{"id":2996,"date":"2015-01-06T10:42:23","date_gmt":"2015-01-06T16:42:23","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=2996"},"modified":"2021-01-06T10:45:06","modified_gmt":"2021-01-06T16:45:06","slug":"deseos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=2996","title":{"rendered":"Deseos"},"content":{"rendered":"<p><span style=\"font-size: 12pt;\">La frecuencia con que aparecen en los escritos sanjuanistas el verbo \u201cdesear\u201d (276) y el sustantivo deseo (154), dan una idea de su importancia. Con todo, el Santo no ofrece una definici\u00f3n t\u00e9cnica del deseo. En ocasiones junta el vocablo deseos al de \u00a0apetitos y \u00a0afectos (CB 2,1-2; 20,7; 28, 5; LlB 1,28.33).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">Forman una tr\u00edada inseparable. Todos brotan de la voluntad, pero no son lo mismo. El Santo, en algunos textos, utiliza el t\u00e9rmino deseos como sin\u00f3nimo de apetitos. Para distinguirlos podemos decir que el deseo tiene unas connotaciones positivas: concentraci\u00f3n, unificaci\u00f3n, integraci\u00f3n, que se ponen de manifiesto en <em>Noche<\/em>, <em>C\u00e1ntico <\/em>y <em>Llama<\/em>. El apetito, en torno al cual gira m\u00e1s la <em>Subida<\/em>, hace referencia a desorden y dispersi\u00f3n. Ambos \u2013apetitos y deseos\u2013 necesitan de la purificaci\u00f3n: unos, de su desorden; los otros, de sus ilusiones.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">En el proceso de la \u00a0uni\u00f3n del alma con Dios los deseos tienen un papel determinante. El deseo es capital en la \u00a0b\u00fasqueda de Dios, \u201cporque el deseo de Dios es disposici\u00f3n para unirse con Dios\u201d (LlB 3,26). Se alcanza cuanto se desea, porque \u201ccuando el alma desea a Dios con entera verdad tiene ya al que ama &#8230; cuanto mayor es el deseo, pues tanto m\u00e1s tiene a Dios\u201d (LlB 3,23), por eso \u201cha de desear el alma con todo deseo venir a aquello que en esta vida no puede saber ni caer en su coraz\u00f3n y, dejando atr\u00e1s todo lo que temporal y espiritualmente gusta y siente y puede gustar y sentir en esta vida, ha de desear con todo deseo venir a aquello que excede todo sentimiento y gusto\u201d (S 2,4,6). Con todo, para SJC es fundamental verificar la objetividad y validez de los deseos que nos gu\u00edan e impulsan en el proceso espiritual. La clave de tal verificaci\u00f3n reside en el amor: \u201cporque no todos los afectos y deseos van hasta \u00e9l, sino los que salen de verdadero amor\u201d (CB 2,2). En efecto, solamente cuando el deseo espiritual nace del amor teologal aut\u00e9ntico, y lo expresa fielmente, puede conducirnos hasta el encuentro personal con el Dios de Amor.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">El proceso de la vida espiritual va de la dispersi\u00f3n de los apetitos, pasiones, afectos y deseos a la unificaci\u00f3n de todos en una voluntad que se manifiesta en pura ansia y deseo de Dios. Por eso el Santo distingue entre \u201cdeseo\u201d y \u201cdeseos\u201d: \u201cNiega tus deseos y hallar\u00e1s lo que desea tu coraz\u00f3n\u201d (Av 15). Hay un deseo esencial, abisal en el ser humano; una fuerza infinita que tiende y lo arrastra hacia su destino \u00faltimo y plenificante, pero para ello hay que acallar los \u201cdeseos\u201d, que dispersan y desparraman a la persona, y as\u00ed poder percibir ese deseo \u00fanico, verdadero y sobre todo unificante para el hombre. Un deseo originario y originante que tiene su orientaci\u00f3n y destino: Dios, y que el alma \u201ccon grande deseo desea\u201d (CB 17,8; cf. CB 12,2; 13,3).<\/span><\/p>\n<h3><span style=\"font-size: 12pt;\">I. El hombre, ser de deseos<\/span><\/h3>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">El hombre, tal como lo describe J. de la Cruz, es un ser abierto a Dios, al Infinito, por naturaleza y por gracia. Es \u201cuna hermos\u00edsima y acabada imagen de Dios\u201d (S 1,9,1); capaz de comunicaci\u00f3n con el Dios que \u201cest\u00e1 siempre en el alma d\u00e1ndole y conserv\u00e1ndole el ser\u201d (S 2,5,4). El \u00a0hombre sanjuanista est\u00e1 total y radicalmente orientado hacia Dios pues en \u00c9l \u201ctiene su vida y ra\u00edz\u201d (CB 39,11; cf. CB 38; LlB 4, 5-6); el ser humano tiene \u201csu vida radical y naturalmente &#8230; en Dios, seg\u00fan aquello de san Pablo que dice: en \u00e9l nos movemos y somos; es decir: en Dios tenemos nuestra vida y nuestro movimiento y nuestro ser\u201d (CB 3, 8). Desde esta perspectiva Dios es el objeto de los deseos del \u201calma enamorada del Verbo Hijo de Dios, su Esposo, deseando unirse con \u00e9l por clara y esencial visi\u00f3n, propone sus ansias de amor\u201d (CB 1,2). El <em>C\u00e1ntico espiritual <\/em>es ardiente tensi\u00f3n deseante y ansia infinita de conquistar a \u201cAquel que yo m\u00e1s quiero\u201d, de ver su esencia, que ser\u00e1 lo \u00fanico que apague sus deseos.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">Para el Santo el hombre es un ser deficitario, incompleto, a\u00fan por hallar su plena realizaci\u00f3n. Eso hace que lleve inscrito en s\u00ed mismo un dinamismo de apertura, de tensi\u00f3n, de anhelo, que lo proyecta m\u00e1s all\u00e1 de s\u00ed mismo, autotrascendi\u00e9ndose continuamente y buscando con todo su ser la plena realizaci\u00f3n de s\u00ed mismo, el cumplimiento de su perfecci\u00f3n.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">El deseo, como dinamismo radicado en la entra\u00f1a de lo humano, se inscribe en el n\u00facleo mismo de esta apertura y tensi\u00f3n del hombre, y las expresa fielmente.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">Pero los deseos concretos que el hombre vive no siempre son expresi\u00f3n aut\u00e9ntica y genuina de su apertura radical y de su tensi\u00f3n ontol\u00f3gica. A veces el hombre cultiva deseos que contradicen abiertamente lo que deber\u00eda ser su apertura y su orientaci\u00f3n. De ah\u00ed la necesidad permanente de discernir y purificar. La purificaci\u00f3n de la noche oscura lleva al ser humano al encuentro de sus deseos m\u00e1s verdaderos y aut\u00e9nticos.<\/span><\/p>\n<h3><span style=\"font-size: 12pt;\">II. Dios, inspirador de los deseos<\/span><\/h3>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">Seg\u00fan el <em>C\u00e1ntico espiritual<\/em>, los deseos se encienden en el alma, con toda su ansia y ardor, cuando \u00e9sta cae \u201cen cuenta\u201d (CB 1,1) de lo que es Dios para ella. Es el primer encuentro con el Amado que suscita su atracci\u00f3n y b\u00fasqueda como sumo bien del alma al que tiende con un deseo irreprimible de poseerle y gozarle. Los deseos del alma giran en torno al Dios que la ha dejado \u201cherida de amor\u201d y al que ha descubierto como raz\u00f3n \u00fanica y \u00faltima de su existencia. Para el Santo, Dios est\u00e1 a la base de los deseos del alma, siendo \u00c9l mismo el inspirador, el que se los suscita y el que se los fomenta; la persona tiene la responsabilidad de poner de su parte el realizarlos: \u201cHu\u00e9lgome de que Dios le haya dado tan santos deseos, y mucho m\u00e1s me holgar\u00e9 que los ponga en ejecuci\u00f3n\u201d (Ct a un carmelita descalzo: Segovia 14.4.1589).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">Dios es el que hace entender, sentir y desear a las almas enamoradas hasta un nivel que raya con la inefabilidad: \u201cPorque, \u00bfqui\u00e9n podr\u00e1 escribir lo que a las almas amorosas donde \u00e9l mora, hace entender? Y, \u00bfqui\u00e9n podr\u00e1 manifestar con palabras lo que las hace sentir? Y, \u00bfqui\u00e9n, finalmente, lo que las hace desear? Cierto, nadie lo puede\u201d (CB pr\u00f3l. 1).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">La pedagog\u00eda de Dios consiste en dar m\u00e1s para acrecentar los deseos del alma para conseguir mayores provechos: \u201cLo ha hecho Su Majestad para aprovecharla m\u00e1s; porque, cuando m\u00e1s quiere dar, tanto m\u00e1s hace desear\u201d (Ct a Leonor de San Gabriel: 8.7.1589). El alma que pena por verle pide al Amado que le descubra su presencia, \u201cen la cual le mostr\u00f3 algunos profundos visos de su divinidad y hermosura, con la que la aument\u00f3 mucho m\u00e1s el deseo de verle y fervor\u201d (CB 11,1). Estas comunicaciones de \u201cciertos visos entreoscuros de su divina hermosura &#8230; hacen tal efecto en el alma, que la hace codiciar y desfallecer en deseo de aquello que siente encubierto all\u00ed en aquella presencia\u201d (CB 11, 4).<\/span><\/p>\n<h3><span style=\"font-size: 12pt;\">III. Dimensi\u00f3n teologal del deseo<\/span><\/h3>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">Aunque recurre con frecuencia en todos los escritos sanjuanistas el vocablo en cuesti\u00f3n, resulta algo predominante en el <em>C\u00e1ntico espiritual<\/em>. Esta obra gira constantemente en torno a los deseos como el gran resorte que mueve al alma en todo el proceso de b\u00fasqueda del Amado. Los deseos en el <em>C\u00e1ntico <\/em>son expresi\u00f3n de una necesidad, de una carencia, de una ausencia; todo se desarrolla entre el alma deseante y el Dios deseado, como tensi\u00f3n dial\u00e9ctica entre las ansias de la ausencia y la posesi\u00f3n o satisfacci\u00f3n.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">Desde la primera estrofa del CE, los deseos est\u00e1n en estrecha relaci\u00f3n con la b\u00fasqueda del Amado. Despu\u00e9s de haber sido \u201cherida de amor\u201d, comienza un proceso de b\u00fasqueda impulsado y orientado por el deseo de \u201cunirse con la divinidad del Verbo\u201d (CB 1,5). El t\u00e9rmino u objeto deseado por el alma enamorada se presenta con diversidad de nombres y matices, pero siempre en clave teologal. Las referencias m\u00e1s frecuentes y destacadas son las siguientes: <em>Dios<\/em>. A menudo la meta teologal del deseo humano se expresa con el t\u00e9rmino gen\u00e9rico de \u201cDios\u201d (N 1,11,1; 2,7,7; 2,11,5; 2,20,1; CB 7,6; 12,9; 20,11; 25,5; 28,5; LlB 3,19; 3,23. 26). <em>Cristo-Amado<\/em> <em>Esposo. <\/em>El deseo de Dios se realiza en Cristo, \u00fanica mediaci\u00f3n plena del encuentro con Dios. De ah\u00ed la frecuencia con que nos habla del deseo que el alma tiene con respecto a Cristo, el Amado, el Esposo (CB 1,8.10; 11,12; 13,3; 36,3). Variaci\u00f3n de la misma expresi\u00f3n es la de \u201cpadecer por el Amado\u201d (CB 25,7; 36,12-13). <em>Uni\u00f3n con Dios. <\/em>El deseo teologal se concreta en un anhelo intenso de encuentro personal, de comuni\u00f3n plena, de uni\u00f3n con el Amado (CB 1,2.5; 12,2; 17,1; 20,3.11; N 2,21,2; LlB 3,26). A la misma categor\u00eda puede reducirse el deseo del \u201cmatrimonio espiritual\u201d (CB 22,2; 4,7). <em>Cumplimiento y perfecci\u00f3n del amor<\/em>. Si el \u00fanico medio de realizar esa comuni\u00f3n plena que es la uni\u00f3n con el Amado es el amor (LB 1,13), es l\u00f3gico que el deseo espiritual se exprese genuinamente como un deseo del amor m\u00e1s perfecto y consumado, (CB 9,6.7; 20,3; 38,2.3; N 2,9-10; 2,19,4; LlB 1,36; 3,28; Ct 13).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\"><em>Los bienes espirituales aut\u00e9nticos<\/em>. Encontramos aqu\u00ed una amplia gama de t\u00e9rminos y expresiones que expresan en su esencia lo mismo: \u201caquello\u201d (S 2,4.6; CB 11,4; 38,6); \u201cvida de Dios\u201d (CB 8,2); \u201caire del Esp\u00edritu Santo\u201d (CB 17,9); \u201ccomunicaci\u00f3n de Dios\u201d (CB 19,1.5); \u201csabidur\u00eda divina\u201d (CB 36,13); \u201csalud espiritual\u201d (CB 10,1); \u201cgracia\u201d (CB 11,5); \u201cpaz y consuelo\u201d (Av 79). <em>Libertad aut\u00e9ntica <\/em>(N 2,9,2; 22,1, i.). <em>La muerte<\/em>, como condici\u00f3n de paso indispensable para la consumaci\u00f3n plena del encuentro con el Amado (CB 11,7.9.10; 36,2; LlB 1,2; 1,31; Ct. 21). En el fondo, todas las f\u00f3rmulas y realidades pueden sintetizarse en \u00e9sta: deseo de la <em>plena transformaci\u00f3n en Cristo<\/em>, como meta y fruto logrado del encuentro decisivo con \u00e9l (CB 12,12; 13, 2; 36, entera; 37,1; 40,1; LlB 1,1).<\/span><\/p>\n<h3><span style=\"font-size: 12pt;\">IV. Deseo infinito: \u201cprofundas cavernas\u201d<\/span><\/h3>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">El camino hacia la uni\u00f3n con Dios, como proceso de armonizaci\u00f3n del caudal y \u00a0fortaleza del alma, lleva a tal reordenaci\u00f3n de los deseos, apetitos, pasiones, aficiones y potencias, que la tensi\u00f3n ansiosa de Dios se vuelve totalizante e infinita, pues \u201chacia el cielo se ha de abrir la boca del deseo, vac\u00eda de cualquiera llenura\u201d. El deseo se va concentrando en un \u00fanico objeto, cuando se halla vac\u00edo de todo, y se vuelve deseo infinito de Dios, como anhelo de la totalidad. El comentario a la estrofa 17 del <em>C\u00e1ntico <\/em>comienza hablando de lo aflictivas y penosas que son al alma las ausencias de su Amado; la raz\u00f3n es que \u201ccomo ella est\u00e1 con aquella gran fuerza de deseo abisal por la uni\u00f3n con Dios, cualquiera entretenimiento le es grav\u00edsimo y molesto; bien as\u00ed como a la piedra cuando con grande \u00edmpetu y velocidad va llegando hacia su centro, cualquiera cosa en que topase y la entretuviese en aquel vac\u00edo le ser\u00eda muy violenta\u201d (CB 17,1). Un deseo abisal, infinito, lleva al alma con gran fuerza y velocidad hacia su centro que es Dios.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">Con la imagen de las <em>profundas <\/em>\u00a0<em>cavernas<\/em>, que son memoria, entendimiento y voluntad, presenta el Santo la capacidad infinita de desear y de recibir que tiene el ser humano. Estas cavernas son capaces de grandes bienes, \u201cpues no se llenan con menos que el infinito\u201d (LlB 3,18). Cuando est\u00e1n vac\u00edas y purgadas de toda afecci\u00f3n de criatura, el entendimiento es sed de Dios; la voluntad es hambre de Dios, de la purgaci\u00f3n de amor que ella desea; y el vac\u00edo de la memoria es \u201cdeshacimiento y derretimiento del alma por la posesi\u00f3n de Dios\u201d (LlB 3,21). Las profundas cavernas, vac\u00edas y limpias, son ansia, sed, hambre, deseo vehemente, intolerable e infinito de Dios (LlB 3,19-22).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">Los grados de amor que el Santo comenta en N 2,19-20, son una tensi\u00f3n deseante y progresiva del alma, hasta llevarla a su meta, que es la asimilaci\u00f3n a Dios. El amor inflama al alma y la enciende en tales deseos de Dios, que la hace \u201capetecer y codiciar a Dios impacientemente &#8230; y, cuando se ve frustrado su deseo, lo cual es casi a cada paso, desfallece en su codicia\u201d (N 2,19,5).<\/span><\/p>\n<h3><span style=\"font-size: 12pt;\">V. Los \u201cdeseos\u201d de Dios<\/span><\/h3>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">No s\u00f3lo el hombre es un ser de deseos, tambi\u00e9n Dios tiene sus deseos con respecto al ser humano. El \u00fanico deseo de Dios coincide con lo que \u201cel alma pretende, que es el matrimonio espiritual &#8230; Por lo cual, para venir a \u00e9l, ha menester ella estar en el punto de pureza, fortaleza y amor competente\u201d. El Esp\u00edritu Santo, que es el que interviene y hace esta junta espiritual\u201d (CB 20,1; cf. 22,2), interviene para que el alma tenga las virtudes fuertes y la fe necesaria para tan alto estado. Para esto la esposa ha de ser rescatada de la sensualidad y el demonio. Deseo del Esposo, que es directamente proporcional al gozo de verla liberada: \u201cTanto era el deseo que el Esposo ten\u00eda de acabar de libertar y rescatar esta su esposa de las manos de la sensualidad y del demonio, que ya que lo ha hecho, como lo ha hecho aqu\u00ed, de la manera que el buen Pastor se goza con la oveja sobre sus hombres&#8230; as\u00ed este amoroso Pastor y Esposo del alma es admirable cosa de ver el placer que tiene y gozo de ver al alma ya as\u00ed ganada y perfeccionada, puesta en sus hombros y asida con sus manos en esta deseada junta y uni\u00f3n\u201d (CB 22,1).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">Los deseos de Dios respecto al hombre no brotan, sin embargo, de su necesidad sino del amor y la gratuidad: \u201cTodas nuestras obras y todos nuestros trabajos, aunque sea lo m\u00e1s que pueda ser, no son nada delante de Dios; porque en ellas no le podemos dar nada ni cumplir su deseo, el cual s\u00f3lo es de engrandecer al alma. Para s\u00ed nada de esto desea, pues no lo ha menester, y as\u00ed, si de algo se sirve, es de que el alma se engrandezca; y como no hay otra cosa en que m\u00e1s la pueda engrandecer que igual\u00e1ndola consigo, por eso, solamente se sirve de que le ame\u201d (CB 28,1).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">El gran deseo de Dios es engrandecer al alma, llevarla a la igualdad de amor, al \u201caspirar del aire\u201d del que nace en el alma \u201cla dulce voz de su Amado a ella\u201d (CB 39,8), es decir, el \u201ccanto de la dulce \u00a0filomena\u201d, que es la voz del Esposo que ella siente en su interior y tambi\u00e9n la suya como \u201ccanto de jubilaci\u00f3n a Dios &#8230; Que por eso, \u00e9l da su voz a ella, para que ella en uno le d\u00e9 junto con \u00e9l a Dios, porque esa es la pretensi\u00f3n y deseo de \u00e9l, que el alma entone su voz espiritual en jubilaci\u00f3n de Dios &#8230; Los o\u00eddos de Dios significan aqu\u00ed los deseos de Dios de que el alma le d\u00e9 esta voz de jubilaci\u00f3n perfecta\u201d (CB 39,9). No s\u00f3lo desea el \u00a0Esposo esta voz del alma sino tambi\u00e9n permanecer como un dibujo grabado en su interior, \u201cporque con eso se contenta grandemente el Amado; que, por eso, deseando \u00e9l que le pusiese la Esposa en su alma como dibujo, le dijo en los Cantares: Ponme como se\u00f1al sobre tu coraz\u00f3n, como se\u00f1al sobre tu brazo\u201d (8,6: CB 12,8).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">Los grandes deseos que Dios tiene de engrandecer y regalar al alma se manifiestan en las muchas mercedes, divinas inspiraciones y toques que de \u00e9l recibe. Entre estas gracias est\u00e1 la \u00a0<em>llaga regalada <\/em>que hace el \u00a0Esp\u00edritu Santo \u201cs\u00f3lo a fin de regalar, y como su deseo y voluntad de regalar el alma es grande, grande ser\u00e1 la llaga, porque grandemente sea regalada\u201d (LlB 2,7). Pero \u00bfcu\u00e1l es el deseo de Dios con estas mercedes? Disponerla para engrandecerla m\u00e1s: \u201cY as\u00ed, ha de entender el alma que el deseo de Dios en todas estas mercedes que le hace en las unciones y olores de sus ung\u00fcentos es disponerla para otros m\u00e1s subidos y delicados ung\u00fcentos, m\u00e1s hechos al temple de Dios, hasta que venga en tan delicada y pura disposici\u00f3n, que merezca la uni\u00f3n de Dios y transformaci\u00f3n sustancial en todas sus potencias\u201d (LlB 3,28).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">En la <em>Llama de amor viva<\/em>, al hablar de los directores espirituales, que por no entender meten su \u201ctosca mano donde Dios obra\u201d estorbando la acci\u00f3n de Dios, el Santo presenta otro de los deseos de Dios que es \u201cpoderles hablar al coraz\u00f3n, que es lo que \u00e9l siempre desea, tomando ya \u00e9l la mano, siendo ya \u00e9l el que en el alma reina con abundancia de paz y sosiego\u201d (LlB 3,54).<\/span><\/p>\n<h3><span style=\"font-size: 12pt;\">VI. Dios, cumplidor de los deseos humanos<\/span><\/h3>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">En dos sentidos puede entenderse este enunciado: en cuanto Dios es el que cumple, el que lleva a consumaci\u00f3n los deseos del alma; en cuanto Dios es, en s\u00ed mismo, el cumplimiento o realizaci\u00f3n de los deseos, el objeto que satisface y colma con creces los deseos del ser humano.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">Como ser de deseos que es, el hombre est\u00e1 ante Dios \u201ccomo vaso vac\u00edo que espera su lleno\u201d (CB 9,6). Su larga y fatigosa aventura existencial le va demostrando c\u00f3mo con las criaturas \u201cnunca se satisface\u201d (S 1,6, 6; cf. CB 6,4), antes al contrario, crece su desventura. Por eso, podr\u00e1 confesar, ya rendido ante la evidencia, \u201cnada podr\u00e1 satisfacerme\u201d (CB 6, 3). Desde esta convicci\u00f3n, la apertura teologal hacia Dios aparece como el \u00fanico camino posible hacia la plena realizaci\u00f3n humana, pues s\u00f3lo Dios \u201cbasta a satisfacer su necesidad\u201d, y as\u00ed ya \u201cno pretende otra satisfacci\u00f3n y consuelo fuera de \u00e9l\u201d (CB 10,6). El hombre no se satisface con menos que de infinito. Las potencias del alma \u201cson profundas cuanto de grandes bienes son capaces, pues no se llenan con menos que infinito\u201d (LlB 3,18). Por eso los deseos del alma no se colman m\u00e1s que con Dios, pues fuera de \u00c9l todo le resulta estrecho (Ct. a un carmelita descalzo: Segovia, 14.4.1589). Dios en s\u00ed mismo es el \u00fanico que puede satisfacer plenamente los deseos del alma y darle hartura: \u201cY as\u00ed parece que, si el alma cuanto m\u00e1s desea a Dios m\u00e1s le posee, y la posesi\u00f3n de Dios da deleite y hartura al alma&#8230; tanto m\u00e1s de hartura y deleite hab\u00eda el alma de sentir aqu\u00ed en este deseo cuanto mayor es el deseo\u201d (LlB 3, 23). Hartura que causa el Esp\u00edritu Santo que es \u201ccomo aguas de vida que hartan la sed del esp\u00edritu con el \u00edmpetu que \u00e9l desea\u201d (LlB 3,8).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">En la canci\u00f3n 34 del <em>C\u00e1ntico <\/em>aparecen dos textos en los que se ve con claridad c\u00f3mo en su Esposo el alma ve cumplidos sus deseos y puede cantar \u201cla buena dicha que ha tenido en hallar a su Esposo en esta uni\u00f3n, y le da a entender el cumplimiento de los deseos suyos y deleite y refrigerio que en \u00e9l posee\u201d (CB 34,2). Pero no s\u00f3lo el alma canta la dicha de hallar en su Esposo cumplida satisfacci\u00f3n de sus deseos, tambi\u00e9n lo hace el Esposo cantando \u201cel fin de sus fatigas y el cumplimiento de los deseos de ella, diciendo que ya la tortolica, \/ al socio deseado, \/ en las riberas verdes ha hallado\u201d (CB 34,6). Al final de su aventura espiritual, le queda el convencimiento profundo, basado en la propia experiencia, de que el coraz\u00f3n humano \u201cno se satisface con menos que Dios\u201d (CB 35,1), pues Dios es para \u00e9l \u201cla fuente que solamente le pod\u00eda hartar\u201d (S 3,19,7).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">Un texto sanjuanista, referido a Dios, como cumplidor de los deseos humanos que no puede faltar; resulta curioso e interesante en su formulaci\u00f3n. Viene a decir que Dios cumple los deseos del ser humano, pero no lo hace al modo formal que el hombre piensa o entiende, pero s\u00ed al modo \u201cformal que \u00e9l deseaba\u201d. Dios le cumple los deseos mucho m\u00e1s satisfactoriamente de lo que \u00e9l mismo puede esperar, pero a su modo y por formas insospechadas. Es larga la cita, pero vale la pena: \u201cEst\u00e1 un alma con grandes deseos de ser m\u00e1rtir. Acaecer\u00e1 que Dios le responda diciendo: \u2018T\u00fa ser\u00e1s m\u00e1rtir\u2019, y le d\u00e9 interiormente gran consuelo y confianza que lo ha de ser. Y, con todo acaecer\u00e1, que no muera m\u00e1rtir y ser\u00e1 la promesa verdadera. Pues, \u00bfc\u00f3mo no se cumpli\u00f3 as\u00ed? Porque se cumplir\u00e1 y podr\u00e1 cumplir seg\u00fan lo principal y esencial de ella, que ser\u00e1 d\u00e1ndole el amor y premio de m\u00e1rtir esencialmente; y as\u00ed, le da verdaderamente al alma lo que ella formalmente deseaba y lo que \u00e9l la prometi\u00f3. Porque el deseo formal del alma era, no aquella manera de muerte, sino hacer a Dios aquel servicio de m\u00e1rtir y ejercitar el amor por \u00e9l como m\u00e1rtir. Porque aquella manera de morir, por s\u00ed no vale nada sin este amor, el cual amor y ejercicio y premio de m\u00e1rtir le da por otros medios muy perfectamente; de manera que, aunque no muera como m\u00e1rtir, queda el alma muy satisfecha en que le dio lo que ella deseaba. Porque tales deseos, cuando nacen de vivo amor y otros semejantes, aunque no se les cumpla de aquella manera que ellos los pintan y los entienden, c\u00fampleseles de otra y muy mejor y m\u00e1s a honra de Dios que ellos sab\u00edan pedir\u201d (S 2,19,13).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">En una carta a do\u00f1a Ana de Pe\u00f1alosa, La Pe\u00f1uela, 21.9.1591, hace tambi\u00e9n alusi\u00f3n a Dios como el que cumple los deseos del alma: \u201cHeme holgado mucho que el se\u00f1or don Luis sea ya sacerdote del Se\u00f1or. Ello sea por muchos a\u00f1os, y Su Majestad le cumpla los deseos de su alma\u201d.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">Con todo, para J. de la Cruz el cumplimiento pleno de los deseos del coraz\u00f3n humano, en esta vida, es solamente relativo. Mientras vivamos de este lado de la realidad se puede vivir solamente \u201ccon alguna satisfacci\u00f3n, aunque no con hartura\u201d (CB 1,14). S\u00f3lo en el cielo, cuando el ser humano alcance su plenitud total en Dios, alcanzar\u00e1 la hartura plena y el cumplimiento perfecto de todos sus deseos. S\u00f3lo all\u00ed, \u201ctodos est\u00e1n contentos, porque tienen satisfecha su capacidad\u201d (S 2,5,10). Y as\u00ed puede el Santo hacer suya la exclamaci\u00f3n del Salmista: \u201cCuando pareciere tu gloria me hartar\u00e9\u201d (CB 1,14; cf. LB 1, 27). Es de notar la gama de verbos que, en una sola cita, acumula el Santo para describir la acci\u00f3n de Dios en el coraz\u00f3n humano: henchir, hartar, acompa\u00f1ar, sanar, dar asiento y reposo cumplido (cf. CB 9,7).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">Y es que, como \u00e9l mismo se complace en recordar para el alma ansiosa, s\u00f3lo el Amado es \u201ctu hartura\u201d (CB 9,7).<\/span><\/p>\n<h3><span style=\"font-size: 12pt;\">Conclusi\u00f3n<\/span><\/h3>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">El deseo en la obra sanjuanista es clave para entender todo el proceso espiritual del alma. Los deseos son vislumbres de las posibilidades m\u00faltiples que yacen en nuestro ser. La propuesta sanjuanista es la de una orientaci\u00f3n radical de todo el ser humano, y sus dinamismos hacia la b\u00fasqueda de Dios y el encuentro plenificante con \u00e9l.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">Podr\u00edamos concluir, pues, con este sugerente texto del Santo: \u201cPero, \u00a1v\u00e1lgame Dios!, pues que es verdad que, cuando el alma desea a Dios con entera verdad, tiene ya al que ama &#8230; y as\u00ed parece que, si el alma cuanto m\u00e1s desea a Dios m\u00e1s le posee, y la posesi\u00f3n de Dios da deleite y hartura al alma, &#8230; tanto m\u00e1s de hartura y deleite hab\u00eda el alma de sentir aqu\u00ed en este deseo, cuanto mayor es el deseo\u201d (LlB 3,23).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">La m\u00edstica sanjuanista, es la del deseo aguijoneado por la esperanza que le hace capaz de infinito, \u201cporque esperanza de cielo\/ tanto alcanza cuanto espera;\/ esper\u00e9 solo este lance, \/ y en esperar no fui falto, \/ pues fui tan alto tan alto, \/ que le di a la caza alcance\u201d (Po 10, 31-36). Arde el deseo del alma en ansias de posesi\u00f3n de Dios que le llevan a cantar: \u201c\u00a1Oh cristalina fuente, \/ si en esos tus semblantes plateados\/ formases de repente\/ los ojos deseados\/ que tengo en mis entra\u00f1as dibujados\u201d (CB 12). No se puede expresar mejor la infinita tensi\u00f3n deseante que quedar\u00e1 plenamente saciada cuando el alma vea la gloria de Dios, su \u201cpresencia y figura\u201d, mientras tanto su deseo vive entre la satisfacci\u00f3n sin hartura y la frustraci\u00f3n de lo deseado (CB 11,4).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">BIBL. \u2014 MAR\u00cdA DEL SAGRARIO ROLL\u00c1N ROLL\u00c1N, <em>\u00c9xtasis y purificaci\u00f3n del deseo<\/em>, Instituci\u00f3n Gran Duque de Alba, \u00c1vila 1991.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\"><em>Miguel F. de Haro Iglesias<\/em><\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La frecuencia con que aparecen en los escritos sanjuanistas el verbo \u201cdesear\u201d (276) y el sustantivo deseo (154), dan una idea de su importancia. Con todo, el Santo no ofrece una definici\u00f3n t\u00e9cnica del deseo. 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