico.<\/p>\n<p>Siente tambi\u00e9n impelente la necesidad de fundamentar doctrinalmente el programa ofrecido. Por ello se detiene en consideraciones teol\u00f3gicas y trata de acomodar las situaciones descritas a los cl\u00e1sicos compartimentos del itinerario espiritual (principiantes, aprovechados y perfectos; v\u00eda purgativa, iluminativa y unitiva). Se percibe con facilidad que todo ello es marginal y secundario frente a la preocupaci\u00f3n fundamental de ofrecer una visi\u00f3n propia, centrada en los momentos clave de la vida espiritual, tal como \u00e9l los ha experimentado y piensa se realizan ordinariamente. De ah\u00ed que la organizaci\u00f3n original suya gire en torno a la \u00abnoche oscura\u00bb, como proceso de depuraci\u00f3n y como tr\u00e1nsito del \u00abantes\u00bb al \u00abdespu\u00e9s\u00bb.<\/p>\n<p>Ah\u00ed radica una de las peculiaridades m\u00e1s destacadas de la propuesta sanjuanista. No se detiene a enumerar y describir uno a uno los pasos que conducen a la \u00abcumbre del monte\u00bb. Analiza y describe con fuerza las situaciones b\u00e1sicas y desde ellas apunta la secuencia ininterrumpida del proceso espiritual.<\/p>\n<p>Teniendo en cuenta estas premisas metodol\u00f3gicas obligadas, carece de sentido preguntar por todos y cada uno de los elementos que integran el crecimiento de la vida en Cristo. JC no intenta nunca un tratado sistem\u00e1tico, riguroso y exhaustivo de teolog\u00eda espiritual. Presupone, por conocidos y asumidos, los datos teol\u00f3gicos elaborados por los maestros del pasado y de su tiempo. Afronta argumentos doctrinales en funci\u00f3n de apoyo y soporte de su propuesta espiritual, en tanto en cuanto son reclamados o requeridos por la misma.<\/p>\n<p>Id\u00e9ntica explicaci\u00f3n tienen otras ausencias, consideradas por muchos como lagunas importantes. Tales, por ejemplo, la vertiente eclesial, sacramental, lit\u00fargica, comunitaria de la espiritualidad. No es el caso de deficiencias comprometedoras. Tienen mayor dimensi\u00f3n real en la s\u00edntesis sanjuanista de lo que com\u00fanmente se cree, pero lo decisivo para el caso, es tener en cuenta el enfoque propio del Santo.<\/p>\n<p>Conscientemente ha renunciado a tratar temas de sobra conocidos y manoseados, como declara en el pr\u00f3logo de la <em>Subida <\/em>e insin\u00faa frecuentemente en la <em>Noche<\/em>. Abrigaba el convencimiento de que lo suyo, en lo que ten\u00eda \u00abgrave palabra y doctrina\u00bb, era algo m\u00e1s espec\u00edfico y urgente. Ante todo, llamar la atenci\u00f3n sobre puntos desatendidos y fundamentales. Aspectos de la vida espiritual que afectan a la ra\u00edz misma de la persona. No tanto espiritualidades, cuanto actitudes b\u00e1sicas. Ni teolog\u00eda pura ni simple antropolog\u00eda. Lo que interesa a fray Juan es ense\u00f1ar a situarse correctamente al hombre frente a Dios; a conocer el camino que tiene trazado para cada uno.<\/p>\n<p>Se apoya siempre sobre s\u00f3lidos fundamentos y adopta criterios bien definidos. Aunque no los ha reunido en un cuerpo espec\u00edfico, iluminan constantemente su exposici\u00f3n. Por ah\u00ed ha de comenzar cualquier reconstrucci\u00f3n de su s\u00edntesis doctrinal y todo empe\u00f1o de configurar el itinerario espiritual dibujado en sus escritos.<\/p>\n<h3>2. Bases y criterios de partida<\/h3>\n<p>Se hallan diseminados a lo largo y ancho de su obra y se repiten con suficiente insistencia como para poder identificarlos sin forzar textos ni opiniones. No agotan, ni mucho menos, la teolog\u00eda sanjuanista. Todo queda condicionado y orientado por el \u00abintento\u00bb perseguido y por el objetivo prefijado. Se anuncia en el t\u00edtulo original de las \u00abobras mayores\u00bb (el ep\u00edgrafe corriente procede de los editores) y se explicita con precisi\u00f3n en los pr\u00f3logos respectivos.<\/p>\n<p>La finalidad es siempre id\u00e9ntica: ense\u00f1ar a las almas \u00abel modo de subir hasta la cumbre del monte de la perfecci\u00f3n\u00bb, que se llama \u00abuni\u00f3n del alma con Dios\u00bb (S pr\u00f3l. 2-3; 2,28,2). En buena l\u00f3gica, lo primero es aclarar en qu\u00e9 consiste esa uni\u00f3n-perfecci\u00f3n, meta ideal a que se quiere conducir a los disc\u00edpulos.<\/p>\n<p>Por ah\u00ed debe comenzar la lecci\u00f3n pr\u00e1ctica, seg\u00fan confesi\u00f3n del propio Santo: \u00abEntendido esto, se da mucha luz para lo que luego se ha de decir\u00bb. Desde el primer momento conoce el lector-disc\u00edpulo lo que se le propone como objetivo de su empe\u00f1o espiritual. Es una opci\u00f3n radical: colocar en el centro de la vida a Dios, bien absoluto, renunciando a cuanto impide poseerle en plenitud. Conseguirlo es empresa ardua, pero merece la pena. Nada hay comparable a vivir en perfecta sinton\u00eda con ese bien absoluto, que confiere al hombre plenitud de vida y realizaci\u00f3n cabal del propio ser. La uni\u00f3n con Dios, en cuanto meta ideal de la vida conquistada d\u00eda a d\u00eda, no es otra cosa que comuni\u00f3n de voluntades (S 2,4,8; CB 11,2-6; Ll 2,32-33).<\/p>\n<p>A todos se ofrece indistintamente esa comuni\u00f3n de vida divina, que da raz\u00f3n de ser a la existencia humana. Todos los hombres est\u00e1n llamados a esa meta ideal y todos cuentan con medios para conquistarla. La universalidad del objetivo final no significa identidad de realizaci\u00f3n. Dentro de la plenitud que colma ansias y esfuerzos se dan grados y niveles, lo mismo que en la perfecci\u00f3n consumada de la vida bienaventurada. El m\u00e1s o el menos no equivale a frustraci\u00f3n o discriminaci\u00f3n. Es el misterio de la vocaci\u00f3n personal (S 2,5,10-11; N 1,14,5).<\/p>\n<p>La diversidad de grados y formas en la uni\u00f3n-perfecci\u00f3n implica tambi\u00e9n variedad de medios. Pese a ello, hay exigencias comunes que establecen vinculaci\u00f3n necesaria entre el camino y la meta final. La obra, la conquista, es convergencia permanente entre la acci\u00f3n divina y el esfuerzo humano; disponibilidad y respuesta del hombre frente a la intervenci\u00f3n decisiva de Dios. Nadie llega a la cima del monte sin esfuerzo. No hay posibilidad de retroceder; quien se detiene, de hecho, no avanza. Hay que caminar siempre, insiste JC (S 2,4,5; 1,11,5-).<\/p>\n<p>Armonizar el empe\u00f1o humano con la acci\u00f3n divina obedece a ciertas normas supremas, que orientan y ayudan en la fatigosa ascensi\u00f3n del monte. Son como las reservas para el camino y como la se\u00f1alizaci\u00f3n para no extraviarse. Tiene que estar siempre iluminada la senda por la gloria de Dios y por su palabra revelada. Las mediaciones humanas, en particular la Iglesia, alejan nieblas y obst\u00e1culos del camino. Dios quiere que hasta sus comunicaciones sobrenaturales pasen por el \u201carcaduz\u201d de otro hombre (S 3,17,2).<\/p>\n<p>La generosidad y condescendencia de Dios supera los mezquinos c\u00e1lculos humanos. Respeta siempre la libertad de la persona. Mientras los hombres tienden a imponer moldes y esquemas prefabricados, Dios abunda en posibilidades. A cada uno le permite caminar por senda propia. Tan variada es la realidad, que fray Juan no duda en afirmar: \u00abApenas se hallar\u00e1 un esp\u00edritu que en la mitad del modo que lleva convenga con el modo de otro\u00bb. Dios lleva por caminos muy diferentes dentro de lo que es exigencia universal (Ll 3,59; S 2,17,4).<\/p>\n<p>Norma \u00fanica e indefectible para todos es Cristo, \u00abcamino, verdad y vida\u00bb. Recapitulando en s\u00ed todas las cosas, nada se coloca al margen de \u00e9l. Centro de la creaci\u00f3n y salvaci\u00f3n, de \u00e9l parte todo y en \u00e9l converge todo. Por m\u00e1s que se manifieste y revele, permanece misterio insondable de infinitas riquezas. En Cristo, palabra \u00fanica y definitiva del Padre, ha comunicado Dios al hombre todo lo que puede desear y saber. No necesita pedir ni indagar m\u00e1s. Se presenta \u00e9l mismo como \u00abcamino\u00bb con su palabra y con su vida. Ser cristiano consiste simplemente en reproducir esa vida. En su dimensi\u00f3n pr\u00e1ctica y concreta se expresa en la imitaci\u00f3n, en seguir a Cristo con la cruz (CB 5,4; S 2,22).<\/p>\n<p>Nadie debe desanimarse ante la angostura del camino dificultoso del seguimiento de Cristo. Tampoco debe presumir de las propias fuerzas. A su lado est\u00e1 siempre Dios, como padre inmenso y madre tierna. No hay afici\u00f3n de madre, ni amistad humana que se pueda comparar a la generosidad de Dios, cuando \u00abda en regalar a un alma\u00bb. Lo que importa es dejarse conducir y no hacer como el \u00abni\u00f1o tierno\u00bb que patalea por ir a pie cuando su madre quiere llevarle en brazos. Entonces se camina poco y mal; al paso del hombre y no al de Dios (Ll 3,29).<\/p>\n<p>El hombre debe tomar conciencia permanente de que \u00abla vida de su alma es el Esp\u00edritu Santo\u00bb. Vivir espiritualmente es un renacer constante en el Esp\u00edritu. \u00c9l es, por lo mismo, quien gu\u00eda y acompa\u00f1a siempre; el que ilumina y \u00abacomoda\u00bb al esp\u00edritu del hombre; es el amor que, como llama viva, consume los defectos y consume en amor divino (Ll 3,46; S 2,29,11; CB 14, 4-6.17).<\/p>\n<p>La filiaci\u00f3n adoptiva y el renacimiento en el Esp\u00edritu se produce mediante la incorporaci\u00f3n en la Iglesia, cuerpo m\u00edstico de Cristo. Como casa de Dios, disfruta de \u00ablos mejores y principales bienes\u00bb que el Padre comunica a su Hijo. El Esp\u00edritu la asiste para que guarde fielmente esos tesoros y los distribuya como carismas entre los fieles. La participaci\u00f3n de \u00e9stos en la misma vida, generada por Cristo, implica necesariamente comuni\u00f3n y servicio mutuo. Esta comuni\u00f3n se prolonga y conecta con la porci\u00f3n de la Iglesia que ya ha llegado a t\u00e9rmino. De ah\u00ed que unos mismos bienes son los del suelo y los del cielo (CB 33,8; 36,5).<\/p>\n<p>Esplendorosa y atractiva la meta radiante de la uni\u00f3n-comuni\u00f3n con Dios en plenitud y vislumbres de gloria. A todos se les propone y ofrece; todos pueden alcanzarla cualquiera que sea el camino predispuesto por Dios. \u00abMuchos los llamados y pocos los escogidos\u00bb. La afirmaci\u00f3n del Evangelio est\u00e1 refrendada por la constataci\u00f3n de cada d\u00eda. Es que a la generosa invitaci\u00f3n divina se da respuesta muy limitada. Son muchos, asegura fray Juan, los que desear\u00edan verse en la cima del monte y disfrutar del \u00abiuge convivium\u00bb, pero son pocos los que est\u00e1n dispuestos a escalar la monta\u00f1a; \u00abse querr\u00edan ver en el t\u00e9rmino del camino sin haber pasado por los medios\u00bb. La raz\u00f3n final pertenece tambi\u00e9n al misterio de la gracia y de la vocaci\u00f3n (Ll 2,27; S 2,7,12; CB 35.12).<\/p>\n<p>Estos principios y criterios son los que gu\u00edan la pluma sanjuanista al redactar su proyecto de itinerario espiritual. Lo presenta, en realidad, con variantes o trazados relativamente diferentes, aunque no los considera expl\u00edcitamente como alternativos. Los considera m\u00e1s bien parciales y por ello destinados a integrarse en un \u00fanico camino. Ofrece a sus lectores elementos suficientes para reconstruir el que fray Juan tiene en mente, pero que no ha formalizado cabalmente a causa del g\u00e9nero literario de sus escritos. Queda esbozado en la estructura y en el conjunto de su obra escrita.<\/p>\n<p>Lo que aparece en un primer plano son dos rutas, sendas o veredas correspondientes a sendas vertientes del itinerario espiritual, y dise\u00f1adas en dos d\u00edpticos: el de la <em>Subida-Noche <\/em>y el de <em>C\u00e1ntico-Llama<\/em>. Ser\u00e1 oportuno describirlas sumariamente por separado antes de presentar su integraci\u00f3n en el proyecto unitario del camino.<\/p>\n<h3>3. Rutas diferentes para la misma meta<\/h3>\n<p>Son diferentes porque intentan conducir a la misma meta por trazados distintos o por vertientes diversas. Resultan en parte parciales en cuanto se limitan de intento a exponer m\u00e1s o menos ordenadamente partes o aspectos del itinerario espiritual, renunciando a un desarrollo global, sin que ello implique ausencia de suficientes elementos dispersos para hacerse idea de c\u00f3mo contempla fray Juan el camino que lleva a la perfecci\u00f3n. Esta aparente incongruencia debe achacarse al g\u00e9nero literario seguido en las obras en prosa, compuestas en plan de comentario o glosa a tres de sus poemas.<\/p>\n<p>El sujetarse a la letra de los poemas le impide establecer esquemas doctrinales y did\u00e1cticos aut\u00f3nomos. La tem\u00e1tica y su desarrollo quedan sujetos al ritmo po\u00e9tico de cada composici\u00f3n. El resultado final ha cuajado en dos propuestas del itinerario espiritual: el correspondiente a la declaraci\u00f3n de la <em>Noche oscura <\/em>y el derivado del <em>C\u00e1ntico espiritual <\/em>y de la <em>Llama de amor viva.<\/em><\/p>\n<p>El Doctor m\u00edstico, que procede siempre por acumulaci\u00f3n y repetici\u00f3n, ha cuidado de integrarlos de tal manera que, sin perder cada uno su autonom\u00eda, permiten comprobar que no son caminos contrapuestos, sino que se integran en una misma unidad tem\u00e1tica. Lo ha logrado a trav\u00e9s de remites, referencias, repeticiones y digresiones. Colma as\u00ed las respectivas lagunas de cada uno.<\/p>\n<p>La clave de esta especie de recomposici\u00f3n esquem\u00e1tica de todo el conjunto est\u00e1 en la ya recordada contraposici\u00f3n dial\u00e9ctica del dinamismo. Consiste en confrontar la situaci\u00f3n del alma que camina a la uni\u00f3n-perfecci\u00f3n entre obst\u00e1culos con la que ya ha llegado y disfruta en ella. La diferencia entre el \u201ct\u00e9rmino\u201d y el medio o camino es decisiva. Aunque en ambos extremos existen grados y ulteriores posibilidades de crecimiento, vistos en su conjunto, la diferencia que los separa es determinante.<\/p>\n<p>Tal que fray Juan lo reduce todo a un <em>antes <\/em>y a un <em>ahora <\/em>correlativos. Desde el ahora de la uni\u00f3n contempla en visi\u00f3n retrospectiva el antes de llegar a ella; es el camino recorrido; describiendo \u00e9ste puede proyectarse en el t\u00e9rmino del mismo, la uni\u00f3n. Esta perspectiva, dial\u00e9cticamente contrastante, es la que preside las dos propuestas parciales del \u00fanico camino espiritual que tiene en mientes JC. Bastar\u00e1 una sumaria presentaci\u00f3n de ambas.<\/p>\n<p><em>Senda de la noche oscura purificaci\u00f3n<\/em><\/p>\n<p>Corresponde al contenido de las dos primeras estrofas del poema de la <em>Noche<\/em>, comentadas en el d\u00edptico <em>Subida-Noche. <\/em>Es confesi\u00f3n expl\u00edcita del autor: \u201cEn las dos primeras canciones se declaran los efectos de las dos purgaciones espirituales: de la parte sensitiva del hombre y de la espiritual\u201d. Las otras seis canciones tratan de los admirables efectos de la iluminaci\u00f3n y uni\u00f3n con Dios. Promete declararlas todas, pero no lo hace. Quedan sin declaraci\u00f3n las seis \u00faltimas. Su contenido, desvelado por el autor, es fundamentalmente id\u00e9ntico al del <em>C\u00e1ntico <\/em>y de la <em>Llama<\/em>. La otra aclaraci\u00f3n proemial advierte que el alma dice las canciones \u201cestando ya en la perfecci\u00f3n, que es la uni\u00f3n de amor, habiendo ya pasado por los estrechos trabajos y aprietos, mediante el ejercicio espiritual del camino estrecho de la vida eterna\u201d.<\/p>\n<p>El alma de fray Juan, cuando rompe a cantar las estrofas de la <em>Noche, <\/em>ha gozado ya los deleites de la divina uni\u00f3n y sabe por experiencia lo que ha supuesto el penoso camino de renuncia, purificaci\u00f3n y desnudez recorrido antes de llegar a esa meta. Al redactar los comentarios al poema, promete \u201cdeclarar el modo que tiene el alma en el camino espiritual para llegar a la perfecta uni\u00f3n de amor con Dios\u201d.<\/p>\n<p>El modo de caminar el alma hacia la uni\u00f3n se detalla m\u00e1s en el amplio ep\u00edgrafe de la <em>Subida<\/em>, en la que el comentario se suplanta casi desde el principio por el tratado, como adelanta ya el siguiente ep\u00edgrafe: \u201cTrata de c\u00f3mo podr\u00e1 el alma disponerse para llegar en breve a la divina uni\u00f3n. Da avisos y doctrina, as\u00ed a los principiantes como a los aprovechados, muy provechosa para que sepan desembarazarse de todo lo temporal y no embarazarse con lo espiritual, y quedar en la suma desnudez y libertad de esp\u00edritu, cual se requiere para la divina uni\u00f3n\u201d.<\/p>\n<p>En el <em>argumento <\/em>que precede al poema aclara que toda la doctrina a tratar est\u00e1 incluida en las estrofas que encierran \u201cel modo de subir hasta la cumbre del monte, que es el estado de la perfecci\u00f3n, que aqu\u00ed llamamos uni\u00f3n del alma con Dios\u201d.<\/p>\n<p>De haber cumplido la reiterada promesa, entre <em>Subida <\/em>y <em>Noche <\/em>nos habr\u00eda ofrecido la visi\u00f3n completa del camino espiritual tal como \u00e9l la ten\u00eda mentalmente elaborada. No ha sido as\u00ed. Al no glosar m\u00e1s que las dos primeras estrofas se ha limitado a una parte, a describir la senda no la cima ni las bellezas de la misma. En lugar de describir el camino hasta la uni\u00f3n en mirada retrospectiva, como en <em>C\u00e1ntico <\/em>y <em>Llama, <\/em>lo hace a la inversa: mirando al horizonte, en marcha y de cara al t\u00e9rmino del viaje, al \u201call\u00e1\u201d de la uni\u00f3n.<\/p>\n<p>Con raz\u00f3n apunta en el subt\u00edtulo de la <em>Subida <\/em>que dar\u00e1 doctrina para los principiantes y aprovechados, sin aludir a los perfectos, a quienes han llegado ya a la uni\u00f3n. Lo propuesto ata\u00f1e directamente a principiantes y aprovechados (S 1,3,2-3). No es la \u00fanica limitaci\u00f3n de este proyecto; afecta tambi\u00e9n a la tem\u00e1tica, en cuanto queda sin describir la \u00faltima etapa del camino. Resulta igualmente parcial porque lo desarrollado se presenta desde una visi\u00f3n o perspectiva incompleta. Presenta en primer plano el aspecto negativo, lo que ha de eliminarse como obst\u00e1culo par alcanzar la meta de la uni\u00f3n.<\/p>\n<p>El \u201cpuro y recto camino de la uni\u00f3n\u201d consiste en purificarse de todo apego y apetito a las cosas que no son Dios ni llevan a Dios (S pr\u00f3l. 3). La renuncia a todo lo que es incompatible con \u00e9l oscurece el sentido y la raz\u00f3n, por lo que se compara a una noche oscura, en la que se produce una desnudez absoluta y un vac\u00edo total de todo lo criado. Depuraci\u00f3n y el vac\u00edo no son fines a s\u00ed mismos, sino medios para la posesi\u00f3n plena de Dios. \u00c9sta se produce progresivamente a medida que se crea el vac\u00edo de las cosas. As\u00ed lo hace ver reiteradamente JC. El aspecto negativo de la purificaci\u00f3n-noche y el positivo de la posesi\u00f3n de Dios caminan paralelos, pero en sentido inverso.<\/p>\n<p>Puede hablarse, pues, de limitaci\u00f3n relativa de este primer proyecto o trazado del camino sanjuanista. En primer plano aparece la vertiente negativa, pero est\u00e1 presente tambi\u00e9n la positiva, como de rechazo o referencia permanente. Siguiendo su m\u00e9todo de acumulaci\u00f3n e integraci\u00f3n, complementa lo expuesto sobre la noche-purificaci\u00f3n con digresiones y aclaraciones sobre el feliz estado a que conduce (S 2,5; N 2,6; Ll 3,31).<\/p>\n<p>Por otra parte, deja bien claro el sentido en que ha de tomarse la aniquilaci\u00f3n exigida; no cae en las exageraciones de otros autores (S 2,7,5; 3,24,7; 3,35,3; N 2,19,1; Ll3,55). Escribe a este prop\u00f3sito: \u201cLlamamos esta desnudez noche para el alma, porque no tratamos aqu\u00ed del carecer de las cosas: porque eso no desnuda al alma si tiene apetito de ellas, sino de la desnudez del gusto y apetito, que es lo que deja al alma libre y vac\u00eda de ellas, aunque las tenga. Porque no ocupan al alma las cosas de este mundo ni la da\u00f1an, pues no entran en ella, sino la voluntad y apetito de ellas, que moran en ella\u201d (S 1,3,4).<\/p>\n<p>Aclarado que se trata de un proceso doloroso y prolongado, adelanta varios esquemas correspondientes a las etapas del mismo. En relaci\u00f3n a los cl\u00e1sicos estados de la tradici\u00f3n, se\u00f1ala dos noches: la de principiantes y la de aprovechados. No sigue de hecho tal esquema. Tampoco el que propone inmediatamente, emparejando los pasos de la noche purificadora con las tres partes de la noche natural: oscurecer, media noche, los levantes de la aurora (S 1,1,2-3; 1,2,5).<\/p>\n<p>Termina por formular un esquema que resulta definitivo y pauta para su exposici\u00f3n, dentro de la libertad frecuente con que se aparta de sus propuestas. Dado que las capacidades y la actividad de la persona se realizan a trav\u00e9s del sentido y del esp\u00edritu, o como se expresa gr\u00e1ficamente de la urdiembre del cuerpo y esp\u00edritu, es necesario que la purificaci\u00f3n se realice en ambas partes, en la porci\u00f3n inferior y en la superior. Doble es, en consecuencia, el proceso depurador: en el sentido y en el esp\u00edritu.<\/p>\n<p>Como en cualquier otra obra humana de \u00edndole y finalidad espiritual intervienen conjuntamente dos agentes: Dios y el alma. Por ello, en la labor de purificaci\u00f3n distingue el aspecto activo, que corresponde a la persona, y el pasivo o lo que recibe de Dios. Partiendo de estos datos, JC establece un esquema de cuatro miembros: purificaci\u00f3n del sentido y del esp\u00edritu, ambas activa y pasivamente (S 1,2,2). El desarrollo global de la <em>Subida <\/em>trata de conjugar los cuatro elementos, pero se impone como hilo conductor el esquema bimembre de sentido y esp\u00edritu, quedando al margen lo que se realiza pasivamente. Se suple y complementa precisamente en la <em>Noche<\/em>. En el conjunto de ambos escritos, aparece como b\u00e1sica y prioritaria la purificaci\u00f3n total de la persona con su cuerpo y su esp\u00edritu.<\/p>\n<p>Al aclarar los aspectos activo y pasivo, lo que el alma puede realizar con su esfuerzo y lo que le viene de Dios, el Santo, recalca que Dios es siempre el \u201cprincipal agente\u201d, incluso cuando se habla de lo que activamente realiza el alma; \u00e9sta es la \u201cpaciente o que recibe\u201d vitalmente (S 2,17,1; 13,2,13; 2,3,3; N 2,3,3; Ll 3,32.39).<\/p>\n<p>Todo lo que el alma puede hacer por s\u00ed misma no es otra cosa que \u201cdisponerse\u201d para acoger la obra de Dios en ella, y as\u00ed se presenta lo tratado en el subt\u00edtulo mismo de la <em>Subida <\/em>y repetido de muchas formas a lo largo y ancho de sus p\u00e1ginas.<\/p>\n<p>Si en la purificaci\u00f3n del sentido juegan papel importante las llamadas obras de mortificaci\u00f3n o ejercicios de la vida asc\u00e9tica (S 1,8,4); el medio eficaz y seguro para purificar el esp\u00edritu es el de las virtudes teologales, como hace ver con extraordinaria fuerza y originalidad JC en la <em>Subida<\/em>. Son los \u00fanicos medios que pueden conducir directamente a la uni\u00f3n con Dios, seg\u00fan repite machaconamente el autor.<\/p>\n<p>Teniendo en cuenta la estructura de la antropolog\u00eda humana, con la interdependencia de sentido y esp\u00edritu, no puede haber completa depuraci\u00f3n ni activa ni pasiva del sentido mientras no se realice tambi\u00e9n la del esp\u00edritu. Lo que precede a \u00e9sta \u201cmas se puede y debe llamar cierta reformaci\u00f3n y enfrenamiento del apetito\u201d (N 2,3,1). Permanecen ocultas las ra\u00edces de muchos vicios e imperfecciones que impiden la \u00edntima uni\u00f3n con Dios. No descuida el Santo el an\u00e1lisis y ponderaci\u00f3n de sus da\u00f1os para el crecimiento en la vida espiritual. Ocupan abundantes p\u00e1ginas de la <em>Subida <\/em>y de la <em>Noche<\/em>, completando as\u00ed la tem\u00e1tica de este proyecto.<\/p>\n<p>El remate normal del mismo qued\u00f3 reservado para las otras dos obras, <em>C\u00e1ntico <\/em>y <em>Llama. <\/em>Comprendi\u00f3 muy pronto el gran maestro que las continuas referencias a la uni\u00f3n, como t\u00e9rmino del recorrido propuesto desde las primeras p\u00e1ginas de la <em>Subida<\/em>, reclamaban del lector alguna aclaraci\u00f3n sobre ella. Algo ya avanzado el segundo libro, cumpli\u00f3 ese requerimiento impl\u00edcito y redact\u00f3 un cap\u00edtulo para \u201cdeclarar qu\u00e9 cosa sea uni\u00f3n del alma con Dios\u201d (S 2,4,8). Esta precisa aclaraci\u00f3n no es obst\u00e1culo para hablar en otras ocasiones con m\u00e1s o menos detenimiento al tema de la divina uni\u00f3n.<\/p>\n<p>JC est\u00e1 persuadido de que este camino es seguro y r\u00e1pido para llegar a la perfecci\u00f3n. Desde luego, mejor que el habitualmente propuesto a base de penitencias y ejercicios voluntarios de piedad, seg\u00fan queda se\u00f1alado. Por eso \u00e9l renunci\u00f3 intencionadamente el tratar de \u201ccosas morales y sabrosas para todos los esp\u00edritus que gustan de ir por cosas dulces y sabrosas a Dios\u201d. Se ci\u00f1e \u201cdoctrina sustancial y s\u00f3lida, as\u00ed para unos como para otros, si quisieren pasar a la desnudez de esp\u00edritu que aqu\u00ed se escribe\u201d (S pr\u00f3l. 8).<\/p>\n<p>La garant\u00eda y seguridad de su proyecto la fundamenta en que se basa en su conformidad con la vida y la ense\u00f1anza de Cristo, tal como la expone en un cap\u00edtulo dedicado expresamente a identificar al aut\u00e9ntico disc\u00edpulo y seguidor de Cristo. Es s\u00edntesis, de hecho, todo lo propuesto en su dise\u00f1o del itinerario espiritual (S, 13,3-4).<\/p>\n<p>Al comparar las dos propuestas fundamentales del caminar \u201ca Dios\u201d, JC no puede ser m\u00e1s claro en sus preferencias. El camino de la noche oscura es el de mayor garant\u00edas: \u201cEl camino de padecer es m\u00e1s seguro y a\u00fan m\u00e1s provechoso que el de gozar y hacer: lo uno, porque en el padecer se le a\u00f1aden fuerzas de Dios, y en hacer y gozar ejercita el alma sus flaquezas e imperfecciones; y lo otro, porque en el padecer se van ejercitando y ganando virtudes y purificando el alma y haciendo m\u00e1s sabia y cauta\u201d (N 2,16,9).<\/p>\n<p><em>Por la senda del amor<\/em><\/p>\n<p>Lo que se propone como desarrollo espiritual en el <em>C\u00e1ntico <\/em>y en la <em>Llama <\/em>est\u00e1 a\u00fan m\u00e1s adherido a los respectivos poemas que el anterior al de la \u201cnoche oscura\u201d. Es la otra cara del sanjuanismo. Complementa la visi\u00f3n parcial del camino con su vertiente positiva; en lugar del proceso de renuncia y purificaci\u00f3n, se ofrece el de la posesi\u00f3n y plenitud. Resulta complementario, no divergente del anterior. El trazado integro y global del camino planificado por el Maestro resulta de la integraci\u00f3n de los dos parciales.<\/p>\n<p>A la inversa que, en el anterior, \u00e9ste se centra en la meta o llegada; en la descripci\u00f3n minuciosa de la uni\u00f3n-perfecci\u00f3n, ocup\u00e1ndose s\u00f3lo tangencialmente de la purificaci\u00f3n noche. Los elementos y rasgos de \u00e9sta se integran en el recorrido general aprovechando ocasiones propicias o a base de referencias comparativas. Son como curvas ocasionales dentro del trazado rectil\u00edneo.<\/p>\n<p>Tales ondulaciones est\u00e1n motivadas por los tiempos verbales de los versos. El presente y el pasado se alternan en el orden anam\u00f3rfico de los poemas, y es entonces cuando el comentario en prosa juega con el artificio del <em>antes <\/em>y el <em>ahora<\/em>, especialmente en el caso de la <em>Llama. <\/em>Concentrada toda ella en cantar y contar la fiesta permanente del Esp\u00edritu Santo, que \u201cllamea\u201d en el alma, contempla desde ese panorama radiante lo que ha supuesto el arduo camino hasta llegar a la cima. Aparecen versos que remiten a ese pasado, al antes de llegar: \u201cPues ya no eres esquiva\u201d, como eras un tiempo (1\u00aa, 5); el sentido \u201cque estaba oscuro y ciego\u201d (3\u00aa, 4) en otro momento.<\/p>\n<p>La confrontaci\u00f3n del estado presente del alma con situaciones precedentes era obligada para el comentarista. De ah\u00ed, que en tales casos se ve forzado a largas digresiones para describir la sustancia de cuanto ha expuesto en la <em>Subida-Noche<\/em>. Lo mismo le sucede al glosar el verso \u201ctoda deuda paga\u201d (2\u00aa, 5). La felicidad de la uni\u00f3n paga con creces todo lo superado por el alma hasta alcanzarla. Estas miradas al pasado sintetizan, seg\u00fan afirmaci\u00f3n expl\u00edcita del autor, el contenido del mencionado d\u00edptico. Se encuentran en las tres primeras estrofas (1,18-26; 2, 25-31; 3, 70-76 y 16-22).<\/p>\n<p>Id\u00e9ntico fen\u00f3meno se produce en el <em>C\u00e1ntico<\/em>, pero con mayor frecuencia. La secuencia estr\u00f3fica de poema es ondulada; a ciertos grupos estr\u00f3ficos en los que se dibuja un estadio avanzado de la vida espiritual les suceden otros que remiten a situaciones anteriores; desde el estado de uni\u00f3n o matrimonio espiritual se vuelve reiteradamente la mirada a lo que le ha preparado. El primer comentario sufre especialmente de estas idas y venidas del poeta, al intentar presentar un itinerario cronol\u00f3gicamente correcto.<\/p>\n<p>El comentarista remedi\u00f3 en lo posible las irregularidades reordenando las estrofas, pero no pudo forzar los tiempos verbales de las mismas en la segunda redacci\u00f3n o CB, por lo que persisten bastantes disonancias. A la altura de la estrofa 27 de la primera redacci\u00f3n ensayaba fray Juan una distribuci\u00f3n de las estrofas como si su orden coincidiese con el desarrollo espiritual presentado al margen de las mismas. Revis\u00f3 la misma esquematizaci\u00f3n al rehacer el texto en la segunda escritura (canci\u00f3n 22, 3). La nueva ordenaci\u00f3n de las estrofas corrige algunas disonancias, pero no todas.<\/p>\n<p>En ambas redacciones la canci\u00f3n que comienza \u201cEntrado se ha la Esposa \/ en el ameno huerto deseado\u201d describen con generosidad de detalles la celebraci\u00f3n del matrimonio espiritual, el m\u00e1s alto estado a que se puede llegar en esta vida. Siguen inmediatamente otras estrofas cuyo contenido se centra en los obst\u00e1culos a superar para llegar a semejante estado. Queda roto, como en otras ocasiones, el proceso real que conduce a la perfecta uni\u00f3n.<\/p>\n<p>Pese a todo, JC est\u00e1 persuadido de que en el <em>C\u00e1ntico <\/em>se describe con bastante exactitud todo el itinerario que conduce a tal estado, tanto que en la advertencia o \u201cargumento\u201d introducido en la segunda redacci\u00f3n a seguido del poema; afirma que el orden de las canciones \u201ces desde que el alma comienza a servir a Dios hasta que llega al \u00faltimo estado de perfecci\u00f3n, que es matrimonio espiritual\u201d. Es m\u00e1s, se ajustan a las tres v\u00edas: purificativa, iluminativa y unitiva, correspondientes a los tres estados cl\u00e1sicos \u201cdel ejercicio espiritual\u201d: principiantes, aprovechados y perfectos.<\/p>\n<p>A la hora de establecer correspondencia entre estos y las estrofas, no se atreve a precisar el numero de cada bloque, se contenta con apuntar la secuencia gen\u00e9rica: \u201cEl principio de ellas trata de los principiantes, que es la v\u00eda purgativa. Las de m\u00e1s adelante tratan de los aprovechados, donde se hace el desposorio espiritual, y \u00e9sta es v\u00eda iluminativa. Despu\u00e9s de \u00e9stas, las que se siguen tratan de la v\u00eda unitiva, que es la de los perfectos, donde se hace el matrimonio espiritual. La cual v\u00eda unitiva y de perfectos se sigue a la iluminativa, que es de los aprovechados. Y las \u00faltimas canciones tratan del estado beat\u00edfico, que s\u00f3lo ya el alma en aquel estado perfecto pretende\u201d (CB, argumento).<\/p>\n<p>Basta una lectura r\u00e1pida del texto para comprobar que todo esto no pasa de una aproximaci\u00f3n y que el contenido atribuido a cada estrofa no encaja cabalmente en la esquematizaci\u00f3n propuesta. Lo que s\u00ed puede aceptarse es que en su conjunto desarrollan la tem\u00e1tica se\u00f1alada, pero no siguiendo la pauta de las tres v\u00edas o tres estados. El hilo conductor de la obra es el amor entre Dios y el alma, entre Cristo y el alma su esposa. El poema mismo aparece como un animado di\u00e1logo entre estos dos protagonistas. Introduce as\u00ed la referencia fundamental de todo el contenido y por lo mismo del comentario: el simbolismo nupcial. En consecuencia, la clave del proceso espiritual descrito reside en el amor.<\/p>\n<p>El amor humano en sus grados y formas se traslada simb\u00f3licamente al amor entre Dios y el alma. La trama del camino descrito en el <em>C\u00e1ntico <\/em>se desgrana en torno a ese tema central; lo dem\u00e1s es complemento o integraci\u00f3n. El desarrollo amoroso pasa por estas etapas: amor inicial, amor impaciente de amistad, amor de desposorio, amor de matrimonio y consumaci\u00f3n de amor de cara al estado beat\u00edfico.<\/p>\n<p>Visi\u00f3n muy distinta de la presentada en el proyecto de <em>Subida-Noche<\/em>. Es la vertiente positiva y atractiva de la vida espiritual; demasiado risue\u00f1a si ocultase la otra cara, la depuraci\u00f3n de la noche oscura. Ocupa espacio relativamente reducido en <em>C\u00e1ntico <\/em>y <em>Llama, <\/em>pero no est\u00e1 ni olvidada ni oculta. Se repite el caso inverso de S-N relativo al estado de la uni\u00f3n. Las exigencias de la purificaci\u00f3n quedan sintetizadas con vigor en el <em>C\u00e1ntico <\/em>lo mismo que en la <em>Llama<\/em>.<\/p>\n<p>Los tiempos verbales en pasado ofrecen ocasi\u00f3n para describir la vida del alma antes de escalar pelda\u00f1os tan elevados como el desposorio y el matrimonio espiritual. Bastar\u00e1 leer las \u201canotaciones para la canci\u00f3n siguiente\u201d a partir de la estrofa 13 hasta la 22 (seg\u00fan el orden de CB) y el contenido general de los comentarios a las mismas. Otro tanto puede decirse de las estrofas 23, 29, 33 y las que comparan directamente presente y pasado, como el grupo 31-33.<\/p>\n<p>Soterrados bajo la fronda florida del simbolismo po\u00e9tico y de su \u201cdeclaraci\u00f3n\u201d en prosa es f\u00e1cil descubrir los pasos precisos recorridos por el alma retratada por fray Juan en el <em>C\u00e1ntico<\/em>. Son los que se integran en el proyecto completo que sigue.<\/p>\n<h3>4. \u00abEl camino de ir a Dios\u00bb<\/h3>\n<p>A los animosos y decididos les sale al encuentro JC para conducirles sin riesgos, con seguridad y rapidez al triunfo final. Seguridad y rapidez son los dos valores capitales que ofrece la propuesta sanjuanista. Reconoce la pluralidad de caminos; los respeta todos, pero propone uno que juzga especialmente r\u00e1pido y expedito. Nadie tiene que llamarse a enga\u00f1o. Repite hasta la saciedad que \u00e9l habla para quienes quieren \u00abcaminar de prisa\u00bb, para quienes desean sinceramente llegar pronto a la meta. Para los otros, para los que lo toman con calma \u00abque no quisiera Dios ver en ellos tanta paciencia\u00bbl es servir\u00e1n muchas de sus ense\u00f1anzas, pero no podr\u00e1n aprovecharse de todo el conjunto; no sacar\u00e1n todo el partido posible. No les faltar\u00e1n otros maestros y otras recetas.<\/p>\n<p>Aunque toma de la mano directamente a quienes se han \u00abdeterminado\u00bb a seguir de veras a Cristo y se han \u00abconvertido sinceramente a Dios\u00bb, no deja de recordar y describir el arranque mismo del \u00abcamino de ir a Dios\u00bb ( N 1,5,3; CB anotaci\u00f3n inicial).<\/p>\n<p>Est\u00e1 dise\u00f1ado por Dios para cada persona desde \u201cel d\u00eda de la eternidad, en el cual d\u00eda predestin\u00f3 Dios al alma para la gloria, y en eso determin\u00f3 la glor\u00eda que le hab\u00eda de dar, y se la tuvo dada libremente sin principio antes que la criara\u201d (CB 38,8). Estragada y violada la naturaleza humana por el pecado original fue \u201credimida y reparada en el \u00e1rbol de la Cruz \u2026 donde el Hijo de Dios redimi\u00f3 y, por consiguiente, despos\u00f3 consigo la naturaleza humana, y consiguientemente a cada alma, d\u00e1ndole \u00e9l gracia y prendas para ello en la Cruz\u201d, Este desposorio se hace \u201cdando Dios al alma la primera gracia, lo cual se hace en el bautismo con cada alma\u201d<strong>.<\/strong><\/p>\n<p>A partir del bautismo comienza el desarrollo espiritual que ha de culminar en el perfecto desposorio de la divina uni\u00f3n con Dios y que \u201cva haci\u00e9ndose poco a poco \u201cal paso del alma\u201d (CB 23,2-3, 5-6; 26, 31-32; S 1,15,1; N 2,2,2.). La primera gracia es consecuencia de la \u201cmirada graciosa de Dios\u201d, ya que \u201cel mirar de Dios es amar\u201d, Dios inclin\u00e1ndose \u201cal alma con misericordia, imprime e infunde en ella su amor y gracia, con que la hermosea y levanta tanto, que la hace consorte de la misma Divinidad\u201d (CB 32,4).<\/p>\n<p>La gracia bautismal no s\u00f3lo limpia del pecado original eliminando del alma el \u201ccolor moreno del pecado; alimenta el esp\u00edritu como linfa vital mientras no se la apaga u obstaculiza. Est\u00e1 creciendo ininterrumpidamente ya que Dios \u201cda gracia por la gracia que ha dado\u201d. Por eso \u201cen cada obra, por cuanto la hace en Dios, merece el alma el amor de Dios; porque, puesta en gracia y alteza, en cada obra merece al mismo Dios\u201d (CB 32,6 y 32-33).<\/p>\n<p>La correspondencia es, en el fondo, nueva gracia; como gracia especial es la conversi\u00f3n o decisi\u00f3n de entregarse por entero a Dios. Es entonces cuando se toma en serio el empe\u00f1o espiritual, el prop\u00f3sito decidido de llegar a la plenitud de la vida en Dios, seg\u00fan queda dicho.<\/p>\n<p>Los primeros pasos reclaman especial cuidado. Dios, en su sabia pedagog\u00eda divina, dispone medios adecuados a cada situaci\u00f3n y trata a las almas con particular condescendencia. Se porta como la madre tierna y amorosa con el ni\u00f1o. A medida que \u00e9ste crece debe ir afrontando dificultades. Los primeros esfuerzos han de orientarse a robustecerse con las virtudes, a superar los obst\u00e1culos m\u00e1s f\u00e1ciles, a luchar contra los enemigos (CB 3-5-10; 4-5). Es la hora de la ascesis y de la mortificaci\u00f3n.<\/p>\n<p>El contacto con Dios es todav\u00eda a trav\u00e9s de discursos racionales y de consideraciones propias de la meditaci\u00f3n. El empe\u00f1o es indispensable, pero insuficiente, pese a que ciertas apariencias pudieran hacer pensar que ya se ha caminado mucho en la v\u00eda del esp\u00edritu. Todav\u00eda se busca a Dios por la asidua meditaci\u00f3n y por la contemplaci\u00f3n de las criaturas lo que tiene serias limitaciones. Se le ama todav\u00eda con superficialidad, a lo sumo como amigo y padre bueno No son m\u00e1s que los comienzos de la verdadera vida espiritual. Pueden durar mucho tiempo. Depender\u00e1 de la decisi\u00f3n y de la generosidad personal el progresar de manera consistente.<\/p>\n<p>En realidad, las conquistas logradas a trav\u00e9s de la ascesis y el esfuerzo denodado tardan mucho en cuajar en virtud s\u00f3lida. Mientras perdura el gusto y el apego a las cosas, mientras la satisfacci\u00f3n es el criterio supremo de actuaci\u00f3n, incluso en cosas espirituales, resulta manifiesto, seg\u00fan JC, que no se ha pasado de principiantes, que el esp\u00edritu est\u00e1 todav\u00eda dominado por el impulso sensual. El hombre sigue atado a la materia, a lo inmediato, por apegos y \u00abapetitos\u00bb que le impiden disfrutar aut\u00e9nticamente de Dios y, a la vez, le cansan y atormentan. Es igual que sean muchos o pocos los apegos, mientras est\u00e9 atado no podr\u00e1 volar. Basta un solo apego o afecto desordenado para que no vaya adelante, \u201cEl estilo que llevan los principiantes en el camino de Dios es bajo y que frisa mucho con su propio amor y gusto\u201d (N 1,8,3).<\/p>\n<p>Por ese motivo se impone necesariamente la purificaci\u00f3n, el eliminar esas ataduras. Cualquier apetito voluntario que instaure en el centro del obrar humano algo que no sea compatible con Dios impide la uni\u00f3n o comuni\u00f3n plena con \u00e9l. Resulta inevitable hacer lugar al bien absoluto eliminando los bienes marginales y pasajeros (S 1,11,16; 2,24,3; 3,26,7-8; CB 26, 18-19).<\/p>\n<p>El proceso purificador, simbolizado en el tr\u00e1nsito por una \u00abnoche oscura\u00bb, en su vertiente negativa o de eliminaci\u00f3n consiste precisamente en eso: en ir vaci\u00e1ndose de cosas in\u00fatiles, desnud\u00e1ndose de lastre pesado. No es exigencia caprichosa, sino que arranca de motivaciones inapelables. La depuraci\u00f3n es necesidad ineludible porque el hombre tiende a centrar su afecto en las cosas criadas, bienes pasajeros que no pueden sustituir a Dios, bien supremo, como ideal de vida. Todo lo que se entrega a las realidades temporales se le sustrae efectivamente a Dios. La atracci\u00f3n amorosa tiende a la igualdad. No es posible, arguye fray Juan, identificarse con Dios y con la criatura. La opci\u00f3n por Dios impone el vac\u00edo de lo contingente y contaminante (cf. S 1,4, 1-3; 1,5,4).<\/p>\n<p>El esfuerzo por romper amarras y desnudarse de afectos no compatibles con la entrega total a Dios tiene su expresi\u00f3n concreta en la disponibilidad. Todo lo que hace y puede hacer la persona humana no es m\u00e1s que eso: disponerse, adaptarse a la obra que en ella realiza Dios cuando halla esta disposici\u00f3n. No se trata de pasivismo interesado. La disposici\u00f3n consiste en el esfuerzo generoso, en poner lo que est\u00e1 al propio alcance, en llegar hasta donde se puede en el vaciarse. Comienza por el empe\u00f1o generoso para dominar el sentido o la inclinaci\u00f3n natural a la satisfacci\u00f3n y goce inmediato de las cosas (cf. S 1,13,3-13; 1,15,2).<\/p>\n<p>A medida que se afianza el despego de las cosas perecederas se va intensificando la amistad con Dios, y su amor se vuelve cada vez m\u00e1s intenso y exclusivo. Es sincero y aut\u00e9ntico, pero a la vez impaciente; crecen las ansias de conocerle cada vez mejor y se poseerle m\u00e1s plenamente. Cuanto mejor descubre \u201csus semblantes\u201d mejor descubre lo que le queda por contemplarle tal cual. Suplica con ansia creciente que se le descubra su \u201cpresencia y su figura\u201d. Se siente. Comienza a sentirse enferma y herida de amor divino e invoca a su Amado \u201csane su coraz\u00f3n llagado\u201d; que se haga presente y \u201capague sus enojos cf. CB 6-11).<\/p>\n<p>Lo conseguido con la propia lucha por dominar el sentido el y purificar el sentido no es todav\u00eda suficiente. Por ello se vuelve a la fe \u201ccomo la que m\u00e1s al vivo le ha de dar de su amado luz, tom\u00e1ndola por medio para esto; porque a la verdad no hay otro medio por donde se venga a la verdadera uni\u00f3n y desposorio espiritual con \u00e9l\u201d (CB 12,2).<\/p>\n<p>Partiendo de la vinculaci\u00f3n natural e interdependencia entre sentido y esp\u00edritu en el quehacer humano, la ra\u00edz \u00faltima de las tendencias y decisiones radica en el esp\u00edritu. Por ello es imprescindible crear actitudes, motivaciones y tendencias interiores que impulsen hacia Dios y dominen la inmediatez de la satisfacci\u00f3n sensual. Es el papel decisivo atribuido por el Santo a las virtudes teologales en la obra purificadora del esp\u00edritu. Son las que ponen realmente en contacto directo con el Dios vivo y verdadero, con Dios tal como es (cf. S 1,14,2; 2,2,2; 3,2,1-2; N 2,7,7; 2,16,3; 2,21).<\/p>\n<p>\u00danicamente por la fe se llega a descubrir a ese Dios verdadero y, por consiguiente, a tender el puente directo de comunicaci\u00f3n con \u00e9l. S\u00f3lo la luz de la fe, enfrent\u00e1ndose a la luz de la raz\u00f3n humana, aporta el medio apropiado e inmediato para conectar con la realidad de lo divino. Por eso mismo ejerce una funci\u00f3n purificadora decisiva y gu\u00eda infaliblemente en el camino hacia Dios (cf. S 1,14,2; 2,2,6; N 2,7,7; 2,16,3; 2,21).<\/p>\n<p>La disponibilidad radical exigida al hombre para que la acci\u00f3n divina produzca los frutos deseados tiene expresi\u00f3n concreta y profunda en la esperanza. Cuando \u00e9sta est\u00e1 pura y entera en Dios resulta imposible que el recuerdo de las cosas pasadas se reviva como apego y afecto da\u00f1ino en presente. En \u00e9ste se pierde el sentido de posesi\u00f3n y dominio, que ocupan la capacidad humana de desear, cuando la esperanza proyecta en el bien supremo de Dios (cf. S 2,9 y 2,3-3; CB 12).<\/p>\n<p>Fuerza motriz de todas las energ\u00edas y capacidades puestas en la obra de catarsis y de aproximaci\u00f3n a Dios es la caridad. El hombre es como una fortaleza en expresi\u00f3n sanjuanista con sus tendencias, pasiones, potencias e inclinaciones. La funci\u00f3n de la caridad radica precisamente en eso: en hacer que todo ese caudal, toda esa fuerza se mueva por Dios y para Dios. Es lo que sintetiza el precepto del amor a Dios sobre todas las cosas. De ah\u00ed que la caridad sea el elemento vivificante y determinante que orienta todo al fin supremo. Los bienes del suelo la creaci\u00f3n entera sirven al hombre en tanto en cuanto el uso y el gozo se ordenan a Dios. S\u00f3lo la caridad es capaz de crear esa relaci\u00f3n decisiva y determinante (S 3,34,1).<\/p>\n<p>Gracias al empe\u00f1o decidido y al desarrollo de la vida teologal puede el hombre dominar progresivamente sus apegos y \u00abapetitos\u00bb para ordenarlos a las cosas divinas. Es absolutamente imprescindible esta correspondencia fiel a la gracia. No es, con todo, suficiente para llegar a la ra\u00edz de las tendencias malsanas o desordenadas. Despu\u00e9s de lucha prolongada se constata con harta frecuencia que la vida espiritual es todav\u00eda fr\u00e1gil, que tiene m\u00e1s de apariencia que de consistencia. Est\u00e1 dominada por el infantilismo, no por la madurez. Todo ello se hace patente si se mira con atenci\u00f3n a ciertas manifestaciones vinculadas a los llamados \u00abvicios capitales\u00bb. El an\u00e1lisis penetrante de JC desenmascara la sutileza y los repliegues de ciertas desviaciones vendidas a veces como \u00abcosas espirituales exquisitas\u00bb (cf. S 3, 2,14;3,36-45; Ll 3, 73-74).<\/p>\n<p>Para esa situaci\u00f3n, propia de \u00abprincipiantes\u00bb, se impone una cura radical. La obra depuradora tiene que penetrar m\u00e1s hondo en las ra\u00edces del obrar humano. Se hace indispensable una intervenci\u00f3n m\u00e1s fuerte de parte de Dios, que pone a prueba la receptividad y disponibilidad del hombre. Se hace presente la obra divina a trav\u00e9s de ciertas sensaciones o experiencias nuevas. Como si la persona se sintiese tratada de manera diferente a lo que hasta entonces estaba acostumbrada (cf. N 1,1; 1,2,8; CB 13,1).<\/p>\n<p>Entre los s\u00edntomas que denuncian las nuevas experiencias destaca la dificultad, y hasta imposibilidad, de meditar con fruto y satisfacci\u00f3n en las cosas de Dios. Como si la mente se sintiese bloqueada e incapacitada para discurrir y pensar. En cambio, se siente atenta con facilidad y sin dispersi\u00f3n en la presencia de Dios. Advierte afectivamente que se encuentra con \u00e9l, sin necesidad de suscitar su recuerdo. Se est\u00e1 produciendo entonces un cambio sintom\u00e1tico. La virtualidad de la oraci\u00f3n meditativa est\u00e1 llegando a sus l\u00edmites y se est\u00e1 instaurando la \u00abcontemplaci\u00f3n\u00bb, la \u00abadvertencia o noticia amorosa de Dios\u00bb. Un modo de comunicarse con \u00e9l que da la sensaci\u00f3n de superar la propia iniciativa y capacidad. Como que se ofrece algo \u00absobrenatural\u00bb lleno de frutos sazonados (S 2,12-15; N 1,9; Ll3, 33-35).<\/p>\n<p>En otro plano las comunicaciones de Dios al alma se vuelven m\u00e1s altas y singulares. En ocasiones irrumpe en el alma con tanta fuerza e \u00edmpetu que no puede resistir su presencia y le pide que se aparte porque no puede sufrir las repercusiones som\u00e1ticas al no estar el cuerpo tan espiritualizado que se acomode al esp\u00edritu. Son visitas de Dios en forma de raptos, \u00e9xtasis y otros fen\u00f3menos similares. En determinado momento el amor impaciente y arrebatado de situaciones anteriores se vuelve sereno y pac\u00edfico; se celebra el desposorio entre Dios y el alma instaur\u00e1ndose un nuevo estado de relaciones amorosas, con intercambio de dones y visitas (cf. CB 13. 14 y 15 hasta la 22).<\/p>\n<p>A partir de entonces se abren nuevos horizontes para la vida del esp\u00edritu. No todo son intercambio de dones y deleites de desposorio. Las visitas se alternan con ausencias y con pruebas de fidelidad muy dolorosas. El alma encuentra todav\u00eda resistencias en el hombre; le quedan ra\u00edces profundas en sus inclinaciones que no ha logrado arrancar de cuajo. La purificaci\u00f3n total no ha llegado a su punto; subsisten vicios y apegos muy radicados; el sentido no termina de someterse por entero al esp\u00edritu. Ante esa situaci\u00f3n, la intervenci\u00f3n divina, a trav\u00e9s de la contemplaci\u00f3n, se hace exigente y purificadora. Envuelve al hombre en una \u00abnoche oscura\u00bb para ponerle a prueba. Es la purificaci\u00f3n pasiva del esp\u00edritu a que la va sometiendo Dios y a la que ha de responder con reacci\u00f3n muy activa y plena aceptaci\u00f3n. Se trata de la \u00faltima prueba de su fidelidad, antes de pasar al matrimonio espiritual, a la posesi\u00f3n total de Dios ( cf. N 1,10,1-3; 1,8,5).<\/p>\n<p>A trav\u00e9s de esa prueba cat\u00e1rtica el hombre consigue frutos muy maduros, como un conocimiento exacto de s\u00ed y de la propia miseria, un respeto grande de Dios y de su santidad, un robustecimiento s\u00f3lido de las virtudes y una grande libertad de esp\u00edritu (N 1,12-13; 2,13 2 y 10-13; CB 24-25).<\/p>\n<p>La prueba de la \u00abnoche oscura\u00bb del esp\u00edritu se prolonga seg\u00fan las exigencias de purificaci\u00f3n y el nivel de perfecci\u00f3n a que cada uno est\u00e1 llamado. Por lo regular, son pruebas prolongadas y duras. Tanto, que, ante la posible incapacidad humana de resistirlas, Dios dispone pedag\u00f3gicamente momentos de pausa, intervalos de penas y alivios, presencias y ausencias. Como si se tratase de un \u00abamanecer y oscurecer a menudo\u00bb para el alma. Cuanto mayores son las comunicaciones recibidas en determinado momento, mayores son luego las penas al sobrevenir de nuevo el sentimiento de la ausencia. En ese crisol van purific\u00e1ndose el amor y afianz\u00e1ndose las virtudes (CB 13,1,3-5; 15,17-18; 16,11; 17,6-7; 30, 4-6; N 2,12; N 1,14,1).<\/p>\n<p>Se afina tanto la sensibilidad espiritual que, pese a la oscuridad de la noche, se percibe claramente la exigencia de llegar en la purificaci\u00f3n hasta la ra\u00edz m\u00e1s honda del ser. Hasta que la pureza sea total \u2013a manera de la del purgatorio\u2013 y destruya hasta las inclinaciones m\u00e1s radicadas en el esp\u00edritu. Supone la perfecta adaptaci\u00f3n del sentido al esp\u00edritu; no basta con que aqu\u00e9l est\u00e9 como embridado. Es necesario que se sujete en todo al esp\u00edritu. Para llegar ah\u00ed se hace absolutamente imprescindible la intervenci\u00f3n de Dios. Se realiza a trav\u00e9s de la \u00abnoche oscura de contemplaci\u00f3n\u00bb en su fase m\u00e1s dura y penetrante. Es la prueba definitiva de la fe que somete al hombre a horribles penas y aflicciones, hasta consumirle como el fuego en el le\u00f1o todos lo humores y apegos humanos no ordenados a Dios. La prueba suele llegar a tales extremos que, si Dios no dispusiese tambi\u00e9n instantes de calma y descanso, resultar\u00eda insuperable (N 2,1,3; 2,2,1-5; 2,6,5; CB 28,7; 26, 18-19).<\/p>\n<p>En contra de cuanto suele decirse, la \u201chorrenda noche del esp\u00edritu\u201d la coloca JC como vigencia \u00faltima para pasar del desposorio al matrimonio. Lo asegura expl\u00edcitamente al concluir la descripci\u00f3n de la celebraci\u00f3n del desposorio: \u201caunque habemos dicho que el alma goza de toda tranquilidad y que se le comunica todo lo de m\u00e1s que se puede en esta vida, enti\u00e9ndese que la tranquilidad s\u00f3lo es seg\u00fan la parte superior; porque la parte sensitiva, hasta el estado del matrimonio espiritual nunca acaba de perder sus resabios, ni sujetar del todo sus fuerzas \u2026 y que lo que se le comunica es lo m\u00e1s que que se puede en raz\u00f3n de desposorio. Porque en el matrimonio espiritual hay grandes ventajas; porque en el desposorio, aunque en las visitas goza de tanto bien el alma esposa, como se ha dicho, todav\u00eda padece ausencias y perturbaciones y molestias de parte de la porci\u00f3n inferior y del demonio, todo lo cual cesa en el estado del matrimonio\u201d (CB 15,30).<\/p>\n<p>Gracias a esos intervalos de paz y \u00abamigabilidad\u00bb se mantiene encendida la fe e inflamado el amor para seguir adelante. El alma va acerc\u00e1ndose a la cima del monte, a la meta a la perfecta con uni\u00f3n Dios. Sus virtudes se consolidan y robustecen, hasta volverse heroicas. La vida teologal domina cada vez m\u00e1s plenamente el panorama de la vida. Las motivaciones se vuelven casi espont\u00e1neamente sobrenaturales. Se percibe la liberaci\u00f3n total de ataduras y apegos. El crisol del amor ha purificado totalmente el sentido y el esp\u00edritu, que goza ya de plena libertad. Dios, presente en el m\u00e1s profundo centro del ser, se hace sentir cada vez con m\u00e1s intensidad. El lecho florido del alma, adornado de todas las virtudes y dones recibidos, est\u00e1 defendido contra todas las asechanzas. No queda m\u00e1s que la ratificaci\u00f3n del matrimonio espiritual; la entrega mutua de Dios y el alma. Dios da su pecho y el alma se entrega a \u00e9l y le promete ser su esposa para siempre Puede ya cantar: \u201cEntrado se ha la esposa \/ en el ameno huerto deseado, \/ y a su sabor reposa \/ el cuello reclinado \/ sobre los dulces brazos del Amado\u201d. Entregado todo su caudal al Amado, puede decir con verdad: \u201cYa no tengo otro oficio, que ya s\u00f3lo en amar es mi ejercicio\u201d (CB 22, 24.26-28).<\/p>\n<h3>5. \u201cEl gemido pac\u00edfico de la esperanza\u201d<\/h3>\n<p>Lo que al principio del camino se ofreci\u00f3 como meta a conquistar no era una utop\u00eda inalcanzable. Se vuelve gozosa realidad cuando queda rematada la obra de purificaci\u00f3n; cuando se ha producido el trueque de los bienes del suelo por los del cielo; cuando Dios se ha convertido en aut\u00e9ntico \u201ctodo\u201d para el hombre. Se produce, en consecuencia, una transformaci\u00f3n en el ser humano; sin dejar lo que es, logra perfecta armon\u00eda interior y exterior, equilibrio perfecto entre deseos y realidades. Desaparece el \u00abhombre viejo\u00bb y se realiza el nuevo. Se produce una especie de vuelta a la situaci\u00f3n del para\u00edso, donde reinan la paz y la tranquilidad imperturbables (CB 26,17; 20,10-11; 40,1; Ll 3, 24; 4,12).<\/p>\n<p>Una vez conquistada la cumbre del monte, la uni\u00f3n con Dios se vuelve comunicaci\u00f3n rec\u00edproca de amor en un estado que tiene su mejor representaci\u00f3n en el del \u00abmatrimonio\u00bb. Es el \u00abmatrimonio espiritual\u00bb entre el alma y el Esposo Cristo. El intercambio de dones y prendas de amor es constante. El alma se siente y est\u00e1 verdaderamente \u00abendiosada o endivinada\u00bb, como dice fray Juan. Vive de Dios y toda para Dios sin dejar de relacionarse con el mundo, con los dem\u00e1s. Aspira a igualar su amor con el que recibe de Dios. Lo consigue en cierto modo, por amar con el mismo amor con que Dios se ama, que es el Esp\u00edritu Santo (CB 20-21, 1-2; 22,3; 26,4.11; 31,2; 36, 1-2; Ll 4,3, 70-80).<\/p>\n<p>El matrimonio espiritual con su uni\u00f3n transformante es el \u00faltimo grado de amor a que puede llegar el alma en esta vida. Lejos de implicar una situaci\u00f3n de estancamiento definitivo est\u00e1 llena de vitalidad; el amor nunca est\u00e1 ocioso, al contrario, siempre en movimiento. Aclara oportunamente JC que si bien es verdad que se trata del \u201cm\u00e1s perfecto grado de perfecci\u00f3n a que en esta vida se puede llegar \u2026 y no se puede pasar de all\u00ed en cuanto tal, pero el alma puede con el tiempo y ejercicio calificarse y sustanciarse mucho m\u00e1s el amor\u201d (Ll, pr\u00f3l. 3).<\/p>\n<p>El alma transformada, insertada en la misma vida trinitaria, vive en permanente fiesta. De hecho, llega a sentir dentro de s\u00ed la obra de la Trinidad sant\u00edsima. Como si cada una de las personas hiciese sentir en ella su propia obra, de tal modo que produce una aut\u00e9ntica transformaci\u00f3n en Dios Uno y Trino. La divinizaci\u00f3n del hombre llega as\u00ed hasta los l\u00edmites posibles en la tierra. Al borde mismo de la glorificaci\u00f3n (cf. Ll 1,14.3536; 2,22. 26; 3,10-15; 4,3-4; CB 39,3-6).<\/p>\n<p>No queda m\u00e1s distancia que poseer a Dios por fe o por visi\u00f3n clara. Es una tela, un velo tenue que puede romperse por cualquier \u00edmpetu de amor. Efectivamente, cuando el alma llega a sentir \u00absabor a vida eterna\u00bb, \u00abgolosina de gloria\u00bb, asegura JC que puede sobrevenir la muerte por infarto de amor, aunque tenga las apariencias de una muerte \u00abcomo las dem\u00e1s\u00bb. Lo que arranca la vida es un \u00edmpetu de amor \u00abm\u00e1s poderoso y valeroso\u00bb que puede romper la tela y \u00abllevarse la joya del alma\u00bb (Ll 1,2731; CB 39,14).<\/p>\n<p>Mientras vive en la tierra y no se produce ese \u00edmpetu poderoso y valeroso que rompe la tela de la existencia terrena, el alma siempre ans\u00eda la perfecta visi\u00f3n de la bienaventuranza. Suspira porque Dios \u201cacabe ya si quiere\u201d de romper la delicada tela que la separa de \u00e9l. Cuando andaba por las primeras etapas del camino espiritual y sent\u00eda la falta de Dios, esta ausencia le causaba un continuo gemido porque en nada descansaba ni recib\u00eda alivio (CB 1, 14). Ahora \u201cporque vive en esperanza, en que no se puede dejar de sentir vac\u00edo, tiene tanto de gemido, aunque suave y regalado, cuanto le falta para la acabada posesi\u00f3n de la adopci\u00f3n de los hijos de Dios\u201d (Ll 1, 17). Es un \u201cgemido pac\u00edfico, y no penoso, en la esperanza de lo que le falta\u201d (CB 1,14; Ll, 1,17.).<\/p>\n<p>BIBL. \u2013 P. S\u00c1INZ RODR\u00cdGUEZ, <em>Las met\u00e1foras en la literatura espiritual<\/em>, en <em>Antolog\u00eda de la literatura espiritual espa\u00f1ola<\/em>, t. IV, Madrid 1985, p. 680; E. PACHO, <em>V\u00e9rtice de la poes\u00eda y de la m\u00edstica. El C\u00e1ntico espiritual de san Juan de la Cruz, <\/em>Burgos, Monte Carmelo, 1983; <em>La otra cara del sanjuanismo: el amor raz\u00f3n de fin en \u201cC\u00e1ntico\u201d y \u201cLlama\u201d<\/em>, en <em>Estudios sanjuanistas, <\/em>Burgos, 1997, p. 107-126. Id.\u201d Desarrollo gen\u00e9tico del sanjuanismo: del C\u00e1ntico A al C\u00e1ntico B\u201d, en \u201c<em>Estudios sanjuanistas<\/em>, II, p. 433-633: Id. <em>\u201cJuan de la Cruz, m\u00edstico de confluencias y de s\u00edntesis\u201d<\/em>, en la revista <em>Vida Religiosa <\/em>68 (1990) 4656-466; Id., \u201cEl gemido pac\u00edfico de la esperanza. S\u00edntesis definitiva del pensamiento sanjuanista, en <em>Studies in Spirituality <\/em>6 (1996) 153167; ERNEST E. LARKIN, \u201cThe Prayer Journey of St. John of the Cross\u201d, en <em>\u201cJuan de la Cruz. <\/em><em>Esp\u00edritu de llama\u201d<\/em>, p. 705-\u00b4717. Amplia exposici\u00f3n del itinerario sanjuanista puede verse en F. A. \u00c1LVAREZ NAVARRO, <em>Al paso del hombre, al paso de Dios. Pedagog\u00eda de la experiencia cristiana en san Juan de la Cruz<\/em>, Burgos, Monte Carmelo, 2000; J. A. MARCOS, <em>Un viaje a la libertad. San Juan de la Cruz (La experiencia m\u00edstica en met\u00e1foras cotidianas)<\/em>, Madrid, EDE, 2003, 2\u00aa ed, 2006; C. MER\u00cd CUCART, <em>El<\/em> <em>camino espiritual de Juan de la Cruz<\/em>, Madrid, San Pablo, 2008.<\/p>\n<p><em>E. Pacho<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Como todo maestro de esp\u00edritu, cuando Juan de la Cruz se pone a escribir, lo que intenta es guiar a las almas por el camino que conduce a la santidad. 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