{"id":3033,"date":"2015-01-08T11:30:58","date_gmt":"2015-01-08T17:30:58","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=3033"},"modified":"2021-01-08T11:32:49","modified_gmt":"2021-01-08T17:32:49","slug":"humildad-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=3033","title":{"rendered":"Humildad"},"content":{"rendered":"<p>No existe en los escritos sanjuanistas una exposici\u00f3n directa y sistem\u00e1tica de esta virtud, al estilo de los maestros de asc\u00e9tica. Las ense\u00f1anzas dispersas a lo largo y ancho de sus p\u00e1ginas demuestran la importancia concedida a este valor evang\u00e9lico y cristiano. Consecuente con el principio metodol\u00f3gico tan recordado por \u00e9l, la contraposici\u00f3n a la \u00a0soberbia espiritual (N 1,2) le sirve para iluminar el sentido de la humildad, que es \u201cla virtud contraria al primer vicio capital, que es la soberbia\u201d (N 1,12,7). A las ideas comunes y generales sobre la humildad, J. de la Cruz aporta detalles muy interesantes al tratar de la correcta actitud espiritual frente a las gracias y favores concedidos por Dios. Tres son los aspectos a destacar en su magisterio sobre la humildad: noci\u00f3n general, valor y aplicaciones concretas.<\/p>\n<p>a)<em> Humildad y conocimiento propio<\/em>. Seg\u00fan el Santo, la humildad comienza y termina en el conocimiento de la propia realidad existencial o antropol\u00f3gica. Su valor dimana, sin embargo, de la palabra y del ejemplo de Cristo (S 1,13,2-4; 2,7), que \u201ces la suma humildad\u201d (LlB 3,6). Adem\u00e1s, est\u00e1 siempre \u201cempleado en regalar y acariciar al alma como la madre en servir y regalar a su ni\u00f1o\u201d (CB 27,1). Es m\u00e1s: \u201cA\u00fan llega a tanto la ternura y verdad de amor con que el inmenso Padre regala y engrandece a esta humilde y amorosa alma &#8230; que se sujeta a ella verdaderamente para la engrandecer, como si \u00e9l fuese su siervo y ella su se\u00f1or &#8230; como si el fuese su esclavo y ella fuese su Dios: \u00a1tan profunda es la humildad y dulzura de Dios!\u201d (ib.).<\/p>\n<p>La verdadera humildad est\u00e1 \u00edntimamente vinculada al propio conocimiento y tiene su expresi\u00f3n concreta en la \u00a0desnudez espiritual, que lleva derechamente al ejercicio de la caridad (S 3,23,1). En la desnudez \u2013asegura el Santo\u2013 \u201challa el espiritual su quietud y descanso, porque, no codiciando nada, nada le fatiga hacia arriba y nada le oprime hacia abajo, porque est\u00e1 en el centro de su humildad\u201d (S 1,13,13).<\/p>\n<p>La humildad alcanza plenitud y autenticidad cuando desaparece radicalmente el propio ego\u00edsmo y se realiza la configuraci\u00f3n a \u00a0Cristo; entonces se alcanza la verdadera uni\u00f3n con \u00e9l: \u201cCuando \u2013el hombre\u2013 viniere a quedar resuelto en nada, que ser\u00e1 la suma humildad, podr\u00e1 unirse con Cristo\u201d (S 2,7,11). Escalar esa cima es cosa de tiempo y esfuerzo, como lo es adquirir la virtud o h\u00e1bito. El modo concreto de proceder \u2013avisa el Santo\u2013 es asumir la nada del propio ser frente a Dios (S 2,4), es decir, \u201cno s\u00f3lo el tener sus propias cosas en nada, mas con muy poca satisfacci\u00f3n de s\u00ed\u201d (N 1,2,6). Brota de ah\u00ed el sincero deseo de ser ense\u00f1ados y guiados por los dem\u00e1s (ib. 7). Se\u00f1al cierta de verdadera humildad es el aceptar las propias limitaciones e imperfecciones. Las almas humildes \u201cen las imperfecciones que se ven caer, con humildad se sufren, y con blandura de esp\u00edritu y temor amoroso de Dios\u201d esperan en \u00e9l (N 1,2,8).<\/p>\n<p>b) <em>Necesidad de la humildad evang\u00e9lica. <\/em>A la motivaci\u00f3n suprema de su valor evang\u00e9lico, como imitaci\u00f3n de Cristo, J. de la Cruz a\u00f1ade otras razones para destacar la necesidad de esta virtud fundamental. Una de ellas es su valor para descubrir y superar las insidias del demonio. Asumiendo la doctrina de Cristo repite que nadie podr\u00e1 entender sus enga\u00f1os \u201csin oraci\u00f3n, mortificaci\u00f3n y humildad\u201d (CB 3,9). Las armas m\u00e1s eficaces para luchar contra los enemigos del alma son de hecho: \u201cla oraci\u00f3n y la cruz de Cristo, en que est\u00e1 la verdadera humildad y mortificaci\u00f3n\u201d (ib.).<\/p>\n<p>En esa direcci\u00f3n van algunos de sus avisos espirituales: \u201cEso que pretendes y lo que m\u00e1s deseas no lo hallar\u00e1s por esa v\u00eda tuya ni por la alta contemplaci\u00f3n, sino en la mucha humildad y rendimiento de coraz\u00f3n\u201d (Av 1,40). Se atreva a decir J. de la Cruz que \u201cquien de s\u00ed propio se f\u00eda, peor es que el demonio\u201d (ib. 5,8). El conjunto de las <em>Cautelas <\/em>y los <em>Avisos a un religioso <\/em>(en especial el n.4) recogen la s\u00edntesis del pensamiento sanjuanista en torno a la humildad. En la misma l\u00ednea discurre su ense\u00f1anza en las cartas de direcci\u00f3n espiritual. Su pensamiento al respecto podr\u00eda resumirse en lo que escribe a una dirigida: \u201cDios nos libre de nosotros. D\u00e9nos lo que \u00e9l se agradare, y nunca nos lo muestre hasta que \u00e9l quiera &#8230; y nosotros ni verlo de los ojos, ni gozarlo, porque no desfloremos a Dios el gusto que tiene en la humildad y desnudez de nuestro coraz\u00f3n y desprecio de las cosas del siglo por \u00e9l\u201d (Ct a una dirigida espiritual, n. 23).<\/p>\n<p>c) <em>Aplicaciones pr\u00e1cticas. <\/em>El Santo, lo mismo que en otros puntos, tiene presente a personas espirituales seriamente empe\u00f1ados en la lucha asc\u00e9tica y que han superado los primeros pasos. Los que \u00e9l considera principiantes est\u00e1n todav\u00eda muy apegados a s\u00ed mismos y dominados por \u00edmpetus de soberbia. Los aprovechados, en cambio, se creen ya libres de ese lastre, al verse favorecidos con gracias especiales de Dios. Cuando al alma le suceden cosas un tanto extraordinarias, \u201cmuchas veces se le ingiere secretamente cierta opini\u00f3n de s\u00ed, de que ya es algo delante de Dios, lo cual es contra humildad\u201d (S 2,11,5). Son sutiles resabios de soberbia, que han de purificarse por la \u00a0noche pasiva del sentido (N 1,2).<\/p>\n<p>La actitud que esas personas espirituales deben de mantener siempre es someter todas sus cosas al maestro o director espiritual (S 2,22,16), entre otras razones, \u201cporque para la humildad y sujeci\u00f3n y mortificaci\u00f3n del alma conviene dar parte de todo, aunque todo ello no haga caso ni lo tenga en nada.<\/p>\n<p>Porque hay algunas almas que sienten mucho en decir las tales cosas, por parecerles que no son nada, y no saben c\u00f3mo las tomar\u00e1 la persona con quien las han de tratar, lo cual es poca humildad y, por lo mismo, es menester sujetarse a decirlo\u201d (S 2,22,18).<\/p>\n<p>Merecen especial atenci\u00f3n al Santo las \u00a0visiones y revelaciones, por cuanto suelen ser motivo de vanidad y cierta complacencia, cosas contrarias a la verdadera humildad. La norma sanjuanista es clara y contundente: \u201cNo las ha el alma de querer admitir\u201d (S 2,17,7), entre otras razones, porque \u201cen renunciar estas cosas con humildad y recelo, ninguna imperfecci\u00f3n ni propiedad hay\u201d (ib.). Todav\u00eda m\u00e1s: aunque \u201cparece \u00a0soberbia desechar estas cosas si son buenas, digo que antes es humildad prudente aprovecharse de ellas en el mejor modo y guiarse por lo m\u00e1s seguro\u201d (S 3,13,9).<\/p>\n<p>Aunque abundan los directores y maestros espirituales que embarazan a las almas no llev\u00e1ndolas \u201cpor camino de humildad\u201d y \u201cno las edifican en \u00a0fe\u201d (S 2,18,2). Asegura J. de la Cruz que de ah\u00ed \u201csalen muchas imperfecciones, por lo menos, porque el alma ya no queda humilde, pensando que aquello es algo y que tiene algo bueno, y que Dios hace caso de ella, y anda contenta y algo satisfecha de s\u00ed, lo cual es contra humildad\u201d (ib. 3).<\/p>\n<p>Admite el Santo que se dan algunas visiones sobrenaturales que producen en el alma \u201cquietud, iluminaci\u00f3n y alegr\u00eda a manera de gloria, suavidad, limpieza y amor, humildad e inclinaci\u00f3n o elevaci\u00f3n del esp\u00edritu en Dios\u201d (S 2,24,6), pero no es menos cierto que el demonio puede causar o fingir tales manifestaciones con efectos totalmente contrarios. Por ello se impone cautela y discreci\u00f3n. El criterio b\u00e1sico para un discernimiento seguro es \u201cdesnudarse y desasirse de ellas lo mismo que de las otras. El medio para que Dios las haga, \u201cha de ser humildad y padecer por amor de Dios con resignaci\u00f3n de toda retribuci\u00f3n; porque estas mercedes no se hacen al alma propietaria\u201d (S 2,26,10).<\/p>\n<p>La conclusi\u00f3n del Santo, aplicable a todas las gracias extraordinarias, queda formulada as\u00ed: \u201cPor tanto, el alma pura, cauta, y sencilla y humilde, con tanta fuerza y cuidado ha de resistir y desechar las revelaciones y otras visiones, como las muy peligrosas, porque no hay necesidad de quererlas, sino de no quererlas para ir a la uni\u00f3n de amor\u201d (S 2,28,6; cf. 2,29,12). Lo que importa es el amor humilde: \u201cCuando en las palabras y conceptos juntamente el alma va amando y sintiendo con humildad y reverencia de Dios, es se\u00f1al que anda por all\u00ed el \u00a0Esp\u00edritu Santo, el cual siempre que hace algunas mercedes, las hace envueltas en esto\u201d (S 2,29,11).<\/p>\n<p>Mientras persiste esta actitud es posible desenmascarar las tretas del demonio que \u201cpone a veces en el \u00e1nimo falsa humildad &#8230; que a veces es menester que la persona sea harto espiritual para que lo entienda\u201d (ib.). El remedio es siempre el mismo: \u201cQuedemos, pues, en esta necesaria cautela &#8230; que no hagamos caudal de nada de ellas, sino s\u00f3lo de saber enderezar la voluntad con fortaleza a Dios, obrando con perfecci\u00f3n su ley y sus santos consejos, que es la sabidur\u00eda de los santos, content\u00e1ndonos de saber los misterios y verdades con la sencillez y verdad que nos las propone la Iglesia\u201d (S 2,29,12).<\/p>\n<p>Pese a los esfuerzos personales, no es posible limpiarse de todo resabio de soberbia hasta que la obra purificadora de la noche pasiva no acaba con todas las escorias a trav\u00e9s de la sequedad y el verdadero conocimiento de la propia miseria. S\u00f3lo entonces se adquiere aut\u00e9ntica humildad (N 1,12,7; 1,13,1).<\/p>\n<p>Cuando es as\u00ed, pura y aut\u00e9ntica, se convierte en caridad exquisita; de ah\u00ed su incomparable valor: \u201cVisiones y revelaciones y sentimientos del cielo &#8230; no valen tanto como el menor acto de humildad, la cual tiene los efectos de la caridad, que no estima sus cosas ni las procura, ni piensa mal sino de s\u00ed, y de s\u00ed ning\u00fan bien piensa, sino de los dem\u00e1s\u201d (1 Cor 13,4-7: S 3,9,4).<\/p>\n<p><em>Eulogio Pacho<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>No existe en los escritos sanjuanistas una exposici\u00f3n directa y sistem\u00e1tica de esta virtud, al estilo de los maestros de asc\u00e9tica. 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