{"id":2984,"date":"2015-01-06T10:19:22","date_gmt":"2015-01-06T16:19:22","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=2984"},"modified":"2021-01-06T10:21:22","modified_gmt":"2021-01-06T16:21:22","slug":"purgatorio","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=2984","title":{"rendered":"Purgatorio"},"content":{"rendered":"<p><span style=\"font-size: 12pt;\">Dos son las claves fundamentales de lectura dentro de las cuales hay que entender las afirmaciones de Juan de la Cruz sobre el purgatorio: su visi\u00f3n del mismo como una fase m\u00e1s del proceso m\u00e1s amplio de purificaci\u00f3n, y el conjunto de su din\u00e1mica escatol\u00f3gica. Las grandes verdades de la escatolog\u00eda cristiana, y, sobre todo, lo que se ha dado en llamar la tensi\u00f3n escatol\u00f3gica, entre el \u201cya\u201d y el \u201ctodav\u00eda no\u201d, est\u00e1n presentes en sus escritos m\u00e1s de lo que se pudiera pensar en un primer momento (J. V.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">Rodr\u00edguez, \u201cSan Juan de la Cruz, evangelista y testigo de lo eterno. Apuntes de escatolog\u00eda sanjuanista\u201d, <em>RevEsp <\/em>33, 1974, 233-275). Precisamente, dentro de esta din\u00e1mica antropol\u00f3gicamente vital y de fe cristiana, se enmarcan algunas de sus referencias al purgatorio. Se trata, por lo general, de textos bastante sobrios, aunque no faltan algunos m\u00e1s amplios y complicados.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">En opini\u00f3n de U. Barrientos, la doctrina de nuestro m\u00edstico sobre el purgatorio es, al mismo tiempo, fragmentaria y arm\u00f3nica. Lo primero, porque no cubre todo lo que la Iglesia cat\u00f3lica, te\u00f3logos y magisterio, han venido diciendo sobre el purgatorio a lo largo de los siglos. Lo segundo, por su clara coherencia entre sus referencias al purgatorio y el conjunto de su escatolog\u00eda y doctrina espiritual (<em>Purificaci\u00f3n y purgatorio. Doctrina de San Juan de la Cruz sobre el Purgatorio, a la luz de su sistema m\u00edstico<\/em>, p. 136-137).<\/span><\/p>\n<h3><span style=\"font-size: 12pt;\">I. Purificaci\u00f3n y purgatorio<\/span><\/h3>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">Resumiendo lo m\u00e1s importante de la ense\u00f1anza cat\u00f3lica de siglos anteriores, el concilio de Trento, en el <em>Decreto sobre la justificaci\u00f3n<\/em>, canon 30, hab\u00eda afirmado que: \u201cSi alguno dijere que despu\u00e9s de recibida la gracia de la justificaci\u00f3n, de tal manera se le perdona la culpa y se le borra el reato de la pena eterna a cualquier pecador arrepentido, que no queda reato alguno de pena temporal que haya que pagarse o en este mundo o en el otro en el purgatorio, antes de que pueda abrirse la entrada en el reino de los cielos, sea anatema\u201d (<em>Enchiridion Symbolorum<\/em>, n. 1580).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">Varios son los textos de nuestro m\u00edstico que hacen referencia, m\u00e1s o menos expl\u00edcitamente, al purgatorio despu\u00e9s de esta vida y siguen a grandes rasgos este esquema ternario ya tradicional. Se trata de exposiciones y referencias teol\u00f3gicamente bastante sencillas, que suelen seguir un razonamiento simple: la necesidad de vivir un camino de purificaci\u00f3n en esta vida, la posibilidad y necesidad de una purificaci\u00f3n despu\u00e9s de la \u00a0muerte, aunque no en todos los casos, y la posesi\u00f3n plena de \u00a0Dios como t\u00e9rmino de todo este camino. En todos esos textos, sin embargo, lo que le mueve no es tanto la intenci\u00f3n de afirmar o reafirmar la existencia del purgatorio, cuanto de urgir la necesidad de iniciar y tomarse en serio el camino de purificaci\u00f3n ya desde esta vida terrena, para llegar a la meta de la comuni\u00f3n perfecta de amor con Dios.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">He aqu\u00ed las afirmaciones o textos del Santo que siguen fundamentalmente el esquema antes mencionado: 1\u00ba. \u201cAs\u00ed como no comprehende a la luz el que tiene tinieblas, as\u00ed no podr\u00e1 comprehender a Dios el alma que en criaturas pone su afici\u00f3n; de la cual hasta que se purgue, ni ac\u00e1 podr\u00e1 poseer por transformaci\u00f3n pura de amor, ni all\u00e1 por clara visi\u00f3n\u201d (S 1,4,3); 2\u00ba. \u201cPorque a los apetitos vivientes en el alma, antes de que ellos puedan entender a Dios, los absorber\u00e1 Dios en esta vida o en la otra con castigo y correcci\u00f3n, que ser\u00e1 la purgaci\u00f3n\u201d (S 1,8,5); 3\u00ba. \u201cPorque de \u00e9stos son los que de veras <em>descienden al infierno viviendo <\/em>(Sal 54,16), pues aqu\u00ed se purgan a la manera de all\u00ed; porque esta purgaci\u00f3n es la que all\u00ed se hab\u00eda de hacer. Y as\u00ed el alma que por aqu\u00ed pasa, o no entra en aquel lugar, o se detiene all\u00ed muy poco, porque aprovecha m\u00e1s una hora aqu\u00ed que muchas all\u00ed\u201d (N 2,6,6); 4\u00ba. \u201cEl d\u00e9cimo y \u00faltimo grado de esta escala secreta de amor hace el alma asimilarse totalmente a Dios, por raz\u00f3n de la clara visi\u00f3n de Dios que luego posee inmediatamente el alma, que, habiendo llegado en esta vida al nono grado, sale de la carne. Porque \u00e9stos, pocos que son, por cuanto ya por el amor est\u00e1n purgad\u00edsimos, no entran en el purgatorio\u201d (N 2,20,5); 5\u00ba. \u201cY as\u00ed esta pena se parece a la del purgatorio; porque as\u00ed como se purgan all\u00ed los esp\u00edritu para poder ver a Dios por clara visi\u00f3n en la otra vida, as\u00ed, en su manera, se purgan aqu\u00ed las almas para poder transformarse en \u00e9l por amor en \u00e9sta\u201d (LlB 1,24); 6\u00ba. \u201cPorque, en la purgaci\u00f3n espiritual que arriba hemos dicho, acaba el alma de romper estas dos telas (la temporal y la natural), y de ah\u00ed viene a unirse con Dios, como aqu\u00ed est\u00e1, y no queda por romper m\u00e1s que la tercera de la vida sensitiva\u201d (LlB 1,29); 7\u00ba. \u201cPor eso es gran negocio para el alma ejercitar en esta vida los actos de amor, porque, consum\u00e1ndose en breve, no se detenga mucho ac\u00e1 o all\u00e1 sin ver a Dios\u201d (LlB 1,34); 8\u00ba. \u201cPorque, as\u00ed como para unirse con Dios en gloria los esp\u00edritus impuros pasan por las penas del fuego en la otra vida; as\u00ed para la uni\u00f3n de perfecci\u00f3n en \u00e9sta han de pasar por el fuego de estas dichas penas\u201d (LlB 2,25).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">Como se puede ver, siguiendo igualmente la tradici\u00f3n teol\u00f3gica y ense\u00f1anzas del magisterio, algunos de estos textos ofrecen peque\u00f1os matices y aportaciones a lo esencial del esquema lineal de razonamiento sobre el sentido y funci\u00f3n del purgatorio, que antes indicamos. Se habla de \u00e9l como \u201ccastigo y correcci\u00f3n\u201d (S 1,8,5); de \u201clas penas del fuego\u201d (LlB 2,25); de la posibilidad real de no tener que pasar por el purgatorio \u2013\u201cpocos que son\u201d\u2013 (N 2,6,6; 20,5; LlB 1,29), o, en todo caso, de la posibilidad de detenerse all\u00ed por poco tiempo, cuando se ha vivido un proceso de purificaci\u00f3n profunda en esta vida, alcanzando as\u00ed un amor a Dios plenamente puro (N 2,6,6; 20,5; LlB 1,34); del mayor valor que tiene aqu\u00ed una hora de purificaci\u00f3n que all\u00ed muchas (N 2,6,6; cf. U. Barrientos, <em>o.c.<\/em>, 141-154).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">De todas las afirmaciones que encontramos en los pasajes antes citados, s\u00f3lo podr\u00eda resultar algo chocante en su d\u00eda, e incluso hoy, la de N 2,6,6, en donde se habla, a la vez, de infierno y de purificaci\u00f3n. Pero, en l\u00edneas generales, el razonamiento del Santo es bastante claro. Determinadas experiencias de la purificaci\u00f3n pasiva del esp\u00edritu se describen aqu\u00ed como un \u201cver abierto el infierno y la perdici\u00f3n\u201d; lo que confirma con la frase del salmo: \u201c\u00e9stos descienden al infierno viviendo\u201d (Sal 54,16).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">A continuaci\u00f3n, explica que esta experiencia forma parte del proceso de purificaci\u00f3n en esta vida; dejando, sin embargo, dicho algo que, en cierta medida, anticipa lo que afirmar\u00e1 en el cap\u00edtulo siguiente: \u201cPues aqu\u00ed se purgan a la manera de all\u00ed; porque esta purgaci\u00f3n es la que all\u00ed se hab\u00eda de hacer\u201d. Volveremos sobre el tema. Ahora s\u00f3lo quiero recordar que, en nuestro siglo, tambi\u00e9n Silvano del Monte Athos hace una identificaci\u00f3n entre la experiencia de bajar al propio infierno, sin desesperar, y la realidad purificativa salvadora de Dios en esta vida (cf. <em>Espiritualidad rusa<\/em>: <em>Antolog\u00eda, <\/em>Rialp, Madrid, 1965, 147-149). En dicho autor, sin embargo, esta experiencia tiene tintes m\u00e1s activos que pasivos, mientras que en N 2,6,6 sucede m\u00e1s bien al rev\u00e9s. Dentro del marco de lo que venimos exponiendo, me parece importante hacer aqu\u00ed una anotaci\u00f3n antes de pasar adelante. En toda la doctrina sanjuanista sobre el sentido y funci\u00f3n del purgatorio tiene mucho que ver su visi\u00f3n del \u00a0pecado y de los \u00a0apetitos voluntarios no purgados o purificados, sean de pecado o no (S 1,11-12). Estos tendr\u00edan su ra\u00edz al menos en la actual condici\u00f3n del hombre, nacida tras el pecado original (S 1,1,1; S 1,15,1), cuando no en los propios pecados personales (S 1,8; S 1,1112; N 1,2-8; 2,2, etc.). M\u00e1s all\u00e1 del perd\u00f3n y la reconciliaci\u00f3n con Dios, dicha purificaci\u00f3n, como cualquier otro proceso psicol\u00f3gico de crecimiento humano, supone todo un desarrollo de reintegraci\u00f3n y maduraci\u00f3n humano-espiritual personal en el amor. Lo que tradicionalmente se ha dado en llamar proceso de conversi\u00f3n (N 2,1,1; 2,7,4; CB 23,6; 33).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">Quiz\u00e1 el predominio de esta visi\u00f3n global de la vida humano-cristiana explique por qu\u00e9, en el Santo, no suelen darse referencias al purgatorio como lugar donde pagar el reato de la pena temporal, antes de entrar en el cielo, sino m\u00e1s bien al purgatorio como lugar de purgaci\u00f3n, en el sentido m\u00e1s antropol\u00f3gico de la palabra. Sin embargo, es tambi\u00e9n curioso se\u00f1alar c\u00f3mo, siguiendo cierta terminolog\u00eda tradicional en la Iglesia, nuestro m\u00edstico no suele referirse tanto al purgatorio como momento de <em>purificaci\u00f3n <\/em>cuanto de <em>purgaci\u00f3n<\/em>. Juan Luis Ruiz de la Pe\u00f1a indica que el Vaticano II supuso un cambio de sentido a este respecto, prefiriendo el verbo <em>purificari <\/em>al verbo <em>purgari <\/em>(J. L. Ruiz de la Pe\u00f1a, <em>La Pascua de la creaci\u00f3n. Escatolog\u00eda<\/em>, Madrid, 1996, 288-289). Falta, en todo caso, por completo cualquier referencia a sufragios, misas y otras pr\u00e1cticas y devociones populares referidas a las almas del purgatorio. El concilio de Trento, aunque hab\u00eda condenado ciertas exageraciones al respecto, hab\u00eda afirmado la importancia de los sufragios y oraciones por los difuntos (\u201cDecreto sobre el Purgatorio\u201d, <em>Enchiridion Symbolorum<\/em>, n. 1820).<\/span><\/p>\n<h3><span style=\"font-size: 12pt;\">II. El purgatorio, paradigma de purificaci\u00f3n<\/span><\/h3>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">No todas las referencias de J. de la Cruz al purgatorio tienen un esquema que podr\u00edamos llamar de \u00a0escatolog\u00eda progresiva. Aun pretendiendo la misma finalidad antes indicada, algunos otros textos tienen una estructura literaria o argumentativa que van de la realidad purificativa de esta vida a la del purgatorio, y de \u00e9sta, de nuevo, a la descripci\u00f3n de la experiencia de purificaci\u00f3n del hombre en este mundo. Estar\u00edamos as\u00ed ante un planteamiento de escatolog\u00eda anticipativa o anticipadora. En LlB 2,25 encontramos una y otra perspectiva: \u201cPorque, as\u00ed como para unirse con Dios en gloria los esp\u00edritus impuros pasan por las penas del fuego en la otra vida; as\u00ed para la uni\u00f3n de perfecci\u00f3n en \u00e9sta han de pasar por el fuego de estas dichas penas\u201d.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">La relaci\u00f3n entre ambas formas (\u00bfla finalidad de ambas formas?) de \u00a0purificaci\u00f3n, se explica porque \u201caqu\u00ed se purgan a la manera de all\u00ed; porque esta purgaci\u00f3n es la que all\u00ed se hab\u00eda de hacer\u201d (N 2,6,6). Entre los textos m\u00e1s expl\u00edcitos, que no han sido citados anteriormente, est\u00e1 el de LlB 1,21, que es el m\u00e1s breve: \u201cNo se puede encarecer lo que el alma padece en este tiempo, es a saber, muy poco menos que en el Purgatorio\u201d. J. de la Cruz no es el \u00fanico autor espiritual que ha hablado de este parecido y semejanza entre algunos momentos del camino de purificaci\u00f3n de esta vida y la experiencia del purgatorio. Antes de \u00e9l, por ejemplo, tambi\u00e9n lo hicieron otros como santa Catalina de G\u00e9nova (14471510), en su <em>Tratado sobre el purgatorio<\/em>, y la misma \u00a0S. Teresa de Jes\u00fas (V 20,16; M 6,11,3-6; cf. <em>DS <\/em>12, 2659-2666).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">En el libro <em>Noche oscura <\/em>se encuentran los tres textos m\u00e1s importantes en los que, para explicar las caracter\u00edsticas de la experiencia actual de purificaci\u00f3n, nuestro m\u00edstico recurre a hablar, aunque sea de pasada, de lo que sucede en el purgatorio.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">a) El primero se encuentra en un cap\u00edtulo todo \u00e9l dedicado a explicarnos, a la luz del s\u00edmbolo del fuego y el madero, el proceso de purificaci\u00f3n del hombre. En ese contexto se comenta: \u201cPodemos sacar de aqu\u00ed de camino la manera de penar de los del purgatorio. Porque el fuego no tendr\u00eda en ellos poder, aunque se les aplicase, si ellos no tuviesen imperfecciones en qu\u00e9 padecer, que son la materia en que all\u00ed puede el fuego; la cual acabada, no hay m\u00e1s que arder; como aqu\u00ed, acabadas las imperfecciones, se acaba el penar del alma y queda el gozar\u201d (N 2,10,5; cf. LlB 2,25).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">Al referirse al purgatorio tras de la muerte, se atendr\u00eda en este caso el Santo a la doctrina teol\u00f3gica del purgatorio como fuego purificador, sin entrar en mayores detalles, aunque s\u00ed indicando que lo que purifica ese fuego del que habla son \u201clas imperfecciones\u201d, al igual que en esta vida.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">b) El segundo de los textos a los que ahora me refiero es muy parecido al anterior en l\u00edneas generales. Pero en \u00e9l se quieren dejar claras ciertas diferencias que existen en el fuego purificador, seg\u00fan sea de esta vida o de la otra: \u201cPor lo dicho echaremos de ver c\u00f3mo esta oscura noche de fuego amoroso, as\u00ed como a oscuras va purificando, as\u00ed a oscuras va al alma inflamando. Echaremos de ver tambi\u00e9n c\u00f3mo, as\u00ed como se purgan los esp\u00edritus en la otra vida con fuego tenebroso material, en esta vida se purgan y limpian con fuego amoroso tenebroso espiritual; porque \u00e9sta es la diferencia: que all\u00e1 se limpian con fuego, y ac\u00e1 se limpian e iluminan s\u00f3lo con amor\u201d (N 2,12,1).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">En esta vida, pues, el fuego purificador ser\u00eda un \u201cfuego amoroso tenebroso espiritual\u201d, que, a la vez, limpia e ilumina. En la otra, ser\u00eda un fuego tenebroso material, del que s\u00f3lo se afirma que limpia.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">c) El pasaje m\u00e1s original, y que m\u00e1s problemas ha planteado siempre, es el de N 2,7,7. De hecho, fue censurado en distintas copias manuscritas y ediciones impresas de <em>Noche oscura <\/em>hasta comienzos de nuestro siglo (cf. U. Barrientos, o.c<em>.<\/em>, 7-8 y 25-31). En \u00e9l se dice: \u201cEsta es la causa por que los que yacen en el purgatorio padecen grandes dudas de que han de salir de all\u00ed jam\u00e1s y de que se han de acabar sus penas. Porque, aunque habitualmente tienen las tres virtudes teologales, que son fe, esperanza y caridad, la actualidad que tiene del sentimiento de las penas y privaci\u00f3n de Dios, no les deja gozar del bien actual y consuelo de estas virtudes. Porque, aunque ellos echan de ver que quieren bien a Dios, no les consuela esto; porque les parece que no les quiere Dios a ellos ni que de tal cosa son dignos; antes, como se ven privados de \u00e9l, puestos en sus miserias, par\u00e9celes que tienen muy bien en s\u00ed por qu\u00e9 ser aborrecidos y desechados de Dios con mucha raz\u00f3n para siempre\u201d.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">Esta descripci\u00f3n del purgatorio plantea dificultades, no s\u00f3lo porque no se refiera en ning\u00fan momento al posible gozo de sentirse ya salvados, incluso en medio de las penas purificadoras, sino porque adem\u00e1s expl\u00edcitamente se afirma que las almas \u201cpadecen grandes dudas de que han de salir de all\u00ed jam\u00e1s y de que se han de acabar sus penas\u201d. No era \u00e9sta, ni en el siglo XVI ni despu\u00e9s, la doctrina com\u00fan al respecto. Incluso, contra Lutero, el papa Le\u00f3n X hab\u00eda condenado, en 1520, la afirmaci\u00f3n que \u201clas almas en el purgatorio no est\u00e1n seguras de su salvaci\u00f3n, al menos todas\u201d (Bula \u201cExurge, Domine\u201d, <em>Enchiridion Symbolorum<\/em>, n. 1488).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">Las afirmaciones de J. de la Cruz hay que leerlas desde una doble clave interpretativa. La primera, es el mismo contexto de la purificaci\u00f3n pasiva del esp\u00edritu, a la que dedica el libro segundo de <em>Noche<\/em>. Puede ser que, en la comparaci\u00f3n entre la purificaci\u00f3n de este mundo y la del otro, el Santo se haya dejado llevar por una descripci\u00f3n de la purificaci\u00f3n del purgatorio hecha demasiado a imagen de las pruebas purificadoras del esp\u00edritu en esta vida. De hecho, coinciden en gran medida las grandes afirmaciones que sobre esta \u00faltima se hacen en todo el libro con las que en N 2,7,7 se dicen del purgatorio. Para ello, no hace falta ir muy lejos, pues, a rengl\u00f3n seguido, en el mismo N 2,7,7, casi lo mismo que se acababa de decir del purgatorio, al menos muchas de las grandes afirmaciones que causan problema, se reafirman de la noche purificadora del esp\u00edritu en esta vida. Dicho esto, no se puede renunciar, en un segundo momento, a intentar explicar y comprender de alguna manera el sentido de las afirmaciones que sobre el purgatorio, en s\u00ed mismo considerado, encontramos en N 2,7,7. Habr\u00eda que hacer una distinci\u00f3n entre lo que se dice que las personas en el purgatorio tienen, y lo que sienten o padecen. Tienen las virtudes teologales, con lo que esto significa en el sistema sanjuanista: \u201cHabitualmente tiene las tres virtudes teologales, que son fe, esperanza y caridad\u201d. Afirmaci\u00f3n que se ha de entender desde la doctrina y distinci\u00f3n escol\u00e1stica de acto y h\u00e1bito, que el mismo Santo emplea en \u00e9sta como en otras de sus obras (N 2,1,1-2; 5,1; 6,1; 9,1-2; 24,3). Sobre esta aparente contradicci\u00f3n ser\u00eda conveniente comparar los textos de N 2,7,7 y S 1,12,6. En este \u00faltimo, hablando de los apetitos naturales no consentidos, comenta que al alma le causan gran turbaci\u00f3n, porque le parece que la ensucian y ciegan, y, sin embargo, m\u00e1s bien causan los efectos contrarios y grandes bienes (S 1,12,6).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">San Pablo, en su discurso sobre la primac\u00eda del amor, que, al contrario de otras realidades, nunca se acabar\u00e1, concluye diciendo: \u201cAhora subsisten la fe, la esperanza y la caridad, estas tres.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">Pero la mayor de todas ellas es la caridad\u201d (1 Cor 13,13). La referencia sanjuanista a que en el purgatorio se tiene habitualmente, como ya conseguido, el h\u00e1bito de las tres virtudes teologales, indica, claramente tanto el hecho de estar ya salvados como el de no haber alcanzado todav\u00eda la plena posesi\u00f3n de Dios en la gloria, donde la fe y la esperanza vienen a desaparecer, dando paso al gozo de la posesi\u00f3n de aqu\u00e9l a quien se ama.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">Por otra parte, se dice que \u201cque los que yacen en el purgatorio padecen grandes dudas de que han de salir de all\u00ed jam\u00e1s y de que se han de acabar sus penas &#8230; y que la actualidad que tienen del sentimiento de las penas y privaci\u00f3n de Dios, no les deja gozar del bien actual y consuelo de estas virtudes, las teologales\u201d (N 2,7,7). Las afirmaciones sobre lo que se siente o padece en el purgatorio se refieren todas ellas a la ulterior purificaci\u00f3n actual pasiva de todas y cada una de las tres virtudes teologales. Esto significa que, en cuanto a la fe, las dudas que se padecen, son ocasi\u00f3n de purificar y reafirmar la fe en Dios sin otro apoyo. Lo mismo se diga por lo que respecta a la esperanza de alcanzar una purificaci\u00f3n plena y de poseer un d\u00eda, plenamente purificados, a Dios. Una esperanza que, como claramente se percibe, no tiene ning\u00fan apoyo y fundamento en lo que uno ve en s\u00ed mismo. Por \u00faltimo, la caridad se purifica porque, sintiendo fuertemente en s\u00ed un amor apasionado hacia Dios, \u201cpuestos en sus miserias\u201d, sienten a Dios no s\u00f3lo lejos sino tambi\u00e9n lejano, \u201caborrecidos y desechados de Dios con mucha raz\u00f3n para siempre\u201d. Realidades todas estas que est\u00e1n en plena armon\u00eda con toda la doctrina de Juan de la Cruz sobre la importancia de la experiencia de la gratuidad del amor de Dios, y para quien llegar a comprender esto es una de las metas y frutos m\u00e1s importantes de toda noche de purificaci\u00f3n, sobre todo de la purificaci\u00f3n pasiva (S 2,5,5; N 1,12; N 2,4; LB 2,34; 3,75, etc.).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">Esta visi\u00f3n del purgatorio, una vez m\u00e1s, va m\u00e1s all\u00e1 de la consideraci\u00f3n del mismo como lugar o momento de pagar o expiar la pena temporal merecida por los pecados, y se sit\u00faa claramente como una etapa m\u00e1s, sin duda decisiva, dentro del proceso de reintegraci\u00f3n y maduraci\u00f3n humano-espiritual personal en el amor que nos viene de Dios. Algo de esto es lo que en nuestro siglo ha afirmado tambi\u00e9n K. Rahner, entre otros: \u201cUna tentativa de explicar &#8230; la esencia de la pena del pecado deber\u00eda llevar consigo una concepci\u00f3n de la extinci\u00f3n de la pena algo menos jur\u00eddica y formal\u00edstica de como suele serlo por lo regular. La extinci\u00f3n de tal culpa podr\u00eda entonces concebirse como un proceso de maduraci\u00f3n de la persona, mediante la cual, lenta y gradualmente, todas las energ\u00edas del ser humano se ir\u00edan integrando en la decisi\u00f3n fundamental de la persona libre\u201d. Y a\u00f1ade que, aunque la doctrina de la Iglesia no admite que en el purgatorio se pueda ya crecer en gracia o en m\u00e9ritos, en su opini\u00f3n esto no \u201cexcluye que el hombre en el estado de purificaci\u00f3n del \u201cpurgatorio\u201d se pueda considerar todav\u00eda como en proceso de maduraci\u00f3n\u201d (K. Rahner, \u201cObservaciones sobre la teolog\u00eda de las indulgencias\u201d, <em>Escritos de teolog\u00eda<\/em>, vol. 2, Madrid, 1961, 212).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">BIBL. \u2014 SIME\u00d3N DE LA SAGRADA FAMILIA, \u201cSan Juan de la Cruz y el purgatorio\u201d, en <em>RevEsp <\/em>4 (1945) 19-30; URBANO BARRIENTOS, <em>Purificaci\u00f3n y<\/em> <em>purgatorio. Doctrina de San Juan de la Cruz sobre<\/em> <em>el Purgatorio, a la luz de su sistema m\u00edstico<\/em>, Madrid, EDE, 1960; J. V. RODR\u00cdGUEZ, \u201cSan Juan de la Cruz, evangelista y testigo de lo eterno. Apuntes de escatolog\u00eda sanjuanista\u201d, en <em>RevEsp <\/em>33 (1974) 233-275; F. MAAS, \u201cEschatologie bei Johannes vom Kreuz\u201d, AA.VV., <em>Juan de la Cruz, esp\u00edritu de llama<\/em>, Roma, Institutum Carmelitanum, 1991, 761-780; P. MIQUEL, \u201cPurgatoire\u201d, <em>DS<\/em>, t.12, 1986, 2659-2666.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\"><em>Jos\u00e9 Dami\u00e1n Gait\u00e1n<\/em><\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Dos son las claves fundamentales de lectura dentro de las cuales hay que entender las afirmaciones de Juan de la Cruz sobre el purgatorio: su visi\u00f3n del mismo como una fase m\u00e1s del proceso m\u00e1s amplio de purificaci\u00f3n, y el &hellip; <a href=\"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=2984\">Sigue leyendo <span class=\"meta-nav\">&rarr;<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_jetpack_newsletter_access":""},"categories":[23],"tags":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p2dsrC-M8","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/2984"}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=2984"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/2984\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":2985,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/2984\/revisions\/2985"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=2984"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=2984"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=2984"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}