{"id":3007,"date":"2015-01-06T11:22:03","date_gmt":"2015-01-06T17:22:03","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=3007"},"modified":"2021-01-06T11:26:30","modified_gmt":"2021-01-06T17:26:30","slug":"pecado","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=3007","title":{"rendered":"Pecado"},"content":{"rendered":"<p><span style=\"font-size: 12pt;\">Para no distorsionar la vivencia o doctrina de cuanto T nos dice sobre este misterio del mal, son precisas al menos dos observaciones: 1\u00aa) que la experiencia aguda de sus faltas nos la presenta Teresa como reflejo autobiogr\u00e1fico de las crisis pasadas por ella, especialmente en Vida (1565); y 2\u00aa) que su postura ante lo que ella denomina \u00abmis grandes pecados\u00bb (V pr\u00f3l., 1) no admite una interpretaci\u00f3n simple, moralista, sino una ex\u00e9gesis espiritual, acorde con las luces que la Santa va recibiendo hasta su \u00abconversi\u00f3n m\u00edstica\u00bb, que podemos situar en 1554 cuando ella frisa la madurez de sus 40 a\u00f1os.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">Carecemos de las Relaciones de \u00absus pecados\u00bb dadas a ciertos confesores antes de esta fecha y que fueron mal interpretadas por Daza y Salcedo. Por eso sus alusiones personales o doctrinales al pecado son las que hallamos actualmente en sus escritos. Estos han sido objeto frecuente de hermen\u00e9utica por cuantos nos introducen en su vida y pensamiento. No todos concuerdan en precisar los matices exactos, seg\u00fan los criterios que aplican a la reviviscencia hipersensible de la Santa sobre su dial\u00e9ctica de entrega total a Dios: abandon\u00e1ndose del todo a su voluntad, por su amor exclusivo a Cristo, y acabando por rendir su yo a los planes que la misericordia divina le va concediendo realizar desde la oraci\u00f3n totalizante en que se le comunican el camino, la verdad y la vida.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">Esto no empece nuestro intento, adecuado al estilo sint\u00e9tico de esta presentaci\u00f3n, de poner un poco de orden l\u00f3gico en el abundante rimero de ideas, sentimientos, alusiones y afirmaciones sobre lo que la Santa dice en torno a \u00absus\u00bb o \u00abnuestros\u00bb pecados. Tarea nada f\u00e1cil, pues manda aqu\u00ed la experiencia intransferible, diacr\u00f3nica o sincr\u00f3nica, sobre cualquier esquema ajeno que se adopte. Damos un breve gui\u00f3n f\u00e1cilmente asequible a cualquier lector, m\u00e1xime si est\u00e1 familiarizado ya con la lectura teresiana.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">\u00abSomos pecadores\u00bb<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">A diferencia de otros santos, por ejemplo Teresa de Lisieux que llega en la noche tard\u00eda de la fe a compartir la \u00abmesa de los pecadores\u00bb (Ms C, 5-7), nuestra Santa de \u00c1vila patenta su pertenencia a la Iglesia de pecadores (LG 8; UR 3) como una realidad sentida desde sus albores adolescentes. Inteligente y extrovertida, sin miedos paralizantes ni escr\u00fapulos clarificados hasta m\u00e1s tarde, se entrega a lecturas caballerescas que hurta a su madre c\u00f3mplice (V 2,1) y se abre al amor fant\u00e1stico con que su coraz\u00f3n despierta a una afectividad h\u00e9terosexual, idealizada y m\u00e1s curiosa que morbosa, a la edad de 14 a\u00f1os.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">Al repasar su vida despu\u00e9s, enfatizar\u00e1 estas \u00abaficiones\u00bb o \u00abamistades\u00bb iniciales como \u00abpeligrosas\u00bb (V 2,6): por su \u00absagacidad\u00bb para continuarlas, pese a que su padre se las \u00abreprend\u00eda\u00bb (V 2,4), o como \u00abpasatiempos\u00bb de \u00abvanidad\u00bb y \u00abhalago\u00bb de s\u00ed misma (V 2,2). No parece que al recordar los \u00abgrandes pecados que he hecho\u00bb (V 20,13; cf V 9,3.9;), se refiera precisamente a estos escarceos amorosos de su primavera. Su conciencia todav\u00eda en ciernes no \u00abadvert\u00eda\u00bb entonces m\u00e1s malicia en ello que la \u00abdeshonra\u00bb posible. Y esto la bast\u00f3 para \u00abque del todo no me perdiese\u00bb (V 2,6).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">La decisi\u00f3n de su padre de internarla en las Agustinas de Gracia debi\u00f3 aumentar su complejo de culpabilidad (\u00abprocuraba confesarme con brevedad\u00bb), m\u00e1xime que las amistades de fuera persist\u00edan en recordarle sus cari\u00f1os (V 2,8) y los mismos confesores \u00abme dec\u00edan no iba contra Dios\u00bb (ib 9).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">Todo juicio moral que intente precisar objetivamente esas an\u00e9cdotas afectivas de adolescencia quedar\u00e1 en simples y vanas conjeturas. La protagonista que hace el relato no es ya el sujeto que era, sino quien ha pasado por otras experiencias m\u00edsticas bajo cuya luz se refractan toda la vida anterior y las \u00abadvertencias\u00bb a sus lectores (\u00abpara que se vea la misericordia de Dios y mi ingratitud\u00bb: V 8,4).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">Este criterio puede aplicarse al episodio con el sacerdote de Becedas que se aficiona \u00aben extremo\u00bb a la inocente novicia (V 7,4) y al que ella (\u00abcomo era tan ni\u00f1a\u00bb) sigue la corriente natural para al fin deshacer el entuerto ajeno en que estaba enredado: \u00abjam\u00e1s pretend\u00ed hacer mal\u00bb (V 7,5)&#8230; \u00abporque aquella afici\u00f3n grande que me ten\u00eda nunca entend\u00ed ser mala, aunque pudiera ser con m\u00e1s puridad\u00bb (ib 6).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">Lo mismo se diga de su \u00abperdida vida\u00bb en los primeros a\u00f1os de La Encarnaci\u00f3n, despu\u00e9s de verse sanada de su enfermedad y haber comenzado a gustar de la oraci\u00f3n a solas con Dios. Califica este per\u00edodo como un andar \u00abde pasamiento en pasamiento, de vanidad en vanidad, de ocasi\u00f3n en ocasi\u00f3n&#8230; y andar tan estragada mi alma en muchas vanidades que ya yo ten\u00eda verg\u00fcenza de, en tan particular amistad como es tratar de oraci\u00f3n, tornarme a llegar a Dios\u00bb (V 7,1). La pretensi\u00f3n de restarle a Dios lo que \u00e9l le ped\u00eda como m\u00e1s perfecto \u00abve\u00eda yo muy claro\u00bb ser cosa del demonio; pero se disculpa con acomodarse al com\u00fan parecer de confesores (V 6,4) y al \u00abestilo\u00bb campante entre muchas religiosas (V 7,1.6).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">\u00bfDe d\u00f3nde le viene entonces la conciencia de sus infidelidades y la necesidad de sentirse pecadora? Sin duda alguna de las mismas gracias que recibe de Dios en la oraci\u00f3n. Este es el prop\u00f3sito conjunto y expl\u00edcito que tiene al iniciar su autobiograf\u00eda: la dial\u00e9ctica entre \u00abmis grandes pecados y ruin vida\u00bb y \u00abel modo de oraci\u00f3n y las mercedes que el Se\u00f1or me ha hecho\u00bb (V pr\u00f3l. 1). Piensa que Domingo B\u00e1\u00f1ez y Garc\u00eda de Toledo, a quienes conf\u00eda contagiosamente el relato de los favores divinos hechos a una \u00abcosa tan miserable\u00bb (V 37,1), la re\u00f1ir\u00e1n si no se modera al \u00abcontar mis pecados\u00bb (V 5,11). Pero ella no deja de simultanear el contrapunto entre \u00ablas mercedes que el Se\u00f1or le hab\u00eda hecho y cu\u00e1n perdida vida comenz\u00f3 a tener\u00bb (V 7, t\u00edt.). Es m\u00e1s, no tiene ning\u00fan escr\u00fapulo en magnificar sus culpas y pecados: \u00abDe mis culpas no quite nada, pues se ve aqu\u00ed m\u00e1s la magnificencia de Dios\u00bb (V 5,11); \u00absuplico, por amor del Se\u00f1or, [que] lo que he dicho hasta aqu\u00ed de mi ruin vida y pecados, lo publiquen\u00bb (V 10,7).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">Este prop\u00f3sito teresiano de exagerar su \u00abruin vida\u00bb nos debe poner en cautela para no tomar una parte por el todo, pues T misma nos dice que fue en ella una inclinaci\u00f3n \u00aben extremo\u00bb negativa (V 31,15). Lleg\u00f3 a pensar que \u00abcuantos males y herej\u00edas se hab\u00edan levantado, me parec\u00edan eran por mis pecados\u00bb (V 30,8). Por tanto, si olvidar la afirmaci\u00f3n juanina de creer que si \u00abno tenemos pecado ser\u00eda mentira\u00bb (C 15,4), nos queda como criterio sensato y v\u00e1lido que \u00abesto de los pecados y conocimiento propio es el pan con que todos los manjares se han de comer\u00bb (V 13,l5).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">a) La ra\u00edz de nuestra miseria: T apenas notifica la consistencia teol\u00f3gica de sus pecados: son esencialmente \u00abofensas\u00bb a la \u00abamistad\u00bb de Dios (V 8,5; passim), un \u00abatrevimiento\u00bb osado contra la \u00abMajestad divina\u00bb (V 40,4.11). No lo dice de o\u00eddas sino de propio sentimiento, y en ese \u00abgran mal\u00bb (V 2,11) engloba ella \u00abocasiones\u00bb, pecados \u00abveniales\u00bb y \u00abmortales\u00bb, que nos distancian de \u00abeste gran Dios [que] no nos ha dejado de amar&#8230; aunque le hayamos mucho ofendido\u00bb (V 10,4). Las diferencias morales importan poco cuando \u00abnos buscamos a nosotros mismos\u00bb en vez de agradar a Dios con el amor debido (F 6,21).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">Pero la Santa se pregunta: \u00ab\u00bfC\u00f3mo es posible&#8230; que tan olvidados est\u00e9n los mortales de Vos cuando os ofenden?\u00bb (E 3,1). \u00abSomos miserables\u00bb, se responde (V 15,3). Una miseria enraizada en el \u00abmucho da\u00f1o que nos hizo el primer pecado\u00bb (V 30,16; M 4,1,11). Por este \u00abpecado de Ad\u00e1n\u00bb ha \u00abpagado Jes\u00fas bastant\u00edsimamente\u00bb (C 3,8), pero nos quedan despu\u00e9s del bautismo las secuelas del \u00abgran mal que nos vino por el pecado de Ad\u00e1n\u00bb (R 5,16). Y as\u00ed precisamos cautela para superar sus efectos nocivos: \u00ab\u00a1Oh desventurada miseria humana, que quedaste tal por el pecado, que aun en lo bueno hemos menester tasa!\u00bb (F 6,4).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">b) Pecados veniales: T \u00absabe\u00bb que de tales pecados, excepto \u00abs\u00f3lo nuestra Se\u00f1ora\u00bb, nadie est\u00e1 libre, ni siquiera \u00ablos Ap\u00f3stoles\u00bb (cta 172,9, a su hermano Lorenzo). Sin embargo, pondera el mal que le vino por hacer poco caso de ellos (V 4,7;8,2), pues son de \u00abtan mala digesti\u00f3n que, si os dej\u00e1is, no quedar\u00e1 solo\u00bb (C 13,3). \u00abNos puede venir mayor da\u00f1o de un pecado venial que de todo el infierno junto\u00bb (V 25.20). Y dedica todo un cap\u00edtulo a este sabernos \u00abguardar\u00bb de ellos, aunque no sea m\u00e1s que por \u00abtemor de Dios\u00bb (C 41, t\u00edt.). Hay que suplicarle a Dios \u00abcon todas vuestras fuerzas libraros a\u00fan de pecados veniales\u00bb (C 5,3).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">El criterio entre la frecuente miseria humana y el \u00abgran mal\u00bb de esta clase de pecados lo repone la Santa en la \u00abadvertencia\u00bb: \u00abNo hay pecados si no se entienden\u00bb, sentencia en uno de sus pensamientos sobre la \u00abconfesi\u00f3n (A 4). De ah\u00ed que las personas fieles a Dios \u00abno har\u00e1n de advertencia un pecado venial\u00bb (C 41,1). Tampoco el alma llegada a ciertas alturas contemplativas lo consentir\u00eda, aunque \u00abla hiciesen pedazos\u00bb (M 6,6,2). La \u00abadvertencia subjetiva\u00bb es la merma consciente del amor a Dios y al pr\u00f3jimo: \u00abpecado muy de advertencia, por chico que sea, Dios nos libre de \u00e9l\u00bb (C 41,3). De estos \u00abveniales\u00bb hay que andar \u00abcon mucho cuidado de no hacerlos; esto de advertencia, que de otra suerte, \u00bfqui\u00e9n estar\u00e1 sin ellos?\u00bb (C 41,3).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">c) Pecados mortales: Seg\u00fan la percepci\u00f3n subjetiva de la Santa, ser\u00edan los pecados que no s\u00f3lo manchan al alma sino que la dejan en las \u00abtinieblas m\u00e1s tenebrosas&#8230;, oscura y negra\u00bb (M 1,2,1). Quien los comete no pretende \u00abcontentar a Dios sino hacer placer al demonio\u00bb (ib). Percibe c\u00f3mo queda la imagen del alma en este estado: \u00abes cubrirse este espejo de gran niebla y quedar muy negro\u00bb (V 40,5). Adem\u00e1s de \u00aboscurecida\u00bb (M 1,2,14), el pecado tiene otro efecto que repugna especialmente a la fina pituitaria teresiana: \u00abcomo un cieno de mal olor\u00bb (R 4,11; M 6,7,2).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">Personalmente confiesa no haber \u00abdejado a Dios por culpa mortal\u00bb (V 2,3) pues, pese a sus otras faltas, ten\u00eda mucha guarda para \u00abno hacer pecado mortal\u00bb (V 4,7.9; 5,6; 6,4; etc.). Esto seg\u00fan \u00absu entender\u00bb de cuando joven y el parecer de los confesores de entonces. Pero tras su visi\u00f3n imaginaria del infierno (1560) y \u00abel lugar que los demonios all\u00e1 me ten\u00edan aparejado y yo he merecido por mis pecados\u00bb (V 32,1-7), todo su ser se estremece, sin hallar palabras o\u00eddas o le\u00eddas para expresar \u00ablo que all\u00ed sent\u00ed y ver que hab\u00edan de ser sin fin y sin jam\u00e1s cesar\u00bb (ib 2). Se tensan sus cinco sentidos para \u00abencarecer\u00bb los tormentos dibujados en su memoria hasta \u00abseis a\u00f1os\u00bb m\u00e1s tarde (Ib 4), que \u00abel quemarse ac\u00e1 es muy poco en comparaci\u00f3n de este fuego de all\u00e1\u00bb (ib 3). A tal \u00abcastigo\u00bb de \u00abtinieblas oscur\u00edsimas\u00bb la hubieran llevado sus pecados: \u00abque quiso el Se\u00f1or yo viese por vista de ojos de d\u00f3nde me hab\u00eda librado SU MISERICORDIA\u00bb (ib). Por eso considera esta visi\u00f3n como \u00abuna de las mayores mercedes que el Se\u00f1or me ha hecho, porque me ha aprovechado muy mucho\u00bb (ib 4). No s\u00f3lo para \u00abtemer\u00bb sino sobre todo para \u00abamar\u00bb: que \u00abpor librar una sola [alma] de tan grav\u00edsimos tormentos, pasar\u00eda yo muchas muertes muy de buena gana\u00bb (ib 6). Desde ah\u00ed Teresa se determina a \u00abacabar ya de en todo en todo apartarme del mundo\u00bb (V 32,8), a ser religiosa \u00abcon la mayor perfecci\u00f3n que pudiese\u00bb y a embarcar a otras en su proyecto de vida renovada (ib 9ss.).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">Esta experiencia m\u00edstica de T es quiz\u00e1s la que m\u00e1s nos acerca a su vivencia espiritual del misterio del pecado y de la supremac\u00eda de la misericordia divina reflejada en la pasi\u00f3n de Cristo: \u00abMe templa el sentimiento de mis grandes culpas &#8230;la muchedumbre de vuestras misericordias\u00bb (V 4,3). Tambi\u00e9n ilumina nuestra pertenencia a la Iglesia de pecadores y nuestra comuni\u00f3n esperanzada y solidaria con \u00abla gloria que se da a los buenos y pena a los malos\u00bb (V 32,8).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">Conversi\u00f3n de los pecados<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">Una recta comprensi\u00f3n de los pecados humanos no puede dejar al margen ni la redenci\u00f3n \u00abbastant\u00edsima\u00bb de Cristo (\u00abc\u00f3mo vinisteis al mundo por los pecadores y nos comprasteis por tan gran precio\u00bb: E 3,3; cf E 8,3; C 15,1) ni el efecto de este rescate en cada sujeto. La redenci\u00f3n se hace historia progresiva de purificaci\u00f3n en la vida de T. No es una liberaci\u00f3n repentina sino un forcejeo entre el amor propio y el que Dios le ofrece gratis: \u00abenoj\u00e1bame en extremo de las muchas l\u00e1grimas que por la culpa lloraba, cuando ve\u00eda mi poca enmienda\u00bb (V 6,4). Este tira y afloja entre los dos protagonistas es quiz\u00e1s una de las lecciones m\u00e1s evidentes de su autobiograf\u00eda. Pero no siempre se percata el lector de que es Dios mismo quien toma la iniciativa de esta purificaci\u00f3n pasiva del alma: \u00abel dolor de los pecados crece m\u00e1s mientras m\u00e1s se recibe de nuestro Se\u00f1or\u00bb (M 6,7,1).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">El mismo Se\u00f1or advierte un d\u00eda a T lo que le \u00abpesaba\u00bb el \u00abtiempo malgastado\u00bb en frivolidades: fue un aviso que le qued\u00f3 impreso en el alma 26 a\u00f1os \u00aby me parece tengo presente\u00bb (V 7,6), porque se le represent\u00f3 Cristo \u00abcon mucho rigor\u00bb. Y as\u00ed, entre advertencias imaginarias como la aparici\u00f3n misteriosa del \u00absapo\u00bb (V 7,8), se va dando cuenta de que su estilo de vida no agrada a su Majestad. Sigue la confesi\u00f3n general con Vicente Varr\u00f3n (navidades de 1543: V 7,17); y, entre el torrente de l\u00e1grimas por las mercedes con que Dios la granjea (V 7,19; 8,9), se encuentra a solas con \u00abun Cristo muy llagado\u00bb en su oratorio al que suplica de rodillas le \u00abfortaleciese ya de una vez para no ofenderle\u00bb (V 9,1).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">Con la respuesta \u00abYa no quiero que tengas conversaci\u00f3n con hombres sino con \u00e1ngeles\u00bb (V 24,5), la energ\u00eda dislocada de T (\u00abpues ya andaba mi alma cansada\u00bb) se concentra en la oraci\u00f3n-trato de amistad \u00aba solas con quien sabemos nos ama\u00bb (V 8,5). La lectura de las Confesiones de san Agust\u00edn, a quien ella profesa devoci\u00f3n \u00abpor haber sido pecador\u00bb (V 9,7), le confirma en la verdad de la propia conversi\u00f3n de \u00abdarme del todo a Dios&#8230; que me dio vida para salir de muerte tan mortal\u00bb (V 9,8).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">La conversi\u00f3n a Dios es la soluci\u00f3n progresiva a este condicional b\u00e1sico: \u00absi del todo estaba dada por suya, o no\u00bb (V 39,24). A esta meta se orientan las p\u00e1ginas precedentes de Vida, destacando incansablemente que todo es fruto de la piedad y de \u00abla gran bondad de Dios\u00bb (V 7,8.9; etc.). En este camino de vuelta total a Dios, la perseverancia en la oraci\u00f3n es la nave que lleva a \u00abpuerto de salvaci\u00f3n\u00bb (V 8,4). Por este medio se sensibiliza en el arrepentimiento de los pecados propios y en la pena por los p\u00fablicos ajenos (V 13,10; cf C 39,1). Con esta arma se han de aprovechar tambi\u00e9n los principiantes \u00abpara librarse de ofender a Dios&#8230;y no hacer pecados\u00bb (V 15,12), pues no hay que esperar a \u00abestar limpia de pecados\u00bb para encontrarse con Dios (V 19,11).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">Momento llegar\u00e1 en que entienda \u00abque estaba ya limpia\u00bb de ellos por el arrepentimiento confesado a la Iglesia (V 33,4; cf M 6,4,3), aunque su recuerdo le sirva de catarsis asc\u00e9tica durante toda la vida (R 1,26). Incluso \u00abmientras m\u00e1s merced le hace [Dios], m\u00e1s acuerdo trae de sus pecados\u00bb y su dolor \u00abcrece m\u00e1s mientras m\u00e1s recibe de nuestro Se\u00f1or\u00bb (M 6,3,17; 7,1). Es una forma de aludir a la purificaci\u00f3n de la noche oscura, ya que es Dios mismo quien quiere \u00abse aviven [los pecados] en la memoria, y es harta gran cruz\u00bb (M 6,7,2). Ante esta pena \u00abde ning\u00fan alivio es pensar que [los] tiene nuestro Se\u00f1or ya perdonados y olvidados\u00bb (M 6,7,4). As\u00ed, a medida que Dios comunica m\u00e1s sus grandezas a las almas, \u00e9stas conocen m\u00e1s \u00absus miserias, se les hacen m\u00e1s graves sus pecados\u00bb (M 7, 3,14). Una observaci\u00f3n que es preciso no olvidar para entender la experiencia y mensaje de la Santa en torno al misterio de sus pecados y los nuestros.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">La sensibilidad teresiana cierra las p\u00e1ginas sublimes de sus Moradas con esta petici\u00f3n a sus lectores: que le pid\u00e1is a su Majestad \u00abpara m\u00ed, que me perdone mis pecados y me saque del purgatorio, que all\u00e1 estar\u00e9 quiz\u00e1, por la misericordia de Dios, cuando esto se os diere a leer\u00bb (M concl, 4). El temor de ofender a Dios y el recuerdo de sus pecados fue una constante en la vida de Teresa. Exclamar\u00e1 con frecuencia: \u00ab\u00a1Oh, cu\u00e1ndo ser\u00e1 aquel dichoso [d\u00eda] que te has de ver ahogado en aquel mar infinito de la suma Verdad, donde ya no ser\u00e1s libre para pecar ni lo querr\u00e1s ser!&#8230;; espera en Dios, que aun ahora me confesar\u00e9 a El mis pecados y sus misericordias, y de todo junto har\u00e9 cantar de alabanza con suspiros perpetuos al Salvador m\u00edo y Dios m\u00edo\u00bb (E 17,4.6). Hasta la hora de morir, como su \u00abpadre del alma\u00bb san Juan de la Cruz en id\u00e9ntico trance, \u00abrepet\u00eda muchas veces aquel medio verso de David: cor contritum et humiliatum, Deus, non despicies\u00bb (Efr\u00e9n-Otger, ST y su tiempo, II\/2, 800). As\u00ed se cumpli\u00f3 el suspiro acariciado en su camino: \u00ab\u00a1Qu\u00e9 dulce ser\u00e1 la muerte de quien de todos los pecados la [penitencia] tiene hecha y no ha de ir al purgatorio! \u00a1C\u00f3mo desde ac\u00e1 aun podr\u00e1 ser comience a gozar de la gloria!\u00bb (C 40,9).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">BIBL. \u2013 Malax, F\u00e9lix (=Blas),\u00a0El pecado en la asc\u00e9tica teresiana, en MteCarm. 68 (1960) 5-48; Montalva, Efr\u00e9n, Santa Teresa por dentro, Madrid 1973, 67-81, 177-213; Herr\u00e1iz, Maximiliano, Solo Dios basta, Madrid 1981, 45-77.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\">Miguel \u00c1ngel D\u00edez<\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Para no distorsionar la vivencia o doctrina de cuanto T nos dice sobre este misterio del mal, son precisas al menos dos observaciones: 1\u00aa) que la experiencia aguda de sus faltas nos la presenta Teresa como reflejo autobiogr\u00e1fico de las &hellip; <a href=\"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=3007\">Sigue leyendo <span class=\"meta-nav\">&rarr;<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_jetpack_newsletter_access":""},"categories":[21],"tags":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/s2dsrC-pecado","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/3007"}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=3007"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/3007\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":3008,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/3007\/revisions\/3008"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=3007"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=3007"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=3007"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}