{"id":3031,"date":"2015-01-08T11:27:41","date_gmt":"2015-01-08T17:27:41","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=3031"},"modified":"2021-01-08T11:29:49","modified_gmt":"2021-01-08T17:29:49","slug":"agua-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=3031","title":{"rendered":"Agua"},"content":{"rendered":"<p>Las ideas de J. de la Cruz sobre el agua proceden de la tradici\u00f3n popular y de la Biblia, pero se incorporan luego a la concepci\u00f3n filos\u00f3fica aristot\u00e9lico\/escol\u00e1stica de los \u201ccuatro elementos\u201d de que se compone el cosmos.<\/p>\n<h3>I. Sentido real y figurativo<\/h3>\n<p>Nada especial a\u00f1ade el Santo a este respecto (S 2,8,1; CB 4,2). Se percibe la presencia, m\u00e1s o menos expl\u00edcita, de esa teor\u00eda en muchos lugares de sus escritos (S 2,8,1; CB 4,2, etc.) y a\u00fan m\u00e1s la reminiscencia del texto b\u00edblico (S 2,10,1; 2,9,1-2; 3,19,7; N 2,6,3-6; 2, 9,7; 2, 17,7; 2,20,1; 2,23,7; CB 12, 3.9; 14,11; 20,11; 23,6; 26,1; 34,4; LlB 1,1.6; 3,7; 3,16; 3,64, etc.). Evidentemente, la menci\u00f3n del agua en las p\u00e1ginas sanjuanistas se hace desde una perspectiva espiritual; por tanto, en un sentido figurado y como medio expresivo. Por eso la mayor\u00eda de las alusiones o referencias b\u00edblicas se\u00f1aladas tienen car\u00e1cter tipol\u00f3gico, topol\u00f3gico y tropol\u00f3gico. Al igual que en \u00a0S. Teresa y otros espirituales, el agua se vuelve en la pluma sanjuanista un recurso figurativo de notable amplitud; quiere decirse que se convierte en soporte simb\u00f3lico de su ense\u00f1anza. Bastar\u00e1 recordar las figuraciones m\u00e1s importantes.<\/p>\n<p>Una primera y fundamental representaci\u00f3n se localiza en sus poemas. Aunque no se mencione expl\u00edcitamente el agua, todo el poema de la <em>Fonte <\/em>se estructura en torno a esa realidad, por cuanto fuente lleva inevitablemente al elemento l\u00edquido. Lo mismo sucede con el romance <em>Super flumina<\/em>, que arranca con el verso \u201cencima de las corrientes\u201d.<\/p>\n<p>Donde la vinculaci\u00f3n figurativa, por sin\u00e9cdoque, se hace m\u00e1s patente es en el primer verso de la estrofa 12 (11 del CA) \u201coh cristalina fuente\u201d del <em>C\u00e1ntico. <\/em>El horizonte simb\u00f3lico de este poema confiere inevitablemente al \u201cagua\u201d un sentido figurado en las tres estrofas en las que se menciona expl\u00edcitamente (14,4: las aguas; 36,4: do mana el agua pura; 40,5: a vista de las aguas descend\u00eda). Son f\u00e1cilmente localizables otras alusiones simb\u00f3licas sin necesidad de acudir al comentario en prosa. Ninguna tan evocadora como la de los \u201cr\u00edos sonorosos\u201d (14,4). Tambi\u00e9n se sugiere la presencia figurativa del \u201cagua\u201d cuando en los versos se mencionan las \u201c\u00ednsulas extra\u00f1as\u201d (19,5) las \u201criberas\u201d (20,3; 34,5), etc.<\/p>\n<h3>II. Simbolismo del agua<\/h3>\n<p>La lectura de la \u201cdeclaraci\u00f3n de las canciones\u201d, o comentario en prosa, permite identificar otras muchas realidades espirituales simbolizadas por fray Juan en el agua. La mayor\u00eda se repiten en otros escritos suyos. Entre las figuraciones m\u00e1s repetidas y destacadas o de mayor alcance en su magisterio pueden recordarse las siguientes:<\/p>\n<p>a)<em> Agua y oraci\u00f3n<\/em>. Tiene extraordinaria semejanza con el uso teresiano, aunque menor consistencia textual. Arranca indudablemente del texto b\u00edblico de la Samaritana y la fuente de agua viva (Jn 4,5-26). Recuerda expl\u00edcitamente J. el episodio b\u00edblico en la <em>Llama <\/em>(1,6), pero lo tiene presente en otros lugares. La aplicaci\u00f3n simb\u00f3lica en detalle se lee precisamente al hablar del tr\u00e1nsito de la meditaci\u00f3n a la contemplaci\u00f3n. Antes que el alma llegue a esta \u00faltima trabaja denodamente con actos y ejercicios de meditaci\u00f3n hasta que Dios comienza a tratarla de otra manera. Entonces el alma \u201ccomo quien tiene allegada el agua, bebe sin trabajo en suavidad, sin ser necesario sacarla por los arcaduces de las pesadas consideraciones y formas y figuras. De manera que, luego en poni\u00e9ndose delante de Dios, se pone en acto de noticia confusa, amorosa, pac\u00edfica y sosegada, en que est\u00e1 el alma bebiendo sabidur\u00eda y amor y sabor\u201d (S 2,14,2; cf. ib. 2,17,8).<\/p>\n<p>b) <em>El agua derramada y la voluntad dispersada<\/em>. El referente b\u00edblico (G\u00e9n 49,4) aducido por J. en este caso no tiene el abolengo del anterior; es m\u00e1s bien interpretaci\u00f3n aleg\u00f3rica del Santo. Lo que le interesa afirmar es que \u201cel alma que tiene la voluntad repartida en menudencias es como el agua que, teniendo por d\u00f3nde se derramar hacia abajo, no crece para arriba, y as\u00ed no es de provecho\u201d (S 1,10,1), al contrario, debilita constantemente al esp\u00edritu, haci\u00e9ndole perder vigor. A este prop\u00f3sito recuerda el Santo su interpretaci\u00f3n del Salmo 58,10: guardar la fortaleza para Dios es lo mismo que emplear en \u00e9l todas las capacidades de que est\u00e1 dotado el hombre (cf. S 3,16). Ahora bien, prosigue razonando, cuanto m\u00e1s \u201cse reparte la fuerza del apetito\u201d m\u00e1s se debilita, \u201cque por eso dicen los fil\u00f3sofos que la virtud unida es m\u00e1s fuerte que ella misma si se derrama\u201d (S 1,10,1).<\/p>\n<p>c)<em> El agua, refrigerio del ciervo sediento<\/em>, y el ansia del alma enamorada de Dios. Se trata de un s\u00edmil ambivalente en la pluma sanjuanista, por cuanto referido al ciervo y al agua fresca que apaga su sed. Arranca, a lo que parece, de un texto b\u00edblico (Sal 41,2) interpretado tradicionalmente en este sentido. De hecho J. de la Cruz lo cita expl\u00edcitamente siempre que habla del ansia del \u00a0alma que busca a Dios con \u201camor impaciente\u201d (N 2,20,1; CB 12,9; LlB 3,19). Las variantes introducidas en otros lugares en la figura del \u201cciervo herido o vulnerado\u201d explican la omisi\u00f3n de la cita b\u00edblica (CB 9,1; 13, 9-11).<\/p>\n<p>d)<em> El agua como espejo del alma<\/em>. Hay que a\u00f1adir otros simbolismos del agua clara y sucia al bien conocido de la \u201cfuente cristalina\u201d (identificada en la fe) del CE (estrofa 11 CA, 12 CB) en la que se refleja la figura del Amado. Arrancando de la misma idea del espejo, J. de la Cruz compara al alma entenebrecida por los apetitos al \u201cagua envuelta en cieno, en la cual no se divisa bien la cara del que en ella se mira\u201d (S 1,8,1). Esta y otras comparaciones similares tienen apoyo, seg\u00fan \u00e9l, en otro texto b\u00edblico, en el que se afirma que as\u00ed como \u201cen las aguas parecen los rostros de los que en ellas se miran, as\u00ed los corazones de los hombres son manifiestos a los prudentes\u201d (S 2,26,13).<\/p>\n<p>e) <em>El agua tenebrosa y la contemplaci\u00f3n purificativa <\/em>resulta ser otra comparaci\u00f3n de exclusiva ra\u00edz b\u00edblica en la pluma sanjuanista, que siente predilecci\u00f3n por el texto del Salmo 17,12-13, interpret\u00e1ndolo siempre de la misma manera, es decir, en relaci\u00f3n a la acci\u00f3n purificadora del alma a trav\u00e9s de la acci\u00f3n divina (N 2,5,3; 2,16,11; CB 1,12).<\/p>\n<p>f) <em>El agua y el \u00edmpetu de las penas. <\/em>Puede considerarse variante del s\u00edmil anterior, por lo que se refiere al significado espiritual el ruido o la embestida de las aguas. Su aplicaci\u00f3n figurada a la vida espiritual tiene sanjuan\u00edsticamente dos sentidos muy diferentes: las penas terribles que se abaten, a manera de avenidas de aguas, sobre el alma en lo m\u00e1s duro de la \u201cnoche\u201d o prueba depuradora (N 2,9,7). El \u201crugido y sentimiento del alma\u201d es comparable al que hacen algunas veces las avenidas del agua. Es lo que quiso expresar, en la mente del Santo, Job en su tribulaci\u00f3n (3,24) y tambi\u00e9n el Salmo 68,2 (CB 2021,9). Casi contrario es el sentido que se atribuye a la \u201cvoz y ruido\u201d (a veces como de poderos\u00edsimos truenos\u201d) de los \u201cr\u00edos sonorosos\u201d y del \u00edmpetu de sus aguas. Son como torrentes de gracias que inundan al alma de dones y gracias divinas (CB 14-15, 9-11; 40,5-6).<\/p>\n<p>g) <em>El agua que afervora el fuego tiene una aplicaci\u00f3n muy concreta<\/em>: Dios favorece a ciertas almas bien dispuestas y con ansias de amor para estimularlas m\u00e1s, a la manera que \u201csuelen echar agua en la fragua para que se encienda y afervore m\u00e1s el fuego\u201d (CB 11,1).<\/p>\n<p>h) En esta misma l\u00ednea de contraposici\u00f3n de dos elementos naturales, agua y fuego, se coloca el atrevido simbolismo de las \u201cl\u00e1mparas de fuego\u201d (LlB 3,8) en relaci\u00f3n al agua. Como es sabido, el Santo simboliza los atributos de Dios en \u201cl\u00e1mparas de fuego\u201d, cuya propiedad es \u201clucir y dar calor\u201d. Es lo que producen en el alma las grandezas y atributos divinos cuando la \u201cembisten\u201d. Como consecuencia el alma siente \u201cestar rebosando aguas divinas, en ellas revertida como una abundosa fuente, que por todas partes rebosa aguas divinas\u201d. La aparente contradicci\u00f3n queda resuelta en las palabras que siguen: \u201cAunque es verdad que esta comunicaci\u00f3n es luz y fuego de estas l\u00e1mparas de Dios, pero es este fuego aqu\u00ed tan suave que con ser fuego inmenso, es como aguas de vida que hartan la sed del esp\u00edritu con el \u00edmpetu que \u00e9l desea. De manera que estas l\u00e1mparas de fuego son aguas vivas del Esp\u00edritu\u201d (LlB 3,8). En las referencias o aplicaciones espirituales del agua no pod\u00eda faltar la alusi\u00f3n al agua como elemento natural del pez. Saciar al alma con gustos, apegos y apetitos, apart\u00e1ndola de su centro natural, que es Dios, produce el mismo efecto que cuando sacan al pez fuera del agua con un poquito de cebo (LlB 3, 64).<\/p>\n<p>Aunque el agua no alcanza tanta importancia como otros simbolismos en la pluma de J. de la Cruz, no carece de inter\u00e9s, como puede comprobarse por los datos precedentes. El Santo se sirve de este elemento como recurso expresivo para temas de notable relieve.<\/p>\n<p>BIBL. \u2014 MANUEL ALVAR L\u00d3PEZ, \u201cLos cuatro elementos en el C\u00e1ntico espiritual\u201d, en <em>Simposio sobre san Juan de la Cruz<\/em>, Avila 1986, p. 207-234, reproducido con el t\u00edtulo \u201cLa palabra y las palabras de san Juan de la Cruz\u201d, en el vol. miscel\u00e1neo <em>Presencia de san Juan de la Cruz<\/em>, Universidad de Granada, 1993, p. 183-215; M\u00aa ANGELES L\u00d3PEZ GARC\u00cdA, <em>Sem\u00e1ntica de los l\u00edquidos en la obra de san Juan de la Cruz. Estudio l\u00e9xico<\/em>, Avila, 1993.<\/p>\n<p><em>Eulogio Pacho<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Las ideas de J. de la Cruz sobre el agua proceden de la tradici\u00f3n popular y de la Biblia, pero se incorporan luego a la concepci\u00f3n filos\u00f3fica aristot\u00e9lico\/escol\u00e1stica de los \u201ccuatro elementos\u201d de que se compone el cosmos. I. 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